Los Taillow cantaban una hermosa melodía aquella mañana. La luz del sol acariciaba todo lo que alcanzaba a iluminar, y el fresco viento mecía con cuidado las hojas de los árboles. Todas las mañanas eran así en aquella isla.
Eileen despertó, bostezando sin mucho ruido. Estaba recostada de lado, y lo primero que vio al abrir los ojos fue a Brandon aún dormido. Sonrió para sí misma, agradecida por despertar de forma tan agradable aquella mañana. Comenzó a acercar su mano al rostro del Rey, cuando sintió una presencia sobre ella.
-Mamá… tengo hambre…
Como si hubiera escuchado a un monstruo, gritó, asustada. Su grito fue tan fuerte que despertó y alertó a Brandon, mientras su Latios, en su forma original, se tapaba las orejas fuertemente, retrocediendo.
-Cálmate –le pidió Brandon, sentándose en la cama; Eileen también estaba sentada, y tenía sus manos sobre el pecho, agitada aún –Dan no quería asustarte de esa forma
-Lo sé… -respondió, y exhaló, tranquilizándose –Pero aún así, me tomó por sorpresa
-Perdón –el pokémon bajó la cabeza, cerrando los ojos –Tengo hambre desde antes que amaneciera, pero no sé cocinar ni sé dónde está la comida
-No te preocupes por eso –le respondió, aún con el corazón a mil; su Latios abrió sus ojos -¿Qué cosa les gustaría desayunar?
-Lo que sea que cocines estará bien –le respondió el Frontier Brain; acercándose a Eileen, la besó en la frente. Al mismo tiempo que Eileen se sonrojaba, su Latios también
Después de una refrescante ducha matutina, Eileen se dirigió a la cocina. Recogiendo su cabello en una coleta, buscó en la alacena un tazón, mientras Dan curioseaba el refrigerador.
-¿Por qué papá come tanta soja? –preguntó ingenuamente -¿Acaso es tan deliciosa?
-No, Dan –la chica rió, considerando tierno que Dan llamara a Brandon "papá" –Al igual que pasa con mi papá, éste sustituto de carne roja no le hace daño
-¿Carne roja? –preguntó otra vez, con voz ingenua -¿Qué es eso?, ¿Cómo la consiguen?
-¿Podrías pasarme la mantequilla? –pidió, cambiándole el tema
Pasados unos minutos, Eileen había terminado de preparar el desayuno. Dan miró con ilusión los panqueques que había. Las ganas de revolotear alrededor no le faltaron, pero no tenía el espacio suficiente como para hacerlo. Miró el tarro de mermelada de Bayas Pecha, curioso. Su atención se desvió a Brandon cuando lo escuchó llegar. Secándose el cabello con la toalla, sonrió al ver su desayuno sobre la mesa.
-Tengo que irme –dijo Eileen, deshaciendo la coleta, dejando caer su largo cabello –Sé que el Sierpe es muy largo, y no quiero tardarme mucho
-¿No vas a quedarte con nosotros? –preguntó Dan, mirándola; ella movió su cabeza, comunicándole que no -¿Y los otros no van a comer?
-Cenaron tanto ayer que no creo que tengan hambre hasta la tarde –le comentó Brandon
-¿Dejaste las pokébolas en la mesa auxiliar de la sala?
-Sí –le respondió, siguiéndola
La joven se colocó su cinturón de pokébolas sobre el short de mezclilla. Rigurosamente, revisó si su blusa blanca sin tirantes no tenía ninguna mancha y, al estar satisfecha con la limpieza de su ropa, se acercó a la mesa auxiliar que estaba frente al sofá que tantas noches acompañó a Brandon en sus sueños, y miró las pokébolas. Había siete: tres de Brandon y cuatro de ella. Entre ellas, destacaba la Luxury Ball de Dan, que separaba a las otras.
-Entonces éstos deben ser Hammer, Toto y Farren… -tomó las pokébolas una a una, asegurándolas en su cinturón
-Mucha suerte –la voz de Brandon le hizo voltear –Lucy es muy fuerte. Su Seviper te dará muchos problemas si envenena a tus pokémon, además, es casi imposible salir del Sierpe con tu equipo intacto
-Tengo algo planeado para eso –respondió contenta –Hammer es mi "arma secreta"
Acortando la distancia entre los dos, Eileen se paró de puntitas y besó la mejilla de Brandon. Sonriendo, le dio un abrazo que duró unos cuantos minutos. Dan se acercó en silencio, mirándolos sin hacer movimientos bruscos.
-Bueno… me voy… -soltándole, parecía no querer irse aún
-Si no tengo contratiempos, iré a ver tu batalla
Eileen asintió. Quería decirle que no era necesario que estuviera ahí, y al mismo tiempo, quería decirle que no la hiciera esperar.
La larga caminata le hizo detenerse frente al edificio en forma de Seviper. Admiró el detalle con que había sido construido, y quedó boquiabierta con lo brillante que se veía. Era la primera vez que miraba con tanto detenimiento el edificio, pese a que estuvo ahí antes.
-Impresionante, ¿no? –la voz que le hizo voltear era de Scott
-Sí, bastante
-Lucy tuvo la genial idea de éste Seviper gigante. Es un gran distintivo de su instalación de batalla
-Y parece ser que hemos estado coincidiendo mucho –señaló; Scott asintió
-Seguro, pero es lo mismo. Debo mantener mis ojos sobre ti después de la demostración de tu Latios. Y no es por dar menos mérito a tu Tyranitar y Salamence
-Hoy utilizaré otros pokémon –puso su mano sobre las pokébolas en su cinturón –Puede tener por seguro que hoy también ganaré
-Te creo, te creo –aseguró –Bien, Eileen, mucha suerte
-Gracias, Scott –miró al hombre darse la vuelta para marcharse; sorprendida, le detuvo -¿No viene a ver a Lucy?
-No, sólo estoy dando un paseo. Y como te vi, quise saludarte –trazó un adiós con su mano –Nos vemos
Eileen volvió a fijar su mirada en el edificio. Sonrió para sí misma, y se decidió a entrar. Sintió excepcional emoción al caminar y ver desde otro ángulo los colmillos del Seviper gigante. Y su asombro no paró al mirar, otra vez, la gótica aura de la recepción.
-Buenos días, señorita ¿viene a tomar el reto de la Elección de Batalla? –la recepcionista, vestida de ama de llaves, sonaba muy amable, pese a estar seria
-Buenos días –saludó ella –Sí, voy a participar. He seleccionado a mis tres pokémon, son los mismos que traigo en mi cinturón
-Si ese es el caso, por favor, pase
Como guardia de la entrada, la mujer se hizo a un lado, permitiéndole el acceso. Frente a ella había un inmenso telón rojo; hizo a un lado la tela roja, y pudo ver otro salón detrás de la tela. Pasó a la siguiente habitación, mirando, maravillada, el lugar.
-Sí que cambia mucho la percepción del Sierpe durante el día…
El paso de las horas era lento y rápido al mismo tiempo en el Sierpe. Eileen se había entretenido y frustrado en la instalación de batalla, como cualquier otro entrenador. Por su parte, Brandon se encontraba a mitad de una batalla pokémon. El Marowak rival demostró tener movimientos muy fuertes, y por salvaguardar a Regirock y Registeel, estaba listo para comandar a Regice. Sacó la pokébola de su pequeña mochila negra, y la lanzó.
-¡Vamos Regice, Rayo de Hielo!
Frente a él, en vez de Regice se encontró con Toto. El pokémon gato se relamió al estar afuera, y al notar que estaba en un lugar desconocido, miró a todas partes.
-Toto… -espetó el Frontier Brain; Persian volteó al escuchar su nombre –Entonces, Eileen…
-¡Oye! –gritó el entrenador -¿Continuamos o qué?
-Toto, confiaré en ti –el Persian asintió, entendiendo la posición en la que estaba -¡Usa Mordisco!
El pokémon le miró confundido. Brandon entendió que Toto no tenía entre su arsenal ese ataque. Decidido, lo intentó una vez más.
-¡Golpes Furia! –Toto soltó un gruñido leve; tampoco conocía o recordaba ese ataque –Mofa, Finta, Chirrido, Día de Pago…
El elegante pokémon gato maulló a todos esos ataques. El entrenador rival no pudo evitar soltar una sonora carcajada.
-¿En serio eres un Frontier Brain? –preguntó entre risas –Si los otros son tan ridículos como tú, esto debe ser pan comido
Brandon gruñó, molesto. Toto hizo lo mismo, y miró desafiantemente al Marowak, quien permanecía quieto. Maullando de forma amenazante, las garras de las patas delanteras de Toto se extendieron y sus pelos se erizaron. Estaba activando su habilidad: Experto.
-Hay que intentarlo una vez más… -se resolvió, y miró al elegante pokémon frente a él -¡Utiliza Sorpresa!
Al fin escuchó un movimiento que conocía. Toto se impulsó con sus patas traseras, y se lanzó contra Marowak. Sus patas delanteras empujaron al pokémon de Tierra, y al ser todo tan rápido y repentino, Marowak soltó su hueso, el cual rebotó lejos. Toto atrapó al pokémon rival debajo de sus patas, y maulló con más fuerza, mostrando los colmillos. El Frontier Brain sonrió, satisfecho, pero no bajó la guardia.
-Ahora mismo te mostraré mi habilidad… -el otro entrenador pareció asustarse por segundos -¡Garra Sombra!
Toto paró las orejas: también conocía ese ataque. Sus garras se llenaron de una humeante aura negra, y parecían haber aumentado de tamaño. Todo apuntaba que el Marowak estaba en problemas.
-¡Usa Cabezazo! –gritó el entrenador de Marowak
El pokémon de tierra propinó un fuerte cabezazo al hocico de Toto, haciendo que se quitara de encima de él. Adolorido y aturdido, Toto gruñó con más fiereza. El aura negra de sus patas creció y se lanzó sin más hacia Marowak.
Eileen también tenía dificultades en su batalla. El Misdreavus de su oponente, seleccionado por una de las sirvientas del Sierpe, había paralizado y envenenado a sus otros dos pokémon. Gruñó, regresando a su pokébola al pokémon paralizado y destrabó la pokébola que pensaba que era de Toto.
-Sólo nos falta éste –dijo a la pokébola que tenía en la mano –Sé que puedes vencerlo
Apuntó la pokébola hacia enfrente. Estaba confiada en que Toto vencería. Sin embargo, su sonrisa se borró al ver a Regice frente a ella.
-Entonces, Toto está… -horrorizada al imaginarse a su querido Persian herido, se llevó las manos a la boca –No, si Toto está con Brandon debe estar bien… espero…
Regice emitió un sonido, como si quisiera calmarla. Eileen recobró la compostura y se mostró confiada una vez más.
-Regice, ésta vez trabajaremos juntos –el pokémon de hielo volvió a emitir sonidos, estando de acuerdo con ella -¡Rayo de Hielo!
Enfrente de Regice se formó una esfera azulada que emitía un viento frío. El Pokémon Iceberg emitió un ruido, casi robótico, y de la esfera se lanzó un rayo azul que chocó contra Misdreavus. De un solo golpe, el pokémon fantasma cayó rendido. Eileen dio un salto de alegría, mientras Regice se giraba para verla. Al pokémon le pareció inusual ver a un entrenador festejar de esa forma.
Con el apoyo de Regice, a Eileen se le facilitó más el recorrido. Cada que ganaban una batalla, por más corta que fuera, la entrenadora lo festejaba. A Regice se le hacía sumamente curioso, después de todo, Brandon no solía hacer tal cosa.
La joven entrenadora pasó a la siguiente habitación, cuando una de las empleadas se acercó a ella aterrorizada. A Eileen le pareció raro, e incluso se incomodó profundamente al ver la expresión de terror de la señorita.
-Lamento decir esto… -comenzó la empleada; Eileen se tensó por la seriedad de la voz de la mujer –Un terrible evento… sí, uno horrible, está a punto de sucederte… Te pido que tengas mucho cuidado y te prepares para lo peor…
La mujer volvió a su puesto, sin decirle más. La chica se perturbó a tal punto que no sabía qué hacer. Se acercó de nuevo a la mujer, algo temerosa.
-Disculpa, ¿a qué te refieres con "un terrible evento"?
La mujer tenía la mirada fija hacia enfrente, y pareció ignorar a Eileen, lo cual le asustó más.
-Por todas partes siento una terrible presencia –le dijo sin más; la entrenadora volteó a todas partes, como si buscara lo que causaba el temor de la mujer
-Uh… sí… bueno… -sin saber qué decir, entró por la entrada de en medio
Al verla desaparecer, la mujer se estremeció.
Eileen miró la enorme habitación. Había un campo de batalla, el mismo que Noland había medio destruido con anterioridad en su batalla contra Metagross. Detrás de ella entró otra mujer vestida de ama de llaves con un Blissey.
-Tienes mucha suerte el día de hoy –mencionó la mujer, haciendo que Eileen volteara –Blissey curará a dos de tus pokémon
-¡Genial! –gritó, destrabando dos pokébolas y entregándoselas a Blissey –Ellos fueron los que más se lastimaron
Blissey tomó las dos pokébolas. De ella, un aura blanca se desprendió, y las pokébolas brillaron. En cuestión de segundos, los dos pokémon estaban completamente curados. Blissey le devolvió las pokébolas a Eileen; la entrenadora le agradeció con una reverencia.
-Iremos a buscar a la señora Lucy –comunicó la mujer; Blissey y ella cruzaron el campo de batalla, haciendo a un lado el rojo telón y entrando a otra habitación
La entrenadora se quedó de pie esperando, y con cada momento que pasaba, se emocionaba más y más. Sintiendo esa emoción, sus pokébolas comenzaron a temblar, incluso la de Regice, quien ya se había acoplado a ellos.
Después de un momento, la tela roja se hizo a un lado, un sonido de tacones comenzó a escucharse y Lucy hizo su aparición. La esbelta mujer miró a la joven entrenadora, y en vez de mirarla con el mismo desdén con el que asustaba a otros entrenadores, le ofreció una mirada de hermana mayor orgullosa. Eileen le sonrió con confianza, poniendo su mano sobre las temblorosas pokébolas.
-Te ves muy decidida –comentó Lucy, tomando su lugar de batalla
-Estuve practicando todo el día de ayer en la sala de batallas múltiples, así que tengo mucha confianza en éste equipo
-Eso lo veremos ahora –su sonrisa era alegre; a sus espaldas se escuchó un siseo constante -¡Lucha con todo lo que tengas!
Lanzándose al campo de batalla, Seviper hizo su aparición. El pokémon venenoso azotó su cola larga contra el suelo, y mostró sus colmillos que chorrearon un líquido morado. Eileen tomó la primera pokébola. Apuntó hacia el campo de batalla liberando a Hammer, su Zangoose. Los pelos de éste pokémon se erizaron al ver a Seviper; el pokémon serpiente fijó su vista en el pokémon de tipo normal.
-¡Seviper, Colmillo Venenoso!
-¡Evádelo y usa Danza de Espadas!
Hammer saltó cuando Seviper estuvo cerca de él, incluso impulsó su salto pisando sobre la cabeza del pokémon venenoso. Durante su improvisado vuelo, sus garras delanteras brillaron. Dio unos cuántos giros en el aire antes de caer de pie justo enfrente de Lucy; la bella mujer miró impresionada al peludo pokémon.
-¡Garra Brutal!
Dándose la vuelta con velocidad, Hammer corrió hacia Seviper, balanceando sus garras, como si quisiera cortar el aire. Un solo golpe con sus afiladas garras fue suficiente para mandar a volar al pokémon de Lucy. El pokémon serpiente se estrelló con una pared. Levantándose, tomando compostura, la mirada de Seviper se clavó en Hammer, y siseó, agitando su cola.
-Tu Zangoose es impresionante –dijo Lucy, elogiándola -¿Cómo conseguiste uno si no son nativos de Kanto?
-La guardería de mamá –respondió con orgullo –Algunos entrenadores dejan en la guardería huevos pokémon, los cuales, al salir del cascarón, son puestos en adopción. Hammer es uno de ellos
-Con razón te hace tanto caso sin rechistar. Pero Seviper lo supera por mucho –sonrió, confianzuda en sus habilidades -¡Cola de Hierro!
La enorme serpiente pokémon se apresuró hacia el Zangoose. Blandió la cuchilla que tenía por cola. Justo cuando iba a golpear a Hammer, éste saltó. Parecía que le había evadido, pero un segundo coletazo, pesado, le hizo azotarse contra el suelo.
-¡Hammer! –gritó Eileen; su pokémon se levantó de un salto, poniéndose en cuatro patas -¡Muéstrale nuestros lazos! ¡Usa Retribución!
Corrió hacia Seviper, con una enorme rapidez producto de Ataque Rápido para incrementar su velocidad. Palmoteó entre sus garras a Seviper, lo sostuvo con fuerza y lo lanzó hacia arriba. Mientras veía a Seviper caer, Lucy pensó en su siguiente ataque.
-¡Constricción!
Avivado, Seviper cayó sobre Hammer. Enredó su largo cuerpo alrededor del peludo pokémon, y lo apretó con mucha fuerza. Si fuera un humano débil, le hubiera roto los huesos.
-¡Seviper, Triturar!
Abrió el hocico, y mordió fuertemente a Hammer. Zangoose chilló de dolor y se retorció, intentando liberarse del agarre del cuerpo y mandíbulas de Seviper. Sus garras brillaron con una luz blanca, y abofeteó a Seviper. El pokémon venenoso le soltó al momento.
-¡Cuchillada, Hammer!
Con sus brillantes garras, corrió hacia Seviper, asestando un fuerte golpe que arrancó un poco de la piel muerta de la serpiente. Hammer volvió a su lugar, frente a Eileen.
-No servirá de mucho contra su Zangoose… -mencionó Lucy para sí misma sobre su siguiente ataque –Pero es uno de los mejores ataques de Seviper… -decidida, miró a su pokémon -¡Seviper, Colmillo Venenoso!
Segregando un líquido morado de sus colmillos, Seviper se lanzó hacia Hammer. El líquido se regó sobre el pelo del pokémon de tipo normal. Al instante, Seviper lo soltó. Hammer cayó de rodillas al suelo, con respiración agitada. Para sorpresa de Lucy, su Seviper había envenenado a un Zangoose.
-Pero… ¿cómo? –cuestionó la Reina del Sierpe
-Esa es la habilidad de Hammer, ímpetu Tóxico
-¿Por qué querrías que se envenenara? –preguntó Lucy, sin entender
Con dificultad, Hammer se paró en dos patas. Volteó hacia Eileen, jadeando con fuerza.
-Confía en mí, sé exactamente lo que hago –aseguró Eileen; Hammer asintió
-¡Seviper, ataca con Cola Veneno!
-¡Hammer, Imagen!
El cuerpo de Hammer se rodeó de un aura morada, aludiendo a su condición de envenenado. Seviper, por su cuenta, liberó más de ese líquido morado, ésta vez escurría de la punta de su cola. A punto de ser golpeado, Hammer atrapó la cola del otro pokémon. Apresó a Seviper entre sus garras. Giró sobre sí mismo, levantando a Seviper. Al soltarlo, el pokémon venenoso literalmente voló. Impulsado por sus patas traseras, Hammer dio un enorme salto. Dio un fuerte tortazo al cuerpo de Seviper, mandándolo al suelo. Seviper levantó parte de su cuerpo y siseó, pero, mientras caía, Hammer le pateó la cabeza.
El pokémon de Lucy rebotó su cabeza contra el suelo y no volvió a levantarse. Hammer cayó sobre su rodilla izquierda: el veneno estaba haciendo su efecto, y ya estaba débil por golpes anteriores. Después de un débil gruñido, Hammer se desplomó también.
Lucy retiró primero a su maltrecho Seviper, cerrando los ojos levemente. Eileen apuntó la pokébola de Hammer hacia éste, haciéndolo volver. Al tenerlo resguardado, sonrió a la pokébola.
-Hiciste un excelente trabajo, Hammer –le dijo; la pokébola hizo un movimiento débil; Eileen colocó la pokébola sobre el cinturón, y dejó su mano sobre éste, esperando al próximo pokémon de Lucy
Lucy miró con detenimiento a Eileen: la veía bastante divertida, con un trazo de cansancio. Sabía bien que la Elección de Batalla del Sierpe era un largo y sinuoso camino, y no se esperaba que la entrenadora de Kanto llegara hasta ella con tal prontitud. Tenía que ponerse seria: estaban a mitad de una batalla.
-¡Milotic! –gritó; su pokémon apareció detrás del telón por el que Lucy y Seviper habían salido; el pokémon tenía una presencia apabullante
-Tengo al pokémon perfecto para esto –su mano tembló cuando tocó la pokébola; retomó firmeza y la tomó; apuntó hacia enfrente -¡Farren!
De la pokébola, un Jolteon se liberó. Comparado con Milotic, era pequeñísimo. Jolteon hizo una expresión de desconcierto, ladeando su cabecita, mirando con detenimiento a Milotic. Pareció reír por lo bajo.
-¡Farren, Rayo!
Los pelos del pokémon eléctrico soltaron chispas refulgentes. Farren chilló, al mismo tiempo que de su cuerpo liberó una onda eléctrica dirigida a Milotic. Lucy sonrió, y dirigió a su pokémon.
-¡Manto espejo!
El Milotic ondeó su cola, y chilló. Su contorno se delineó con un color azulado. Cuando el ataque de Farren lo alcanzó, la electricidad hizo que Milotic se retorciera de dolor. Al terminar el estruendo del ataque, Milotic apretó sus ojos, y lanzó otro chillido. De su cuerpo se desprendió una onda de energía blanca: el ataque de Farren regresó hacia él. El pokémon eléctrico abrió un poco el hocico, sorprendido. Eileen no tuvo tiempo de ordenarle que esquivara, y el pequeño pokémon estaba muy ocupado viendo su ataque volver. La onda de energía se devolvió hacia él con gran fuerza, haciéndolo volar por los aires. El cuerpo de Farren rebotó y con gran dificultad y rechinando dientes y colmillos, el Jolteon se levantó.
-¡Farren! –los amarillos pelos del pokémon se erizaron -¡Utiliza Rayo otra vez!
Milotic parecía cansado: el anterior Rayo había sido demasiado. Jadeó, pero Lucy permaneció silenciosa, esperando el momento indicado. Al ver que Lucy no oponía resistencia alguno, Eileen sonrió con suficiencia.
-¡Doble Equipo! –indicó Lucy; su pokémon asintió
Haciendo un esfuerzo sobrehumano, Milotic hizo lo que Lucy le pidió. Chilló, al mismo tiempo que aparecían varias copias del pokémon de agua, todas haciendo un círculo alrededor del campo de batalla. El Rayo pasó de largo, chocando enfrente de Lucy.
-Ahora usa Recuperación –ordenó, con voz suave
El cuerpo de todas las copias de su pokémon se iluminó, con unos brillos verdosos que ascendían mientras el pokémon se curaba. Al finalizar, los dobles de Milotic parecían recuperar energía y ánimo, al igual que el original.
-Qué molesto… -dijo la chica; se quedó pensando por segundos su siguiente movimiento -¡Onda Voltio!
Con otro chillido furioso, el Jolteon corrió y se posicionó en medio del campo de batalla. Unas chispas amarillas brotaron del cuerpo de Farren, para convertirse en una onda amarilla que golpeó a todos los Milotic. Sólo uno de ellos aulló de dolor. Parando la oreja, Farren localizó al Milotic verdadero.
-¡Bien hecho, Farren! –había notado el movimiento de orejas de su pokémon -¡Rayo!
Mientras sus pelos soltaban chispas, Farren comenzó a darse vuelta lentamente. Sus pequeñas patitas moviéndose parecían como si marchara. Se detuvo, mirando a su entrenadora. Pareció sonreí, y de un salto, volteó a su derecha, liberando su ataque eléctrico. El poder del Rayo recorrió el cuerpo de Milotic una vez más, tan ferozmente que el cuerpo del pokémon de agua comenzó a emitir humo. Milotic se desplomó sobre el suelo, derrotado, y el ataque eléctrico se detuvo.
Frente a ella, uno de los pokémon más fuertes de Lucy había sucumbido. Jolteon jadeó, un poco cansado, pero satisfecho al haber derrotado a un pokémon tan grande. Eileen suspiró aliviada. Sólo le faltaba vencer a un pokémon más para conseguir su Símbolo de la Suerte. Mientras Lucy devolvía a su pokémon, Eileen hizo lo mismo, dándole un merecido descanso a su pokémon.
-Lo has hecho bien, pero aún tengo un pokémon más. Debo decir que éste pokémon le causó muchos problemas a tu hermano
-En todo caso no puedo esperar a verlo
Mientras Lucy sonreía, un objeto redondo fue arrojado al campo de batalla. Eileen lo observó con detenimiento, no era tan circular como pensaba. Era rojo, con algunos puntos blancos. Comenzó a moverse de lado a lado, hasta que vio emerger, con dificultad, una cabecita amarilla, seguida por las otras extremidades. Eileen frunció el ceño, no muy convencida.
-Un… un… -tartamudeó –Shuckle…
-No lo subestimes; Shuckle es todo un guerrero
Eileen puso su mano sobre la pokébola de Regice, sin embargo, tembló. El panorama parecía desvanecerse poco a poco y sentía que en cualquier momento perdería el equilibrio. Cerró con fuerza los ojos, puso su mano sobre la pokébola de Regice e inhaló. Se calmó. El mareo desapareció tan repentinamente como llegó. Destrabó la pokébola de Regice, y contrario a como siempre hace, lanzó la pokébola al campo de batalla. Al ver a Regice aparecer entre los rayos de luz, Lucy se sorprendió.
-Así que Brandon te confía mucho a uno de sus preciados pokémon… -comentó; con una débil sonrisa en el rostro –Parece ser que su relación ha avanzado mucho
-En realidad… -parecía tímida, pero no quiso decirle que todo había sido un error –Regice y yo…
-Traerlo aquí si no sabes usarlo es arriesgado. Una verdadera cuestión de suerte. ¿Te parece si empezamos ya? –Eileen asintió –Shuckle ¡Tóxico!
El Shuckle de Lucy parecía tener una expresión inofensiva, la cual cambió a una ruda y tétrica al escuchar la orden. Se impulsó, guardándose dentro de su caparazón mientras volaba hacia Regice. Un líquido morado chorreó de los huecos en su caparazón. Salpicó a Regice, y pronto, esa pequeña mancha morada aumentó de tamaño. Shuckle continuó hasta toparse con la pared. Volvió a impulsarse justo al tocarla, y volvió al mismo lugar del cual había salido. Regice no mostró flaqueza pese a estar envenenado, y sólo Brandon podría saber si su pokémon estaba sufriendo. La entrenadora gruñó por lo bajo, apretando el puño.
-¡Regice, Rayo de Hielo!
La esfera azulada del rayo de hielo apareció frente a Regice. Prontamente, disparó su frío rayo.
-¡Protección! –ordenó Lucy
Un campo de energía verdoso protegió a Shuckle. El hielo simplemente no le hizo ningún rasguño a la protección del pokémon contrario. La mancha morada sobre Regice se extendió un poco más allá del pecho, alcanzando sus puntos amarillos. El manchón se oscureció un poco.
-Por lo que veo no me dejará atacar… si Regice sigue así, se debilitará… -se dijo a sí misma; miró al Shuckle de Lucy, que seguía sin un rasguño -¡Regice, Onda Trueno!
El cuerpo de Regice se rodeó de electricidad; la capa amarillenta soltó un rayo zigzagueante hacia Shuckle. Justo antes de tocar, Lucy dictó su ataque.
-¡Doble Equipo!
Shuckle se encerró en su caparazón, el cual se balanceó. Pronto, había montones de copias de Shuckle alrededor de Regice. Su Onda Trueno cayó sobre el campo de batalla, apagándose. El veneno se extendió un poco más, la mancha morada se hizo más oscura, contrastando, muy visiblemente, con el azul claro del cuerpo del pokémon de hielo.
-¡Shuckle, usa Desenrollar!
El pokémon de Lucy y sus copias se lanzaron hacia Regice, guardándose en su caparazón al salir disparado. Al impactar contra Regice, le hizo retroceder unos centímetros. Shuckle y sus copias volvieron a sus lugares. Regice resentía el veneno, pero pareció no quejarse cuando la mancha se puso más negra y grande. Shuckle no tenía ni un rasguño, y lo que más molestó a Eileen fue el que Lucy haya osado usar Doble Equipo otra vez. Como si fuera una bendición, recordó ciertos movimientos que presenció en su batalla contra Brandon. Sonrió, aliviada y retomando su ánimo usual, dirigió a Regice.
-Lucy, tu suerte acaba de terminarse –en su emoción, Eileen dio un puñetazo al aire -¡Regice, Fijar Blanco!
Entre la mancha negruzca, los puntos amarillos de Regice se volvieron de color rojo. Varios aros rojizos fueron disparados, uno detrás del otro, con rápida sucesión, colocándose en las frentes de las copias de Shuckle. Lucy puso los ojos como platos al entender qué era lo que Eileen quería intentar. Shuckle volvió a lanzarse contra Regice, como efecto de Desenrollar.
-¡Shuckle, debes detenerte! –gritó la Frontier Brain, pero Shuckle siguió
El golpe del pokémon de Lucy hizo retroceder nuevamente a Regice. Los puntos amarillos del pokémon legendario brillaron, demostrando que estaba cansándose.
-¡Regice! –gritó Eileen -¡Electrocañón!
Regice alzó sus brazos, frente a los cuales se formó una bola amarilla con un centro rojo. Separando los brazos, la esfera amarilla flotó frente a él. Se detuvo poco después, estallando al chocar contra el Shuckle real. Unas ondas de electricidad rodearon a Shuckle, paralizándolo. Sus copias desaparecieron al momento.
-¡Bien hecho, Regice! –vitoreó; el pokémon emitió un sonido apagado
Tambaleándose, parecía que Regice iba a caer debilitado pronto. Al notarlo, Eileen apuntó la pokébola de Regice, devolviéndolo justo a tiempo. Apretó un poco la pokébola, y sintió cómo se agitó con suavidad.
-Muchas gracias, Regice –le sonrió, y volvió a colocarla en su cinturón; su mano pronto tomó la pokébola de Farren y, apuntándola hacia el campo de batalla, liberó a su pokémon
Jadeando de cansancio por la batalla contra Milotic, su Jolteon pareció recuperar un poco de su energía, y actuó con altivez frente al paralizado Shuckle. Ahora Lucy estaba en aprietos.
-Farren, sé que puedes lograrlo… ¡termina ésta batalla con Rayo!
Asintiendo en confabulación con su entrenadora, Jolteon miró desafiante a Shuckle. El pokémon de Lucy parecía tener mucha dificultad al moverse. Rodeado de un aura amarilla y de varias chispas de electricidad, Farren lanzó su ataque. La fuerte descarga hizo chillar a Shuckle, quien no pudo ni siquiera retorcerse de dolor. Jolteon pareció arreciar la potencia de su ataque, y la luz amarilla que lo rodeaba iluminó más.
-¡Suficiente, Farren!
Al escucharla, su pokémon detuvo el ataque. Jadeando, se sentó, obediente, esperando aún más instrucciones. Lucy no podía creer que un pokémon tan evasivo como su Shuckle fue derrotado. No le quedó más que sonreír, dejando de lado su fachada de persona seria. Sin más que hacer, devolvió al debilitado Shuckle a su pokébola.
-Fue muy interesante luchar contra tu Shuckle –Eileen se acercó con cautela a la bella mujer –Entiendo por qué dices que fue difícil para Red
-Ustedes dos tienen mucha suerte –comentó –Es natural que hayan logrado vencer a Shuckle y a mis otros pokémon –miró al Jolteon que esperaba a Eileen, aún sentado como si hiciera guardia –Y todos tus pokémon parecen muy leales. Debe ser porque los tienes desde que nacieron
-No sé si eso sea, pero… -se puso tímida, sonrojada; no podía creer que Lucy estuviera tan amable con ella
-Mereces que se te reconozca todo tu esfuerzo
Dicho esto, detrás del telón, una de las chicas con traje de ama de llaves apareció. Cargaba sobre sus manos un cojín rojo, en el cual descansaba una moneda de oro: el Símbolo de la Suerte. La mujer hizo una reverencia al detenerse frente a Eileen, quien tomó con mucho cuidado la dorada medalla. La ama de llaves se alejó cuando su función terminó.
-¿Quién será el próximo? –preguntó, llamando la atención de la entrenadora
-Aún no lo decido, pero estaba pensando en retar mañana a Greta
-Ah, el Dojo –pareció meditar la decisión de Eileen –Hay muchos karatekas sudorosos, pero estoy segura que lo que menos te importaría es eso
-Ah… -rió nerviosamente –Lo pensaré
-Bueno, tengo que irme ahora mismo. Debo estar preparada por si llega otro retador
-Hasta luego, Lucy –le ondeó un adiós y se dio la vuelta, comenzando a caminar
Al salir, admiró una vez más el edificio de Lucy: los colmillos del Seviper gigante seguían viéndose imponentes y reales. Suspiró, cansada por tanto caminar en su reto a la Elección de Batalla. Llevaba apenas unos metros lejos del edificio cuando vio a Brandon acercarse; corrió con lo que le quedaba de energía para acercarse a él, lanzándose a sus brazos sin más.
-Creí que llegaría a tiempo –apretándola un poquito, descansó la barbilla sobre la cabeza de Eileen
-Hace poco salí –recordando de golpe, se separó de él -¿Cómo está Toto?
-Eh… -rascó su nuca sin saber qué decir –Él solo derrotó a un entrenador, además, fue muy útil que conociera Ida y Vuelta
Las palabras de Brandon pronto parecieron susurros en la lejanía. Eileen volvió a marearse y tambalearse. Deteniéndola prontamente, Brandon parecía altamente preocupado.
-No descansaste, ¿cierto? –preguntó, pero ella no contestó –Te excediste, ayer practicando en las salas de batalla múltiple y hoy en el Sierpe
-Sólo es hambre, no tienes que inquietarte tanto –le sonrió forzadamente
-¿Puedes caminar bien?
-¡Claro! –se liberó de su agarre, pero por poco cae de espaldas; Brandon la jaló antes de que cayera
-No tienes remedio –soltó, con expresión de angustia –Apóyate en mi
-¿Podemos parar en alguno de los puestos de comida? –miró a Brandon asentir
-No tienes por qué apresurarte tanto con éstas batallas –le regañó –Sólo tómate tu tiempo. Las instalaciones no van a irse
La anaranjada luz del sol desaparecía poco a poco, con las farolas encendiéndose una a una. La caminata hacia los puestos de comida reanudó, con Eileen apoyándose en Brandon, agarrándolo con fuerza del brazo. Aún le faltaban cuatro símbolos más.
