Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen, ninguno.
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Volviendo a la normalidad... ¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Yo personalmente no puedo empezar a describirles lo feliz que estoy después de haber leído todos sus comentarios. De verdad, saber que les gustaron estos últimos capítulos y la historia en sí ha sido agradable. Más que agradable, de hecho, especialmente el apoyo de todos/as. Así que gracias, de todo corazón, por haber seguido mi historia hasta aquí, hasta este penúltimo capítulo, y por haberle dado una oportunidad en primer lugar. Y muchísimas gracias, especialmente a: Lucia991, reia92,Guest, GabriellaGroff, Ayda Merodeadora, TeddyMellark, LilyScorfan, Euge, Julieta, AmJMatter, ania-coug, Alice Phantomhive011, Testudine Black, Lorena,Carolina,lizairy cullen, Mio uchiha, Patty, katnispotter15, krismery, Valitahh.15 y pucca. chokolatito. ¡LOS/AS ADORO A TODOS/AS! Espero este capítulo les guste =). ¡Nos vemos mañana, para el último capítulo, y besitos!
Aversión a primera vista
XXXVII
"Libre"
Avanzó por el angosto corredor del tren, esquivando personas y grupitos conversando y demás, e ignorando las miradas curiosas. Estaba acostumbrada de todas formas, a los ojos encima de ella mirándola como si fuera una especie de criatura mágica extraña y no descubierta aún, y había aprendido a ignorarlas y pasar de ellas también. Así que no importaba, no realmente. Pasando de un vagón al otro, llegó a un compartimiento ubicado en la mitad del tercero, cuyo interior casi vacío pintaba un panorama relativamente deprimente. Afuera había empezado a llover, tal y como Rose había dicho. No obstante, no se movió. No abrió la puerta y no ingresó, al menos no por otro segundo –no todavía, inhaló hondo, porque siempre estaba la posibilidad de que aquello fuera todo una retorcida broma más y ella la principal atracción del circo. Así se había sentido casi toda su vida, como un animal en un circo Muggle, y éste era Malfoy después de todo. Planamente ruin Malfoy con su propia agenda –siempre su propia agenda- porque no había forma de que Malfoy se interesara en alguien más que sí mismo y ella no podía simplemente confiar en él así como así, lo sabía. Y aún así, estaba ahí, afuera del solitario compartimiento de él, vacilando y decidiéndose a entrar o simplemente dar media vuelta y marchase desde allí.
La decisión la tomó él cuando alzó la vista y, con curiosidad, la vio a través de la ventanita de la puerta. Lily maldijo por lo bajo, ya no podía huir, no ahora. No cuando él ya la había visto. Suspirando, tomó la manija de la puerta y tiró de ésta, abriéndola. No obstante, permaneció bajo el marco de ésta sin moverse. Malfoy la miró por un segundo en silencio, con su habitual expresión ilegible. Lily se enderezó —Vaya... El tuyo sí que es un compartimiento animado... ¿Molesta si me uno? —mostrándose segura de sí misma, aún cuando no era particularmente cierto que se sintiera de esa forma entonces.
Sus finos labios se curvaron en un atisbo de sonrisa arrogante —Tendrás que preguntarle a los demás ocupantes, Potter —sarcasmo siempre presente en sus palabras.
Lily sonrió también, siguiéndole el juego —Lo siento, no veo Thestrals. ¿Y el resto de tus amigos dementores?
Malfoy no se inmutó. En su lugar, siguió la corriente con el mismo tono ácido que solía usar —Se fueron a recorrer los corredores, ya sabes, tenían hambre de felicidad y recuerdos positivos. Les dije que fueran sin mi, desayuné antes de salir de Hogwarts. Pero, por favor, únetenos Potter. Es bueno ver que tu alma está intacta.
El calor ascendió por su rostro hasta las raíces de su rojo cabello, que en aquellos momentos debía palidecer en comparación con el color que acababa de adquirir su piel ante la mención de ese aquello que la había llevado hasta allí, en primer lugar. Malfoy la miró entretenido —¿Qué? ¿Te quedarás en la puerta? Porque estoy seguro de que eso no atraerá más curiosos de los que ya hay en los corredores —terció—. Sé que a ustedes, Potters, les gusta el show y ser el centro de atención, pero me temo que ya tuve más que suficiente de eso. Si no vas a entrar, quédate afuera, da igual, pero cierra la puerta y déjame en paz.
Lily se mordió el labio inferior y dio un paso al interior del compartimiento, cerrando la puerta tras de sí —Tengo... tengo que hablar contigo.
Malfoy sacó la varita y apuntó a Lily, viéndola tensarse ante el gesto, no obstante la luz que salió de la punta de ésta le pasó por encima del hombro y dio contra la pequeña cortina enroscada del cristal de la puerta, la cual se desenrolló hacia abajo cubriendo el cristal y a ellos de la vista de cualquier curioso que pasara por el corredor. Lily no supo si sentirse mejor o peor ahora que nadie podía verlos. Scorpius clavó sus ojos grises en ella, aguardando —Soy todo oídos.
—¿Así? —exclamó indignada. Sintiéndose sumamente conciente de sí misma y él y la escasa distancia que los separaba y el hecho de que él esperaba alguna especie de monólogo de parte de ella.
Enarcó ambas cejas —¿Qué esperabas, quieres un pedestal, Potter?
Estaba empezando a dudar —Quizá esto fue un error —dijo, molesta.
—Quizá —le concedió él, sin moverse de su lugar junto a la ventana. Afuera, la lluvia golpeaba impasible contra el cristal.
—Llueve, como Rose dijo —dijo finalmente, en un susurro, clavando los ojos en la ventana y en cualquier lugar salvo en él. Necesitaba dispersarse un poco, juntar sus esparcidos pensamientos y armarlos en algo que tuviera sentido. Y no podía hacerlo mientras él continuara quemando agujeros a través de ella con su mirada.
Scorpius miró hacia donde ella estaba mirando y asintió —¿Viniste a hablar del clima, Potter? Bien, hablemos del clima. Es terrible. ¿Eso es todo?
—No —bufó, tomando asiento frente a él sin que Malfoy la invitara a hacerlo. Ya no importaba, suponía. No era como si hubiera esperado un acto de caballerosidad de él, de todas formas, así que no le ofendía que no lo hubiera hecho. En cierta forma, suponía, y a su manera, sí la había invitado a quedarse. Bajando la mirada, Lily notó que mantenía sus codos en sus rodillas y sus manos unidas palma con palma, dedos entrelazados, mientras hacía girar sus pulgares uno alrededor del otro en un gesto de incomodidad. En un gesto tenso—. ¿Por qué me... —se sonrojó— me besaste? ¿Fue una broma?
Malfoy se enderezó bruscamente, como si algo se hubiera colado en su espina dorsal, forzándolo a hacerlo. Lucía rígido. Y había algo en su mirada que ella no podía identificar —¿Broma? —siseó, tensando los labios en una línea, voz contenida—. ¿Te parezco la clase de persona que va besando mugro... —se cortó— sangres impuras por diversión? ¿Te parece que la broma me benefició en alguna forma, Potter? Mira alrededor, ¿ves a alguien riendo? ¿A alguien, al menos? No, eso pensé.
Lily notó los tendones de su cuello tensados, así como la línea de su mandíbula, de tanto apretar los dientes; aún así no pudo sentir pena alguna por él y su situación. En su lugar, sintió frustración —Si soy una mugrosa sangre impura —Scorpius se encogió en su lugar con una mueca de disgusto al oír la designación desdeñosa que él llevaba usando toda su vida, la misma que acababa de vomitar delante de ella segundos atrás. Por alguna razón, salida de los labios de ella, sonaba como si hubiera cometido el más atroz de los crímenes—, si tanto asco te doy, ¡¿por qué me besaste?!
Scorpius se puso de pie bruscamente, y empezó a pasearse de un lado al otro en el compartimiento, pasándose la mano por el cabello rubio platinado. ¿Por qué? ¿Por qué había decidido en un momento de ridícula irracionalidad defenestrar todos los valores con los que había sido criado? ¿Todos los conceptos arraigados desde su infancia en cada una de sus neuronas? ¿Por qué? —Qué demonios voy a saber yo, Potter.
Lily se puso de pie también, lo miró directo a los ojos, y replicó —Mentiroso —dando media vuelta hacia la puerta y extendiendo la mano para atrapar la manija. No obstante, la mano de él la detuvo por la muñeca.
Sí, lo era. Un cobarde también, porque estaba –una vez más- eligiendo la auto-preservación y no podía evitar elegirla una y otra y otra y otra vez, cuando la otra opción significaba terminar de cruzar la línea y arruinarlo todo. Lo haría mil veces, Scorpius sabía, y lo seguiría haciendo porque así había sido nacido y criado. Viendo el mundo en blanco y negro, sangre pura y todo lo demás que no era aceptable y jamás lo sería. Slytherin y las otras tres casas que no eran más que una deshonra. Y el nombre Malfoy y el resto del mundo que no valía nada y jamás lo haría. Y ella era una Potter, por encima de todo, algo de inclusive menor valor para personas como ellos y todo lo que él no era y seguramente jamás sería. Todo lo que odiaba. Porque ella jamás vería el mundo como él sino en colores y porque cosas como status de sangre y dinero no tenían valor alguno para ella y si pudiera echaría por tierra cada cosa que él creía y la haría pedazos y la arrojaría delante de su rostro también, solo para restregárselo, porque simplemente así era ella y no toleraría que nadie usara términos como sangre sucia o sangre impura en su presencia. Y él pensaba en esos términos.
Y porque ella vivía y había vivido toda su vida como si nadie estuviera mirándola, como si nadie la viera, aún cuando había estado bajo la lupa y la atención de todo el mundo mágico desde el preciso instante en que había nacido –la hijita de Harry Potter, el legado-, y él no podía evitar amar eso de ella que él jamás tendría. Esa facilidad de sobrevivir a su nombre y convertirse en algo más, algo que más que solo eso. Algo más que solo un nombre.
Él era el hijo de Draco Malfoy, después de todo, nieto de Lucius Malfoy y había más que suficientes marcas tenebrosas marcadas en tinta en los antebrazos de su familia para probarlo. Estaba podrido, había oído -murmullos, murmullos, murmullos-, en más de una ocasión, porque la manzana no cae lejos del árbol y él debía estar podrido y lleno de gusanos también, si todo el árbol lo estaba, y no había nada más que hacer o decir al respecto. No era como si muchos esperaran demasiado de él tampoco, no cuando venía de un legado de magos caídos en desgracia tras la guerra. No cuando incluso entre los sobrevivientes que habían combatido del lado del Innombrable, incluso entre los sobrevivientes que lo habían enfrentado, el nombre Malfoy significaba traidor.
Y después estaba ella, Lily L. Potter, con la lengua demasiado afilada para su propio y pequeño bien y una actitud más grande que su compacto tamaño. Y con su despreocupación por cosas como estatus de sangre y casas y bandos y su valor y disposición para enfrentarse a personas y cosas mucho más grandes que ella solo porque era lo correcto y lo correcto era la única forma que conocía. Síndrome de Harry Potter, suponía que podía llamarlo. Porque había sido la única que había estado dispuesta a enfrentarlo, cuando nadie más había querido hacerlo, y aún continuaba parándose delante suyo, erguida (a pesar de que su pequeña complexión no intimidaba a nadie), y enfrentándolo una y otra y otra vez cada vez que lo consideraba necesario. Cada vez que creía que necesitaba que alguien lo llamara idiota. Y, por alguna razón u otra, lograba hacerlo sentirse como uno todas y cada una de las veces que lo hacía. Lo odiaba, no lo negaría, pero no podía evitar admirar su curiosa audacia.
No podía evitar amar cada una de las cosas que odiaba de ella. Cada pequeña pieza, hasta la última. Empezando por su mugroso apellido Potter y su tabú sangre impura y todas y cada una de sus pequeñas pecas Weasley que poblaban su piel como constelaciones. Y estaba volviéndolo insano —Suelta la manija.
Lily lo miró desafiante —¿Por qué? No hay nada que hablar aquí, tú mismo lo dijiste, Malfoy. Ahora, si me permites, volveré al compartimiento en el que soy bienvenida y tú puedes volver a tu... lo que sea que estuvieras haciendo antes de que llegara a importunarte...
Scorpius apretó los dientes, tensando sus dedos alrededor de la pequeña muñeca de ella y finalmente la soltó, resignado, dejándose caer en el asiento del compartimiento —Sí, haznos ese favor a ambos, Potter... —y enterró su rostro contra sus palmas. No obstante, no oyó la puerta del compartimiento ni abrirse, ni cerrarse.
En su lugar, oyó —Cielos, realmente eres un cobarde como tu padre, ¿verdad?
Rápidamente alzó la mirada, ceñudo —No llames a mi padre cobarde —labios tensados en una línea. Voz siseante.
Lily bufó, brazos en jarra —Bien, no lo haré. Tú eres un cobarde entonces.
Scorpius sonrió irónica y amargamente —Slytherin hecho y derecho, Potter. De arriba abajo, ¿no te lo había dicho?
—¿Y eso qué? ¿Te escudarás toda tu vida en eso? Snape fue director de Hogwarts, fue a Slytherin, y el hombre más valiente que mi padre conoció. Pero quizá tú solo seas un cobarde más —le espetó, molesta y con manchas rojas en las descarnadas mejillas.
Él se puso de pie, erguido, delante de ella —Quizá quieras creer que vez cosas que no hay, Potter —en mí. ¿No se lo había dicho ya, en una ocasión?
—No —dijo ella, con voz firme—, sé perfectamente lo que veo. Y en éste momento todo lo que veo es a alguien asustado.
—Yo no estoy asustado, Potter —siseó, molesto.
—Pruébalo —lo desafió, manteniéndose inmóvil en su lugar.
Scorpius se tensó —No tengo que probarte nada a ti.
—Bien —dijo Lily—, yo lo haré —dando un paso hacia él y extendiendo sus largos dedos pálidos al rostro de él. Cuando las puntas de éstos entraron en contacto con las cumbres de sus altos pómulos, lo sintió tensarse bajo su tacto. Breve expresión de pánico en sus usualmente fríos ojos grises.
—¿Qué haces? —demandó saber, con un hilo de voz, sintiéndola palpar las formas de su anguloso rostro tentativamente. El aliento se le atoró en la garganta. Podía sentir la duda en sus gestos. Con lentitud, alzó las manos y la tomó cuidadosamente por las muñecas, sorprendiéndola, ya que había permanecido abstraída durante el pequeño reconocimiento, pero no la apartó. No pudo, no cuando ella alzó sus ojos almendrados del color del chocolate a los de él, sorprendida de sus propias acciones, y le sostuvo la mirada. No cuando se vio reflejado en sus oscuros ojos—. No deberías... —dijo ásperamente, perdiendo la voz.
Lily se mordió el labio inferior y dio un paso más hacia Scorpius, de modo que el ascender y descender de su pecho colisionaba ocasionalmente con el de él. De cerca, pudo ver la tensión en cada uno de los músculos de su anguloso rostro y las venas bajo su pálida piel. Estaba buscando una excusa para dar media vuelta y marcharse de allí, lo sabía. Podía verlo, rumiando, en la parte de atrás de sus ojos, de su cabeza, partiéndose la misma por una ruta segura de escape, pero estaba fallando en el esfuerzo. Deslizando nerviosamente sus pulgares contra las pulsantes venas de la cara interna de sus muñecas, de arriba a abajo, cavilando, y Lily estaba segura de que Scorpius podía sentir su pulso golpear contra él, contra sus yemas, erráticamente.
Si lo hizo, no dijo nada. En su lugar, deslizó sus propios dedos por los antebrazos de ella, trazando la pequeña curva de cada uno de éstos, desnudándolos a ambos de las mangas de la túnica que los cubrían. Con curiosidad, miró las pequeñas motitas marrones salpicadas por toda su pálida –como la nieve- piel, hasta desaparecer bajo las arremangadas mangas a la altura de los codos. Lily inhaló hondamente, bruscamente, notando una delicadeza en su gesto que jamás habría creído posible de alguien como él. No obstante, había algo de... afectuoso (si la palabra tenía algún sentido)... en el gesto. Estaba segura de ello.
Scorpius continuaba observando sus pecas absorto, en silencio, contabilizándolas todas y cada una en su cabeza –1000, 1001, 1002- para no olvidarlas cuando debiera volver a la realidad, y sabía que pronto debería –pronto, terriblemente pronto-, y se marchara de allí sin mirar atrás. Lily volvió a inhalar bruscamente cuando comenzó a trazar delicadamente una de las de la columna de su garganta, de forma ascendente a su enrojecido rostro, sintiendo que en algún lugar su corazón parecía tropezar y saltearse un latido. No obstante, eso no lo detuvo a él, que continuó trazándola silenciosamente hasta alcanzar finalmente su rostro. Cuando los ojos de ella se clavaron en los antes desenfocados de él, volvió a la realidad. Como si le quemara, retrajo la mano, sumamente contrariado por su aberrante conducta. Ésta era Potter, después de todo, y él estaba tocándola como si fuera alguna especie de tesoro valioso perteneciente largo tiempo a su familia. Como si acabara de hallarlo por primera vez –lo/la viera por primera vez- y estuviera trazando sus contornos con avidez, adoración ciega y orgullo. Como si su brillo lo hubiera cegado, enamo... No, se rehusaba a usar la palabra, aún en analogías fingidamente inocuas de su propia cabeza. Él era un Malfoy, después de todo, y los Malfoys no caían por sangres impuras –nunca, nunca, nunca. Menos aún se rompían todos y cada uno de sus alegóricos huesos al hacerlo. Y él estaba fragmentado, si debía ser sincero consigo mismo, en aquellos momentos.
Patético...
Pensó, que las cosas terminaran de aquella forma tras años de gastar esfuerzos en resistirse y mentirse a sí mismo. Lo había logrado por un tiempo, pero el tiempo no era generoso y se le había acabado finalmente. Tenso, se pasó la mano una vez más por el lacio y platinado rubio cabello. Buscando algo, un ancla al sentido común, en todo aquello; pero no estaba encontrando nada. Nada, salvo la prácticamente incontenible necesidad y compulsión de volver a extender sus dedos y tocarla una vez más, como si temiera que fuera a desaparecer si dejaba de hacerlo, como si temiera que fuera a esfumársele entre los dedos. En cierta forma -sabía- lo haría. Eventualmente.
Suspirando resignadamente, retrajo la mano de entre sus mechones platinados y la posó en la garganta de ella una vez más, tentativamente, clavando sus ojos grises en los caoba de ella, finalmente decidido. Sonriendo rígida y arrogantemente, sus labios ahora a milímetros de los de ella una vez más —Solo para ser claros, Potter, te aborrezco —como si fuera absolutamente necesario decirlo, hacerlo público. Lo era, suponía. De lo contrario no se habría obligado a decirlo. Al menos a ella.
Y Lily simplemente sonrió, porque sus palabra significaban exactamente eso y todo lo opuesto a eso también. Y porque éste era Malfoy, después de todo, seco y sobrio y reservado Malfoy y aquella era la mayor confesión –antítesis del romanticismo- que jamás obtendría de él, quizá, y para ella funcionaba. Sí, para Lily era suficiente.
Con las mejillas suavemente coloreadas, deslizó sus brazos alrededor del cuello de él, poniéndose lenta y tentativamente en puntitas de pie, enroscando entre sus dedos los mechones platinados que se curvaban contra la piel pálida y desnuda de su nuca, y suspiró lentamente y tendidamente contra los labios de él, asintiendo, mientras lo sentía tomarla firmemente por la cadera, tamborileando con sus dedos contra los huesos de ésta.
Lily sonrió amplia y radiantemente, asegurándose de ser muy clara con sus siguientes palabras —Oh, no te preocupes, es mutuo, Malfoy —antes de ladear la cabeza ligeramente y presionar sus labios con la mayor suavidad y lentitud y esmero que jamás había usado para besar a nadie. Los dedos de él se aferraron aún más a la cadera de ella –rígida, oh, tan rígidamente- y Lily tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para aferrarse firmemente de él y no caer hacia atrás cuando Scorpius devolvió el gesto con años y años de frustración contenida, manteniéndola contra sí lo más humanamente posible, como si quisiera borrar las líneas que indicaban el final de uno y el principio del otro.
Sabiendo perfectamente que aquello era solo tiempo prestado.
Suspirando, presionó su boca suavemente contra la de ella una vez más, en un calmo gesto, y se dejó caer en el asiento del tren, tomándola de la mano y tirando de ella. Lily, sentándose a su lado y sin retirarle la mano de entre las de él, lo miró un instante, y comprendió que estaba pensando en que el viaje en tren no era ni sería eterno, no para ellos. El chico continuaba mirando ceñudo sus dedos, con los que jugaba suavemente.
Lily suspiró —Scorpius…
Y él alzó sus ojos a ella, ligeramente tomado desprevenido por el uso de su nombre. No obstante, una expresión de complacencia reemplazó rápidamente el desconcierto de sus facciones —Creo que podría acostumbrarme a eso —si hubiera tiempo para ello. Pero no lo había.
Ella sonrió, ignorando la agradable sensación que le producía el delicado tacto de él en sus dedos. Había pensado que sus manos serían ásperas y bruscas, como su personalidad, pero difícilmente lo eran. No, poseían una suavidad que Lily no había esperado y por ello lo besó —Y yo a esto.
Malfoy enarcó ambas cejas, entretenido —¿Y eso por qué fue, Potter?
—Porque puedo —replicó, con una sonrisa. Mientras pueda—. Una pregunta, ¿siempre llamas a las chicas que besas por su apellido, Malfoy, o soy la excepción?
Malfoy sonrió arrogantemente y se inclinó y la besó ésta vez él, a modo de retribución. Lily parpadeó ligeramente desconcertada —¿Y eso?
—No me gusta deber nada a nadie —replicó, como si fuera lo más obvio del mundo—. Y no, Potter. Eres la excepción —decididamente, a todo.
—No sé si sentirme halagada o insultada —terció, con una sonrisa sarcástica.
Malfoy continuó deslizando sus dedos por los de ella, dando atención a todos, uno a uno, con esmero. Fingiendo como si lo pensara, ceñudo —Halagada —dijo finalmente, con una sonrisa arrogante—, decididamente halagada, Lily.
Las mejillas se le encendieron al oír su nombre —Cielos, ustedes Slytherin son terribles cortejando.
El rubio enarcó ambas cejas, con curiosidad —¿Tienes experiencia con eso, Potter?
—Ah... Ya lo arruinaste —dijo la pelirroja, sonriendo, con el rostro rojo—. Y no. Me refería a ti, Malfoy. ¿Se supone que todo ese tiempo estabas coqueteando conmigo, insultándome?
Scorpius se encogió de hombros —Funcionó ¿o no? —pero estaba claramente complacido consigo mismo.
Idiota arrogante. Lily se mordió el labio inferior, mortificada y fastidiada de tener que concederle la razón —Eso...
—Además —prosiguió, dándose aires de importancia—, ¿qué esperabas, flores y demás tonterías? No soy ni el idiota de Linwood ni el imbécil de Macmillan, Potter. No esperes que...
No, no lo era. Y Lily no necesitaba nada de galanterías trilladas tampoco, nunca lo había hecho de todas formas. Y quizá, solo quizá, por esa razón lo prefería a él. Por esa razón lo preferiría siempre a él.
Sonrió, comprendiendo finalmente por qué había tomado represalias contra Evan Macmillan —Estás celoso —no era una pregunta.
Scorpius lució insultado —¿Qué? Claro que no. ¿De quién? ¿Un Ravenclaw sangre impura y un Hufflepuff? Sí, cómo no —terció sarcásticamente.
Lily se cruzó de brazos, quitándole la mano de entre las de él y resintiendo la pérdida de la calidez que el gesto le había proveído —Yo soy una sangre impura —le recordó.
El rubio apretó los dientes, tensando la mandíbula en el proceso ante su aciago error —Eso es diferente —gruñó.
—¿Cómo? —demandó saber, cada vez más frustrada—. Si llamas a todos los que son como yo así, ¿qué hay de diferente en mi?
—Tú eres... eres... —dijo, azorado. Finalmente se limitó a espirar—. Bien. Si retiro mis palabras, ¿me devuelves la mano? La estaba usando —y extendió la de él, expectante, con una media sonrisa.
Lily asintió suavemente, permitiéndole volver a tomar su mano y jugar distraídamente con ésta —No deberías llamar a las personas así. ¿Sabes? Mi padre siempre dijo que la sangre no importa, es la habilidad del mago lo que hace la diferencia.
Scorpius se contuvo de hacer la clase de comentarios que sabía no debía hacer. Se estaba conteniendo, por ella, no él, pero era difícil borrar costumbres arraigadas desde la cuna, aún así, lo intentaba. Tras apretar los labios por un instante, como queriendo mandar las palabras de regreso por su garganta, dijo —¿Es esa la gran filosofía Potter? —ella intentó retraer su mano de entre las de él una vez más, de un tirón, pero él la retuvo—. Bien, bien. Me callo.
—Tú haz eso, te vez más bonito de esa forma. ¿Sabes? A mi elfo doméstico le encantarías. Con toda esa basura de la sangre pura y tu "fisonomía elegante.."
El rubio enarcó ambas cejas, entretenido —Vaya... Es bueno saber que el miembro más importante de tu familia me aprobaría, Potter. Y... ¿fisonomía elegante?
Lily se ruborizó —Palabras de Kreacher, no mías —se atajó. Aún así, podía sentir el calor en sus mejillas.
Malfoy se inclinó sobre ella, quedando a centímetros de sus labios —¿Y tu opinión?
La pelirroja sonrió y besó suavemente la comisura de su boca, sin realmente besarlo. Luego, susurró —No alimentaré tu ego, Malfoy.
Él ladeó a duras penas la cabeza y la besó otra vez —Lo tomo como que es positiva —para luego asentir complacido, con una amplia sonrisa de complacencia en los labios.
Lily bufó y se enderezó —Eres demasiado engreído.
—Y tú demasiado orgullosa —rebufó, entretenido, aún prestando atención a cada uno de sus dedos, uno a uno, afectuosamente. Tanto que Lily empezaba a relajarse frente al gesto. Y supuso que se debía de haber relajado demasiado, porque en algún momento perdió el conocimiento y, cuando despertó, tenía su cabeza en el hombro de alguien a su lado. Parpadeando, soñolienta, notó que se trataba de Scorpius Malfoy, que la miraba en silencio como si llevara haciéndolo horas. Como si llevara demasiado queriendo memorizar cada línea y cumbre y peca de su rostro, para inmortalizarlo todo en su memoria, una vez que todo hubiera acabado.
—¿Me dormí? —inquirió, alarmada, notando que faltaba poco para que llegaran a King's Cross.
—Como un dragón después de una abundante comida —sonrió, con esa sonrisa arrogante que siempre solía tener.
—¿Y tú, no dormiste? —susurró, desconcertada.
Scorpius negó con la cabeza —No estaba cansado —expresión neutral. Entonces miró por la ventanilla y dijo—. Ya casi estamos en King's Cross.
Lily sabía qué significaba eso. Siempre lo había sabido, de todas maneras, desde el inicio. Que él no la pondría a ella por encima de los estándares de su familia y que jamás lo haría. No, jamás mancillaría lo que su familia consideraba sagrado (su pura e inmaculada sangre) por algo que posiblemente no tendría futuro tampoco, porque él era un Malfoy y ella una Potter y las razones estaban tan enumeradas que empezaban a convertirse en un cliché, inclusive a oídos de ella. Y Lily no podía juzgarlo tampoco. No realmente. No cuando había sabido que aquello que tenían era tiempo prestado que eventualmente deberían devolver. Y había llegado el momento de devolverlo. Ahora era el momento. No lloraría.
Se puso de pie, notando que él aún sostenía su mano entre las de él —Será mejor que me vaya entonces —y no parecía listo para soltarla.
Aún sin soltarla, se puso de pie, quedando frente a ella —Lily... —su nombre un susurro ahogado en la voz de él, como si las meras cuatro letras fueran un tabú y él un hereje por pronunciarlas. Lo era, suponía, en cierta forma, pero su supuesta herejía lo tenía sin cuidado en aquel momento, y por unos cuantos minutos más, hasta que arribaran a King's Cross.
Pero ella solo negó con la cabeza. No tenía sentido que dijera nada. No por la sanidad de ella, porque Lily era fuerte y no necesitaba palabras bonitas que disfrazaran algo tan concluyente como aquello, y no por él tampoco; porque Lily sabía que sobreviviría perfectamente y seguiría su vida como si nada, hasta encontrar a alguien que fuera considerado digno de él, alguien con su mismo estatus de sangre, y, con suerte, se olvidaría de ella también, de que siquiera había existido. Era un buen plan, sí..., para ambos. Y no era como si hubiera nada que romper o lamentar para empezar, tampoco. No. No había nada. Ellos no eran nada. Jamás lo habían sido.
Él comprendió también, así que simplemente se inclinó y la besó, no queriendo apartarse pero resignándose a hacerlo eventualmente –porque él era un Malfoy y Malfoys no caían en la trampa más vieja de todas, menos aún por Potters. Entonces, la soltó. Y Lily sonrió, sin derramar una lágrima siquiera. No lo haría, Scorpius sabía. Esa era una de las cosas que más lo habían atraído de ella, después de todo, el que no se ponía llorosa fácilmente –como su traidora a la sangre madre Weasley. Y, además, era demasiado orgullosa para hacerlo.
Entonces, así como si nada importara, como si nada hubiera ocurrido o siquiera existido, se marchó. Y él se quedó allí, inmóvil, mirando la puerta por la que había desaparecido. Quieto, sumamente quieto, ahogándose en el silencio. Se había ido, pensó, definitivamente...
...se había ido.
Y, por alguna razón, no estaba aliviado.
No estaba feliz.
(Como había esperado, como debería estarlo - porque finalmente era libre, libre, libre de Potter - y se había desahogado)
No, nolo estaba,
en absoluto.
