CAPITULO 37
Kate le miró y le negó con la cabeza.
- Tenemos unas normas señor Castle.
- ¿Y siempre respetas las normas?
- No sería una buena policía si me las saltase.
- Ya… Bueno quizás… - dijo pensativo.
- ¿Qué?
- Nada, nada, cosas mías.
Kate subió a la habitación del niño con él en brazos para cambiarle de pañal y ponerle un pijama. No pudo evitar oír a la pelirroja hablar con su amiga y cuando ésta terminó la conversación y salió de su habitación, entró a la de Robby.
- Supongo que será una noche de chicas – le dijo Kate sin dejar de mirar al niño mientras le cambiaba.
- Claro, claro…
- Ya… Y también supongo que sabrás que si tu padre se entera será una decepción para él.
Alexis suspiró y se sentó en el pequeño sofá.
- ¿Vas a decírselo?
- ¿Yo? No. ¿Y tú?
- ¿Debería?
Kate se encogió de hombros.
- Yo a tu edad no les contaba nada a mis padres, así que entiendo que tu hagas lo mismo, pero…
- ¿Qué?
- Vas a mandarme un mensaje cuando acabe esa fiesta.
Alexis asintió muy seria.
- Y por supuesto, al mínimo problema que tengas me llamarás.
- Lo prometo.
- ¿Dónde es esa fiesta?
- En la casa de Diane.
- ¿Y cómo se supone que va a llamar su madre a tu padre? Porque entiendo que no estará en su casa…
- Lo hará su hermana mayor, tienen la voz muy parecida. Papá no se enterará.
- ¿Estará su hermana en esa fiesta?
- No. Ella saldrá esta noche con sus amigos y Diane tiene que cubrirla con su madre.
- ¿Te imaginas el lío en el que os estáis metiendo como se enteren?
- Sí.
- Dame la dirección de Diane y su teléfono, tanto el de casa como el móvil.
Alexis volvió a su habitación y tras un par de minutos entró de nuevo a la habitación de Robby, entregándole un papel a Kate que ella miró y guardó en el bolsillo trasero de su vaquero.
- Una cosa más Alexis.
- ¿Sí?
- Prométeme que no vas a beber.
- No. No voy a beber, te lo prometo. No vamos a comprar alcohol.
- Y nada de drogas…
- ¿Qué? No… Kate en serio…
Kate asintió y miró el termómetro que acababa de pitar.
- Vaya…
- ¿Tiene fiebre?
- Sí. Unas décimas… Alexis, de verdad, no quiero que cometas tonterías. Confío en ti.
- No haré ninguna locura Kate, tan sólo pondremos música e irán compañeros de clase y amigos.
- Ya… Esas fiestas luego se desmadran. Se lo que digo.
La chica la miró sin entenderla.
- Tú no lo entiendes, pero sé lo que digo. ¿Es la primera vez que haces esto verdad?
- Sí.
- Como tu padre se entere que te estoy cubriendo…
- Yo no diré nada y tú no dirás nada… No tiene que enterarse.
Kate la miró y sonrió.
- Espero no estar cometiendo una estupidez.
- Te lo prometo.
- Vamos abajo, tu padre ya ha debido llamar para que traigan la comida.
Cuando bajaron Richard preparaba la mesa.
- La comida estará aquí en diez minutos.
- Rick, Robby tiene unas décimas. ¿Dónde dejaste la medicación que nos mandó el pediatra?
- Pues… No la compré.
- ¿No la compraste? – Kate le miró enfadada - ¿Por qué?
- Vinimos aquí directos y teníamos una cita…
- Estupendo… ¿Qué hacemos ahora?
- Son sólo unas décimas, no te pongas nerviosa. No va a pasarle nada.
- Dame la receta, iré a comprarla.
- ¿Ahora?
- ¿Cuándo si no? – contestó cada vez más enfadada.
- Kate… Tranquilízate – le dijo acercándose a ella y al niño – le daremos de comer, comeremos nosotros e iré a comprarla. Seguramente no hará falta dársela.
- ¿Tú has visto cómo está? No parece él. Iré yo a por ella – le dijo entregándole al niño.
- Kate… Yo iré – aceptó poniendo de nuevo al niño en los brazos de Kate.
La detective realmente estaba enfadada. Richard entró en su despacho y salió unos segundos después, le dio varios billetes a Alexis.
- Paga la comida. Comer, no tardaré mucho – le dijo a su hija.
- Te esperaremos a comer – dijo Kate muy seria.
- No hace falta. Se quedará frío.
- Intentaré que Robby coma algo. Te esperaremos.
Richard suspiró y salió de la casa. Alexis se había mantenido al margen de la discusión entre ambos.
- ¿Te puedo ayudar? – preguntó en voz muy baja.
- Toma a Robby – le entregó al niño – le prepararé su puré.
Se dirigió a la cocina y comprobó cómo Richard había sacado el puré de la nevera y lo había volcado en un bol, dejándolo sobre la encimera junto al babero del niño, una de las pequeñas cucharas de plástico que utilizaban para darle de comer y su biberón con agua. Torció el labio. Realmente se arrepentía de haberse enfadado con él. No se lo merecía. Había estado muy atento y tenía razón, el día anterior ambos estaban demasiado pendientes de su cita como para acordarse de comprar la medicina. Se auto regañó a sí misma. Ya hablaría después con él.
Volvió junto a Alexis con el puré y se dispuso a dárselo al pequeño, pero éste no parecía tener ganas de comer y después de cuatro o cinco cucharadas Kate lo dejó por imposible, preocupada.
Richard regresó antes que el repartidor de la comida llegase y se sentó en el sofá junto a Kate que recostada abrazaba al pequeño. Robby estaba inmóvil y con los ojos medio cerrados.
- ¿Ha comido algo? – preguntó él mirando el bol.
- Apenas unas cucharadas.
- Le prepararé un biberón, no puede deshidratarse – dijo levantándose – y le pondré la medicina en el.
Kate se maldijo a sí misma, no había caído en eso. El niño necesitaba beber.
Minutos después y mientras intentaba que el pequeño acabase su biberón, el repartidor llegó y Richard quiso coger al niño en sus brazos.
- Ir comiendo – le dijo a Kate mientras le tendía los brazos.
- No. Puedo hacer las dos cosas.
La comida fue más bien silenciosa. Kate sostenía a Robby en brazos y comía como podía. Alexis no quería hablar, por miedo a que sus planes fuesen descubiertos ahora que Kate estaba enfadada. Y Richard estaba dolido. Ella había sido dura con él.
El teléfono sonó y Alexis descolgó sabiendo que era la falsa llamada de la madre de su amiga. Se lo pasó a su padre, que distraído por el enfado de Kate, no puso demasiada atención y asintió a todo lo que le decían.
- ¿Cuándo quieres que te lleve a su casa? – preguntó a su hija en cuanto colgó.
- ¿Te parece bien en media hora? – preguntó la chica deseando salir de aquel ambiente un tanto enrarecido.
- Vale.
Kate la miró y sin que su padre se diese cuenta Alexis asintió sabiendo que Kate volvía a advertirla en silencio.
- ¿Puedes ocuparte de todo esto? – preguntó Kate refiriéndose a los restos de la comida.
- Sí.
- Voy a subir a Robby a mi habitación y le acostaré conmigo para ver si consigo que duerma un poco.
- Está bien, yo iré a llevar a Alexis.
Kate asintió y se levantó desapareciendo escaleras arriba. Sabía que tenía que hablar con él, pero le avergonzaba hacerlo delante de Alexis. Cuando volviese harían las paces. Un leve cosquilleo apareció en su estómago. Sería divertido hacer las paces con él.
Richard se despidió en la puerta de la casa de Diane. Era una bonita casa unifamiliar en un barrio bastante acomodado de la parte norte de Manhattan. Comprobó que tras él, otro padre también dejaba a su hija que salió de inmediato del coche saludando efusivamente a Alexis. La despidió con un gesto de su mano y condujo de nuevo hasta su casa sin dejar de pensar en el enfado que Kate tenía con él.
Kate se había quedado completamente dormida junto al niño, las pocas horas de sueño de la noche anterior la habían pasado factura. Abrió los ojos notando una presencia y comprobó como la figura de Richard estaba junto a su cama, al lado de Robby.
- Me he quedado dormida…
- Ya veo.
- ¿Qué hora es?
- Casi las cinco.
El pitido del termómetro hizo que Kate sonriese. Él había entrado para comprobar si Robby estaba mejor. Richard lo retiró del oído del pequeño que se removió inquieto.
- ¿Tiene fiebre?
- Sí.
- ¿Qué hacemos? – preguntó Kate incorporándose.
- Son sólo unas décimas y es normal después de las vacunas. No serviría de nada llevarle al hospital. Volveremos a darle la medicación en unas horas. Será mejor que le despertemos, hay que darle de beber.
Ella asintió levantándose de la cama, pero antes de coger al pequeño decidió que era el momento de hablar con él.
- Rick… Antes… Siento haberme enfadado, pero todo esto es nuevo para mí y me preocupa.
Él la miró serio.
- Lo siento – le dijo acercándose – siento haberme puesto así y haberte regañado.
- ¿No estás enfadada? – preguntó ladeando la cabeza.
- No puedo estarlo. También fue culpa mía no comprar la medicina. Lo siento.
Kate agachó la cabeza y él sujetó su barbilla con el dedo índice, levantándosela para que le mirase.
- Tienes que tranquilizarte. Él está bien. Son las vacunas. Es normal.
- Ya, pero no puedo evitarlo. Todo esto me supera y no sé si lo estoy haciendo bien y…
Ella inevitablemente comenzó a llorar. Richard la abrazó.
- Lo estás haciendo muy bien. Nadie está preparado para tener un hijo y más si ese hijo te cae sin los nueve meses previos de asimilación.
- ¿Tú crees?
- Claro que sí.
Pasaron un par de minutos abrazados y se separaron cuando el pequeño comenzó a llorar. Kate se giró y lo cogió en sus brazos y el niño se tranquilizó enseguida.
- Se siente mal y necesita tenernos cerca –le explicó Richard – no te preocupes son sólo unas décimas y sabemos la razón. Bajemos y le damos un biberón, necesita líquido.
Kate comenzó a bajar las escaleras con el niño en brazos. Richard la seguía de cerca. Cuando terminó de bajar se dio la vuelta para mirarle con cara de sorpresa.
- ¡Rick!
- Es mi forma de pedir perdón por olvidarme de la medicina.
Kate le dio varios besos cortos sobre los labios y el escritor sonrío.
- Son preciosas. Muchas gracias.
- ¿Estoy perdonado?
- Sí.
Kate se acercó a la mesa de la sala, un gran ramo de rosas iguales a las que habían estado en su habitación la noche anterior descansaban dentro de un jarrón de cristal. Kate se sentó en el sofá con el niño en brazos y Richard preparó un biberón de leche.
- Bueno… Pues esto ya está – dijo probando la temperatura en su muñeca.
- Está tan apagado…
- Mañana se le habrá pasado y estará tirando bloques de plástico por el suelo, ya verás – aseguró él – hazme un hueco…
Para sorpresa de ella, Richard se dejó caer por el respaldo del sofá con las piernas separadas quedando a la espalda de la detective, que quedó sentada entre sus piernas. Le entregó el biberón y la abrazó superponiendo sus propios brazos a los de ella, ayudándola así a sujetar el peso del niño. Kate comenzó a darle de beber y el pequeño aceptó el biberón.
Richard acomodó su barbilla sobre el hombro de Kate, dándole besos en la mejilla y apretando a ambos contra él.
- ¿Llamaste a tu padre para saber a que hora quedamos con él?
- Sí. ¿Cuándo irás a buscar a Alexis?
- Me ha dicho que estará lista cuando le digamos.
Kate hizo un gesto que él no pudo ver. Se había metido en un terreno pantanoso y esperaba que saliese bien, porque si no lo hacía, iba a tener serios problemas con Richard. Aunque por otro lado, se alegraba de tener a la chica "controlada". Robby no pudo terminar el pequeño biberón y se quedó dormido.
- Se nos van a quedar dormidos los brazos – aseguró Richard - ¿Qué tal si lo dejas sobre el sofá? Podemos ver una película y tenerle controlado.
Kate lo pensó durante unos instantes y asintió, girándose y depositando al niño sobre el brazo del chaise longue.
- Traeré su manta.
Richard bajó con la manta del niño y le arropó. Kate le había colocado de forma que el pequeño no podría caerse, aun así, Richard deslizó el asiento haciendo que su espacio se duplicase y el sofá pareciese una enorme cama.
- Así no se caerá y podremos estar cómodos.
Buscó una manta en el armario de la entrada y volvió al sofá.
- ¿Alguna preferencia? Le dijo enseñándole la estantería donde guardaba su colección de películas.
- Te dejo elegir a ti.
Ambos se sentaron muy pegados y Richard pasó su brazo sobre los hombros de ella, abrazándola. Tal y como le había dicho el escritor, el asiento del sofá, ahora duplicado, permitía que ambos se sentasen con las piernas estiradas. Richard conectó el reproductor, les tapó a ambos con la manta y la película comenzó, pero ninguno de los dos la siguió. Los dos se quedaron dormidos.
Kate fue la primera en abrir los ojos cuando oyó a Robby quejarse, se separó de inmediato de Richard, que se despertó con el movimiento, y cogió en brazos al niño.
- ¿Cuánto hemos dormido? – se preguntó Richard mirando su reloj.
- ¿Puedes traer el termómetro? – le dijo ella asustada.
El escritor voló hasta la habitación y bajó con el termómetro. Ya no eran unas décimas, la fiebre había subido.
- ¿Qué hacemos ahora? – Kate le miró esperando que él supiese darle una respuesta.
- Kate, llevarle al hospital sería una tontería, sabemos la causa.
- ¿Entonces?
El escritor miró su reloj.
- Aún no podemos darle de nuevo la medicación pero…
- ¿Qué?
- Podemos darle un baño…
Ella asintió e hizo el intento de levantarse pero Richard la paró.
- Yo me encargo.
Kate le miró mientras él entraba en su habitación sin entender muy bien lo que estaba haciendo. Minutos después, el escritor salió y se dirigió a las escaleras.
- Estará listo en un momento, voy a por las cosas de Robby.
- ¿Cómo que estará listo?
- Le bañaremos en mi baño.
Ella asintió mientras mecía al pequeño. Minutos después Richard bajó con las cosas de Robby y entró en su habitación, llamándola para que fuese.
Cuando Kate entró al baño se encontró con un jacuzzi triangular en una de las esquinas del cuarto y al escritor arrodillado midiendo la temperatura del agua con un termómetro en forma de pececillo que había bajado de la habitación del niño.
- ¿En serio? – preguntó Kate - ¿No crees que es demasiado exagerado?
- Nos bañaremos con él – aseguró levantándose y acercándose a ambos.
- ¿Qué?
- No es la primera vez que tomas un baño con él, se sentirá mucho mejor si nos tiene a su lado… Y no pretenderás dejarme a mí fuera ¿No?
Kate negó con la cabeza sonriendo. Era cierto que notaba que Robby buscaba su contacto calmándose en cuanto ella le acariciaba y besaba. No era mala idea meterse junto a él. Y por supuesto, hacerlo también junto a Richard…
Minutos después, Kate abrazaba por la espalda al escritor, con su cabeza apoyada en el cuello de éste, que a su vez sostenía al pequeño sobre sus piernas sumergiendo su cuerpecito hasta el cuello y volviéndole a sacar. Kate se había tranquilizado al comprobar como Robby había chapoteado y hacia caso a sus muñecos de goma.
- ¿Estás bien? – preguntó Richard al notarla inmóvil en su espalda.
- Sí… Esto es… Es genial.
- Pues ya verás el día que conectemos el jacuzzi – dijo él girándose y buscando su boca.
- Sí – dijo riendo ella – eso estaría bien.
Cuando Richard comprobó que el agua estaba bajando de temperatura, dejó a Robby en los brazos de Kate y salió del líquido envolviendo una toalla alrededor de su cintura y preparó la toalla del pequeño, dejando cerca el albornoz que había elegido para ella.
- Ven aquí – dijo él tomando al pequeño por las axilas y envolviéndole con la toalla.
Kate se puso en pie, sin evitar que las mejillas le ardiesen al notar como él la miraba, y se puso el albornoz todo lo rápido que pudo.
Richard sonrió al darse cuenta que ella intentaba evitar que la viese desnuda, pese a que acababan de bañarse juntos y de la maravillosa noche anterior.
Richard secó al pequeño que parecía haberse espabilado y balbuceaba. Le quitó la toalla y lo abrazó contra su torso.
Kate no pudo evitar mirar a ambos. Richard estaba realmente sexy sujetando a Robby y tapado únicamente con una toalla alrededor de su cintura.
- ¿Pasa algo? – preguntó él con una sonrisita.
- No… No. ¿Por qué?
Él se encogió de hombros.
- Nada… ¿Me pasas la crema? – Pidió señalando la crema hidratante del pequeño.
Ella se la entregó, Richard se sentó en el borde del jacuzzi y empezó a ponerle la crema por todo el cuerpo.
- ¿Te importa si subo a…? – preguntó Kate recogiendo su ropa.
- Claro…
Cuando Kate bajó, Robby estaba sentado sobre la cama de Richard, vestido con un pijama limpio y jugando con el reloj de Richard.
- ¿Rick?
- Estoy aquí – dijo él saliendo de su armario con ropa en la mano.
Kate retiró la vista, él ya no tenía la toalla alrededor de su cintura.
- ¿Te molesta lo que ves?
- ¿Quieres vestirte?
- Lo estoy haciendo – dijo él mientras se ponía unos bóxer.
- Robby está mejor.
- Sí ¿Verdad? – dijo acercándose a ella mientras se ponía una camiseta.
Minutos después Kate entró en la sala con el niño en brazos y lo dejó sobre la alfombra, donde el pequeño comenzó a jugar con sus bloques de plástico.
- Parece un milagro – dijo Kate mirando al pequeño.
- No te emociones demasiado, en un rato puede que vuelva a estar igual, pero para entonces podremos darle de nuevo la medicina. ¿Qué te apetece cenar?
Ella se encogió de hombros.
- ¿Pasta?
- Eso estaría bien.
Richard se dirigió a la cocina y ella se quedó cerca del niño, vigilándole.
Tal y como el escritor había dicho, mientras ambos cenaban intentando que a su vez el pequeño comiese algo, la fiebre había vuelto a aparecer. Pero esta vez ella no estaba tan nerviosa.
- Ve al sillón y le prepararé un biberón con la medicina – pidió Richard.
Kate asintió y le hizo caso. Un momento después él la entregaba el biberón y recogía los restos de la cena y la cocina. Para cuando quiso terminar, Robby estaba completamente dormido en los brazos de Kate.
- Será mejor que le suba a mi habitación.
- No le va a pasar nada porque duerma en su cuna.
Ella negó con la cabeza.
- ¿Y si le dejamos aquí, en el sofá? Podemos volver a intentar ver esa película.
Kate lo pensó. Era demasiado pronto para irse a dormir y aunque estaba cansada, no creía que le fuese posible dormir.
- Está bien.
Colocaron al pequeño y le arroparon. Richard fue hasta el armario de la entrada y volvió con un par de almohadas que colocó junto al pequeño y se tumbó en el sofá palmeando a su lado.
- Ven aquí.
- Rick…
- Estaremos más cómodos y podemos controlarle.
Kate no podía negar que le apetecía enormemente tumbarse a su lado y cobijarse entre sus brazos. Y lo hizo. Se tumbó junto a él, dándole la espalda. Richard tiró de la manta tapando a ambos, conectó el dvd y la abrazó por la cintura, dándole un beso en la mejilla.
Mientras veían la película, Robby se movió inquieto un par de veces y Kate se incorporó para comprobar que todo iba bien. Cada vez que hacía eso, Richard aprovechaba para besarla sin encontrar oposición por parte de ella.
Cuando finalmente la película terminó, Kate se incorporó, sentándose.
- Será mejor que le suba.
- ¿Y por qué no nos vamos los tres a mi habitación? Está más cerca.
- Creo que ya quedó claro que no ibas a meterme en tu cama.
- Kate…
- Son las reglas.
- Vale – dijo tirando de ella – pues entonces nos quedaremos los tres aquí.
- Eres como un niño ¿Lo sabes? – dijo riendo y dejándose caer y sentándose a horcajadas sobre él – Voy a dormir en mi cama con Robby – dijo acariciándole la cara.
- Todavía… es… pronto… - contestó él elevando su cabeza y besándola por la cara.
- ¿Vas a poner otra película?
El negó con la cabeza lanzándose a besar sus labios mientras la abrazaba por la cintura.
- Tengo otros planes…
Kate pasó los brazos alrededor de su cuello. Su posición hacía que su cabeza quedase por encima de la de él, que la miraba desde abajo.
- ¿En serio?
- Vale, no dormirás en mi cama, pero… Puedo besarte ¿No?
Kate asintió sonriendo y acercó su boca a la de él para besarle. Tenía que recompensarle por la reprimenda que le había dado sin razón. Richard no opuso resistencia cuando la lengua de Kate buscó la suya. Kate le empujó despacio para que se apoyase en el respaldo del sofá y él, obediente, se arrastró por el asiento tomándola por la cintura y atrayéndola junto a él.
Kate sonrió en su boca, separándose ligeramente para mirarle. Deslizó la mano hasta la mandíbula de él y comenzó a acariciarle con delicadeza. Él intentó acercarse de nuevo y ella se alejó negando y sonriendo. Con el dedo índice comenzó a perfilar los detalles de su cara, empezó en su frente, bajando hasta la ceja. Richard la observaba, dejándose hacer. Le acarició las pequeñas arruguitas que tenía alrededor de los ojos. Volvió de nuevo a su ceja y perfiló la arruga vertical que se formaba entre sus ojos y que se acentuaba cada vez que se reía, bajó lentamente por su nariz y llegó hasta sus labios, recreándose en la suavidad de los mismos, acariciándole con tortuosa lentitud. Richard abrió la boca intentando capturar su dedo, pero ella le esquivó buscando el lunar de su mandíbula, apretándolo con suavidad.
- ¿Te gusta? – preguntó él sonriendo – Porque tu tienes otro casi en el mismo sitio – dijo llevando a su vez los dedos al lunar de ella.
- Sí… Me gusta… – dijo acercando su boca hasta el lunar y mordiéndole.
- Kate…
Ella no le hizo caso y continuó dándole mordiscos hasta llegar a su barbilla, Richard respondió apretándola contra él. Kate volvió a separarse para mirarle y él llevó la mano a su nuca y la sujetó, elevándose para besarla. Kate puso sus manos sobre los hombros del escritor dejándose besar. Era un beso lento y delicado, en el que los labios de ambos se turnaban para intentar comerse al otro, despacio, saboreando cada milímetro, dejando que sus lenguas se tocasen y explorasen la boca del otro. Sus corazones fueron acelerándose poco a poco, casi sin darse cuenta.
Kate bajó la mano hasta la cintura del escritor, levantándole la camiseta para acariciarle el abdomen, él la atrajo más contra él, cegado por sus caricias cogió el labio inferior de ella entre sus dientes, chupándolo.
Kate gimió y él lo tomó como una señal para bajar las manos hasta su cadera y agarrar con firmeza la camiseta de la detective quitándosela. Kate elevó los brazos ayudándole, echó su cuerpo hacía atrás y él le pasó la prenda por la cabeza, deshaciéndose de ella tirándola a un lado del sofá. La miró sonriendo, bajando después sus ojos al comprobar que no llevaba nada debajo de la camiseta. No quiso incomodarla mirándola y volvió a agarrarla por la nuca para besarla, pero ella se retiró y le imitó levantándole la camiseta, ayudándole a que se la quitase. Richard volvió a atraerla hacia él por la nuca pegando su cuerpo al de ella y sintiendo un escalofrío cuando las miles de terminaciones nerviosas de su piel se activaron al acercarse.
Continuaron besándose con calma, acariciándose mutuamente, él por la espalda, ella por el pecho. Richard contenía la respiración cuando sentía los pezones de la detective sobre su piel y notaba como ella se paralizaba disfrutando de esos segundos.
Ninguno de los dos supo el tiempo que había pasado, ni la manera en la que la ropa de ambos, ahora completamente desnudos, había desaparecido de sus cuerpos, ellos seguían besándose y acariciándose, ya no sólo con las manos, si no con el resto del cuerpo.
Richard se inclinó hacia delante, sujetándola por la espalda y hundiendo su cabeza entre sus pechos, besándola, lamiéndola. Kate lanzó un pequeño gruñido y él elevó su cabeza para mirarla volviendo a la carga instantes después al comprobar que la detective parecía sumida en un trance. Hundió más y más su cara en el cuerpo de ella, que poco a poco iba inclinándose hacía él haciendo que se recostase sobre el sofá y aprovechando su posición, se elevó sobre sus rodillas, acercando su pelvis al escritor y descendiendo despacio, haciendo que él entrase lentamente en ella. Ambos dejaron de respirar, paralizados hasta que Kate comenzó un movimiento lento y suave, levantándose sobre sus rodillas y volviendo a descender.
Richard sujetó su cara, mirándola inmóvil, dejándose hacer durante unos instantes, pero su instinto era más fuerte, y aunque quiso contenerse, no pudo evitar que su pelvis se levantase, uniéndose al ritmo que ella marcaba, lento y profundo.
- Kate – gruñó mientras ella le mordisqueaba la oreja.
Continuaron su rítmica danza acompañada de caricias, besos y miradas y cuando él comenzó a notar que Kate cambiaba sutilmente el ritmo, se acomodó a la variación, amoldándose a ella hasta que ambos sucumbieron juntos al clímax, rozándose con los labios y mirándose a los ojos.
Lentamente fueron apagando su danza, sin dejar de acariciarse y besarse, hasta que el escritor comenzó a inclinarse, obligándola a hacerlo con él, tumbándose juntos en el sofá. Él buscó con una mano la manta, tirando de ella para tapar a ambos. Kate metió su cara en el cuello de él, besándole despacio.
Ninguno de los dos dijo nada. Ninguno de los dos quería moverse de aquel sofá. Ambos se quedaron profundamente dormidos, junto a Robby.
Unas horas después Richard la abrazaba por la espalda. Sintió una vibración en el sofá y se incorporó viendo que ella había recibido un mensaje en su móvil.
Sin poder evitar su curiosidad lo abrió y su cara cambió por completo.
Era un mensaje de Alexis. Estaba en apuros y la necesitaba…
