Pues bueno, chicas, esto esta llegando a su fin. Este es el penultimo capítulo :( solo nos falta el siguiente, el final y un epílogo muy especial, digno para la Princesa. Espero que disfruten esta recta final y nos leemos el siguiente, o el miercoles en Sobreviviendo...
Gracias por los reviews, favs y follows. Bienvenidas nuevas lectoras.
Cheers!
Soundtrack del Capitulo.
"I Can't Take My Eyes Off Of You" By Drew Seeley, Vanessa Hudgens, Ashley Tisdale & Lucas Grabeel, OST High School Musical www youtube com/ watch?v=o2OsNKqNaUc
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Algunos de los personajes no me pertenecen, provienen de la maravillosa imaginación de la gran Stephenie Meyer; la historia es completamente mía.
Las avenidas, ciudades y barrios de Los Ángeles mencionados en la historia son verdaderos.
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Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite . fanfiction)
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Los señores Edward Cullen e Isabella Swan-Cullen, en nombre de la familia Swan, tienen el honor de solicitar cordialmente el placer de su presencia en la cena anual con motivo del comienzo del año 2014 en su residencia familiar en el barrio de Bel Air.
El evento solicita una etiqueta rigurosamente formal, además de su extrema puntualidad.
Se pide atentamente su confirmación con los señores Cullen-Swan.
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POV Bella:
31 de diciembre de 2013
Asistí a mi primera cena de Año Nuevo cuando solo tenía tres meses de nacida, pero no recuerdo ninguna hasta los seis años, y la tengo bien grabada en la memoria. Usé un vestido morado de tul y organza, largo y esponjado, zapatitos blancos y mi cabello en dos coletitas adornadas con moños morados. Me veía adorable y todos me lo decían. Yo fui la novedad ese año, porque el anterior estuve enferma o indispuesta, no recuerdo bien, pero todos fueron para verme a mí y asegurarse que la joya de la sociedad de Seattle estuviera entera.
Yo era la niña con la que todos los padres querían casar a sus hijos, no heredaría la constructora, pero el simple hecho de emparentar con los Swan gracias a la pequeña consentida de Don Albert y Doña Elise ya era ganancia. Sin embargo, mis padres y mis abuelos no me casarían con cualquier riquillo inútil con carro deportivo y lentes oscuros en la noche, ellos querían para mí a alguien como Edward, y tuve la suerte de encontrarlo y enamorarme de él.
Cada año recordaba esa cena, era algo que me llegaba a la cabeza desde que despertaba hasta que me dormía y no volvía hasta la siguiente. Creo que el impacto de darme cuenta a tan corta edad de mi destino y mi lugar en mi familia fue lo suficientemente importante, y sin duda marcó mi vida entera.
Y quizás esa era la razón por la que me negaba a sacar a Vanessa. No quería que la vieran de esa manera, como si fuera una fuente de dinero... No, mi bebita no. Hoy, sin embargo, saldríamos los cuatro por ser la primera cena de Joey, después de comer volverían a la casa para dormir. Aún estaban muy pequeños para quedarse al conteo. Tenía la suerte de que Edward estuviera de acuerdo conmigo; él tuvo su dosis de interés cuando murió su abuelo y su padre heredó Cullen's INC, él se convirtió en el heredero más importante de Windsor y todas las familias con hijas de su generación esperaban colarse de forma discreta para llamar su atención hacia las niñas. Al contrario de mis padres, los suyos sí estaban dispuestos a casarlo con una chica de buena familia solo para conservar el estatus, no habrían aceptado a una muchacha cualquiera. Era en momentos como ese cuando me daba cuenta de lo afortunada que era por tener a mis padres, y que mi marido necesitaba urgentemente un poco de ese cariño, y ya lo tenía.
Comenzábamos a recibir invitados a las ocho de la noche, eso quería decir que debía estar lista a las seis de la tarde para vestir a mis hijos, ayudar a mi marido con el corbatín, arreglarme y bajar a asegurarme que todo estuviera perfecto. Y Peter era tan eficiente que me tuvo fuera de la silla un segundo antes de las seis.
—Pet, perfecto como siempre —lo felicité. Mi cabello negro y morado estaba lacio y sedoso en uno de mis hombros, con la tiara muy bien asegurada en el centro. El maquillaje era ligero en los ojos, pero solo porque mis labios tenían un fuerte color vino mate, algo que era totalmente nuevo para mí.
—Gracias. Ahora, éste es el labial que tienes —me dijo mostrándome el frasco. Asentí—. Se supone que es indeleble, pero vamos a probar. Retócalo después de cenar.
—De acuerdo —respondí.
—¿Qué hago con tu futura cuñada? Sé que la arreglaron como ustedes el día de la foto, pero...
—Es diferente. Para esa ocasión hay ciertas reglas que debemos seguir, hoy tenemos más libertad. ¿Qué hiciste con Ilaria?
—Me pidió un recogido.
—Yo estoy suelta y mi hermana recogida, si Natasha no te dice nada hazle algo en término medio.
Peter asintió.
—¿Sin tiara?
—Aún no. Pero queremos remarcar su posición —dije sacando de un cajón el tocado que usé el día del nombramiento de Edward. Se lo di a mi estilista.
—Bien.
—Mi amor, ¿me ayudas? —preguntó Edward saliendo del vestidor con el corbatín sin anudar.
—Por supuesto —respondí con una sonrisa. Peter se despidió y fue a la habitación de Natasha.
—Estás hermosa.
—Y aún no has visto lo que me voy a poner —respondí coqueta.
—Me muero por verlo.
—Y lo harás cuando lo veas. Es de esos atuendos que cuando ves las fotografías dices "¿en qué demonios estaba pensando?".
—Tú nunca te equivocas, mi vida. Sea lo que sea lo harás funcionar.
Sonreí mirándolo a los ojos.
—Te amo, Edward.
—Y yo a ti, mi Reina. Mucho —dijo. Y eso hizo que mi corazón se hiciera chiquito. Desde la batalla con Esme había temido mucho que Edward me culpara de lo que había sucedido y decidiera que ni yo ni los niños valíamos el alejamiento con sus padres, y no importaba cuántas veces Edward me dijera que eso no iba a suceder, aún temía despertar un día y ya no encontrarlo o regresar de la constructora y darme cuenta de que se había ido. El solo pensar en eso me volvía loca, no lo soportaba—. Isabella, basta.
—¿Qué?
—Amor, te conozco. Cuando miras a la nada estás pensando y no precisamente cosas bonitas.
Suspiré.
—Lo siento, es que...
—¿Cuántas veces tengo que decirte que no habrá fuerza en el universo que me haga separarme de ti? Te amo, Isabella. Te amo más que a nada en este maldito mundo. Tú y nuestros hijos son lo más maravilloso que tengo.
Sonreí y me aferré a él. Justo en ese momento, Joey lloró y Vanessa me llamó. Edward y yo reímos, y nos dimos un pequeño beso.
—Tú con Joey y yo con Vanessa —le dije.
—Al ataque, compañera.
Vanessa estaba a punto de salir de su habitación cuando llegué, la tomé en brazos y la dejé de pie sobre su cama.
Le quité la pijama y le coloqué un vestido plateado con calcetitas y zapatitos blancos, peiné sus rizos rojos en dos trencitas en el tope de su cabecita que aseguré con moñitos blancos.
—Muy bien, Princesa, estás lista. ¿Por qué no vas a jugar con tus primos?
—Sí, mami.
Vanessa corrió hacia el cuarto de juegos, yo detrás de ella.
—Señorita —me llamó Victor.
—Bajaré en un segundo. Tú... apaga el incendio de turno, ¿sí?
—Como ordene.
Dejé a los niños con mi marido y mi hermano y fui a mi habitación para cambiarme. Dicen que echando a perder se aprende, y el año pasado algunos invitados me encontraron todavía en fachas porque cometí el grave error de bajar antes de vestirme. Llamaron más la atención mis jeans y la camisa de Edward que usé en ese momento que mi hermoso vestido.
Este año quise arriesgarme un poco y en vez de optar por mi clásico estilo modesto y elegante, me incliné por algo más atrevido y divertido: un crop-top sin mangas bordado del frente a la espalda con chaquira y cuentas, y una falda larga en línea A que apenas dejaba ver una porción de mi abdomen entre ésta y el top. Y realmente me gustaba cómo me veía. Me calcé unas sandalias altas negras con cristales plateados, me arreglé el cabello y salí de la habitación. Bajé al vestíbulo encontrándome con Victor y Kaure al pie de las escaleras.
—Vamos —dije. Victor hizo un ademán para indicarme que pasara primero. Me dirigí a la cocina con mi mayordomo y mi ama de llaves siguiéndome—. Buenas tardes —saludé.
—Bella —respondió Jacob.
—Cuéntame —le pedí.
—Los aperitivos ya están listos, los mantenemos calientes con una luz —me dijo indicando hacia las charolas de champiñones rellenos de ricota y espinaca—. El risotto estuvo causando problemas, pero estará listo justo a tiempo para servir. La lubina comenzaremos a prepararla cuando tus invitados lleguen, tenemos salsa tártara, patatas y calabacín para acompañar.
—¿Postre?
—Es una sorpresa, pero estoy seguro de que les gustará.
Suspiré.
—Bien. Gracias —dije. Salí de la cocina y me dirigí al jardín, donde ya todo estaba casi listo. Kebi supervisaba todo con su eterna eficiencia y lealtad. Hacía tres años que trabajábamos juntas y, la verdad, nunca me arrepentiría de haberla contratado como planificadora de mi boda, desde entonces nos había servido incondicionalmente; las cenas de Año Nuevo, el nombramiento de Edward, los bautizos de Vanessa, Jacqueline y Joey, la boda de Ilaria... Esa mujer era un sol y una muy buena amiga que ya tenía un lugar muy especial en mi corazón—. Kebi —la llamé.
—Hola —sonrió.
—¿Cómo van?
—A minutos de terminar.
Miré a mi alrededor, sorprendiéndome por lo increíble que se veía el jardín con las mesas redondas cubiertas por manteles blancos con frondosos arreglos de flores y velas de diferentes tamaños, platos y cubiertos dorados, y copas de vidrio con base dorada. Las servilletas eran blancas enrolladas dentro de un rodete dorado. Había enormes maceteros de piedra caliza abarrotados de flores sobre un pedestal del mismo material. El techo era de organza con luces doradas y pequeños reflectores para iluminar más.
—Me gusta lo que estoy viendo.
—Eso es bueno. Solo necesitamos tu ayuda con la asignación de lugares de tu familia.
—Bien. Tarjetas —pedí extendiendo una mano, en unos segundos ya tenía las tarjetas de asignación en ésta. Miré a la mesa más cercana, fijándome en la manera como colocaron las asignaciones para hacerlo igual.
Coloqué a mis padres en el centro, Jasper al lado de papá, seguido de Ilaria, Raoul y Cynthia; junto a mamá estaría Natasha —cosa de Jasper, no pregunten—, después yo, Edward y al último Seth.
—De acuerdo —asintió Kebi.
—¿Algo más?
—Es todo —respondió Kebi.
—Bien.
Caminé por el jardín asegurándome de que todo estuviera perfectamente acomodado en las mesas. Ningún plato, cubierto o copa fuera de su lugar, ninguna arruga en los manteles o en las servilletas, y mucho menos flores marchitas. Quería perfección, y no esperaba menos.
Cuando todo estuvo revisado, volví a subir para estar con mis hijos. Cualquiera que nos viera no creería que éramos nosotros los que estaban sentados en el suelo, jugando con plastilinas, acuarelas y crayones en costosos vestidos de diseñador y trajes finos, pero estos éramos nosotros. Incondicionalmente devotos a nuestros niños, siempre colocándolos en primer lugar sin importar qué ocurriera... Así éramos los Swan.
—Bells —musitó Cynthia asomándose por la puerta del cuarto de juegos. La miré y ella con un gesto de mano me pidió que me acercara. Me puse de pie y salí de la habitación—. ¿Esto está bien? —me preguntó mostrándome el vestido blanco que llevaba. Era de esos vestidos largos por detrás y cortos por delante, con un escote recto y modesto, sin mangas y con un bordado de flores rojas en un costado del talle. Sus tacones eran blancos y punteados, y Pet había sostenido su cabello en una media coleta en forma literal de moño, el resto lo rizó.
—Está perfecto —respondí.
—¿Segura?
—Claro. Sabes que no te mentiría. ¿Qué sucede? Nunca habías estado nerviosa por una cena.
Cynthia suspiró.
—Pero es la primera en la que estaré con ustedes oficialmente justo después de todas las cosas que sucedieron con Alice y Clarissa.
—No tienes nada de qué preocuparte, Cynthie, créeme. Estarás junto a Edward en la línea de saludo, y en la mesa te coloqué entre Raoul y Seth, todo saldrá bien.
—Si tú lo dices...
Reí.
—Vamos adentro. Ya no tardan en venir por nosotros.
Entramos a la habitación y seguimos entreteniendo a los niños. Ilaria nos contó cómo ella, mamá, Natasha y Cynthia pasaron dos días escogiendo sus vestidos con tal de no involucrarme a mí, porque todos sabían que estos días eran un caos para mí, comenzando desde mi cumpleaños. En octubre comenzaba a planear todo: el aniversario de la empresa —que con el nombramiento se convirtió en una gran fiesta—, Acción de Gracias, la visita a la fundación, Noche Buena y Navidad, el cumpleaños de Vanessa y Año Nuevo. Cualquiera que me conociera sabía que no era la mejor compañía en los últimos tres meses del año.
Fue así como mi hermana terminó con un enorme vestido rojo de tirantes con escote en V, espalda descubierta y una amplia falda; el cabello lo tenía recogido en una estirada coleta con la tiara que usó en la recepción de su boda. Nat llevaba un vestido azul rey de organza con cuello y cintura enjoyados, su cabello estaba medio despeinado con una cascada completa y el broche que le presté justo en el hueco de la coleta de base. Pero sin duda, la más impresionante de las cinco fue mi mamá con ese vestido gris entallado con la gran capa cayendo por su espalda y su cabello corto peinado con las puntas mirando hacia afuera. Se veía hermosa, como siempre.
—Señores —nos llamó Victor después de abrir la habitación—, es hora.
Nos pusimos de pie y bajamos por la escalera trasera que daba directamente al jardín.
Recibir a los invitados en la puerta del jardín fue idea de Elise, nos ayudaba a remarcar aún más nuestra posición de anfitriones. Y Dios no permitiera que a la gente se le olvidara por causa de quién recibieron el tan prestigioso sobre dorado...
A veces mi abuela era... simplemente demasiado.
Solo eran escasas cien personas a quienes debíamos saludar, la lista de invitados fue sometida a un recorte el año pasado cuando yo estaba realmente embarazada, con las hormonas a full y sin ganas de tener a más de doscientas personas invadiendo mi casa, y a pesar de que juré que solo sería ese año, mis padres declararon que esa sería la lista permanente. No necesitábamos más personas para recibir el año nuevo, especialmente éste.
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La cena estuvo deliciosa y cuando sirvieron el postre, todos nos volvimos simplemente locos. El escenario fue un largo plato de cerámica sobre el que se encontraban un cupcake de vainilla con cobertura blanca en un envoltorio dorado, una gelatina blanca y dorada en un vaso transparente y una copa dorada de sorbete*, todo decorado con ralladura de oro comestible de veinticuatro quilates y, lo más importante, con champagne como ingrediente principal. La cobertura del cupcake era de champagne, así como la parte dorada de la gelatina, y el sorbete. Realmente fue el final perfecto para el banquete.
—Oye, Bells —me llamó Irina mientras hablaba con unos amigos de mis padres. Los despedí y me acerqué a mi cuñada.
—Hola, Irina.
—Buena cena, como siempre. Mi madre nunca ha logrado nada como esto.
—Pues gracias. ¿Qué ocurre? No creo que solo te acercaras para felicitarme.
—Estuve pensando desde que se fueron de Inglaterra. Sabía de las intenciones de mi madre porque la escuché hablando con los padres de Adam. Su plan era destituir a Edward, como ya saben, pero no colocarme a mí en la presidencia, sino a Adam, a pesar de que tengo derecho a ese puesto —asentí—, yo iba a ser nombrada patrona de la fundación y ella obviamente sería co-patrona. Su objetivo era seguir controlando todo el emporio a través de nosotros, hacernos sentir que teníamos el poder sin que lo tuviéramos. Obviamente, a Edward y a ti les quitaría todos los derechos que tienen como pareja presidencial, declararía frente al consejo del emporio que ella y papá nunca aceptaron su boda y...
—Mis hijos no tendrían acciones del emporio, yo tampoco y Edward tendría el porcentaje que tienen ustedes —completé. Irina asintió—. ¿Por qué?
—Porque a ti no te puede controlar. —Se encogió de hombros—. Me duele que mi propia madre me considere tan estúpida como para decir eso. Así que guiada por eso y porque quiero separarme de ella y apoyarte en el emporio y en tu nueva aventura... Me presento ante ti como la gerente de relaciones jurídicas de la futura decoradora Ideas Swan-Cullen.
El grito que me salió no ensordeció a todos porque la música lo acalló lo suficiente. Envolví a mi cuñada en mis brazos y brinqué con ella.
—¡Gracias, gracias! Irina, definitivamente no podría hacerlo sin ti, no confío en nadie más para llevar esos asuntos, sobre todo porque estaremos hablando de tus sobrinos y tu hermano.
—Te convertiste en mi hermana desde que llegaste malhumorada a tu departamento en Malibú y nos mandaste al diablo con solo decirnos "Hola". Ahí supe que tú serías la mujer perfecta para mi hermano y que algún día serías la muerte de mi mamá.
Sonreí.
—Gracias, Irina, de verdad.
Ella asintió.
Edward lo supo dos días atrás, cuando se reunió con sus hermanas y su cuñado después de que aterrizaron en Los Ángeles para la cena. Esme seguía trabajando en eso, buscando evidencias para presentar ante el consejo —que resultaba ser el resto de la familia— que demostraran nuestra "incompetencia" para dirigir el emporio y la fundación, pero no nos preocupábamos porque sabíamos que el emporio había sido ciento por ciento más rentable en estos dos años de lo que fue en los veinte que Carlisle y Esme estuvieron al mando, y la mejor prueba era el incremento en las ganancias que recibía toda la familia, incluidos Vanessa, Joey, Adam y yo. El consejo estaría drogado si decidiera destituir a Edward y colocar a Adam en su lugar, sobre todo porque sería un insulto al apellido que un Cullen de nacimiento no dirigiera el emporio.
Sin embargo, Irina y Kate sí estaban preocupadas por nosotros. Estaban seguras de que Esme haría que algo apareciera y convencería al consejo de hacer lo que ella quisiera, asustándolos justo como Tanya había hecho con dos de las primas de Edward hacía cuatro años. Y ya vimos lo fácil que era manipular a un Cullen.
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Cuando a Vanessa le estaban saliendo los dientes, Edward y yo éramos un manojo de nervios porque era prácticamente imposible quitarle el dolor, y nuestra pequeña nos odiaba un poquito precisamente por eso. Después de dos años y medio definitivamente olvidé lo que había sido eso. Ahora era turno de Joey. A Vanessa le masajeamos las encías y, en teoría, todo el tiempo tenía su mordedor en la boca. Intentamos hacer lo mismo con Joey, pero él se negaba a abrir la boquita para el masaje, así que aprovechábamos cuando dormía para hacerlo, eso significaba quedarnos hasta altas horas de la noche para que pudiera descansar bien.
Después de la cena Edward se quedó con él, así que yo me hice cargo esa mañana, de manera que mi marido durmiera más.
Eran las ocho de la mañana cuando escuché pasos en la sala, solo los ignoré. Victor y Kaure normalmente comenzaban sus labores a las seis, pero se quedaron hasta que terminó la fiesta, así que debían ser ellos. Seguí preparando mi té y la leche de Joey.
—Bella —murmuró Natasha.
—¡Jesús! —grité dando un salto y botando un poco de agua de la tetera—. Por Dios, Natasha, casi me matas.
—Lo siento —se disculpó.
—¿Qué ocurre? —le pregunté sirviendo el agua en mi taza.
—Me desperté hace una hora y no pude seguir durmiendo, vine por un vaso de leche.
—Adelante. Está la de los niños y la del niñote de mi hermano, sírvete de la que quieras, los vasos están aquí arriba —indiqué señalando uno de los anaqueles. Natasha asintió, sacó un cartón de leche del refrigerador y tomó un vaso—. Gran noche, ¿eh?
—Ni que lo digas. He estado en estas cenas desde que nací y se ve muy diferente desde afuera. Desde adentro es...
—Lo sé —dije sonriendo—. Es mucha presión, pero te hace sentir tan bien...
—Sí, como si fueras invencible —asentí—. No me extraña que Alice se volviera loca, cualquiera que no esté acostumbrado a este tipo de eventos lo haría —soltó. Ante la mención de Alice me tensé y me concentré en darle el biberón a mi hijo que estaba en su portabebés sobre la barra de la cocina, jugueteando y masticando su mordedor azul y verde. Natasha notó mi cambio de humor—. Lo siento, no quería incomodar.
—No te preocupes.
—¿Puedo preguntar algo?
—Claro.
—¿Qué pasó?
Suspiré.
—Mi boda —respondí, Natasha frunció el ceño—. Sabes que Edward y yo nos comprometimos hace exactamente tres años, y la boda de Jasper y Alice fue dos semanas después. A ella le molestó que yo me "atreviera" a comprometerme antes de su boda, porque obviamente eso fue lo que llamó la atención ese día. Fue una bola de nieve: eso, que Ilaria fuera mi dama de honor, porque en el mundo de Alice yo debía regresarle el favor, el presupuesto ilimitado... Fue una tras otra. Comenzó a culpar a Jasper de todo lo que le sucedía, y al resto por su sencilla boda.
—¿Todo por eso?
—Cuesta creerlo, sin embargo creemos que fue lo que la hizo explotar. Nunca entenderemos qué fue lo que realmente pasó, solo estamos felices de que terminara.
—Anoche escuché cosas. Fueron horribles.
—Aquí saben muy bien lo que sucedió. Se filtraron las fotografías de Alice y su amante, los términos del divorcio, lo que sucedió con Tyler... Todo. No sabíamos qué más hacer para desviar la atención.
—En Seattle también, pero yo no supe nada. Mis padres no me dejaron ver las noticias, ni leer el periódico y las revistas, me encerraron con tal de que tampoco escuchara lo que se decía de mí.
—Nat, en verdad lo sentimos mucho. Jamás creímos que a ti te atacarían. Cuando mi padre nos dijo que los tuyos hablaron con él nos sorprendimos mucho, no lo podíamos creer.
—Yo ni siquiera supe eso, hasta que Jasper me lo dijo. Y aún no entiendo cómo pudieron hacerlo.
—Solo te protegen, Nat. Y eso no me sorprende. Después de todo, Jasper está divorciado, con dos hijos y su ex cuñada, ¿no harías lo mismo si estuvieras en su lugar?
—Pero es Jasper...
—Y tú serás la segunda mujer, la que todos esperarán que tampoco salga corriendo. Nat, en verdad lamento que estés en ese papel.
—No es tan malo, al menos no es un viejo con hijos adolescentes y una ex cuñada defensora de su hermana.
—Aunque sí con las hermanas molestas.
Natasha rio.
—¡Eso es lo peor! —soltó con unas risitas—. Ustedes dos son como una mafia, donde ponen el dedo ponen la bala, en verdad es mejor estar de su lado que en su contra.
Reí.
—No somos tan malas. Tal vez un poco —concedí—. Pero oye, si no fuéramos así, Alice nunca se hubiera ido.
—Eso es muy cierto. Ella se las hubiera comido —dijo. Nos quedamos en silencio, ensimismadas en Joey y sus ruiditos al beber de su biberón, ella reía con cada gemidito de mi bebé. Hubiera dado lo que sea por saber lo que estaba pensando, se veía tan lejos de aquí, que dudaba mucho que regresara pronto, incluso me sentía un poco mal de solo pensar que pude haberla espantado. Jasper me mataría si eso sucedía—. ¿Qué puedo hacer?
Y, de nuevo, me espantó su murmullo. Ella se disculpó con un gesto.
—Solo sé leal, Nat, eso lo valoramos más que nada.
—¿Otra cosa?
—No te preocupes. No mordemos. Y discúlpame por haberte colocado en la mesa de la familia, no creí que eso causaría lo mismo de la foto.
—No hiciste nada malo, solo te adelantaste un poco.
—¿Han hablado tú y Jasper acerca de eso?
—Solo que dejaremos pasar un tiempo para hacerlo oficial, él no quiere presionarme y yo no quiero meterlo en más problemas. El divorcio acaba de salir...
—Sí, y sigue en una situación complicada. ¿Crees poder esperar un poco más?
—Claro. No hay nadie más que espere por mí.
Bufé.
—Sufrida —solté—. ¿Me ayudas con el desayuno?
—Por supuesto —respondió.
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*Sorbete: Es un postre helado, que se diferencia del helado por no contener ingredientes grasos, además de no incluir yema de huevo. Por esta razón su textura resulta menos firme, más líquida y menos cremosa que el helado.
