Capítulo 36. Tetra y Reizar
Nada más subir por la escalera de caracol, Link vaciló. Aún les llegaba el ruido de las dos espadas chocando, y le pareció escuchar un grito de Zelda. Dudó, y estuvo a punto de regresar, cuando Tetra le aferró el brazo.
- Ella estará bien. Ya la has oído: debemos cerrar el portal.
Link miró a Tetra. El aspecto de la princesa ya no tenía mucho que ver con la primera vez que la vio, en la Gran Biblioteca de Salamance. El rostro era más afilado, las ropas estaban sucias y desgarradas, y, en algún momento de las últimas luchas, se había hecho rasguños y heridas. La luz seguía parpadeando por encima de sus cabezas, y esto hacía que la silueta de la chica le recordara a la de Zelda, que seguía luchando allí abajo.
La sala encima de la torre era la última, sin lugar a dudas. No había techo: a través de una extraña celosía de mármol, los dos chicos contemplaron el cielo añil y rojizo, justo antes de que los últimos rayos de sol estuvieran a punto de hundirse en el mar. El suelo era de piedra, frío y húmedo. Unos arcos hechos del mismo material de la torre rodeaban la amplia terraza. Link y Tetra vieron enseguida que en todos ellos había un emblema de sus casas reales. En el centro justo de la amplia terraza, un arco solitario mostraba el único emblema que los dos reinos tenían en común: el del triforce, que era la fuente de la luz que parpadeaba e iluminaba parte del lugar.
Link apretó la flauta entre los dedos. Buscó a Tetra con la mirada, y la princesa de Gadia, con los brazos alrededor del cuerpo para mantener el calor, asintió. El aire en la azotea era intenso. Link avanzó, deseando haber llegado a tiempo.
- ¿Dónde estará? - preguntó Tetra en voz baja.
- Seguro que nos tiende una trampa. - Link estuvo a punto de resbalar. Tetra, con el cuerpo en tensión y tembloroso al mismo tiempo, tomó el arco y se preparó para un futuro ataque.
Una silueta se puso en pie justo entre ellos y el triforce, escondida en las sombras que proyectaba el arco central. Link y Tetra dieron un paso atrás. Enseguida, el rey supo que no era Vaati: era demasiado alto para ser el chico de los ojos corinto. Avanzó hacia ellos, haciendo resonar la pesada armadura negra que portaba. Un yelmo le cubría el rostro, y portaba entre sus manos enguantadas una gruesa espada de un material rojizo.
"Se parece a esas armaduras que hay en toda la Torre", pensó Link. Tetra maldijo en voz baja, pues se acordaba de lo inútil que fueron las flechas para atacar a la estatua que destruyó Leclas, antes de morir.
- ¿Estará hueca, como las otras? - musitó Tetra.
- No lo sé... Pero por si acaso, será mejor que luchemos por separado. - Link trató de sonreír, como hacía Zelda cuando estaba a punto de pelear. Hasta ahora, siempre había creído que la labrynessa tenía mucha confianza en sí misma. Comprobó en ese mismo momento que en realidad esa era la única forma que conocía ella para relajarse antes de una batalla. - A la de una, a la de dos... ¡tres!
Los dos corrieron en direcciones opuestas. Link confiaba que el nuevo enemigo fuera primero a por él, pero, tras un momento de vacilación, su oponente corrió hacia Tetra, con la espada en alto. La princesa se lo esperaba: disparó una flecha que golpeó el yelmo, justo entre las rendijas. Por supuesto, no podía hacerle daño, pero aquel golpe desestabilizó el ataque. El caballero vaciló, momento que Link aprovechó: con la flauta en los labios, ejecutó una de sus melodías. La humedad del lugar se condensó y formó un muro de agua no muy alto, pero lo suficiente para que el enemigo resbalara con el frío suelo y cayera hacia delante.
Tetra logró esquivarle, y volvió a correr para regresar al lado de Link. El caballero se puso en pie, solo que con la caída la visera del yelmo se había abollado y finalmente, partido. Se la quitó con un gesto de rabia y los dos chicos vieron, gracias al resplandor del símbolo del triforce, el rostro del enemigo.
Era Reizar.
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- ¡Reizar! - gritó Tetra. Link la detuvo y la obligó a permanecer a su lado.
- No te escucha, está poseído por Vaati. - Link reconoció enseguida aquella mirada en los ojos del chico. Por un breve instante, sintió alivio de verle vivo. Ahora, debía pensar en como liberarle del hechizo. "No creo que Vaati sea tan tonto o confiado para repetir un truco dos veces".
La otra vez, Link había usado un hechizo de la flauta para que Reizar se librara del influjo de Vaati. Sin muchas esperanzas, el rey se dispuso a tocar por segunda vez esa misma melodía, cuando Reizar avanzó hacia él. Tetra empujó a Link, y la flauta se escurrió entre sus dedos. La espada de Reizar hizo saltar chispas en el suelo, que se transformaron en una llamarada. Link y Tetra rodaron por el suelo, pero acabaron separados por un muro de fuego.
Link se incorporó, incapaz de pensar en lo que debía hacer a continuación. El filo de la espada le había alcanzado en un lado de la pierna izquierda, pero no sangraba demasiado. Reizar podía caminar entre las llamas sin temblar. El sol se había hundido definitivamente en el mar, y ya no había luz. "Maldita sea... ¡el portal! Debemos cerrarlo, de una vez". Laruto les había predicho que si no lo lograban, una hecatombe sacudiría el mundo entero.
Reizar se había girado hacia Tetra. La princesa trataba de dispararle con una flecha, pero a pesar de tenerle a tiro, no era capaz de soltar la cuerda. La única parte vulnerable de Reizar era su cabeza. Un disparo allí sería mortal, pero no sabía como detenerle.
El único que sabía que hacer era Link. La flauta estaba al otro lado del muro de fuego, podía verla. Se cubrió con el resto de su capa, rezó a las diosas y saltó entre las llamas. Antes de que le consumieran, arrojó la capa, tomó la flauta y empezó a tocar la tonada. Reizar solo se detuvo unos segundos para mirarle. Sus ojos vacíos e inexpresivos no reflejaron nada. Siguió su camino hacia la princesa de Gadia, con la espada rojiza en alto.
"No... Otro que morirá delante y no podré hacer nada..." Link apretó los puños. ¿Qué tenía él para detener a Reizar, sin hacerle daño?
Cuando todo parecía perdido, una voz cálida y lejana resonó dentro de él. Era una voz de una persona moribunda, pero le infundió esperanzas. "Recordad, alteza, el hechizo que os enseñé".
Las últimas palabras que le dirigió la sabia del Agua, un recuerdo del hechizo de curación que hacía muchos años le enseñó para salvar a Zelda. Link tenía la boca reseca, y los labios tirantes, pero hizo un último esfuerzo para tocar la Canción de Curación. Sobre su pecho, empezó a formarse un haz de luz de muchos colores: verde, azul, rojo, morado... Todos se transformaron en una flecha, y esta vez la criatura que había tomado posesión del cuerpo de Reizar se giró.
Tetra soltó el arco. Vio como una flecha formada por un arcoiris de luz iba a atravesar a Reizar. La princesa entonces tomó una resolución. Saltó y se colocó frente a Reizar. La flecha de curación la atravesó por el corazón y se clavó también en el corazón del caballero, penetrando en la armadura.
El fuego se extinguió. A muchos metros de allí, el agua empezó a formar remolinos, rodeando la Torre de los Dioses. El cielo sin estrellas ni luna se llenó de relámpagos y nubes oscuras. Link gritó de rabia y corrió hacia los otros dos. No lo entendía, ¿por qué se había interpuesto Tetra? ¿No había comprendido que él trataba de salvar a Reizar?
Cuando llegó a su lado, Reizar tenía a Tetra en brazos. Miró a Link, y el rey pudo al menos tranquilizarse con respecto a él. Volvía a ser el mismo, solo que su aspecto le recordó demasiado a esa extraña lámina que tiempo atrás le enseñó Minaya. Un caballero con la armadura destrozada y la espada manchada de sangre.
- ¡Se muere! - gritó Reizar. Apretó la herida de Tetra, gesto inútil porque no sangraba. De ella lo único que manaba era un rayo de luz color cian. Enseguida, Link supo de que se trataba.
- Es el orbe de Zaeta. No queríamos sustraerlo, porque su vida depende de él, pero si no se lo sacamos, tampoco podré curarla... - Link buscó alrededor. Las columnas con los huecos para colocar los orbes estaban brillando, como pidiendo rapidez.
- Tiene que haber algo que pueda hacer, lo que sea... - Reizar metió la mano en el pecho de Tetra. Link le dijo que aquello no funcionaría, pero el caballero no le escuchó. Tiró y logró desencajar el orbe de Zaeta del interior de Tetra. La princesa soltó un gemido de dolor y puso los ojos en blanco.
Link se arrodilló a su lado. Empezaba a estar demasiado mareado y confuso, tenía tantas tareas que hacer y tan poco tiempo. Miró a Reizar y dijo:
- Rápido, necesito parte de tu sangre.
- ¿Sabes cómo salvarla? - Reizar tomó la espada y pasó la palma de la mano por el filo.
- Sí, pero lo harás tú. Hay un hechizo, una especie de trato. Reizar, ¿la quieres? ¿De verdad?
Reizar vaciló, pero al final asintió con los ojos fijos en los ojos azules de Link.
- Tienes que darle parte de tu alma, lo que acortará tu vida y perderás todo poder mágico. ¿Estás dispuesto?
- Sí, pero date prisa. - Reizar derramó su sangre sobre Tetra. Link se llevó la flauta a los labios. Esta vez no sintió a los sabios con él cuando tocó el hechizo de curación, con una ligera variación. En el libro de Mudora, aquel hechizo aparecía como uno de los más poderosos, y sin embargo, también era de los que más costaba realizar. Pidió a las diosas que le dieran a Tetra parte del alma de Reizar, para así salvarla.
Cuando terminó de tocar, agotado, Link se dejó caer a un lado. Se concentró en mantenerse despierto, aún había algo que hacer. El agua estaba empezando a inundar la torre, desde la base hasta el lugar donde se encontraban, y los truenos se habían intensificado. Las nubes sobre sus cabezas empezaban a formar una espiral, cuyo centro estaba justo encima del altar con el triforce.
Reizar sostuvo a Tetra. La princesa entreabrió los ojos y se puso en pie. Reizar le contó lo que había pasado, y la princesa, por unos segundos, se alegró de que tanto el caballero como Link estuvieran bien. Sin embargo, enseguida se dio cuenta de la situación.
- Debemos terminar el hechizo, rápido. - Link le tendió los orbes. - Perdonadme, estoy agotado. Colocar los orbes en sus huecos, y luego usaré la flauta. Espero que el resto venga por si solo...
Tetra y Reizar obedecieron, corriendo. Tras terminar la tarea, los dos gadianos se dirigieron a Link, que ya empezaba a recuperar un poco de color.
- ¡Link! ¡Nos falta un orbe, el de Pan! - gritó Reizar.
Justo entonces, una risa, la de Vaati, sobresaltó al trío. El chico estaba sentado en el altar, jugueteando con el orbe de Pan entre los dedos.
- Estupendo, gracias por hacer el trabajo sucio.
Reizar tiró de Tetra y se interpuso entre ella y su hermano. Vaati se estaba riendo, y sus facciones teñidas por la luz del orbe de Pan le daban un aire fantasmal. Link apretó los puños y trató de ponerse en pie, pero apenas le quedaba energía ya.
- Tenía un problema, uno muy díficil de solucionar. Por un lado, el orbe de Zaeta estaba totalmente fuera de mi alcance. A pesar de mis esfuerzos por controlar al rey de Gadia, e incluso de buscarme un aliado tan inútil como Aganhim; no podía acercarme a la princesa, tan protegida por el mismo orbe que era imposible. Por otro lado, estaba que, tiempo atrás, cuando gané honradamente este orbe, mi hermano al que llamas Reizar me lanzó una maldición. El orbe de Pan estaba fracturado, incapacitado para que lo pudiera usar para abrir el Mundo Oscuro. Gracias a ti, rey de Hyrule, he podido solucionarlo todo de un solo golpe.
- Maldita sea. - Link apretó los dientes y se puso en pie.
- Vamos a terminar con esto de una vez. - Vaati arrojó el orbe de Pan hacia la columna que tenía enfrente, la única columna que aún no brillaba.
Reizar trató de golpearlo con la espada, pero el orbe pasó veloz por encima y se incrustó en la roca. Mientras, Tetra ayudó a Link a levantarse.
- ¿Qué se supone que debemos hacer? ¿Abrir el portal, o cerrarlo? - preguntó a Link. Buscaba una respuesta inteligente, la solución del problema, y solo se encontró con los ojos apesudumbrados del rey.
- Si abrimos el portal, él entrará y resucitará a Ganondorf. Si lo dejamos cerrado, la Torre de los Dioses activará un mecanismo y destruirá el mundo. Vaati siempre ha ido un par de pasos por delante. - Link habló un poco más alto, hacia Vaati: - ¿No te falta algo, en tu plan?
- Una canción tocada por el instrumento de la familia real, los cinco orbes en mano de las criaturas divinas, y la luz dorada. - Vaati sonrió. - No robé el libro de Mudora solo para haceros perder el tiempo. En cuanto a ti, como dije una vez, tienes mucho poder para ser tan débil. Ni siquiera eras consciente de que no importaba lo que hicieráis. Al final, el Mundo Oscuro se abrirá y podré volver a ser Ganondorf.
- ¿Cómo?
La última frase había dejado al trío asombrado. Vaati se puso de pie sobre el altar, y el viento agitó su capa. Un rayo detrás le iluminó un momento, y Link tuvo una visión del pasado. Se parecía a Urbión, la última vez que lo vio con vida. Arrogante, acusador, tranquilo...
- Zelda y tú atrapasteis y redujistéis a piedra a una de las partes en las que se dividió Ganondorf para escapar del Mundo Oscuro. Sin embargo, no sabíais que Urbión no llegó solo a Hyrule. Para facilitar el plan, una parte del alma de Ganondorf, la más pequeña, se quedó dentro de un príncipe del reino de los Cielos. Mi misión era conseguir el orbe de Pan e investigar para hacerme con el resto, por si acaso el plan de mi "yo completo" fracasaba.
- Solo eres una pieza más. - murmuró Link. Vaati frunció el ceño. Una soga de luz salió disparada de sus dedos y atacó al rey de Hyrule. Reizar se interpuso a tiempo, golpeando la soga con la espada. Tetra, recuperado el arco y la flecha, apuntó hacia Vaati.
- ¡Una pieza más no, te equivocas! Soy la pieza clave, la angular. - Vaati se echó a reír. - Mientras discutimos y peleamos, el mundo se está inundando.
Vaati lanzó dos sogas, que esta vez derribaron a Tetra y a Reizar. Apartados de Link, Vaati aprovechar para arrojar otro hechizo y pudo alcanzar el cuello de Link. Le atrajo hacía sí, riendo.
- Pronto, una ola arrasará la costa de Gadia e Hyrule, dejando a su paso escombros y muertos. Y, si seguimos empeñados en pelear, entonces el mar se teñirá de rojo. Como en tu ilusión. - Vaati le tenía sujeto del cuello, pero con la fuerza justa para permitirle respirar. - ¿Es ese tu deseo, alteza?
Soltó a Link a los pies del altar. Mientras Link trataba de recuperar el aliento, Vaati le gritó:
- ¡Hazlo ya, de una vez! Toca la maldita melodía, y todo habrá acabado.
- ¡Jamás! - Link se puso en pie. Lo que iba a decir le dolía mucho, y trató de no pensar en el miedo y en la angustia que debían estar viviendo los ciudadanos de los dos reinos. - Prefiero... prefiero dejar que las diosas anegen todo Hyrule, antes de permitir que se vuelva a abrir la puerta del Mundo Oscuro. Yo... lo prometí.
- Imbécil.
Vaati alzó la mano para golpear a Link, cuando el suelo de la torre tembló. De repente, un geiser de agua se interpuso entre Link y Vaati. Un remolino de ropas oscuras golpeó a Vaati en la cara, mientras que otro de color rojizo se puso al lado de Link. El rey se quitó el agua salada de los ojos para ver qué pasaba ante sus narices.
Zelda estaba de pie, a su lado, tan empapada que los cabellos rojizos se había pegado a su cara y las ropas debían pesarle. Esto no sorprendía a Link, pues sabía, sin lugar a dudas, que ella vendría pronto a ayudarles. Lo sorprendente era la otra chica que acompañaba a Zelda, la que estaba golpeando a Vaati con la gran espada Biggoron.
- ¿La Zelda Oscura? - dijo Link.
- Sí, pero no la llames así, que nos ofendes. - Zelda se giró y le guiñó un ojo. - Vamos a solucionar este embrollo enseguida. Link, abre el portal.
- ¿Cómo? - Link negó con la cabeza. - No, Zelda, no puedo. Si lo hago, él resucitará a Urbión.
- No te preocupes por eso. Tú... solo abre el portal. Y deprisa. Si el mar ha inundado esta torre, no quiero saber que está ocurriendo en las costas. - Zelda miró hacia atrás. Tetra y Reizar habían vuelto a levantarse, y los dos parecían estar bien. Pronto, el mercenario corrió hacia Vaati para ayudar a la Zelda Oscura.
El chico de pelo plateado se había recuperado de la sorpresa, y era capaz de devolver al fin los golpes de su rival. Estuvo a punto de partirla en dos, cuando Reizar llegó a tiempo para impedírselo. Mientras, Tetra regresó al lado de Link. Le devolvió la flauta, que se había deslizado y casi se cae al mar.
- Link... - le interrumpió Zelda, cuando Link se llevaba la flauta a los labios. - El tiempo, mucho o poco, no tiene importancia. Lo importante, es que lo he vivido contigo.
El viento a su alrededor se había convertido en un poderoso huracán, y las olas ya estaban alcanzando la terraza. Otro golpe de mar, y serían lanzados a las aguas como los pequeños fragmentos de una embarcación. Link no miró hacia las figuras enzarzadas en una batalla a tan solo un par de metros. Se concentró, y rezó a las diosas pidiendo ayuda. Y, sobre todo, pidiendo por primera vez un favor para él: regresar vivos, para decirle a Zelda que no se arrepentía de nada.
La melodía que surgió de la flauta de la familia real, empapada y salada por el agua de mar, fue diferente a todas las escuchadas antes por Zelda. En esta ocasión, las notas solemnes tenían un matiz triste y melancólico, pero poco a poco se convirtieron en un allegro veloz. Tan pronto como las primeras notas empezaron a sonar, todos los orbes brillaron, y con ellos, también los presentes. Desde su posición, agazapada sobre el altar, Zelda vio que el cuerpo de Tetra y Reizar emitían un fulgor dorado. ¿Era aquella la luz dorada que decía el hechizo del Libro de Mudora? Miró también hacia Link, y en la frente del rey de Hyrule había vuelto a aparecer esa extraña luz. Asustada, Zelda sintió que su mano derecha brillaba también. Era el símbolo del Triforce del Valor, con un fulgor apagado, como el de la misma Zelda Oscura. Vaati se había apartado, feliz por el desenlace de sus planes.
La piedra del altar también se convirtió en luz, un haz que se movía en una espiral vertiginosa. Tan pronto como la última de las notas sonó, la espiral devoró la terraza al completo, junto con todos sus ocupantes.
La Torre de los Dioses se hundió definitivamente en las aguas.
