Emma se encontraba en la cocina dando vueltas sin encontrar absolutamente nada, estaba sumamente frustrada. Tenía las tortitas casi listas pero no encontraba el café para preparar dos tazas.
-¿Qué haces?- Preguntó Regina que veía todas las puertas de los armarios abiertas.
-Busco el café.- Soltó molesta abriendo otra puerta más.
-En el armario que hay encima del frigorífico.- Contestó Regina que llevaba a Henry en brazos.
-Gracias.- Dijo sacando todo lo necesario para prepararlo.
Regina sonrió y dejó a Henry en su carro para ir a buscar su biberón. Emma la miró y sonrió también para después continuar preparando el desayuno, las tortitas las tenía listas y el café estaba a punto ya.
-Voy a calentarle el biberón a Henry, ¿Puedes poner la mesa?- Preguntó entonces ella.
-Claro.- Contestó Emma dejando un beso sobre sus labios con cariño.- ¿Azúcar?- Preguntó una vez servidas las dos tazas.
-No, gracias.- Contestó Regina que seguía en su tarea.
Emma puso la mesa mientras que Regina le daba el biberón a Henry. La rubia le iba dando algunas pinchadas a la morena que tenía ambas manos ocupadas, las dos se reían. Emma era un soplo de aire fresco en esa casa.
-¿Cómo come tanto?- Preguntó entonces Emma.
-Es un pequeño glotón.- Contestó entonces Regina.- Además de que lleva toda la noche sin comer.- Añadió.
-No sé nada de niños…- Dijo Emma.- La verdad es que nunca me he planteado tener hijos.- Confesó la rubia.
-Pues para no saber nada de ellos se te da muy bien.- Aseguró la morena.
-Como ya te he dicho… soy uno más.- Dijo dándole un poco más de tortita a la morena.
-¿Entonces ahora tengo dos bebes en casa?- Preguntó Regina tras masticar la comida.
-Algo así…- Dijo pícaramente Emma.
Regina soltó una carcajada y dejó a Henry sobre su carro, ya se había terminado el biberón. Volvió unos segundos después a sentarse con Emma en la mesa, dio un largo sorbo a su cargado café.
-Riquísimo.- Dijo saboreando sus labios.
-¿Qué tienes pensado hacer hoy?- Preguntó entonces Emma.
-No tenía pensado nada… la verdad es que pensaba ir a la comisaria un rato para seguir trabajando.- Contestó entonces ella.
-¿Siguen en pie esos planes?- Preguntó levantándose para besar el cuello de la morena que gimió sonoramente.
-Tal vez podría cambiarlos un poco.- Contestó Regina.
-¿Quieres quedarte aquí conmigo todo el día?- Preguntó para después morder suavemente el cuello de Regina.
-Puede ser un buen plan.- Le dijo la morena.
Emma se separó de Regina y se volvió a sentar en la mesa para mirar a los ojos de la morena. Tomó su café y siguió desayunando, Regina sonrió al verla.
-¡Emma!.- la llamó Regina y esta alzó una ceja.
-¿Dime?- Preguntó al ver la preocupación de esta.
-Te has manchado de sangre.- Soltó levantándose para mirar más de cerca el hombro de la rubia.
-No es nada…- Aseguró Emma quitándole importancia.
-No, no. Déjame verlo.- Soltó entonces ella.
Regina obligó a Emma a levantarse de la silla y la sentó en el taburete que había en la barra de la cocina. Regina cogió el botiquín de unos de los estantes de la salita y se acercó a ella.
-Quítate la camisa.- Soltó entonces la morena y Emma la miró pícaramente.
-Sí quieres desnudarme podemos hacerlo en la cama.- Bromeó Emma y vio la mirada dura de Regina.
-¡Swan!- Le regañó entonces ella.- Vamos…- Soltó para que le hiciese caso.
-Vale, vale…- Dijo más tranquila.- Me pone mucho ese lado dominador.- Aseguró Emma que ya se estaba desabrochando la camisa.
Regina no contestó a esas palabras, esperó a que Emma hubiese desabrochado su camisa para levantar la venda que cubría la pequeña cicatriz que había quedado. Al levantarla pudo contemplar que uno de los puntos había saltado, no parecía nada grave pero aun así se preocupó.
Regina cogió un desinfectante y empapo una gasa para después pegarla en la herida. Emma soltó una muesca de dolor.
-Lo siento.- Le disculpó Regina que seguía limpiándola.
-Tranquila, no es nada.- Contestó Emma que miraba a Regina.
-Te ha saltado un punto pero no parece grave.- Dijo la morena.- Te limpiare un poco la herida y la volveré a tapar.
-Vale.- Contestó Emma.- Gracias.
Regina terminó lo que estaba haciendo y colocó un pequeño vendaje limpio sobre la herida. Emma notó que la mirada de Regina se alejaba de ella y se encargaba de recoger todas las gasas que había ensuciado.
-¿Qué pasa?-Preguntó Emma volviendo a abrocharse la camisa y caminó detrás de la morena.
-Nada, nada.- contestó entonces Regina.
-¿Regina?- Preguntó la rubia.
-No es nada, te lo aseguro.-Dijo de nuevo la morena dejando el botiquín en el armario del que lo había sacado.
-No me mientas… ¿Quieres que me vaya?.- Preguntó Emma preocupada por la respuesta que le diese Regina.
-No es eso…- Soltó y ella misma se arrepintió de sus palabras pues con ellas demostraba que sí le pasaba algo.
-¿Entonces?- Preguntó Emma acorralando a la morena contra la pared para que dejase de esquivarla.
-Me siento culpable por lo que te ha pasado.- Contestó Regina bajando la mirada.
-¿No te das cuenta?- Preguntó entonces la rubia obligando a la morena a alzar la mirada.- Podría mi vida en peligro mil veces si con eso consigo salvaros a algunos de los dos.- Se contestó. La mirada intensa de Emma llenó el corazón de Regina que tuvo que unir sus labios con los de la detective.
Emma correspondió al beso, sabía que Regina tenía sentimientos por ella pero debía hacer que se abriese con ella. Tenía que aprender a compartir y a contar sus inquietudes. El beso fue cada vez más intenso hasta que Emma se separó de ella ligeramente para sonreírle y darle un beso en la nariz.
-¿Cómo puedes pensar que no volvería a hacerlo?- Preguntó entonces Emma.- Jamás, y escúchame bien, jamás dudes ni por un segundo lo que siento por ti.- Añadió mordiendo el labio inferior de Regina.- Yo sé que tú te vas a acabar enamorando de mí, porque… mírame… soy irresistible.- Dijo para provocar a Regina y quitarle un poco de seriedad a la conversación.
-Siempre tan engreída.- Soltó la morena pasando sus manos por debajo de la camisa de Emma que sonrió al ver el gesto de ella.
-No tanto…- Contestó Emma que se dejó acariciar.
Emma se separó de Regina cuando escuchó a Henry llorar escandalosamente en su carro, ese pequeño parecía tener un radar para saber cuándo deseaba terminar de desnudar a su madre.
-¿Qué tienes diablillo?- Preguntó Emma cogiéndolo en brazos.
-Creó que quiere jugar.- Soltó entonces Regina.
-Yo me encargó.- Dijo dejándolo sobre la alfombra donde tenía unos juguetes.
Regina sonrió al ver a la rubia tumbarse al lado del Henry que intentaba gatear poco a poco. La morena se puso a recoger los platos y vasos del desayuno. Emma reía ante los movimientos erráticos de Henry.
-Deberíamos ser más como ellos.- Aseguró Emma sorprendiendo a Regina que estaba poniendo el lavavajillas.
-¿Qué?- Preguntó mirándolos.
-Deberíamos ser como ellos, no rendirnos tan rápido cuando no conseguimos lo que queremos.- Explicó Emma que veía a Henry caer y volver a levantarse.
-Estoy de acuerdo.- Dijo Regina que se acercó a donde ellos estaban.
-Aunque yo de momento sí estoy consiguiendo todo lo que deseo.- Aseguró guiñándole un ojo a la morena que sonrió.
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