Lamento haber tardado tanto en actualizar. Sé que prometí subir el viernes, pero por unas cosas y por otras, ha sido imposible. Esto es lo más pronto que he podido. Me hubiera gustado que este capítulo hubiera sido un poco más largo, para compensaros, pero se ha quedado en esto. Para los que estéis intrigados por Brian e Isabelle, sabed que los tengo presentes, y que no me olvido de que están ahí. Y aunque os parezca que la suya es, aquí, no más que una historia secundaria, os voy avisando que serán bastante importantes de cara al desenlace ;) Y que a nadie le entre un chungo al pensar que he dejado estéril a la pobre Lightwood. El Karma y Mira todo lo compensan ;)

Dicho esto... os dejo leer!

Littlemacca, querida-amada-estupenda-magnífica-fabulosa-y-todopoderosa-prometida, este capi es para ti, para subirte el ánimo, y porque me pediste esa conversación Malec... creo que no es como esperabas, pero aún así espero que te guste!


Solo piezas de un gran puzzle

Alec estaba sentado en una de las gradas de la sala de entrenamiento, afilando su cuchillo serafín, Mihael, muy concentrado, cuando unos pies se posaron a su lado, cubiertos por unas brillantes sandalias. A penas fue consciente del cuerpo que se sentaba a su lado. El cazador de sombras, que había estado sonriendo para sí mientras limaba la hoja de adamas, dejó de hacerlo, y apretó los labios.

- Alexander, ¿estás en este mundo, o tengo que ir a por ti? -preguntó una suave voz a su lado, muy cerca de su oído. Podía notar el aliento de Magnus hacerle cosquillas en la piel de la mejilla.

Se estremeció entero. Le encantaba cuando su brujo ponía ese tono, ese que hacía que su mente estallara en miles de pensamientos pecaminosos. El estómago se le hizo una bola, pero respiró hondo. Estaba inevitablemente dentro de un cuerpo humano con memoria sensitiva, que reaccionaba a ciertos estímulos, auditivos y sensitivos, y que actuaba en consecuencia. Y aunque su cabeza quería mantenerse fría, la mayoría de las veces acababa sucumbiendo a la carne. Pero no esa vez. Esa vez no había impulso físico que se interpusiera entre el brujo y su cabeza. Llevaba largas horas pensando en algo al lo que no podía dejar de darle vueltas. Se tensó al sentir la mano de Magnus en su hombro.

- No sé. Puede que sea mejor que me quede allí. Así no os molestaré a ti a la bruja de las "branquialgas" mientras os ponéis al día - dijo, molesto, mientras guardaba la piedra de afilar y metía el cuchillo en su funda. Alec se levantó y coló las manos en los bolsillos de los pantalones. Tras él, Magnus se irguió también, confuso.

- Alec, ¿de qué hablas? Ella y yo no...

El cazador se giró y lo miró, con una ceja arqueada. Tenía las mejillas coloradas, con puntos de rojo sobre la piel clara, los ojo azules fríos, estrellas muertas atravesándole igual que si fueran cristal.

- ¿Tú y ella "no qué"? -inquirió, furioso. No le estaba gritando, y eso al brujo no le presagiaba nada bueno.

Cuando Alec gritaba era que no estaba enfadado de verdad. Magnus hubiera preferido que lo hubiera hecho. Tragó saliva. Desde que Brianna había hablado con él, había sabido que si Alec los veía juntos, empezaría a mostrarse celoso. Su novio había superado los celos tan tremendos que se lo comían por dentro cuando Magnus hablaba de otros tiempos. El que el chico razonara y aceptara que el brujo había tenido una larga vida, y que en ésta no había sido monje, y por lo tanto, no célibe (más bien todo lo contrario), había sido el punto esencial que había hecho que su relación avanzara, en lugar de quedarse clavada en la estacada. Mientras quieras estar conmigo ahora, lo demás no me importa. Supongo que prefiero la idea de que hayas estado con personas a las que querías y que te correspondían, y no hayas estado solo todos estos años... aunque no me hubiera importado si no te hubiera interesado ese tipo de compañía, tampoco, le había dicho un día, y eso era lo más bonito que le había dicho al respecto. Magnus sabía que aquel era un paso muy importante para el nefilim, y se había sentido muy emocionado cuando el chico se decidió a darlo.

No obstante, los celos estaban ahí. Controlados, pero estaban. Y Magnus no había dudado que algún día, algo pasaría que los sacaría fuera. Pero no esperaba que fuera tan pronto. Y no esperaba que Alec dudara tanto de su amor por él como lo hacía. después de todas las maneras en las que le había demostrado lo muchísimo que significaba para él. Lo veía en sus ojos.

- No ha pasado nada, Alexander... -empezó Magnus.

- Entonces - cortó Alec, cogiendo aire en una larga inspiración -, supongo que podrás decirme que no te besó. Que lo que vi era fruto de alguna... alucinación. Que mi mente me jugó una mala pasada. O incluso que lo he soñado. Dímelo, Magnus.

El brujo se quedó congelado. No recordaba haber visto a Alec en la entrada cuando Brianna y él tuvieron aquella conversación, pero estaba claro que había estado. Tal vez se los había encontrado por accidente. Aunque estaba claro que no se había quedado para terminar de escucharlo todo. Magnus no podía culparle, pero, de todas formas...

No respondió. No pudo.

Cerró la boca, y dejó caer el brazo que había extendido hacia el cazador de sombras.

Alec suspiró, y cerró los ojos. Los hombros le cayeron, y meneó la cabeza.

- Lo sabía.

Luego, caminó en silencio por la estancia, cruzándola en línea recta, hasta enfilar el oscuro pasillo ascendente que llevaba a las habitaciones. Y Magnus se quedó solo, cerrando la mano en un puño, y maldiciendo a la bruja de mar.


Tras la conversación con Amasa, Simon salió de la enfermería con el ceño fruncido, y caminó de vuelta a su habitación, para recoger a Lucie. Cuando llegó, ella no estaba allí. Supuso que habría ido a comer algo antes de ir a la Ciudad de Hueso. Distraído en sus pensamientos, entró en la habitación, dejando la puerta entornada, y se sentó al filo de la cama. Apoyó los codos en las rodillas, y enterró la cara entre las manos. Cuando Magnus le había dicho que el Hermano lo esperaba con noticias urgentes, desde luego no había pensado que sería nada bueno. Pero tampoco estaba preparado para aquello.

No recordaba ya el tiempo que había pasado desde que había entrado en el cuarto, pero volvió a la realidad desde un lugar que parecía muy lejano, cuando las manos de Lucie le cogieron las muñecas.

- ¿Simon? ¿Va todo bien? -preguntó la chica, preocupada.

El vampiro retiró las manos, pasándoselas por el pelo, y la miró, forzando una sonrisa.

- Claro. ¿Estás lista para marchar?

Lucie frunció el ceño, y le pasó una mano por la mejilla, apartándole un mechón de pelo. La cazadora de sombras estaba arrodillada frente a él, con la boca fruncida. La otra mano estaba cogida a una de las suyas, y sus ojos dorados le examinaban la cara con atención. La mano que le acariciaba la cara pasó a su pelo, y se lo peinó con los dedos, como si fuera un niño.

- No nos iremos hasta que me cuentes qué te pasa -dijo, categórica - ¿Qué te ha dicho Amasa?

Simon meneó la cabeza, subió sus manos entrelazadas, y besó sus nudillos, apoyándose en ellos, aspirando el olor de su piel con los ojos entornados.

- Todo va bien, tranquila. No es nada importante.

Lucie se levantó, y se sentó a su lado en la cama. El colchón su hundió y crujió bajo el peso de ambos cuerpos.

- Magnus dijo que era urgente, y a ti parece que te hayan dicho que tienes una enfermedad terminal, así que algo importante sí que sería. Cuéntamelo, por favor.

El vampiro la miró, rendido.

- No conseguiré distraerte esta vez, ¿no? -cuando ella negó, él suspiró -. Fui a verle el otro día por lo de las canas. Me revisó y me dijo que en cuanto tuviera más información vendría y me diría algo.

- ¿Y bien? ¿Cuál es el problema?

Simon le volteó la mano que tenía cogida, para que quedara con la palma para abajo, y trazó dibujos sobre su dorso con el pulgar, distraído.

- Amasa me dijo que no era nada, un pequeño efecto secundario... de beber tu sangre.

Lucie parpadeó, sorprendida. Luego se llevó una mano al cuello, cubriendo las maracas de las punciones de los colmillos de Simon, ya casi desaparecidas, incrédula.

- Mi sangre-murmuró. Luego sus ojos se clavaron en los de Simon -. El Fuego Celestial.

Simon asintió.

- Cuando hoy me ha llamado, ha sido para decirme que no puedo beber más. Que ha encontrado antiguos registros de subterráneos ardiendo bajo el Fuego, y consumiéndose como si fueran demonios. Me ha hecho una prueba. Dijo que si hubiera tomado más, no habría sobrevivido. Al principio creíamos que la parte de humanidad que aún nos queda a los subterráneos sería suficiente como para que el Fuego Celestial no nos matara, pero...

- No lo entiendo. Solo quema lo maligno... y no sois del todo demonios... tenéis alma...

- Al parecer - murmuró Simon -, no es suficiente. No para el Fuego Celestial -. Cuando Simon lo dijo, vio que Lucie temblaba. Por un momento, pensó que estaba sollozando, pero no había lágrimas. La abrazó, y ella agarró su camiseta por el pecho, aferrándose a él con fuerza -. No pasa nada. Estoy bien. Te lo dije: solo fue un susto.

- Podría haberte matado...

Simon la apartó de sí un momento, y le alzó la barbilla con un dedo.

- Pero no lo has hecho. Estoy bien y muy sano, créeme - luego le dio un suave beso, y la puso en pie, cogiéndole las dos manos -. Vamos. Tu ex nos espera impaciente. Creo que está muy emocionado ante la perspectiva de un nuevo interrogatorio. Maellartach y él ya son ya grandes amigos.


- Simon, te estábamos esperando. Ya pensábamos que preferías esperar al juicio de mañana.

La voz del Hermano retumbó en sus cabezas, mientras atravesaban la mugrienta verja negra de la Ciudad Silenciosa, rechinando. Simon pensó que quizá deberían dedicarle un tiempo a las tareas del hogar, y ponerle un poco de aceite a las puertas, pero entonces ya no sería "la Ciudad de Hueso" tétrica y espantosa que conocía todo el mundo. Si los Hermanos limpiaran, quizá se convertiría en algo parecido a un balneario cinco estrellas, salvo por el pequeño detalle de que estaba regentado por una especie de monjes Guardianes de la Puerta, que las paredes estaban hechas de cemento mezclado con huesos pulverizados de cazadores de sombras muertos, y la ingente cantidad de libros, medicinas y otros elementos que tenían allí acumulados. Sin duda, la Ciudad de Hueso imponía por todo aquello. Era como una de las ilustraciones de las Tierras de MTG* del mazo de los Caminantes Muertos, los Pantanos.

Magnus, tras él, hizo una mueca extraña, y les siguió el paso, sus pupilas de gato abriéndose para adaptarse a la casi oscuridad del pasillo. El vampiro se había extrañado cuando el brujo les había preguntado si podía acompañarles. Magnus había parecido... ausente. Simon se había limitado a encogerse de hombros, pensando que tal vez se había peleado con Alec y necesitaba mantenerse ocupado para no pensar. Entendía esa sensación.

Lucie se había quedado todo el camino algo más atrás, con el brujo, hablando con él. Al parecer, ella sabía de qué iba la historia. Simon hizo todo lo posible por no escuchar su conversación.

Mientras descendían por las húmedas escaleras, Simon delante, Lucie tras él, y el brujo en la cola, con el Hermano a la cabeza de la comitiva, abriendo puertas y guiándolos por las laberínticas estancias, Simon pudo apreciar el eco de unos gritos. Alguien estaba furioso, ahí abajo. Se le olvidaba otro atributo de la Ciudad de Hueso: era una cárcel llena de estilo.

Cuando llegaron abajo, Simon, que había estado sosteniendo a Lucie de una mano para evitar que se cayera si resbalaba, la cogió por la cintura y la puso en el suelo con cuidado. Ella le sonrió, y luego el vampiro se volvió para ayudar al brujo (el último escalón casi no existía de lo desgastado que estaba), pero éste rechazó su ayuda y saltó.

El Hermano los llevó hasta la sala de las Estrellas Parlantes, y luego ocupo su lugar bajo los arcos. Benedict estaba en el centro de la habitación, encerrado en una Configuración Malachi. Igual que la última vez que lo vio, iba con unas esposas de fuego, y sostenía a duras penas entre las manos la Espada Mortal, arrodillado, que desprendía un brillo tenue, como una estrella lejana, las alas extendidas de la empuñadura destellando a la luz de las piedras mágicas que había en el techo, la única fuente de luz del cuarto. El Cazador de Sombras tenía la ropa manchada de su propia sangre, las muñecas en carne viva, y grandes y oscuras ojeras bajo los ojos. El flequillo desarreglado le caía sobre los ojos, creando aún más sombras sobre los marcados huesos de los pómulos. Por un pequeño momento, Lucie llegó a sentir cierta lástima por él. Luego, ese sentimiento fue firmemente aplastado y sustituido por otras cosas. El desprecio. El odio. La chica se preguntó en qué estaría pensando cuando empezó a salir con él. Toda la belleza que alguna vez había poseído parecía que había desaparecido, junto a su arrogancia desmedida, y a su sonrisa de suficiencia.

Las voces de los Hermanos, unidas en un coro perfecto, rebotaron en las paredes. O, al menos, esa fue la sensación.

- Benedict Thundervolt. Estás aquí para ser interrogado por la Espada, por el ataque a la Ciudad del Homenaje. Se te harán preguntas, y será mejor que las contestes.

EL chico se estremeció, y fungó una respuesta. De nuevo, le recorrió una sacudida, y habló más alto, asintiendo.

Simon apretó la mano de Lucie, y caminó hasta situarse justo frente a Benedict. Una vez allí, se cruzó de brazos, y lo miró desde arriba.

- ¿Sabes quién es Ángelo? ¿Era tu misión? -preguntó el vampiro.

Benedict apretó la boca, intentando resistirse a hablar, pero era imposible. El Instrumento Mortal de Raziel se lo sacaba a la fuerza.

- No lo sé -gruñó. Lucie se sorprendió de que aún le quedaran fuerzas para ello -. Mi misión era entrar y destruíros. A todos los que pudiera. Tenían que hacer desaparecer vuestra mierda de Ciudad para... para que... para que no se interpusiera. Los lobos... eran una forma... fácil de conseguirlo.

Simon entrecerró los ojos, y cerró las manos en puños.

- ¿Quiénes tenían que hacernos desaparecer? ¿Quién te envió? ¿Era nefilim?

Benedict se retorció, y los grilletes le quemaron la piel dejando escapar un fino hilo de humo, y el olor de la carne quemada le llegó, haciéndole arrugar la nariz. Magnus, tras ella, se estremeció ligeramente al oír el grito frustrado de Benedict.

- ¡Sí!¡Amaros! -bramó

Simon se volvió hacia los Hermanos, y éstos menearon la cabeza. No había constancia de ningún Amaros entre los cazadores de sombras.

- ¡Teníamos nombres en clave! ¡Íbamos con la cara cubierta a las reuniones! Así era más difícil...

Así era más difícil que uno delatara a los demás tras ser capturado, se dijo Lucie. Pero si averiguaban cuál era el nombre que Bennie usaba para presentarse, alguien podría suplantarle y asistir a una de las reuniones de forma encubierta. Si solo...

La chica avanzó, colocándose junto a Simon, y se acercó a la barrera de la configuración, la que le separaba de el que en un tiempo fuera su novio.

- ¿Cuál era tu nombre en clave? -preguntó.

Podía sentir las miradas vacías de los Hermanos sobre ella, y la de Simon, a su vez. Le miró, y cuando vio que arqueaba las cejas y sonreía, supo que acababa de entender su plan.

Benedict alzó la cabeza, y la miró, atravesándola con la mirada. Sus ojos verdes brillaron con una chispa de violencia. Por primera vez en mucho tiempo, Lucie sintió asco por alguien.

- Lucie Herondale. Cuanto tiempo, amor. ¿Me das un piquito? -preguntó, sonriendo. De no haber sido por la Configuración, Lucie ya le habría partido la cara de un guantazo. Apretó las manos en puños -. ¿Sabes? Casi mejor que no. Has estado besando a esa cosa... -dijo, señalando a Simon con la cabeza, con una clara expresión de asco -. Vete tú a saber que clase de enfermedades tiene... por no hablar de las otras cosas que también haces con él -la cara de Lucie empezó a ponerse roja, y apretó los dientes. Podía sentir como la vena de su sien palpitaba. Le estaba costando trabajo no patear uno de los cuchillos serafines y destruir la prisión que mantenía allí a salvo a Benedict, y no partirle todos los huesos del cuerpo. Simon se quedó quieto tras ella, pero la chica pudo oír como había dejado de respirar. Seguramente estaba tanto o más careado que ella. Simon, en esos temas, no tenía mucha paciencia. Al menos no ahora que ella le conocía -. Siempre supe -continuó él, de nuevo dirigiendo su mirada a ella - que eras una desertora. Tu familia, tu apellido... una mancha en la saga de los hijos de Raziel. Era de esperar que acabaras siendo la bolsa de sangre de un chupasangres. O el palo de afilar las uñas de un chucho. Me alegro de haberte dejado a tiempo... aunque me da un poco de lástima verte así, siendo la puta y la comida de un subterráneo... -Benedict se vio interrumpido cuando algo le hizo retorcerse de dolor, y gritar, preso de una fuerte agonía. Los Hermanos habían dirigido su total atención al prisionero, y le machacaban con sus cadenas psíquicas.

Lucie respiró hondo, tratando de recobrar la compostura, que se le escapaba como humo entre los dedos. Por el rabillo del ojo, vio como Magnus, que había estado apoyado en una esquina, se había puesto recto, con las manos ardiendo bajo un potente y chispeante fuego azul. Tenía los ojos entrecerrados, y parecía estarse conteniendo, al igual que ella.

- No soy yo la que está siendo interrogada por la Espada. No soy yo la que ha violado la Ley. No soy yo -prosiguió Lucie -, la que se ha vendido para asesinar a cambio de un puesto mejor en la Clave. Y ahora, responde. Tu nombre en clave.

Benedict gruñó, y la atravesó de nuevo con sus ojos verdes. Lucie vio como el blanco se iba tiñendo de rojo, las venas oculares estallando alrededor del iris, dándole un aspecto bastante macabro.

- Cronos.

Simon cogió a Lucie por los hombros, y se los apretó con cuidado. Ella se desasió de él, y fue hacia Magnus, que había conseguido apagar sus dedos. Luego, cuando Benedict dejó de retorcerse y gemir como un perro apaleado, continuó.

- ¿Dónde está Ángelo? -preguntó - ¿Dónde le tienen prisionero? Quiero la localización exacta.

Benedict se dejó caer sobre el pomo de la Espada, y sacudiéndose, ya no se resistió más. La respuesta le salió a borbotones a penas incomprensibles.

- Siempre ha estado en el mismo sitio. Siempre ha sido fácil encontrarle. Siempre... en frente de las narices de la Clave, sin que nadie se diera cuenta. Sois tan estúpidos... -se burló. Cuando se rió, la sangre salió de su boca, cayéndole por el labio, y manchando de rojo el blanco suelo de granito -. Si quieres esconder algo, lo haces a la vista de todos, en el último sitio donde a nadie se le ocurriría mirar... pero sois idiotas. Solo somos piezas de un gran puzzle. Personajes prescindibles de una obra. Y seguís empeñándos en que no hay nada más detrás... no podéis ver más allá... -una nueva arcada le sacudió, y la Espada emitió una pulsación blanca y fuerte. El chico inspiró con fuerza -. El vampiro está en el Gard.


Un poco más tarde, los tres regresaron a la Ciudad del Homenaje, maldiciendo y pensando en cómo no se les había ocurrido antes. Simon y Lucie hablaron con el brujo, y le dijeron que se fuera a descansar, que unas horas más no marcarían una diferencia significativa, y luego ambos se marcharon de la mano a su cuarto. Al verlos marchar el brujo había sentido cierta envidia, recordando la pelea con Alec esa mañana.

Magnus acababa de volver, y se encontró con que, de nuevo, no sabía qué hacer o a dónde ir. Alexander no le hablaba, y estaba en paradero desconocido para él. Desde la discusión que habían tenido horas antes, parecía que el cazador de sombras no quería tener nada que ver con él. Al menos no por un tiempo. Lo mejor de todo era que no le había dejado explicarse. Él ni siquiera tenía la culpa. Y Brianna no había llegado siquiera a besarle.

Tenía que admitir que le gustaba que Alec se pusiera celoso, pero no cuando le daba tan fuerte. Entonces lo único que quería hacer era quejarse como una adolescente.

Estaba sentado en una de las mesas del comedor, cuando oyó una voz que le llamaba. Se giró, pero no había nadie. Meneó la cabeza, pensando que lo había imaginado, que el sueño y el disgusto le jugaban una mala pasada, porque habría jurado que era la voz de su Alexander.

Meneó el café que tenía delante, pensando que esa sería sin duda una de las noches más largas en muchos años, y cuando la alzó para dar el primer sorbo, soplando para enviar lejos el vapor que desprendía, volvió a oír la voz.

- ¿Magnus?

Esta vez, se puso en pie, dejando la taza,y vio que Alec estaba de pie, en pijama, unas mesas por delante de él. Tenía el pelo negro revuelto, la piel brillante por estar algo mojada, como si acabara de salir de la ducha, y la camiseta de manga corta con botones hasta la mitad del pecho, caída sobre los amplios hombros y desabrochada. Los pantalones anchos le caían sobre el hueso de la cadera, y el espacio que quedaba entre la tela de una y otra prenda dejaba al descubierto el valle de su cintura, un triángulo de exquisita piel de alabastro. Tenía un aspecto adorablemente desaliñado, como si se acabara de levantar de la cama. Le miraba a los ojos, y apretaba la boca. En las mejillas no había ni rastro de sonrojo, pero sus ojos azules eran mucho más cálidos de lo que lo habían sido cuando habían hablado en la sala de entrenamiento, lo que encendió una chispa de esperanza en él.

- ¿Alec? ¿Qué haces levantado? Es tarde. O temprano, según como se mire.

El chico se encogió de hombros.

- He venido a buscarte. He despertado y no estabas. Me quedé dormido mientras te esperaba.

- ¿Me estabas esperando? -preguntó el brujo. Su corazón se llenó de una oleada cálida. ¿Le había perdonado?

El nefilim se encogió de hombros, y se volvió, dándole la espalda, y caminando de vuelta a la habitación. Magnus sonrió al ver el dibujo del panda bostezando en la camiseta gris que llevaba, a la espalda. Alec llevaba el pijama que Magnus le había regalado aquellas navidades.

Dejando la taza de café sobre la mesa, abandonada, le siguió por el pasillo. Lo alcanzó a tiempo de ver como se metía en la oscuridad del cuarto. Magnus entró tras él, y dio un respingo cuando la puerta se cerró con fuerza tras él, sobresaltado. Oyó el pestillo correrse, y luego jadeó cuando algo lo empujó con fuerza hasta que la parte de atrás de sus rodillas chocaron contra el borde de la cama, cayendo de espaldas. Algo pesado se le puso encima, irradiando calor, y unas manos grandes, de dedos finos, le acariciaron la piel con cuidado

Cuando sus pupilas se adaptaron a la falta de luz, vio como Alec le observaba en la oscuridad, sacándole la camisa con las manos.

- ¿Alec?

El chico le sonrió con dulzura, y se inclinó para besarle. Su boca era dulce y suave sobre la suya, y se movía despacio contra la del brujo. El chico apretó sus caderas contra las de él, pegando todo su cuerpo a él, sentado sobre Magnus. Las manos callosas le recorrieron los hombros, el pecho, y luego se hundieron en su pelo.

- Lo vi todo. Y también lo oí todo -dijo Alec de pronto, separando sus bocas. El brujo frunció el ceño, y él le puso la yema de un dedo en el entrecejo, suavizando las arrugas que se hacía allí, y con ellas, su expresión de incertidumbre. Magnus pensó que era raro que pudiera hacerlo en la oscuridad, peor luego se le ocurrió que tal vez se hubiera puesto una Marca de visión nocturna.

- ¿Qué?

Alec pasó los labios por su mandíbula, y bajó en un camino de besos por su cuello, chupando con fuerza y mordiendo, marcando la piel del brujo a placer.

- Pues eso. Antes solo estaba... jugando contigo. Quería... no sé. Siempre dices que no sé actuar. Y que tampoco sé mentir. Así que me pareció un buen momento para demostrarte que si me lo propongo, puedo -murmuró, entre beso y beso -. Sé que fue ella quién te besó, y que tú la apartaste. Sé lo que le dijiste de mi. Sé que la rechazaste -aclaró.

Magnus se incorporó, sentando a Alec en su regazo.

- ¿Entonces... nunca estuviste enfadado conmigo? ¿Nunca pensante que yo...?

Alec negó con la cabeza.

- Creí que ya había superado lo de los celos -dijo, divertido. Luego, volvió a besar a Magnus, esta vez con más fuerza, de forma más salvaje. Sus manos, avariciosas ahora, le quitaron la camisa, y le recorrieron el torso. Luego, descendiendo por su estómago, le desabrocharon los pantalones - ¿Lo hechas de menos? -jadeó contra su boca.

- ¿El qué? -preguntó el brujo en respuesta, sin aliento.

- Ya sabes... el atar -aclaró. Al ver la incomprensión de Alec, el chico dejó de besarle, y le cogió la cara entre las manos, mirándolo fijamente - ¿Te gustaría atarme, Magnus?

El pulso del Gran Brujo se aceleró. Millones de suculentas imágenes de un Alec atado le pasaron por la cabeza, y tuvo que reprimir el fuerte impulso de coger a su novio, estamparlo contra la pared, y tomarlo allí mismo, sin contemplaciones.

- Yo...

Alec le tendió una fina cuerda, tremendamente larga, y Magnus la tomó entre las manos, y la acarició. Era seda. Seda fina, y de la buena. Lo miró, interrogante.

- He comprado un par de cositas mientras no estabas. Portales, ya sabes -se encogió de hombros Alec. Luego, enredó las muñecas en la cuerda de seda que el brujo aún sostenía entre las suyas, y movió las caderas, rozando la erección de Magnus, provocándole un gemido -. Quiero compensarte por el día de hoy. Átame, Magnus. Esta noche tienes carta blanca conmigo. Puedes hacer lo que quieras.

Magnus tiró de la cuerda en la que Alec había enredado sus manos con una de las suyas, y con la otra le agarró el pelo, tirando de él con fuerza hacia atrás mientras le besaba salvajemente. Luego, los hizo girar, e hizo un nudo para sujetarle las manos a la cabecera de la cama, por encima de la cabeza. Mientras, descendió por su cuerpo, sacándole la camiseta al tiempo que probaba su piel desnuda.

-Mi nefilim estúpido... la próxima vez que quieras algo de esto, no hace falta que atentes con provocarme un ataque de histeria - dijo el brujo, sonriendo. Tenía que admitir que, a su manera, había sido... especial. Resiguió el estómago expuesto de Alec con una uña, desde la clavícula hasta el ombligo- ¿Qué quiere que le haga, señor Lightwood? -preguntó él.

Alec sonrió ampliamente, y jadeó, tirando de las muñecas atrapadas cuando el brujo empezó a jugar con sus pezones. Luego éste le miró, con una sonrisa felina, como si fuera totalmente inocente.

- Sorpréndame, "Bondaje" Bane. Sorpréndame.


*MTG= Magic: The Gathering. Es un juego fantástico de cartas coleccionables, de estrategia, que tiene una variante online, Magic: Duels of Planeswalkers. Es bastante popular en EEUU, y la verdad es que a mi me encanta ;) No soy muy buena (hace poco que me lo he descargado y he empezado), pero voy aprendiendo poco a poco XD Adivináis cual es mi mazo predilecto?

Os ha gustado? Espero que esto compense la tardanza!

Nos vemos, criaturas!

Ave atque vale!

MHG