TU CANCIÓN
Your song – Moulin Rouge (POV Castle)
- Venga, cariño. ¡El último!
Beckett gritó mientras yo le apartaba el sudado pelo de la cara, para que no la molestara. Apretó más mi mano, haciendo que tuviera que morderme la lengua para que no se me escapara un quejido de dolor, ella estaba sufriendo mucho más que yo en esos momentos. Si no hubiera estado ya en el parto de Alexis, seguiría pensando que es imposible que un bebé salga de ahí, pero la naturaleza hacía cosas imposibles, y en ese momento la cabecita de mi pequeño niño estaba asomando, obligando a su madre a recurrir a todas sus fuerzas para expulsarle de una vez.
- Vamos, Kate. ¡Ya casi está!
Apreté cariñosamente la mano de Beckett, y ella me respondió con fuerza, mucha fuerza. "Ay, por dios. Creo que no voy a poder usar esta mano otra vez" pensé mientras apretaba los dientes.
- Kate, cariño, que soy escritor. Mi mano es mi herramienta… - empecé a decir antes de que un gruñido suyo y una mirada de la enfermera me hicieran callar. Puse cara de inocente, la verdad es que estaba nervioso a pesar de que ese era mi segundo hijo, ya tenía a Alexis. Aun así, la ilusión y los nervios estaban ahí. Ineludibles...
El llanto de un bebé me sacó bruscamente de mis pensamientos. Levanté la mirada, buscándole. Ahí estaba, la cosa más preciosa y más manchada que jamás hubiera visto… Una enfermera se lo llevó para limpiarle la sangre y envolverlo en una manta limpia. Me giré con una sonrisa radiante hacia Beckett, pero se esfumó en cuanto la vi en la cama tan pálida y con los ojos cerrados.
- ¿Kate? Kate, cariño, respóndeme… - pedí, con urgencia, asustándome. Una mano en mi hombro me sobresaltó.
- Tranquilo, deje que descanse. Debe de estar agotada. – me dijo una enfermera, sonriéndome, seguro que ya había pasado un millón de veces por estas situaciones. La sonreí, agradecido, y coloqué con cariño un mechón detrás de la oreja de Kate, acariciando su cara.
Un llanto hizo que me volviera justo cuando la misma enfermera se acercaba a mí para dejarme en los brazos a una criaturita pequeña pequeña, con aspecto tan frágil y a la vez peleón a juzgar por la fuerza de sus pulmones. Lo cogí en mis brazos y aparté el trozo de manta que me impedía verle bien la cara…
My gift is my song
And this one is for you
And you can tell everybody
That this is your song
And may be quite simple that
Now that it´s done
I hope you don´t mind
I hope you don´t mind
That I put down in words
How wonderful life is
Now you´re in the world
¡Pero que monada de hijo que me había salido! Una sonrisa tonta a más no poder se extendió por mi cara, iluminándola, esparciendo felicidad como las Coca-colas. Con un dedo acaricié suavemente la naricita que había heredado de su madre. Le acuné mientras murmuraba que no llorara, que estaba con papá. Poco a poco, fue dejando de llorar, y alzó una de sus diminutas manitas, cogiéndome el dedo con el que le estaba acariciando la cara. Algo estalló dentro de mí, puede que fuera mi corazón…
- Hola, guapo. ¿Ves? No hay que llorar, estás con papá. Estás conmigo, Nathan…
El bebé se agitó en mis brazos al oír la débil voz de su madre:
- Te he dicho un millón de veces que no se va a llamar Nathan.
M giré hacia ella, sonriendo, con la sonrisa más grande que me permitían mis ya tirantes labios. Cuando ella me devolvió una cansada sonrisa, apartándose el pelo como había hecho unos años atrás, recién recuperada del disparo; sustituí la sonrisa por unos morritos y alcé las cejas. Levanté un poco el bebé, que aún estaba en mis brazos, para que pudiera verle bien la cara.
- Mírale. Mírame. Mírate. Hemos creado la perfección. Ahora niégame que Nathan no es el nombre perfecto para que lo lleve la perfección.
Beckett se río, cansada. Cerró los ojos un momento e hizo un gesto de rendición.
- Está bien, tú ganas. Pero solo porque me ha gustado ese argumento… Hey, no acapares a NATHAN – dijo, remarcando el nombre. Sonreí con suficiencia y me apresuré a pasarle al hijo que tanto le había costado sacar al mundo.
Cogí la cámara puesto que ese momento había que inmortalizarlo sí o sí. Siempre lograba que se me callera la baba cuando veía a Beckett actuando de madre: cuando recuperamos al bebé secuestrado, cuando encontramos a una niña perdida en un centro comercial, con Alexis… Pero verle con Nathan, NUESTRO hijo… Poco más y me tienen que reanimar los médicos que aún pululaban por la habitación.
Sat on the roof
And I kicked off the moss
Well singing these verses
Well they, they got me quite cross
But the suns been kind
While I wrote this song
It´s for people like you
That keep it turned on.
En ese momento recordé cuando Beckett me había dado la noticia. Recuerdo haber ido medio corriendo a la comisaria, conteniendo las ganas de gritarles a todos que íbamos a tener un hijo juntos, que no podría ser más feliz. Al llegar a casa, comencé con un proyecto que siempre había querido hacer: escribir una especie de carta a mi hijo para cuando fuera mayor y lo comprendiera. Quería contarle la historia de su madre y mía, las idas y venidas, de donde había sacado la cabezonería… Al principio, había dado mil vueltas por el despacho, sin saber que poner, harto de estar sentado mirando el cursor parpadear. Pero una vez me vino la inspiración divina, todo me salió solo. Seguía trabajando en ello, compaginándolo con cuidar de mi familia y escribir best-sellers, con un espacio en "Hola, hijo. Hola,…" sin saber que nombre iba a ocuparlo. Pero ahora ya lo tenía…
So excuse me forgetting
But these things I do
You see I´ve forgotten
If they´re green or they´re blue
Anyway the thing is
That I really love you
Yours are the sweetest eyes
That I´ve ever seen
Le di un suave y largo beso a Beckett, aliviados ya y siendo los padres más contentos sobre la faz de la tierra. Hubo fotos y más fotos, y al cabo de un rato comenté mientras las miraba en la pantalla:
- Que pena que no abra los ojos todavía.
- Sabes que tienes que esperar… - dijo Kate. Sonreí, sintiendo la manita de Nathan alrededor de mi dedo.
- Lo sé, pero tengo tantas ganas de saber qué color de ojos tiene. ¿Azules como los míos? ¿O preciosos ojos verdes avellana como los de su madre? – hice como que tenía una balanza en las manos y me incliné hacia un lado, exagerando – Creo que ganan los de su madre.
- Pues yo quiero que tenga ojos azules. Un Nathan con ojos verdes no pega, le pegaría más a una niña.
Se me iluminaron los ojos, brillando peligrosamente.
- ¿Es eso una sugerencia, detective? – enarqué una ceja, bromeando.
- Depende de cómo lo vea, Sr. Castle. Yo diría que es una indirecta muy directa…
Nos reímos los dos, compartiendo otro beso lleno de amor, con cuidado de no molestar al bebé ahora que, tras haberse llenado la tripa con leche materna, había decidido echarse una siestecita.
- Azules pues. Y cuando hagamos a la niñita espero que herede los ojos de su madre.
- Yo también. Y se llamará… Stana.
- ¿Stana? ¿Por qué? – inquirí, sorprendido.
- Porque lo digo yo. – contestó Beckett, encogiéndose de hombros.
- Eso no vale, tienes que darme un argumento como el mío.
- Aih – suspiró, fingiendo molestia - Porque será otra perfección siendo nosotros sus padres, y Stana suena exótico, peligroso, bonito, simpático… Suena a un resumen muy resumido de nuestras vidas – explicó, mirándome intensamente.
- Stana, entonces. No lo rebato. Me encanta como nombre…
And you can tell everybody
That this is your song
And it may be quite simple
But now that it´s done
I hope you don´t mind
- ¿Sabes que frase no se me para de venir a la cabeza? – pregunté. Beckett me miró, con ojos somnolientos. Hizo un gesto con la cabeza, esperando mi respuesta. Sonriendo, empecé a cantar los versos de la película favorita de mi esposa.
- I hope you don´t mind
That I put down in words
How wonderful life is
Now you´re in the world.
Ella sonrió, dándome un beso, quedándose dormida poco después, con Nathan aun en sus brazos. Les saqué una foto a ambos, estaban adorables.
Con mucho cuidado y cariño, le quité a Nathan de los brazos y le dejé en una cuna que nos había traído la enfermera, tan maja ella. Me pasé una mano por los ojos, la verdad es que yo también estaba cansado… Eché una mirada rápida a mi reloj y vi la hora: 1.45 a.m. "Vaya con el niño…" Sonreí, y me tumbé en un sillón que había en la habitación. Al cabo de un rato me quedé dormido soñando con lo bonita que sería la vida con Alexis, mi madre, Kate, Stana y Nathan…
"Espero que no te importe que lo ponga en palabras… Que maravillosa es la vida ahora que tú estás en el mundo…" ¿Maravillosa?Perfecta.
