Disclaimer: Todo lo que reconozcan como propiedad de Stephenie Meyer, lo es. La trama de esta historia es lo único que me pertenece.
Capítulo 35
Casi no trabajamos en Twilight's por el mes siguiente, estábamos demasiado ocupadas preparando la boda de Alice y Jasper.
- ¿Por qué tenías que casarte tan malditamente rápido? – dije fastidiada mientras íbamos en el auto de Jasper hacia Port Angeles para la degustación del menú y el pastel de boda.
Alice había ido a buscarme a casa demasiado temprano para hablar sin parar sobre colores y flores y luego me había arrastrado hacia el auto sin que pudiera decir una sola palabra. Toda esta mierda de la boda me tenía permanentemente agotada, justo ahora tenía un sueño bárbaro y un dolor palpitante en la cabeza.
- He esperado seis años para casarme con Jazz – dijo mirando fijamente hacia la carretera – ¿Por qué tendría que esperar mucho más? Lo estamos haciendo bien a este ritmo, a pesar de que tú solo has estado contribuyendo con gruñidos y maldiciones – rodó los ojos – Estás más irritable que un oso acabado de salir de hibernación.
Resoplé y me crucé de brazos – En realidad, me siento como un oso que no lo dejaron hibernar. ¿No podías traer a Rose, o a tu maldito futuro esposo que no está contribuyendo ni siquiera con gruñidos y maldiciones porque su estúpida excusa es que es un chico?
- ¡La boda es en dos días! – gritó haciendo que me doliera mucho más la cabeza – Rose está terminando con la pedrería de nuestros vestidos y Jasper está trabajando, además, él ya tiene que preocuparse por su propio esmoquin. Mi suegra está asegurándose de que todo esté bien con las flores y la abuela está muy ocupada gritándoles a los chicos de la entrega de mesas y sillas en casa.
No sentía simpatía por ella, solo iba a tolerar esto porque me estaba llevando a comer pastel y platillos caros – Bueno, como sea.
Me convertí en una campista feliz un rato más tarde. Alice prácticamente me rodó de vuelta al auto después de comer hasta el cansancio en la degustación. Todo estaba delicioso, así que le di un pulgar arriba al chef en cada plato que puso delante de mí. No podía creer que pudiera comer tanto, Alice se había rendido en la mitad de la batalla, pero yo llegué hasta el final. Si estornudaba, iba a explotar en mil pedazos, o como mínimo, vomitar.
Y lo hice. No estornudé, ni exploté, pero Alice tuvo que parar el auto en medio de la carretera para que pudiera vaciar mi estómago a la orilla de la calzada.
- ¿Tenías que comer como un cerdo? ¡Parecías una maldita aspiradora! – gritó Alice preocupada, dándome suaves palmaditas en la espalda y echándome el pelo hacia atrás – Los asistentes del chef estaban murmurando acerca de que eras la versión femenina de Homero Simpson. ¡Dijeron que sentían la necesidad de conseguirte una cerveza!
Debido a que mi garganta estaba obstruida por los fluidos de mi estómago, no le dije que quizás hubiera aceptado dicha cerveza. Por Dios, quería hacerme un ovillo aquí en el asfalto y morir. Lo único que me detuvo de hacerlo fue que preferiría morir entre las mantas suavecitas de mi cama.
Enjuagué mi boca con una botella de agua que Jasper dejó abandonada en su auto y volví a sentarme en el asiento de copiloto jadeando como un canino – Llévame a casa de Esme, quiero una sopita de fideos de mi mamá.
Alice me miró como si hubiera perdido la cabeza - ¡¿Quieres comer más?! ¡No voy a hacerme responsable de mis actos si el vestido de dama de honor no te entra después de hoy!
…
Dos días después, hubo un momento de pánico en el que el cierre trasero de mi vestido de dama de honor no subía, pero Rose logró hacerlo subir con un golpe asesino en mi espalda. Para mi suerte, no era esponjoso ni de color melocotón. Los colores de la boda eran el blanco, el turquesa y el plateado. Alice dijo que combinaba con sus ojos. Así pues, mi vestido y el de Rose eran de color turquesa, largo hasta el suelo en suaves pliegues y mangas caídas llenas de pequeñas piedras plateadas. No quería ni siquiera pensar en que eran auténticos malditos diamantes lo que colgaban de mi vestido (suministrados por la empresa del señor Brandon).
Dos chicos homosexuales ridículamente guapos habían venido para maquillarnos y peinarnos, y para cuando terminaron conmigo, parecía una celebridad a punto de caminar por la alfombra roja de los premios Oscar. Así de genial me veía.
Alice estaba total y completamente asombrosa en su vestido de novia con corsé lleno de diamantes y falda tipo princesa. Mientras que mi cabello y el de Rose estaban sueltos y peinados en rizos sueltos, el de ella estaba recogido en un elegante moño con una trenza rodeando su cabeza.
- Oh, cariño – dije con ese tono tipo mamá-está-a-punto-de-llorar – Estás absolutamente hermosa.
Ella abrió sus fosas nasales y me señaló con su dedo índice – No te atrevas a soltar una sola lágrima, Isabella Swan. ¡Vas arruinar el maquillaje! – se volteó hacia Rose mientras todavía me señalaba - ¿Qué demonios pasa con ella?
Rose se encogió de hombros y miró hacia otro lado para disimular sus propias lágrimas – No tengo idea.
- Por el amor de Dios… - dijo rodando los ojos.
Fue una completa mierda que tuviera que pasar toda la ceremonia de boda de pie con unos tacones de cien mil centímetros, pero me mantuve sonriendo de corazón y lagrimeando como una idiota en todo ese tiempo. Jasper casi había tenido un infarto cuando vio a Alice caminar por el pasillo hacia él y Emmett a su lado, no despegó la vista de los prominentes pechos de Rose. Mi pequeño hombrecito estaba más allá de guapo en su pequeño esmoquin llevando los anillos y Renesmee parecía una auténtica princesita esparciendo flores a nuestro paso.
Como la boda fue en el patio trasero de la casa/mansión de la abuela de Alice, fui en busca de unas sandalias bajas a la habitación de Al en cuanto comenzó la recepción. Casi me pierdo el brindis porque Edward había asistido a la boda y me había seguido al interior del closet de Alice. Yo definitivamente no escuchaba consejos, maldita sea.
Después de que Emmett y yo hiciéramos reír a carcajadas a los invitados con nuestros discursos, la señora Lilian soltara un par de lágrimas en el micrófono y el Sr. Brandon amenazara públicamente a Jasper por su querida hija, la fiesta se puso en su apogeo y la gente empezó a abarrotar la pista de baile.
Justo cuando caminaba hacia el bar para una bebida desde la pista de baile donde bailaba con Sam, alguien tomó mi brazo y me hizo voltear - Bella, he estado esperando hablar contigo desde que te vi atravesar el pasillo hacia el altar. ¡Realmente no puedo creer que seas tú!
Abrí mis ojos realmente grandes - ¿Lauren? ¿Realmente eres tú?
Ella asintió con entusiasmo mientras me daba una sonrisa de mil vatios - ¡Soy yo!
- ¡Oh por Dios! – dijimos al unísono en medio del fuerte abrazo que nos dimos.
- ¿Cómo es que estás aquí? ¿Conoces a Alice y a Jasper? – pregunté cuando nos separamos, quise preguntar por su criatura, pero tenía miedo que fuera un tema que no tendría que tocar.
Negó con la cabeza – No en realidad, pero mi esposo es primo de Jasper.
Me eché para atrás sorprendida – ¿Tu esposo? ¿Te casaste?
Asintió – Arreglé las cosas con el padre de mi hijo. Nos amábamos como dos idiotas, así que nos casamos.
Estaba muy feliz por ella - ¿Y dónde están tu esposo e hijo? ¡Quiero conocerlos!
Ella me llevó hacia la mesa donde estaban sentados hablando de lo difícil que fue cuando me fui de Phoenix hasta que su esposo volvió de no sé dónde. Estuve prestando mucha atención a lo que me decía, tanta atención, que no me fijé en las personas de la mesa hasta que su esposo habló.
- Veo que te encontraste con tu amiga, cariño – dijo el hombre con una voz baja y ronca. Una voz sexy.
A pesar de que ya no tenía tacones, me tambaleé hacia atrás, siendo salvada de caer por el mismo esposo de Lauren.
El maldito Félix.
Levanté la mirada hacia él siendo consciente de que había palidecido. Miré sus ojos azules muy parecidos a los de Jasper. Me había olvidado por completo de él y de su rostro en estos seis años, pero lo recordaba perfectamente bien ahora, también recordaba el vuelo donde lo conocí y el hotel en Río donde lo volví a ver.
Frunció el ceño antes de entrecerrar los ojos - ¿Te conozco?
Me entraron ganas de vomitar, pero no lo hice – Yo… um… no lo sé – tartamudeé como una retrasada – No lo cre-creo.
- ¡Por Dios, Bella! – dijo Lauren apresurándose a ayudarme a enderezarme - ¿Estás bien?
- Sí – dije sonriendo nerviosamente – Un resbalón, nada más. Soy la torpeza hecha mujer.
- Mamá – dijo un niño rubio de ojos azules que tenía más o menos la edad de Sam, estaba sentado en la mesa y su camisa blanca tenía una enorme mancha color purpura en el frente – Se me cayó el vino encima.
Lauren se apresuró hacia él mientras su esposo me miraba fijamente - ¡Oh, pero mira cómo te has ensuciado la camisa, cariño! ¿Por qué tenías vino en la mano? – lo levantó de la mesa y se lo llevó en dirección al baño parloteando acerca de la camisa arruinada del niño, olvidándose completamente de nosotros.
- Te conozco, ¿cierto? – dijo Félix cuando Lauren se había alejado lo suficiente, medio sonrió incómodo – Eres esa chica inquieta del vuelo a Río.
Miré la falda de mi vestido, también incómoda – Sí. También soy esa chica que llevaste a tu habitación de hotel y le diste champaña hasta hacerla perder la razón mientras tenías a otra chica sola y embarazada en Phoenix.
Se aclaró la garganta, pinchado por mi comentario – Las cosas con Lauren fueron así porque estaba un poco asustado, pero la amaba – parecía sincero mientras hablaba – Y lo tuyo en Río solo fue… una especie de diversión, pero no hice nada demasiado malo – se echó a reír el muy cabrón - En cuanto te pusiste demasiado borracha como para quitarte la ropa y lanzarla por toda la habitación bailando esa canción de Mariah Carey y gritando que no importaba que tuvieras dieciséis porque tomaste la maldita champaña, salí de esa habitación más rápido que inmediatamente.
Me le quedé mirando fijamente como si le hubiera crecido un tercer ojo en el entrecejo - ¿…Eso quiere decir que… - señalé entre nosotros – No me… no… no hicimos nada?
Se carcajeó en mi cara mientras negaba con la cabeza – Por supuesto que no.
Entonces, eché el codo de mi mano derecha hacia atrás y le di un puñetazo en la cara con todas mis fuerzas. Cayó al suelo como un peso muerto, y a juzgar por la forma en la que no se movió ni hizo algún ruido, estaba inconsciente.
Hoola!
Espero que les haya gustado el cap. Muchas gracias por sus comentarios, hacen sentir cálido mi corazón n.n
¿Ven? no me había olvidado de Félix. Otro misterio resuelto.
Como ya saben, estoy subiendo un capítulo por día, y voy a seguir haciéndolo por unos días más porque el ángel de la imaginación me ha visitado y he escrito un montón en estos días (puede parecer que no tengo nada más que hacer, pero de verdad que tengo una vida. Lo juro).
Bueno, hora de los besos! les mando muchos de ellos n.n
Nos leemos en el próximo cap.
Bye!
