Annyong! '^,^'
Espero que hayan pasado una no tan ajetreada semana, sino más bien, tranquila. Sigo actualizando, deseando que les estén agradando los capítulos hasta ahora colgados en la página. Très bien!
Desenterrando el Pasado Season II - Chapter 35
Sentado sobre la cama, Taisuke acaricia la mejilla de Nanami delicadamente. – Yo…– detiene la acción y poco a poco acerca su rostro al de ella hasta quedar a escasos centímetros de tocar sus labios. – Es cierto que nunca tuve el coraje de confesar mis sentimientos y ahora que estás así, frágil, yo…– desvía la cabeza, más aprieta los dientes fuerte, sintiéndose incapaz al no poder ayudarla. Vuelve a contemplarla. – Te amo, Nanami. – el rubor cubre sus mejillas, más no le importa. Deposita sus labios sobre los inmóviles de la kunoichi y la besa suave y delicadamente. Estaba tan concentrado en el beso que no se percató de su amigo y compañero Takashi, quien los observaba desde el pasillo.
Takashi entrecierra sus ojos y apoya su cuerpo contra la pared. Sonrisa melancólica. – Al fin lo admitiste. – dice para sí mismo. Suspira, cierra los ojos y luego toca la puerta. Taisuke se separa de ella y se pone de pie, enseguida toma su mano entre las suyas y deposita en ésta un tierno beso para luego hacer su camino hacia la salida. Takashi entra a la habitación, esperando a su amigo para irse.
– T-Taisuke-kun…–susurra una débil vocecilla. Taisuke se detiene totalmente sorprendido y se gira para verla. – Taisuke-kun…– vuelve a llamarlo. Ella abre sus negros ojos y débilmente vuelve la cabeza hacia él y ruborizada le sonríe con los ojos cerrados.
Taisuke se acerca y le devuelve la sonrisa. – Hola. ¿Cómo te sientes? – toma asiento junto a ella.
– A-Agotada y me duele mucho el pecho. – susurra e intenta mover su mano. El shinobi asimiló el gesto, por lo que le toma la mano y aprieta con fuerza.
– Creí que te perdería para siempre. – voz entristecida mientras le acaricia la mejilla.
– Pero estoy bien, Taisuke-kun. Asumi-chan me salvó. – sisea dulcemente, pero su sonrisa desvaneció al instante. – Asumi-chan lo hizo, sabiendo que si me salvaba se llevarían a Kiyoshi-kun. Quise ayudar, pero resulté un estorbo.
El shinobi le acaricia la mejilla suave y delicadamente. – Shhh… No digas eso. No eres un estorbo. – le mira a los ojos. La intensidad de su mirada hizo que ella sonrojara y le mirara sorprendida. Era consciente de que el rubor cubría sus mejillas, pero no hizo nada para evitarlo. – Asumi te salvó porque eres importante en su vida y no quería ver cómo te lastimaban. – le regala una sonrisa.
Takashi carraspea al sentirse excluido. – Me alegro que despertaras. – se aproxima a ellos. – Tenías a este chico sumamente preocupado. – le regala una precisa palmada en la espalda de Taisuke dos veces. – Aunque yo diría que más que preocupado…– el shinobi ruboriza gracias a la indiscreción de su amigo. – Lo tenías al borde de la desesperación. – sonrisa.
– A-Arigato, Taisuke-kun. – sisea ella, extrañada.
– No tienes que agradecérselo, Nanami-san. – ella le mira con inocencia. – No de esa manera, sino de otra. – sonrisa maliciosa.
– Te agradecería que nos dejaras a solas. – Taisuke masculla entre dientes, molesto por la impertinencia de su amigo.
– ¿Para aprovecharte de la indefensa Nanami-san? – sobre actúa, enojando al chico. Entonces mira a la chica ruborizada. – Si los dejo solos, eres capaz de aprovecharte de ella. – Nanami acerca las sábanas hacia ella. – Como ejemplo de ello, podría ser un beso en los labios. – cierra sus ojos, dándose la razón él mismo. Al abrirlos, observa a su amigo más rojo que un tomate y una Nanami tímida y sonrojada hasta las orejas. – O quizás obligarla a hacer cosas sucias.
– ¿Ehhh? – exclamaron los dos al mismo tiempo.
– Pero tengo cosas que hacer, así que nos vemos. – empieza a caminar, pero regresa sobre sus pasos. – Cuídala mucho y cuidado con tus sucias intenciones. – golpea la espalda del Ninja tan fuerte que lo hizo doblegarse hacia delante. Retrocede. – Adiosito! – mirando de soslayo y sonriendo, se marcha cerrando la puerta a su paso.
Debido al golpe, Taisuke quedó bastante cerca del rostro de la kunoichi. Por lo que, poco a poco él se acerca al rostro de la kunoichi hasta quedar a unos pocos centímetros de distancia. – Nanami. –susurra él.
– T-Taisuke-Kun. – contesta ella con timidez.
– Nanami. – el corazón le empieza a latir con rapidez, tan fuerte que podía sentirlo en sus manos.
– Taisuke-Kun. – la cercanía entre ambos la pone cada vez más nerviosa.
Él toma entre sus manos la mano de ella, y la entrelaza con una de ellas. – Nanami. – sisea, acercándose más al rostro de ella.
– Taisuke-Kun. – corresponde al enlace de manos.
– Nanami. – poco a poco cierra sus ojos al sentir ya escasos centímetros el aliento de la chica golpear contra su propio aliento.
– Taisuke… kun…– ella cierra sus ojos por completo, esperando ya lo inevitable.
– Nanami. – roza con sus labios, los de ella.
– Taisuke… – no terminó de repetir el Kun. Puesto la puerta se abrió de golpe.
– ¡BÉSENSE DE UNA MALDITA VEZ! – grita Takashi, frustrado, más cierra la puerta de golpe.
Ríen gracias a la acción de su amigo. Después de todo tiene razón, por tanto, él la besó tiernamente. Los ojos de Nanami se abrieron estupefactos cuando sus labios fueron tocados por los de Taisuke e inconscientemente ella los cierra correspondiendo el beso de la misma manera, dejándose llevar completamente por sus sentimientos.
De pie en el pasillo, el rostro de Takashi entristece, sin embargo, sacude la cabeza alejando negativos y deplorables pensamientos, pues sus amigos al fin están juntos. – Así debe ser. – una sonrisa atraviesa sus labios. – Mi trabajo aquí está hecho. – se aleja atravesando el corredor.
Finalmente rompieron el beso. – Te amo Nanami. Siempre lo he hecho. – ella parecía aturdida. – No tienes que responderme ahora. Sé que amas a Ishida Ukitake. – se levanta de la cama. – Pero él ama a Asumi Hatake y yo…– agacha la cabeza.
– Siempre has estado para mí, Taisuke-kun. – responde ella tomando su mano. – Y no te he dado las gracias por ello.
– Nanami, no quiero tu agradecimiento, sino tu amor. – la enfrenta con la mirada. Ruboriza. – ¿Qué estoy diciendo? – se lleva la mano libre a la cabeza. – No debería estar confesándote mis sentimientos. Prometí que si eras feliz al lado de un hombre que no fuera yo, aceptaría tu decisión, pero ahora yo…– esquiva la mirada de la Uzuki. Niega con la cabeza. – ¿Qué demonios? – un brillo esperanzador se reflejan en los ojos de él. – Nanami Uzuki, te amo. – vuelve a sentarse y toma ambas manos de ella entre las propias. – Por favor, dame una oportunidad y verás que soy el hombre indicado y el que te hará feliz. – deposita un beso entre las manos de ella.
Conmovida por las palabras del shinobi, ruboriza. Sin embargo, una imagen de Ishida y Asumi sonriendo entre ellos aparece en su mente. Sonríe. – ¿Podré olvidar a Ishida-Kun a su lado? – se pregunta a sí misma mientras le sigue sonriendo. – No deseo usarlo para olvidar que Ishida-Kun no es para mí. Quiero enamorarme de Taisuke-Kun y presiento que lo haré. – se aferra al enlace de manos. – Deseo enamorarme de Taisuke-Kun, porque al igual que a Ishida-kun…– intensifica el enlace. – También te quiero. – pronunció.
La sonrisa alegre del shinobi ponía feliz a cualquiera que le viera. – Arigato! – posando sus manos en las mejillas, la besa. Un beso tierno y apasionado.
…
En otra habitación, mismo hospital.
Koishi reposa en una cama, recuperando fuerzas y de sus graves heridas. Frente y brazos vendados. Mientras, Yukari se encuentra sentada en una silla, situada al lado de la cama. Ella separa la corteza de la manzana, poniéndola sobre un plato a medida que la va pelando; pues, sobre una mesita, se ubica una canasta de frutas que su hermana mayor le había llevado antes de ir a una misión. Al terminar con su labor, mira al chunin dormido. Se veía tan frágil. Le dieron una buena paliza más grave que en los exámenes chunin. Su condición habría empeorado si Asumi no hubiera llegado justo a tiempo y detenido al enemigo de acabar con el chico.
– Koishi-kun…–sisea mientras se pone de pie. Deja la manzana en el plato sobre la mesita y roza con sus dedos, el brazo del chico. – Despierta pronto. – rostro entristecido. – Te esperaré como siempre lo he hecho…– toma asiento sobre la silla y continúa cortando la manzana. – Esperando pacientemente por ti. – cierra sus ojos y una alegre sonrisa atraviesa sus labios.
…
Ishida y Asumi se ubican sentados en el suelo. Él abrazando a una indefensa Asumi, evitando que ella saliera corriendo hacia las ruinas. – Nanami y Koishi se recuperarán. – contesta el shinobi, intensificando el abrazo. – El pequeño Kiyoshi sólo está inconsciente. Y tus padres…– él mira hacia el cielo, buscando valor para convencerla. – Tus padres volverán.
– Supongo… Supongo que tienes razón. – cierra sus ojos. – ¿Qué pasaría si todo esto fuera un sueño? – mirada sorprendida por parte de él. – Desearía que as lo fuera.
– Pero no lo es. – él contesta, soltando el abrazo. – Si crees que es un sueño, deberás despertar tarde o temprano. – ella afirma con la cabeza. – ¿Vas a estar bien? – ella vuelve a afirmar, por tanto se ponen de pie al mismo tiempo, ayudándose entre sí.
Gracias a Ishida, recuperó la seguridad y confianza en sí misma. Es entonces que empieza a dar indicaciones a los ninjas sobre abrir una nueva entrada en la cueva. Sus amigos se sorprendieron de la influencia que Ishida tiene en Asumi. Pero a pesar de ello, se sienten felices de que ella vuelva a ser la misma otra vez. Lo que todos han podido notar en ella, es que Asumi es muy sensible a diferencia de aparentar ser ruda ante todos. Ella observa de soslayo y se percata de que Chad cargaba a su hermano.
De repente, una explosión provino de las cuevas, cual obtuvo la atención de todos, en especial la de Asumi. Las rocas de la entrada principal fueron derribadas desde adentro. Primero, sale Gai sumamente emocionado con los ojos reflejando llamas. Típico. Aoba aterriza frente a su hija, por lo que, Árika se lanza a los brazos de su padre Aoba como una niña de cinco años y lo abraza. – ¡Padre! – él le acaricia la cabeza.
Genma aparece al lado de su hija Kimi con su mirada desaprobadora. La chica agacha la cabeza, más él no dijo nada, sólo posó su mano sobre la cabeza de ella, sorprendiéndola sobremanera. Genji aterriza frente a sus amigos y corre hacia las ruinas para ayudar a su padre Gai. Más atrás, aparece Hiroshi en compañía de sus padres Asuma y Kurenai, quien rápidamente toma a Kiyoshi entre sus brazos. Asumi miró durante unos segundos la escena de Kurenai mimando a su hermano menor, entonces sonríe, pero su sonrisa no duró mucho en desvanecer. Todos están presentes, excepto sus padres.
Gai ayudado por su hijo Genji, se acerca a Asumi. –Lo siento, cuando los encontré había llegado tarde. – le dice, decaído. – Unas rocas cayeron sobre ellos y no pude ayudarlos. – ella agacha la cabeza, no obstante, coloca su mano en su hombro para animarla. – Debes ser fuerte. – ella asiente con la cabeza.
Sintiendo profundamente la pérdida de los Hatake, deciden retirarse con excepción de Asumi, quien contempla las ruinas por última vez, e Ishida, quien se detiene a esperar a Asumi. Por otro lado, Gai camina recordando la mirada de Kakashi cuando lo vio en la cueva. Su mirada despreocupada se había vuelto triste, devastada. Nunca lo había visto así tan mal, esa mirada reflejaba dolor, soledad, angustia, miedo. Cuando ingresó a las ruinas a buscarlos, ahí estaba arrodillado, sosteniendo a Anko en sus brazos mientras estaba ¿llorando? Corrió lo más rápido que pudo, pero unas rocas cayeron delante de él evitando que avanzara. "¡Kakashi, reacciona! ¡Debes salir de aquí! le gritó. Sin embargo, él ignoró su llamado y dejó que las rocas cayeran sobre él y su esposa. Entrecierra sus ojos, triste por no haber podido hacer más por él.
Ishida se posiciona al lado de Asumi. – Vamos. – ella afirma con la cabeza. Retoman el camino a casa, pero una presencia le hizo girarse. Por un momento creyó tratarse de sus padres, más no era así. Avanza un par de pasos, y de nuevo la misma presencia. Esta vez no puede equivocarse. Se trata de él, no hay dudas. Gira sobre sus talones, entonces una explosión provino desde las ruinas. Identificó ese ruido de miles de aves chillar en cualquier lugar. – ¡Raikiri! – es la técnica que su padre le enseñó. – Otou-san! – exclama, emocionada. Los ninjas giraron sorprendidos.
Kakashi salía del agujero que había hecho con su especial técnica, cargando en brazos, estilo marital, un cuerpo. Mientras más se acercaba, podían distinguir el largo cabello lila de aquel cuerpo mecerse con el viento, entretanto un brazo de mujer colgaba del cuello del ninja copia. Kakashi se detiene y se arrodilla lentamente, entonces deposita el cuerpo en el suelo con suma delicadeza. Su rostro… Contempla la sonrisa en los labios de ella, sus ojos cerrados y su joven rostro. Toda ella perfecta. Asumi se acerca a ellos. Entendió a la perfección la mirada de Kakashi, pues él notó la presencia de su hija, pues la ignora. Su mente y corazón estaba en Anko, su esposa, solo en ella. Desliza los dedos sobre el labio inferior de Anko cuidadosamente, cuyos labios ahora se encuentran protegidos por una mascarilla de oxígeno. Su pelo lila regado por toda la almohada. Anko se encuentra en un hospital recibiendo primeros auxilios. El gotero adjunto a su muñeca derecha y su frente vendada como también los brazos mientras su frágil cuerpo descansa en una cama entretanto Kakashi se ubica sentado en una silla, a su lado, pero dormido con la cabeza apoyada en la cama y su mano tomando la de ella.
Asumi abre la puerta de la habitación sin hacer ruido, entra y coloca un florero con lirios sobre el alféizar de la ventana mientras las cortinas se mueven pacíficamente. Sonríe al ver a su padre dormido, cuidando de su madre. Enseguida sale de la habitación, cerrando la puerta despacio e ingresa a otra recámara, donde tienen a Koishi y Kiyoshi en la misma habitación. El primero, sentado y comiendo de la mandarina que Yukari le daba de comer; el segundo, dormido. – ¿Te sientes mejor? – interroga Asumi, tomando asiento al lado de Kiyoshi.
Koishi asiente. – Sí. ¿Cómo está mamá? – pregunta, preocupado por la contestación.
– Se recuperará poco a poco. – acaricia el plateado cabello de Kiyoshi. – Tsunade-sama y Sakura-sensei me dijeron que su chakra es inevitable y que deberá recuperarlo a su debido tiempo. – Pero su mirada ensombrece, lo cual asustó a Koishi y a Yukari.
– ¿Pasa algo malo? – interroga Yukari, sabiendo que Koishi aunque quisiera no preguntaría.
Asumi niega con la cabeza y sonríe, fingiendo estar todo bien. – Lo importante es que estamos juntos. – Koishi asiente. – Las probabilidades no son confiables. – se dice a sí misma.
…
Un mes ha pasado desde ese incidente.
La vida de los Hatake ha cambiado para bien. Asumi sonríe más seguido y se reúne con sus amigos a compartir como antes lo hacía. En ese instante, todos se encuentran en un establecimiento almorzando. Todos ríen felices. – ¿Qué les parece si vamos al karaoke? – pregunta una sonrojada y alegre Árika.
– Me parece buena idea. – responde Chad, ruborizando la rubia, entonces toma la mano de ella y ambos sonríen con timidez.
– Si Kimi va, entonces iré. – contesta Hiroshi, entonces la aludida le indica que abra la boca mientras sostiene un pedazo de carne asada en un tenedor y le da a probar. Los demás miraron dicha escena y una gota estilo animé se desliza por sus cabezas sonrojando a la pareja.
Asumi entrecierra sus ojos y le cubre los ojos a Kiyoshi. – Tengan más respeto, por favor. – les guiña un ojo. Los dos toman sorbos de su respectivo té. – Al menos, esperen estar a solas. – ambos escupen al escuchar dicho comentario fuera de lugar. – Ven, sus mentes están llenas de pensamientos impuros. – ambos iban a replicar, pero Ishida interviene.
– No eres la más indicada para decir eso, ¿o sí, mi querida Asumi? – el Ukitake levanta una ceja interrogativa.
– ¿Qué quieres decir, Ukitake? – intercambian miradas retadoras.
Él esquiva la mirada de la Hatake moviendo los ojos hacia el lado izquierdo. – Nada. – responde como si nada. A continuación vuelve los ojos hacia ella, su mirada es de complicidad. – ¿Recuerdas esa vez que…? – todos prestan suma atención.
– ¿Qué…? –repite ella interesada en saber. Él aproxima su rostro al de Asumi. – Tú…– se acerca más.
– Yo…– el corazón le empieza a palpitar a mil horas, mientras su pulso se aceleraba.
Ishida roza la frente de la kunoichi con la suya. – Nosotros…–toca la mejilla de ella, haciéndola estremecer ante aquel cálido tacto. Ella, por su parte, abre los ojos desmesuradamente. De un rápido movimiento él acorta la distancia que los separaba del rostro de la chica y… – estuvimos a punto de…–Por un segundo a ella el corazón dejó de palpitar. Un intenso rubor se evidencia ante la cercanía del Ukitake. –…pasar la noche juntos. – le susurra al oído. – Sentí que lo deseabas tanto, igual que yo.
Asumi reacciona y lo empuja, cayendo él al suelo. – ¿Q-Qué t-te p-pasa? Nada de eso sucedió. – tartamudea, intentando tranquilizar su pulso, lo cual le era difícil en esos momentos. El rubor no desaparece.
El shinobi se pone de pie, sacude su pantalón y le sonríe. – Era una broma. – dice, seguro de sí mismo. – Aunque desearía que fuera real, Asumi. – piensa, más no lo diría en voz alta. Jamás lo haría.
De manera brusca se levanta de su asiento. – Baka! Baka! Baka! – le grita Asumi, más nerviosa de lo usual. En verdad, la cercanía del peli negro le afecta su estado nervioso. Gruñe. – Eres un…– vuelve a gruñir. – ¡Idiota!
Árika cubre los oídos de Kiyoshi. – Mi-san, ten cuidado con las palabras. – sugiere, mirada acusadora, pero graciosa. La kunoichi de cabellos lila respira dificultosamente y lanza mirada asesina a la rubia, quien ríe con nerviosismo. – Gomen ne?
Asumi deja escapar un ligero suspiro.– Cariño, ya es hora de las visitas. – Kiyoshi asiente y se levanta de la silla. Ella lo toma de la mano. – Nos vemos, chicos.
– Te acompaño. –se ofrece Ishida.
La kunoichi se gira. – ¡NO! – rápidamente contesta, sorprendiendo al Ukitake, haciendo reír a Kimi y Hiroshi, y que Árika y Chad la miren maliciosamente. Tomando consciencia de sus propias palabras y forma de decirla, se retracta. – E-Está b-bien. – el aludido sonríe.
Ambos se marchan del establecimiento un poco nerviosos de caminar uno al lado del otro. – Etto… Ha estado en la misma condición hace ya un mes. – él inicia una conversación incómoda, tanto para ella como para él.
– Sí. – baja la cabeza. Mira a su pequeño hermano. – Sakura-sensei me lo había advertido y Tsunade-sama me informó que necesitará de tratamiento cuando despierte. – intensifica el agarre de manos que sostiene con el pequeño Kiyoshi.
Ishida desliza las manos en los bolsillos de su pantalón. – Tu madre es una mujer fuerte. Verás que despertará cuando menos lo esperes. – le regala una sonrisa.
Asumi afirma. – Tienes razón. – rubor en las mejillas. – ¿Hasta entonces, estarás conmigo? – como respuesta, él la toma de la mano y entrelazaron sus manos entre sí. Ella sonríe. Mientras se acercan a la habitación, cual se ubica Anko pueden escuchar los presurosos pasos y los murmullos provenir de ésta. Las enfermeras entran y salen de la habitación, presurosas. Asumi e Ishida intercambian miradas, por tanto Ishida carga al pequeño Kiyoshi y apresuran los pasos para llegar. Al momento de detenerse ante la entrada de la puerta, Tsunade, Sakura y algunas que otras enfermeras permanecen agrupadas alrededor de la cama, por tanto impide ver con claridad el acontecer de la situación. – ¿Qué está sucediendo, Sakura-sensei? – interroga la kunoichi de cabellos lila entretanto se acerca cada vez más poco a poco.
– Salgamos. – le ordena Tsunade a las enfermeras, quienes asienten y salen de la recámara. La Hokage sale al corredor y deposita una mano sobre el hombro de Asumi. Sonríe y se aleja. Sakura le regala una sonrisa a la Hatake, indicándole que entre, luego se marcha para dejarlos solos.
Asumi estudia su alrededor, su expresión es de absoluta confusión, pues Kakashi está de pie cerca de la ventana y Anko en su estado inconsciente. Kakashi se acerca a Anko y le retira los mechones de cabello que cubre los ojos de ella. – Otō-san? – Asumi le mira extrañada.
– Hace un momento, Anko movió sus dedos. – contesta la inquietud de su hija. Le mira directamente a los ojos. – Es posible que despierte en unos días o quizás semanas. – agacha la cabeza, entristecido.
Ishida se aproxima cargando a Kiyoshi en brazos. – ¿Papá? – interroga el menor de los Hatake, a lo que Kakashi le sonríe. Rápidamente, después de Ishida depositarlo en el suelo, Kiyoshi corrió a los brazos de Kakashi.
– Hola campeón. – Kakashi lo carga y le alborota el cabello del mismo tono que el de él.
– Otō-san, debes descansar. – dice Asumi, preocupada por la salud de él. – Vienes todos los días a pesar de que yo también vengo y estoy al pendiente de su estado. – espira.
– Lo sé. – responde sin dejar de sonreírle a su hijo, quien le devuelve la sonrisa. – Pero no quiero separarme ni un segundo de tu madre. – toma asiento sobre la cama, sentando en sus piernas a Kiyoshi. – Su estado no es el mejor. Pero si continuamos hablando con ella, puede que despierte de su sueño.
– Llevas un mes hablándole y no ha despertado. – responde Asumi, entonces posa su mano sobre el hombro de Kakashi. –Según los análisis que Tsunade-sama le practicó, demostraron que ha permanecido en letargo durante cinco años. – baja la cabeza, dolida de hacerle ver a su padre la realidad.
– Cuando la salvé, ella me habló. – su ojo visible tiene un brillo esperanzador. – Y hace unos minutos movió sus dedos. – le mira con ilusión.
– Quizás sea una reacción de permanecer en coma. – Asumi cierra las manos en puños. – Okā-san está…
– Has perdido las esperanzas. – murmura Kakashi, bajando al pequeño en el suelo.
Ella iba a replicar, pero Ishida posiciona sus manos en los hombros de ella y niega la cabeza. – Tu padre tiene razón, Asumi. – ella desvía la mirada hacia un lado. – Ella puede despertar en cualquier momento. Su tiempo se ha detenido, pero volverá a correr. Ten fe. – ella mira el joven cuerpo de su madre, como la última vez que lo vio. El cabello mucho más largo, al igual que los mechones. Su piel pálida y ojeras debajo de sus ojos.
– ¿Estás consciente de que si no despierta, debemos dejarla ir, cierto? – mira a su hermano tocar la pálida mano de Anko. Kakashi no responde, al contrario, acaricia la mejilla de su esposa. – Okā-san lo habría querido así. Todos estos aparatos la mantienen con vida y sé que no es justo ni para ella ni para nosotros. Quiero verla despertar y poder abrazarla tanto como tú. – se da vuelta. – Estás sufriendo por ella, por verla así en ese estado. Y me duele verte tan decaído, tú no eres así. – el ninja copia abre su ojo visible, atónito. – Es cierto que okā-san está desfallecida en esa cama, pero...– gira sobre sus talones y lo enfrenta. – ¡Te has olvidado de lo que sentimos nosotros, tus hijos! – sale corriendo de la habitación, dejando a Kakashi dolido.
– Iré a buscarla. Con su permiso. – dice Ishida, enseguida hace una pequeña reverencia y después de cerrar la puerta salió corriendo para alcanzarla.
Kakashi cierra su ojo. – Asumi. – susurra, más se levanta de la cama. –Campeón, no te muevas de aquí. Vuelvo en seguida. – sale detrás de su hija para hablar con ella.
El niño afirma. – Sí. – responde entusiasmado. Mira con detenimiento a la mujer, entonces intenta subir a la cama, pero la altura de la misma le dificulta la tarea. Vuelve a intentarlo y lo logra. – Mami. – susurra, sonriente. Toca la mano de Anko, luego acaricia la frente y mueve los flequillos del cabello hacia atrás, volviendo éstos hacia delante. Sonríe. – ¿Estás despierta, mami? – ella no responde. Toca su mejilla y la siente fría. – Abre tus ojitos y vamos a jugar como hacíamos antes de dormirte aquí. – con timidez, toca la mascarilla de oxígeno. – Mami, daisuki. – espera contestación, pero no la obtuvo. Eso le entristece, por lo que, acomoda la parte superior de su cuerpo encima del pecho de Anko y la abraza. Escucha los leves latidos del corazón de Anko, así que toma la mano de ella y la aprieta con fuerza. – Daisuki. - cierra sus ojos cansados hasta quedarse dormido en el pecho de ella. Poco a poco, el agarre se debilita debido al profundo sueño del pequeño.
Los dedos de Anko se mueven lentamente, más aprieta la mano de Kiyoshi como señal de estar escuchando cada palabra. Kiyoshi sonríe en sus sueños. – Mami. – susurra, sintiendo la intensidad del enlace.
Kakashi regresa a la habitación y observa la escena calmamente. Camina hacia ellos y toma al pequeño en brazos, soltándose las manos en el proceso. No se dio cuenta de que Anko sostenía la mano del pequeño, al contrario, pensó que Kiyoshi era quien lo hacía. Con el niño en brazos, sale de la habitación para llevarlo a casa. Pero dentro de la misma, Anko mueve sus dedos y cierra la mano en puño, arrugando la sábana en el intento.
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