37. El pacto.

Con todo lo que está cayendo en mi país de origen, con la apocalipsis que está a punto de suceder en el manga, (me temo lo peor), os ofrezco una actualización más corta de lo habitual. Simplemente el capítulo que tenía en mente no funcionaba en el papel, así que salvé lo que pude y dejo para otros capítulos el avance de la trama con otros escenarios y situaciones que den más dinamismo a la historia.

Gracias a todos por leer.

Feliz festividad terrorífica, sea Halloween, día de los muertos o todos los Santos.

Los personajes de Blue Exorcist son obra de Kazue Kato y la finalidad de este relato es solo entretener.


Desde la cámara de seguridad, donde había sido encerrada para evitar que Satán la pudiese poseer de nuevo, Shiemi ya no podía contemplar el exterior, con lo que la imagen de aquel patíbulo donde Yukio iba a ser ejecutado al amanecer le quemaba en su cerebro, sin que níngun otro pensamiento le pudiese servir de escape.

La ansiedad se iba apoderando de ella llenando cada rinconcito de su cuerpo, ya sin fuerzas para consolarse con las lágrimas.

Shiemi gritó mientras se dejaba caer en mitad de aquel espacio vacío de quince metros cuadrados y golpeó el suelo con ambos pies intentando con rabia que las lágrimas fluyesen.

¿Tenía que quedarse allí inútilmente encerrada sin ni siquiera el masoquista consuelo de ver expirar a Yukio en la hora de su muerte?

Volvió a observar las paredes de acero.

Ni una imperfección, ni un resalte, ni un botón para llamar en caso de necesidad.

Al menos el silencio no era completo pues el zumbido bajo del objetivo de la pequeña cámara de seguridad le permitía oír algo más que su propia respiración.

Shiemi contempló la luz roja sobre el foco intentando pensar en que la podría estar vigilando. ¿Quién podía encontrar en ella algo interesante para observar y anotar para un informe lo que ella hacía?

Como contenedor usado por Satán, era considerada peligrosa y su único fin sería ser objeto de estudio por parte de la Orden.

¿Sería así en adelante su vida?

Pero realmente, ¿estaba ella a salvo de nueva posesión de Satán?

Justo entonces esa idea surgió en su mente.

La rechazó casi con aprensión mientras se sujetaba las mejillas negando con la cabeza intentando olvidarla.

Pero era tan atrayente

Si ella había podido llamar a Amaimon para que acudiese en su ayuda, también podía conseguirlo con Satán.

Sus extremidades se pusieron a temblar de miedo porque sabía que Satán podría volver a solicitarle su cuerpo.

Tenía tanto terror que un pozo negro de vértigo pareció abrirse bajo ella.

Sabía que se la jugaba con la muerte pero aquella sonrisa cálida de Yukio no podía extinguirse en un amanecer de sangre derramada.

Tras dos intentos nulos perdiendo el equilibrio, Shiemi consiguió al fin ponerse en pie.

Lo haría, pero ¿cómo podía invocar a Satán?

Una risa nerviosa escapó de su garganta al pensar en todas esas historias de terror sobre invocaciones al diablo y que , cuando la necesitaba, su mente estaba completamente en blanco.

No recordaba ni siquiera una de las lecciones de la escuela de exorcistas.

¿Qué podía hacer?

¿Quizá solo llamándole funcionaría igual que con Amaimon?

¿…O tal vez sangre?

Se podía pinchar el dedo con una de las agujas que ya apenas daban forma al recogido de su cabello.

"NINGUNO DE LOS DOS TE MERECE"

Shiemi dio un salto hacia atrás aterrada por el fuerte dolor que los gritos de aquellas palabras producían en su alma.

Había acudido sin convocarle. Satán sabía que ella le necesitaba y se le había presentado, ¿para ayudarla, por diversión, por curiosidad o, sencillamente, para torturarla de nuevo con juegos sádicos?

"TU ERES LA UNICA, JUNTO A ESE EXORCISTA, QUE COMPRENDES"

Pasó casi desapercibida la observación sobre ese misterioso exorcista, solo trababa de que el poder de Satán no la anulase.

''NO PERMITAS QUE EL MIEDO OBSTACULICE TU ENTENDIMIENTO´"

¿Cómo no iba a temerle? No quería volver a ser una esclava de su poder.

Mordiéndose los labios con fuerza hasta que la sangre brotó para que el dolor le recordase que su cuerpo le pertenecía a ella sola, le pidió a la voz interior en su cabeza:

-Por favor, salva a Yukio.

" ROGAR AL DIABLO VERTIENDO SANGRE…"

Aquella observación donde Shiemi pudo notar la curiosidad de Satán, le hizo comprender que estaba, casi involuntariamente, cerrando un pacto con él. Un trato que solo podía tener un objeto valioso de intercambio: su alma.

Shiemi se limpió la sangre con la manga del uniforme mientras creyó oir el eco de una risa dentro de ella. Era Satán que utilizaba su garganta para burlarse de ella misma y entonces Shiemi comprendió horrorizada que era su propia voz la que utilizaba para hablar Satán.

"AMAIMON ME HABLÓ SOBRE LA LEGITIMIDAD DE LOS PACTOS CUANDO ME CONVENCIÓ QUE TE LIBERASE. YO NO TENGO PORQUE CUMPLIRLOS PERO SOY LA DEIDAD DE GEHENNA Y , COMO PADRE DE LOS DEMONIOS, NO DEBO PERJUDICARLES"

-¡Me estás poseyendo de nuevo! –pudo gritar Shiemi tratando de liberarse.

Y de nuevo la risa loca brotó de ella mientras ella trataba de luchar.

"TRANQUILA, SHIEMI, TRANQUILA"

Una paz inmensa serenó su interior mientras la voz interna de Satán le decía:

"BUENA CHICA, ASÍ SE HACE, RESPIRA HONDO, MUY BIEN"

¿De dónde conocía Satán como calmar a alguien? ¿Quizá estaba poseyendo también sus recuerdos, sus conocimientos?

" LOS CAMINOS DEL SEÑOR SON INESCRUTABLES, NO QUIERO TU ALMA. EN EL INFIERNO CUENTO POR MILLONES A LOS CONDENADOS. TU ALLI, SIENDO NADA MÁS QUE UN NÚMERO MÁS, NO ME ERES ÚTIL. TE PRECISO, AQUÍ, COMO REINA DE ASSIAH. EN EL PUESTO DEL QUE HE CONSTATADO QUE ERES MERECEDORA."

¿Ser reina de Assiah junto a Rin? Ella no le merecía.

"DAME ALGO QUE DESEO ATESORAR, ALGO QUE TE TRAERÁ LA PAZ, SHIEMI, ALGO QUE TE HARÁ SENTIRTE DE NUEVO DIGNA"

¿Qué tenía ella que podía interesarle tanto a Satán? Si su alma no era su objeto preciado, ¿qué era?

"ENTRÉGAME TU AMOR POR YUKIO, TUS RECUERDOS, TUS SENTIMIENTOS Y YO TE DARÉ A CAMBIO EL OLVIDO REPARADOR "

¡No, aquello, no! Aquel sentir por Yukio estaba fijado dentro de ella como los nervios bajo su piel. No podía ser moneda de cambio. ¿Cómo podría ella siquiera considerar negociar con el diablo sus pensamientos más íntimos y seguir considerándose humana?

"ESE OLVIDO TE TRAERÁ LA PAZ QUE BUSCAS DESDE QUE VUESTROS CAMINOS SE CRUZARON SIENDO NIÑOS"

-No – susurró Shiemi aun sabiendo que Satán no precisaba de oírla. – Aunque yo no lo recuerde, viviría en una mentira. No puedo devolverle ese amor a Rin con un engaño.

"BIEN QUE LE HAS PODIDO ESTAR ENGAÑANDO DURANTE LOS ÚLTIMOS TRES AÑOS"

Aquello dolió porque era la verdad.

-¿Para qué quieres que te lo regale? – Preguntó convirtiendo su vergüenza en despecho- Los demonios no comprendéis lo que es el amor, ¿qué utilidad tiene para ti?

"¿NO ES ACASO LO MARAVILLOSO DEL AMOR? ¿SU INUTILIDAD? NO SIRVE PARA NADA PARA DAR PODER, NI INTELIGENCIA, NI LA INMORTALIDAD. PERO UNA HUMANA ME AMÓ"

Yuri Egin.

Sin planteárselo, sin pensar, Shiemi le preguntó:

-¿Y tú? ¿Tú la amaste?

Se hizo el silencio en su interior y Shiemi temió que Satán se hubiese marchado.

Había perdido quizá la única oportunidad de salvar a Yukio. Su renuncia a entregarle aquel tesoro a Satán tendría como única función el torturarse el resto de su vida con los recuerdos de una posibilidad amorosa que nunca se llegó a realizar por la muerte de él al alba.

-Rin, ¿qué harías tú?

Shiemi recordó aquel día soleado, cuatro años atrás, cuando la puerta metálica del jardín se desplomó al tocarla Rin y ella gritó de miedo al encontrarse cara a cara con un demonio. Intentó huir gateando pero él no la dejó huir, la detuvo, la ayudó a dejar de esconderse de sí misma. Quizá Yukio amaba a la Shiemi en que ella se había convertido gracias a Rin, en una reina digna de Assiah.

Tenía ante sí las dos opciones: o la muerte de Yukio o el devolverle el amor a Rin sin sentir más el cargo de conciencia al notar como el corazón le latía más rápido al cruzarse su mirada con la de Yukio.

Salvar a Yukio, también podía significar salvarse ella.

Pensando en la sonrisa de Rin tan abierta, franca, que le devolvía el ánimo hasta en los momentos más deprimentes, Shiemi se decidió:

Suspiró hondo y dijo:

-Acepto.

A casi nueve mil setecientos kilómetros, en Kioto, Rjuji Suguro bebió otro sorbo del té matcha preparado por su madre mientras intercambiaba una mirada grave con su padre.

Delante de él el rollo de la profecía enunciaba:

Tras el pacto del dios de Gehenna, la iglesia católica perderá a su cabeza y se sumirá en el despropósito donde solo surgirá la esperanza cuando el Anticristo se autoproclame nuevo Papa, el Vaticano se convertirá en el primer reino de Gehenna en Assiah, en un mundo caótico con sus valores olvidados, donde los exorcistas serán el enemigo y los demonios sus dueños restableciendo el Antipapa el equilibrio tras el sacrificio de su corazón.