Gracias a la imaginación de Charlaine Harris que nos ha regalado estos personajes con los que jugar. Todos suyos.


36.

Oí detrás de mí un quejido enredado en un gruñido sordo. Pam... No me quería mover, quería mantener cierto aire de frialdad, como si no hubiese oído nada, como si mientras no reaccionara a las palabras de Felipe, no serían ciertas. Pero lo eran.

_ ¿Crees prudente hacer algo así, De Castro? – oí decir a mi bisabuelo con el tono que tendría si hablase de la programación de la tele-. El Consejo apenas si ha salido de la ciudad, seguro que quedan muchos de sus representantes aún en algún lugar y tú vas y secuestras a otro rey sin mediar una provocación – hizo una pequeña pausa-, a no ser que consideres que haberse quedado con Sookie lo sea...

_ ¿Por qué iba a serlo? – era mi voz y era firme y serena, pero no podía ser yo la que lo había dicho, nada más lejos de lo que estaba sintiendo en ese momento- Hubiese sido una provocación si alguna vez hubiese pertenecido a Felipe, pero eso nunca se dio, siempre fui de Eric.

_ Y de Compton – puntualizó Felipe-, no lo olvide señora Northman.

_ ¿Cree usted en el destino, señor de Castro? – me seguía sorprendiendo mi frialdad, él me miró calibrándome y luego negó suavemente con la cabeza- Es una pena porque, después de saber qué fue lo que llevó al señor Compton a mí, me di cuenta de que conocerle había servido exclusivamente para una cosa, para que me presentara a mi esposo. Sólo por eso, ya le estaré eternamente agradecida.

_ ¿Y a quién cree que agradecerá que el rey esté en mis manos?

_ Déjese de circunloquios – intervino Niall-, ¿qué es lo que quiere? ¿Por qué intentar algo tan estúpido contra mi bisnieta y su esposo?

_ Todo a su tiempo, Niall, todo a su tiempo – sonrió.

_ Bien, entonces es el momento de acabar con todo esto, Felipe – me levanté con gesto serio e hice una pequeña señal a Pam que se puso a mi lado a la vez que los guardias entraron.

_ No creo que... – intentó hablar pero le corté.

_ Oh, ya lo creo que sí. Dice que tiene a mi esposo, entonces, yo le tengo a usted – el hada a su lado intentó moverse pero mi bisabuelo se lo impidió-. Seamos claros aquí, estás en mi casa, no vas a salir de aquí sin que el rey vuelva a mí.

_ Si no llego en diez minutos tienen orden de matarle, puede que sea un rey por otro, pero le perderás igualmente, estoy dispuesto a arriesgarme y a apostar que no dejarás que eso pase.

_ Entonces dí de una vez qué es lo que quieres – le espetó mi abuelo para cubrir mi estupor.

_ Lo que siempre quise, en Bon Temps, en Las Vegas, aquí..., a la señorita Stackhouse – hizo una pequeña pausa y levantó su mano hasta retirar un mechón rebelde que se desprendía de mi peinado con extrema delicadeza-, siempre ha sido ella.

_ Venga, De Castro, ¿me vas a decir que estás tan interesado en los encantos de mi bisnieta que has provocado este despropósito? ¿Sabes lo caro que te va a costar?

_ Sookie es una mujer lo suficientemente hermosa como para que cualquiera quisiera tenerla, yo, también, pero tiene muchos más talentos que su belleza, es inteligente, es emprendedora y tiene cualidades únicas...

_ Vaya, que necesitas una telépata – le interrumpí.

_ No, no la necesito, pero nunca está de más tener una – me sonrió y acarició mi rostro como si fuese algo verdaderamente precioso y frágil-. Bueno, ahora, tenemos que irnos, tengo asuntos que tratar con el señor Northman – cogió mi mano y la besó, inclinándose al hacerlo sin apartar sus ojos de los míos-. Pronto me pondré en contacto contigo, querida. Tenemos mucho de lo que hablar y sobre lo que debemos llegar a un acuerdo.

Con esas últimas palabras hizo una inclinación ante Niall y salió con el hada pisándole los talones. Y ahora, ¿qué? Me quedé mirando la puerta por la que se había ido sin saber qué hacer, era obvio que lo que tenía que recuperar a Eric a como diese lugar, pero, ¿cómo lo haría? Los ojos me ardían y las lágrimas querían salir, pero no podía permitírmelas. Cuando Eric estuviese a salvo en nuestra casa, podría llorar, antes, no. Me volví para mirar a Pam y a mi bisabuelo.

_ ¿Quién era ése? – por alguna razón, preguntar eso me pareció un buen punto desde el que partir.

_ Ennis Kinkaram – ese apellido... La luz se hizo en mi mente y mis ojos lo reflejaron-. Sí, ese Kinkaram.

_ Estamos jodidos, ¿verdad? – me miró como si me fuese a reprender por mi lenguaje y su expresión me recordó a mi abuela, por lo que tuve la necesidad de disculparme- Perdón por expresarme tan rudamente, pero lo estamos, ¿no?

_ No es una situación favorable, Kinkaram es muy poderoso, creí que le tenía más controlado – soltó un pequeño suspiro- Evidentemente, no.

Claude entró y me sobresalté al verle, por un momento, pensé que tras él vendría Eric. Se acercó hasta Niall e hizo una pequeña reverencia.

_ Abuelo... – su voz sonó preocupada- ¿Ése era Kinkaram? – Niall asintió- Vaya, con eso no habíamos contado – murmuró para sí.

_ ¿Qué quiere decir eso, Claude? No testes mi paciencia, por favor, Felipe tiene a Eric...

_ Lo sé, la idea era infiltrarse y era la manera más rápida.

_ ¿Dejarse atrapar por alguien que te quiere muerto es la manera más rápida? – el tono de Pam no dejaba lugar a dudas, la idea era tonta, muy tonta, y a mí también me enfadaba.

_ Preston está con él.

_ Ah, bueno, ya me siento más aliviada, mi amo y señor está a merced de Felipe y del último amante de su mujer. Eso sí que es un consuelo...

_ Pam, déjale explicarse – intervine pero en eso estaba con ella, ¿cómo se les había ocurrido semejante estupidez?

_ No sabíamos que Kinkaram estuviese aquí, eso puede ser un problema, porque Preston ha simulado que entregaba a Eric.

_ Ése ha sido un movimiento muy audaz – comentó Niall, pero su voz no estaba carente de cierta admiración, parecía pensar que si alguien podía llevarlo a cabo, ése era Preston.

_ ¿Crees que funcionará lo que sea que hayan planeado? – le hubiese comprado cualquier palabra de aliento, aunque supiera que era falsa.

_ No lo sé, Kinkaram tiene una cuenta pendiente con Pardloe y va a pensar que entrega a Eric para volver contigo.

_ Eso no le va a gustar nada... – murmuró Claude.

El miedo me atenazó, no podía perderlos a los dos, no. Eric era mi esposo y Preston había sido mi pareja los últimos ocho años, no le había dejado porque no le amara sino porque amaba mucho más a mi vampiro. El sólo pensamiento de una vida sin ninguno de los dos me aterró. Tenía que hacer algo, no podía dejar que Felipe y ese Kinkaram se salieran con la suya.

_ ¿Cómo les sacamos de allí?

_ Preston es un hombre con recursos, Sookie, ten fe en él – fue una simple frase pero tenía que reconocer que me tranquilizó.

_ Bien, mientras sabemos qué pasa con ellos, nos podemos ir organizando y elaborando un plan alternativo por si falla lo que sea que han pensado.

Pam me miró como si no me conociera, podía ver la exasperación en sus facciones y en un rostro tan inexpresivo como el suyo, ya era mostrar sus sentimientos.

_ ¿Vamos a esperar a ver qué pasa? ¿Y si resulta demasiado tentador para el hada y vende a Eric? ¿Y si el Kinkaram éste decide cobrarse esa cuenta pendiente? ¡Sookie, por Dios! No me puedo creer que estés dejando a Eric en manos de Felipe y de esos hadas...

_ No le estoy dejando, las dos sabemos que, por ahora, está bien. Nos da tiempo para organizarnos – hice una pequeña pausa para coger aire-. ¿Hay algo más que deba saber? Ninguna sorpresa más en el horizonte, ¿verdad? Porque ya está bien por hoy.

_ Preston es mucho más fuerte de lo que pensáis – nos dijo Niall para que las dos nos tranquilizáramos un poco, pero eso, curiosamente, no me relajó. ¿Era más fuerte de lo que pensaba? ¿Cómo había sabido tan poco del hombre con el que había vivido tantos años?

_ No sé si quiero saberlo, ¿me estuvo mintiendo todo el tiempo que pasamos juntos?

_ Que te ocultara su pasado no quiere decir que te mintiera, hija. Pardloe era uno de mis generales, es un buen estratega, es habilidoso para camuflarse, se sabe adaptar a cualquier situación en cuestión de segundos. No necesitaba ser el general para estar contigo, era sólo un hombre enamorado.

_ No sé porqué eso me inquieta...

_ No debería, menos por el momento de pánico que tuvo contigo volviendo con Eric, nunca dejó de ser el soldado disciplinado pero imaginativo que conocí – Claude alabando a Preston, eso si que era nuevo-. Tiene recursos de sobra. Ya no tiene nada que perder y tu felicidad está por encima de todo para él. Eso debería bastarte.

_ Me estás hablando de un hombre que no conozco, pero al que aún quiero. Te voy a creer porque no hacerlo, supone perder la esperanza de que vuelvan los dos – nos quedamos mirándonos unos segundos antes de hacer un leve movimiento hacia la puerta. La voz de Niall me detuvo.

_ Hay algo más – me giré para mirarle-. ¿Señorita Ravenscroft...?

¿Pam? ¿Qué tenía ella que decirme? Suspiró y sacudió la cabeza asintiendo a Niall.

_ El anillo – me miré la mano, lo había olvidado-. Tiene un significado muy concreto... – se quedó callada.

_ Estoy esperando, Pam – me impacienté al ver que no continuaba.

_ El anillo se perdió cuando Sophie Anne murió. Ella se lo había dado a Eric pero él no quiso ser rey, no estaba entre sus ambiciones.

_ No sé si te sigo...

_ Luisiana no es un reino que se haya conquistado, los reyes eligen a sus sucesores. Sophie Anne, después de la muerte de André, y en el estado tan delicado en el que quedó tras el desastre de Rodas, se lo dio a Eric, sabía que tenía los días contados y quería que él fuese el rey.

_ Pero...

_ Mientras estuviese perdido, cualquiera podía reclamar el reino con cierta autoridad, que tú lo llevaras esta noche, te legitima como reina. Lo que dice a quien quiera mirar es que tu rey te ha dado ese lugar en su vida, en tus dedos se enrosca el anillo de un reino que se da por elección, no se conquista. Para cualquiera que lo vea, tú eres la reina de Luisiana, no importa quien diga que ostenta el título – aclaró mi bisabuelo.

_ Un simple anillo no tiene ese poder... – me revolví ante la idea.

_ No es un simple anillo, Sookie, el Consejo dio ese anillo a los reyes de Luisiana. Sólo hay dos reinos más en Europa que tienen esa prerrogativa.

_ Pero, ¿si eso es así? ¿Por qué Eric no lo hizo público, no reclamó su reino a Felipe?

_ Porque Felipe era demasiado poderoso y podía matarnos a todos en aquel momento. Es relativamente fácil rebuscar un anillo entre un amasijo de vísceras, mi reina – el tono sarcástico con el que dijo "mi reina" debería haberme molestado más, volvía a tratarme como la humana tonta que había sido siempre.

_ Bien, ahora, entonces, ¿qué soy? ¿La reina de Luisiana? Esto es muy raro...

_ No, Eric es el rey, pero tú tienes el anillo, lo que en su ausencia, te convierte en la reina.

_ Pero eso es una tontería, no soy un vampiro.

_ No, no lo eres, pero eres la esposa de uno, tienes sangre real en tus venas y eres reconocida por nuestro Consejo y por muchos de nosotros, a los que has salvado, por no hablar de los enemigos que Felipe se ha ido creando a lo largo de los siglos... Tienes más apoyos de los que piensas.

_ Necesito digerir esto, pero ahora no tengo tiempo – tomé aire-. Vamos a sacar a Eric de donde esté para que pueda ser lo que por derecho le corresponde.

Nos volvimos a sentar, teníamos unas muertes que planear, porque Felipe me iba a pagar hasta la más ínfima gota de sangre de mis hombres y ese Kinkaram no sabía que había topado con hueso. Si pensaba que sólo era una puta humana estaba muy equivocado, porque no era ninguna de las dos cosas y menos, en ese momento. Llamé al servicio y pedí que nos preparan algo de cena mientras planeábamos nuestro ataque. La cena trascurrió rápida y tensamente, me obligué a comer porque yo era el eslabón más débil y caer enferma no nos ayudaría en ese momento. La verdad es que la cocinera era excelente, no cabía duda, y que la comida fuese deliciosa contribuyó a que no fuese difícil alimentarme, ya tendría ocasión para disfrutar y apreciar sus habilidades en toda su valía cuando mi vikingo estuviese de vuelta conmigo. Nos sirvieron el café en la biblioteca. Claude había estado haciendo sus llamadas para recabar apoyos, Pam y Bill, por su parte, estaban haciendo lo mismo desde el despacho de Eric. Pam volvió al cabo de unos minutos y me tendió el teléfono, la Antigua Pitonisa quería hablar conmigo. Por alguna extraña razón, inducida por el nerviosismo me hizo gracia que alguien con ese nombre se comunicara conmigo vía telefónica, y reprimí la risa con un movimiento de cabeza amonestándome a mí misma por la ocurrencia. Le dí su taza de café a Niall y me dirigí a coger el auricular que Pam me tendía.

_ Sookie – me llamó con su tono imperativo sin esperar a que dijese "hola".

_ Antigua Pitonisa... – respondí con suavidad.

_ No te quites ese anillo – me ordenó-, y que nadie permita que te lo quiten.

_ ¿Tan importante es eso cuando mi esposo está siendo retenido contra su voluntad? – no pude evitar mi fastidio.

_ Lo es.

_ Sólo me importa recuperar a Eric.

_ Mantén ese anillo y lo harás. Ahora, haz la pregunta correcta.

Me extrañó la conexión, estaba cansada, no la veía con claridad pero no me costaba nada dejarme un anillo puesto, pero eso de la pregunta correcta..., conociéndome tenía una probabilidad muy alta de equivocarme y con estos dichosos vampiros no se sabía nunca. En el peor momento me quedé blanco pero una idea cruzó mi mente.

_ ¿Tenemos carta blanca para recuperar al rey?

_ – se limitó a decir y, con una carcajada, colgó.

Nuestras miradas se cruzaron, eso era mucho permiso por parte del Consejo, quería decir que estaban de nuestro lado y que éramos los encargados para quitarles de encima la molestia que era Felipe. No estaba segura de si me gustaba que me utilizaran pese a que sirviera a mis propósitos. Se me había quedado la boca seca y Pam me sirvió un vaso de agua sin ni siquiera tener que pedírselo, la miré agradeciéndoselo con una sonrisa. Intentaba llevarme el vaso a los labios cuando un dolor me atravesó y caí de rodillas, los ojos se me llenaron de lágrimas y entre ellas pude ver a Pam apoyada en la mesa, agarrándose el pecho y una mueca de dolor en su hermoso rostro. Nos miramos con pánico. Eric...

Y, después, nada.