Chicas al fin puedo subri este capitulo!... Lupita ha estado con unos problemitas de salud y por eso no ha podido entregarme el capitulo antes, sepan entender y tener un poco de paciencia!

Bueno las dejo disfrutar del capitulo y espero muchos comentarios


Capítulo 33: Los regalos de la tía Alice.

''Capítulo Beteado por Beta FFTH Lupita''

Pov Bella.

Un terrible mes ya había pasado desde la primera sesión de quimioterapia. Ahora, la vida para nosotros había cambiado drásticamente.

Estábamos transitando entre una semana estando en el hospital y una semana en casa. Eso, sumado a mis casi seis meses de embarazo y otro pequeño a quien atender, resultaba un coctel para nada atractivo, y el mayor precio lo pagaba mi espalda que me mataba de dolor.

En ese mes, aprendí a llevar esta enfermedad de la forma esperada. Hablé mucho con Carmen, me apoyé en ella y salí adelante. Ahora vivía el día a día y conservaba cada instante como lo que era: un pequeño milagro.

Edward y yo nos apuntalábamos en todo momento. Esto era muy importante para mí, el saber que él estaba a mi lado para todo lo que pudiese necesitar, para ser mi apoyo, para llenarme de amor, comprenderme, y afrontar esto juntos, simplemente él era mi fortaleza.

Me sentía muy culpable porque Thommy tenía que cambiar constantemente sus rutinas, el reloj de nuestra familia giraba en torno a las necesidades de Mía, y me aterraba pensar como sería en el momento en que llegase nuestro bebé al mundo. Realmente esperaba y rogaba a dios que para ese entonces, mi pequeña estuviese recuperada, porque de otra forma, iba a volverme loca.

Gracias a los Cullen, todo era mucho más fácil: Nessy pasaba todas las tardes conmigo, si bien ahora estaba más ocupada ―ya que había vuelto a pintar― y además estaba de novia con Jacob, dedicaba todas sus tardes a hacernos compañía, ayudarme con los pequeños. Era una excelente amiga, como la hermana que siempre quise tener.

Rose, Alice y yo, seguíamos teniendo la más fuerte de las amistades. Pero ya no podíamos juntarnos tanto como antes: las chicas ya estaban muy avanzadas en sus embarazos, a Alice le faltaba una semana para la fecha de parto y a Rose tres, sin embargo ahí estaban al pie del cañón, apoyándome como podían.

Esme y Carlisle constituían otro punto de sostén para nosotros, todos formaban una gran red, donde no faltaban las bromas y el sentido del humor de Emmett, arrancándonos sonrisas a todos, o Jasper con esa paz que lograba tranquilizarnos en los momentos de mayor angustia.

Lamentablemente, el tratamiento de mi pequeña no había arrojado resultados muy alentadores, y lo más probable era que terminara en un trasplante de médula.

El doctor Biers insistía en que esperáramos un poco más en iniciar la búsqueda de un donante, ya que era todavía escaso el tiempo el que mi pequeña había sido sometida a la quimio.

Si bien el tiempo no lograba detener el paso de la enfermedad, la medicación estaba acabando con mi hija.

Estaba más delgada, con sus ojitos tristes y cansados. Muchas manchas teñían su piel, los vómitos nos sorprendían a cada momento y la fiebre se había comenzado a hacer algo común en su vida. Su cabello, ese hermoso nido achocolatado que tenía mi bebé había empezado a caerse.

― Cielo, ¿quieres que cortemos el cabello? ― pregunté, mientras sacaba del cepillo otro mechón chocolate.

― No quiero mami, pero se me cae todo el pelo. ¿Lo podemos pegar con pegamento? ― decía, mientras esbozaba un puchero.

― No cielo, no se lo puede pegar con pegamento… pero podemos buscar un lindo sombrero, o un pañuelo. Es más, si tu quieres, mami también se corta el pelo igual que tú, ¿Quieres?

― No, no quiero que te cortes el pelo. Es muy bonito mami, a papi le gusta. ¿Crees que ahora no le guste más a papi por no tener pelo?

― No, Mía, claro que no. Él te ama con o sin pelo, y cuando quieras puedes pedirme que me corte el cabello como tú elijas.

Yo seguía haciéndole cariños a mi princesa, cuando el torbellino de Alice entró a la habitación con muchas bolsas a su alrededor. No podía creer que con esa panza a punto de explotar, ella tuviese ganas de pasarse toda un día de compras… pero bueno, así era Alice.

― Hola princesa, ¿cómo esta mi sobrina favorita? ― preguntó, mientras llenaba de besos la carita de mi nena.

― Bien, tía Alice.

― Hola Alice, ¿cómo estás? ― cuestioné, mientras me acercaba a saludarla.

― Muy bien, Bella. He pasado a hacer unas compras y traerle unos regalos a mi princesa ― puso las bolsas en la cama. ― ¡Vamos, Mía! Abre tus obsequios.

En la primer bolsa, mi pequeña encontró una barbie. Lo que nos llamó la atención era su cabeza: estaba completamente rapada y traía para colocarle una peluca. En otra bolsa nos encontramos con dos muñecas que también estaban sin cabello, traían barbijos, y pañuelos y gorritos para colocarles en sus cabecitas. Y finalmente en las otras bolsas encontramos una peluca color chocolate, con el mismo peinado que traía la de la muñeca barbie y muchos pañuelos y gorritos para que mi pequeña pudiese ponerse.

― ¡Gracias, tía Alice!, Mami, ahora si me cortas el pelo así puedo usar mis nuevos accesorios.

― Claro, cariño ― contesté, con un nudo en la garganta.

Y después de mucho tiempo pude ver esa sonrisa sincera y despreocupada en el rostro de mi hija, por primera vez sabía que no le importaba más nada, su mayor preocupación era su cabello y de ese tema, mi amiga lo había resuelto.

Mía jugó toda la tarde con sus nuevos muñecos y Alice se quedó a su lado jugando, maquillándola y dejándola como lo que era: una muñeca. Aunque claro, había metido en mi hija la idea de que ahora podrían comprar pelucas de colores y combinarla con sus pijamas, y mi hija estaba muy feliz con eso. Cuando Edward llegó, la pequeña nos sorprendió con su pedido.

― Papi, ¿puedes comprarme una peluca rosa con el pelo hasta los hombros como Stephanie de Lazzy Tawn, y una morada y más larga y lacia como la de Morita de frutillitas? ¿Y tú mami, puedes comprarme una de color amarillo y con rulos abajo como el cabello de Tía Rose?

― Mía, ¿pasas una tarde con tu tía Alice y ya pretendes que tengamos una fábrica de pelucas? ― Comentó Edward con una gran sonrisa.

― Si papi. Ahora como no tengo mi cabello, tendré muchas pelucas... ¿me las vas a comprar? ― preguntó haciendo ojitos.

― Claro que si, preciosa. Quiero verte feliz y si las pelucas hacen esto, creo que podemos remodelar esta habitación y convertirla en un centro de belleza para ti.

Después de un rato donde conversamos mucho, Alice anunció que ya se iba a casa, ya que estaba agotada.

― ¿Por qué no vas con ella, cielo? ― Me preguntó Edward.

― No, debo quedarme con Mía.

― ¿Por qué hoy no te ocupas de Thommy y descansas? Eso le haría bien al bebé. Yo me quedaré con nuestra princesa... tendremos una noche de padre e hija.

― ¡Si mami, hoy quiero quedarme con papi! Te prometo que me porto bien ― dijo mi princesa, emocionada.

― Bueno… está bien, además tengo que ir por ropa, y tengo muchas ganas de ver a Thommy.

Y así fue como después de una tarde en la que vi a mi princesa mucho más tranquila y feliz, me fui con Alice a casa, pasamos primero por casa de Esme a buscar a Thommy, y luego me fui a casa, aunque esta era tan distinta al hogar que tanto disfrutaba con mi pequeña corriendo y con Edward abrazándome mientras cocinaba.

Pov Jacob.

Estaba completamente sorprendido por la reacción que había tenido Reneésme conmigo la noche anterior. Quería entender que le había pasado para que reaccionara así: intenté llamarla a su celular pero no contestaba, le mandé mails, pero nada, llamé a su casa, pero su madre me dijo que ella no se encontraba bien, que por favor no la presionara, que cuando Nessy se sintiera preparada para hablar conmigo ella se comunicaría, me pidió que tuviese paciencia.

Pero no entendía que era lo que tenía que esperar, no sabía que podía haberle pasado. Necesitaba urgentemente hablar con alguien y la única que podía ayudarme en este momento era Bella.

Tomé mi teléfono y la llamé.

― Hola, Jacob.

― Hola Bells, ¿cómo estás? ¿Y Mía?

― Bien, Jake ¿y tú cómo estás?

― He tenido días mejores, créeme.

― ¿Qué paso? ¿Te peleaste con Nessy?

― Algo así, digamos que salió huyendo…

― Jacob Black ¿qué le hiciste a Reneésme? ― preguntó enojada.

― Nada, ¿estás en el hospital? Creo que será mejor hablar de esto personalmente.

― No, estoy en casa. ¿Quieres venir?

― Bueno esta bien. Gracias Bells.

― De nada, para eso están los amigos ― contestó.

Al cabo de media hora yo me encontraba reunido con Bella.

Estábamos en el living de su casa jugando con el pequeño, me acordaba de los momentos en que con Nessy jugábamos con Thommy, y lo buena que era con los niños, era con la única mujer con la que me había planteado realmente formar una familia, pero era una locura decirle eso cuando solo llevábamos un mes juntos. Si se asustaba con el simple hecho de estar solos, creo que decirle que tenía ganas de formar una familia a su lado debía parecerle una locura seguramente. Sin embargo eso no sacaba esa sensación de mi pecho, esas ganas de hacerla mía no solo físicamente sino de entregarle mi vida entera, pero eso era una completa locura ahora, ella me había dejado, había huido de mí.

― Tierra llamando a Jacob.

― ¿Que pasó Bella?

― ¿A ti qué te pasa? Cuéntame que pasó con Reneésme.

Comencé a contarle todo lo sucedido, ella escuchó con atención, dudó un poco y comenzó a explicarme, cuando le conté el final.

― Mira Jacob, la reacción que tuvo Nessy creo que es normal después de todo lo que le pasó. Debes tener paciencia, desde que llegó de Londres ella ha mejorado muchísimo, y ha superado muchas cosas, creo que lo que le pides, así no tengas otras intenciones más que agasajarla y demostrarle tu amor sólo la han asustado.

― Pero, ¿qué fue lo que pasó? ¿Por qué no me lo dices?

― Jacob, yo no soy quien para contarte eso, es ella quien ―cuando se sienta preparada― lo hará, necesita confiar más en ti, para poder estar segura de tu reacción.

― ¿Y qué hago mientras espero Bella? No soporto tenerla lejos, no soporto no saber cómo ayudarla

― Dale tiempo, Jake. Estoy segura que ella está enamorada de ti, pero necesita tiempo para confesarte eso. Sólo espera y hazle saber sutilmente, que la quieres.

― La amo Bells, te juro que la amo y estoy dispuesto a hacer cualquier cosa para estar con ella, y si necesita tiempo se lo daré, aprovecharé para hacer un viaje de trabajo que pospuse y luego de eso hablaré con ella, necesito que me diga todo lo que le pasa.

― Estoy segura que cuando llegué el momento, ella te lo dirá.


¿Qué les pareció? ¿Noes dulce Alice con todo lo que le llevo a Mía?