Cap. 36 (You're a Devil in disguise - Elvis Presley)

Trabajos forzados en Polonia
El gobernador alemán de Polonia organiza un programa de trabajos forzados para los muggles que consisten en...

―Min… ―dijo una voz, yo pasé la página del Profeta sin alzar la vista, era el domingo siguiente después de comer y estaba sentada en un banco de piedra del claustro viendo nevar y leyendo el periódico, sola.

Relajamiento del bloqueo inglés.
El gobierno inglés modifica su política de guerra mercante, permitiendo a los barcos civiles alemanes transportar mercancías y pasajeros entre Alemania y países neutrales...

―Minerva, por favor... ― insistió otra voz, hice caso omiso y volví a pasar la página.

Insuficiente producción bélica
Grindelwald ordena a la oficina de subministro de municiones del OKW que en el próximo año se doble la cantidad de hechizos submarinos, por su éxito en costas británicas, así como de soldados efectivos y escudos de protección, para incrementar las reservas…

―De acuerdo McGonagall, ¿No quieres hablar? Pues vale. Aquí tienes la maldita carta. ―aseguró una tercera voz bastante más nerviosa, lanzándome un sobre por encima del periódico. Yo lo cogí, doble las páginas del periódico cerrándolo y me di la vuelta. Filius, Amelia y Moody estaban ahí plantados, les miré con dureza.

―¿Qué? No ha habido manera de leerla ¿Verdad? ―les espeté con acritud. ―Por eso me la devolvéis.

―Min… es un asunto de seguridad nacional. ―se defendió Amelia.

―Minerva ―corregí con veneno.

―Está bien, Minerva ―dijo ella.

―No, no lo es. Es correo privado, os lo dije el otro día y os lo repito ahora.

―¡Abre los ojos McGonagall! ―Exclamó Moody―. Por mucho que te guste Dumbledore podría ser un traidor.

―Primero: No me gusta. Segundo: No es mi problema ―expliqué con nervios de acero.

―¿Acaso no vives en este país? ―preguntó enfadado.

―¿Acaso podría hacer algo para detenerlo si fuera un traidor? ―le respondí yo para que se diera cuenta de la evidencia―. A lo mejor podía cuando tenía la carta, pero me la robasteis así que ahora es vuestro problema.

―¡Te la estamos devolviendo! ¡Y por supuesto que puedes! ¡Si lo desenmascaramos podemos entregarlo al ministerio y no le dejarán pasar más información! ―gritó.

―¿Y cómo pretendes desenmascararlo Moody? ―le reté tranquilamente y sin alzar la voz―. ¿Te recuerdo que ni siquiera has conseguido leer la estúpida carta?

―Al menos lo he intentado, es más de lo que has hecho tú… No me extraña que se te de tan bien hacer de Grindelwald― respondió con el ceño fruncido, venenoso. Yo le sostuve la mirada firmemente, eso no me había gustado en absoluto. Él también me la sostuvo durante unos interminables instantes de silencio tenso.

―Está bien ―terminé cediendo yo primero―. Pero no tenías porque petrificarme― le acusé.

―¡Tú no estabas cooperando!

―¡Porque tú estabas siendo terriblemente poco razonable! ―protesté sosteniéndole la mirada de nuevo, esta vez fue él quien cedió.

―Vale, siento haberte petrificado ―se disculpó―. ¿Vas a ayudarnos a desenmascararlo o no?

―No ―sentencié taxativa levantándome―. Voy a ayudaros a demostrar que NO es un traidor ―corregí mostrando el sobre―. Haciendo lo que deberíais haber hecho desde el principio.

―¿El principio de qué? ―preguntó una voz apareciendo por la derecha, los cuatros nos giramos a mirar, tensos. Dumbledore sonreía amablemente.

Escondí rápidamente el sobre con nerviosismo.

―Ah, no se preocupe profesor, no es nada ―intentó quitarle importancia Moody―. ¿Qué... Qué ha oído?

―Nada en realidad, acabo de llegar, sólo pasaba por aquí ―le tranquilizó―. ¿Por qué? ¿No estaríais planeando algo en mí contra verdad? ―bromeó y aún nos puso más nerviosos.

―No, no, claro... Claro que no― se apresuró a responder Moody. Pensé que para decir eso mejor se hubiera quedado callado.

―En fin― dijo Dumbledore mirando a Moody con suspicacia y luego se volvió hacia mí―. Te estaba buscando Minerva. Ya he conseguido lo necesario para hacer la figura de hielo, era por si querías acompañarme si no tienes nada más que hacer.

―Ah ¡Ah! Sí, sí, claro. Quiero decir... No tengo nada que hacer, puedo ir con usted― respondí intranquila. Filius dejó escapar una pequeña carcajada y yo lo miré con odio. Por Merlín, tenía que dejar de balbucear, Dumbledore debía pensar que era idiota.

―Recuerda... Lo que hemos hablado― me pidió Moody en un susurro antes de irme.

xoXOXox

Parpadeé sorprendida un par de veces.

―¿Señor? ―pregunté mirando "aquello" detenidamente, estupefacta. Dumbledore me había llevado al Gran Comedor, que ahora estaba vacío excepto por nosotros dos y "aquello".

Cuando llegamos admitió que no había conseguido que "aquello" cupiera en el aula de Transfiguraciones, pero que pronto conseguiría otro lugar donde meterlo. Yo cuando lo vi, me pregunté muy seriamente como había conseguido que pasara por las puertas del Gran Comedor siquiera.

―Dime, Minerva ¿en qué puedo ayudarte? ―respondió Dumbledore apoyando las manos en sus caderas y alzando la vista para verlo también, ¿A caso no era evidente en qué podía ayudarme?

―¿Qué es "eso" exactamente?

―Es un bloque de 300 yardas cúbicas52 de cristal macizo― afirmó. Yo me detuve un momento para observarlo.

―Sí, eso es… evidente― aseguré en un susurro mirándole con dureza, si estaba tratando de tomarme el pelo… bueno, no podía enfadarme con esos ojos azules, pero a veces me daban ganas de golpearlo en la cabeza―. Me refiero a ¿Cómo ha llegado hasta aquí? ¿De dónde ha salido?

―Yo lo he traído. Costó, pero lo conseguí del arsenal del ejército. Me lo dieron y no tengo ni idea de para que podían necesitarlo ellos― explicó encogiéndose de hombros, yo estaba empezando a crisparme.

―¿Qué hace aquí?

―Bueno… Nosotros lo necesitamos, nosotros estamos aquí, es lógico que este aquí también― dijo como si fuera evidente, suspiré con cansancio.

―Ya…Verá señor, me refería a… ¿POR QUÉ está aquí? Es decir… ―corregí rápidamente antes de que me pudiera dar la respuesta literal "Porque lo necesitamos"―. ¿Para qué lo necesitamos?

―Ya te lo he dicho, para hacer el castillo de Hogwarts― respondió sonriente.

―Pensaba que ya teníamos un castillo suficientemente grande, que íbamos a hacer una maqueta―aseguré no muy convencida.

―¿Un castillo suficientemente grande?

―El original me refiero, no pensaba que planeara hacer una reproducción en la que se pudiera entrar― aclaré, él me miró un momento y empezó a reírse, ¿Qué le había hecho gracia? Estaba hablando en serio ¿Por qué siempre reía sin venir a cuento?

―Vamos a ponerlo allí― dijo señalando el rincón frente al reloj de puntos―. Ayúdame a levantarlo― me pidió y se agachó para agarrarlo por la base, yo le miré con la varita levantada… ¿Es que nunca se le acababan las ganas de hacer el payaso? ―Venga, venga, no te enfades conmigo, solo era una broma.

Wingardium leviosa―conjuré y el bloque flotó. Era más pesado de lo que me esperaba, necesitaría concentrarme bastante.

Carpe Retractum ―conjuró él empezando a mover el bloque, cuando lo tuvimos frente al reloj, me agarró por la cintura para que nos acercáramos hasta donde estaba sin perder la posición, para que se mantuviera inmóvil, pero me asustó y perdí la concentración, el bloque cayó en un golpe sordo y el reloj de puntos se hizo añicos.

Me quedé congelada en el sitio. Él también lo hizo durante un instante, luego reaccionó y reemplazó la expresión de sorpresa por otra de determinación. Se acercó hasta los restos esparcidos por el suelo y se puso de cuclillas para examinarlos, luego empezó a hacer sortilegios no verbales con la varita, concentrado, para sacar lo que había quedado debajo del bloque y restaurar un poco el resto.

Yo me quede callada simplemente mirando horrorizada, ¡Había roto el reloj de puntos! ¡Justo antes de Navidad! Iba… ¡Todo el mundo iba a odiarme! ¿Y si por eso no se podía celebrar la copa de casas? ¿Podían expulsarme de la escuela por eso? ¿Qué iba a hacer si me expulsaban? Y todo porque era idiota y estaba estúpidamente encaprichada de Dumbledore y…

―Esto es todo lo que yo puedo hacer ahora, habrá que llevarlo a Hogsmeade ―afirmó incorporándose y sacándome de mis pensamientos, luego me miró. ―¡Hey! ¡Vamos! Pero no llores, que no pasa nada. ¡Si ha sido mi culpa! ―dijo abrazándome por los hombros y estrechándome contra si para reconfortarme, yo me tense un poco y me limpié los ojos. ―Ya está casi arreglado y sé cómo hacerlo, pero yo solo no puedo componerlo lo bastante rápido, así que vamos a llevarlo a Dervish y Banges y seguro que para la hora de la cena ya está todo solucionado. ¿Vale? ―me sonrió, yo me sentí un poco mejor.