Me encanta sacar la vuelts con los capítulos, y se darán cuenta :) Aleeeeeeeeeeeeeeeee, no te enojes, es inevitable con la Amanda pelarte... ajajaj mentira, nunca te hemos pelado, cuando hablmos mal de ti los hacemos en tu cara, en facebook, en comments públicos... entonces eso ya no se transforma en pelambre... Jajajaj te quiero Aleeeee, termina con tus mañas mañosas! ajaja
Azul, una de las últimas lectoras que se ha unido a este fic, muchas gracias! Espero que este capítulo sea de tu agrado :)
Ah, y respondiendo un comentario que recibí hace algunas semanas, por lo menos en este fic, por lo menos a estas alturas de la historia, no creo que hayan escenas lemmon. Quizás más adelante en la otra parte de la historia. Por eso, la segunda parte se subirá por separado :) Ojalá todas las que leen Don't Let Me Down me sigan con la segunda parte :D
Miss Armstrong Snape.
Capítulo XXXVI: "Reconciliación"
La verdad es que Hermione no supo cómo evitó a Harry el resto de la tarde, o cómo fingió que lo que había pasado con Severus ya estaba superado por ser una estupidez. Eso es lo que le quiso hacer creer, mientras Harry intentaba por su lado hacerle creer que le creía, porque aún se veía preocupado por ella, pues Ginny y Ron le manifestaron a la muchacha que él había estado preguntando por ella, pero con ambas respuestas, Harry había quedado igual. De vuelta en la Sala Común leyó un rato, incluso intentó avanzar en sus deberes escolares, pero luego, su malestar comenzó a traspasarse al cansancio, por lo que antes de las once de la noche, ella ya estaba inmersa bajo las sábanas, algo muy poco frecuente, ya que era en aquella hora cuando las conversaciones y las risas inundaban la Sala Común, pero a consecuencia de lo ocurrido entre Harry Malfoy, además de la tensión previa al partido de Gryffindor contra Ravenclaw sin su buscador oficial y capitán, se hizo imposible de llevar a cabo. En cambio, no sólo ella se acostó temprano, sino mucha gente de la casa. Un poco antes de que Hermione se metiera en la cama, apareció Ginny en el cuarto dispuesta a acostarse. Lucía un poco cansada, pero la tensión era la causa.
-¿Cómo te sientes realmente?—Preguntó la pelirroja.
-Mal, aunque no se me nota demasiado. Y no sé por qué estoy tan mal, si ni siquiera hemos terminado, supongo que en algún momento las cosas se arreglarán.
-Es por eso, porque no sabes cuándo.
-No sé cuánto durara la infección de su orgullo. Ron dice que poco.
Ginny frunció el ceño.
-Por decirlo de alguna manera, Ron cree en Severus y en que puede hacer todo por mí. Cree que debe hacer todo para enmendar su error y que lo hará pronto.
-De verdad que aún no me lo puedo creer.
-Tu hermano es impredecible.
-Sí. Cómo olvidar ese día que no llegó a cenar. Tuvimos que forzarlo a que reconociera que estaba con Luna. ¡Lo habíamos dicho de broma y resultó verdad!
-Era muy evidente que le gustaba.
-Al menos no para mí. Cuando los veía juntos no encontraba nada extraño, y cuando hablaba con ella, nunca insinuaba nada. Y pensar que fue el último en dejar de burlarse de ella por chiflada.
-Luna realmente lo hizo cambiar. Es la única razón por la cual Ron no se enojó.
-Esas son las consecuencias de involucrarse sentimentalmente con Luna Lovegood. Si todos se enamoraran de ella, Hogwarts sería un lugar mucho más agradable.
-Se ven tan tiernos juntos. Nunca pensé que llegaría a decir eso, frente al trauma que sufrí con Lavender—Su aspecto se tornó un poco más severo—Pobre de Lavender Brown que se atreva a entrometerse entre ellos dos, porque va a conocer a la verdadera Hermione Granger.
-Y a la verdadera Ginevra Weasley.
Con ese pequeño momento de tranquilidad, no tuvo mucha dificultad para caer en un sueño profundo y así no verse acorralada por los recuerdos que la atormentaron todo el día.
A la mañana siguiente se levantó temprano para poder despedir a sus amigos antes de que éstos se fueran al estadio de Quidditch, para hacer su última revisión antes del partido. Una vez cumplido su compromiso, subió a su cuarto para darse una ducha, y posteriormente bajar a desayunar en compañía de su amiga Luna, quien tampoco perdía la ocasión de preguntar por su estado, y demostrar su preocupación.
-¿Cómo te encuentras?
-No lo sé…
-Ojalá que todo se arregle pronto, no es justo para ninguno de los dos que estés así, muchísimo menos para ti.
-Gracias.
-Pienso igual que Ronald, que el Profesor Snape no tardará en buscarte, porque es evidente que es capaz de cualquier cosa, porque te quiere mucho.
-Supongo—Suspiró, y luego se giró para mirar hacia la mesa profesores—Me preguntó cómo estará él, porque aunque es culpable, no me gusta la ida de que lo esté pasando mal.
-Qué extraño, anoche no vino a cenar… ¿quiere decir algo para ti?
-¿No será que Voldemort lo llamó?—Soltó con algo de preocupación.
-Esperemos que no… de seguro tenía muchas cosas que hacer… Quizás quería pensar….
-Debió tener muchas cosas que hacer, se suponía que lo iba a ayudar, pero dada las circunstancias, eso no ocurrió.
-¡Ánimo! Tienes que confiar en que todo saldrá bien.—Dijo ella con dulzura—Apareció—Agregó a los pocos instantes después, mirando a la mesa de profesores.
Hermione se giró para observar un momento y sus miradas se encontraron al instante. Severus lucía cansado, un poco pálido y sombrío. La muchacha apartó la vista a los pocos segundos después, no quería exponerse ante el resto y tampoco mostrar preocupación hacia él, de modo que terminó su taza de leche de un sorbo, y luego de hacerle un gesto a su amiga, ambas abandonaron el Gran Salón para irse al estadio de Quidditch.
La Sala Común de Gryffindor ardía en vítores. El equipo de Quidditch había ganado la Copa. Los hermanos Weasley eran los más alabados. Ron por su formidable desempeño como Guardían, y Ginny por su impresionante sentido de búsqueda que no tenían nada que envidiarle a Harry Potter. El lugar abundaba en comida y bebidas, sortilegios, encantamientos, música, en fin, una escena agradable. Hermione por fin lograba encontrar un poco de calma, satisfacción y dicha; dicha por sus amigos y su triunfo, y también un enorme enorgullecimiento por ellos.
-Al menos ahora sonríes—Dijo alguien a su lado, mientras ella observaba la multitudinaria escena desde una de las ventanas. Ron se acercó a ella recién cambiado de ropa.
-Estoy muy contenta por ti, por Ginny y también por Harry. Te luciste de verdad.
-Gracias. Me gustaría decirte lo mismo.
-No te preocupes por mí, disfruta el momento.
-No alimentes mi egoísmo. Además, supongo que pronto podré estar feliz por ti.
-Si es en eso en lo que confías, dalo por hecho. ¿Viste a Luna después del partido?
-No, pero de todas formas nos quedamos de juntar después de almuerzo.
-No te irás a burlar de ella y su casa.
-Claro que no, qué antipático.
-¿Las cosas van bien?—Preguntó ella como si aquello fuera un afirmación.
-Bastante bien—Respondió con gusto. Hermione pudo notarlo en sus ojos.
-No tenías nada que temer, ¿viste?
-Imposible sentir temor. Podría decirse que con ella todo es tranquilidad.
-Dios mío, no sabes cómo me alegra oír eso—Confidenció—Mira, llegó Harry.
Al entrar, el muchacho lucía incrédulo de la escena, la cual hablaba por sí sola. Su equipo había ganado, no había nada de qué culparlo, más que de haber atacado a Malfoy. Por ende, muchos alumnos se acercaron a él para felicitarlo y agradecerle el enorme y gran trabajo que había hecho por el equipo, los entrenamientos y la preparación durante todo elaño, el cual fue un buen contribuyente en la reciente victoria. Ron no tardó en comenzar a relatarle todo lo ocurrido en el partido, con lujo de detalles, los cuales incluían consecutivos halagos a su hermana, unos pocos a él, y otros más al resto del equipo. Toda la tensión ganada en la detención en las mazmorras pareció haberse esfumado al segundo de haber entrado en la Sala, pues Harry se veía muy tranquilo y extasiado disfrutando de todas las novedades que ofrecían los alumnos. Otro beneficio importante que brindaba la victoria, eran las siguientes comidas, las cuales eran elaboradas en honor a la casa ganadora. De seguro los adornos gastronómicos abundarían en escarlata y dorado, y también los chismes y temas de conversación de los fantasmas por todo Hogwarts. Nadie en Gryffindor quería desperdiciar el lujo de lucirse por todo el castillo y en el Gran Salón, por lo que, de un rato para otro, enormes grupos comenzaron a dirigirse a almorzar, con grandes batutas, exclamaciones y alegría. Hermione y sus amigos decidieron hacerlo en calma, riéndose de las cosas que cantaban sus compañeros, pero tratando de mantenerse al margen de contribuciones para evitar ser catalogados como arrogantes. Así eran los Weasley. Durante el almuerzo, esto no cesó. La casa Gryffindor parecía embriagada de triunfo, de alegría y algo de presunción. Slytherin era el más molesto, y fue su mesa la que menos se tardó en vaciarse. Una vez que Ron se devoró todo lo que la mesa ofrecía, se levantó dispuesto a juntarse con Luna, quien hacía unos minutos se había levantado, haciéndole un disimulado gesto que indicaba que lo estaría esperando. Harry y Ginny estaban conversando del partido, y Hermione no se veía preparada para participar, por lo que se levantó más que rápido y tomó lugar al lado de Ron.
-Te acompañaré solo un momento. Pretendo irme a algún lugar donde nadie me moleste… me convencí de que en la Sala Común ya no puedo estar.
-Pero quédate con nosotros.
-No, por supuesto que no—Negó ella con determinación— Necesito estar sola, pensar un poco las cosas. Iré a leer por ahí.
-Hola—Saludó Ron a Luna, abrazándola en uno de los corredores cercanos al Gran Salón. Hermione no sabía si era deliberada o casualmente que expusieran frente a todo el castillo
-Hola. Felicidades Guardián, lo hiciste estupendo—Respondió ella dándole un breve beso en los labios.
-Gracias.
-¿De qué hablaban? Nada demasiado serio, ¿verdad?
-No, claro que no. Le estaba diciendo a Ron que me iré a algún lugar para estar sola, pensar, quizás leer.
-Ah, muy bien. Te tranquilizará un poco.
-Ya lo creo.
-¿Dónde quieres ir? Sólo para saberlo en el caso de que te necesitemos por cualquier cosa—Musitó insinuante. Ron hizo un gesto de aprobación.
-Ustedes todavía creen que Papa Noel está vivo.
-¿Te das cuenta que es testaruda? —Le inquirió Ron a Luna.
-Hermione solo dinos dónde vas a estar y punto. A la larga igual lo vas a agradecer.
-En el lago, ¿contentos?
-De acuerdo, buena suerte—Musitó Ron mientras veía que su amiga se alejaba. Al desaparecer del corredor, tomó la mano de luna y comenzaron a caminar en dirección a las escaleras.
Hermione trataba de alejar de su mente la misma esperanza que sus amigos albergaban. Quería creer que Severus no tardaría mucho en buscarla, pero a la vez se le hacía un sueño. Fue a la biblioteca a buscar un libro para leer y luego bajó directamente al lago. Cerca de la salida, se topó con Harry y Ginny, quienes pretendía dar una vuelta por los jardines, y quizá visitar a Hagrid. Ella les comentó que estaría en el lago para estar sola, y aquel mensaje fue entendido a la perfección por su amiga. A lo que llegó, caminó un trecho considerable hasta decidir sentarse. Casi de ningún punto de vista podía ser encontrada a lo lejos, por lo que gozaría de amplia soledad en aquel momento.
El cielo estaba pálido, pero iluminado. Aquella tarde primaveral parecía haberse conjugado con el triunfo de Gryffindor, pues ofrecía una brisa y un sol acogedor. Hermione suplicaba que esto no generara un tránsito recurrente de alumnos, pero según las experiencias pasadas, el día del triunfo concentraba a los alumnos en el castillo, por motivos de molestia o de presunción. Quizá ese era su día de suerte y nadie tenía ganas de ir al lago, solo ella. Comenzó a leer el libro. Hablaba de los centenares de desapariciones de magos y brujas a causa de la Inquisición, que inexplicablemente fueron descubiertos en actos "ilícitos", es decir, practicando magia, aun habiendo tenido el máximo de cuidado de no ser descubiertos; por lo tanto, había un asunto de traición de por medio. Era un tema bastante conocido tanto en el mundo mágico como en el muggle, pero aquí se protestaba sobre las razones de la condena, se analizaba la conducta violenta, doctrinal y religiosa contra las personas mágicas, pues se les trataba como especímenes portadores del mal que iban en contra de lo que el dios de los muggles les había enseñado. Todo era obra de la naturaleza y de los milagros de dios, cualquier otra forma o camino, se debían a artificios de fuerzas malignas. Debido a ese razonamiento absurdo, el libro también se burlaba del ser no mágico. Hermione solo podía reír y apoyar con determinación todas aquellas afirmaciones. Desde pequeña que cuestionaba aquellas prácticas, y no se debía tanto a la educación anglicana que abundaba en el país, sino porque siempre tuvo la convicción de que la magia nunca fue una especie de ataque a la iglesia ni a dios ni a nadie que la inquisición acusaba, sino que era un poder que no todos lo poseían, y que tenía utilidades para con el entorno. No estaba hecha para ser utilizada en contra de la raza humana.
El relato y análisis la mantuvo despejada un buen rato, hasta que sintió que alguien se encontraba muy próximo a ella. Era él, parándose frente a ella, luego sentándose, mirándola a los ojos, queriendo hacerle entender que no quería mentirle más, que quería hablar con su corazón. Él comenzó a hablar, y Hermione aún seguía creyendo que era un sueño, pues no podía creer lo que es escuchaba, no podía creer lo que él sentía, lo que él admitía, que él se hacía cargo de sus errores, que nunca debió hacerlo. Le era irreal escuchar que él nunca desconfió de ella, más bien él siempre lo ha hecho, y aquello se había transformado en una necesidad. Él estaba junto a ella, pidiéndole perdón, asumiendo su error, reafirmado que la amaba y que la necesitaba. ¡Por las barbas de Merlín que sí lo sabía, pues ella sentía lo mismo! Con todo lo que escuchó se sintió algo tonta por hacer semejante escándalo con algo tan insignificante, pero aquello era producto de la emoción. ¿Por qué algo tan minúsculo generó un problema tan grande? Por algo tan pequeño pero poderoso como lo era el orgullo, y Severus lo había dejado de lado. Había asumido sus errores, había explicado bien las cosas, lo que debió haberle dicho desde un principio. Y había escuchado un profundo "perdóname". Tuvo ganas de llorar. Severus había hablado desde lo más profundo de su ser, quizás mucho más que la primera vez que le abrió su corazón. Lucía culpable, desesperado, no podía permitir que ella siguiera en ese estado, no quería causarle malestares, pues sólo quería hacerla feliz.
A veces no sabía de qué clase de hombre se había enamorado, porque cada día que pasaba la sorprendía más. Él podía ser el más insufrible del mundo, el más cortante, antipático y grosero, pero con ella podía ser lo más sincero, emocional y detallista. Lo observó durante mucho rato. Lo miró a los ojos, sus ojos oscuros cansados, emocionados, con una pizca de esperanza, y otra de desesperanza. A veces se intimidaba con ellos, y apartaba la vista para poder buscar las palabras… Era muy difícil responder ya que él la había tomado de sorpresa, aunque era muy tonta al querer admitir eso ante sí misma, cuando la noche anterior estuvo buscando las palabras adecuadas para responderle en el caso de que se disculpase. Pero ella nunca pensó que todo iba a ser así, tan profundo, serio, con algo de tensión. Que iba a ser en el lago, con la posibilidad de que alguien los descubriera, que iba a ser en la ocasión que ella más quería. Tampoco pensó que le costaría tanto decir "está bien, te perdono", porque, aunque resulta más difícil olvidar que perdonar, también era difícil aceptar el perdón pues en esa situación Severus era el que daba el todo por el todo. Y nunca llegó a pensar que le sería tan fácil perdonar. Ella demoraba semanas en aceptar una disculpa. Ron era un muy buen testigo de eso. Pero Severus era la persona que amaba, la que le hacía feliz, la que le daba tranquilidad, espacio, confianza. Él le daba todo y ella a cambio le daba todo.
Hermione soltó unas lágrimas y asintió con la cabeza.
-Severus…—Musitó.— Por favor… no lo hagas nunca más. No sabes cómo me duele sentir que desconfías de mí. He hecho todo lo posible por ocultar lo que tú más aprecias y recelas, tal como me lo has pedido. Siempre será así.
Él la miraba fijamente, asintiendo, pues no podía articular palabra. Parecía que se le habían acabado las palabras luego de haberse disculpado. Quizás era una de las cosas más importantes que había emitido en su vida, como quizás no lo era, pero había causado un colapso en su instinto apelativo.
-Acepto que Harry es un testarudo, que debió tener cuidado con ese libro, aunque yo se lo advertí, porque era desconocido. Necesitaba saber la identidad del Príncipe Mestizo para poder convencerme de si el riesgo era igual o más grande que el tuvo en segundo año. Yo sabía que tú podrías ayudarme, por eso siempre te preguntaba, porque sabía que me responderías con la verdad, como siempre lo habíamos hecho. Tardaste en admitirlo, pero al fin y al cabo lo hiciste. Nunca pensé que sería de esta manera. Espero que con esto ya no tengamos más problemas, porque me he dado cuenta que odio estar peleada contigo. Por supuesto que odio las diferencias, las mentiras… Pero el hecho de odiar estar peleada contigo, agrava la rabia que me dan las diferencias en sí. Por favor, que no haya secretos entre nosotros, no me mientas más.
Severus asintió lentamente sin dejar de mirarla a los ojos, serio.
-Te prometo que así será, pues a mí tampoco me gusta la idea de saber que estás mal. No soporto verte llorar y lo sabes muy bien, y menos tolero que sea por mi culpa. Comprendí que no puedo seguir siendo el mismo hombre ensimismado de siempre. En tanto no se traten de asuntos oficiales de la Orden o del Señor Oscuro, confiaré plenamente en ti.
Ella le sonrió.
-¿Quién te dijo que estaba aquí?
-Weasley y la Señorita Lovegood.
-Ya… ¿ya sabes que Ron está enterado?
-Tuve mis dudas cuando me los encontré. Tu pregunta me lo confirma.
-¿Eh?
-Le dije a Lovegood que quería preguntarle algo, y él intervino diciendo que si yo quería saber dónde estabas, me dijo que estabas aquí como si nada.
-Bueno, ya presenciaste la reacción de Ron al saber toda la verdad.
-¿Qué sucedió?
-Llegamos juntos al baño el jueves. Para Harry fue raro y no dudó en confrontarme. Me hice la tonta, pero Ron no quedó satisfecho y no me quedó otra que contarle. Al principio no podía creerme pero al final me manifestó su apoyo, aunque no quiere mentirle a Harry.
-Naturalmente.
-Y él me repitió todo el tiempo que no tardarías en buscarme para pedirme disculpas… y no le creí lo suficiente.
-No voy a ir tan lejos como para agradecerle, pero si quieres puedes hacerlo tú de mi parte.
-Creo que es Luna. Luna es la que lo ha hecho cambiar.
-Nunca los imaginé juntos. Siempre tenía la idea de verte a ti con Weasley juntos, pero en la Torre se veían bien.
Hermione rió.
-No puedo creer que lo que oigo. Cuando le cuente a Ron no va a dejar de reír en una semana.
Severus enarcó una ceja.
-No puede ser que me estés diciendo que encuentras bonita a una pareja. Sería normal que me lo dijera Ginny, pero tú, Severus…
-Pero no estoy equivocado.
-Claro que no, solo estás siendo muy sincero conmigo en tu estado adolescente—Hermione llevó una mano a su rostro—Te ves cansado. ¿Tuviste que salir anoche, o te quedaste trabajando?
-Ni lo uno ni lo otro. Estuve trabajando hasta que me visitó Albus luego de la cena. Después de eso, no dormí en toda la noche pensando en la forma de buscarte y disculparme.
-Dumbledore…
-Debo decirte que yo también tuve que revelarle nuestro secreto a alguien.
-Dios mío, le director del colegio donde tú enseñas y yo estudio lo sabe…—Inquirió con algo de preocupación.
-Por supuesto, y lo mejor de todo es que lo acepta, le agrada, y por ningún motivo le va a nacer la intención de reportarme al Departamento de Educación en el Ministerio de Magia.
-Si tú lo dices.
-Voy a reconocer que me quité un peso de encima con él. En cierto modo me incomodaba el hecho de que no lo supiera, cuando él fue la primera y única persona que me ha apoyado desde siempre, a pesar de todo lo que he hecho en mi vida.
-Me alegra oírlo—Musitó sonriendo— ¿Cabe la posibilidad de que venga alguien por aquí? ¿Había mucha gente en el jardín?
-No demasiada. La señorita Lovegood me dijo que era muy probable que tus amigos no se aparecieran por aquí.
-¿Quiénes? ¿Ginny y Harry?
-Exactamente.
-Ojalá.
Al instante, Hermione se acercó, miró rápidamente a los lados, y abrazó a Severus. El poder abrazarlo a la intemperie, le recordó su viaje a Gales, para San Valentín, aunque evidentemente en esta oportunidad no hacía tanto frío y existían más riegos.
-Me alegro de que hayamos arreglado todo—Murmuró él, mientras acariciaba su melena.
-Te luciste. Eres realmente bueno pidiendo disculpas.
-Puede ser. Y se debe a que son un privilegio del que no muchos han disfrutado.
Severus se separó y le tomó las manos.
-¿Tienes muchas cosas que hacer?
-Lo normal, ¿por qué?
-¿Te gustaría venir a mi despacho después de la cena? Necesito de tu ayuda.
-Claro que sí, amor.
-Gracias, he estado hecho un caos con tantos problemas.
-Ya te quistaste uno grande de encima.
-Por supuesto, el más importante.
En seguida notó que alguien se acercaba a ellos. Una pareja tomada de la mano avanzaba rápidamente hacia su lugar. De puro instinto, Hermione apartó sus manos de las de Severus y se alejó dejando su libro a la vista, pero al segundo después vio que Ron y Luna eran los que se acercaban. El primero se notaba un poco confundido, y probablemente se debía a que le chocaba bastante ver a Hermione tomada de la mano con Severus, y también se le notaba un poco preocupado. Luna se veía tranquila en lo que respectaba la escena de ambos, pero también se evidenciaba un poco de la preocupación de Ron.
-Venimos a salvarlos—Enunció ella.
-¿Qué sucede? —Inquirió la castaña.
-Estábamos dando vueltas por aquí y vimos que Harry viene saliendo de la casa de Hagrid y se dirige hacia acá.
Severus se levantó rápidamente.
-Me voy.
-No, no, usted quédese acá—Indicó Ron.
-¿Qué?—Exclamó Hermione.
-Que se quede aquí, quizás debajo de algunos árboles. Nosotros tres nos iremos, así Harry no tiene que presenciar nada extraño.
Sí, Ron todavía seguía siendo impredecible.
-¡Increíble!
-Hermione, vamos—Ron le tomó la mano a Luna nuevamente y comenzaron a andar.
-Nos vemos—Dijo Hermione a Severus, quien ya se había ido a ubicar cerca de uno grandes árboles. Alcanzó a sus amigos a la brevedad—De parte de Severus y yo, te damos las infinitas gracias por todo lo que has hecho por nosotros en este corto tiempo.
Ron chistó.
-Nah, tonterías.
-Gracias Ron.
-Somos amigos.
-Severus no es tu amigo.
-Pero es la persona que quiere a mi mejor amiga. Además que no lo hago por él, sólo lo hago por ti.
Ella solo sonrió.
-Quizás en algún futuro, el Profesor Snape haga algo positivo por nosotros dos—Comentó Luna
-Mientras no siga interrumpiéndonos cada sábado porque te busca…
-Me dijo que le gustaba la pareja que ustedes dos hacían
Ron soltó una gran carcajada.
-¿En serio? ¿Snape diciendo eso? ¡Por las Barbas de Merlín! Es lo más gracioso que he escuchado últimamente,
-Sí, y le dije que estarías como una semana riéndote de eso.
-Oh, pero es que ambos tienen razón. Me causa una gracia enorme… porque tiene razón.
-¿Quién tiene razón? —Preguntó Harry bromeando.
-Nadie importante—Dijo tratando de aguantar la risa—Ya nos íbamos al Gran Salón a tomar algo… ¿nos acompañan?
-Sí, vamos—Se apresuró en decir Ginny—Nosotros ya tomamos algo en la casa de Hagrid, pero los acompañaremos de todas formas.
Harry asintió. Los cinco tomaron rumbo al castillo para ir por la merienda de aquel sábado. Minutos después, Severus hizo su entrada en el castillo con mucha más serenidad, complacencia y gozo que su salida una hora atrás.
