CAPITULO 36
COLINA DE PONNY. Mediados de abril de 1920.
Es domingo, tengo el día libre, hoy no tengo que trabajar en la clínica feliz del Dr. Martin, la hermana María y la Srta. Ponny se llevaron a todos los niños del hogar a un día de campo cerca de lago. Me he quedado por alguna razón hoy no tuve ganas de ir, aunque sonaba que iba a ser divertido con muchos pastelitos, galletas, juegos y llevaban su traje de baño puesto.
Tengo en mi mano las cartas que me han enviado Annie y Patty. Annie me platica que posiblemente está embarazada tiene un presentimiento, en dos días tiene ya cita con el Dr. de la familia. Supongo que en estos momentos ella sabrá si ya está embarazada, deseo de todo corazón que así sea, me encantaría ser la tía Candy… pero ella está en Chicago, bueno pediré permiso la clínica feliz… ha crecido muchísimo, ahora hay otros dos doctores y 5 enfermeras.
La carta de Patty me platica que le ha ido muy bien como maestra, hace unos meses conoció a un chico Luise, es tierno y muy atento, le ha pedido que sea su novia, ha pasado muchos años de la muerte de Stear, ha estado de luto mucho tiempo, ahora es tiempo que rehaga su vida y con nuevos amores, me entusiasme muchísimo, recuerdo que le dije… ¡Aviéntate! Mereces ser feliz, estoy segura que Stear estará muy feliz, no creo que desde el cielo le agrade ver qué sufres aun por su perdida. Patty me ha escrito que finalmente es su novia y que sus padres han aprobado esta nueva relación.
Estoy tan orgullosa de mis dos amigas… pero por alguna razón desde que me llegaron sus cartas me he sentido triste, ¿Por qué dios mío? ¿Si soy feliz por su felicidad? – Se decía así misma con lágrimas en los ojos. – he decidido mi camino, he decidido quedarme en el Hogar y ayudar a mis dos madres, también trabajo como enfermera en la clínica feliz… esto me bastaría para ser feliz y completa. – esto último pensamiento fue como un golpe en mi pecho.
Veo por la ventana y una persona se está acercando, aun no puedo ver perfectamente de quien se trata. Me tallo los ojos para ver si puedo distinguirla mejor…
– ¡No puede ser, el Sr. March, el cartero! – Mi pulso se acelera, supongo que es carta de Annie diciéndome que muy pronto será mamá. El Sr. March nunca viene en domingo, solo en ocasiones muy importantes.
Salgo de la casa y voy corriendo hacia él… – ¡Sr. March! ¡Sr. March! ¿Tiene correspondencia para mí? – pregunte agitada de correr tanto y tan rápido.
– Así es Candy, siempre que llega una carta para ti, se que debe de ser muy importante.
– ¡¿Es de Annie verdad?! ¿Es de Annie? – grite de emoción, ser tía sería algo maravilloso.
– Lo siento Candy pero no es de Annie…
– ¡¿Es de Patty, es de Florida?!
– No, – el Sr. March abría lentamente su bolsa de correo, solo había una carta, no era de Annie o de Patty, – es de un hombre... – pensé que era de Albert o de Archie mi rostro se ilumino enormemente cuando me entrego la carta, cuando leí el remitente. Mi mano comenzó a temblar, deje de respirar por un momento. – ¿Candy te encuentras bien? Espero que sean buenas noticias.
– Sí, claro… – mi boca estaba trabada, no podía decir algo más.
– Bueno te dejo para que puedas leer tu carta. – yo únicamente asentí en silencio, recuerdo que me dijo algo más pero mi mente no lo escuchaba, no registre cuanto tiempo estuve en shock, pues desde lo alto de la colina podía mirar muy lejos y el Sr. March ya no se encontraba ni se veía a lo lejos. Sostuve un poco más la carta en mis manos antes de abrirla, me senté en la hierba y lentamente con manos temblorosas leí nuevamente el remitente, Terry Grandchester, Londres Inglaterra. Lentamente abrí la carta.
Candy.¿Cómo estás?... ha sido un año.
Estuve planeando en volver a estar en contacto contigo después de que pasó un año pero otro medio año
ha pasado por mi indecisión.
Pondré esto en el correo.
– Nada ha cambiado en mí.No sé si esta carta te llegará o no, pero quise asegurarme de que lo supieras.T.G.
Es una carta muy corta… pero Terry quiere tener nuevamente contacto conmigo, ¡Nada ha cambiado en mí! – Esa pequeña frase hizo que mis ojos se nublaran y repentinamente comencé a llorar en silencio. Mi corazón se acelero, y sentía el estomago lleno de mariposas revoloteando adentro de mi.
Ya en la tarde viendo el ocaso, un paisaje naranja, veo a los niños felices regresando al hogar, todos cantando, corriendo de felicidad pero cansados, en vez de ayudar a mis madres a llevarlos a la cama para que pudieran descansar. Me quede afuera recargada en el árbol viendo el paisaje, como si quisiera grabarme cada detalle del hogar, de la colina, de los árboles, respiro fuertemente por alguna extraña razón sigo viendo el paisaje con lágrimas en los ojos, un dolor repentino en mi corazón, en mi pecho, estoy en transe, veo que poco a poco se está obscureciendo, ya es noche, muy noche cuando repentinamente como una fuerza interior sale de mí.
Me he dado cuenta que a pesar de todo no soy tan feliz como he tratado de convencerme… entro a la casa, mis dos madres están ahí sentadas en silencio, sobre la pequeña mesa de madera, hay dos tazas humeantes, el olor a té de limón impregna la pequeña estancia.
– Deseo hablar con ustedes… – dije y observe que la Srta. Ponny me hacia una señal para sentarme junto a ellas.
– ¿Qué pasa querida hija? – dijo la hermana María con una mirada de comprensión.
– Me ha llegado una carta de Londres, una carta de él – dije a punto de las lágrimas – es una carta muy corta, solo dice que quiere tener nuevamente contacto conmigo y que no ha cambiado referente a sus sentimientos conmigo…
– Hija, ¿Qué has pensado hacer? – pregunto con suavidad.
– No lo sé… ha sido muchos años desde que nos separamos… ¡Le he mentido, lo he lastimado! – apreté los puños fuertemente.
– Hija si él se ha puesto en contacto contigo es porque a pesar de todo te sigue amando.
– Tengo miedo… mucho miedo…
– Hija, y supongo que aquí es un lugar seguro para ti, ¿Verdad? Pero ya no eres más una niña… ya eres toda una mujer… una mujer que ama y desea que sea amada…
– No quiero sufrir, no quiero pasar por lo que pase por los últimos años. Sé que está comprometido, sé que muy pronto se casará…
– Si te escribió, es porque a lo mejor no está seguro de dar el gran paso con otra mujer. – dijo la hermana María tomando su té.
– Tú lo amas más que nada en el mundo, lo supe desde el día que entraste cuando llegaste de Londres… del internado. – sonrió recordando la Srta. Ponny cuando llegue – Si no luchas por tus sueños nunca encontraras la felicidad.
– ¡Mi felicidad esta aquí! – dije casi gritando pero un segundo después sentí que me mordía la lengua.
– No Candy, tu felicidad no radica aquí, este ya no puede ser mas tu capullo de refugio, debes de ser como tus amigas Annie y tu amiga Inglesa que a pesar de las dificultades y de haber perdido a su novio en el frente se está dando la oportunidad de ser feliz.
– Tu mereces buscar tu felicidad Candy… un hombre muerto jamás regresará, pero mientras haya vida siempre existe la posibilidad de encontrarse, – dijo la Srta. Ponny mirándome a los ojos con su mirada de madre – no sabemos lo que nos espera detrás de la colina Candy, sigue adelante ahí deberá haber encuentros maravillosos que te abrazaran. No tengas miedo en buscar tu felicidad.
Le hermana María había tomado el sobre que había dejado descuidadamente en la mesa… sus dedos la arrastraron hacia ella llevando el sobre donde se leía claramente el remitente.
– Debes de ir a Londres… – dijo con la voz quebrándose, sabía que quería irme… correr tras de él pero mis madres supieron que necesitaba escuchar su aprobación. – tu felicidad se encuentra en Inglaterra.
– Yo no sé, debo de… el trabajo en la clínica… los niños del hogar…
– La clínica no te necesita más, pues hay varías enfermeras ya… y nosotros queremos que seas una mujer realizada…
– Lucha ahora por tu hombre Candy, ya no hay ningún obstáculo… lucha por ese amor… hija mía.
– Srta. Ponny, hermana María, – corrí abrazarlas, las tres nos abrazamos fuertemente, – hoy partiré… hoy partiré, quiero estar ya con él y gritarle lo mucho que lo amo.
– Candy. – Lloramos juntas – escríbenos.
– Lo haré – Salí corriendo a mi pequeña habitación tome un par de cambios de ropa y artículos personales, y en mi corazón la carta de Terry.
– Escribí una carta al Dr. Martí explicando porque de mi salida repentinamente y otra a los niños del hogar. No podía esperar hasta el día de mañana y verlos despedirme de ellos, no sabría que me depararía el destino de ahora en adelante, quizá regresaría en menos de un mes o quizá en años si lograba mi objetivo. Quizá menos. Pero no me gustan las despedidas, fui a los dormitorios de los niños y me despedí llorando en silencio con un beso en la frente mientras dormían profundamente.
Me despedí esa madrugada de mis dos madres, me dolía mucho despedirme de ellas y no verlas por mucho tiempo, pero comprendí que me dolería aun más si regresaba al hogar a mi casa con el corazón destrozado.
Ellas se despidieron de mí con sus manos agitándolas arriba… – buena suerte y regresa con un anillo en el dedo.
Llegaría a Chicago primero y después ahí me iría hasta Nueva York para tomar el transatlántico.
Fui a ver a Albert esa mañana, ya había desayunado… me miro con sorpresa y alegría… nos abrazamos fuertemente. Una hora después de haber hablado con él finalmente pronuncio la primera palabra.
– Londres, Inglaterra. ¿Iras a Londres para ver a Terry?
– Si. – dije como si no había entendido lo que había dicho y necesitaba que le reafirmara lo que había dicho.
– Candy… no sé si sabes que Terry está comprometido y que se casara en dos meses…– dijo con una voz muy tranquila – no me gustaría que…
– Ya lo sé, lo sé… pero me he dado cuenta que lo amo Albert, que a pesar del tiempo y la distancia no puedo olvidarlo y que si no es con él… mi vida no tiene sentido… he tratado de convencerme que soy feliz… y que lo he olvidado.
– Vas a luchar por recuperar el amor – moví la cabeza afirmativamente – Terry te ama, pero no será sencillo pequeña, ahora es Marques y ha hecho juramento de lealtad a sus reyes, no solo lucharas por recuperar el corazón de Terry sino lucharas con la monarquía, con la familia de su comprometida, y muy posiblemente con los Duques de Grandchester… ahora es el heredero del ducado del Duque.
– No me importa Albert, si Terry no me rechaza yo luchare por nuestro amor.
– Tienes todo mi apoyo incondicionalmente, cualquier decisión que tomarán yo los apoyare…
– Albert – lo abrace fuertemente – gracias, gracias… te quiero mucho…
– Y yo te quiero aun más pequeña, y tu felicidad es mi felicidad. Hoy pasaras la noche con nosotros y mañana a primera hora te llevare hasta Nueva York para que tomes el trasatlántico.
– Albert, no es necesario que me lleves, tú tienes mucho trabajo que hacer.
– Tú ahora eres lo más importante para mí, el trabajo puede esperar. Además necesito ir a Nueva York, tengo que recoger algunos documentos muy importantes.
– Si es así, estoy muy feliz que me acompañes. – dije con una sonrisa traviesa.
– Voy a reservar los boletos del tren y del transatlántico, también haré reservación para tu hospedaje en Londres. Mientras ve a descansar, un largo viaje te espera.
– Si Albert, muchas gracias. – me despedí con un beso en la mejilla y muy agradecida por ayudarme con todos los gastos necesarios hasta que encuentre a Terry. Me di un largo baño de burbujas, y después de una cena ligera me fui a mi dormitorio para descansar, además deseaba que ya amaneciera para tomar pronto el tren, nunca me había sentido tan ansiosa y tan feliz, había tomado ya una determinación y estaba dispuesta hacer todo lo que estuviera en mis manos para lograr mi objetivo.
El sol de la mañana ya alumbraba toda la recamara, aun estaba acostada con una sonrisa en los labios, y de repente me sentí tan alegre como si la vida tuviera sentido, mi corazón latía fuertemente, "cómo un trozo de papel y unas cuantas líneas, hacía que me sintiera la mujer más feliz de todo el planeta" y una luz de esperanza se abría ante mi nueva realidad.
Candy se paro frente a la ventana viendo fijamente hacia los rayos del sol a través de los árboles. De repente sintió como si Anthony estuviera riendo en la luz.
(Anthony…)(Ohh… Anthony, ven para acá…) No importaba cuanto murmurara, Anthony no se acercaría.Un nuevo manojo de lágrimas brotó de sus ojos. Sin embargo se sintió nuevamente en una cabalgata, años atrás, las palabras, el aire en su rostro. Todos aquellos sentimientos y sensaciones lo estaba sintiendo nuevamente. "Olvídalo Candy…" – Fue entonces, cuando la tranquila voz de Terry se calló cuando Candy levantó sus ojos húmedos. Sosteniendo las riendas con fuerza, Terry estaba desafiante mirando hacia adelante. El pecho de Terry al que ella se había aferrado estaba caliente. Ella pudo escuchar un poco el latido de su corazón. Ella olió el aroma de la hierba fresca de su sudor."Estamos vivos… Terry y yo…"Fue una toma de conciencia repentina, como si fuera empujada a una sensación aguda."Un hombre muerto jamás regresará." – El grito de Terry sonó de Nuevo.(Anthony…yo lo sabía… yo lo sé…)Ella vio a Anthony asintiendo más allá de la luz.
–Tienes razón, Candy. Yo jamás podré regresar a ti… Está bien, olvidarme.Candy vio a Anthony desaparecer en la luz de su sonrisa.
¡Hoy te veo nuevamente con una sonrisa después de tantos años Anthony!
Tu última sonrisa se ha fundido en mi corazón.Cuando te fuiste tan de repente estaba tan triste que me odiaba por respirar. Era doloroso que el día amaneciera y que la noche cayera sin ti invariablemente.Me sentía terrible conmigo misma por tener sed y hambre.Y también pensaba que nunca amaría a alguien tanto.
Sin embargo… Anthony, lo sabes, ¿No es así?Me atrajo mucho alguien que se parecía a ti en Londres.Pero fue solo por un breve instante que yo pensé que se parecían y tal vez… él era diametralmente opuesto a ti.He aprendido que había diferentes tipos de amor por medio de esta persona.Y que hubo algo que nosotros nunca podremos recuperar.
No podemos volver a ver a alguien que ha muerto – No podía aceptar algo tan simple en mi vida…Y ahora…He aprendido que es el destino que hace imposible ver a alguien a pesar de que la persona esté todavía viva.Acumulando estos encuentros y separaciones continuamos viviendo.
Y sin embargo, si estoy viva puedo mantener una esperanza.Tu última sonrisa me da fuerza.Sé que me perdonarás todo.
Anthony, gracias…
Fui feliz de conocerte.
Como dice la Srita. Ponny, no sabemos lo que nos espera detrás de la esquina. Aún si corro dentro de algo que me desgarre el corazón, no tengo miedo de conducirme hacia adelante, ahí deberá haber encuentros maravillosos que me abrazarán, esperando por mí detrás de la esquina.
– ¿Candy ya estas despierta? – pregunto Albert tocando la puerta y sacando a Candy de sus pensamientos.
– Si Albert, en un momento salgo. – se limpio Candy las lágrimas de su rostro por si Albert decidía entrar, en ese momento voltea nuevamente a la ventana, Anthony se ha ido.
– Está el desayuno ya preparado, te espero para desayunar juntos. Tengo noticias que te agradarán. – Albert se retira de la puerta para dirigirse a la cocina.
– Gracias Albert. – murmuro en un pequeño susurro, se dirigió al espejo para ver su rostro después de algunos toques con el pañuelo, se aliso el vestido que se había ya puesto rápidamente, suspiro profundamente y se miro por última vez al espejo para verse ya arreglada completamente y vio que instintivamente estaba sonriendo ampliamente y con una mirada especial de esperanza.
– ¡Candy, te vez radiante! – dijo Albert cuando la vio entrar a la comedor, todo ya estaba puesto sobre la mesa.
– ¡Ohh Albert! Haces que me sonroje mucho más. – Ambos se sentaron y desayunaron con una plática agradable, entre risas y una que otra broma por parte de Albert. Al finalizar el desayuno Albert se levanto de su asiento y fue a un pequeño armario, abrió uno de los cajones y extrajo un sobre tamaño oficio y se volvió a sentar y vio a Candy que no le quitaba la vista.
Candy, – dijo un poco nervioso – no sé como comenzar, pero hace mucho tiempo que hice estos documentos que te voy a entregar ahora mismo.
– ¿De qué se trata Albert?
– Es un acta de nacimiento, en donde dice que eres hija de sangre del Sr. William Andley, por lo que tú y yo somos hermanos de sangre.
– ¡Albert…! ¡¿Por qué?! – Pregunto consternada – ¿No querías que te dijera más padre adoptivo? – dijo con una sonrisa en los labios.
– Algo así hay de eso… cuando te veo, veo a mi hermana Rosemary, mi mamá y mi hermana tenían los mismos ojos que tú, esos hermosos ojos verdes esmeralda… y tu hermosa cabellera dorada.
– Anthony me decía lo mismo. – dijo en un susurro.
– Candy estos documentos oficiales no pensaba dártelos… hasta que fuera una ocasión importante, – Candy no entendía lo que Albert le quería decir. – ahora la situación de Terry es diferente, a jurado lealtad ante sus reyes y es Marques de Grandchester, está comprometido con una mujer de familia aristócrata. Muy conveniente para las dos familias esta unión.
– Albert… ¡Terry no es diferente… él no ha cambiado ahora que es Marques! – decía con determinación, aunque había pasado ya muchos años de que no lo había visto. Pero deseaba creer que fuera la misma persona que había conocido.
– ¿Candy estas dispuesta a todo para que seas feliz a lado de Terry?
– Sé que lo amo, se que a pesar de tiempo y la distancia no he podido quitármelo de aquí – dijo tocándose el corazón, levanto la mirada para ver a Albert con determinación – Haré todo… todo para casarme con Terry.
– Quiero que actúes como una verdadera Andley y no como hija adoptada. Estos son tus documentos de que eres hija de Sangre, y que yo soy tu hermano mayor y por lógica tu tutor. Tus padres son de sangre escocés, al año que tú habías nacido ellos murieron en un accidente, los ingleses no quieren sangre americana y menos cuando son aristócratas. Muchos pagan enormes cifras para obtener documentos originales, por ejemplo Terry como hijo de sangre de la Duquesa de Grandchester y no de su verdadera madre… que es actriz y americana.
– ¿Albert tú cómo sabes eso? – Su rostro se torno pálido – nunca te había dicho eso.
– Lo leí en tu diario pequeña, – la cara de Candy se aterrorizo, era un secreto que nadie debía de saberlo, – me tome el atrevimiento de corta esa página y de quemarla, tu secreto y el de Terry está protegido Pequeña.
– Me moriría si esa información se llegara a revelar. – suspiro profundamente.
– Lo sé.
– Gracias.
– Ya he hecho toda las reservaciones pertinentes, llegaras este miércoles a medio día a Southampton he contratado un taxi para que te lleve hasta Londres y te lleve al Hotel Savoy. Te mando dinero suficiente para que puedas alquilar un departamento en una zona exclusiva de Londres.
– Albert… yo… no sé… si pueda ser hija de sangre de los Andley, además el Duque sabe que soy adoptada del orfanatorio del Hogar de Ponny.
– Él es el único que sabe la verdad, pero este documento es oficial, no es un documento falso… – Candy estaba negando con la cabeza – Pequeña, hay muchas cosas que no sabes y no deseo atormentarte con cosas que ahora no tiene importancia, pero si Terry te ha escrito antes que tome una gran decisión, es porque no está seguro de su matrimonio con esa mujer y ellos no quieren sangre americana, recuérdalo bien Candy.
– Está bien Albert haré todo lo que me indicas – dijo con una sonrisa en los labios. – hoy mismo voy a mandarle un telegrama a Terry para decirle que voy a Inglaterra e indicarle que día llego.
– Por lo que sé Terry trabaja en el Parlamento, dudo que pueda recogerte en el Muelle de Southampton… aunque puedes citarlo en el puente de Westminster en medio del puente, será un encuentro muy romántico. – sugirió con una sonrisa picara que hizo que Candy se pusiera roja como un tomate.
– Ohh Albert, no seas malo conmigo. – salió corriendo.
– ¿A dónde vas Candy?
– A la oficina postal para mandar un telegrama – dijo gritando pues ya se dirigía a la puerta. – ya que en Londres son 6 horas más tarde, no vayan a cerrar la oficina postal allá.
Londres Inglaterra, departamento de Terry.
– Terry, es noche pensé que llegarías un poco más temprano, – dijo su compañero de departamento – no me digas que ya estás viendo lo de la nueva obra de teatro.
– No, nada de eso, hoy después del trabajo fui a ver a Minerva, para ver todos los avances de la boda.
– ¡Dios mío en dos meses se casarán! Es muy rápido, ¿Dónde irán de luna de miel?
– No lo sé, pero sea como sea será únicamente una semana de luna de miel, porque después de eso me dedicaré nuevamente al teatro.
– No creo que a Minerva le guste que su marido, este todo el tiempo trabajando, en la mañana en el Parlamento y tarde noche con ensayos y obras de teatro.
– Ella ya lo sabe, pusimos las cartas sobre la mesa de lo que esperábamos con este enlace.
– ¿Qué quieres decir con eso? ¿Qué hay un acuerdo prematrimonial?
– Si, debe de haber un heredero… hombre… y toda esa porquería.
– Si, se a que te refieres. – se sentó en el sofá tomando una copa de Whisky. – ¿Quieres una copa?
– No gracias, sabes que no bebo, pero voy a servirme una taza de té. – se fue a la pequeña cocina y salió unos minutos después ya con la bebida caliente mientras se sentaba y recargaba los pies sobre la pequeña mesa de café para descansar y darse un respiro.
– Por cierto, se me olvidaba, hoy en la tarde te llego un telegrama.
– ¿Un telegrama? ¿De quién?
– No sé, no tengo el hábito de leer correspondencia ajena.
– ¿Dónde está? – Mark le señalo la mesa y sobre esta había varias cartas. Terry se levanto del sillón donde estaba y fue a ver el telegrama, normalmente un telegrama siempre son malas noticias.
En el sobre solo decía para Terruce G. Grandchester. Sin remitente, abrió el telegrama y saco un pequeña hoja.
Voy a Londres, te espero, Puente Westminster, 6 p.m. miércoles 29 de abril. Nada ha cambiado en mí.
Candice Andley.
– ¿Ocurre algo malo, estas pálido, malas noticias? – pregunto Mark preocupado.
– ¡No sé qué decir! ¡No sé qué hacer! No sé… – se quedo en shock.
– ¿Qué pasa, qué dice el telegrama? – Terry se lo entrego y Mark no reacciono sino segundos después – ¿Es la chica americana de quien estuviste enamorado?
– Si.
– ¿Por qué te escribió hasta ahora que te vas a casar?
– Yo le escribí primero. No creí que se pondría en contacto conmigo. Pensaba que era asunto olvidado.
– Es claro que no. ¿Qué quiere decir con "Nada ha cambiado en mí"?
– Es una frase que yo utilice.
Nueva York.
– Tienes ya todo listo para tu viaje.
– Si, ya tengo mi pasaporte, mi boleto del transatlántico, la reservación de hotel y dinero. – dijo ya a punto de subir al barco.
– Te voy a extrañar pequeña. – dijo Albert abrazándola con cariño. – me hubiera gustado acompañarte pero esto debes de hacerlo por ti misma.
– Lo sé Albert. – seguía aun abrazándolo mientras le daba un beso en la mejilla como despedida.
– No regreses a América sin un anillo en tu dedo anular izquierdo. – se separo de ella con una sonrisa.
– Dalo por hecho. – el barco sonó nuevamente su sirena para que todos abordaran. – creo que es la hora de despedirnos. – tomo su maleta y estaba a punto de irse cuando la llamo Albert nuevamente.
– Candy, – le llamo y le dio un sobre cerrado – léela en tu camarote cuando estés sola, apréndetelo de memoria lo que dice y después lo destruyes.
– ¿Qué es esto Albert?
– Información confidencial, utilízala cuando creas oportuno. – le dio un beso de despedida y la bendijo. – buena suerte
– Gracias Albert, – la guardo en su bolso y rápidamente se subió al barco allá arriba agitaba fuertemente la mano para despedirse. De repente le llego una nostalgia… no sabía cuando regresaría a América, tampoco sabía si su sueño de volver con Terry sería realidad, o que regresaría a América con el corazón destrozado, sabía perfectamente que Terry estaba comprometido, sería lo suficiente valiente para romper el compromiso que estaba ya fijado.
Agarro la cadenita de plata de la Srta. Ponny y apretó fuertemente la cruz.
Prometería que sería fuerte. Pase lo que pase lucharía por recuperar a su amor perdido.
CONTINUARA…
GRACIAS POR SEGUIR LEYÉNDOME.
YA SABEN QUE LO QUE ESTA EN NEGRITAS Y EN CURSIVA SON FRAGMENTOS DE LA NOVELA DE MISUKY STORY FINAL CC.
No he podido actualizar más seguido como quisiera, pero en el siguiente capítulo comenzare con presente y pasado.
