—¿Quieres saber el sexo del bebé Shu? —preguntó Keitaro mientras movía el mango del ecógrafo por su abdomen con ayuda de un gel frío.
—¿Ya se puede saber?
—Claro. Ya a los dos meses y medio es posible determinar el sexo del bebé en el caso de los varones de tu familia.
Shuichi suspiró. Estando recostado, podía ver claramente las imágenes que proyectaba el ecógrafo aunque no entendiera ni la mitad de ellas.
—No... Aún no... Quiero que sea sorpresa —contestó con una sonrisa.
—Bien... bueno, aquí vemos la cabeza, tiene buen tamaño... brazos... piernas... esa cadena de perlas es su columna vertebral...
Shuichi sentía lágrimas acumularse en sus ojos de la emoción. Al ver la silueta de su bebé en esa vieja pantalla, sintió el mayor gozo que pensó podría sentir alguna vez en su vida. Sin poder evitarlo, las lágrimas surcaron su rostro.
En su asiento, Crawd observaba embelesado la escena. El ver un nuevo ser creciendo en el vientre del esclavo era algo totalmente asombroso. Habiendo nacido kaizoku, nunca había visto algo como eso. Shuichi parecía brillar de la emoción. Estaba impaciente por ver crecer ese pequeño ser.
Tohma ya estaba harto. Había terminado de leer todos los documentos que le habían traído los doctores y ninguna cuadraba a la perfección con los resultados de los análisis obtenidos.
«No... no puede ser eso... no ahora, después de todas las precauciones que he tomado...».
Sólo le quedaban dos opciones que podían explicar esa subida de hormonas: embarazo y algún tipo de estrés. Tenía que comprobarlo, pero había un problema. Todos los fluidos de Shindo habían sido completamente utilizados haciendo las comprobaciones de los resultados y no había quedado lo suficiente para una prueba de embarazo. Debería pedirle a Eiri una repetición.
—¡¿Qué?... Por supuesto que no Tohma... Ya le hiciste las pruebas, accedí a hacerlo porque tú me lo pediste, no entiendo para qué quieres repetirla, nunca las repiten —Eiri hablaba con voz hastiada a través de un comunicador de voz. No había accionado la comunicación visual pues no tenía ganas de ver a Tohma, ni que éste viera su humor—. No Tohma. Voy a salir de la ciudad por negocios y me lo voy a llevar. Salgo mañana... Yo ya cumplí Tohma —dijo el kaizoku antes de colgar la comunicación y que la voz del rubio terminara de escucharse.
¿Para qué querría repetir las pruebas? Las copias que le habían entregado con los resultados del esclavo decían que Shuichi gozaba de estupenda salud. Sólo un pequeño incremento de hormonas que podrían ser por estrés.
Algo debía querer Tohma. Lo bueno es que se alejaría de la ciudad y de Tohma por dos semanas y se llevaría a Shuichi con él.
—Bienvenido joven Tatsuha. Es un honor verle de nuevo por aquí. ¿En qué puedo servirle?
Tatsuha entró en una conocida tienda de implementos para esclavos, conocida por él y por los kaizokus caídos claro está.
—Hola Yargo. Vengo a ver que tienes de nuevo.
—Pase por aquí señor —dijo el kaizoku de baja categoría que atendía aquel local mientras salía de detrás del mostrador y le abría una puerta para que pasara a la parte trasera de la tienda donde estaba la mercancía—. Espero que le hayan gustado el par de argollas que le diseñé.
—Estuvieron perfectas —contestó el moreno al recordar las joyas que ahora reposaban en las tetillas del esclavo.
—Me acaba de llegar un nuevo cargamento de estimuladores que...
El vendedor empezó a hablar acerca de sus nuevos productos y las mil y un funciones que tenían. Tatsuha observó varios objetos, entre ellos dildos, esferas chinas y anillos. Conforme le iba indicando al vendedor, éste iba anotando para después llevarle el pedido a su mansión. Casi había terminado su visita hasta que sus ojos fueron llamados por una caja negra con incrustaciones en plata encima de un estante. Se acercó hasta ella y la abrió.
—¿Qué es esto?
El vendedor que ya se había alejado un poco regresó y posó su atención en el objeto.
—Oh joven Tatsuha, lo siento pero eso ya está apartado.
—¿Qué es? —preguntó con curiosidad mientras veía dos pequeñas esferas de color rojo con estrías en la superficie en un complicado diseño.
—Eso señor, son semillas de una rara planta carnívora llamada el lazo del diablo. Es una planta muy peculiar. Cuando llega a la madurez, se coloca en el abdomen del esclavo y ésta se abre, liberando unos tentáculos con ventosas que atrapan a su presa.
—¿Qué tiene eso de placentero?
El vendedor sonrió.
—Verá. A ésta planta le gusta el calor y la humedad. Se le llama carnívora, no porque coma carne, sino porque se alimenta de fluidos humanos: orina, sangre, sudor y fluidos genitales. Hará todo lo posible por obtenerlos una vez que tenga atrapada a su presa. Ya se imaginará lo que hace la planta. Debería considerársele un animal por su manera de actuar, pero debido a su color y a que proviene de una semilla se le considera una planta —A Tatsuha le brillaron los ojos de expectación—. Sin embargo, su tiempo de vida es muy corto. Después de salir de la semilla, muere a los quince minutos, pero es toda una experiencia que muy pocos esclavos ha podido repetir... —terminó con un tono de misterio en su voz.
El kaizoku observó aquellas dos semillas rojas como la sangre y una oración apareció en su mente:
«La quiero».
—¿Cuál es su precio?
—Lo siento señor, esas dos ya están apartadas, pero me llegará un nuevo cargamento en seis meses y...
—¿Cuál es su precio? —preguntó de manera cortante mientras cerraba la caja, asustando al otro kaizoku.
—Cien mil K's por semilla señor.
—Te pagaré el triple por ambas. Pago de inmediato.
El kaizoku se sorprendió por el ofrecimiento. Iban a ser seiscientos mil K's en pago inmediato. No tuvo ninguna duda en contestar.
—Trato hecho señor. Pero estas semillas aún no maduran.
—¿Cuánto tiempo necesitan?
El vendedor tomó la caja y observó atentamente las semillas para después contestar.
—Aproximadamente un mes. En un mes se volverán de un color blanco. Cuando eso suceda, estarán listas en seis horas y entonces germinarán.
—Bien. Mándame la factura y todo lo demás a mi mansión, te depositaré en electrónico cuando llegue y vendré por las semillas en un mes.
Shuichi podía ver el inmenso mar frente a sus ojos. No tenía ni la menor idea de donde estaban, pero la vista era preciosa. Apenas tenían dos días ahí y ya se sentía un poco cansado, a pesar de que sólo veía a su amo durante las noches. Esa era una cabaña propiedad del kaizoku y lo dejaba ahí para irse a trabajar, y al regresar sólo venía con ganas de tomarlo una y otra vez. El viento sopló y movió sus cabellos, meciéndolos sobre su cabeza. Caminó hasta que el agua de las olas acariciaba las puntas de sus pies y empezó a cavilar.
«Ya sé qué hacer... No quiero que Hiro y K-san sean culpados por mi escape, así que sólo me queda una cosa por hacer...».
Sintió como unas manos rodeaban su cintura y el fibroso cuerpo de su amo se acopló a su espalda a la perfección
—Hola Shuichi... —susurró al oído con una voz lujuriosa. Iba a besar sus labios pero Shuichi volteó la cabeza. Una de sus manos subió y se coló por debajo de la tela del top que cubría su pecho lampiño y acarició una de las tetillas.
—Aaahhh...
—¿Porqué te sigues resistiendo?
La otra mano viajó al sur hasta posarse encima de su miembro dormido.
—No...
—Acéptalo... No puedes resistirlo.
Rápidamente le dio vuelta dejando al esclavo frente a él y atrapó su cintura con una de sus manos. La otra tomó el rostro de Shuichi y lo encaró, observando esas amatistas desafiantes. La mano que estaba en su cintura bajó hasta su bañador, metiéndose bajo la tela y agarrando con fuerza uno de sus glúteos.
—Aahh...
Aprovechando la sorpresa, tomó con hambre los labios del esclavo bebiendo de ellos como si la vida le fuera en ello. No entendía nada. ¿Qué le estaba pasando con ese esclavo? ¿Por qué esa ansia de tenerlo con él? Desde que había probado sus labios por primera vez se había vuelto adicto a ellos. ¿Le pasaría lo mismo a algún otro kaizoku?... ¿Sentiría Crawd lo mismo?...
—¿Te has sentido bien Shuichi?
—Sí, pero me he sentido cansado... —decía Shuichi mientras se incorporaba de la mesa de exploraciones—. Más de lo normal.
—Es la anemia Shu... Debes comer más o podría ser malo para el bebé.
—Lo sé, pero ya estoy comiendo mucho, antes mi amo no se ha dado cuenta.
—Eso es extraño. No quisiera recetarte multi vitamínicos pues como es un bebé de un kaizoku, no sé cómo respondería al tratamiento...
—Entonces tendré que comer más...
—Sí Shuichi. Será lo mejor por ahora. En estos momentos el bebé está experimentando el desarrollo de sus órganos por lo que no hay problemas, pero si esto persiste, cuando el bebé comience a crecer, habría que idear algo para darte lo que necesitas.
Shuichi se bajó de la mesa de exploraciones acomodándose su ropa, dudando en si pedirle o no ayuda a Keitaro con lo que planeaba hacer, pero no tenía otra opción. Estaba a pocos días de cumplir tres meses y le sería imposible seguir ocultando su embarazo. Hiro y Crawd se levantaron y se despidieron de Keitaro, dirigiéndose al coche, momento que Shuichi aprovechó para hablar con su doctor.
—Keitaro...
—¿Sí?
—Hay algo que quisiera pedirte...
—Lo que sea Shuichi —contestó el doctor con una sonrisa.
—Quiero escapar de la mansión de mi amo.
Keitaro dejó lo que estaba recogiendo y se acercó a Shuichi con un deje de mortificación en su rostro.
—¿Estás seguro?
—Sí —confirmó bajando el rostro—. Ha llegado la hora, no puedo esperar más. Tengo mis razones, pero lo que quería pedirte es que me dejes permanecer aquí contigo hasta que termine mi embarazo.
Keitaro sonrió.
—Claro que sí Shu. Mi abuelo está de viaje recolectando plantas medicinales y fármacos y se tardará unos meses en regresar. Podrías ocupar su habitación.
—¡Gracias Keitaro! —gritó efusivamente, sin poder evitar abrazar fuertemente a su doctor—. Entonces quiero que me ayudes con algo...
Dos días después...
—Aaahhh... amo... —gimió Shuichi mientras su amo le practicaba un fantástico sexo oral.
Se sentía en la gloria pues el kaizoku era muy hábil con su lengua. En muy poco tiempo, su amo había pasado de ser un kaizoku en toda regla de los que no tocaban a los esclavos más que para limpiarse las manos, a ser el más bajo de los caídos —según Shuichi—, al practicarle sexo oral a su propio esclavo.
No entendía porqué su amo hacía eso, pues significaba rebajarse hasta lo más hondo de la sociedad pero no se quejaba pues el kaizoku se había convertido en todo un experto en pocas semanas.
Por su parte, Eiri degustaba la hombría de su esclavo con placer. Sabía que estaba mal, pero no podía evitarlo. Todo el cuerpo de su esclavo lo llamaba a probarlo por completo y prefería las zonas que lo hacían gemir más como su cuello o su miembro.
»Amo... onegai...
Shuichi sentía que un calor se aglomeraba en su bajo vientre, signo inequívoco de que estaba a punto de terminar. El kaizoku entendió lo que le estaba pasando. Con una de sus manos, apretó la base del miembro de Shuichi, causándole una incómoda sensación de insatisfacción. Con su otra mano, lo empezó a preparar y en poco tiempo, tres dedos se movían dentro de él con presteza. Se incorporó aún sin soltar el miembro de Shuichi y sin esperar, se adentró en aquella cálida cavidad.
»Aaahhhh...
Yuki atrapó los labios de su esclavo, acallando sus gemidos de placer. Se empezaron a mover, Eiri empujando la cadera de Shuichi con cada arremetida.
Shuichi jadeaba de placer. Esta sería la última vez. Dejaría que su amo hiciera todo lo que quisiera. Su corazón se comprimió con ese pensamiento. ¿Sería que estaba empezando a sentir algo más? No importaba. Lo más importante era su bebé, así que dejaría a su "padre" disfrutar de una última vez.
Shuichi pasó sus manos por la espalda de su amo y lo abrazó, besando sus labios con premura y deseo. Esta también sería una despedida para él mismo. Aunque lo negara, había nacido en él un sentimiento hacia su amo que no debía de existir.
Eiri sintió diferente ese beso. Hambriento, deseoso, como si quisiera quedar impregnado con su esencia. No sabía porqué, pero no quería que ese contacto terminara.
El rubio fue recorriendo con sus manos el cuerpo de Shuichi desde el pecho hasta el abdomen. Ahí notó algo extraño. En el vientre del menor había aparecido una curva, imperceptible para muchos, pero para él, que conocía el cuerpo de su esclavo a la perfección, era muy notorio. Siguió moviéndose sin dejar de observar ese pequeño abultamiento, deslizando su mano hasta el pene que parecía a punto de explotar. Con su otra mano, frotó uno de los pezones del esclavo quien gimió fuertemente. Ahora estaban más sensibles.
En pocos minutos, Shuichi liberó su simiente en su vientre, a la vez que sentía cómo sus entrañas eran llenadas por su amo. Con la respiración acelerada, vio como su amo se levantaba para salir de él y se acostaba a su lado. Había sido diferente a las ocasiones anteriores.
Shuichi había estado más entregado, más dócil que otras veces y Yuki lo notó. Estaba a punto de quedarse dormido del cansancio cuando escuchó la voz de su amo
—Has subido de peso Shuichi...
Las pupilas del esclavo se dilataron y su respiración se detuvo. ¿Había visto su abdomen? ¿Cómo lo había notado? ¿Tan metido estaba en su propio placer que no se había dado cuenta de cuando lo había tocado lo suficiente como para darse cuente de ese "pequeño" detalle?
Hacía tres días que había notado que su vientre había crecido unos cuantos centímetros, pero no pensó que amo lo notara, no tan pronto.
Volteó a ver a su amo, encontrándose con una absorbente mirada gatuna que parecía querer tragarlo.
—Yo... —La mano de su amo viajó hasta su vientre ligeramente abultado, asustando a Shuichi—. A... amo... —Shuichi lo miró con miedo en su rostro.
—Deberé decirle a Hiro que te ponga a dieta...
Shuichi suspiró aliviado.
—Tiene que ser esta misma noche Hiro —rogó a Shuichi a la mañana siguiente, cuando Hiro le ayudaba a arreglarse como todas las mañanas—. Me tocó... Me tocó Hiro...
—¿Te toco? —Hiro no entendía. Si tenía sexo con él casi todas las noches, porqué ahora salía con que lo había tocado—. No entiendo.
—Me tocó el vientre Hiro. Notó que ya creció. Me dijo... Me dijo que te iba a decir que me pusieras a dieta...
Ahora todo estaba claro.
—Está bien Shu, pero aún no me dices cómo lo vas a hacer.
—Ni te lo voy a decir Hiro. No quiero involucrarte y quiero que después de esto te vayas a la mansión Winchester con K-sama.
—¿A dónde irás? —preguntó el pelirrojo con preocupación.
—Estaré un tiempo con Keitaro, pero después del parto me iré. No me busques Hiro porque podrían seguirte y darían conmigo.
—Está bien. Averigüé donde está mi anillo como me lo pediste. Está en un cajón de su escritorio protegido por una combinación. ¿Cómo le harás para sacarlo?
—No te preocupes Hiro, tengo una idea —terminó con una mirada decidida.
Por más que le insistió a Shuichi, Hiro no pudo sacarle cuál era su plan y siempre obtenía la misma respuesta:
«No quiero que se involucren. Estaré bien».
Lo único que Shuichi le había dicho era que iba a actuar esa misma noche durante la cena, cosa que le extrañó al pelirrojo. No se imaginaba que Shuichi estuviera listo para escapar tan pronto. Durante varios minutos, Hiro abrazó al esclavo, dándole recomendaciones de que se cuidara. Que dejaría pasar un tiempo y después lo iría a visitar a casa de Keitaro.
—Cuídate mucho Shu.
—Lo haré y... Hiro...
—¿Sí?
—Si tienes la oportunidad de convencer a Ryuichi para que se escape...
—Lo intentaré Shu.
Esa noche, Eiri y Crawd llegaron a la mansión en el mismo vehículo pues ambos se habían pasado por NG. Iban en silencio hasta que Crawd decidió hablar. Sabía que Shindo estaba a punto de irse y su amigo sufriría aunque no lo admitiera. Bastaba con verle los ojos cuando veía a su esclavo.
—¿Cómo te has sentido últimamente Eiri?
—¿A qué te refieres? —le preguntó mientras caminaban hacia la entrada de la gran residencia.
—Sabes de qué estoy hablando Eiri. De tu esclavo Shindo.
—¿Qué con él? —cuestionó de manera cortante, renuente a dar alguna explicación
—¿No te has dado cuenta aún? Obsérvate. Algo estás sintiendo y...
—¡Yo no siento nada! ¡Es sólo un esclavo! ¡Un mísero objeto!
Crawd suspiró y bajó la cabeza. Siguió caminando, dándole la espalda al otro kaizoku que se había quedado parado y entró a la mansión, no sin antes dirigirle una mirada de tristeza por la crueldad de sus palabras.
—Vas a sufrir mucho con tu actitud Eiri. Uno no sabe lo que tienen hasta que lo pierde.
La hora de la cena llegó y los dos kaizokus estaban en el comedor principal. Crawd había insistido en que los esclavos comieran con ellos a lo que Eiri no se había negado. Qué mejor que tener a tu esclavo favorito a tu lado para meterle mano.
Los sirvientes llegaron con una grandiosa cena y uno de los mejores vinos de la cava Uesugi. La cena se estaba llevando a cabo en un silencio algo incómodo entre los kaizokus. Crawd trataba de evitar ver al dueño de la mansión y en cambio volteaba ver a su amado que le sonreía y le dirigía mirada de puro amor. Shuichi no podía evitar verlos. Los vio besarse, aprovechando que no había nadie más que ellos cuatro.
Eiri, a pesar de que parecía estar muy concentrado en su comida, no escapó de su vista como uno de sus pocos amigos besaba a su mayordomo. No era un beso cualquiera, eso podía notarlo. Cuando él besaba a Shuichi era con toques de ansia, deseo y lujuria, pero ese beso...
Ambos tenían los ojos cerrados y estaban totalmente entregados a ese beso que terminó segundos después. Hicieron un pequeño brindis con sus copas y bebieron del vino.
Entonces reflexionó sobre lo que le había dicho Crawd un par de horas antes. ¿Podría estar él sintiendo algo por su esclavo? ¿Qué podía sentir? Él era uno de los kaizoku de más alto rango, el favorito del rey kaizoku. Sentir esa obsesión por un esclavo era inverosímil. Volteó a ver a su esclavo quien tenía la mirada perdida en la pareja sonriente. En sus ojos era visible un atisbo de añoranza por algo faltante. Trató de quitar esos pensamientos de su mente y le dio el primer trago a su copa de vino.
A los pocos minutos se empezó a sentir extraño. Su cuerpo se volvió pesado y su mirada de empañó. Volteó a ver a Crawd y éste se había vuelto serio, al igual que su mayordomo. Giró su rostro hacia su esclavo y éste tenía una sonrisa triste en su cara.
Shuichi se puso de pie. Iba a decirle que se sentara pero ningún sonido salió de su garganta.
—Amo... Póngase de pie —Iba a gritarle por tener la insolencia de "ordenarle" que se levantara pero se asustó —aunque su rostro no lo expresara—, cuando su cuerpo se fue incorporando hasta estar totalmente de pie—. Parece que funcionó...
Shuichi volteó a ver a su mejor amigo que tenía la mirada perdida, pero estaba seguro de que podía escucharlo.
»Hiro... lamento esto pero era lo mejor... Así no podrán seguirme, ni ser culpados... Quédense aquí hasta que pase el efecto —Entonces volteó a ver a su amo—. Amo... Vamos a su despacho.
Eiri comenzó a caminar, siendo seguido por Shuichi. A los ojos de los demás sirvientes, era una situación plenamente normal, sin pensar que algo extraño estuviera sucediendo.
Llegaron al despacho y Eiri abrió la puerta, adentrándose en la habitación hasta que entró Shuichi y cerró la puerta.
»Amo... Por favor. Deme el anillo de kumiko de Hiro.
Sin poder evitarlo, su cuerpo se dirigió hacia su escritorio y tecleando una combinación en un panel, uno de los cajones se abrió, mostrando el dichoso anillo. Lo tomó y se acercó nuevamente a su esclavo, mostrándole el dispositivo.
Shuichi lo agarró y empezó a hablar.
»Amo... Lamento hacer esto pero yo no puedo más con esto. No puedo seguir aquí —Empezó, uniendo sus manos sobre su pecho y bajando la mirada—. Yo quiero lo que Hiro y K-sama... Quiero ser libre... Amar y ser amado... Y eso no puedo obtenerlo aquí...
—N... No... —masculló Yuki con esfuerzo.
—No se esfuerce amo... Utilicé Masoko en las copas... El efecto desaparecerá en una hora... —A pesar de que el kaizoku no podía hablar o moverse, su mente revolucionaba a mil por hora. ¿Cómo había pasado esto? ¿Shuichi se estaba despidiendo? ¿Lo iba a abandonar?—. Yo quiero a alguien especial para compartir mi vida... Iba a irme junto a Ryuichi, pero sucedió algo increíble... —Shuichi se acercó más a su amo hasta quedar a treinta centímetros de distancia de su rostro—. Se enamoró de su amo... De ese... monstruo que tiene por amo... No entiendo cómo pudo suceder, pero sé que no es imposible. Sólo basta ver a Hiro y a K-sama. Me da tristeza la condición de Ryuichi. A las pocas exposiciones que fuimos era obvio que estaba muy maquillado para ocultar las atrocidades a las que lo sometía su amo.
»He de decir que usted no me es indiferente... Después de meses de estar en su cama, era imposible que no pasara... Si las circunstancias hubieran sido diferentes... Quizás me quedaría... Pero debo irme... Sólo soy un simple esclavo... Podrá conseguirse otro fácilmente... Sólo quiero pedirle algo... No lo tome contra Hiro y K-sama... Ellos no sabían nada de esto. Deje que Hiro se vaya a la mansión Winchester... Y por favor... No le haga nada a Ryuichi... No lo regrese al almacén... Se lo ruego...
Shuichi se volteó listo para irse, pero antes, regresó hacia donde estaba su amo para darle un último beso. Pasó sus brazos por el cuello del kaizoku y lo besó hasta que el oxígeno le faltó. Dando un último suspiro se dirigió de nuevo a la salida.
»Adiós... amo...
