Editado en julio del 2019

Capítulo 35: Desconocidos conocidos

"Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos"

Pablo Neruda

Corrió, las ataduras se aflojaron a la altura de sus piernas y pudo huir con facilidad. Si mal no recordaba, la casa de Kaho estaba junto al camino que llevaba al cementerio, por el cual pasaban varias arterias mágicas y las cuales podría utilizar para abrir un portal.

-¡SAKURA!

Giró levemente la cabeza hacia atrás pero no detuvo su paso, él la estaba siguiendo. Estaba solo, daba grandes zancadas y estaba por alcanzarla. No estaba utilizando magia, ni siquiera había traído las cartas con ella porque había querido demostrarle a ese estúpido gato montés que no necesitaba magia para poder intimidarlo, y, aunque su resistencia era muy buena, las ataduras seguían siendo un impedimento.

-¡Sakura, espera!

Allí estaba la reja, inclinó parte de su peso en su hombro derecho para abrirla a la fuerza, funcionó. Debía acercarse al centro, donde la energía estaba acumulada.

-¡Rayos!

En su maratón, no se percató de un desnivel en el suelo, una baldosa de cemento estaba levemente elevada del camino y su pie tropezó con esta, rodó por el césped; le costaría poder levantarse sin la ayuda de sus manos.

-No vas a escaparte tan fácilmente esta vez, ¿sabes?

Su ceño estaba fruncido, pero su postura parecía haberse relajado. Trasladó todo su peso a sus talones y se acuclilló para estar a su altura, ahora fue su turno de fruncir el ceño.

-Si crees que no escaparé, eres más estúpido de lo que subestimé. -espetó ella y él sonrió.

-Lo sé. -admitió.

-…¿qué?

-Cada vez que te escabulles yo intento detenerte, Sakura. -dijo- Siempre… siempre fallo, ¿sabes? -confesó con melancolía- Pero eso no impide que vuelva a intentarlo. -ella no dijo nada, no tenía nada que decir ante aquello- Siempre voy a intentar mantenerte a mi lado, no puedo evitarlo, es… -hizo una pausa- Es porque te amo.

Su rostro cambió de enojo a sorpresa, aquello la tomaba desprevenida.

-Te amo y voy a luchar para traerte de vuelta a casa. -admitió.

Ella desvío la mirada de sus lagunas chocolates, ni siquiera se había dado cuenta del momento en el que lo miró a los ojos. Él volvió a incorporarse y dio dos pasos para colocarse a sus espaldas, ella se tensó y se preparó para luchar por su vida si era necesario, pero no fue el caso. Sintió sus cálidas manos en su espalda baja y luego un tirón, ahora estaba de nuevo sobre sus propios pies gracias a su ayuda.

-Oye… -lo llamó ella, él volvió a rodearla para estar cara a cara otra vez y ella le sonrió- Gracias, -ahora fue él el tomado por desprevenida-...por ser tan inocente.

Con una de sus piernas hizo un barrido limpio y corrió los últimos diez metros en tres segundos, el sello mágico con su estrella brilló bajo sus pies, el portal estaba abierto.

-¡Sakura! -exclamó él, ya levantado del suelo.

-¡Nos vemos, niño chocolate! -se despidió ella, una enorme sonrisa en sus labios. No sabía por qué, pero se había divertido mucho aquél día.

Se deshizo del vaho del espejo con su mano, la vista le dejó una extraña sensación en el fondo del estómago.

Llevó una de sus manos a su cabello -húmedo por la ducha-, desde la raíz hasta las puntas, las gotas de agua tibia resbalaban por el hasta sus hombros desnudos y descendían por el hueso notorio de su esternón y, luego, seguían hacia el sur entre sus pechos; estaba corto, liso y dorado. El fleco también había sido enderezado. Sus ojos parecían dos cuencas vacías, carecían de brillo y vitalidad, apenas y podía apreciar una pisca de rubí entre tanta oscuridad. Su tez estaba pálida, el sol no había besado su piel en varios días y todos podrían darse cuenta de eso con facilidad.

Retrocedió unos pasos para apreciar el resto de su cuerpo, apenas cubierto por un conjunto limpio de ropa interior. Sus uñas habían sido cortadas hace unas horas, sus extremidades -ambos brazos y piernas- estaban lánguidas e igual de pálidas que su rostro, parecía que no había músculo entre su estructura ósea y su piel. Su estómago estaba chato, demasiado hundido y sus costillas resaltaban debajo de sus pechos.

Sus labios estaban curvados hacia abajo, dos tiras salmón en un mar de blanco traslúcido.

Se dio la vuelta y comenzó a vestirse, no le agradaba la imagen del espejo. Una camiseta color vino con cuello de tortuga, unos pantalones negros de tela gruesa y calentita, unas medias de algodón y unas botas felpudas era lo que le habían dado para luego de su ducha. Salió del baño, el resto de la residencia estaba igual de cálida que el agua con el que se había lavado.

-Veo que has terminado.

Se dio la vuelta, los grandes ojos perlas de Joel la escanearon de arriba abajo y parecieron dar su consentimiento, extendió su mano hacia ella y le hizo un gesto para que se acercara al sofá de la sala común. Una bandeja con comida que olía delicioso estaba en la mesita frente al mueble, ella se sentó y él le tendió la bandeja sobre su regazo.

-Come. -ordenó él.

Devoró la sopa espesa en cuatro cucharadas, pasó hacia el corte de carne con puré de papas y fue lo mismo. El agua se deslizó por su garganta con elegancia y colocó la bandeja vacía sobre la mesita otra vez, observó al rubio.

-…Joel.

-Dime. -asintió él.

Se pasó la lengua por los labios, su estómago quemaba con dolor y su boca salivaba, sus encías picaban.

-Tengo…hambre. -exclamó, casi con dolor.

-¿Quieres más? -señaló hacia la bandeja, ella siguió su mirada y frunció el ceño. Volvió a observarlo, él volvió a asentir- Comprendo. -extendió su mano- Acompáñame.

Ella observó su mano con extrañeza, volvió la vista hacia sus ojos y de nuevo a su mano; él la cerró lentamente e hizo un gesto para que lo siguiera y ella se levantó del sofá al instante. Gerard abrió una puerta, ésta conducía a un pasillo con salida hacia ambas direcciones, cada ciertos metros una pequeña lámpara estaba colocada para iluminar tenuemente. Tomó el camino hacia la derecha, ella lo siguió. Descendieron por unas largas escaleras, demasiado para ella. Al final del camino un nuevo pasillo se extendió frente a ellos, Joel se manejó con maestría en aquél laberinto subterráneo mientras ella se mantuvo más rezagada. Con su mano derecha tanteó la estructura de las paredes frías, las puertas de diferentes materiales. Acero, madera, plástico. Podía escuchar distintos ruidos detrás de cada una.

-Por aquí.

Volvió su atención al bien vestido caballero, este mantenía una puerta abierta par ella. Se acercó con gran curiosidad, su cabeza levemente inclinada a un lado

-Provecho.

Las esquinas de sus labios de elevaron con rapidez, sus dientes -perlas brillantes- quedaron al descubierto y su lengua se asomó entre éstos.

No era idiota, no saltaría directamente hacia Papua, no los llevaría directamente hacia su casa.

-¿Hay alguien allí?

Se escondió entre los arbustos segundos antes de que una linterna alumbrar el lugar en el que había estado segundos antes. Un guardia de seguridad estaba resguardando aquél lugar. Esperó a que se marchara para salir de su escondite y comenzar a alejarse de aquél lugar, tenía que volver a la ciudad y resguardarse en una de las casas de seguridad. Recogería dinero y daría con algunos boletos de aviones para despistar al que intentara seguirle el rastro. Tenía dinero, documentos falsos, armas y pelucas y algunos cambios de ropa para las cámaras.

''-Estamos en la mitad, amor.

-¿En la mitad de qué?

-La mitad del mundo, por supuesto. Es otra de las puertas''

Primero lo primero, debía deshacerse de aquellas ataduras, con algo de esfuerzo creó una pequeña descarga anti-magia. Las ataduras desaparecieron con un puff. Ahora, debía apresurarse a llegar a su refugio y comenzar su huida de Ecuador.

Tomó un puñado de sal en su mano y aclaró su garganta.

-Norte, Sur, Este y Oeste; Norte, Sur, Este y Oeste.

Con cuidado, fue soltando la sal sobre el gran mapamundi extendido sobre la mesa, su mano se movía en círculos a los largo y ancho, sobre la extensa mas de agua y los cinco continentes. Cuando terminó con toda la sal de su mano, tomó la cuchilla que le extendió Kamuy y presionó la punta sobre su dedo índice, unas gotas de sangre cayeron sobre el papel.

-Agua, fuego, viento y tierra. -le devolvió el arma a su compañero y este la recogió prontamente- Agua… fuego…

Las gotas de sangre comenzaron a agruparse en el centro del rectángulo, la sal comenzó a arrastrarse sobre la superficie siguiendo el sentido de las agujas del reloj.

-Viento… tierra…

Los ojos de Camille se cubrieron de aquél velo carmesí y las gotas de sangre se dispararon en varias direcciones, tiñendo la sal de rojo carmesí. La velocidad de las vueltas de los granos aumentó.

-No hay lugar en la tierra en el que te puedas esconder del todo poderoso, del que todo lo ve.

Los granos se detuvieron, ambos hombres retuvieron la respiración. La bruja movió su muñeca y la sal volvió a moverse esta vez se dispersó en varias direcciones, cubriendo varias superficies del mapa. Una gran parte se extendió sobre América del norte, una parte más pequeña descansaba sobre el sur de Asia.

-Luciana Daidouji. -susurró antes de soplar con fuerza sobre el mapa.

Los granos de sal -antes blancos- desaparecieron. Bueno… no todos ellos. Camille llevó su dedo índice hacia el punto en el que los granos -y su sangre- se habían mantenido firmes como roca.

-¿Helsinki? -enmarcó una ceja.

-Puntos por originalidad. -gruñó el lobo.

-Puntos por ser un raro. -agregó la bruja.

-Suficiente. -los interrumpió Heim, hablando por primera vez en la noche- Tenemos su ubicación, hay que moverse. -la bruja estaba a punto de decir algo, pero él se le adelantó- Kamuy, serás el explorador.

-¡Espera, ¿qué?! -chistó ella.

-Cami, es lo más seguro. -inmediatamente intentó calmar a su compañera.

-¡No! -le habló al pelivioleta- ¡No puedes mandarlo solo!

-No sabemos a qué nos enfrentamos, de-

-¡Es Lu! ¿Qué hay que saber? -insistió ella.

-Y Joel. -agregó- No sólo es Luciana, Joel es quien está detrás de todo esto, no lo olvides.

-No lo olvido. -masculló, sus ojos volvieron a cubrirse por un velo carmesí- Lo tengo muy presente, créeme.

-Esto no es una misión de rescate, no sabemos que nos espera. -intervino- Recuerda lo que dijo Sofía, Joel estaba buscando un escudo, ve a saber qué ejército tenga consigo.

-Sólo escuchó más razones por las cuales no debes ir solo.

-Luciana… -comenzó el dios- Ella es un Pilar, ¿sabes qué significa eso, Camille? -inquirió con seriedad- ¿Lo sabes?

-...

Kamuy se cruzó de brazos y se recostó contra el respaldo del sofá, pegó su barbilla lo más que pudo a su pecho y esperó a que se desarrollara aquella conversación. La bruja, quien no respondió la pregunta que le habían hecho, tomó una postura más altiva; colocó sus brazos en jarra y alzó su mentón, a la espera de lo que iban a soltarle esta vez.

-Ella es fuerte, poderosa y malditamente inteligente. -hizo una pausa- Desde los siete años que puede zafarse de donde sea y cuando sea. De quien sea. Desde los nueve que puede manipular a la gente como se le dé la gana. En simples palabras, Camille, -dio un paso hacia ella- si ella no está aquí es porque algo muy malo le sucedió.

-…lo sé.

-Por eso Kamuy será el encargado de investigar qué rayos sucedió. -extendió un brazo hacia el caballero, este los observó a ambos.

-¿Por qué él? -insistió- Yo puedo escabullirse más rápido, puedo-

-Kamuy es el caballero principal, él tiene una conexión con ella que tú y yo jamás podremos entender. -le recordó- Además… -entrecerró los ojos- Él está preparado para lo que sea que encuentre allí. -el pelirrojo asintió lentamente- Fin de la discusión.

-…bien. -aceptó entre dientes- Sólo por esta vez, sólo en esta ocasión.

Heimbald no afirmó ni negó aquello, Kamuy tampoco y ella se dio cuenta de aquello, pero no dijo nada y comenzó a recoger sus artefactos mágicos y se marchó a su habitación.

Luego de una hora y media de caminata sin parar llegó a la casa de seguridad, activó las alarmas de seguridad y verificó que las cámaras estuvieran funcionando correctamente antes de bajar a la bodega y comenzar a preparar un bolso con documentos acordes al primer disfraz que encontró. Tomó una de las tarjetas de crédito y se sentó frente a la computadora, compró boletos a Japón, Chile, Canadá y Singapur además del boleto que utilizaría para ir a Australia, allí, con efectivo, compraría un boleto para cruzar a Papua en barco.

Arrojó a la basura sus sandalias y su vestido rasgado, pasó sus piernas por unos legins, luego se colocó una blusa beige y una cazadora negra. Tomó unas sandalias con tacón bajo y una malla para sujetar su cabello. Se colocó una peluca caoba que le llegaba hasta la cintura, unas lentillas negras y maquillaje. Estaba lista para partir al aeropuerto cuando pasó junto al teléfono, Shaoran estaría preocupando, su celular había quedado en Japón y su avión a casa estaría llegando en una hora; ahora debería esperar unas ocho horas para volver a su lado.

''-Todo, absolutamente todo lo que él te hizo creer es una mentira''

Su mano se detuvo a medio camino, dudó.

¿Y si… Y si…?

No.

No era seguro realizar una llamada, no sabía si esta casa ya había sido descubierta y estuviera siendo vigilada. Tomó su bolso y observó las cámaras de vigilancia para asegurarse de que no hubiera moros en la costa, una vez segura salió y comenzó a caminar en busca de un vehículo que la llevara al aeropuerto.

No puedo dudar, se dijo así misma, no voy a caer en su trampa y a dudar de él.

...

Era verde, grande y tosco. Tenía los ojos vendados y un grillete encadenado a su tobillo izquierdo, estaba desnudo y arrodillado en el suelo.

Todo él gritaba ''presa''

-¿Para…mí? -dio un paso adentrándose a la habitación.

-Solo para ti.

Sus ojos brillaron con fuerza, ahora sí podía apreciarse el carmesí de su iris. Sus dedos se alargaron, sus uñas se convirtieron en garras afiladas y sus dientes crecieron unos milímetros. Aquél demonio levantó la cabeza pero no trató de enfocarla en su dirección, su respiración se volvió pesada y pudo oírse con claridad en la penumbra del cuarto. Con una de sus manos inclinó su cabeza hacia un lado y lamió su cuello, justo sobre su yugular, podía sentir la sangre corriendo a gran velocidad por sus venas.

Le hincó sus dientes y sangre tibia y espesa comenzó a fluir dentro de su boca y la empujó hacia su garganta, el vacío de su estómago comenzó a llenarse poco a poco. Lo sintió removerse y aplicó más presión en su agarre, se escuchó un crack y no hubo más resistencia, aunque tuvo que utilizar su otra mano para sostener su peso muerto.

-No seas tímida, debes estar hambrienta. -escuchó que dijo su caballero- Sacia tu hambre, Luciana.

Ella aplicó más fuerza en su mandíbula y sus dientes penetraron más hondo en su carne, masticó aquél pedazo de carne y precedió a tragarlo. Y luego otro, otro más y, luego, siguió devorando su carne y bebiendo los restos de su liquido vital.

Joel sonrió, un gran cosquilleo se extendió por todo su cuerpo. Era eso, lo que había estado esperando por tanto tiempo. La gran Luciana, el infame Pilar del Infierno, la máquina asesina y demoledora. Podía verlo con claridad ahora, ella, en la cima del mundo, en el tope de la cadena alimenticia. Su reinado sería inmensamente poderoso.

Limpió el sudor de su frente y soltó con fuerza el aire de sus pulmones, eso fue… interesante.

-No es como una tarde en el spa, ¿no?

Enfocó sus amatistas en los ónix de él y entrecerró los ojos, furiosa.

-Relájate, -le arrojó una botella con agua y la atrapó con elegancia- es solo una broma.

-Voy a acostumbrarme. -siseó- Sólo, sólo necesito práctica.

-Para ser la primera vez, -hizo una pausa, las esquinas de sus labios se elevaron- estuviste muy bien.

-Siempre tuve buenos reflejos pero eso… -abrió la botella- Eso fue otro nivel. -dio un sorbo corto.

-Nunca escuché de algún Puen Tum en una pelea. -confesó- Eso fue algo que no se ve todos los días.

Tomoyo y Amads estaban en uno de los cuartos más amplios de la residencia, el suelo y las paredes eran acolchonados y lo utilizaban para entrenar; más bien él la entrenaba a ella en combate.

-Aprendes rápido. -volvió a hablar él- Más que memoria muscular son sentidos de supervivencia, es bueno saber que no estás enteramente indefensa.

-Sí… -asintió- Puedo sentirlo. -abrió y cerró sus manos en puños- Como si ya hubiera hecho esto antes, como si estuviera recordando todo esto.

-Las memorias de tu padre. -ofreció su caballero- Ciento cincuenta años escondidos, tuvo mucho tiempo para aprender a sobrevivir. -observó de reojo su rostro, ella le dio la espalda y siguió bebiendo agua de la botella que le había ofrecido- Por naturaleza, son seres pacíficos, pero…

-La paz tiene un alto costo. -murmuró ella, terminando su oración- La libertad también.

-Quiero hablar contigo sobre eso. -agregó al instante.

Tomoyo se dio la vuelta para estar cara a cara y dejó la botella en el suelo, se acercó a una de las paredes y apoyó su espalda contra esta.

-Te escucho. -le avisó luego de un segundo.

-Vamos a necesitar aliados para acabar con ellos. -antes de que ella protestara, agregó- No, sé que Eriol y Shaoran no son una opción.

-¿Entonces, que tienes en mente?

-Yo pensaba… Ángel y Luciana no son tan mala idea. -admitió.

-¿Qué? -alzó una ceja, sorprendida- Repite eso, por favor.

-Me escuchaste claramente. -en tres zancadas estuvo frente a ella- No eres una guerrera, no soy un ejército romano.

-¿Qué pasó con aprendes rápido? -se burló.

-Un Pilar es un gran respaldo, no muchos se ponen en contra de uno. -ignoró su comentario y siguió argumentando- Además, ambas tienen un gran número de guerreros en sus filas, un pequeño pero poderoso ejército.

-Lo sé. -admitió- Luciana no está muy contenta con nuestro juego con Toya, además del hecho de que la tiene Joel.

-Un pequeño bache, podemos solucionarlo.

-Ángel… no, ella tampoco puede brindarnos su ayuda. -negó.

-Aún puede despertar, no es fácil deshacerte de un Pilar.

-Luego de Ochate no creo que podamos volver a trabajar juntas, no por un tiempo, al menos. -compartió en voz alta- No ninguna de nosotras cuatro, Amads.

-¿Tan mal te fue ese día, dulce? -inquirió, curioso.

'' -¡¿Qué significa todo esto?! -gritó Tomoyo, frustrada- ¿Esos recuerdos son falsos o son reales? -cuestionó a la rubia- ¿Ángel?

-¡Tomoyo! -gruñó Sakura- ¡Son falsos! ¿Qué dices?

-… No lo sabemos. -murmuró Ángel- Yo no lo sé''

-…debemos buscar ayuda en otra parte. -dijo- Un ejército, como dijiste. -lo observó a los ojos- ¿Tienes alguna idea en mente?

-Puede. -asintió- Si ese es tu deseo, Tomoyo.

Ella sonrió y negó divertida.

-Gracias.

Rodó los ojos y descansó su barbilla en su mano, no necesitaba ser sacerdotisa para prevenir que pasaría esto.

-¡Otra vez! -masculló.

Presionó de nuevo la pantalla sobre el icono verde, el timbre de la llamada entrante volvió a sonar por el altavoz. Sonó, sonó y se colgó, nadie atendió del otro lado.

-Maldita sea, ¿no puedes hacer nada, Micah?

-No soy un GPS. -le recordó con calma, aunque por dentro podría haberle gritado.

-¡Pues qué demonios puedes hacer entonces! -bramó el rubio.

-¿Y tú? -contraatacó.

-Puedo arrancarte la cabeza, por ejemplo.

Se enderezó en su asiento -no por temor-, se levantó y alisó la falda de su traje beige, caminó lentamente hacia él y lo observó a los ojos con serenidad.

-Te advertí que jugar a la casita no te convenía. Mírate. -pidió, el chistó por lo bajo- Es una bruja.

-No es cualquier bruja. -la interrumpió.

-Es una bruja, es una empleada. -afirmó.

-Es Sakura. -gruñó, las ventanas temblaron por un segundo y medio.

-Es una distracción. -corrigió ella, para nada amedrentada.

-Basta. -se dio la vuelta, dando por terminada la conversación- Deja de repetir esas absurdas estupideces, Micah. Sakura se queda, resígnate.

Crujió sus dientes mientras observaba la espalda de Aaron alejarse hacia el segundo piso, no iba a desistir de su postura. Esa bruja era una distracción, a su lado Aaron se volvía una masa amorfa de nerviosismo y estupidez. Iba a cometer un error algún día y todo sería su culpa.

-Demonio tonto. -masculló.

Quería dormir, su reloj interno estaba tan mareado con tantos saltos pero sabía que ese no era el motivo por el cual no podía pegar ojo. Tampoco era porque tuviera la guardia alta, a la espera de que un enemigo saltara sobre su asiento inclinado y la ahogara con su almohada hasta la muerte. No, era su cabeza que no paraba de dar vueltas sobre el mismo asunto uno y otra vez.

Quiso echar abajo las boberías de Eriol, Kaho y él. Quiso quitarse la mala sensación en la boca del estómago que le dejó aquel encuentro. Quiso relajarse, descansar y pensar en cómo iba a darle el informe Shaoran.

No pudo.

Cerraba los ojos y lo veía ahí, en el suelo y con aquella sonrisa deprimente y malditamente dulce a la vez. Le causaba diabetes visual.

``Te amo``

Abría los ojos e intentaba visualizar ojos azules como el cielo, una cabellera dorada como los rayos del sol y una sonrisa ladina que dejaba asomar las blancas perlas que se escondían debajo de esos labios tentadores.

Escuchó gritos, varios.

Se dio la vuelta e intentó volver a dormir, se tapó la cabeza con su grueso acolchado y cerró los ojos.

Olió sangre, de más de un donador.

Abrió los ojos y se sentó sobre su cama. Afinó sus sentidos para poder tener una idea más clara de lo que estaba sucediendo. No había recorrido toda la residencia, pero tenía una leve idea de la estructura. Ella estaba en un segundo, tal vez un tercer piso, de un edificio que tenía un subsuelo, habían varios cuartos y pasillos. No habían muchas personas y las pocas que habían debían ser servidumbre ya que el lugar estaba impecable y no había más personas en el piso en el que se encontraba. Los ruidos y la sangre venían del piso debajo del suyo, escuchó pisadas ir y venir y muebles volcándose.

Se levantó de la cama y se calzó, salió de su habitación y la iluminación era leve, aún era de madrugada. Se dirigió hacia la puerta que conducía a aquél pasillo por el cual Joel la había guiado, esta vez giró hacia el lado contrario y siguió el ruido de los golpes y llantos. Agradeció que aquél camino no tuviera tantas vueltas laberínticas ni escaleras eternas como el otro, no tardó mucho en llegar a la planta baja.

-Hay mucho ruido. -gruñó.

Unos grandes ojos se dirigieron ante ella luego de haber soltado aquello, sin importarle aquello siguió adentrándose en la sala.

Joel no estaba, no podía sentir su presencia en la residencia o en los alrededores. ¿Dónde estaba? Tenía sueño y había gente interrumpiendo su sueño.

-Lu.

-Interrumpiste mi sueño.

Siguió caminando hacia la bestia, su calzado hacía un ruido extraño mientras se desplazaba por el lugar. Observó el suelo y frunció el ceño, estaba sucio. Habían cuerpos tibios, algunos estaban incompletos y otros solo tenían sus extremidades en una posición extraña, otros tenían mordeduras de las cuales escurría sangre. Sangre, pegajosa, tibia y espesa sangre manchaba el suelo, las paredes y partes del techo. Blanco y negro empapado de carmesí, aquél extraño había convertido en cadáveres a la servidumbre de la casa.

-¿Quién eres? -dirigió la mirada hacia los pedazos que antes fueron una puerta- Esta casa no es tu casa.

-Luciana, soy yo.

-Yo no es nombre. -hizo ver lo obvio- Lobo, -recordó- eres un lobo.

Aquella bestia de dos metros con cuatro patas, un gran hocico -cubierto de sangre- y grandes y filosos dientes era un lobo, tardó unos minutos en recordar su nombre. Para cuando recordó su nombre, el lobo se transformó en un hombre, un hombre de ojos verde oliva y cabello carmesí.

'' -¿Sabes que me dijeron antes de arrastras mi trasero hasta ti? -soltó, las comisuras de sus labios estaban elevadas y casi llegaron a formar un hoyuelo en su mejilla izquierda- Ella será tu líder ahora, síguela. ''

-Kamuy… -su nombre escapó de sus labios- Eres mi caballero, Kamuy.

-Buena chica. -él sonrió y pareció relajarse- Ya llegué.

-Ghh-k.

Concentró su atención en la fuente de aquél gemido. Ella estaba en el suelo, a su derecha, presionando con fuerza la herida de su estómago. Podía sentir el latido de su corazón perdiendo potencia, sus ojos estaban abiertos, pero no podía enfocar nada. Estaba muriendo, estaba sufriendo. Podía…olerlo. Miedo. Desesperación. Muerte.

-Joel no está. -soltó, distraída.

Sus encías volvieron a picar, el vacío en el estómago volvió aparecer. Sus uñas volvieron a convertirse en garras y sus dientes en colmillos.

-Tengo hambre.

-…¿hambre?

Aflojó sus rodillas y se dejó caer, acomodó su cuello para facilitar el acceso a su vena y sus colmillos rasgaron su piel con facilidad, ni siquiera puso resistencia.

-¡Luciana!

La omisión no es traición, intentó convencerse de aquello. Cuando abrió su boca y comenzó a soltar palabra tras palabras, sonrisa tranquilizadora tras caricia mantuvo esa idea en su mente.

-Me encargué de Felis, le mostré de lo que una bruja es capaz incluso sin magia. -soltó una sonrisa socarrona- No volverá a traer problemas nunca más. No debemos preocuparnos por una insubordinación.

-¿Dónde estabas?

-Me estaban siguiendo. -soltó, tensa- Eran dos, estaban muy cerca y tuve que engañarlos. Me mezclé en la multitud y me escabullí en un autobús. Compré el primer boleto de avión de vuelo en el que estuvieran abordando.

-Dime que los perdiste. -pidió, estaba igual de tenso que ella, aunque por razones distintas.

-Llegué a una casa de seguridad. -abrió su bolso y le arrojó lo que estaba en su interior- Tomé otro avión y luego un ferri, dejé varias pistas falsas en el camino.

Estrujó la peluca caoba en su mano y la atrajo a su pecho, ella escondió su rostro en el y rezó una plegaria en silencio a Kami para que no sospechara nada.

-Esa es mi chica.

''Todo lo que él te dijo es una mentira''

Omisión no es traición, pensó Sakura, es por su bien.

...