Con todo lo que bailó en La Casa de Bambú, Nicté Andrade se sentía más despejada, aunque dolida; seguía sin comprender la actitud de Rick Hunter. Fue a la cafetería. Había poco personal a esa hora. Ordenó té de manzanilla y avena cocida con frutas. Necesitaba comer algo para soportar el día de patrulla, a pesar que realmente carecía de deseos de comer.

—¿Por qué tan sola? —escuchó a alguien muy cordial detrás de ella.

Para su fortuna, era Roy Focker con una taza de café americano.

—Mayor Focker —se levantó saludándolo marcialmente.

—Descanse, teniente. Siéntate y come tranquila. Sé que eres puntual, pero me parece que llegaste demasiado temprano para tu patrulla.

—Quería ver el amanecer, señor —respondió con tono inexpresivo.

—Deja las formalidades, ¿quieres? No es mi asunto, lo sé. Ayer noté que Rick y tú estaban algo distanciados.

La chica recordó vagamente haberse topado con tres personas en su huida del hangar del Bermellón. Tragó frío. Roy le dio un sorbo a su café observando sus reacciones. Supo que algo más pasó para que saliera corriendo de esa manera.

—Mira, sé que no soy tu hermano ni Claudia para que les cuentes tus cosas. Soy bueno escuchando. ¡Vamos, nena! Eres familia. Igual puedo aconsejarte.

Ante tal muestra de confianza, Nicté comenzó su exposición de los hechos.

Por su parte, Rick Hunter solamente se la pasó dando vueltas en su cama tratando de conciliar el sueño. Cuando ocurría, la única imagen que se presentaba era la de Nicté huyendo al monstruo cruel lleno de odio en que lo convirtieron los celos. Convencido que jamás podría dormir, se puso su ropa deportiva para salir a correr. Hizo un recorrido más largo del acostumbrado; necesitaba pensar su siguiente movimiento. En lugar de regresar a casa, decidió llegar a la base, darse un baño y cambiarse para el patrullaje. Tal vez comería algo en la cafetería, aunque su estómago tampoco estaba muy cooperativo esa mañana.

Ni bien había entrado al vestidor de hombres del hangar, Roy Focker se apareció.

—Buenos días, hermano —de pronto se vio contra su casillero sujeto por la chaqueta. Roy Focker le soltó un gancho derecho a su ya lastimado rostro.

—¿ASÍ TE HE ENSEÑADO A TRATAR A LAS MUJERES? ¿FORZÁNDOLAS? —la mirada relampagueante de Roy lo decía todo—. ¡Sabes que son lo más preciado que hay en esta vida!

—¿Desde cuándo lo sabes? —se llevó la mano a la boca sangrante al incorporarse.

—Hace unos minutos lo corroboré. Se me hizo peculiar que anoche Nicté saliera llorando de tu hangar. Está muy dolida.

—¿Llorando? —Rick quería meterse en el agujero más hondo que pudiera hallar. Se sentía avergonzado.

—¿En qué estabas pensando? No, corrección. Como siempre, esto te pasó no pensar. Tú solito metiste las cuatro patas. Pops se sentiría asqueado de tu conducta. También mamá Joyce —al recordar a su madre, Rick Hunter se sintió peor que basura—. ¿Cómo pudiste hacerlo?

—Me odia, yo lo haría —se sentó en las bancas frente a los casilleros con la mirada baja cubriéndose la nuca con las manos—. Sería mejor que termináramos. La estoy haciendo sufrir —dijo con voz apesadumbrada.

—Hablas así por la culpa. ¿Dónde quedó el Rick Hunter que jamás se rinde?

—Estoy seguro que la perdí. Le mostré aquello que detesta en un hombre: posesividad y machismo.

—Con esa actitud derrotista, tienes la batalla perdida. Agradece que fuera yo y no Claudia o Tony quien hablara con Ángel. Ellos no serían tan suaves.

—Necesito explicarle a Nicté lo de los anónimos —se levantó de golpe. Roy lo detuvo de la chaqueta.

—Todavía no la busques. Está muy reciente todo. Dense tiempo para que las cosas se calmen. Ambos están todavía muy sensibles.

Y esta vez, Rick, no cuentes conmigo. Anoche estaba dispuesto a ayudarte. Hoy, ni lo sueñes. Arréglatelas como puedas.

—¿Dónde está ella?

—En la capilla. ¡No vay..!

Las palabras de Roy murieron en su boca al ver a su hermanito adoptivo correr hacia el recinto. Estaría completamente vacío de no ser por una figura sentada cerca del altar. Era Nicté Andrade. La luz de la mañana se filtraba por los vitrales dándole un aura mística aquel sitio. Rick se sintió sucio como para perturbar aquella paz. Caminó hacia atrás chocando con el capellán que venía leyendo. El piloto se disculpó y regresó al hangar.

—¡Estos pilotos! —resopló furibundo—. Piensan que por estar en las alturas ya están cerca de Dios.

El joven líder Bermellón llegó arrancándose la ropa al vestidor antes de entrar a las regaderas. Quería deshacerse de toda la mierda pensó que lo cubría. Desnudo, se apoyó en la pared dejándose resbalar hasta el piso, abrazando sus piernas, bañado por la fuerte presión de agua fría.

La teniente Andrade encendió una linterna a manera de veladora después de hacer una plegaria. Se encontró con el capellán a quien saludó cuando salía. Iba para el hangar del Bermellón cuando Tony se acercó llamándola desde atrás.

—¡Nicté, Nicté!

—Te veo más tarde. Voy a patrullar —dijo con seriedad.

—Necesito hablar contigo. Es sobre Rick.

—Mira, Tony. Por ahora, necesito concentrarme en mi jornada. Si me altero, siquiera un poco, puedo poner en riesgo a mis compañeros, ¿de acuerdo?

—La regla de oro de tus Águilas: "Un piloto encabronado es un peligro para su escuadrón. Y más si es el líder".

—Gracias por comprender, grandote.

—Aun así, traes los ojos hinchados. Estuviste llorando. ¿Fue Hunter?

—¿Puedes darme un abrazo? —así lo hizo el boricua acariciándole la espalda—. Te agradeceré que no te metas, Tony. Es un asunto de pareja.

—Sé que puedes manejarlo perfectamente, es sólo que estoy preocupado. Saliste corriendo del hangar como si huyeras de algo.

—Te lo diré de esta manera: vi a ese maldito engendro de ojos verdes que sale a la menor provocación en la gente insegura. Te cuidas y que la guardia te sea leve. Chau.

La piloto dejó a su hermano mascullando sus pensamientos. Y la siguió. Ella se fue a cambiar mientras Tony fue a la oficina del escuadrón donde encontró a Rick y a Max revisando la cuestión del armamento de sus naves.

Con cuidado, cerró la puerta tras de sí en completo silencio.

—¡Muy bien, Hunter! Te exijo saber qué pasó anoche para que mi hermana tenga los ojos hinchados de tanto llorar.

Sin decir más, Rick Hunter volteó a ver a Max quien permaneció con la mirada al frente. Y enfiló directo hacia Tony Arce.

—Intenté forzarla —bajó la mirada avergonzado—. Ella me abofeteó dos veces y me dio un rodillazo en la entrepierna. Y luego, le grité con odio que era una ramera y se largara.

Tony permaneció impasible con los brazos a los lados. Levantó su puño izquierdo para descargarlo en contra del líder Bermellón, pero se detuvo a centímetros de él.

—No, Hunter. Sería muy fácil liberarte de tus remordimientos rompiéndote la cara. Si fuiste un chiquillo para lastimarla, ahora compórtate como hombre, si es que lo eres.

Te lo dije bien claro: detesta a los machos controladores. Y todo este tiempo preocupándome porque otro la fuera a lastimar. Me alegra que te diera ese rodillazo. Ayer que saliste como loco de casa de Romanov, jamás imaginé siquiera que pudieras caer tan bajo.

Tony salió seguido por Max dejando a Rick solo con su conciencia.

—Max.

—Lo siento, jefe. Esta vez me es imposible estar contigo —Max se sentía dolido.

En el puente

—¿Se fijaron ayer en lo rara que andaba Nicté? —preguntó Kim

—Tenía la mirada vidriosa cuando estuvimos bailando. La vi llorar en el sanitario —añadió Sammy.

—¿Habrá sido el capitán Hunter? —Vanessa buscaba una respuesta.

—Si así fue, no le quedará un hueso sano. Hizo sufrir mucho a la capitana Hayes por sus cabezonadas —Kim levantó su puño con ira.

—¿Qué tanto cuchichean, niñas? —era Claudia Grant.

—Na… nada.

—Nada bueno. Dejen de meterse en la relación de Nicté y Rick. Si tienen problemas, ellos los resolverán —Claudia cruzó los brazos poniendo su mirada severa.

—Claudia es que anoche… —la pequeña Sammy se vio bruscamente interrumpida.

La comandante se fue de lado. La habitación le daba vueltas. Con apoyo de las Conejitas, pudo sentarse. Sammy fue por agua.

—Claudia, ¿estás bien? —Kim se acercó a limpiarle el sudor de su frente con un pañuelo.

—Só-só-sólo fue un mareo. Descuiden —bebió a sorbitos el agua.

Las alarmas empezaron a sonar. Las Conejitas tomaron sus posiciones. Lisa llegó a tomar su puesto en la estrategia de defensa.

—Informes, teniente Leeds.

—Pods sobrevuelan Ciudad Granito.

—Número.

—Son 30 agrupados en formación de cinco unidades.

—Sammy, que partan inmediatamente los escuadrones Wolf y Apollo.

Prometheus.

"Escuadrones Wolf y Apollo, escuadrones Wolf y Apollo. Repórtense a sus naves. Pods rebeldes atacan Ciudad Granito. Esto no es un simulacro".

De inmediato, los pilotos subieron a los varitech alistados por los armeros y partieron dejando a los demás escuadrones en espera de unírseles. Roy dio órdenes de preparar las otras naves.

Minutos después. Puente del SDF-2

—Delta 1, aquí líder Wolf. No hay nada.

—Capitán Vinógradov, habla la capitana Hayes. ¿A qué se refiere con nada?

—Lo que acabo de decir, capitana. Es un perfecto día pacífico y algo soleado.

—Envíe confirmación por imagen.

La foto que se recibió fue la zona comercial de Granito en llamas.

—Líder Apollo y líder Wolf, diríjanse a la zona comercial de Granito. Se está incendiando.

—¿Disculpe, capitana Hayes? —el capitán Gustave DuCamp escuchó incrédulo sus palabras—. ¿Dijo zona comercial de Granito incendiándose?

—¿Que no entendió? ¡Haga lo que dije! —Lisa se estaba ofuscando.

—Pods tras Wolf 5, Wolf 6 y Wolf 8. Apollo, los atacan por retaguardia —informó Vanessa.

—Delta 1. ¿Están de broma? Observo una ciudad tranquila sin ningún tipo de ataque. No hay Pods a la redonda —destacó Vinógradov.

—Capitana, estoy sobrevolando la zona comercial y está todo en calma —declaró DuCamp.

—¡No es posible! Wolf 1 usted envió la foto del incendio de la zona comercial de Ciudad Granito.

—Capitana, le aseguro que el examen de la vista al que me sometí ayer mismo salió perfecto. Lo que tomé es lo que vi.

—¡Llamen a Acosta y Romanov! ¡Ahora! —Claudia desde su asiento había visto el desarrollo de la situación y se incorporó dando aquella orden.

En minutos, únicamente Evgeni Romanov se presentó.

—Teniente Romanov, reportándose —dijo con respiración entrecortada saludando marcialmente.

—¿Dónde está Acosta? —preguntó Claudia.

—No lo sé, comandante. Vine en cuanto me notificaron. ¿Qué pasa?

Lisa se acercó con paso firme a su presencia.

—Ataque en Ciudad Granito. Los escuadrones Apollo y Wolf fueron a controlar la situación.

—¡Perfecto! —sonrió el ruso—. La prueba de fuego para nuestro bebé. Acosta debe llegar ya si quiere verla.

—Olvídese de sus pruebas. Los líderes de escuadrón informaron de una situación pacífica, pero enviaron esto —mostrándole la foto del incendio.

La mirada feliz del oficial de sistemas cambió a una de gravedad.

—Debe haber un error. Desde que lo instalamos, ha funcionado bien.

—¡Arréglelo! Los pilotos podrían estar en peligro —el ruso se dirigió a la computadora del puente para verificar su funcionamiento.

Apenas Lisa terminó de dar aquella orden cuando Vanessa mencionó:

—Tres cruceros grandes y cinco de menor calado atacan la base de Monumento.

—¿Qué estás diciendo, Leeds? —Claudia no daba crédito sus oídos.

—Que partan el Skull, el Bermellón y el Panther, Sammy —fue la orden final de la capitana Hayes.

—Pero corremos el riesgo de quedar desprotegidos.

—¡Hazlo!

Y una nueva alerta sonó en el Prometheus. Al momento de correr hacia sus varitech, el capitán Rick Hunter observó que la teniente Andrade, por primera vez, no le dirigió la mirada antes de iniciar un combate. Hecho que le partió el corazón.

—Por favor, mi ángel. Cuídate mucho.

Roy Focker se comunicó con los pilotos de los tres escuadrones ya en el aire.

—Bien, chicos. Una vez más a bailar con el diablo. Magallanes y Hunter, tengan listas sus fuerzas.

—Entendido.

En el puente

—Informe de la situación, Romanov —Grant se acercó al ingeniero.

—Todo está funcionando correctamente, comandante. Tendré que ir a la computadora central para encontrar la falla. Me llevaré una radio portátil para darles parte —partió lo más rápido que le permitía su condición—. ¿Dónde estas, Acosta? Te estás perdiendo lo mejor del día.

Fue en cuestión de minutos cuando Roy Focker estableció comunicación.

—Delta 1, contesta.

—Aquí Delta 1. ¿Qué sucede mayor Focker? —respondió Sammy.

—¿Cómo van el Apollo y el Wolf? No es mi misión, pero esos pilotos son mi responsabilidad. Oigan, en el radar aparece un número incierto de pods.

—Habla la capitana Hayes, mayor Focker. Sobrevuelan Granito. Aquí nuestros radares mostraron tres cruceros grandes y cinco de menor calado en el área de la base de Monumento.

—Nos aproximamos.

De pronto, Kim gritó:

—¡Recibo comunicación de frecuencia desconocida!

Sin más, en las pantallas de todo el puente se observó la misma escena sin sonido: Acosta, con los ojos vendados, atado a un poste. Tres encapuchados de negro lo mojaron con algún líquido. Su boca se movía. En su rostro se notaba el rictus del pánico. Otro encapuchado prendió un cigarrillo con un fósforo y los lanzó contra el ingeniero. Alaridos de sufrimiento se escucharon de golpe de aquella antorcha humana.

Lisa, Claudia y las Conejitas se estremecieron. Eran testigos de una monstruosa ejecución al estilo Inquisición española: un auto de fe.

—¡Di-di-os mío!

La capitana Hayes, mujer experimentada en mil combates, poseedora de sangre fría para la estrategia, temblaba de terror. Vanessa, Kim y Sammy rompieron a llorar silenciosamente en sus respectivas estaciones sin abandonarlas. Claudia estaba estupefacta.

Un encapuchado se superpuso a la imagen del desdichado militar.

—¡Los militares son las bestias a matar! Exigimos hablar con el GTU y la RDF en 10 minutos —y se cortó la comunicación.

—Vayan por Gloval —la comandante de piel morena ordenó discretamente a Jackson que se desplazara a buscar al máximo líder.

—¡Esto no está pasando! —Lisa se apoyó en la consola al frente de ella.

La imagen de Roy Focker apareció en la tacnet.

—Delta 1, aquí líder Skull.

—Adelante, Skull 1.

—Lisa, te juro que no entiendo. No hay cruceros de ningún tamaño sobre Monumento.

—¡Otra vez no! Envíe imagen de confirmación, mayor Focker.

En la foto se apreciaba al Skull 3 impactado por dos pods, haciéndolo estallar.

—¡Capitán Arce! —Lisa se llevó la mano a la boca para ahogar un grito de dolor. Aquella reacción la detectó Roy.

—Tranquila, Arce está bien. Muéstrale, Tony.

Y aquel rostro tan amado apareció en la pantalla sonriendo y agitando la mano.

—Aquí Skull 3.

Gracias Dios —Lisa soltó el aire contenido—. Skull 3 acabamos de verlo estallar después que lo alcanzaran dos pods.

—Estoy vivito, capitana Hayes. ¿Están seguros que esto no es un simulacro?

—Skull 4, lo atacan por su flanco derecho.

A esa sola advertencia de Sammy, el piloto descargó su arma en modo Battleloid contra Panther 5 causándole graves daños.

La imagen de Rick Hunter también apareció en la tacnet.

—Lisa, esta situación me disgusta. Mi radar muestra que tengo enfrente a siete pods, pero mis ojos no ven absolutamente nada.

Vanessa volvió a gritar

—Ataque a la planta eléctrica de Nueva Detroit

La capitana Lisa Hayes estaba en shock. Ataques de fantasmas, fotos inexistentes, Acosta capturado por los terroristas y quemado vivo. ¿Qué sigue?

—Si enviamos a los demás escuadrones, quedaremos desprotegidos, capitana Hayes —la voz de Sammy le puso las cosas en perspectiva.

Roy Focker meditó unos segundos antes de decir:

—Lisa, estamos a ciegas. La tacnet y los radares están dando falsos positivos. Hay que cerciorarnos primero que lo Nueva Detroit sea real. Enviaré a alguien para reconocer el terreno.

—Tiene luz verde, mayor Focker.

—¿Qué vas hacer , Roy? —preguntó Claudia sumamente intrigada.

—¡Muy bien, granujas! —diciéndole a los pilotos—. Necesito un voluntario para una misión peligrosa. Tendrá que viajar completamente solo a Nueva Detroit para verificar si está bajo ataque.

El silencio se hizo entre los pilotos de los tres escuadrones.

—Yo, mayor Focker.

Rick, Tony, los Sterling y demás pilotos estaban asombrados.

—Teniente Andrade, ¿estás dispuesta?

—Completamente, señor. Ya he hecho antes este tipo de misiones.

—Enuncia los protocolos de reconocimiento —Roy buscó asegurarse que la piloto estuviera lo suficientemente capacitada.

—Observar el panorama, comunicarse lo antes posible con torre de control para informar si la respuesta es positiva como negativa. En caso positivo, evitar enfrentamientos en solitario y partir discretamente para evitar ser blanco fácil del enemigo. Incorporarme a cualquier escuadrón o grupo armado de la RDF para estar bajo protección.

—Correcto. ¿Alguna orden, capitán Hunter?

—Mantente en contacto con cualquiera de los escuadrones. Avisa a la torre de Nueva Detroit al llegar y al salir. Por favor, cuídate mucho, pequeña.

—Entendido, capitán Hunter —dijo con voz inexpresiva—. Mayor Focker, parto inmediatamente hacia Nueva Detroit.

Los ojos de Roy, Rick, Tony y los Sterling observaron como se alejaba a toda velocidad la nave de esquema turquesa.

Base Macross. Computadora central

Evgeni Romanov, auxiliado por su laptop, seguía buscando la falla. Se había dado por vencido invocando la presencia de Acosta para resolver el problema.

—Lo siento, preciosa —acariciando el panel de la máquina central—, pero tendré que hacerte cirugía de emergencia.

Conectó su laptop vía cables SATA para ingresar al sistema. Comenzó a revisar los diversos directorios y archivos. Finalmente, halló lo que buscaba y no le gustó en absoluto.

—¡Demonios! ¡Es peor de lo que pensé —tomó la radio portátil para llamar a Claudia Grant.

Al mismo tiempo. Puente del SDF-2

—¿Un virus? ¿Está seguro?

—Completamente, comandante Grant. Alteró todos los sistemas de la base conectados a la computadora central. ¿Saben algo de Acosta?

—Acosta murió —el ruso guardó silencio unos minutos—. Fueron los terroristas. ¿Puedes neutralizarlo?

—Hago lo que puedo. Volveré a comunicarme.

Kim gritó:

—¡Señal desconocida entrando!

El encapuchado habló con la voz distorsionada por la palestina negra alrededor de su boca.

—Espero que recibieran nuestro mensaje. ¿Están listos para dialogar?

—No negociamos con terroristas —afirmó Lisa con fuerza.

—La creía más lista, Hayes —señaló con soberbia—. No cabe duda que la belleza y la inteligencia están completamente peleadas en usted.

Gracias a la Reina del Hielo, la capitana Lisa Hayes pudo permanecer ecuánime sin caer en provocaciones.

—¿A qué está jugando?

Gloval había llegado. Desde la puerta del puente, observó el desempeño de Lisa ante una situación tan extraordinariamente imprevista.

—Negociar —alzó un detonador.

—Repito: no negociamos con terroristas.

—O es muy valiente o muy estúpida —se soltó carcajeándose.

Lisa se quedó en silencio. Momento que el marino ruso aprovechó para hacer acto de presencia.

—Soy el almirante Gloval. ¿Qué es lo que quieren?

—¡Oh, el líder de Macross! —burlándose abiertamente—. Como le dije a la perra Hayes, cumplan con nuestras demandas o sus seres queridos estarán en peligro.

—¿Cuáles son?

—Exigimos hablar con el GTU y la RDF para que licencien a las tropas de Macross, Monumento, Granito y Nueva Detroit y clausuren sus bases.

¡Maldición! Pacifistas radicales. ¿Y qué si no aceptamos su pliego petitorio?

—En cinco minutos, la inocencia y la salud de Macross volarán en pedazos.

Se cortó la señal.

—Informes de situación, capitana Hayes, comandante Grant —ordenó Gloval.

—Recibimos reportes de ataques a las ciudades de Granito, Monumento y la planta eléctrica de Nueva Detroit. Envié a los escuadrones Apollo y Wolf a la primera y al Skull, Bermellón y Panther hacia Monumento. Los cinco afirman que no hay ninguna emergencia, pero las imágenes que enviaron muestran falsos positivos, señor. Le ordené al teniente Romavov arreglar el programa de comunicación.

Por otra parte el mayor Focker mandó a la teniente Andrade que volara hacia Nueva Detroit para verificar si la planta eléctrica se encuentra bajo fuego.

—Asimismo —añadió Claudia—, hemos recibido comunicaciones de frecuencia desconocida. Pasen el video de la primera sesión.

Ante sus ojos, Gloval contempló la cruel ejecución de Acosta al ser envuelto por las llamas. Sabía de terroristas inhumanos, pero esto rayaba en lo desquiciado.

—¡Malditos! De alguna manera se las ingeniaron para mantener a la mayor parte de los escuadrones lejos de aquí. Hay que resolver ese acertijo lo antes posible: "la inocencia y la salud de Macross volarán" —el tozudo militar cerró los ojos y elevó su barbilla respirando profundamente. Tuvo una inspiración—. Kim, comunícate con Monumento, Granito y Nueva Detroit para saber más de la situación.

Vayamos a ese acertijo. Inocencia y salud, ¿a qué se refieren?

Tras segundos que parecieron eternos, Vanessa encontró parte de la respuesta.

—La ciudad está descartada. Esos terroristas han asesinado a militares.

Lisa, con total seguridad, enunció:

—El hospital militar y la guardería. Detonarán bombas en esos complejos —su voz tomó un tinte de horror.

—Ordenen la evacuación. ¡Pronto!

—Es demasiada gente, señor —aclaró Claudia—. Tenemos solamente dos minutos.

Gloval ordenó:

—Suenen la alarma de ataque aéreo en toda la base.

—Pero, almirante. ¿Y si también está afectada por ese virus informático? —preguntó Kim con temor.

—Despreocúpense. El sistema de sonido de los altavoces jamás ha estado conectado al sistema central de computadoras. Jamás confíen en una máquina programada por el hombre.

Sammy se levantó de su estación y corrió hacia la entrada.

—Teniente Porter, ¿adónde va?

—Dana, capitana Hayes —en el acto Gloval, Lisa, Claudia, Vanessa y Kim comprendieron.

—Ve, Sammy, te cubro —Lisa volvió a situarse detrás de los controles de la tacnet—. Avísame en cuanto llegues —por única respuesta, la jovencita asintió y corrió con todas su fuerzas.

En el aire. Proximidades de Nueva Detroit

La teniente Andrade ya tenía preparadas sus armas ante cualquier eventualidad. Tendré que hacerlo como en el club aéreo: nada de radares ni cosas sofisticadas. Lo bueno que aprendí en un Hellcat. Solamente puedo confiar en mis sentidos.

—Torre Nueva Detroit a nave desconocida.

—Torre Nueva Detroit, habla la teniente Andrade a bordo del Bermellón 4 de la base Macross. Recibimos el reporte de que la planta eléctrica está bajo ataque de rebeldes.

—Teniente —dijo el operador—. Hace un momento, base Macross nos comunicó lo mismo. Hemos estado muy tranquilos desde la última escaramuza.

—Gracias, torre Nueva Detroit. ¿Les importa si echo un vistazo?

—Adelante.

Sacó la libreta del botiquín y un lápiz. La tinta de la pluma se la acabó de tanto usarla en sus reportes. Sobrevoló la ciudad registrando sus observaciones. Fue cuando se comunicó a Macross.

—Delta 1, aquí Bermellón 4.

—Adelante Bermellón 4.

—Sin novedad alguna. Los habitantes realizan sus actividades sin molestia de algún tipo. Verifiqué en los alrededores y en las áreas con posibilidad de ataque, como la planta eléctrica. Nada que indique disturbios. Espero instrucciones.

—Efectúe una vuelta más de reconocimiento y vuelva a la base. Me comunicaré con el mayor Focker y el capitán Hunter.

—Entendido.

En el aire. Ciudad Monumento y Ciudad Granito

Los escuadrones Wolf y Apollo; así como el Skull, Bermellón y Panther sobrevolaban en círculos las zonas donde se encontraban a la espera de noticias de la misión de reconocimiento.

—¡Es una paradoja! Nuestros instrumentos indican ataque y nuestros ojos muestran lo contrario —declaró Max confundido.

Lisa pareció en la tacnet.

—Delta 1, ¿alguna noticia de Ángel?

—Afirmativo, mayor Focker. Tal como lo supuso. Nueva Detroit está calma. Le ordené dar una vuelta más y que regresara a la base. Hagan lo mismo.

—¡Maldita sea! —Roy estaba demasiado molesto—. Nos sacaron de Macross con el viejo truco de "¡Ahí viene el lobo!" y dejamos la base desprotegida. Gracias, Delta 1. Ya la oyeron, chicos, volvamos a casa.

El líder Bermellón exhaló aliviado. Le disgustaba que sus pilotos estuvieran solos enfrentándose al peligro sin apoyo de su escuadrón.

En el puente

—¿Qué pasa con Sammy? Debió haberse reportado —Lisa estaba muy ansiosa.

Claudia recibió una llamada en su celular. La tomó y colgó sonriendo.

—Todo listo. Almirante, cuando ordene.

—Activen la alarma de ataque aéreo.

Gracias al estridente ruido, los diversos edificios se desalojaron en segundos. Los soldados encargados de la batería antiaérea esperaban lo peor. El personal médico y de la guardería llevaron con prontitud a los pacientes y niños a los refugios subterráneos. Sammy permaneció en el refugio 2 con Dana durante la contingencia.

Por la radio, se escuchó al personal de infantería y defensa. Los demás escuadrones, el Azul y Morado se elevaron inmediatamente.

—Preparados para ataque aéreo, capitana Hayes. Esperamos instrucciones.

—Pónganse a cubierto.

—Falta un minuto —Claudia consultó su reloj.

Kim dio la alerta.

—¡Señal desconocida!

—Young, ponla en línea.

Era el mismo encapuchado de las otras veces.

—¡Tiempo agotado! ¿Aceptan nuestras demandas?

—Se lo repito —enunció Gloval—. No negociamos con terroristas.

—Ustedes lo pidieron —el sujeto accionó el detonador y un ensordecedor estruendo inundó la base. El hospital y la guardería explotaron. Sus fachadas se vinieron abajo estrepitosamente dejando una nube de polvo cubriéndolo todo a su paso.

La señal de video se apagó otra vez.

—Informe de daños —solicitó Gloval.

—A la orden.

La sacudida no interrumpió el trabajo de Romanov que sudaba copiosamente. De él dependía la vida de los pilotos y la seguridad de la base. Tras varios intentos para neutralizar al virus, pudo hallar exactamente lo que afectaba a la tacnet

—¡Hijos de perra! Nos ataca un videojuego.

Se comunicó con Claudia. Tardó en entrar la señal debido a estática.

—Comandante Grant, necesito hablar con el almirante. Hay un espía en Macross.

Gloval se acercó a tomar el aparato que le tendió Claudia.

—¿Espía?

—Alguien tuvo acceso al programa del simulador de vuelo y lo transformó en un virus. Alteró el programa de la tacnet y los radares. Por eso los falsos positivos.

—¿Hay solución, Romanov?

—Restaurar el sistema a como estaba antes de instalar el programa. Tardará de cinco a diez minutos. Pero hay un problema, perderemos todo contacto con nuestras tropas vía tacnet y los radares dejarán de funcionar.

—¿Existe otra manera?

—No, el virus avanza con rapidez.

Gloval meditó las opciones. Si nos atacan o a los escuadrones en este lapso, estamos muertos. Sacó su pipa favorita y se la puso en la boca para calmar la ansiedad. Nadie le llamó la atención.

—Lisa, informa a los escuadrones sobre la desconexión del sistema. Si necesitan algo, usen la radio de emergencia. También notifícales de la muerte de Acosta.

La capitana Hayes se comunicó con todos los VT y pidió a las bases de Granito, Monumento y Nueva Detroit replicar el mensaje. La noticia de la violenta muerte de Acosta caló en los pilotos, especialmente en Nicté Andade y Tony Arce. Una vez hecho, se procedió a la orden.

—Hágalo Romanov.

Romanov tecleó los comandos necesarios e inició a restauración.

Nueva Detroit

Bermellón 4 terminó de revisar la planta de Nueva Detroit y la misma ciudad. Estaba por regresar a Macross.

—Torre Nueva Detroit aquí Bermellón 4.

—Adelante Bermellón 4.

—Misión concluida. Vuelvo a Macross.

—Correcto. Seguiremos su trayectoria hasta que salga de nuestro alcance en lo que concluye la restauración.

—Gracias, Bermellón 4 fuera.

La teniente Andrade permaneció en alerta por si se presentaba un ataque sorpresa. Cada tanto observaba a su alrededor y hacia abajo. En poco tiempo, alcanzó la zona natural de Monumento. De repente, vislumbró una columna de humo. Bajó para investigar. A medida que descendía, la humareda se hizo cada vez más densa.

—Bermellón 4 a Monumento, humo denso de color blanco en las inmediaciones del área natural. Posible incendio —habló por la radio de emergencia sin recibir respuesta alguna.

Hizo dos llamados más. Nada.

Cambió a modo Guardián para ubicar el origen del siniestro. Entre las muchas tareas de los pilotos de la RDF durante el patrullaje estaba la de apagar incendios. Se había trabajado mucho en la recuperación de la zona para que por un descuido, aquellos esfuerzos se fueran al caño.

Empezó a palear tierra con ayuda de su brazo mecánico en el punto cero y áreas adyacentes para extinguir alguna braza escurridiza que colara de su vista. Estaba concentrada en su labor cuando le pareció oír disparos rebotando en el fuselaje de su VT. Rápidamente, se desplazó a una ubicación segura. Todavía faltaba un minuto para que se comenzara la restauración del sistema. Sin embargo, una fuerte explosión despedazó su ala izquierda.

—¡Con mil diablos!

Trató de eyectarse sin éxito. Algo obstaculizaba el funcionamiento normal del mecanismo. Al ver la situación, usó todas sus habilidades para conseguir que el aterrizaje fuera lo menos aparatoso posible. Desgraciadamente, el Bermellón 4 impactó de panzazo dejando un gran rastro de tierra levantada.

La teniente Andrade respiró profundamente, aunque le dolía todo. La adrenalina inició su descarga. Quedarse dormida debido a la inconsciencia era muerte segura. Tomó su arma reglamentaria, una Beretta 9mm, con dos cargadores y la radio. Buscó el espejo en el botiquín y se dio tiempo de escribir unas líneas en la libreta. Cargó las cosas en su cinturón. Con todas sus fuerzas, empujó la capota para abrirla.

Bajó con cautela cerciorándose de que la proximidad de enemigos. Al poner los pies en tierra, un dolor agudo atenazó sus tobillos haciéndola caer de rodillas. Preparó su arma y se incorporó apoyándose en su varitech. Tomó el espejo dirigiéndolo al cielo. Se encontraba en una pradera. Bajó un poco la cremallera de su traje sacando su medalla para besarla. Debía ponerse a resguardo lo antes posible para usar la radio y pedir ayuda.

Con enormes esfuerzos, caminó de puntas sobre el follaje de color amarillo, siempre atenta a los sonidos a su alrededor. Optó por continuar el avance a pecho tierra siempre vigilando sus flancos, retaguardia y vanguardia. Cada determinado número de movimientos, volteaba al cielo empuñando el espejo con la esperanza de que vieran la señal. Fue cuando sucedió: escuchó el rumor de ropa frotándose contra la vegetación.

Su corazón amenazaba con salir de su pecho por la velocidad de sus latidos. Volvió a moverse esta vez más lento, haciendo el menor ruido posible que le permitía su condición. No obstante, una bala pasó apenas rozando su pierna. Se detuvo conteniendo la respiración. Vio a través del pastizal un número aproximado de seis hombres con machetes al cinto y armas largas que se acercaban. Cuando menos imaginó, una ráfaga de disparos cayó a pocos centímetros de su ubicación. La habían descubierto.

Disparó contra sus perseguidores. Vio que cayeron dos, el resto se dispersó con rapidez. Usó el segundo cargador. Todavía le quedaban algunas cartuchos Volvió a ponerse pecho tierra zigzagueando hasta llegar al límite de la hierba. Ante ella se extendía una planicie con hierba baja. Observó al otro lado un conjunto de árboles.

Tomó aire y se lanzó hacia su objetivo trastabillando. De pronto, una sensación punzante en su cuello la hizo perder el equilibrio y su vista se nubló. Antes de perder el sentido escuchó:

—¿Te da gusto verme, Hunter?

Base Macross

Los diez minutos se cumplieron. Los sistemas de radar y de comunicación tacnet del SDF-2 y los VT volvieron a la normalidad. Lisa apareció en la pantalla dándoles instrucciones para su ingreso a las pistas del Prometheus. Sin embargo, al llegar notaron los escombros. Max y Miriya se alarmaron. Aterrizaron lo más pronto posible para salir en pos de su hija. Cuando llegaron a lo que quedaba de la guardería, la meltran tuvo una mezcla de sentimientos, siendo el más sobresaliente la rabia. Entre ella y Max comenzaron a quitar pedazos de concreto.

—¡Dana! ¡Dana! —gritó desesperado el piloto de lentes.

Roy, Rick y Tony se les unieron. Entre los cinco buscaban a los niños de los miembros de la RDF.

De pronto, escucharon un llanto. Miriya salió corriendo en su dirección. Era Sammy con Dana en brazos. Acababan de salir del refugio número 2. Max se acercó con lágrimas en los ojos para cargar a su pequeña.

—Mi nena —estrechándola contra su pecho—. Papá y mamá ya están contigo. No temas. Gracias, Sammy.

—Fue un placer, teniente Sterling. Traté de que estuviera lo más tranquila posible. Hace poco empezó a llorar.

—¡Dámela, Max! —la meltran, sin dejar de derramar copiosas lágrimas, sujetó a la bebita de verde cabellera que poco a poco recobró la calma gracias al calor de su madre.

—¿Qué demonios pasó? —Roy giró sobre su eje sin dar crédito a sus ojos.

A Sammy se le empañaron sus ojos.

—Fueron los terroristas. Pusieron explosivos en el hospital y la guardería. Y… y… quemaron vivo a Andy —la chica se quebró cayendo de rodillas. Arce la abrazó. Apenas podía creerlo, su ex cuñado, muerto. No era santo de su devoción, pero sabía que nadie merece tener una muerte tan cruel.

—Pero Dana está a salvo —Rick Hunter intentó comprender.

—Gracias al almirante. Hizo sonar la alerta de ataque aéreo. Así se llevó a cabo a evacuación a los refugios en menos de 10 segundos antes del atentado.

—Como siempre, muy sagaz ese viejo —acotó Roy.

Se dirigieron al puente donde Claudia Grant, Lisa Hayes, el almirante Gloval y el teniente Romanov los pusieron al tanto de aquella caótica jornada. Entonces, Rick Hunter preguntó:

—¿Ya llegó la teniente Andrade?

Lisa y Claudia se vieron entre ellas antes de animarse a responder.

—¿Qué sucede?

—Negativo. Debió llegar hace tiempo.

—¡Comunícate con ella, Lisa! —Rick la sacudió de los hombros—. Debe estar en alguna parte. Usa otros canales.

—Ya lo hice, Rick. Es inútil.

—Kim, contacta a Nueva Detroit. Ellos deben saber algo —ordenó Gloval.

La teniente Young cumplió la orden. Pronto dio una respuesta.

—Nueva Detroit afirma que Bermellón 4 sobrevoló la ciudad, la planta eléctrica y los alrededores durante media hora. Avisó de su retirada y la acompañaron hasta el límite de su radar. También contacté a Monumento, el siguiente radar en la ruta. Lo tuvieron en pantalla unos minutos y luego despareció —su voz cambió de tono a uno más alarmante—. Otra vez la señal desconocida.

—¡Ponla en línea! —ordenó Lisa.

Nuevamente, el encapuchado. Esta vez acariciando la parte posterior de un fuete.

—¿Qué le pareció nuestra pequeña muestra de fuerza, almirante Gloval? Estoy seguro que lo disfrutaron en primera fila —dijo con voz empalagosa—. Una verdadera obra maestra.

—Lo que me demostró es lo poco que valoran la vida humana.

—¿Eso piensa? —inquirió con enojo—. La RDF hizo lo mismo: prefirió entablar combate con una raza alienígena poderosa a entregarles esa porquería del SDF-1. Pudieron salvar millones de vidas, pero no. Me alegra que esa escoria llamada Donald Hayes yazca en el mismo infierno.

Los asesinatos son un acto de justicia en nombre de las millones de víctimas. No descansaremos hasta que la RDF desaparezca dejándonos vivir en paz.

Y como observo que me siguen desafiando, quizá esto les haga entrar en razón —la cámara enfocó un cuerpo colgando sujeto de las muñecas—. Sí, señores. Tenemos a su gran héroe Rick Hunter en nuestro poder —Gloval, Lisa, Claudia, Tony, los Sterling, las Conejitas, Roy y, especialmente, Rick; se mostraron extrañados—. ¡Procedan!

Las luces se encendieron. Era un piloto con su traje de vuelo completamente sucio y rasgado de las piernas y los brazos. Estaba de espaldas a la cámara con la cabeza cubierta por una bolsa de tela. Se acercaron otros dos con látigos en sus manos para iniciar una interminable sesión de azotes. Los gemidos de dolor estremecieron a los espectadores.

La plataforma donde estaba ubicado aquel infeliz giró lentamente para quedar de frente la cámara. Al momento, los militares reconocieron el uniforme con vivos turquesa. Ahí, su interlocutor ordenó:

—¡Descúbranle la cara!

Nicté Andrade tenía sangre seca en cubriendo su boca. Las mejillas raspadas y amoratadas. Ante esa visión, se hizo el silencio. Rick Hunter permaneció expectante con su garganta cerrada.

—Si en 72 horas, ustedes no fusilan a Roy Focker, Max Sterling y su engendro de pareja y a Rick Hunter, esta perra será carne para mis amigos.

Y la señal se esfumó.

—¡Maldito bastardo! ¡Me las pagarás! —Rick finalmente pudo gritar con rabia.

Gloval tenía su vista fija en la pantalla. En silencio.

—Tenemos que rescatarla —Tony Arce estaba tan impresionado que temblaba.

Las Conejitas lloraban abrazadas entre sí. No querían perder a otro ser querido.

—Es inútil. La RDF tiene protocolos estrictos. Nada de negociar con terroristas —habló Lisa con gran pesar viendo hacia el piso.

—¡A la mierda las reglas! ¡Es una vida!

—Es un piloto de combate de la RDF, capitán Hunter —afirmó Claudia seriamente.

—Me niego a seguir las reglas por esta vez —decretó Roy Focker—. Hay que salvarla antes de que esos dementes cumplan con su amenaza.

Sin decir palabra, Gloval pasó entre la capitana Hayes y la comandante Claudia Grant para salir hacia su oficina. A los pilotos, las Conejitas y las dos oficiales les quedó la idea de que la teniente Nicté Andrade jamás volvería con ellos.

Rick se encaminó a la ventana sintiéndose completamente impotente viendo el sol del ocaso ocultarse tras el horizonte.