Capitulo 35: He said forever and he'll never let her down
Lo que ocurrió después del ataque de los dementores, fue un ir y venir. Los profesores se apresuraron en hacer aparecer unas camillas para llevar a los alumnos que habían sufrido algún daño. Por suerte, la gran mayoría de alumnos solo tenían ataques de pánicos y tan solo alguno tenían algún que otro golpe. Nadie había sufrido ningún daño grave del que lamentarse.
Los chicos que no habían sido heridos fueron conducidos por los prefectos, Hermione entre ellos, a sus casas mientras que los profesores de más confianza de Dumbledore inspeccionaban el castillo en busca de alguna pista de por donde habían entrado los dementores.
-Yo puedo ayudar, Remus – dijo Harry interponiéndose en el camino del hombre lobo que guiaba con su varita una de las camillas ocupadas por una niña de primero que no podía parar de llorar.
-Tu quietecito – le dijo Remus – ya has ayudado bastante hoy. Vosotros volved a la torre y esperad allí. Cuando todo esté más tranquilo ya te mandaré llamar.
-No voy a dejar sola a Yael– dijo Harry que después de ver como ese bicho asqueroso apresaba a su novia y se la acercaba a la boca, la tenía fuertemente apresada por la mano. Y no la iba a soltar tan fácilmente.
-Yael, tú también deberías ir a la enfermería – les hizo ver Sirius mientras inspeccionaba de forma profesional aunque con dulzura los reflejos oculares de la Ravenclaw.
-Estoy bien, gracias, Sirius – le contestó tímidamente – hay gente que lo necesita más que yo.
-Haced caso a Remus – insisitó Sirius – id a vuestras salas comunes. No os quiero desperdigados por el castillo, como mínimo hasta que sepamos como han entrado – echó un vistazo por encima del hombro. Poco a poco, los terrenos empezaban a quedar tranquilos – vaya manera de celebrar un campeonato – dijo acompañado de un suspiró con amargura.
Al final y tras mucha insistencia de Sirius y Remus, Harry Ron y Yael, siguieron a sus perfectos hasta quedar encerrados en sus salas comunes.
En la sala, como era lógico, los nervios estaban a flor de piel. Todos comentaban exaltados lo ocurrido. Ya nadie recordaba lo sucedido en el campo de quidditch y la victoria de su casa, a pesar de que los jugadores, todavía llevaban el uniforme.
Lo único en lo que podía pensar Harry mientras estaba sentado en un sofá apartado de todos los demás, era en lo que había estado a punto de ocurrir por un despiste suyo. La imagen de Yael alzada por la camisa, tan frágil y tan indefensa por el dementor, lo hacia estremecer.
-Deberías estar de mejor humor, compañero – dijo Ron dándole un apretón en el hombro mientras se sentaba a su lado – si no llega a ser por ti, todavía estamos con los patronus.
-Me he asustado – reconoció Harry – me he acojonado cuando he visto a Yael en manos del dementor y no he sabido reaccionar.
-¿Cómo qué no has sabido reaccionar? - preguntó sorprendido Ron. Le dio un golpe en la pierna para que Harry lo mirara – ¿Acaso no has visto el patronus que has conjurado? ¿Acaso no has sentido el potencial que desprendía el ciervo? ¿No te has fijado que era poco menos que un ciervo de verdad? Si eso lo llamas no saber reaccionar...
-¿De que habláis mis niños? - interrumpió Hermione acercándose a ellos y sentándose en medio de Ron y Harry - ¿estáis bien?
-Éste de aquí – dijo Ron señalando con el dedo a Harry - que no sé qué tonterías dice.
-No son tonterías, Ron – saltó Harry mirándolos enfadado a los dos alternativamente – no me puedo quitar de la cabeza lo que puede pasar si por desgracia Voldemort os apresase en medio de una batalla, no quiero ni pensar en lo que os harían
-Pues no pienses – le cortó Hermione cogiéndole por la barbilla – no sabemos que puede pasar mañana, las cosas cambian de un momento a otro, así que ¿por qué hacernos mala sangre?
-Pues porque...
-Pues porque nada – le interrumpió otra vez– Y anda, ve a desatar la carta de Hedwig, que parece que esta impaciente – Hedwig estaba parada en el alfeizar picoteando con ansia la ventana.
Harry no tardó ni un segundo en abrir a su preciosa lechuza blanca, y después de buscar una chuchería entre sus bolsillos y dársela como agradecimiento, leyó la carta.
" Supongo que la sala común sera un hervidero. Si queréis estar más tranquilos id a nuestra habitación. Yael tiene permiso para ir con vosotros.
Nosotros tenemos reunión. Llegaremos tarde. Portaros bien.
Padfoot"
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Si el alboroto de la sala común ponía nervioso a Harry, el silencio y la tranquilidad de la habitación de sus padres no conseguia que estuviera de mejor humor.
Hermione se había sentado en la mesa grande con un libro de artes oscuras de séptimo curso que Sirius y Remus utilizaban en sus clases y se había puesto a ojearlo con intereses. Mientras, Ron y Yael habían empezado una partida de ajedrez mágico. La Ravenclaw era bastante mejor que Harry y Hermione, por lo que Ron estaba disfrutando.
-Torre a J6 – escuchó a lo lejos Harry que decía Yael, y un segundo más tarde un grito de horror de Ron le hizo adivinar que había pasado – y jaque mate. ¡Ja!
-No me lo puedo creer – dijo Hermione, acercándose corriendo a la mesa para ver algo tan inaudito como era ver a Ron derrotado en el ajedrez. En el tablero el rey arrojaba la corona ofendido por no haber podido salvar a sus compañeros.
-¿Pero como a podido ocurrir? - dijo Ron horrorizado mientras repasaba a su derrotada tropa.
-Te has obsesionado con el alfil, y no te has dado cuenta de que lo estaba sacrificando a posta... - contó Yael todavía con la sonrisa en la cara.
-Creo que ahora ya lo he visto todo –bromeó Hermione chocando las manos con su camarada femenina – Harry, no dejes escapar a esta chica, es una mina.
Pero Harry parecía que no estaba del todo pendiente de ese hito en la historia del trío de oro de Hogwarts, porque se limitó a sonreír a sus amigos, pero más por cortesía que no porque realmente hubiese escuchado nada.
Hermione y Yael intercambiaron miradas silenciosas y como si hubiesen llegado a un acuerdo, la Ravenclaw se levantó y después de dirigirse hacia su novio se sentó en sus rodillas.
-¿Por qué estas tan triste, cariño? - le preguntó mientras le hacía una caricia en la mejilla.
-Estoy cansado, solo eso.
-Todos estamos cansados – intervino Hermione sentándose al lado de Ron, que todavía miraba perplejo el tablero
-Pues si – dijo Ron - Menos mal que ya empiezan las vacaciones de pascua y podremos desconectar un poco.
-¿Donde vais vosotros, chicos? - preguntó Yael. Tanto ella como Harry se quedarían en el castillo. Yael porque tenia que estudiar para los TIMOS, y era consciente de que si se iba a su casa con sus tres hermanos pequeños le resultaría muy complicado concentrarse, y Harry...Harry se quedaba, básicamente para hacer compañía a su chica y porque no creía que estar en el Valle de Godric, que estaba en plena reconstrucción gracias al donativo misterioso, fuera lo mejor para sus nervios.
Ron y Hermione, por su parte, se volvían a sus casas con sus familias, ya que la señora Weasley había insistido en reunir a todos sus hijos en las vacaciones y Hermione quería asegurarse de que sus padres, atacados por los mortífagos en enero estaban bien.
A raí de esa pregunta estuvieron un rato hablando de cosas triviales que les habían ocurrido durante algunas de sus vacaciones. Ron encontraba divertidisimo lo que los muggle tenían que hacer para viajar, por lo que las dos chicas estuvieron contando sus viajes en avión, y el pánico que tuvo el padre de Yael, mago, la primera vez que subió a un avión.
-Yo creo que me moriría – dijo Ron.
-¿Sabéis que haremos? - dijo de repente Hermione – Cuando los cuatro terminemos Hogwarts, cogeremos un avión y marcharemos un verano a Estados Unidos.
-¡Si! - aceptó encantado Ron – Bill dice que Nueva York es una pasada
-Ver el Empire States – dijo Yael de forma ensoñadora.
-Pasear por Central Park – siguió enumerando Hermione.
-Comprar en la quinta avenida – añadió Yael - ¿No te gustaría, Harry, que nos perdiéramos por las calles de Wall Street?
-Yo no voy a poder tener eso chicos – contestó de forma seria Harry levantándose después de hacer bajar a Yael de encima suyo y empezar a andar por la habitación.
-¿Por qué...? - empezó a decir a Hermione pero con la mirada seria que le devolvió Harry se calló.
-Todos sabéis que yo no tengo futuro – dijo fríamente sin mirarlos a ninguno directamente – sabéis cual es mi destino y aunque no lo queráis admitir mis probabilidades de sobrevivir son más bien escasas.
-No digas eso – le reprendió Hermione al ver como Yael bajaba la cabeza y empezaba a temblar – no sabemos...
-...pero lo imaginamos – habló Harry nuevamente – lo siento chicos, pero hemos de ser conscientes que mi vida tiene fecha de caducidad.
-¡Bueno ya esta bien, no Harry! - exclamó de repente Ron dando un manotazo a la mesa sobresaltando a los tres chicos y ocasionando que las piezas del ajedrez que habían sido eliminadas corrieran todas a esconderse detrás de la caja.
-¡Ron! - gritó Hermione.
-¡No! -la cortó levantando un dedo señalando a Harry, que se había quedado estático al ver reaccionar con esa brusquedad a su mejor amigo – ahora me vas a escuchar tu a mi – le espetó – no se que estúpido miedo te ha entrado desde esta tarde, pero ya me estoy cansando de tu victimismo, colega.
-Ron...
-¡Ni Ron, ni Run! Lo único que vas a conseguir como sigas así, va a ser amargarnos a nosotros y matarte tu solo, colega. Y realmente no me apetece ninguna de las dos cosas.
-Por favor... - insitió Harry
-¿Por favor qué? - le contestó – te parece bonito decir eso delante de ella – dijo señalando a Yael, que al ver la discusión había empezado a llorar suavemente - ¿tu crees que nosotros somos tontos y no sabemos lo que puede pasar? ¿Acaso crees que no tenemos miedo? Pues si Harry, lo tenemos. Pero también sabemos que estas haciendo todo lo posible para salir vencedor y seguir con nosotros y estamos seguros que cuando todo esto acabe, acabaremos Hogwarts, estudiaremos para ser auror, profesor o medimago. Compartiremos piso mientras estudiemos en la ciudad y luego cuando nos graduemos, nos compremos un par de casas, una al lado de la otra. Cada domingo iremos a comer a casa del otro, y nuestros hijos jugaran juntos en el patio trasero y juntos los acompañaremos a King Cross cuando empiecen Hogwarts.
-Todo eso me encantaría... - empezó a decir Harry e iba a añadir algo más pero al pasar la vista a sus amigos, lo pensó mejor. Si tenía una imagen de familia, era esa. Crecer y envejecer junto a Ron, Hermione y por supuesto Yael. Lucharía, pelearía con todas sus armas...y saldría vencedor - ...Pero también deberíamos invitar a Sirius y a Remus los domingos – acabó con la voz un toco quebrada.
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Con los ánimos un poco exaltados, los dos días que faltaban para las vacaciones de pascua, pasaron volando, y sin querer darse cuenta, Harry estaba en el vestíbulo despidiéndose de Ron y Hermione, que volvían a casa para reunirse con toda su familia.
-Dale recuerdos a tus padres de mi parte – dijo Harry mientras abrazaba con fuerza a Ron. La señora Weasley se había emperrado en reunir a todos sus hijos esa semana. Había movilizado a Charlie para que dejara sus dragones en Rumania y había amenazado a Bill con que lo desheredaría si no se dejaba de tonterías y abandonaba sus trabajos secretos para Gringots en marruecos.
-Yo se los doy, pero que sepas que mi madre esta muy enfadada contigo porque te quedas aquí .
-Estaré bien en el castillo – Harry se separó del pelirrojo y atrapó entre sus brazo a Hermione – y tu cuídate mucho – le advirtió a la chica – cualquier cosa rara, avisa a Dumbledore, ¿De acuerdo?
-No te preocupes, no pasara nada. Dumbledore lo tiene todo controlado.
Después del ataque que los padres de Hermione habían sufrido en enero tanto Ron como Harry no veían con buenos ojos que la chica se reuniera con ellos en el poblado muggle sin ningún tipo de protección, por lo que le habían rogado que fuera a hablar con el director para que tomara algunas protecciones. Y aunque Dumbledore no había dicho mucho, les aseguró al trío que no pasaría nada.
-¿Dónde están Sirius y Remus? - preguntó Ron - Pensaba que vendrían a decirnos adiós.
-Están liadísimos – contestó Harry despidiéndose ahora de Ginny que había venido a decir adiós y recordarle a Harry lo enfadada que estaba su madre – no hacen más que reunirse con Dumbledore y de recorrer el castillo – explicó – Sirius esta tan cansado de dar vueltas que incluso me ha requisado el mapa del merodeador para ir controlando – dijo levantado una ceja de forma divertida.
-¡Apresuraros que el tren esta apunto de salir! - Escucharon de lejos que McGonagall gritaba.
Tras un par de besos y abrazos más, Ron, Hermione y Ginny subieron a uno de los últimos carruajes que les llevaban hasta la estación.
Cuando estos se perdieron de la vista de Harry, el chico giró sobre sus talones y se dirigió hacia la biblioteca, donde estaba seguro que Yael ya estaría hincando codos.
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A Harry le encantaba pasar las vacaciones en el Valle de Godric y más sabiendo el esfuerzo que había hecho su padre para dejarle la casa como si no hubiese ocurrido esa maldita noche de Halloween, pero a pesar que esa casa era su hogar y la sentía como tal, el placer de pasear por los pasillos desiertos de Hogwarts era algo que no tenía comparación.
Centraba sus días de vacaciones en levantarse temprano, entrenar un rato él solo, ayudar un poco a Yael en sus estudios, charlar por las tardes con Sirius y Remus y pasear. Pasear mucho y en soledad.
Por su cabeza todavía resonaban las duras palabras de Ron y aunque llevaba tiempo siendo consciente de su destino, escuchar en voz alta el deseo de madurar y envejecer junto a sus amigos, era algo que le oprimía el corazón. Ninguno de ellos había vuelto a mencionar esa charla, pero Yael a pesar de estar igual de dulce con Harry que siempre, tenía un brillo melancólico en los ojos. Y verla así lo mataba. Tenía que hacer algo por ella.
Casi sin darse cuenta, los días fueron pasando y tuvo que ser Yael quien le recordara que ya estaban a sábado. Al día siguiente por la noche volverían todos y empezaría la recta final del curso.
Estaban tumbados debajo de un árbol en los terrenos. Aunque el sol brillaba en el cielo, todavía el aire era frio, por lo que los dos estaban bien acurrucaditos, mirando como las nubes pasaban creando formas, mientras disfrutaban del calor del otro. A Harry ya le había parecido ver un coche dibujado en el cielo, cuando a causa del viento, una nube en forma de llave le dio una idea.
-¿Qué planes tienes para esta noche? - dijo sobresaltando a la chica, que prácticamente estaba dormida.
-Pues...cenar en el comedor, supongo, ¿por?
-Pues supones mal, bonita – le corrigió divertido dándole un leve toquecito en la nariz – quedamos a las ocho en la puerta de la habitación de mis padres, ¿vale? -le dijo levantándose.
-¿Te vas? - preguntó sorprendida Yael al ver como su cómodo y calentito cojín se marchaba.
-Tengo que preparar un par de cosillas – dijo Harry con una sonrisa antes de mandarle un beso y salir corriendo hacia el castillo, dejándola con la boca abierta de la sorpresa.
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Una de las cualidades que tenía Yael, era que siempre era puntual como buena inglesa que era. Así que a las ocho en punto esta apoyada en la pared de delante de la puerta de la habitación de sus profesores/suegros.
No sabia qué le estaba preparando Harry. Normalmente los sábados cenaban juntos, o bien en una de las mesas del gran comedor o bien en su salita especial. Pero ante esas noches, Harry solía avisarla y ella se arreglaba un poco para él. Pero ese día estaba totalmente desconcertada. Por lo que se había puesto unos vaqueros que le quedaban de maravilla, una blusa azul marino y una botas. Arreglada pero informal y preparada para cualquier evento.
No llevaba ni dos minutos esperando cuando la puerta se abrió y dejó ver a Harry con vaqueros, una camiseta verde y una pequeña bolsa de deporte en la mano.
-¿Lista, cariño? - preguntó saludando a su chica con un tierno beso en los labios.
-¿Lista para qué? - dijo Yael entrecerrando los ojos intentando descubrir algo.
-Te voy dar una noche del futuro – y tras decir esto, Harry la cogió de la mano y tras un leve "plof" desaparecieron del castillo.
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La valla de entrada del numero 14 del Valle de Godric se les apareció delante y todavía con Yael boquiabierta por la sorpresa, Harry abrió la puerta con la llave que sacó del bolsillo de sus vaqueros y la hizo entrar al acogedor comedor donde la chimenea encendida les dio la bienvenida. Todo seguía igual que el verano anterior. La Colorida alfombra, el sofá, las butacas, la librería...todo desprendía esa sensación de hogar que a Harry tanto le gustaba.
-¿Qué hacemos aquí? - consiguió decir Yael admirando el salón.
-Vamos a pasar la noche aquí – dijo Harry poniéndose delante de la chica y la cogía de la cintura para que lo mirara a él – mira Yael – dijo reclamándole atención - desde el sábado pasado y después de la charlita que me dio Ron - dijo haciendo una mueca de angustia con la boca - he estado pensando en esto. No hay nada que desee más que pasar el resto de mi vida aquí contigo y los chicos, pero como...
-Calla – le cortó la chica con un susurro muy parecido a una súplica.
-Pero como eso puede tardar muchos años – siguió Harry con una sonrisa de disculpa. Esa noche era para Yael y por nada en el mundo no quería disgustarla – y no tengo ganas de esperar tanto, he conseguido convencer a Sirius y a Remus, que anda que no son cabezotas, para que me dieran permiso para que por una noche, seamos una pareja que convive junta.
-Me encanta la idea – logró decir Yael con una sonrisa ella también para enmascarar las tremendas ganas de llorar que tenía.
-¿Si? - preguntó ilusionado Harry. Yael cabeceó – pues venga mujer, hazme la cena – bromeó ganándose un manotazo de la chica – es broma, es broma. De echo... ¡tachan! - y tras decir estas palabras y dar un chasquido con los dedos, un torbellino de calcetines, bufandas y gorros apareció en el comedor.
-Harry Potter, señor, Dobby a su servicio, señor – dijo el elfo domestico haciendo una reverencia tan grande que su alargada nariz rozó el suelo.
-Dobby, Yael y yo nos vamos a dar una vueltecita por el pueblo, ¿puedes ir preparando todo para la cena como hemos hablado esta tarde?
-Por su puesto, Señor, Dobby lo tendrá todo listo señor Harry Potter.
Así pues, y mientras Dobby empezaba a trastear en la cocina y en el comedor para ir preparando la cena y mesa, Harry y Yael fueron a dar un paseo de enamorados. Charlaron de todo de forma distendida de todo y por una vez se permitieron el lujo de charlar con naturalidad de un tema que para ellos era tabú. El futuro.
Bromearon sobre los cursos que les quedaban en Hogwarts, sobre los TIMO's y sobre las academias de Auror y de Medimagia. Charlaron sobre el piso que pensaba alquilar Harry en la ciudad con Ron mientras estudiaran. "Pero habitaciones separadas, creo que no podré soportar muchos años más sus ronquidos" había dicho Harry. Y ya una vez de vuelta a casa y con un plato de delicioso rissotto al fungi delante, empezaron a pelearse por los nombres de sus futuros hijos.
-A mi me gusta Marge – había dicho Yael a lo que Harry casi se atraganta con el zumo de calabaza que tenía en la boca - ¿no te gusta? - preguntó sorprendida.
-Yo he hinchado a una tía mía que se llama Marge...o se llamaba, no se muy bien si pudieron hacerla bajar – consiguió decir después de toser – mejor no preguntes – aclaró al ver la cara de sorpresa de la Ravenclaw – si es niño quiero ponerle...James – dijo, más bien susurró Harry avergonzado de golpe.
-Perfecto, así que si es niña, ¿lo elijo yo? - se apresuró a decir la chica para sacar a Harry de ese pozo de timidez donde el animago se acababa de meter. Harry cabeceó – pero Marge, no – el chico asintió – vale, pues...¿qué te parece Lily Emma?
Harry abrió los ojos de golpe por la sacudida que esos dos nombres le habían ocasionado en el corazón. En su fuero más interno, ese en el que incluso a ti mismo te da vergüenza entrar, siempre había deseado ponerles a sus hijos, James y Lily, pero si ya le daba vergüenza proponer uno, hacerlo con los dos le parecía demasiado. Pero ahora, con Yael en frente mirándolo con esos preciosos ojos azules y proponiendole que si quería ponerle a su futura hija Lily, lo emocionaba más de lo que esperaba.
-Cariño, no sé como... - tartamudeó intentando hacer bajar el nudo que se le había instalado en la garganta.
-No has de agradecer nada – interrumpió Yael – Lily es un nombre precioso y si le pongo Emma mi madre estará encantada – bromeó imaginando la cara que pondría su madre cuando se enterara que su nieta llevaría su nombre.
-No sabes las ganas que tengo de tener a los pequeños James y Lily Emma correteando por aquí – dijo Harry.
-Sí, sí, pero hasta dentro de unos 12 años nada de nada.
-¿12 años? - exclamó sorprendido Harry.
-¡Como mínimo!
-¿8? - tanteó Harry
-10 y es mi ultima oferta – se plantó Yael con un guiño divertido en la cara.
-Eso ya lo veremos – dijo Harry y levantando la copa hacia Yael dijo: - Por los futuros James y Lily Emma Potter – chocó la copa con Yael – para que tengan una larga y tranquila vida en un mundo de paz.
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Los primeros rayos del sol primaveral entraban por la ventana abierta de la habitación, cayendo justo encima de los ojos de Yael. En otro momento eso no hubiera sido bastante para despertarla, pero tras removerse para apartarse de la luz, cayó en la cuenta de que esa no era su habitación y entró en un momento de pánico al no reconocer donde estaba. Pero al abrir los ojos y ver una foto suya con Harry en la pared de enfrente, los recuerdos de la noche anterior volvieron a su mente y consiguió sacar el miedo inicial y cambiarlo por una profunda sonrisa y sensación de bienestar: El paseo por el valle cogidos de la mano, la deliciosa cena, la dulce y tranquila conversación y la noche de intimidad y complicidad que habían compartido.
Suspiró. Daría cualquier cosa para que lo que durante ese día se habían permitido a soñar llegara a suceder. Lucharía con todas sus fuerzas para poder vivir ese maravilloso futuro que tenían por delante.
Ella solo tenía quince años y él, 16, pero algo en su interior le decía que Harry era su media naranja y que tenía que pasar el resto de sus vidas juntos. Ya conocía cual era la sensación de estar separados y no la quería volver a sentirla nunca más.
Lucharían, se agarrarían con uñas y dientes a cualquier esperanza que el destino les diera. James y Lily Emma crecerían en esa casa. Nunca en su vida había tenido nada tan claro como eso.
Unos leves toques en la puerta la sacaron de sus profundos pensamientos, y la cabeza de Harry, con el pelo aún más desordenado que normalmente, asomó por la rendija.
-Buenos días, cariño – saludó mientras entraba cargando una gran bandeja repleta de bollos, tostadas, huevos, bacon, café y zumo de naranja – servicio a domicilio – bromeó acercándose a la cama y sentándose al lado de su chica, que se hizo a un lado para hacerle sitio – recién hecho.
-Huele genial –afirmó Yael – se me hace la boca agua. Si es que tengo un novio que vale todos los galeones de Gringotts – bromeó cogiendo una tostada.
-Yael, antes de empezar quería decirte algo – dijo Harry dejando a la chica con la tostada a medio camino.
-No me asustes...
-Yo...solo quería darte las gracias por esta noche genial – se sinceró Harry, que como siempre que decía algo dulce o romántico se ruborizó un poco y agachó la cabeza – no tienes ni idea de lo que todo esto a significado para mi.
-Pero que tontito eres – soltó Yael divertida al ver a Harry así – no tienes que darme las gracias por nada, en todo caso te las tendría que dar yo por este desayuno tan estupendo.
-Hablo en serio – insistió Harry mirándola.
-Y yo también – dijo y al ver que Harry quería insistir en esa conversación decidió cortar por lo sano. Le metió la tostada que tenia en la mano en la boca y preguntó - ¿Qué planes tienes para hoy?
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El resto del día pasó rápido. A media mañana y mientras Harry y Yael merodeaba por la casa, Sirius se apareció por allí. Según él, porque Remus estaba en plan romántico con Vector y se aburría, pero Harry sabía que estaba allí para vigilar que estuvieran bien y que no pasara nada raro.
-Vaya anfitrión que ni ofrece un café a las visitas – se quejó el animago mostrándose ofendido mientras se sentaba en la mesa de la cocina.
-A las visitas normalmente se les invitan, no aparecen así por así... - bromeó Harry.
-Solo y con dos de azúcar, gracias – dijo Sirius sin darse por enterado – por cierto Whiskers, Dumbledore ha convocado esta noche una reunión de la orden – Harry suspiró y Sirius lo reprendió con la mirada. A él tampoco le hacía mucha gracia. Y menos sabiendo a quien se podría encontrar. Solo de pensarlo...se ponía nervioso.
-¿Irá Nicole? - preguntó Harry poniéndole la taza de humeante café delante de su padrino. Se sirvió uno a si mismo y hecho un poco de leche en el de Yael. Los tres se sentaron alrededor de la mesa.
-Sí, lleva toda la semana de turno de noche en el ministerio, pero ha logrado escaparse esta noche.
-Oh, oh– dijo Harry con un tono de voz, demasiado exagerado – pelea a la vista.
-No va a haber ningún tipo de pelea – dijo Sirius tomando un sorbo de café esperando con todas sus fuerzas de que su ahijado no siguiera, cosa, que por supuesto, no ocurrió.
-¿Nicole sabe algo de Ava? - preguntó curioso. Yael, que no entendía de que hablaban se los miraba a ambos con curiosidad.
-No seas un adolescente chismoso, Whiskers que ya se por donde vas – cortó Sirius rápidamente – a las 8 en el despacho – dijo e intentando cambiar de tema, preguntó - ¿que cenasteis anoche?
Y la técnica de distracción del animago funcionó, porque Harry y Yael olvidaron la conversación sobre los amoríos de Sirius y le empezaron a contar lo que Dobby les había cocinado.
Poco después y con gran pesar por parte de Harry al dejar la casa, los tres acabaron de recoger las cosas y se dispusieron a volver al castillo para recibir a sus amigos. Solo había sido una semana pero tanto el Gryffindor con la Ravenclaw tenían ganas de ver a sus compañeros.
Y estos no se hicieron de esperar. Cuando apenas habían llegado un par de carruajes, el tercero traía a Ron y Hermione. Los dos contentísimos por las vacaciones y más felices aún por reencontrarse.
-¿Cómo están tus padres? - se apresuró a preguntar Harry a Hermione mientras se abrazaban.
-Estupendamente – explicó feliz. Aunque recibía correspondencia de ellos muy a menudo, y le contaban que estaban recuperados del ataque y que poco a poco su pueblo iba recuperando la normalidad, hasta que ella no lo había visto con sus propios ojos no se había quedado del todo tranquila.
-Mamá esta completamente ofendida contigo, que lo sepas chaval – interrumpió Ron echándose encima de sus dos amigos y abrazándolos a ambos – no veas que tostón me ha dado todos estos días con la cantinela de "Y mira que no venir" "tu te crees que se haya quedado en el castillo" "si es que mira que no querer pasar unos días aquí con nosotros" - dijo Ron imitando a la perfección la voz de su madre – la próxima vez te llevo a rastras. Prefiero enfrentarme a tu ilimitado poder que a mi madre ofendida.
Los chicos no pudieron evitar reír a carcajadas. En ese momento, Yael vio como Ethel, su mejor amiga bajaba del último carruaje que había llevado y disculpándose se fue hasta ella.
-La verdad es que no he estado toooodos los días en el castillo – dijo Harry sin perder de vista a Yael. Y bajando la voz, explicó – ayer por la noche, Yael y yo nos fuimos a mi casa.
-¿Os escapasteis? - exclamó Hermione más fuerte de lo que Harry hubiese querido
-Shiiiit – la reprendió – no, me gané el permiso de Remus y Sirius – contó con una sonrisa estúpida en la cara - hemos pasado una noche genial, chicos, no os lo podéis ni imaginar.
-¡Marranos! - bromeó Ron dándole un golpe en la espalda.
-No me refiero a eso- aclaró Harry mientras notaba que le subían los colores a las mejillas - ¿Y sabes qué Ronald? - preguntó y Ron al escuchar su nombre completo entrecerró los ojos – al pasar una noche como una pareja normal me he dado cuenta de lo que quiero, y os prometo que la próxima vez vosotros viviereis en la casa de al lado.
-Así me gusta compañero – contestó Ron satisfecho.
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-Joder, joder, joder – iba maldiciendo Sirius Black mientras andaba todo lo rápido que le daban sus piernas.
Estaba de mala leche. Llegaba tarde a la reunión de la orden y no es que la puntualidad fuera algo que Sirius llevara muy arraigado. Siempre había considerado que la puntualidad era un don y el no había sido bendecido con ello, así que, a pesar de ser ingles, nunca había llegado exactamente puntual. ¿5 minutos tarde no era para enfadarse, verdad?
Pero justamente ese día, el animago se había propuesto ser puntual. Llegar justo a su hora, nada de esos 5 minutos de costumbre. Pero claro, como siempre la Ley de Murphy tiende a aparecer en el peor momento.
Había salido bien, con tiempo, pero solo al salir de su habitación se había cruzado con unos pequeños de primero de Gryffindor andando apresuradamente y nerviosos, pero había estado tan metido en su mundo que ni se había fijado. Pero cuando cuatro pisos más arriba se los había encntrado por tercera, su escondida vena de profesor había preguntado a los chiquillos si estaban bien, y resulta que no, no lo estaban.
Las pobres criaturas, a pesar de llevar ya casi todo un curso en Hogwarts, llevaban dando tumbos por el castillo desde que la ultima clase había finalizado.
-Han sido las escaleras, profesor Black – había dicho una niña con la voz de pito y el pelo liso como una tabla. Parecía la más valiente del grupito de 5 que eran. El resto se miraba a Sirius con una mezcla de gran salvador y de profesor malvado.
-Tenéis que buscar puntos de referencia para que no os vuelva a suceder – les dijo más que nada para llenar el silencio mientras que los acompañaba personalmente la puerta de entrada de la sala común. No quería arriesgarse a que se perdieran otra vez y encontrárselos a 5 pisos de distancia de allí.
Así pues, una vez los había dejado bien resguardaditos, había mirado el reloj de pulsera que le había cogido prestado a Harry y había puesto pies en polvorosa.
-Vas a dar la nota, Black – volvió a maldecir Sirius cuando ya estaba girando la esquina del despacho – vas a entrar y zas! Te las vas a encontrar a las dos de cara.
Realmente ese era el motivo del enfado de Padfoot. Si por una vez en la vida quería estar en su sitio a su hora, era para no tener que entrar en el despacho de Dumbledore, donde toda la orden estaría allí y llamar la atención a ciertas dos mujeres. Sabía que allí estarían Nicole, que estaría completamente pendiente de su reacción al entrar y de la reacción de Ava cuando él entrara. De esa reunión saldría perro escaldado.
-Para una vez que quieres pasar desapercibido – siguió hablando consigo mismo hasta que sin darse cuenta, su 45 de pie piso algo, o más bien alguien. - perdón, iba rápido y... - empezó a disculparse pero cuando vio unos ciertos ojos castaños se calló de golpe. Había visto esos ojos en tantas ocasiones que a pesar de levar casi 20 años sin verlos de cerca, no dudaba ni por un segundo de quien eran – llego tarde – dijo en un intento de recomponerse del impacto y empezó a andar rápidamente pero un comentario a su espalda lo hizo detener.
-Como si fuera algo raro – dijo con nostalgia Ava. La de veces que había tenido que esperar 5, 10 o incluso 20 minutos hasta que Sirius había llegado al sitio acordado. Siempre había odiado eso de él.
-Unos niños de primero me han entretenido – empezó a excusarse, pero en seguida se dio cuenta de que no tenía porque hacerlo, por lo que por segunda vez se dio la vuelta y empezó a andar. Ava se apresuró a seguirlo. Al fin y al cabo ella también llegaba tarde.
Pero las zancadas de Sirius eran muy largas, por lo que la mujer tuvo que hacer una pequeña carrera para alcanzarlo.
-Sigues andando muy rápido – comentó y Sirius asintió distraído. No podía sacarse de la cabeza el enfado que pillaría Nicole cuando lo viera entrar con Ava a su lado.
Y por lo visto, lo que estaba pensando se le debía notar en la cara, porque justo en ese momento Ava dijo:
-Tu novia se va a enfadar cuando nos vea entrar juntos.
-No se va a enfadar – cortó Sirius con falsa convicción – y aunque se enfadara no es tu problema – "plumpcake"– dijo la contraseña rápidamente a la gárgola y se apresuró a entrar. Ava tuvo que correr para entrar.
Un espeso silencio cayó sobre los dos. El escaso minuto que tardaba la escale de piedra automática en subir se estaba haciendo eterno. Y por más que Sirius intentó luchar contra su instinto, no pudo evitar echar una mirada a la que en cierto momento de su vida, había creía que seria la única que seria capaz de hacerle sentar la cabeza.
Pero cuando sus ojos grises encontrarlos a los marrones de ella, supo que tendría que haber luchado un pelín más. Esos ojos siempre habían sido su perdición y como siguiera mirándolos mucho más tendría un problema y de problemas ya tenía muchos en su vida.
-Vamos Paddy – dijo la mujer con familiaridad rompiendo el tenso silencio – esto es estúpido. Hemos pasado por mil cosas juntos como para ahora tratarnos como si fuéramos extraños. ¿Por qué no quedamos un día y nos vamos a tomar un par de Firewhisky y nos ponemos al día?
-Olvídame, Ava, ¿quieres? - dijo Sirius sorprendiéndose incluso a él mismo . Ella estaba intentando hacer un acercamiento y él no podía evitar sentir cada vez más rencor – Y como tienes experiencia en eso, no creo que te cueste mucho - soltó sin poder remediarlo.
-¿Qué quieres decir con eso? - preguntó sorprendida por el tono de voz.
-Nada, déjalo. Llego tarde y Harry y Remus deben de estar preocupando por mi – ya veía la puerta de salida, 5 segundos más y saldría de esa prisión.
-Eso si que es toda una novedad – soltó Ava enfadad- Tu preocupándote de alguien más que no sea James.
-No sigas por ahí – le advirtió Sirius entre dientes justo cuando la escalera se paró
-La edad te ha cambiado – dijo y en un intento de sosegarse, Sirius cerró los ojos y empezó a contar hasta diez. ¿Por qué esa mujer le alteraba tanto la sangre? – te preocupas por Remus y por Harry, te lanzas delante de tu novia dispuesto a dar la vida por ella...
-¡Cállate! – gritó Sirius encarándose y arrinconando a Ava contra la pared, poniendo su cara muy cerca de la periodista – ¡no digas más gilipolleces! ¡Sabes que eso es mentira! ¡Por ti hubiese dado mi vida sin pensarlo ni un maldito segundo! ¡Por ti hubiese muerto para salvarte! ¡Incluso por delante de James!
Estaba enfurecido. Era consciente de que nunca había sido el novio modelo, pero le dolía que Ava, justo ella, que era a personas por la que había hecho cosas que por nadie más había hecho, tuviera una imagen tan mala de él.
Ava no pudo esconder su sorpresa por esa declaración.
-Nunca vuelvas a insinuar que no eras importante para mi, ¡Nunca! - volvió a gritar y separándose se dispuso a salir, pero de nuevo la voz de la periodista lo dejó anclado en el suelo.
-¿Era? ¿Y ahora?
-Ahora lo único que quiero de ti es que desparezcas de mi vida y te mantengas alejada de mi todo lo que puedas ¡Olvídame! - volvió a decirle remarcándole mucho esa última palabra.
-Sabes que por más años que pasen, nosotros no podemos olvidarnos.
-Yo ya lo he hecho – siseó Sirius todavía muy cerca de ella.
-¿Seguro? - susurró Ava, y en ese momento algo se cruzó en la mente de Sirius.
¡No! Claro que no lo había hecho. Llevaba 20 años que pensaba que si, que la había conseguido olvidar, pero al tenerla ahí delante, tan cerca de él, escuchando, casi notando su respiración, era más consciente que nunca, de que, no, no la había olvidado.
Sin ser consciente de sus actos, en un gestó animal, unió sus labios con los de ella. Con fuerza. Con rabia. Ava, sorprendido, tardó en un segundo en responderle, pero en cuanto empezó a devolverle el beso, Sirius despertó y se apartó bruscamente, asustado de si mismo.
-No te acerques a mi – le advirtió Sirius, aunque sonó más bien a un ruego y se apresuró a salir, dejando a Ava inmóvil, todavía con la respiración alterada, mirando como la puerta se cerraba detrás del animago. Necesitaba unos minutos para reponerse.
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NdA: No puedo creer que después de tantos y tantos meses, haya gente que todavía se acuerda de la historia y me pide que actualice...¡Sois maravillosos! Intentaré no demorarme taaaaanto, pero yo ya, a estas alturas no prometo nada. ¡Feliz 2016!
