Capítulo 36: Miedo

- Señorita Evans, sé que puede ser un poco incómodo para usted, pero ¿podría volver a relatarnos lo sucedido?

La mirada de la profesora es mucho más suave y dulce de lo usual. Atrás de ella, el profesor Slughorn me da una mirada de solidaridad. El profesor Dumbledore, a su izquierda, solo posa sus ojos azules sobre mí, sin expresión alguna, con atención.

Yo sacudo mis ideas revueltas, los nervios y la opresión en mi pecho. Estoy bien, estoy segura, me repito por enésima vez. Tomo aire y relato todos los detalles de la noche anterior, tan fielmente como puedo. Para mi sorpresa, mi voz suena firme, incluso al hablar del maleficio.

- ¿No vio ninguna señal del atacante?

Yo niego con la cabeza.

- Estaba más preocupada por la chica... pero James puso haber visto algo.

La profesora McGonagall suspira y asiente con la cabeza.

- Puede retirarse, señorita Evans, nosotros discutiremos la situación con los involucrados y daremos con los responsables.

Por un segundo, tengo el impulso de abrir la boca y esperar que el problema no está en los responsables de este ataque. En el mundo más allá de este castillo, la situación es peor, pero la mirada del profesor Dumbledore me detiene. Es clara, firme y franca. Él lo sabe muy bien.

Yo asiento y me doy la vuelta, pero una voz a mi espalda me detiene.

- Te acompaño, Lily – la voz del profesor Slughorn me sorprende, pero no puedo hacer más que mirarlo agradecida.

Últimamente me siento completamente indefensa y una presencia amiga es bien recibida para sortear los oscuros pasillos de la madrugada. Justo cuando estoy a unos pasos de la entrada del despacho, esta se abre y James la atraviesa. Un corrientazo recorre mi cuerpo.

Nuestras miradas se cruzan por un momento y mi corazón se detiene por un largo instante. Él me regala una pequeña pero deslumbrante sonrisa que hace que mi estómago dé un salto. Yo bajo la mirada y él sigue su camino hacia los profesores.

Respira, Lily, respira.

Una vez bajamos del despacho, el profesor Slughorn, del que casi me había olvidado, me habla.

- Lo siento, Lily, no te puedo acompañar hasta tu sala común –yo trato de disimular mi decepción y asiento con la cabeza. Entonces lo miro con atención: está ojeroso, algo pálido y tiene expresión preocupada.

Me mira con atención y luego alrededor. Me detengo frente a él.

- ¿Cómo te sientes? –me pregunta con claro interés.

Indefensa.

- Estoy bien...

- Lily, tienes derecho a estar asustada –me dice en un tono que no le había escuchado antes- Lo que te pasó es horrible. Pero, aunque no lo parezca ahora, aquí estás segura.

Yo lo miro casi con la boca abierta. El profesor Slughorn y yo siempre nos hemos llevado bien. De hecho, pertenezco a su club de eminencias y en más de una ocasión me ha pedido que abandone la casa de Gryffindor y me cambie a Slytherin con él. Diría que es uno de los profesores con el que me llevo mejor. Sin embargo, nunca me imaginé que sería el primero en darme ánimos.

- La verdad es que me siento indefensa... No pude hacer nada, profesor, solo gritar y desear que terminara –le confieso sin pensar.

- La maldición cruciatus infringe más dolor del que una persona puede soportar, Lily. Muchos magos han perdido la razón por culpa de ella –me dice- Es normal que no pudieras hacer nada.

- Eso no me está ayudando...

- Déjame terminar primero –me dice con una sonrisa y levanta un dedo para señalarme- No olvides que eres una poderosa bruja- él baja la voz- y una de mis estudiantes preferidas –sonríe con complicidad y yo con él- Nadie te puede derrotar tan fácilmente.

Yo lo miro estupefacta por la pequeña sensación de seguridad que me acaba de dar. Es como una pequeña semilla que me puede ayudar con todo mi caos interior. Yo le agradezco con una sonrisa y el me devuelve una cariñosa.

- Entonces nos vemos el viernes a las seis en la reunión del club –me señala, mientras se da la vuelta.

- Ahí estaré.

~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~

Cuando me ve, Thalia, por quinta o sexta vez en su vida, corre a abrazarme.

No es un abrazo tierno ni suave, sino tan apasionado como ella. Me abraza con fuerza, esconde mi rostro en mi pelo y la escucho murmurar palabras de alivio. Yo le respondo como puedo, asegurándole que estoy bien, aturdida por su expresividad. Apenas me suelta, Sophia hace lo mismo. Me abraza con fuerza, sin decir nada y al separarse de mí, me mira fijamente y sonríe con los ojos inundados en lágrimas.

- Estarás bien... me alegra tanto verte.

Yo le sonrío llena de cariño y agradecimiento y siento mis ojos inundarse. A mis pies siento algo moverse suavemente. Es el gato, que no pierde la oportunidad para pedir algo cariño. Yo lo levanto del suelo y lo cargo para consentirlo.

- ¿Cómo lo supieron?

- James nos lo contó, dijo que no quería que lo supiéramos por otra fuente –responde Thalia- Se ganó unos cuántos puntos con eso, siendo honesta.

Yo prácticamente aguanto la respiración.

- Eso no importa ahora –dice Sophia- Cuéntanos más bien cómo estás.

Todo lo ocurrido la noche anterior pasa por mi mente en un momento, la incertidumbre, la angustia, el dolor insoportable en cada célula de mi cuerpo.

- Tenía tanto miedo... –mi voz se corta por el nudo en la garganta que me ahoga.

El gato cae al suelo de un elegante salto y las dos me abrazan de nuevo. Yo lloro un poco, dejando salir todo lo que tenía reprimido y me dejo consolar por sus palabras. Les cuento mi conversación con Slughorn y la sensación de indefensión y debilidad. De no ser lo suficientemente fuerte para poder enfrentarlo de nuevo. Pero Sophia me recuerda que quien me atacó es un cobarde que se aprovechó que estaba tratando de ayudar a alguien y lo hizo, además, con un maleficio imperdonable.

- ¿Qué esperabas? –completa Thalia- todo estaba en tu contra. Pero no volverá a ser así.

Ella me da una sonrisa pequeña, pálida, pero cargada de confianza.

- Tenemos que averiguar quiénes son los responsables y hacérselos pagar.

Sus ojos ahora brillan y su pequeña sonrisa se ha convertido en malévola hasta el punto que ilumina todo su rostro.

- La venganza no trae nada bueno... –dice Sophia.

- Bla, bla, bla –Sophia frunce los labios con disgusto.

- No les traerá más que una satisfacción pasajera que se desvanecerá...

- Bla, bla, bla bla –ahora Sophia gruñe molesta.

- Y es innecesaria porque el universo mismo...

- Bla, bla, bla –Thalia rueda los ojos.

- ¡Tú verás, niñita infantil!

Y me lanza una mirada furiosa con sus ojos ámbar prácticamente en llamas.

- ¿Y yo qué hice?

- ¿A quién le dices infantil?

Ella nos mira a ambas, antes de cerrar sus ojos y sentarse en el mismo en el que estaba de pie, haciendo ejercicios de respiración. Thalia y yo nos miramos claramente sorprendidas por su reacción.

- Lo siento –dice un instante después de abrir los ojos- La verdad es que no puedo creer que te pasara algo tan horrible y estaba realmente aterrada... yo tampoco me siento segura.

Guardamos silencio. Thalia y yo nos vemos un poco sorprendidas, aunque no deberíamos hacerlo. Ella hace eso cada vez que se siente agobiada. Dice exactamente lo que piensa. Aun así, sus cambios de actitud y la certeza de no ser la única asustada me dejan aturdida.

- Lía –la llama desde el suelo con los ojos ahora abiertos- Si tienes tiempo de pensar en venganzas, supongo que también puedes pensar cómo agradecerle a James por haberla salvado.

Yo me quedo completamente quieta, casi sin respirar. Ninguna lo nota.

- ¿Por qué vamos a agradecerle? Era su responsabilidad.

- Las bendiciones se agradecen, Lía.

¿Me acaba de llamar una bendición?

- ¿Y entonces qué tienes en contra de las venganzas?

- No son necesarias.

Yo sonrío y me siento a su lado para abrazarla con tanta fuerza que suelta una exclamación de dolor. Y Thalía se aleja unos cuántos pasos de mí para evitar que me acerque.

~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~

Encantamientos, alquimia y runas antiguas. Clase tras clase, el día trascurre bajo la mirada preocupada de los profesores, cuchicheos que siguen mis pasos y una pesadez y embotamiento producto del insomnio.

Para evitar dejarme llevar por la atmósfera que me rodea y mi mente revuelta, me enfoco en mantener una cara de Poker que no le permita a nadie saber cómo me siento en realidad y me enfoco en los cuchicheos de todos para evitar pensar en aquello que me mantuvo en vela la noche anterior. Los chismes vuelan y crecen de una manera extraordinaria y la historia que escucho no se parece en nada a lo que yo viví.

Así que cuando Alice cruzó el Gran Comedor corriendo para verme o Jason me dedicó una mirada dulce y me dio un fuerte abrazo, además de sentirme agradecida, no pude dejar de preguntarme que versión de la historia conocían. Y ni hablar de las reacciones inesperadas, como la palmada y la felicitación de Elanor o la mirada llena de interés de Snape. O ese sutil y hermoso encantamiento que el profesor Flitwick hizo en mi pergamino y por el que casi salto a abrazarlo.

A pesar de que todos tratan de actuar como si no lo supieran, algo en su actitud lo revela, sea los cuchicheos, las miradas intensas o el trato intencionalmente discreto. Sin embargo, se siente en el ambiente que todos han llegado a la misma conclusión que yo y esa certeza ha reventado, al menos por hoy, la sensación de seguridad que nos protegía.

A los únicos a los que parece importarle son a los merodeadores, aunque no me sorprende. En cambio, como si quisieran demostrar lo poco que les importa, me sorprenden de una manera impensada. Mientras recorro mi camino hacia la Sala Común para dejar los pergaminos, Michael me llama por la espalda, claramente agitado y grita dos palabras "Merodeadores, comedor". Solo lo sé. Le dejo mis pergaminos casi en pánico, y muevo mis cortas piernas para recorrer medio castillo tan rápido como es posible, solo para cruzar la puerta del Gran Comedor y encontrarme con una porción de pie que se estrella directamente en mi ojo izquierdo.

Los voy a matar.

Me toma un movimiento de varita y un grito estruendoso petrificarlos completamente, y ver huir a todos los demás estudiantes involucrados en los hechos salir huyendo cómo si hubiesen visto un basilisco. Luego de algunos gritos furiosos e incrédulos, la profesora McGonagall llega a la escena del crimen, ahora completamente vacía, con cuatro merodeadores sucios de calabaza, salsa y mil cosas más petrificados en una interesante posición y una pelirroja histérica con algo de chocolate en su cabello y solo dice:

- ¿Y ahora qué?

Yo la miro con una cara que indica que no puedo explicarlo y ella suspira, hace un movimiento con su varita que les devuelve la vida. Los cuatro sueltan una expresión de alivio y dos de ellos me miran claramente resentidos.

- Señorita Evans, ¿qué le he dicho de petrificar a los infractores?

- Lo siento, profesora –le respondo sin sentirlo en absoluto.

- Retírese –suspira mientras toma un caramelo.

Yo asiento, les lanzo una mirada de odio y me dirijo a la puerta.

- Y ahora, ¿qué haré con ustedes? –escucho a mi espalda.

- Minnie, ¿te he dicho que luces absolutamente encantadora con esa túnica? –esa es la voz de Sirius.

- Y tu cabello luce estupendo el día de hoy, ¿usaste algún encantamiento? –es James.

- Déjame decirte que hoy tienes un brillo maravilloso en tu presencia -¿ese es Remus?

La profesora suelta una pequeña tos sospechosamente divertida.

¿Estos cuatro idiotas se están ganando a la profesora McGonagall con halagos?

Yo me quedo quiera a un palmo de la puerta sin atreverme a girar solo por ver cómo termina.

- Señor Black, Potter, Lupin y Petegrew, ya deberían saber que la galantería no les servirá de nada.

- ¿Cómo dices eso, Minnie? Solo señalamos lo maravilloso es que es el brillo indulgente de tus ojos.

- Sin contar lo deslumbrante de tu sonrisa cómplice.

Yo tengo que cubrirme la boca con una mano para que la risa no se escape de mis labios. ¿Qué expresión tendrá la profesora en este momento?

- Y no podemos olvidar tu suave y comprensivo trato...

No lo resisto más. Por más que quiera saber cómo termine, tengo que apresurarme a salir del Gran Comedor y cerrar la puerta tras de mí para soltar una incontrolable carcajada.

Esto es completamente increíble.

Tendré que preguntarle a James cómo terminó todo.

James.

El recuerdo es como un toque helado en un caluroso día. Inesperado, escalofriante y anhelado. Siento que me quedo sin aire y me recuerdo dónde estoy: con él a una puerta de distancia. Prácticamente salgo corriendo, como si una acromántula me persiguiera.

Las cartas durante las vacaciones, su abrazo mientras me deshago en lágrimas, su sonora risa, sus pies juguetones, su mirada furiosa luego de mi cita con Lucas, su deslumbrante sonrisa llena de alegría, sus ojos inundados de lágrimas, la preocupación de su voz luego de salvarme, sus labios sobre los míos moviéndose suavemente...

James, James, James.

Su fantasma me persigue tal y como lo hizo anoche y siento que el corazón se me quiere salir del pecho.

¿Por qué dejé que me besara? ¿Por qué no lo aparté?

Me detengo detrás de un árbol a un palmo del lago solo escuchando mi agitada respiración. La respuesta es más terrible de lo esperado.

No quería que se apartara.

¿Qué demonios me está pasando?

El desesperado reclamo de mi cuerpo por aire me recuerda que debo respirar.

Por Merlín. No puede ser.

- ¡Lily! ¿Hacia dónde ibas? ¿Por qué estás corriendo?

Yo pego un enorme salto y me giro para encontrarme a Thalia con una expresión preocupada en compañía de Jason y Michael. Yo no tengo tiempo de tomar aire. Solo los miro tratando de buscar cualquier excusa. Con suerte, seguirán atribuyendo mi comportamiento al ataque.

Ni siquiera estoy segura de que sale de mis labios, pero me gano una larga mirada de Michael, una expresión confundida de Jason y un gesto comprensivo de Thalia. Ella se acerca a mí, me sonríe y pone una mano en mi hombro.

- Hace mucho frío. Mejor vamos adentro que nos queda una clase.

Yo asiento, agradecida de que haya intentado creerme y los sigo. Ella comienza a parlotear con Jason, quien le sigue el ritmo mientras nos dirigimos a la clase de Transformaciones que compartimos con Hufflepuff. Yo siento y hago cualquier comentario, tratando de concentrarme en la conversación para que no tener que pensar. Al llegar al salón, me preparo para los nuevos comentarios que me rodearan, las miradas intensas y pienso que desearía haber llegado un poco antes, cuando no había nadie. No importa, todavía no está lleno. Estoy a punto de cruzar la puerta cuando una mano me detiene. Es Jason, con expresión un poco preocupada y una mirada intensa.

Los pocos estudiantes que faltan por entrar pasan por nuestro lado.

- ¿De verdad estás bien? –me pregunta después de una larga mirada.

Yo le devuelvo la mirada y pienso en todo lo que ha ocurrido en los últimos días. Recuerdo el suave llanto de la chica anoche, la desesperación que quedó luego del ataque de los dementores, mis emociones desbordadas... tantas dudas.

Niego con la cabeza sin apartar mis ojos de los suyos.

- No lo sé –le confieso en voz baja- me siento como un barco de papel en una enorme tormenta.

- Lily Evans se siente como el papel...

Él guarda silencio y espera a que lo piense. Sabe que algo se está moviendo en mi mente. Veo la expectativa en su mirada. De repente lo entiendo, lo que está esperando. La decisión que no sabía que tenía que tomar.

Al ser atacada, tuve una pequeña muestra de cómo será mi vida después de Hogwarts. Siempre alerta, desconfiada, insegura. Sentiré dolor, quienes me acompañen sentirán dolor. Esta guerra incluso podría matarme. Solía pensar que estaba dispuesta a morir pero solo hasta ahora entiendo el peso de esa afirmación.

Y si eso es así, todavía tengo tiempo de volver atrás. Tomar una decisión guiada por esa certeza que cambie mi futuro.

¿Voy a dejar que esto me supere o lo enfrentaré hasta las últimas consecuencias?

- Lils, tú eres la tormenta, no el barco de papel.

Él me sonríe divertido y yo no sé si sentirme ofendida o halagada. O un poco de ambas. Lo golpeo en el brazo por si las dudas.

- ¡Auch! Qué agresividad –me dice mientras se soba el brazo.

Lo enfrentaré, claro que lo haré.

Lo sonrío, agradecida por una vez de que me conozca tan bien. Dejo de contenerme y recorro el espacio que nos separa y, por primera vez en semanas, escondo mi cabeza en su pecho y lo abrazo; huele a sándalo y eso me agrada. Él me devuelve el abrazo y me susurra

- Lily, no dudes que...

El sonido de alguien aclarándose la garganta me sorprende. Yo pego un salto y miro al frente para encontrarme a la profesora McGonagall en la puerta luciendo muy molesta. Detrás de ella, todos los estudiantes nos están mirando con una expresión curiosa y divertida. Yo busco inmediatamente a James, quien no aparta sus ojos de mí y tiene una expresión contrariada. Se da cuenta de mi mirada y me levanta una ceja.

¿Cuándo aprendió a hacer eso?

- Señorita Evans, Señor Goldstein, ¿hasta qué hora tengo que esperarlos?

Yo vuelvo a mirar a la profesora McGonagall y me disculpo antes de entrar al salón. Camino cohibida, consciente de la mirada de James sobre mí.

Deja de mirarme, deja de mirarme.

Finalmente me siento en el único puesto vacío, al lado de Henry Abbot, un chico con el que no suelo hablar y que, al parecer, me tiene miedo. Todo esto implica una clase sin distracciones. No creo que eso sea bueno para mi salud mental.

No lo es. Escucho la explicación de la profesora, la veo hablar de algo que puede ser muy útil, nos veo a todos practicar y el hechizo fallar una y otra vez, pero parece pasarle a alguien más, porque mientras mi cuerpo lo presencia, mi mente está tres puestos más atrás.

El profesor Slughorn, tiene razón, Lía y Sophia también. Incluso Jason. El ataque de ayer, más que lastimarme, buscaba asustarme. Y lo lograron, por un instante. Pero ahora no está en sus manos, si no en las mías y no me van a vencer tan fácil. Ojalá todas las dudas fueran tan fáciles de resolver. Sus ojos almendrados son todo en lo que puedo pensar.

¿Qué voy a hacer con James?

Ya no encuentro ninguna de mis certezas de antes, solo emociones encontradas, preguntas, dudas.

¿Por dónde empiezo? ¿Cómo puedo aclarar este problema?

¿Es, siquiera, un problema? ¿Qué está pasando y qué debo pensar?

Muevo las manos frustrada y accidentalmente tiro el tintero al suelo.

Demonios.

El frasquito de cristal se cae haciendo un gran estruendo y todo el mundo guarda silencio y busca el motivo hasta dar conmigo. Yo no les doy tiempo de pensar, solamente murmuro un hechizo y soluciono el problema sin mirar a nadie. Sigo practicando el encantamiento como si nada hubiera pasado y ellos vuelven a lo suyo.

Creo que es momento de analizar los hechos.

Uno: James y yo no nos odiamos. Dos: James y yo somos amigos. De hecho, muy buenos amigos, más de lo que jamás me imaginé. Somos muy diferentes y muy parecidos. Podemos reírnos, pelear y llorar juntos. Y no importa lo tonta, débil, divertida o equivocada que haya estado, él siempre me mira igual...

Concéntrate, Lily.

Tres: James y yo nos besamos. Nos besamos. Juntamos nuestros labios y los movimos. Y fue una de las sensaciones más abrumadoras de mi vida.

Si lo pongo así, parece tan simple... Si me olvido de quién es él y de quién soy yo. Si solo fueran otras dos personas podría asegurar que algo está pasando ahí. Que esto solo podría ser dos personas a punto de iniciar algo más, algo bueno.

Sin embargo este es el estúpido narcisista mujeriego James Potter y yo soy la terca, algo psicótica y orgullosa Lily Evans.

Este es el hombre que llegó a salir con tres chicas al mismo tiempo; que causó incontables lágrimas, que en siete años no le he visto una relación más larga de cinco meses y que la única constante en su vida son los merodeadores, las bromas y su sonrisa pícara.

Aun si algo más allá de una amistad estuviera pasando; aun si él me quiere ahora, ¿cuánto durará? ¿Cinco meses, seis por mucho? Y entonces sería una más, un amorío del pasado, olvidada como tantas otras.

Y yo jamás podría soportar ser una más.

Siento que me falta el aire y que el mundo me tiembla. Me obligo a recordar dónde estoy y tomo pequeñas bocanadas de aire para mantenerme con vida. Me quedo completamente quieta en medio del ruido, concentrándome en respirar hasta que la profesora termina la clase. Yo tomo mis cosas y casi salgo corriendo del salón.

Por Morgana... Esto es peor de lo que creía. Esto es mucho peor.

No puede ser. No puede ser.

Me detengo a la salida del salón y me recuesto en la pared al lado de la puerta tratando de obligar a mi mente a que siga corriendo.

Necesito parar de pensar. Ya.

El cariñoso roce de una mano en mi cabeza me saca de mis pensamientos. Y antes de levantar la mirada para verificarlo ya sé quién es. James.

- Lily

Yo lo miro y pego un salto que me aleja tres pasos de él a una velocidad que yo no sabía que podía alcanzar.

Él luce claramente sorprendido y algo preocupado por mi reacción y tiene sus ojos únicamente enfocados en mí. Mierda, mierda, mierda. No estoy en condiciones de enfrentarlo. Necesito más tiempo. ¿Qué hago? Si salgo corriendo, me seguirá. Si lo evito, me enfrentará. Si me desmayo aquí mismo, me llevará a la enfermería y no se apartará de mi lado. Solo actúa como si nada... escapa sin que se note.

- James, ¿Qué pasa? No luces bien...

¿No suena mi voz demasiado forzada? Solo respira... algo en sus ojos brilla de manera peligrosa.

- Si es por mí, estoy bien. No estoy sufriendo un ataque de miedo ni nada por eso –sigo hablando rápidamente, sin darle tiempo de abrir la boca, mientras me muevo lentamente en dirección al pasillo, él me sigue- así que no te preocupes –yo fijo una sonrisa- lo de ayer no es nada por lo que angustiarse.

- ¿Lo de ayer no fue nada?

No me gusta su tono de voz. Él me mira con suspicacia.

- Solo digo que...

- ¡Lily, aquí estás! – la presencia saltarina de Thalia llega como invocada- Te estaba buscando. Necesito un favor.

Entonces repara en nuestra expresión.

- ¿Qué está pasando aquí?

- ¡Nada! -Me apresuro a decir y James hace un ruido molesto.

- Nada –repite con un tono burlón y una sonrisa irónica.

Thalia nos mira a los dos evaluando la situación y se toma un segundo para respirar.

-Espera aquí -me dice y toma a James del brazo y se aleja con él.

Se paran a cierta distancia de mí, pero solo puedo ver la espalda de James y la frente y el cabello de Thalia desde mi posición. Tampoco puedo escuchar nada y eso me da una sensación extraña. No se demoran mucho y él se da la vuelta y se despide de mí con la mano sin mirarme. Thalia se acerca.

- ¿Qué le dijiste? –me siento inquieta y aliviada.

- Que necesitaba a mi mejor amiga y que si no preguntaba ni se interponía, no lo hechizaría en dos semanas.

Ella se encoge de hombros.

- ¿Y aceptó eso?

- No estoy aquí para hablar de Potter, sino para hablar de mí –yo abro la boca sin creer lo que acabo de escuchar- necesito tu ayuda.

Y entonces me empuja de vuelta al salón y cierra la puerta tras ella.

- Voy a hablar rápido porque no quiero pensarlo demasiado y arrepentirme. Así que no hagas comentarios, solo escucha y ayuda.

Yo no digo nada y ella toma una enorme bocanada de aire.

- Chris se niega a volver a hablarme. Así que he decidido lanzar un ataque directo y tú me vas a ayudar.

Ella habla precipitadamente, con decisión, con sus ojos oscuros desafiantes. Me imagino a Chris bajo esa mirada con una expresión clara y dolida.

- No sé si esto me va a gustar.

Ni tampoco sé si quiero ayudarte.

- No tienes que hacer nada malo –me dice con tono molesto- solo que eres la mejor opción para llevar a cabo mi plan. Y a él le agradas.

Algo está mal. Ella luce como si estuviera dispuesta a saltar de la torre de astronomía en estos momentos si le digo que no. No, ella no saltaría, me tiraría a mí. Y luego a él por no haberla escuchado antes.

- Está bien, te ayudaré.

- Perfecto.

- Pero, por favor, hablemos de esto.

Quiero entenderte.

Su expresión me indica que la idea no le agrada nada.

- No trataré que cambies de idea, solo quiero entender qué está pasando –ella solo rueda los ojos- ¿Por qué, de repente, estás tan ansiosa de hablar con él?

¿Por qué lo buscas si solo lo volverás a dejar en unas cuantas semanas?

Ella se aclara la garganta y baja la mirada.

- Porque él no ha querido hacerlo.

- Cambiemos la pregunta, ¿por qué lo buscas si sabes cómo terminará?

¿Por qué no lo dejas en paz si te aterra más quererlo que dejarlo?

Ella levanta la barbilla y enfoca sus ojos grises en algún punto arriba de mi cabeza.

- Porque creo que esta vez es diferente –su voz no tiembla, habla con la fuerza del temblor que hay en su mente- Cada vez, luego de una pelea, él me esperaba de nuevo, pero esta vez decidió resistirse a mis encantos, no me ha buscado, aunque claramente lo he estado provocando y tampoco me escribió, a pesar de que no fui a casa en navidad.

Ella se detiene un segundo y agrega en un tono mucho más bajo.

- Esto no me gusta.

¿No te gusta que haya decidido alejarse de lo que le causa dolor?

- Lía, no te lo tomes a mal, pero cada vez que vuelven, lo lastimas de nuevo. Tú lo sabes, ¿por qué lo sigues buscando?

¿Por qué insistes en herirlo?

- Aunque yo me aleje, él sabe que solo lo quiero a él. Él aceptó eso, lo prometió.

Hay algo de fiereza en su expresión. Parece imposible contradecirla, a pesar de toda la evidencia.

- ¿Me vas a ayudar o no?

- Claro que te voy a ayudar –le digo, aunque en realidad no quisiera hacerlo- solo dime algo más, ¿esta vez sí durará?

¿Vas a cambiar?

Su expresión se vuelve seria y desafiante.

- Siempre lo intento. Yo no lo lastimo porque me guste hacerlo, es algo que me supera. Cada vez que volvemos, yo quiero que dure, intento permanecer fiel y llevarlo con calma, solo que luego...

Luego te ves abrumada por tus sentimientos y los suyos y te mueres de miedo de pensar que eso es lo único que tendrás o querrás; o, de pronto, te sientes atrapada y que quieres volver a volar. Y no importa cuánto él te quiera o se esfuerce para que te sientas libre y confiada, tú te irás.

Al final, él se irá.

A pesar de que nunca he podido entender la relación entre ellos, la considero poco sana y se supone que Thalia es mi amiga, no puedo evitar estar del lado de Chris. Chris, el de la sonrisa amable, los comentarios acertados, el encantador de cobras y el protagonista de una vorágine de pasión, celos y culpa. El chico que tantas veces se ha caído y levantado por ella y cuyos sollozos a media noche en el pasillo se quedaron impregnados en mi mente. Ese quien solo cerraba los ojos antes de estrellarse contra el mundo por ella.

¿No sería mejor mantener la distancia?

No es mi decisión.

- Está bien. Dime qué tengo que hacer.

~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~

Alguna vez pensé que James y Thalia eran tan parecidos que se llevarían bien. Hoy pienso que podría ser más cierto de lo que jamás me lo imaginé. Y si ellos dos se parecen, yo sería igual a Chris.

Y si eso es así, yo estoy destinada a sufrir.

Ese es el único pensamiento que ronda mi mente mientras Thalia lleva a cabo su estúpido plan. Ella lo embosca, causa un problema con sus amigos y destruye "accidentalmente" algunas de las antiquísimas propiedades de Hogwarts y monta una ira que espanta hasta a los fantasmas. Entretanto yo solo puedo pensar en James, su sonriso encantadora, su cálido abrazo y su única manera de hacerme enojar.

Lily, cuánto desearía que a veces no fueras tan ciega.

En ese entonces todavía no era cierto, pero él ya lo intuía. Y tenía razón. La presencia y compañía de James solo me podía llevar en una dirección. No hay manera de resistirse a él. Ni siquiera Lily Evans pudo evitarlo. Soy una idiota.

Así que mientras "cruzo casualmente" por el desastre creado por Thalia y su discusión con Chris, monto una falta indignación y los castigo limpiando la sala de trofeos esta noche, solo lo puedo ver como un reflejo de mí misma.

Solo que peor.

Ella solo lo ha querido a él, aunque nunca resista la tentación de dejarlo. Sin embargo, James nunca ha querido a una sola mujer y, aunque ahora me quiere, finalmente ocurrirá lo inevitable: se irá.

Por mi parte, si decido aceptar esto y dejo que estos sentimientos que no sabía que existían crezcan, no sé si sería capaz de dar vuelta atrás. No hay manera de que haya una amable ruptura, de esas en las que se intercambian cartas en todos los cumpleaños y vacaciones. Él entró a mi vida por la fuerza, agitando una bandera blanca pero dispuesto a conquistar, se hizo un espacio y me cambió sin darme cuenta, lentamente, con la paciencia de un artista. Si acepto quererlo, seguirá haciéndose un espacio en mi vida hasta volverse casi imprescindible y lo querré tanto que cuando se vaya mi única opción será odiarlo para poder continuar.

Eso, o esperarlo toda mi vida, lo que es aún peor.

Mientras Chris protesta y culpa a Thalia y ella se las arregla para culparlo a él también, yo solo me esfuerzo por mantener el pánico a raya el tiempo suficiente para que nadie se dé cuenta del enorme huracán que se ha desatado en mi interior.

Cuando finalmente él se rinde con un sonido de protesta y se va indignado, Thalia pasa por mi lado con apariencia molesta y me susurra un lugar y una hora para ver los detalles finales, yo estoy aliviada de poder estar sola.

Y, de nuevo, me escondo en un salón.

Debo estar exagerando con todo esto. Estoy yendo mucho más allá de lo que debería.

El silencio es muy agradable. Me recuesto contra la puerta y solo respiro. Una y otra vez.

¿Estoy exagerando con todo esto? ¿Y si soy yo la que se aburre y lo deja? ¿Tener una relación es siquiera una posibilidad o estoy yendo mucho más allá?

Me estoy volviendo loca.

Cuando por fin calmo los latidos de mi corazón decido concentrarme en los aspectos prácticos.

¿Qué voy a hacer cuando lo vea?

No más mentiras, Lily.

No me sirve de nada negar lo que es más que obvio. Traté de besar a James, odio a su amiguita Christine, dejé a Jason atrás en nuestra "cita" por ir con él, no puedo apartar mis pensamientos de él y mi vida últimamente gira a su alrededor.

Me gusta James Potter.

Eso no es completamente malo. Yo misma lo dije, soy una pelirroja joven, heterosexual y en edad reproductiva.

La atracción entre dos personas es normal, es muy común, no es nada por lo que deba asustarme.

No, este es el momento del pánico.

Esto no es solo eso. Hace un año podría ser atracción, hoy, después de conocerlo de la forma en que lo hago es algo más.

Lo quiero.

Mi corazón parece latir más fuerte al pensarlo.

¿Y ahora qué?

Uno: Acepto frente a él que siento algo por él, acepto su propuesta de salir, vivo cinco o seis meses de felicidad y lo lloro un año. Dos: Finjo que estoy molesta por lo que pasó ayer y le pido que me dé espacio, que usaré para olvidarlo y alejarme de él. Tres: Hago como si nada hubiera pasado, lo olvido sin alejarme de él y si pregunta, le digo que solo quiero que sigamos siendo amigos.

Mi corazón descompensa su marcha. Solo tengo una opción.

~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~

¿Y ahora dónde se metió?

A las nueve en el salín de encantamientos. Esas fueron sus palabras. Tiene que estar en 10 minutos en la sala de trofeos y ella todavía no se ha dignado a aparecer.

¿Para qué me pidió que viniera si no iba a parecer?

Niñita tonta.

Me estoy congelando por culpa de su estúpido plan y ella me deja plantada.

Si se arrepintió... sería mejor para él.

Suspiro. Tengo demasiados pensamientos encontrados frente a este plan. Esto no es mi asunto. Ella y él son quienes eligen cómo vivir su vida.

Además, tengo mi propio boggart que enfrentar.

¿Dónde está? ¿Debería esperarla o mejor me voy?

Estoy recostada en la gigante mesa del profesor Flitwick, con la cabeza colgando del borde tratando de tomar una decisión. En realidad, si no se sintiera tan bien que sentir la sangre fluir hacia mi cabeza, esta no sería una posición cómoda. La muevo un poco solo para sentir el movimiento de mi cabello cuando la puerta se abre y la observo casi con malicia hasta que veo quién la atraviesa.

Es James.

Yo pego un salto tan grande que en vez de sentarme con elegancia, me caigo de la mesa con un sonoro grito.

Por los siete círculos del infierno y la silla del diablo.

Él corre hacia mí, llamando mi nombre.

No estoy lista para verlo.

Me levanto de manera apresurada y hago un intento por arreglarme el cabello.

- ¿Estás bien? –me pregunta divertido y me toma suavemente del brazo.

Su contacto me quema, y yo pego un salto y me aparto rápidamente de él. Algo en su mirada brilla.

Si sigues latiendo así, te vas a infartar, corazón.

- James, ¿qué estás haciendo aquí?

Mi voz suena una octava más alta de lo usual.

- Thalia me pidió que viniera aquí –su voz suena extraña.

- Supongo que eso significa que no vendrá –intento que mi voz suene molesta, aunque realmente no lo esté.

Él me está mirando fijamente y guarda silencio.

Oh, no. Esto es no es bueno.

- Bueno, ya que no vendrá, supongo que mejor nos vamos a la Sala Común... estaremos más cómodos.

Y mucho más acompañados.

Me doy la vuelta, desesperada por alejarme, aunque sea un poco, de su suspicaz presencia. Con el único pensamiento de que esta vez lo deje pasar.

- Lily, no hagas esto.

Su tono de voz es casi suplicante y manda un escalofrío por mi estómago.

Lo sabía.

Sé fuerte, Lily.

- ¿Hacer qué? ¿De qué me hablas?

Ahora luce molesto. Solo lo estoy haciendo peor.

Solo dile lo que decidiste.

Él hace un movimiento con su varita y las velas del salón se encienden. Sus ojos oscuros ahora están fijos en mí llenos de ira y expectativas. Me tiemblan las piernas y me obligo a tomar aire.

- James, sobre lo que pasó ayer... creo que deberíamos olvidarlo –respira, solo dilo como puedas- tú y yo somos buenos amigos y lo que pasó solo podría dañar nuestra amistad. Yo...

¿Qué más puedo decir? ¿Disculparme?

No puedo hacerlo. Hay un nudo en mi garganta que hace que cada palabra sea una tortura. Sus ojos están llenos de ira y dolor. Me seco las manos con el uniforme.

- ¿Olvidarlo? –su voz suena ahogada.

- Si estás de acuerdo, podríamos hacer como que no pasó nada –yo habló, diciendo lo primero que se me viene a la mente- Ni siquiera sé porqué pasó... solo sigamos como antes, ¿sí?

Di que sí, por favor, di que sí.

- ¿Qué? –ahora está furioso- ¡No! No estoy de acuerdo. ¡De ninguna manera!

Yo guardo silencio con el aire a medio camino entre mis pulmones y mi boca.

- ¿Cómo puedes decir eso? ¿Acaso no sabes cuánto he esperado por este momento? –su mirada es como una puñalada- Quería creer que no harías esto, ¿Cómo puedes negar lo que está pasando? ¿Cómo puedes hacer esto después de lo que pasó ayer?

- Por favor, James...

- No, Lily, ¿qué es lo que quieres? ¿Qué sigamos siendo amigos para que me muera cada vez que sales con un chico? ¿Para qué me consuman los celos cada vez que te veo con tu amigo? ¡¿Para qué quieres que seamos amigos?! ¿Para que yo me ahogue en todo el amor que quiero darte y tú no me dejas? -sus ojos brillan como nunca lo había visto y él da un paso para acercarse a mí, yo retrocedo otro - ¿Acaso no sabes el infierno que es ser solo tu amigo?

- ¿Un amigo? ¿Ser mi amigo es un infierno para ti?

Las palabras se escapan de mi boca y suenan ahogadas.

- Sí, sí lo es. Porque podríamos ser mucho más y tú estás aquí, mintiéndonos a ambos.

- ¿Cómo puedes decir eso? Después de todo lo que hemos pasado, ¿dices que es una tortura para ti? –Ahora estoy indignada y furiosa.

Los dos nos miramos fijamente, soltamos el aire que estábamos conteniendo y nos damos la espalda. Caminamos en dirección contraria tratando de aclarar nuestras acaloradas ideas. Intento pensar qué decir, un buen argumento para que él acepte mi decisión sin lastimarlo, pero mi cerebro parece haberse hundido en arenas movedizas. Escucho sus pasos hacía mí y me doy la vuelta para encontrármelo a un palmo de distancia. Él toma mi rostro entre sus manos y me mira fijamente.

- Lily, te quiero. Estoy profunda y perdidamente enamorado de tu pecoso culo – Un corrientazo cruza todo mi cuerpo, mi corazón se detiene y yo no puedo hacer más que mirar sus oscuros ojos brillantes y sinceros con la boca abierta, tratando de tomar aire como un pez- Llevo más de tres años esperando que este momento llegara y no puedo volver atrás. Después de besarte no puedo ser solo tu amigo. Así que podemos serlo todo o nada.

En sus ojos puedo verlo. Nuestras manos entrelazadas, mis manos acariciando su cabello suave y desordenado, las sonrisas llenas de felicidad, las conversaciones a media noche, la sensación de plenitud. Mi mundo entero se sacude.

Sería perfecto, demasiado perfecto.

Yo me alejo un paso de él. Necesito pensar.

Hasta que terminara.

- No hagas esto, James...

- Sé que tú sientes lo mismo que yo. Solo admítelo. Dime lo que sientes y dejemos de fingir. No más mentiras. Solo somos dos personas que se quieren.

Dilo. Dilo. Dile que lo quieres.

Yo niego con la cabeza sin poder decir nada. No puedo encontrar ninguna palabra que me ayude a expresar cualquier decisión. Siento que mi corazón quiere estallar. Quiero gritarle que tiene razón, que es verdad. Y otra parte quiere esconderse debajo de la mesa y decirle desde ahí que no soy capaz de confiar en esa felicidad.

- ¿Qué es lo que te da miedo? ¿Es lo que los demás dirán? ¿Es eso?

¿Acaso me crees tan superficial, idiota?

No llores, no llores.

Mi esfuerzo por controlar las lágrimas no me deja hablar, solo niego con la cabeza mirando el suelo. Cuando levanto la mirada, su expresión es casi de desesperación.

- Háblame, Lily. Sea lo que sea, podemos arreglarlo juntos.

Se ve más hermoso que nunca, a pesar de sus ojos suplicantes, sus labios temblorosos y su expresión consternada.

¿Y cómo me vas a salvar de ti?

- Tú no puedes arreglarlo –logro forzar las palabras de mi boca- No puedes prometerme eso, James.

Y yo no puedo sufrir por ti. No quiero odiarte ni terminar decepcionada. No quiero quererte para perderte.

- Pruébame. Por ti yo soy capaz de cualquier cosa.

Casi puedo escuchar el sonido de mi corazón agrietándose.

Olvídate de los miedos, Lily. Solo di sí. Admite que lo quieres. Di sí.

Siento una lágrima traicionera resbalar por mi mejilla. Su mano la limpia con delicadezay con ese simple contacto mi cuerpo tiembla. El roce de su piel contra la mía es como un incendio y una tormenta; pero más allá de eso, es como se debe sentir un mortal al probar el néctar de los dioses.

Es demasiado perfecto para que su cuerpo pueda resistirlo.

Lo siento, James. No soy tan fuerte.