NdA:Muchas gracias, espero que estéis disfrutando de las vacaciones
Capítulo 35 El Libro de los Malfoy
Draco no podía dormir. Tampoco lo había intentado, porque aquella noche debía velar a sus muertos. De todos modos, le dolía el alma sólo de pensar en meterse esa noche en la cama sin Astoria a su lado. Todos estaban allí; los niños ya se habían acostado y Draco agradecía que sus sobrinos hubieran podido distraer un poco a Scorpius y Cassandra. Los adultos estaban reunidos en la misma habitación que los fallecidos, acompañando silenciosamente las últimas horas de su padre y Astoria sobre la tierra.
Su idea, después de haberse duchado por fin, era unirse a ellos, pero entonces recordó las palabras de su padre antes de morir. Había insistido mucho en que abriera cierto armario secreto del segundo piso. Draco se preguntó por qué le habría dicho eso. ¿Había comprendido que iba a querer vengarlo? ¿Le había indicado dónde encontrar el arma adecuada para vencer a sus enemigos? ¿Tan importante era lo que guardaba allí como para gastar en ello casi sus últimas palabras?
Tratando de postergar el momento de acudir a ver de nuevo a Astoria muerta, y dejarse engullir por el inevitable dolor, Draco se acercó al despacho de su padre y abrió la puerta. Allí dentro le resultaba imposible no recordar las miles de veces que había entrado de pequeño para preguntarle algo, o pedirle que jugara con él, o simplemente a verlo escribir cartas con mano rápida y expresión decidida o maliciosa. Era una habitación amplia y espaciosa, con ventanales que daban al este. Una de las paredes estaba cubierta de estanterías con libros; en otra pendía un retrato de Abraxas Malfoy. Su abuelo dormía, pero despertó al ver la luz.
-¿Lucius? Oh, eres tú, Draco.
-Abuelo…
-¿Tienes idea de qué hora es?
-Sólo eres un cuadro –replicó Draco, sin el respeto habitual-, y he venido a buscar el Libro de los Malfoy.
Sólo el Malfoy más anciano –Malfoy de nacimiento, no por matrimonio-, podía abrir ese libro sin caer fulminado por un antiguo hechizo. El hecho de que lo estuviera buscando sólo podía significar una cosa y su abuelo lo entendió en pocos segundos.
-Oh… ¿Cómo ha sido?
-Luchando contra unos sangresucias que nos han atacado.
Era la primera vez que decía esa palabra en más de dos décadas, pero no se sintió liberado, sino peor. Había creído que otra sociedad era posible, había apostado por Rookwood, que nunca había odiado a los muggles ni a los sangremuggles, y había intentado conseguir un mundo de paz para sus hijos. ¿Y qué había recibido a cambio? Rookwood había muerto envenenado; su mujer y su padre, a balazos. Por los sangresucias. Eran ellos los que no querían paz. Los que no estaban tiroteando sangrepuras estaban secuestrando magos para quitarles la magia.
-Entonces es una muerte digna de un Malfoy.
Había un dicho familiar: los Malfoy no mueren de viejos.
Era una mierda de dicho familiar.
-¿Sabes dónde está el Libro?
-Creo que Lucius lo guardaba en esa estantería –dijo, señalando una de las más altas.
Draco hizo descender el libro con su varita y observó las tapas. Sí, era ese. Su padre se lo había enseñado, sin abrir, un par de veces y le había ordenado tajantemente no abrirlo nunca mientras él siguiera con vida. Draco se moría de curiosidad por aquel entonces, pero esa era la clase de orden de su padre que jamás se le habría pasado por la cabeza desobedecer. Después, siendo más mayor, había entendido mejor el peligro y se había olvidado de él.
Pero por desgracia, había llegado el día de poder abrir ese libro sin miedo. Estaba encuadernado en piel negra y en el centro se veía el escudo de los Malfoy grabado en oro blanco. El libro tenía dos cierres y Draco los abrió con solemnidad, sintiendo la magia subirle por las manos hasta recorrerle el cuerpo.
Allí delante tenía un inventario de objetos que no sabía que poseían, un prolijo árbol familiar que contenía incluso a Scorpius y Cassandra, complicados conjuros, algunos de magia negra, que no había visto en su vida y planos de la casa con escondites que sólo él podría encontrar ahora. El Libro de los Malfoy merecía ser estudiado a fondo cuando su mente estuviera más tranquila. Draco estaba convencido de que allí encontraría también ayuda para combatir a los Vengadores. Aquella noche, sin embargo, quería cumplir con la promesa que le había hecho a su padre.
Draco subió entonces al segundo piso y vio por primera vez el armario que le había indicado su padre. Jamás se había dado cuenta de que eso estuviera allí. Draco abrió la puerta, preguntándose qué iba a ver y se encontró, sorprendido, con una corona de plata, una docena de guardasecretos y tres pensamientos capturados en viales de cristal. Intrigado, se dispuso a examinarlo todo.
Eran las dos de la mañana y Harry seguía en el ministerio, donde aquella noche había casi tanta actividad como de día. Habían muerto varias personas más, entre ellas un tío de Lavender Brown, y había una docena de heridos debatiéndose todavía entre la vida y la muerte, pero los medimagos confiaban en que los demás se recuperarían. La cifra total era ahora de ciento noventa y seis fallecidos.
Siguiendo los cálculos de Hermione, eso era como si en Gran Bretaña hubieran muerto de golpe más de trescientos mil muggles.
Chloe y un par de agentes más seguían interrogando a los Montague. Ante la sugerencia de que uno de los suyos pudiera trabajar para los Vengadores, habían afirmado, ofendidos, que en caso de pertenecer a alguno de esos grupos Montague habría sido de los Purificadores. Ellos pensaban que su pariente había sido secuestrado también. Harry lo dudaba; era mucha casualidad que se hubiera marchado del escenario unos segundos antes de que pasara todo.
Los vigiles habían informado de un par de escaparates de comercios de sangremuggles rotos a pedradas, pero al menos no había habido más ataques a personas. Kingsley estaba preparando con Hermione y Hesper Scrigmeour un acto conmemorativo para el lunes al mediodía y había declarado tres días oficiales de duelo.
Y de pronto una secretaria que estaba echándoles una mano asomó la cabeza por la puerta.
-Perdón, jefe Potter, el señor Malfoy está aquí y quiere verle. Dice que es muy… ¡eh!
Malfoy se había colado en la sala de reuniones, acompañado de uno de sus elfos. Se había cambiado de ropa, y ahora vestía una sencilla túnica negra, con bordados negros en las mangas como único adorno. Pero la expresión de sus ojos había cambiado aún más. La sed de sangre casi irracional que había aparecido en Windfield había desaparecido ahora y parecía conmocionado; aún así, su semblante también era decidido y no se amilanó cuando Robards y Williamson, que estaban con él, se levantaron con la varita en la mano, algo alarmados.
-Qué lástima que no hayáis sido tan rápidos en Windfield.
Harry frunció el ceño y les hizo una señal a sus agentes para que bajaran las varitas.
-¿Qué quieres, Draco?
Éste lo miró a los ojos.
-Tengo información sobre los Vengadores. Y sobre los Purificadores.
Harry se quedó atónito.
-¿Qué? ¿Qué sabes?
Pero Draco meneó la cabeza.
-Quiero hacer un trato.
-¿Un trato?-Por un momento terrible, Harry pensó que Draco iba a pedir la inmunidad, que había pertenecido a los Purificadores después de todo.
-Quiero colaborar con vosotros. Quiero formar parte de la caza y captura de esos cabrones. Quiero estar al corriente de vuestras investigaciones.
Harry intercambió una mirada con sus aurores, quienes parecían tan sorprendidos como él.
-Draco, escucha, sé que quieres ayudar, pero lo mejor que puedes hacer es darnos esa información y nosotros...
-Si quieres esa información, será a cambio de meterme en el equipo. Si no, yo y otros como yo haremos el trabajo por nuestra cuenta.-Entonces Draco se giró hacia Williamson con expresión de advertencia mientras el auror trastabillaba hacia atrás con una mueca de dolor-. Y le agradecería que no volviera a hacer eso, auror Williamson. Con dieciséis años ya era capaz de resistir la Legeremancia de practicantes mucho más expertos que usted.
Harry le lanzó a Williamson una mirada de censura y se giró de nuevo hacia Draco.
-Draco…
-Potter –le interrumpió-, no voy a hacerte la oferta otra vez. ¿Hay trato o no hay trato?
Harry se dio cuenta de que lo tenía pillado. Necesitaban esa información y lo último que quería era tener a Draco y sus amigos interfiriendo en el trabajo de los aurores. Si estaba con ellos, al menos estaría bajo control.
Legalmente no habría inconveniente. Podía hacerlo, podía incorporar a alguien a la plantilla como "colaborador especial". Y Draco era Maestro en Pociones. Podía empezar mandándolo a San Mungo para que examinara por sí mismo las muestras de sangre de Rookwood y el atacante fallecido y tratara de averiguar qué veneno habían empleado. Los medimagos de San Mungo estaban demasiado ocupados con los vivos en ese momento como para apresurar los análisis de sangre de unos muertos.
-Está bien, trato.
Los dos chocaron solemnemente la mano y Draco se sentó en una de las sillas. Después empezó a hablar y Harry lo fue escuchando con ojos cada vez más abiertos.
-Así que los Vengadores y, en menor medida, los Purificadores, son sólo marionetas. ¿Y quién podría salir beneficiado de algo así? Sólo los secuestradores. Se llevaron gente de Windfield, ¿no? Son ellos. Estoy seguro de que son ellos. Querían sumir al mundo mágico en una guerra civil, probablemente para que no pudiéramos centrar nuestros recursos en encontrarlos a ellos.-Draco señaló al elfo, que hizo aparecer un maletín-. Aquí están los recuerdos de mi padre de aquella noche. Ellos probarán que digo la verdad.
Draco sintió un placer amargo al ver la cara de estupefacción de Potter y toda la gente que les rodeaba. A mitad historia, Potter había mandado llamar al ministro, a Granger y a más personas y le había pedido que empezara de nuevo por el principio. Ahora todos estaban boquiabiertos y en silencio. Él también había necesitado un buen rato para asimilar lo que acababa de descubrir.
Qué idiota había sido. Les había seguido el juego hasta el final. De no ser por su padre, se encontraría planeando cómo devolver el golpe a un objetivo equivocado. El perro de presa de esos desgraciados… Su rabia se había mitigado, vuelto más fría y amarga. Todavía quería vengarse, pero podía pensar con más claridad y asustarse del terrible paso que había estado planeando dar. Astoria se habría sentido tan decepcionada…
Por eso le había llevado esa información a los aurores, y no a los sangrepuras que estaban tan sedientos de venganza como él. Los aurores no derramarían sangre inocente. Los aurores impedirían que él se convirtiera en un asesino.
-Joder –dijo el ministro.
-Que alguien busque un Pensadero ya. Necesitamos identificar a todas las personas que acudieron a las reuniones. Robards, ve con cuatro aurores a casa de los Furmage y traed a Alex Furmage para ser interrogado ahora mismo.
Los Furmage habían perdido a uno de sus miembros en Windfield, pero Harry no podía permitirse tener consideraciones con ellos.
-¿Por qué no dijo nada antes? –se quejó Granger-. Si tu padre hubiera venido con esta información antes quizás podríamos haber podido impedir esa masacre.
Draco había estado pensando lo mismo, que quizás si su padre hubiera hablado antes, él, Astoria y toda esa otra gente aún seguirían vivos. Era un pensamiento que no podía soportar y le molestó que Granger se lo recordara.
-Mi padre no obraba a la ligera –dijo secamente-. Obviamente no había motivos para creer que iban a atacar Windfield y él debió pensar que tenía tiempo. Si todavía no había compartido esa información con nadie sus razones tendría.
-Ahora eso da igual –dijo rápidamente Potter-. Esto tiene que hacerse público. Tenemos que impedir que se cree el enfrentamiento que ellos buscan. Sólo hay un enemigo común, uno del que ya hemos visto que forman parte muggles, sangremuggles y sangrepuras. No es una cuestión de herencia mágica, es una cuestión de quién es un criminal y quién no lo es.
-Todos los periodistas andan por ahí fuera todavía –dijo Segal-. Podemos organizar una rueda de prensa en cualquier momento.
Potter se giró hacia él.
-Draco, deberías participar.
Y tanto que sí. Draco se preguntó si Potter sería consciente del peligro que había en esos momentos de un alzamiento de los sangrepuras. Probablemente no creerían nada de lo que dijera el ministerio a no ser que lo oyeran de boca de uno de los suyos.
-Sí, desde luego.
Poco después trajeron un pensadero y, por parejas, fueron metiendo dentro la cabeza para presenciar las dos reuniones de las que su padre era testigo. Él ya les había dado algunos nombres que había reconocido él mismo, pero entre todos los aurores consiguieron reconocer al menos a la mitad de los asistentes. Potter mandó a sus agentes a por ellos a sus casas, apoyados por los vigiles, y Segal apareció diciendo que había convocado a la prensa para una hora después.
-Draco, ven a mi despacho un momento –le dijo Potter.
Draco le siguió dentro. Potter se sentó en su silla y le indicó que tomara asiento en una de las que quedaban libres.
-Dime.
-Si vas a ayudarnos, es mejor que dejemos unas cuantas cosas claras antes, ¿entendido?
-Veamos –dijo Draco, entendiendo que Potter quisiera establecer algunas reglas. Era una negociación. Entendía las negociaciones.
-Primero y principal: las Imperdonables están terminantemente prohibidas, ¿está claro? Y no sólo para los aurores, sino para todo el mundo, incluyéndote a ti. Voy a pasarlo esta vez por alto porque sé que estabas trastornado, pero si te veo usar la Cruciatus otra vez, te mando a Azkaban.
Draco nunca había hecho la Cruciatus con más facilidad y menos sentido de culpa, pero asintió. Conocía docenas de maldiciones no Imperdonables que también estaba deseando usar en esos cabrones. Podía haberle asustado estar cerca de convertirse en un asesino de inocentes, pero eso no quería decir que fuera a temblarle el pulso cuando se encontrara delante de uno de los verdaderos culpables.
-De acuerdo.
-Segundo; espero que sepas desarmar a alguien sin cortarle las manos. Existe el Expelliarmus, ¿recuerdas? Es un buen hechizo, úsalo.
-Un mago tiene derecho a defenderse, Potter.
-Veo que hemos vuelto a los apellidos… Bien, Malfoy, el caso es que el Expelliarmus también desarma y no dejas a nadie malherido.
-Con un Expelliarmus sigue teniendo una mano con la que agarrar un arma y dispararme –insistió Draco.
-Bien, entonces deja el Diffindum como última opción.
Draco suspiró.
-Está bien.
-Bien. Más cosas. Si estás colaborando con los aurores estás bajo mis órdenes, ¿está claro? No puedes hacer lo que te dé la gana en cada momento.
Draco frunció el ceño.
-Entiendo las ventajas de trabajar en grupo, pero no soy uno de tus agentes. Si quieres que haga algo tendrás que convencerme.
Potter resopló.
-Eres exasperante, Malfoy. Si sales en una misión con mis hombres harás lo que te mande el auror al mando.
-Si estoy en una misión, sí –aceptó Draco, añadiendo mentalmente que sólo en caso de que el jefe de dicha misión le pareciera competente.
-Bien… Y por último… -Potter lo miró con súbita compasión y Draco casi le odió por ello. No quería compasión, no quería que le recordaran todo lo que había perdido aquella tarde-. Tus hijos acaban de quedarse sin su madre y ahora mismo no necesitan que yo envíe a su padre a las misiones más peligrosas. Sé que quieres vengarte, sé que quieres que los pillemos, pero no necesitas arriesgar la vida para ello. De momento me gustaría que intentaras analizar el veneno que acabó con Rookwood. Es el mismo que le dieron a dos atacantes muggles, creo que para que murieran antes de ser interrogados. Debemos saber más sobre eso.
Draco estuvo a punto de decirle que no necesitaba que intentara protegerlo, pero había algo fundamentalmente sincero en los ojos de Potter, y algo que le hizo recordar que era huérfano desde antes de cumplir los dos años.
-Está bien. De momento –puntualizó, porque no descartaba de todos modos participar en algún ataque, si se terciaba. Tenía que cuidar de sus hijos, eso era cierto. Pero también tenía que vengarse, necesitaba hacerlo. Potter debería entenderlo, porque él también arriesgaba la vida luchando contra los criminales-. ¿Dónde están las muestras de sangre y de tejidos?
-En San Mungo. Queríamos que las examinaran allí, pero están demasiado liados con todos los heridos. Nos han dicho que hasta el martes o el miércoles no podrán ponerse a ello.
-Iré después de la rueda de prensa, pero supongo que necesitaré alguna acreditación para…
-Dios, Malfoy, no pretendo que vayas hoy –replicó Potter, casi escandalizado-. Voy a mandarle una nota a San Mungo avisando de que irás a partir del lunes. Ahora tienes otras cosas en qué pensar.
Draco se dio cuenta de que Potter tenía razón. Tenía que ayudar a preparar los entierros, despedirse de ellos, acudir a los entierros de sus conocidos… evitar una guerra civil. Resultaba tentador usar ese encargo para fingir que nada de eso existía, pero estaba ahí y no podía obviarlo.
-Está bien. Empezaré el lunes.
Draco –a Harry le costaba volver a pensar en él como Malfoy aunque éste hubiera empezado a llamarlo de nuevo por su apellido, sobre todo ahora, cuando le apenaba tanto que se hubiera muerto su mujer- volvió a repetir delante de los periodistas lo mismo que les había dicho a ellos. Durante el relato, Draco aprovechó para ensalzar a su padre un par de veces y remarcar que era él quien había conseguido la información, pero por una vez a Harry no le importó demasiado oír hablar bien de Lucius.
Aun así, había una pregunta inevitable.
-¿Por qué su padre no dijo nada antes? El ataque podría haber sido evitado.
Draco frunció el ceño.
-No lo sé. No había indicios de que fueran a atacar Windfield y… él nunca había visto a Medea Key. Si lo hubiera hecho, la habría reconocido y entonces probablemente se habría dado cuenta de que el peligro era mayor de lo que pensaba. Tienen que entender que esto lo descubrió ayer. Quizás quería asegurarse de entender bien lo que estaba pasando.
-Pero si hubiera...
Harry interrumpió al periodista con firmeza.
-El padre del señor Malfoy cometió un lamentable error que estoy seguro que él lamentaría si hubiera sobrevivido. Pero también fue capaz de proporcionarnos la información más valiosa que hemos conseguido sobre esa gente hasta ahora. -Podía notar la intensa mirada de Draco sobre él-. Si buscan un culpable de lo que ha pasado en Windfield no lo miren a él, miren a Conrad Montague, a Medea Key y a sus compinches.
Los periodistas parecían haber notado que no iba a consentir que siguieran preguntando sobre Lucius Malfoy y hubo unos segundos de silencio hasta que otro periodista se animó a continuar la rueda de prensa.
-¿Qué medidas va a tomar ahora, jefe Potter?
-Hemos arrestado ya a todas las personas que acudieron a las reuniones que vio el señor Malfoy. Averiguaremos dónde se esconden las personas que cometieron este terrible crimen contra el mundo mágico. Y no dejaremos que nos manipulen como pretendían hacer. Sé que ahora mismo hay mucha gente furiosa y con ganas de venganza. Pero no fueron los Vengadores. Los Vengadores no existen. Sólo fueron unos criminales que quieren que nos peleemos entre nosotros mientras nos roban la magia.
Harry miró a Draco, cediéndole de nuevo la palabra. Draco era un interlocutor aún más válido que Hesper Scrimgeour para el sector más radical de los sangrepuras. Si creían a alguien capaz de exculpar a los Vengadores aquella noche sería a él.
-Yo soy el primero que sólo quería vengarme esta noche –dijo entonces Draco-. Mi mujer ha m-muerto y mi padre también. Soy el primero que iba a reaccionar como esos desgraciados querían que reaccionara. Ellos conocen nuestras debilidades y tratan de aprovecharlas. Atacar a los sangremuggles por el mero hecho de serlo sólo será seguirle el juego a esa gentuza. Los sangremuggles no tienen la culpa de lo que está pasando. Conrad Montague es un sangrepura y ha tenido un papel primordial en este asunto. ¡Probablemente fue él mismo quien preparó un agujero en las defensas para que los atacantes pudieran entrar en Windfield! Si queréis odiar y culpar a alguien, odiad y culpad a esos asesinos que quieren robarnos nuestra magia. Son los únicos responsables de lo que ha pasado en Windfield.
Los periodistas les escuchaban con atención devoradora en sus expresiones cansadas. Harry, que los conocía a casi todos gracias a innumerables ruedas de prensa, sabía que había compañeros suyos entre los caídos, incluso familiares, pero todos estaban al pie del cañón en esa noche inacabable, tratando de mantener informada a una comunidad mágica insomne y en estado de shock.
-Mañana por la mañana a las nueve les daremos las listas de los detenidos de esta noche –les dijo, aun sabiendo que los rumores ya estaban dando algunos nombres.
Eran dieciséis en total, entre Vengadores y Purificadores; tres de ellos habían podido escapar. También había algunos participantes de aquellas reuniones a los que no habían podido identificar, ya fuera porque no les veían o, sencillamente, porque no los conocían. Harry esperaba obtener sus nombres pronto: los aurores ya habían empezado a interrogar a los detenidos.
Draco se fue entonces, cuando terminó la rueda de prensa, arrancándole la promesa de que le avisaría si descubrían los nombres de los cerebros de aquella conspiración. Harry, la verdad, había imaginado ya que se quedaría allí para ver qué pasaba y se alegró de ver que se iba a casa. Ese pobre tipo necesitaba descansar.
Él se iría a dormir Merlín sabía cuándo. Quería regresar al Departamento y supervisar al menos los primeros interrogatorios. De momento, la primera reacción de todos había sido negar que formaran parte del grupo que quería robar magia. Harry estaba dispuesto a admitir que la mayoría de Purificadores ignoraran que eran marionetas de otros intereses que eran completamente opuestos a los suyos, pero, ¿los Vengadores? Una parte importante de ellos debía de saber lo que realmente estaban haciendo y Harry estaba dispuesto a todo para que confesaran.
Cuando Draco llegó a Malfoy manor, todos le esperaban con expectación. Antes de marcharse a hablar con Potter les había dicho simplemente que el ataque a Windfield había sido obra de los mismos que estaban secuestrando magos, pero habían oído la rueda de prensa y Draco no tuvo que explicarles más. Aun así, estaban conmocionados por la noticia y prorrumpieron en preguntas y comentarios en cuanto lo vieron.
-Bullard dijo que lanzaría una edición especial de El Profeta hacia el mediodía.-Ella había sufrido una herida leve en el brazo izquierdo, pero estaba bien-. Y en la radio han dicho que darán la noticia cada hora.
-No sé qué…
Su madre miró el cadáver de su marido con desconcierto mezclado con su pena. Draco sabía perfectamente lo que estaba pensando, porque era lo mismo que estaba pensando él. ¿Por qué lo había hecho? ¿Había estado considerando la idea de entrar a formar parte de los Purificadores? Draco les había dicho a aurores y periodistas que su padre había querido averiguar quiénes eran para desenmascararlos porque era eso lo que quería pensar. Al fin y al cabo, si hubiera querido unirse a ellos, ¿no se habría acercado a Furmage? Pero lo que había hecho había sido seguirlo. Parecía una investigación. Probablemente la presencia de Montague le había hecho pensar que Rookwood podía estar implicado, y habría querido asegurarse de todo para no perjudicarlo a él hablando demasiado pronto.
Draco no pudo seguir pensando más en ello porque allí también estaba Astoria, y al ver su cuerpo sintió una puñalada de dolor en las tripas. Las lágrimas se agolparon de nuevo en sus ojos, la angustia de saber que había desaparecido de su vida para siempre amenazó con invadirle y dejarlo débil y perdido. Prefería estar furioso, era más soportable que pensar en el futuro sin ella y tener la impresión de que la habían arrancado algo.
-¿Nunca te dijo nada? –le preguntó a su madre, tratando de olvidarse de sus dolorosas emociones.
-No. Parecía… misterioso últimamente. Supongo que estaba espiando a Furmage o tratando de dominar la Corona de las Ninfas. Llevaba un par de días muy callado. No lo sé… Oh, Lucius… -dijo, mirándolo con pena y amor a la vez-. No sé qué pretendías, pero gracias a Merlín que adivinaste todo esto.
Draco asintió, se sirvió una taza de café caliente que los elfos habían preparado y se sentó con ellos.
-Voy a ayudar a Potter con el caso –anunció-. No voy a parar hasta que los pillemos a todos.
-Cuenta con nosotros para lo que haga falta –dijo el padre de Astoria, formalmente.
Su madre también asintió, con una rabia helada en los ojos. Oh, aquella gente no tenía ni idea de los enemigos que se habían buscado aquella noche.
Pero mientras se bebía el café y pensaba en la magnitud de aquel asunto, se preguntó si los niños no corrían peligro quedándose en Hogwarts. Si aquella gente podía entrar en Windfield, ¿qué les hacía suponer que no podían entrar en el colegio? El año anterior, al contemplar por primera vez la posibilidad de una guerra civil por culpa de los Vengadores y los Purificadores, había considerado la idea de alejar a los niños del conflicto. Quizás ese momento había llegado.
-Estoy pensando que lo mejor sería enviar a los niños fuera. Inglaterra no es segura en estos momentos.
Esta vez sus palabras fueron acogidas más pensativamente.
-Sí, quizás tengas razón –dijo su madre-. Pueden ir a Beauxbatons.
Draco meneó la cabeza.
-Esos cabritos también se mueven por Francia. Puede que Grecia sea la mejor opción. Los dos conocen el idioma, no está excesivamente lejos… Vosotros deberíais hacer lo mismo con Gabriel y Morrigan –les dijo a Daphne y a Theo.
-Puede, no sé… Tenemos que pensarlo.
Sí, sacarlos de Inglaterra era una buena idea. Al menos así se aseguraría de que no les pasaba nada.
Elizabeth se había ido a dormir a su casa bastante tarde, satisfecha con la operación. No esperaba que la despertaran cuando apenas acababa de conciliar el sueño. No esperaba tener que vestir apresuradamente para presentarse en el proyecto y escuchar, con furia e incredulidad, cómo hablaban de su plan para dividir la sociedad mágica en la WWZ.
-¡No puedo creerlo! –rugió furiosa-. ¡Maldito Lucius Malfoy!
Medea, a quien también habían despertado, estaba anonadada,
-No puede ser… ¿Una mosca? ¿Es una broma?
-¡Todo nuestro plan no ha servido de nada! Ahora van a concentrar todos sus esfuerzos en pillarnos a nosotros.
Al menos ninguno de los detenidos iba a hablar. Tanto los magos como los muggles tenían la lengua bien atada, unos con unos hechizos y otros con otros. Pero aun así era un desastre. Habían trabajado durante mucho, mucho tiempo para preparar el terreno de ese enfrentamiento, avivando los resentimientos aquí y allá con el cuidado de quien riega una planta delicada. Y ahora todo se había ido al infierno.
-Casi lo teníamos…
-¡Casi treintade nuestros agentes han muerto para nada! Con la Flauta podríamos haber conseguido más donantes sin necesidad de sacrificar vidas.
Elizabeth había planeado enviar notas de secuestro a las familias de los supuestamente secuestrados por los Vengadores. Así habrían despistado a los aurores, quienes habrían pensado que los Vengadores buscaban fondos para mantenerse. Ahora ya daba igual, todos sabrían que no era un rescate lo que querían.
-¿Y ahora qué?
Elizabeth intentó olvidarse de lo enfadada que estaba y pensar con frialdad.
-Tendremos que seguir adelante con los experimentos. Con el nuevo material será cuestión de semanas. Y nos queda aún un recurso en Hogwarts, ya sea para traer más donantes o para hacer daño de alguna manera. –Meneó la cabeza, disgustada-. Maldito mortífago entrometido… Todo se ha estropeado por su culpa.
Pero saldrían adelante, se conminó mentalmente. Esto había sido un contratiempo, pero no dejarían que acabara con su gran plan, no tenía por qué. Triunfarían porque la razón y la justicia estaban de su parte.
Continuará
