Ahora ¿Qué?
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Aproximadamente una hora atrás, un joven extranjero ingresa a la base guiado por un hombre que se esforzó a sobremanera para conseguir los permisos necesarios para esto.
— ¡Baja la voz! —susurra el empleado, que ronda sus cuarentas—. Ya bastante costó conseguir permiso para que ingreses.
—Estoy hablando en voz baja. Tú eres el paranoico—le contesta el invitado: un joven que aparenta estar veinte años atrás en edad.
Acto seguido, el anfitrión cierra el umbral del escondite subterráneo, haciendo aparecer una enorme roca frente a él y su joven huésped. Luego, comienzan a caminar por el pasillo, con lentitud y sin llamar la atención.
La base consiste en un largo corredor, que solo es interrumpido por las escaleras que tuercen su ángulo y le permiten proseguir a pisos más bajos y profundos. A los lados de este gran pasillo, distintas puertas albergan todas las instalaciones, depósitos, y hasta dormitorios que la célula local de la Serpiente requiere para funcionar en este país sin pedir víveres a otras ramas de la organización.
— ¿Cómo puedo no estar paranoico? ¿Te das cuenta de lo que me estás pidiendo?—replica en voz baja el hombre de la secreta instalación— ¿Tienes idea de lo que me va a pasar cuando descubran que te ayudé?
—Te prometí seguridad, así que no te harán nada. En su lugar, deberías preocuparte de la amenaza de la que yo te informé—sugiere el invitado, mientras el mayor lo guía hasta la primera habitación vacía que encuentran en el camino.
— ¿Te refieres a esa amenaza que ni siquiera me pudiste detallar? Vamos, eres mejor que eso. Sabes que eso no convencería a nadie. No me digas que no te lo advertí. Ahora, yendo a lo que a mí me importa ¿Tienes lo que necesito?
El anfitrión se muestra malhumorado, cerrando la puerta tras él para que su conversación no se filtrase en pasillos adyacentes.
—Claro que tengo lo que necesitas. Si no tuviera mi parte cada vez que me la pides, no trabajarías conmigo, pero, esta vez, eres tú el que no me está ofreciendo nada valioso a cambio—susurra a la presencia joven y encapuchada. Presencia que casi puede pasar desapercibida bajo la tenue iluminación del depósito en el que se encuentran—. Dame un vistazo a la mercadería, y podría ofrecer algo más concreto.
El tono del intruso es tan bajo, que cualquiera que pudiese llegar a estar escondido detrás de los cajones de cargamento de esta despensa podría pensar que el hombre parlotea consigo mismo.
—De acuerdo—suspira el mayor.
Luego de la pequeña pausa tomada para negociar y regatear detalles, ambos salen de nuevo al pasillo, y reanudan su discreta marcha a la siguiente planta de la instalación.
No obstante, a poco de haber accedido al siguiente vestíbulo, ambos hombres reciben el débil eco de los gritos del personal resonando por el pasillo: "¡Intruso! ¡Tenemos un intruso en la base! ¡Suenen la alarma!"
—Seguridad se encargará del pobre idiota—dice el empleado sin inmutarse demasiado—. Aprovechemos la distracción para hacer lo nuestro.
Su acompañante asiente, y lo sigue ignorando el violento compás de pisadas, maldiciones y alteración generalizada a su alrededor.
Sin embargo, antes de descender a la primera planta, unos sonidos desgarradores se abren paso hasta sus oídos. Y ahora, estos ecos se escuchan mucho más cercanos y amenazantes que antes. Sumado a esto, la sirena de una alarma se despega desde el cuarto de control, creando un ambiente mucho más caótico y tenso entre los trabajadores.
A continuación, una hilera de fuerzas defensivas comienzan a abrirse paso por cada uno de sus costados, con la única meta de enfrentar al intruso que tantos problemas está causando más arriba. Además, otra tanda de personal no combatiente abandona sus puestos para correr hacia partes más profundas de la base en busca de refugio.
El joven invitado no puede evitar preguntarse el por qué de la particular arquitectura del sitio. No parece muy práctico. Probablemente, el área fue antaño un proyecto minero para explotar una veta de metales preciosos. Eso explicaría el largo del pasillo principal.
De repente, el anfitrión y su invitado se ven alcanzados y casi embestidos por el personal civil que huye de la planta con las ropas manchadas de sangre u hollín. Desesperados, como huyendo del infierno mismo, estos hombres y mujeres los empujan sin consideración alguna al abrirse paso por el angosto vestíbulo.
Todo este panorama tan intenso le basta al empleado de mediana edad para preocuparse.
—Parece que el intruso está dando pelea—comenta el joven una vez que el tránsito se calma.
—Nuestras defensas pueden dar más pelea—espeta el cuarentón en un estado de negación, mientras apresura su paso ante el fantasma del peligro acechándoles las espaldas.
No mucho después de haber descendido la escalera de piedra, las luces principales se apagan de golpe. En medio del pánico y la oscuridad, sólo quedan encendidas las luces de emergencia.
Esto sólo puede indicar que un incendio se produjo en la zona del conflicto…
Aún así, ninguno de los dos hombres pierde la calma ante la situación. En su lugar, se ayudan por la iluminación de emergencia para buscar alguna contramedida contra el humo, que tarde o temprano se dispersaría hasta su posición.
Manteniéndose en relativo silencio, pasan del pánico y del agolpamiento de humanidad y tránsito presente en la atmósfera para poder llegar al almacén, usualmente restringido al área de investigación. En un principio, ambos deben luchar contra una marejada de personal que arriba al depósito antes que ellos, y que toma máscaras de gas, o garrafas y tubos de oxígeno para llevarse a la habitación de sellado hermético en la que piensan esconderse.
Pese a todas estas complicaciones, ambos consiguen hacerse con un par de estas máscaras.
—Las fuerzas de defensa de la base están más que capacitadas para incinerar a cualquier intruso, pero no son sutiles al combatir. Quizá, necesitemos éstas para salir sin asfixiarnos.
— ¿Arriesgarían incendiar la instalación para defenderla de un intruso?—pregunta el joven, comenzando a albergar dudas acerca del origen del fuego.
—Contratar gente entrenada en precisión es caro. Y bastante caro fue diseñar la condenada droga. Guárdate la máscara, el pasillo estará totalmente inundado del humo cuando salgamos.
El anfitrión pone una mano en el hombro del muchacho de un modo apremiante, fijando así el rumbo a la última sección que todo el resto de la base está protegiendo.
Esta vez el avance se hace más práctico, ya que la mayoría de los sobrevivientes están u ocultándose, o intentando repeler al invasor. No obstante, no tardan en notar varios estruendos que resuenan a lo largo del piso.
—Allí está la pirotecnia—acota el cuarentón al ver como la penumbra que dejaron atrás emite pequeños chis pazos anaranjados—. Deberíamos tomar resguardo.
El hombre intenta tomar al joven por un brazo al no notar reacción a su sugerencia, pero éste último se aparta hacia atrás y saca un pergamino que luego despliega en el suelo.
—Tengo curiosidad sobre el intruso—dice para excusar sus acciones, con mucha más calma en comparación a su anfitrión.
De repente, una repentina ráfaga de viento caliente los golpea, causada por el combate que termina por trasladarse al ala más importante de toda la instalación. Luego, se escucha el crujir de las paredes aledañas, y en vez del silencio propio de una batalla terminada, se comienzan a oír los agónicos gritos de los civiles refugiados.
El joven, notando que el trabajador a su lado está inmóvil ante el shock, decide romper el silencio.
—Sobre la amenaza que te mencioné… —musita con inflexible tranquilidad—. Creo que llegó aquí. Si estoy en lo correcto, todos los que quedan en este subsuelo morirán en los próximos quince minutos ¿Estás dispuesto a intercambiar ahora?
Sin embargo, cuando el extranjero se voltea a mirar al pasillo una vez más, el panorama vuelve a agravarse de manera súbita. El olor a carne quemada invade sus fosas nasales, al igual que el frenético sonido de los pasos que intentan escapar en dirección a ellos.
De repente, la luz de emergencia más cercana deja vislumbrar a dos científicos siendo masacrados por unas figuras flotantes y de aspecto desfigurado y monstruoso. De hecho, a uno de los "agresores" le falta gran parte de la cabeza.
—Al laboratorio… ¡Ahora!—contesta el aterrado sujeto, logrando de salir de su shock para correr a todo pulmón.
Sin más dudas acerca de la gravedad de la situación, ambos supervivientes escapan de la carnicería que se les avecina como una marea de muerte. Empero, a medida que más se acercan al recinto final de la instalación, más olor a quemado los envuelve y sofoca.
Al llegar por fin a la gran y pesada puerta de acero que pone fin al trayecto, los dos sobrevivientes se topan con una segunda noticia terrible: un segundo punto de origen del incendio. No puede ser que el invasor se les haya adelantado...
No. No había sido el intruso… Había sido el mismísimo laboratorio el que se incendió en primer lugar y dio origen al apagón de la luz.
El joven, con más agilidad y resistencia física que su contacto, llega al portal primero. Con el respectivo cartel en verde fluorescente encima del vasto umbral rezando "laboratorio", toma el picaporte e intenta forzar la puerta sin éxito.
— ¿Qué estás haciendo? ¡Olvida ya el laboratorio!—jadea su acompañante cuando consigue quedar junto a él.
Sin perder un segundo más, el alterado hombre lo toma de un brazo para jalarlo dentro de otra puerta adjunta a la metálica. A diferencia de ésta última, dicha puerta no posee ningún cartel encima que advirtiese de su existencia en medio de la oscuridad.
El interior de la nueva estancia se revela como otro pequeño depósito o cobertizo, destinado a servir exclusivamente para guardar reservas químicas para el receptáculo de al lado.
Sacando una linterna de su riñonera, el hombre se acerca a la pared derecha y abre un compartimento oculto entre dos armarios, repletos de materiales de vidrio. De éste saca la mercancía que su joven contacto vino a buscar.
— ¡Aquí tienes lo que me pediste! ¡Ahora, cumple tu parte!—le espeta con su último resquicio de cordura a punto de desvanecerse, extendiéndole una bolsa de plástico de forma casi violenta.
—Eso no es todo lo que te pedí. ¿Dónde están los informes?—se queja el joven, quien recibe el paquete sin emoción alguna en su pálido rostro.
Desesperado ante el sonido y el olor de la muerte acercándose hasta aquel último trecho de la base, el hombre entra en pánico y comienza a abrir todos los compartimentos en el pequeño cuarto. Finalmente, consigue sacar una pila de papeles de uno de los armarios.
— ¡Ahí tienes!—se los ofrece con una torpeza tal, que termina dejando caer la linterna y varias hojas al suelo— ¡Ahora…!
—Ahora, te quedas allí y esperas. Yo me escondo tras la puerta, y cuando importe, haré lo mío—completa el muchacho, metiendo su mano bajo su túnica para guardar la bolsa en el porta-shuriken que tiene atado a la cadera.
Luego, toma del interior de su equipaje unos cinco frascos de tinta, y los rompe contra el suelo. Con una serie de sellos de manos, la tinta cobra vida y se extiende sobre las paredes, suelo y techo del depósito, oscureciéndolo por completo.
Acto seguido, Sai le indica a su contacto que guarde la calma mientras se apoya a un lado de la puerta. Dejando que su propia tinta lo cubriese por completo, al punto de hacer su presencia indetectable incluso para el cuarentón, el artista consigue camuflar su presencia.
Mientras tanto, los minutos siguen pasando, y la sangrienta presencia continúa acercándose. De hecho, se enteran de la llegada del intruso cuando el humo dentro del laboratorio comienza a salir hacia el pasillo, para luego diseminarse por encima y por debajo de la puerta del depósito. En medio de la total oscuridad, el hombre, muerto de pánico, retrocede hacia un rincón y se coloca su máscara al tiempo que intenta albergar la esperanza de que el asesino se quede dentro del laboratorio sin reparar en la existencia del depósito.
Más tiempo pasa, y la voz del jefe del departamento de investigación en la habitación de al lado, se ve opacada por el inconfundible arrastre y roce de la carne contra las paredes y el suelo.
Ahora, el contacto de Sai cae en cuenta de que aquellas figuras deformadas que había presenciado hace un rato eran los cadáveres de sus compañeros… Poco a poco, comienza a hacerse a la idea de que no saldrá de esta situación con vida.
En un instante de debilidad extrema, intenta abrir la puerta, pero la tinta se lo evita. En el momento, no puede tomar esto más que como una confirmación de lo peor: la tinta no está aquí para protegerlo, sino para mantenerlo preso, para usarlo como carnada y escapar del autor de esta masacre.
Intenta abrir la puerta una vez más, maldiciendo al shinobi de Konoha que acaba de traicionarlo. Esta vez, hace el suficiente ruido para atraer la atención del monstruo.
Sin tardar demasiado en oír los gritos y golpes, el asesino tira la puerta abajo, empujando al hombre nuevamente contra el suelo.
Sin embargo, contrario a lo que su contacto había pensado, Sai todavía permanece en la habitación, oculto entre el humo y tinta, y portando la máscara de gas que le fue entregada hace un rato.
Cuando la puerta se abre de par en par, los orbes azabaches del de Raíz pueden reconocer, bañada por la luz rojiza del fuego, a la silueta del marionetista renegado. Éste, sin haber detectado su presencia, sólo observa al hombre en el suelo con una mirada muerta.
Posterior a su brusca entrada, el torso de Sasori comienza a agitarse cada vez más rápido, como si sus inexistentes pulmones hiperventilaran a medida que una nube de navajas se acumula sobre el techo del almacén. El ángulo de la luz no le permite al ANBU ver nada más que la silueta temblorosa de un hombre desesperado, que, en un arranque de ira, hace descender todos los filos sobre su aterrorizado contacto. De inmediato, la tinta de la habitación vuelve a cobrar vida y empieza a arremolinarse, a modo de escudo, sobre el hombre encogido en el suelo.
En un primer instante, el agresor no reacciona como el shinobi entrenado que Sai esperaba. De hecho, ni siquiera reacciona ante la vista. Ignorando totalmente el jutsu que protege a su blanco, y, al parecer, sin siquiera preguntarse el origen de éste, el pelirrojo sólo grita de manera sostenida. Acto seguido, libera oleada tras oleada de armas cortantes contra el torrente de tinta, que no hace más que repelerlas una y otra vez.
El largo aullido del marionetista, cargado de frustración e impotencia, se interrumpe de un momento a otro como si realmente le faltase el aire. Pero toma una nueva bocanada para llenar unas inexistentes vías respiratorias.
— ¡Sakura… —golpea la masa de tinta—está…!
Vuelve a impactar.
— ¡MURIENDO!
Las palabras de Sasori hacen que Sai termine de armar el puzle en su cabeza. Ya no hay tiempo que perder.
— ¡La cura! ¡Tengo la cura!—exclama Sai revelando su rostro de entre la tinta.
El ex Akatsuki se paraliza ante la repentina voz del ANBU. Éste último sale de su escondite, y le muestra un vial.
La marioneta humana parpadea con los ojos abiertos de par en par, quedándose tan pasmada ante lo que ve, que se le llega a olvidar el nombre del compañero de Sakura.
—Ve—ordena Sai con una voz firme, obligándolo a regresar a la realidad.
—Este tipo debe morir—es lo primero que dice tras recuperarse de la conmoción.
—Este hombre es mi contacto—apela el de Konoha con sobriedad—. Ve, toma los informes, y toma la cura. Nos encontraremos en unas horas.
El marionetista toma el vial, y dedica una mirada cargada de odio al protegido de Sai.
— ¿Dosis? —pregunta con extrema frialdad al hombre en el suelo.
—Un... Un vial por paciente—responde tartamudo—. Añádelo al suero.
Eso es todo lo que Sasori escucha antes de esfumarse de la escena, dejando a Sai y a su contacto libres para que escapen del infierno por sus propios medios. Sin molestarse en "limpiar" el camino de todos los retazos de carne y sangre de los pasillos, él sólo corre a toda prisa hasta dar con la entrada del escondite. El fuego purificaría la zona.
Al arribar una segunda vez a la escalinata de piedra que lo deja a merced del cielo nocturno, plagado ya de estrellas, el titiritero toma la ropa que había dejado regada sobre los escalones. Tras sacudirse apenas el hollín del cuerpo, vuelve a ponerse la camisa y larga chaqueta negra, más no el ensangrentado guardapolvo. En su lugar, dobla y guarda este último dentro del compartimento de su estómago. Después, sin más contratiempos, salta hacia los árboles y comienza a desplazarse sobre sus ramas en dirección al pueblo.
A todo esto, mientras resuelve la distancia que lo separa de su moribunda compañera, el estado mental del criminal sólo puede describirse como "nada". Como si su alma se hubiese consumido en los minutos anteriores, ahora sólo queda en él un deseo, una misión: llegar al pueblo y salvar a Sakura. Nada más. Todo lo demás parece consumido en un agotamiento emocional que por primera vez está experimentando.
En medio de su resolución, una chispa de cordura lo hace revisar por un segundo las gruesas grietas, más trozos faltantes en el área del torso donde fue atacado por Sunako. Pero no tarda en volver a ignorar el estado de su cuerpo. No hay tiempo para eso. Ignora también la sangre en su pantalón. E ignora también al personal del hospital, que se sorprende al verlo regresar alrededor de las cinco de la mañana, sucio, despeinado, con olor a humo irrigado en cada centímetro de su cuerpo y con algunas manchas de sangre presentes en su ropa.
Lo ignora todo hasta que finalmente está dentro de la habitación de Sakura, donde es detenido por el hombre encargado de monitorear su progreso.
—Conseguí unas dosis de la cura. Hazte a un lado—dice como si se tratara de una molesta polilla, mas con el tono más neutral que en este momento puede esbozar.
— ¿Cuántas? —pregunta el profesional a través del barbijo, impactado por el desgarbado aspecto del ninja— ¿Qué hay del resto de los pacientes?
—Cuando la doctora se encuentre bien, podremos replicarla. Muévete—ordena apartando su mano enguantada de su hombro, conteniéndose para no golpearlo.
El trabajador, sin palabras ante lo que oye, acata y se hace a un lado mientras se decide por comentarle un poco de la situación.
En resumidas cuentas, la experiencia y los datos que Sakura había adquirido tratando a los demás pacientes fueron suficientes para mantener los síntomas bajo control. Afortunadamente, ella aún no avanzó demasiado a través de las etapas de desarrollo, pero todos son conscientes de que, sin tratamiento, tarde o temprano llegaría el punto en que nadie sabría qué hacer para seguir combatiendo sus dolencias.
Sasori se pone unos guantes de látex con tanto apremio como cuidado, y agrega el contenido del vial al de suero conectado por vía intravenosa a su inconsciente compañera.
Luego, se sienta a un lado de la camilla manteniendo la mirada en la demacrada muchacha, quien sólo sigue viva gracias a un respirador artificial.
— ¿Cómo? ¿Dónde?—pregunta el médico junto a la pantalla que marca los latidos de Sakura, observando en más detalle al joven químico y a las manchas de sangre en sus prendas.
—Recibí refuerzos—responde sin cambiar el foco de su visión—. Están en camino. No necesitas, ni quieres saber más. Por ahora, mantén con vida a los demás pacientes.
Mientras tanto, cada aspecto de Sakura se encuentra librando su propia batalla. Su cuerpo está casi desconectado de su mente, y, por los pocos segundos que consigue recuperar un atisbo de consciencia, lo único que prevalece en ella es su intención hecha palabras:
"No puedo morir… No aún, no así."
Sumergida en el cóctel de calor corporal y drogas, se siente viajar a través de un mundo ajeno a la realidad. En este plano atemporal, un montón de voces conocidas y distorsionadas la llaman a quedarse en la tierra de los vivos.
A veces, cuando consigue recuperar un poco de lucidez, el escenario de su sueño cambia a un intermedio entre realidad y delirio. En esta suerte de limbo, las siluetas apenas distinguibles de sus amistades en Konoha la observan de pie, rodeando el lecho en el que está ahora muriéndose. Sus padres, su maestra, Ino, Naruto, Kakashi y Sai. No necesita distinguir sus contornos, ni sus voces para saber que son ellos quienes la contemplan y le susurran palabras de aliento en medio de su agonía.
Aún así, de un momento para otro el panorama delirante se transforma. Como siempre, el limbo de siluetas fantasmales vuelve a envolverla para sacarla del sueño profundo, y ella permanece postrada, inmóvil y sin poder pronunciar palabra. Sus seres queridos de siempre están rodeándola… pero, en esta nueva oportunidad, otra silueta se suma a la escena.
Es un fantasma sin rostro, sin cabello y casi sin forma, pero que siente familiar… tan familiar, que se ve a sí misma mirándola con aprecio. De este modo, desobedeciendo el patrón anterior, esta nueva figura la llama sólo con su presencia a permanecer atada a este mundo.
No obstante, por más aprecio que le tenga, sigue siendo una presencia que no reconoce. Y las novedades no acaban ahí. Por alguna razón, el último espejismo de humano en aparecerse no permanece estático ni intangible, a diferencia de todas las demás. Por el contrario, opaca al resto al acercarse y tomarle la mano en el instante previo a la siguiente vez que su subconsciente detiene la imagen en su memoria, para repetir una vez más su mantra:
"No aún, no así."
Un par de horas luego de la llegada del pelirrojo, Sai y su nuevo contacto arriban también al pueblo.
Al ingresar en la recepción del hospital, ambos se identifican de inmediato como refuerzos enviados para atender la situación del sanatorio, y, dada la desesperada situación, se les permite el acceso sin trámites burocráticos de por medio.
De inmediato, Sai pone a su acompañante a trabajar en la cura. Luego, pregunta por sus dos compañeros, y no tarda en ser puesto al tanto de su actual situación: la doctora, que había sido envenenada durante la mañana del día anterior, no ha despertado aún y el químico sigue a su lado desde su misterioso regreso.
Con sus dudas ya aclaradas, el artista opta por no interrumpirlos. Además, no quiere permitirle a su nuevo contacto estar ni un sólo momento sin vigilancia. Por lo tanto, permanece pegado al hombre dentro del laboratorio registrando sus acciones, mientras éste se dedica a reproducir la cura con ayuda del personal del hospital, con los escasos recursos que éste último tiene a su disposición.
Por otro lado, tal y como se le reportó a Sai, Sasori se dedica a permanecer cada minuto desde su llegada a un lado de Sakura, velando por su recuperación. Poco a poco, la observa ir recuperando el color en el rostro, mientras el miedo a que la muerte se la lleve va aliviándose en su interior. No tiene el ánimo para maravillarse por la cura, ni por el diseño y funcionamiento de esta. Actualmente, nada le importa, salvo verla despertar.
Entre tanta espera con su núcleo en un puño, siete horas se le pasan al marionetista desde su regreso, entretanto, Sakura sólo comenzó a estabilizarse hace apenas cuatro.
Cerca ya de su máximo apogeo, los rayos del sol se filtran a través de la ventana, bañando de luminosidad al sereno gesto de la durmiente joven, y al taciturno y eternamente insomne hombre a su lado.
A todo esto, el médico que estuvo de turno cuando Sasori arribó a la habitación, fue reemplazado por otro hace unas tres horas atrás. Cosa que Sasori terminó agradeciendo al cabo de poco rato, puesto que éste nuevo sujeto no los molesta para nada. Sólo se limita a cumplir con un bajo perfil su trabajo de hacer seguimiento del estado de la muchacha, con una muestra de sangre más el registro de su ritmo cardíaco.
Aquello sin embargo es secundario a la hora de analizar la situación: poco a poco, la salud de Sakura está mejorando.
Incluso el químico de la Serpiente pasa a observarla en una ocasión, pero sólo se limita a mantenerse cerca de la puerta, informando a su casi verdugo que sería cuestión de tiempo antes que la mujer despertara. Aun así, por respeto, y más que nada por miedo, no permanece mucho tiempo en la habitación. Después de todo, aún teme que el monstruo escondido debajo de la fachada escapase para tomar su vida.
En su momento, el tal Sai no dijo palabra ni se atrevió a entrar a la sala de terapia intensiva, pero sabe que él también teme por la delicada situación de su compañera. Sólo se apega a lo que mejor se le da en este tipo situaciones: mantenerse en frío y ocuparse de manejar a sus contactos.
Por otra parte, le es inevitable no recibir noticias de que hace no más de dos horas que los primeros pacientes con pronóstico reservado recibieron sus respectivas dosis de antídoto. Quizá es en parte gracias a este nuevo panorama que nadie exige al ex-Akatsuki regresar a su puesto. Además, la llegada del nuevo químico está permitiendo amortiguar los daños con mucha mayor eficiencia como para necesitar de su propia experiencia en toxicología... o, quizá, le permiten estar junto a Sakura porque comienzan a tratarlo como familiar, en vez de considerarlo personal del hospital.
Fuera cual fuera el motivo, el asunto no tiene mucha relevancia en su mente. Su principal prioridad es la mujer postrada en la camilla. Sólo le importa que ella despierte, aunque sólo fuera para regañarlo por no cuidar a sus otros pacientes.
Mientras tanto, del lado de Sakura, las figuras y voces de sus sueños se van volviendo más y más lejanas. Lentamente, una por una van desapareciendo.
Al cabo de un rato, todas se esfuman de sus delirios... todas menos aquella que desde hace un rato le toma la mano en completo silencio.
De repente, la línea entre la realidad y el sueño se torna delgada y borrosa, mientras la lucidez va bañando sus sentidos con la esencia del mundo real.
Incluso si cada cierto tiempo se siente bajar lánguidamente a tierra firme, Sakura todavía no puede procesar la información necesaria de su alrededor, mucho menos reunir energía suficiente para abrir unos párpados que parecieran llevar cerrados unos mil años. Porque incluso cuando reconoce estar despierta, sus sentidos no funcionan lo suficiente como para permitirle moverse. Sólo sabe que alguien allí afuera está manteniéndola viva, así como la silueta lo hace dentro de sus alucinaciones.
Tras un milésimo intento desperdiciado de intentar abrir sus ojos, el cóctel de drogas en su cuerpo la vuelve a conectar con el plano febril mediante sueños o alucinaciones. Ella ya no sabe la diferencia entre ambos conceptos, ni tampoco le importa.
Y allí está otra vez la sombra misteriosa tomándola de la mano. ¿Por qué aún no puede notar quién es?
"Es… ¿Sasuke?"
Su aturdida mente recuerda las demás figuras y voces, a todas las había reconocido. Como el último Uchiha es el único que hasta ahora faltó en todos sus sueños, tiene que tratarse de él. ¿Quién más, sino?
Sin saber bien por qué, su mano trata de liberarse del agarre de la figura. Se esfuerza en apartarse, pero la presencia sólo responde reforzando su estrechón, sin intención de dejarla ir. Es frustrante que, pese a percibir la escena de un modo tan claro, no pueda sentir otro calor más que el suyo propio.
Desafortunadamente, Sakura no llega a indagar más en su sueño. De manera totalmente repentina e inesperada, termina abriendo sus ojos sin ningún esfuerzo, ocasionando que el fantasma a su lado se esfumase por completo. En su lugar, aparece la imagen de un desgarbado Sasori, que casi no puede contener una mueca de asombro al verla despertar.
— ¿Sakura... estás bien?—pregunta el marionetista, hablando por primera vez en horas.
Ella, aún muy drogada para caer en cuenta de la situación, desciende su mirada en silencio y termina emitiendo una débil sonrisa de alivio cuando ve la mano del marionetista sobre la suya.
Acto seguido, la muchacha parpadea, asintiendo con un sonido emitido a boca cerrada.
—Sas…—termina soltando con un hilo de voz, apretando un poco la mano ajena de modo casi inconsciente.
—Tranquila, no te esfuerces. Estarás mejor. Tus pacientes también. Fuiste envenenada, te administre el antídoto. No hay que temer. Sabrás los detalles después. Descansa. Todo está bien—la interrumpe Sasori en voz baja, que bajo el efecto de las drogas suena casi dulce.
Sakura conserva el silencio por un instante, en el que amplía su débil sonrisa.
—Gracias…—rompe la quietud una última vez, antes de regresar al sueño por otra hora y media más.
La kunoichi consigue tener más momentos de lucidez a lo largo del mediodía. En cada uno de estos momentos, puede sentir la mano de Sasori sobre la suya. E incluso, puede jurar haber oído la voz de Sai en alguna de todas esas ocasiones. No bien puede reunir suficiente fuerza, abandona su letargo sólo para hacer preguntas al respecto.
— ¿Estoy delirando aún... O ese era Sai?
—Sí. Y te explicaré todo cuando mejores por completo—le responde el pelirrojo en voz baja, sin notar que Sakura está preguntando por algo que pasó hace media hora atrás—. Estás en buen camino.
— ¿A dónde te encontraré?—vuelve a preguntarle Sakura con los ojos cerrados.
—No pienso retirarme de este sitio hasta que te mejores...—asegura él sin poder evitar una sonrisa.
—Mejor… tu mano es cómoda—sonríe también Sakura, amenazando con volver a dormirse.
Allí es cuando el marionetista por fin nota el contacto físico del que se había olvidado hace tiempo, pero no se atreve a soltarle la mano. En su lugar, sólo se le escapa una pequeña broma:
—Deben ser efectos secundarios de los calmantes...
Finalmente, a eso de la una y media de la tarde, Sakura Haruno consigue dejar atrás el efecto adormecedor del veneno y las drogas sobre su organismo.
Al igual que todas las veces que anteriormente había despertado, sus oídos comienzan a ser abordados por el sonido de la pantalla que marca sus latidos. Por otro lado, su tacto repara en la ausencia del respirador artificial conectado a su rostro… y, de un modo aún más tangible, en la mano del ninja que aún está sujetando la suya.
Con la energía ya casi totalmente recobrada, ella ignora gran parte del luminoso panorama blanquecino que supone la habitación en sí, y clava su mirada en el insomne artista sentado a su lado.
—Buenos días… o tardes—sonríe con tranquilidad, de un modo similar al que solía hacerlo antes de caer enferma—. Creo que te debo una mano.
—Es mediodía—es corregida con por un Sasori que rebosa serenidad en su semblante—, pero, aún así, no rechazaría la oportunidad de recuperar mi mano.
El renegado se sigue permitiendo bromear sobre la situación, con la principal intención de evitar esa inmediata sensación de incomodidad entre ambos.
—Lo siento—ríe Sakura dejando ir el agarre con tanta suavidad como repentina vergüenza, reconociendo que no es momento para hacer una escena—. Bueno… creo que ya es hora de ponerme al día.
La ninja emite un suspiro, intentando utilizar el trabajo para despejar su mente de toda conmoción sujeta a este peculiar despertar. Acto seguido, se incorpora, apartando las sábanas blancas con suavidad para sentarse en la cama.
"Comportamiento clásico de su parte. Acaba de escapar de la muerte y ya desea regresar al trabajo." Se dice a sí mismo el de la Arena, sin evitar que la sombra de la satisfacción se adueñe de su faz al ver a su compañera revitalizada.
—Tranquilízate, y déjame que mida tus signos vitales antes de ponerte a saltar—la regaña poniéndole la mano recién liberada sobre el hombro para frustrar sus planes de abandonar la terapia.
Sakura, tras haber sido médica mucho más tiempo de lo que fue paciente, lucha contra sus ganas de discutirle al renegado. Después de todo, no hay nada peor que un paciente que no escucha a su doctor, por lo que termina asintiendo en silencio a la petición. En lo que dura el chequeo, observa a su compañero levantarse para traer un termómetro y tensiómetro del escritorio, sin dejar de preguntarse por cómo rayos hizo para dar con la cura al veneno.
—Oye… Al menos, cuéntame lo que ocurrió durante todo el tiempo que estuve inconsciente…—demanda a la espalda del artista, apenas pudiendo contener su curiosidad—. ¿Recibiste mi pista? ¿Cuánto tiempo te llevó encontrar la cura? ¿Qué pasó con el otro espía?
—Sí—la aplaca Sasori retornando, con ambos objetos a mano, a su asiento junto a la camilla—. Ayer, no mucho después de que enfermases, logré identificar a tu atacante y la utilicé para llegar a la base. Haciendo corto lo que ocurrió allí, me encontré con tu compañero de misión. Creo que se llama Sai, ¿No? Él tenía un valioso contacto con mucho conocimiento del veneno, que nos proporcionó la cura para ti y para el resto del hospital.
— ¿Así como así? —parpadea ella en medio de la conmoción, para luego tomar el termómetro entre sus dedos y llevarlo dentro de su bata de hospital, bajo la axila—, ¿Qué ocurrió con la base?
—Imagino que puedes deducir qué ocurrió con la base, y en base a eso puedes imaginarte por qué el hombre está tan dispuesto a trabajar con nosotros—redondea la marioneta, alterándose ligeramente al recordar las sensaciones que lo invadieron durante esos sucesos. No obstante, toma aire para estrechar el brazo de la chica y prosigue más calmado—: Me diste un susto importante, y me alegro que estés mejor.
Sakura consigue notar el cambio efímero en su tono de voz, pero no puede hacer más que contemplar su enigmático porte en silencio, mientras se pregunta qué rayos pudo haber ocurrido en esa base como para dejarlo así de…
"¿Perturbado? ¿Confundido? ¿Cansado?" Se dice sin conseguir que ninguna de estas opciones la satisfagan del todo.
Por su lado, Sasori deja su mente en blanco, ignorando la confusión en la joven y enfocándose sólo en arremangar la manga de su bata hasta poco más abajo del hombro. Luego, envuelve el tensiómetro en torno a la piel descubierta del antebrazo, y lo infla hasta que el manómetro arroja la lectura de los treinta milímetros de mercurio.
—Gracias…
Una sensación de contrariedad la aborda tras la simple expresión, haciéndola sentir que un simple agradecimiento no es suficiente para esta situación.
—Gracias a Sai—obtiene como seca respuesta.
—Gracias a los dos.
Poco a poco, el brazalete en torno a su brazo se desinfla, y, al cabo de un par de minutos, se le retira. Luego de esta primera medida, Sasori se mueve hacia el otro costado de la cama para repetir el proceso en el otro brazo de Sakura, cuidando de no rozar la vía intravenosa del suero, a la vez que de evitar el contacto visual.
La última prueba que queda es la de la temperatura, y el mercurio no demora en marcar unos saludables treinta y siete grados de calor.
—Por ahora, parece que todo está en orden. En todo caso, deberías beber un poco de agua, y comer algo. De paso, podremos ver cómo reacciona tu sistema al alimento sólido. Y luego, ya no podré convencerte de que te quedes en la cama, así que saldremos de aquí.
No más de una hora después, Sakura consigue el alta de terapia. Tras haber sido trasladada a una habitación en el ala de recuperación y post operatorio, pudo ducharse, alistarse y comer algo de alimento sólido para volver al trabajo.
A eso de las tres de la tarde, la joven doctora ya se dirige al área de investigación para encontrarse de nuevo con Sasori. No obstante, no es al llegar al laboratorio que se encuentra con su compañero, sino mucho más atrás en el pasillo.
Saliendo del baño de hombres, el pelirrojo también se estuvo ocupando de renovar un poco su aspecto. Ya no luce sucio ni desaliñado, y sus ropas, ocultas en su mayoría bajo un guardapolvo limpio, consisten en una muda limpia. La ensangrentada de antes ahora está guardada dentro de una bolsa qué él carga en mano.
El personal había intentado convencerlo de cambiarse la ropa con la que viajó en horas anteriores a su recuperación, pero él había dejado claro que no tenía intenciones de hacer caso a minucias hasta que Sakura pudiese moverse por sí misma. Argumentando la posibilidad de que gérmenes agravasen la situación de la mujer, lograron la hazaña de hacer que el químico accediese a usar en su torso una bata de operación estéril mientras esperaba.
—Descarto estas, y vamos a ver a tus pacientes—habla el marionetista, levantando ligeramente la bolsa en su mano.
Sakura asiente, acompañándolo hasta los botes de basura a las afueras de la instalación, en donde el renegado abandona el último vestigio de la masacre que había protagonizado la noche anterior.
A continuación, y como si este último acto hubiese marcado el fin de lo trágico de esta misión, la situación comienza a repuntar a lo largo de toda la jornada.
La joven, enfocada en su tarea de ayudar en el área de cuidados intensivos, se siente cada vez más aliviada por la velocidad a la que muchos de sus pacientes comienzan a recuperar su salud.
A lo largo de la primera hora, doctores y familiares la saludan y expresan su alegría por verla bien, y por el papel que jugó en darles a sus pacientes el tiempo que necesitaban para sobrevivir y sumársele en la recuperación al veneno.
Empero, por descarte, Sakura comprende que no todos los que llegaron al hospital con un cuadro de envenenamiento pudieron sobrevivir a toda la pericia.
De hecho, hubo varios pacientes que, debido a complicaciones de salud ya existentes antes del veneno, fallecieron en las primeras veinticuatro horas de su internación, así como todos los que fueron sometidos a los tratamientos experimentales de Sasori.
Ante todo este panorama, Sakura sabe que ella misma es, a fin de cuentas, una sobreviviente más de esta masacre. Una sobreviviente que tuvo la suerte de recibir la cura a tiempo. Quizás por este motivo, no tiene mayor contacto con los familiares de los caídos. Después de todo, no sabría con qué cara mirarlos, ni tampoco sabría si ellos querrían verla en primer lugar.
Pese a todo, no se permite caer en la culpa del superviviente. No puede simplemente dejar de estar para los que sí sobrevivieron. Después de todo, aprender a lidiar con las pérdidas es parte de lo que implica ser un profesional de la salud.
Cerca de las cinco y treinta, Sakura opta por seguir la última instrucción dejada por Sasori antes de separarse, y aprovecha la estabilidad de la situación para liberarse un momento de su puesto e ir al laboratorio a verse con él.
Mientras camina en dirección al ala de investigación, recuerda que el pelirrojo le había dicho antes de dejarla ocuparse de sus pacientes, que tenía que "presentarle" a su nuevo compañero de trabajo. En un primer momento, no necesita pensarlo demasiado para caer en cuenta de a qué se refería.
Una vez que Sasori le abre la puerta del recinto, el hombre de mediana edad que está allí hundido en el trabajo se paraliza al verlo. Por otro lado, el ANBU que está a un lado del sujeto, ataviado de guardapolvo y gafas al igual que él, saluda a Sakura de buena gana no bien la ve.
—Es bueno saber que ya puedes levantarte—le dice Sai con su característica cordialidad, mientras se incorpora de su asiento junto a la mesa de mármol para acercarse hasta ella—. Por un momento me preocupaste.
—Creo que tengo tantas cosas para agradecerte, como para preguntarte—le sonríe la kunoichi, sumamente contenta de verlo allí.
—Igualmente, ahora que estás tú aquí, me temo que tengo que pedirle a tu compañero que salga del laboratorio. Nuestro nuevo químico, por algún motivo, no puede trabajar en su presencia—argumenta el dibujante sin perder la formalidad, tras venir notando a lo largo de todo el día que su contacto se siente cada vez más incómodo de trabajar en presencia del marionetista, al que teme como si se tratase del mismísimo demonio.
Sasori le dedica una mirada nada amigable al ANBU por el rabillo del ojo, pero sin animarse a replicar en voz alta por respeto a Sakura.
—Tú sabes la importancia de proteger la salud de un contacto—le aclara Sai al ninja renegado, percibiendo el desdén proferido a través de su porte—. Podemos conversar afuera si lo desean, pero quiero mantener un ojo sobre él.
—Ya entendí, ya entendí—se defiende el pelirrojo, sin ánimo de iniciar una discusión.
Antes de retirarse de allí, Sasori decide no desaprovechar una última oportunidad para volver a dirigirse al contacto de Sai a sus espaldas:
—Y por si no te queda claro, vivirás—le asegura al cuarenton dejando notar en su tono que no ha sido su decisión—. Nos veremos fuera. Mientras tanto, aprovecharé para dar excusas al personal del hospital.
Acto seguido, en el laboratorio pasan a quedar solo los dos ninjas de Konoha, más el químico de cuarenta años, que retoma sus tareas con un poco más de alivio.
— ¿Quién es el nuevo toxicólogo? —pregunta Sakura a su compatriota, extrañada al ver la temerosa reacción que manifiesta el hombre frente a Sasori.
—Un viejo contacto mío, Hiromu—explica Sai, pasando a sentarse junto a su compañera en la mesa en frente a la de su contacto—. No sabía que trabajaba para la serpiente, pero tenía mis sospechas. La última vez que nos separamos, fue para poder ponerme en contacto con él. Quería convencerlo de que consiga para nosotros la cura, o la información para crearla, pero las acciones de tu contacto lo convencieron de trabajar para mí directamente.
El ninja alza una ceja al terminar, dándole a su compañera una herramienta mucho más directa para que cayese en cuenta de la magnitud de los hechos acontecidos durante su inconsciencia.
Ella, por su parte, puede captar la indirecta, pero decide guardarse la reacción para otro momento.
— ¿Hizo lo que dijo que estaba en sus planes?
—Y creó un gran espectáculo en el proceso—completa su compañero, permitiéndose dotar sus palabras de una pincelada de sarcasmo—. Definitivamente, no es algo que quiera volver a ver pronto. Bueno, me costará un poco, pero garantizaré una nueva chance en la vida para este hombre, y, si promete ayudar un poco más, su familia también tendrá una chance para unírsele en su nueva vida.
Sai gira su cuello, indicando al hombre a una mesa de distancia de ellos. Sin embargo, Hiromu decide mantenerse al margen de la conversación por su propio bien, enfocándose únicamente en el enrasado de la solución dentro del matraz de vidrio que tiene entre manos.
— ¿Negociaremos de eso esta noche verdad? —pregunta el de Raíz a su contacto, forzándolo a participar.
—Mantén "eso" lejos de mí—responde Hiromu con los dientes apretados, mientras intenta no fallar en la labor de dejar el menisco de la solución justo por encima del aforo del matraz—. Y mantenlo lejos de mi familia…. Mientras hagas eso, todo el resto es negociable.
Mientras tanto, Sai se levanta para tomar los informes de la mesa de su contacto, y los lleva hasta Sakura.
—Quizá para ti tengan más sentido de lo que tienen para mí. Después de todo, son notas sobre la toxina y sobre la cura—acota Sai ante la lectura exhaustiva que despliega su compañera—. No necesito saber de medicina para reconocer que este pueblo necesitaba una solución de forma desesperada, y que, gracias a ustedes, un buen número de vidas fue salvado. Buen trabajo.
—Buen trabajo a ustedes. Fueron los que consiguieron esto—lo corrige Sakura, abstrayéndose un momento de las anotaciones y los diagramas para sonreírle al muchacho.
Al volver el foco de su atención a las páginas en sus manos, los ojos jades se le iluminan al tiempo que su mente va procesando la información allí escrita, notando que muchas de las teorías que Sasori y ella habían conversado durante los días anteriores, se prueban verdaderas con el pasar de las páginas. La toxina es una obra maestra cuidadosamente creada y la cura es tan específica que, de haberla encontrado sin saber qué es, la hubiera descartado por creerla una sustancia inútil a la medicina. Con total honestidad, la aprendiza de Tsunade debe admitir que resolver esto sin la ayuda de alguien que hubiese trabajado en el desarrollo de esta arma, les hubiese sido imposible a corto plazo.
Como desde el principio lo había imaginado, la descripción de los procesos que fueron necesarios para la creación y perfección de esta pesadilla, son tan complejos y costosos, que la simple idea de que un grupo de gente esté dispuesto a invertir en su creación le hace revolver el estómago.
"Es verdad, Akatsuki posee miembros que aterran en su capacidad de causar daño, pero la idea de que la ambición ciega pudiese llevar a civiles a crear tan abominable arma… Es aterradora en su propio mérito."
— ¿Es seguro mantenerlo con vida? ¿Sas…? —retoma Sakura, pero se autocorrige en un sólo parpadeo antes de decir el nombre del marionetista—. ¿Nuestro compañero no se opuso?
—Sí, es seguro, y sí, se opuso—le responde Sai con honestidad—, pero no te preocupes por él. Tengo maneras de convencer a la gente de cooperar. Maneras que no involucran terror, ni violencia. Eso ya lo puso en la mesa nuestro compañero. Además, Hiromu no quiere hacer nada que pueda ponerlo en la mira.
Sakura decide no discutir con el ANBU de Raíz tampoco. Después de todo, desde esa perspectiva puede ver bien el terror en los ojos del químico.
"No hay manera de que este hombre mueva un pelo en contra de Sasori. Además, conociendo a Sai, no hay manera de que él le permita hacer algo que ponga en peligro su vida." Piensa encargándose de apaciguar sus dudas por sí misma, pero esto deja paso a un pequeño dilema moral. Quizá este sujeto esté totalmente bajo el control de Sai, pero eso no quita que todavía es responsable por toda la muerte y sufrimiento que ella vio en este pueblo. Por mucho respeto que tenga a Sai y sus métodos, no puede mantenerse más en silencio.
—Tú colaboraste en la creación de esta arma. ¿Correcto? —lo interroga la kunoichi al incorporarse, dando unos pasos en dirección a su mesa de trabajo al tiempo que mantiene una mirada de severidad sobre él.
—Sí.
—Seré honesta, no confío en ti—continúa con el ceño fruncido ante la antipática asociación de aquel sujeto con las organizaciones terroristas—. Y no entiendo como Sai puede confiar en ti. No entiendo como alguien puede confiar en un sujeto capaz de causar tanto…
— ¡¿Y tú que sabes de por qué hice lo que hice?! —explota el hombre interrumpiéndola— ¿¡Crees que me gusta esto!? ¿Trabajar con esta clase de grupos? ¡En este momento, mi esposa e hija están en peligro! ¡¿Qué crees que les pasará cuando yo ya no les sirva?!
En medio del arrebato agresivo, por poco y la pipeta con la que estaba maniobrando acaba escurriendo su contenido en el suelo del laboratorio.
Tan rápido como calmo, Sai se interpone entre ambos.
—Nada les pasará mientras trabajes conmigo, eso fue lo que pactamos. Te dije que te salvaría, y lo hice. Ahora, te propongo otro trato: escucharás mi oferta esta noche, notarás que es razonable, y nada malo pasará… Ahora, Sakura…—el artista cesa de tranquilizar a su subordinado para voltearse a ella, dirigiéndole una sonrisa vacía—. Conversaremos afuera. Ahora.
Sakura se ve incapaz de contradecir su fingida amabilidad, así que agacha la cabeza y sigue a su compañero hasta afuera del laboratorio.
—Entiendo que desconfíes de este sujeto, pero no es un mal hombre—la instruye Sai en medio de susurros, una vez que la puerta tras ellos se cierra—. Ya lo investigué, y es solo un sujeto que se metió en donde no debía. Comenzó a trabajar en proyectos pequeños, sin saber en lo que se metía, hasta que finalmente se dio cuenta. La Serpiente tiene amenazada a su familia desde entonces. Incluso dentro de la Serpiente existen los casos grises. ¿Por qué crees que pude hacerlo trabajar conmigo? La Serpiente no le importa, sólo quiere mantener a su familia a salvo.
—Perdón… no lo sabía—se disculpa Sakura, mostrándose reticente al principio, más sorprendida y comprensiva una vez que consigue configurar la historia dentro de un margen lógico.
—No importa, tus dudas eran correctas. Además, me ayudaste. Él les temerá a ustedes dos, y por eso se sentirá mejor trabajando conmigo—suspira—, pero ahora te pediré que no regreses allí dentro. Te llevaré los informes del veneno a tu hospedaje. Hiromu y yo estaremos habitando en el albergue unas tres calles al sur de aquel en el que sé que ustedes están alojados. Hablaremos luego… y cuídate, que recién te recuperas.
Una vez ya aclarado todo, Sai vuelve a sonreírle una última vez antes de regresar a tratar con su alterado aliado.
Al quedarse a solas, la mujer se reprende a si misma por sus actos. No puede seguir juzgando de esa manera tan cabezadura, no después de aprender cuan poco realista es.
"Esta debe ser mi última recaída a esa clase de pensamiento."
Contrita y apriemiante, la médica regresa por el pasillo del que vino, volviéndose a encontrar con Sasori en el área de post operatorio, yendo en dirección contraria a la de ella. Para su sorpresa, el marionetista le expresa su deseo de retirarse del hospital.
—Pero tú te quedas—le aclara tan impasible como solía estarlo hasta el día anterior—. Aún tienes que permanecer bajo vigilancia pasiva unas horas más… Yo necesito retirarme más temprano que tarde.
Ella vuelve a extrañarse ante la nueva afirmación de su ex informante.
—Tú nunca necesitas retirarte más temprano que tarde. ¿Qué está pasando?
—Estoy dañado—le confiesa en voz baja, dejando escapar una pequeña mueca de fastidio al recordar el percance sufrido en la entrada del escondite—.Y tengo que hacer mantenimiento.
— ¿Por qué no lo hiciste antes?
—Lo haré ahora—le responde casi a modo de interrupción y evitando dar más detalles, mientras comienza a reanudar su camino a las escaleras que ella misma había dejado atrás hace un rato—. Nos veremos en el albergue. No puedo obligarte a que hagas caso, pero por favor permanece aquí hasta otro chequeo manual. En teoría, te encuentras saludable, pero mejor asegurarnos por completo.
.
.
En estos momentos, al marionetista le ocurre lo que a todo humano cuando el miedo se desvanece de su mente. El mundo recupera su complejidad, y las prioridades ignoradas reaparecen para reclamar las porciones de su mente que anteriormente habitaban.
Cuando se cambió de ropa en el baño del hospital, vio cómo las grietas en su costado se habían acrecentado, todo gracias a la frenética carrera que realizó hasta el pueblo. Tanta había sido su prisa por llegar con Sakura, que varios trozos de distintos tamaños se desprendieron de su torso durante el trayecto.
Ahora, tiene que realizar mantenimiento antes de que la pieza central de su cuerpo perdiese la estabilidad estructural. En realidad le desagrada carecer de materiales. No tiene cerca los instrumentos, ni los materiales adecuados para realizar un verdadero arreglo.
"No quedará otra que improvisar." Le habla su practicidad.
De este modo, el marionetista se va del hospital, y, a eso de las siete y treinta de la noche, consigue estar guarecido de la vista del mundo dentro de las paredes de su actual albergue.
Una vez que echa llave a la puerta y se descalza en la entrada del departamento, lo primero que hace es buscar una bolsa de arcilla seca que tiene guardada en el armario de la pared del recibidor.
En caso de que una emergencia como ésta se presentase, Sasori había tomado la precaución de traer consigo una moderada cantidad de arcilla seca proveniente del banco que había encontrado hace meses. Por supuesto que no planeó combatir ni salir dañado en ese momento, pero la prevención es lo que hace que esta clase de momentos sean solo una inconveniencia y no una catástrofe.
Luego, se dirige a las ventanas de la cocina-comedor y dormitorio, asegurándose de que estén bien cerradas y con las persianas bajas.
Una vez que el meticuloso artista se cerciora de que está ajeno a la vista del público, finalmente prosigue dar rienda suelta a su plan.
Parándose frente a la mesada de la cocina, saca el material grisáceo de su bolsa, y lo deposita dentro de un amplio recipiente de cerámica. Como no podía ser de otra manera, al agregarle agua al recipiente, el material demuestra poseer demasiadas impurezas. Impurezas que no hacen más que demostrar el origen silvestre y natural del mismo.
"No importa, no tengo actualmente el tiempo necesario para encontrar un mejor material."
Dejando el recipiente sobre el mármol, con la arcilla volviendo a su estado blando y lodoso, Sasori prende el horno y lo deja calentar toda la estancia. Mientras tanto, se remueve las prendas del torso una vez más, dejándolas caer sobre la mesa del comedor detrás de él. Luego inclina su pecho sobre la mesada, y termina de romper las grietas de su abdomen con ayuda de una cuchara. De este modo, los trozos de cerámica caen sobre el lavabo del mueble, donde puede verlos bien.
Con las grietas ahora reemplazadas por huecos de una simetría tal que no deja paso a la expansión del problema hacia los lados gracias al movimiento, el artista procede a untar la arcilla húmeda en una espátula, con la intención de unir el rompecabezas de fragmentos que se desprendieron de él.
"Fui tan descuidado…"
Esto no es propio de él. En ninguna ocasión anterior había sido tan despreocupado con su propio cuerpo, ni siquiera durante su primera batalla contra Chiyo y Sakura.
"Este día es uno en el que ocurrieron demasiadas primeras veces." Se queja mientras se dedica a rellenar la ausencia de cerámica en su torso con parches de arcilla blanca.
Además, esta es la primera vez que no se ocupa de su cuerpo inmediatamente después de haberlo dañado, y es la primera vez que no borra sus huellas al viajar. También, es la primera vez que se abandona a la ira en el combate… También esta es la primera vez que se esfuerza tanto por salvar una vida.
"Y ni siquiera eso pude lograr."
Un pequeño brote de frustración le surge desde lo más hondo cuando recuerda que no fue capaz de hallar la cura por sus propios medios, mas logra ignorarlo sólo para poder mantener el ritmo de sus reparaciones.
Pese a sus esfuerzos de mantenerse en foco en una única tarea, el shinobi está demasiado intrigado por sus inusuales actitudes, y no puede evitar volver a divagar sobre los eventos de los últimos días. Puede entender por qué Sakura le importa tanto. Puede entender por qué está tan interesado en protegerla. Eso ya no es ninguna novedad para él, pero escapa completamente a su entendimiento el por qué estos factores lo afectaron tanto anoche.
Da mil y un vueltas a este asunto, hasta que la mayoría de las piezas desprendidas de su torso son unidas en dos fragmentos de mediano tamaño. ,Con cuidado, une estos dos a su torso limpiando el exceso de arcilla.
Ahora, deja la espátula en la mesada y se acerca a la cocina. Decidido a que los parches secasen cuánto antes, abre la puerta del horno de par en par, y procede a sentarse lentamente en el suelo frente al artefacto, para así recibir cada oleada de calor de primera mano.
A pesar de no poder sentir dicho calor más que en una pequeña fracción que sólo roza su núcleo, de repente éste le hace sentir como si aún estuviese dentro del incendio de la base de la Serpiente.
Tantas muertes fueron causadas por él anoche… Esta no es la primera vez que participa en una masacre, ni tampoco fue esta la mayor masacre que él siquiera protagonizó.
"Pero, aún así... esta fue diferente."
Se conoce a sí mismo. Sabe que no solo los asesinó para proteger su identidad. Quizá sí mató a los primeros por este motivo, pero tampoco los asesinó para salvar a Sakura… De hecho, en caso de que su única motivación en aquel momento hubiese sido salvar a su compañera, también lo habría comprendido.
"No. Los maté por venganza."
Ahí está otra primera vez que se suma a la lista.
"¿Por qué tantas hoy?" Se vuelve a preguntar, frustrado consigo mismo al no hallar ninguna explicación plausible.
Finalmente, sus recuerdos se enfocan en las últimas conversaciones que tuvo con la espía que envenenó a Sakura.
"Morirás allí dentro, y tu noviecita y yo moriremos también."
Esa fue otra primera vez. Sunako estuvo equivocada en muchos aspectos al decir eso. Aún así, fue la primera vez que el marionetista estuvo involucrado en ese tipo de confusión.
Pensándolo bien… La confusión no debería sorprenderle. Desde la perspectiva externa, es comprensible, pero, desde su propia perspectiva… pensarlo desde su propia perspectiva le da otro motivo más para confundirse.
Sakura es... Para empezar, no es su novia. Incluso así se ve obligado a excluir el decir que es su contacto, porque ciertamente es más que eso.
"Mi fuente de inspiración."
Eso suena más convincente, pero no lo suficiente como para sentirse cómodo al responder sólo con eso.
"¿Una amiga?"
Quizá eso tiene algo de sentido. Siendo honesto, la relación que están llevando desde hace ya un tiempo, podría encajar dentro de los límites de la amistad. Justamente porque esa clase de relación existe desde hace tiempo, esa respuesta no lo deja satisfecho tampoco.
"¿Por qué tantas primeras veces hoy? ¿Por qué estoy siquiera pensando esta basura? ¿Qué me importa?"
Casi emite un grito de frustración ante su incompetencia para comprenderse a sí mismo, pero no quiere agregar más primeras veces a la endemoniada lista.
.
.
Ya no quedan rastros del sol en el mundo para cuando Sakura realiza sobre sí misma los últimos estudios y pruebas que verifican su salud.
Aunado a esto, los pacientes están teniendo cada vez más intervalos de lucidez, y su progreso se ve tan prometedor como el suyo propio. Sin lugar a dudas, un aire nuevo se está respirando en el hospital, uno que no había visto desde que puso un pie en él.
En respuesta a este positivo cambio de panorama, una sonrisa verse en el rostro de todos sus compañeros de trabajo.
Por otra parte, Sai y Hiromu se retiraron un par de horas antes del anochecer, tan misteriosos como siempre, luego de haber creado las últimas dosis de antídoto necesarias. Siguiendo con los turnos, ahora es el de ella misma de retirarse.
"Es el fin de la misión." Piensa la aprendiza de Tsunade, contagiándose del alivio del resto del personal.
A este paso, mañana sólo tendrá que atender los últimos pacientes más complicados, y luego podrá dear este asunto por finalizado.
Alegre ante la idea de volver a su aldea en una pieza, Sakura sale del hospital con destino al albergue que compartió con el marionetista durante todo este último tiempo.
"Tenemos el antídoto, y tenemos las notas para recrearlo. Esta arma ya no amenazará a más inocentes."
No hay palabras para describir lo realizada que se siente en este momento, después de tanto luchar por llegar a este punto. Siente que debe agradecer a sus compañeros otra vez. Después de todo, sin ellos dos, esto jamás habría sido posible.
Embebida en este nuevo estado de jovialidad, arriba al hospedaje sólo para encontrarse con un escenario muy distinto.
Al poner un pie de regreso en el mono ambiente, siente una avalancha de aire caliente impactarla de lleno, casi sofocándola. Descalzándose a toda prisa, y dejando su bolso colgado en la pared, camina hasta las ventanas para abrirlas a todas de par en par, aún con las persianas abajo. Luego, se aproxima a la cocina, topándose con la espalda de un meditabundo pelirrojo que, a pesar de haber notado su llegada, aún permanece sentado en el piso con la mirada perdida en el horno.
—Dios, aquí hace un calor infernal—se queja Sakura irrumpiendo en la escena para apagar el horno, sin intención alguna de consultarle a su compañero.
En estos momentos, está considerando seriamente que exista algún riesgo de incendio.
No obstante, Sasori no se inmuta ante su acto. Por el contrario, responde de una manera totalmente ausente, evitando dirigirle la mirada a propósito.
—Limpiaré el desastre de arcilla cuando el material se haya endurecido. Hasta entonces, tengo que permanecer quieto.
Sakura observa la mesada frente a ella, manchada de la arcilla blanca del bol y la espátula. Luego, mira el torso remendado de Sasori… Es la primera vez que ve vulnerabilidad física en él, por lo menos desde que combatió con él por primera vez.
El costado del pelirrojo normalmente es suave a la vista, y de un color indistinguible al de la piel humana, pero ahora está cubierto por gruesas líneas grisáceas, contrastantes y ásperas en comparación al resto. Además, puede ver con claridad cada grieta, y cada fragmento tras las líneas de arcilla que mantienen unidos los trozos.
La kunoichi conserva el silencio por un instante, mientras la autocrítica en ella comienza a funcionar en el momento mismo en que se pone a pensar en las implicaciones.
No puede decir que lo entiende en su totalidad, pero sabe cuán importante para él son las marionetas, su cuerpo y sus estándares de belleza.
"Y ahora, él tiene esas imperfecciones en su cuerpo..."
La mujer sabe que esto no es "su culpa". Sasori es un sujeto más que capaz de defenderse, de combatir, y de tomar decisiones arriesgadas. Conociéndolo como lo hace, ni siquiera está molesto por su propio accionar. Él hizo lo necesario para eliminar a sus enemigos, y para proteger su fuente de inspiración. Los riesgos de salir herido fueron considerados y aceptados desde el principio. No, no se siente culpable, pero sabe que si ella hubiese estado más atenta, si hubiese prestado más atención ese día, en vez de dejarse envenenar como una idiota… Si hubiese hecho mejor su trabajo, podría haber estado presente en la base, y su cuerpo no se habría roto. Quizá no sea una consecuencia directa, pero ver los frutos de su propia incompetencia ser pagados por su compañero es algo que a ningún shinobi de Konoha le agrada.
—No te molestes. Yo me encargo—dice al hombre a sus pies, ofreciéndose a limpiar el desorden creado por las reparaciones— ¿Hay algo que no deba tocar, o ya terminaste de usar todo?
—Ya terminé.
Se siente tan molesta consigo misma, que por un segundo se olvida del calor que hasta hace antes la incordiaba. Es obvio desde su perspectiva que esa "cicatriz" es algo que está jodiendo a Sasori.
"¡Si hasta lo vi destruir sus obras, por errores mucho menores que ese!" Se espeta por dentro, a la vez que se promete a sí misma que no volverá a cometer errores tan estúpidos a futuro.
Por ahora, Haruno opta por limitarse a limpiar las manchas de arcilla de la mesada, y a poner un poco de arroz a hervir en una olla, mientras deja que Sasori siga sentado frente al horno que, incluso luego de apagado, sigue rezumando unas pequeñas ondas que llegan a acariciar los parches.
Totalmente ajeno a las inquietudes de la mujer, el ex Akatsuki se encuentra paralizado por la duda, enfocando casi toda su mente en entender qué fue lo que cambió. En estos momentos, ni siquiera está pensando en las imperfecciones de su torso. Está demasiado ocupado por las novedades en su cabeza.
Le desagrada no comprenderse. No solo es peligroso, sino verdaderamente frustrante. Ya hay demasiadas anomalías, todas acumuladas en muy poco tiempo, y, si bien puede identificar que algo cambió, actualmente tiene encima una incertidumbre muy similar a aquella que le poseyó al descubrir que la voluntad puede ser eterna.
Sin embargo, por mucho que exprima su cerebro en identificar las opciones, no puede esclarecer que es lo que cambió esta vez, ni cuándo. Esto es nuevo en su naturaleza. Frustrado a más no poder, repasa de nuevo los acontecimientos de los últimos días, en un esfuerzo por dilucidar alguna pista, pero lo único que consigue es recordar la desesperación, urgencia e ira de sus recientes experiencias. Toda esta gama de emociones afloran de golpe y lo hacen llevarse ambas manos a jalarse el cabello.
— ¿Te encuentras… bien? —pregunta Sakura luego de haber pasado un segundo por el baño, atreviéndose finalmente a decir algo respecto al extraño comportamiento de su compañero de habitación.
— Sí... sólo confundido—le contesta Sasori con honestidad, fracasando por completo en emitir un tono de voz capaz de convencerla— ¿Cómo fueron las cosas en el hospital?
—Más que bien. Todos los supervivientes están en camino a la recuperación.
—Ten cuidado—la advierte cuando la siente acercarse—. Pasé demasiado tiempo cerca del fuego del horno. Si te acercas, podrías quemarte.
Las palabras, así como la voz que las compone, suenan demasiado agresivas. Quien las emite sabe que la fuente de su confusión está de alguna forma relacionada con Sakura. Por esto mismo, necesita aislarse de la fuente para comprenderse a sí mismo, antes de que un segundo cambio ocurriese sin que pudiese siquiera comprender el primero.
La chica, sorprendida por la repentina arisquedad, se detiene en seco justo detrás de su espalda.
— ¿Te estoy molestando? —se decide por cuestionar con una ceja alzada, por demás involucrada en lo que sea que esté ocurriendo. Llegado este punto, Sakura no puede no reconocer que esto no es normal.
— No. No es que me molestes. Si fuese el caso, te lo hubiese dicho—prosigue el renegado, mientras siente la presión de un millar de palabras no dichas acumulándose en la base de su mecánica garganta.
Esta no es la respuesta que Sakura esperaba. No es la respuesta que quería. Si está molesto por las grietas en su cuerpo, puede simplemente decírselo a la cara. Es verdad que no puede definir qué es el pelirrojo para ella, pero, sea lo que sea, siente con claridad que una respuesta evasiva no es algo aceptable entre ellos.
"No después de todo lo que ocurrió" Se dice la mujer, comenzando a fruncir el ceño con disgusto ante el desdén inmerecido de aquellas palabras.
—No voy a dejar de insistirte hasta que me lo digas—se cruza de brazos— .He crecido desde que peleamos por primera vez. Creo que puedo escuchar.
Por su parte, ella suena exigente, casi con enfado. Esta situación la molesta, puesto que el marionetista nunca dio rodeos con ella. Sentir que le está ocultando algo es demasiado irritante.
De repente, y sin previo aviso, Sasori demuestra reacción ante ese tono de voz. Lo siente como una demanda, como una exigencia, y él ya había fallado en su intento de salvarla. Se lo debe.
En esta nueva oportunidad, el shinobi se pone de pie con lentitud, y se gira del mismo modo para verle el rostro por primera vez desde que llegó.
—Está bien… te diré que me está pasando. ¿Por dónde empiezo?... El hospital comenzó a temblar, como si fuese a caerse. Subo a ver que está ocurriendo y te veo agonizando. Sí… definitivamente empecemos por ahí...
A partir de allí, se adviene su verdadera descarga. Su tono ya no es el contenido de las respuestas anteriores. Y las palabras estallan tan rápido que ella no tiene tiempo de siquiera abrir la boca.
— ¡No tienes idea de lo que fue verte morir! —exhala con el ceño más fruncido que nunca, mientras su torso comienza a moverse de manera orgánica, alimentando con aire un par de pulmones inexistentes—. Oh… pero no terminó allí. Luego, encuentro a la imbécil que te envenenó a cinco metros de tu camilla. Y en cada condenado minuto que pasé con ella, hasta que logré que me lleve a la maldita base, solo podía rezar que no te haya envenenado con otra sustancia antes de que le atrapase ¡Y eso no es todo! Llego a la base, y mato a todos y cada uno de los bastardos responsables. ¡Más de ciento veinte imbéciles masacrados! ¡¿Y PARA QUÉ?!
A este punto de su airada pérdida de control, Sasori ya ha abandonado la dureza de su semblante, y en su lugar, amaga a cada instante con esbozar una sonrisa demencial.
Ante el escenario, Sakura se queda encogida en su lugar con los ojos abiertos de par en par, y ambas pupilas hechas un pequeño ovillo en el centro de sus jades. Incluso presencia al marionetista quebrar su tono de voz cuando le grita esas últimas dos palabras. No estaba preparada para afrontar una reacción así… No había manera de esperarlo. No había manera siquiera de imaginarlo.
— ¡Estaba en llamas! ¡TODO EL LABORATORIO ESTABA INCENDIÁNDOSE! ¡Ese viejo maldito prefirió destruir todo, antes que permitirme una chance de salvarte! ¡ESTABAS MUERTA! ¡MUERTA! —repite con la frialdad de sus orbes ármbar hecha trizas tras el cúmulo de desesperación que se proyecta detrás de ellos— ¡FRACASÉ! ¡ESO FUE LO QUE PASÓ! ¡ESO ES LO QUE PASA!
A este punto, el esfuerzo al que vino sometiendo a su torso, recién arreglado, prueba ser demasiado. La arcilla se quiebra, y los trozos de cerámica unidos por ella caen al suelo, abriendo nuevamente un hueco en él... permitiendo que su interior se mostrase expuesto.
—El único motivo por el que vives es por Sai—sentencia por último, de un modo fatalista que la mujer jamás había oído provenir de él—Sin importar mis esfuerzos, si fuese solo por mí… habrías muerto…
Habiendo soltado el nudo en su garganta, Sasori siente otra vez ese único agotamiento que por primera vez había experimentado hace unas horas.
—Eso es lo que pasa—repite en un susurro ante el silencio, y la mirada confusa y casi asustada de la primer persona que vio tanta humanidad en él desde hace ya tanto tiempo.
—Estás equivocado…—es lo único que atina a decir ella con sus ojos comenzando a humedecerse, antes de que volviese a ser interrumpida.
—Necesito… Necesito estar solo—pide el hombre, pasando a apoyarse contra la mesada en medio de su racha de honestidad.
Demasiado aturdida, saturada y contrariada por lo que acaba de pasar, Sakura sólo puede dejar que sus pasos la guíen a la puerta, respetando los deseos del ninja que la acaba de dejar desprovista de raciocinio alguno.
—Gracias…—es todo lo que le dice antes de dejarlo solo con sus pensamientos.
Durante los instantes siguientes a la partida de su compañera, Sasori sólo permanece apenas en pie, recargado casi en su totalidad contra el mármol, y rodeado por los fragmentos rotos de su torso. Se halla demasiado sorprendido por sus propias palabras como para darle algo de importancia a su cuerpo físico.
"¿Qué demonios fue eso?"
Se pregunta a sí mismo, aún incapaz de remover de su mente los miedos que le habían plagado hace horas.
¿Por qué? ¿Por qué tantas primeras veces? ¿Por qué esta estúpida demostración de frustración? ¿Por qué mierda le importa el método en que Sakura se haya salvado, mientras todavía permanezca viva? ¿Qué demonios cambió?
"(...) que tu amada sufra una muerte horrible."
Escucha la voz de Sunako en su memoria, que regresa esta vez no para torturarle, sino para responder a sus tantos interrogantes.
Totalmente sorprendido por la recién descubierta magnitud de lo que está ocurriendo, termina de dejarse caer al suelo.
"Ese… Ese es un cambio que no esperaba." Es lo único que su mente llega a procesar durante los instantes que siguen al shock inicial.
Sus ojos vuelven a la realidad por un instante, y observan los fragmentos rotos, mientras su cuerpo toma un largo respiro, aceptando la nueva realidad que lo envuelve.
Sólo para afirmarse a sí mismo, Sasori se permite hacer uso de la soledad que lo envuelve para formular su descubrimiento en voz alta.
—Pues… la quiero… Y ahora… ¿Qué?
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Notas de autor(lahonestidadenmi): Esto está saliendo en medio de mi época de exámenes, así que si desapruebo les echo la culpa a ustedes… mentira… pero verdad. XD
Ahora, siendo un poco más serios, Co-autor y yo esperamos que hayan disfrutado el episodio, porque verán por el largo del mismo que escribirlo nos costó a ambos uno de nuestros respectivos órganos genitales. El episodio está un poco cargado de contenido y tiene más de una vuelta de trama así que estamos en particular interesados por ver qué opinan de este.
Bueno, uno de los personajes ya dio medio paso. Solo nos demoramos *revisa a ver cuántos capítulos tiene el fic porque no se acuerda* Treinta y siete episodios… mierda… gracias por la paciencia.
