Descargo de responsabilidad: Harry Potter y casi todos los personajes son propiedad intelectual de J.K. Rowling.

Traducción al castellano, autorizada por la autora, del original en francés Il fallait bien ça

Autora: labulle

Hacía falta todo eso

Capítulo 37 – Antídoto

–Harry, dame el gusto y afeitáteme esa barba.

–Lo siento, Molly. Pero Ginny fue muy clara. Si llegara a ceder a sus demandas, mi luna de miel corre el riesgo de terminar mal. –replicó Harry jocoso.

–Así es. ¿No te parece que esa barba de tres días le otorga como una arista salvaje? –gritó divertida Ginny desde la pieza contigua.

La señora Weasley gruñó por lo bajo decepcionada. –Oh bueh… está bien. Pero por lo menos enderezate esa corbata.

Molly estaba súper ansiosa. ¿Acaso no era lo normal? Uno no festeja el casamiento de la única hija todos los días. Iba y volvía sin parar de la pieza de Ginny a la de al lado en la que se preparaba Harry para ver que todo estuviera bien.

Harry encontraba bastante exasperante ese comportamiento tan invasivo; desde que se había arreglado con Ginny, tres años antes, Molly se había vuelto demasiado maternal para su gusto. Y todo indicaba que la cosa iba a empeorar más aun una vez que pasara oficialmente a formar parte de la familia.

–¡Mamá, andate! El padrino soy yo, es a mí al que le corresponde ayudar a Harry. –Ron acababa de entrar y venía en su auxilio, sabía que Harry no se animaba a contradecir a su mamá, a Ron mismo le había costado años llegar a atreverse a ponerle freno a sus modos fastidiosamente protectores.

–Y cumpa, ¿ya estás listo?

–Prácticamente… pero tengo que confesarte que me está matando el miedo… escénico. Habría preferido que no hubiera quinientos invitados.

–¡Ah eso! ¿Pero qué otra cosa era de esperar? ¡El casamiento de El Que Sobrevivió! –se burló Ron, Harry se dio vuelta para que no se le viera la mueca disgustada, había esperado que con el tiempo toda esa historia del El Que Sobrevivió pasara de una vez y para siempre al olvido. Desgraciadamente no había sido así.

–¿Tenés que darme algún consejo de último minuto, señor marido de Hermione Granger? –dijo Harry con provocación burlona.

–Y no… lo lamento. A mi me tocó la más perfecta de las mujeres, y todo marcha sobre rieles; a vos, en cambio, te tocó mi hermana… lo único que puedo hacer es compadecerte… –Harry le tiró con un almohadón a la cara, Ron cayó sobre la cama doblado de risa.

–¿Querés que te recuerde la última pelea? Ese cuento de que todo marcha sobre rieles andá a decírselo a otro. –se vengó Harry.

–Bueno… –rezongó Ron– fue mi culpa, pero ya aprendí la lección, nunca más me voy a olvidar del aniversario. Se puso de pie, caminó hasta a Harry y lo abrazó. –Estoy muy feliz de que te cases con mi hermana, Harry. No podría llevarse un mejor partido.

Harry se limitó a palmearle la espalda. Estaba muy emocionado como para decir nada. Y también se sentía muy culpable. Nunca había encontrado el valor para hablar con nadie de todo el asunto Draco, quien seguía desaparecido, nada se había sabido de él en esos tres años. Las pociones lo ayudaban a poder vivir sin él, pero le había sido imposible olvidarlo. No obstante, estaba convencido de amar a Ginny. Ella había estado allí siempre que la había necesitado, con ella había logrado consuelo. Mucho era lo que le debía.

Le había tomado bastante tiempo decidirse, pero finalmente le había pedido que se casara con él. Estaba convencido de que era lo mejor. Si ese condenado sortilegio nunca hubiese tenido lugar, ella habría sido la mujer de su vida. Lo único que lamentaba era haberle ocultado la verdad, nunca se había animado a confesarle todo. ¿Era acaso imprescindible decírselo? No serviría sino para causarle infelicidad y no había nada que pudiera solucionarlo.

–¡Vamos todo el mundo! Tomen sus lugares, los novios ya están listos. –se desgañitaba la señora Weasley yendo de pieza en pieza para arrear a los Weasleys desperdigados por toda la casa.

–Vuelvo enseguida, Ginny. –dijo Harry. De golpe la falta de Draco se le había ahondado, era algo que no había pasado desde hacía mucho tiempo. De un cajoncito disimulado sacó un frasco violeta que contenía un líquido pardo. Bebió un sorbo e hizo una mueca. Snape era el que se la había estado proveyendo todos esos años, Harry estaba convencido de que las hacía tan amargas a propósito. Sonrió, no lo había vuelto a ver personalmente pero su opinión sobre el profesor había cambiado completamente. Le había enviado una invitación para la boda, Snape no había contestado confirmando su asistencia.

Todos estaban en el jardín, la casa vacía parecía envuelta una en atmósfera de ensoñación, de irrealidad. Se miró una vez más al espejo y se acomodó la corbata, aunque no era realmente necesario, salió del cuarto y bajó las escaleras.

El sol entraba a raudales en la sala, hasta encandilar incluso. Buscó reparo en la sombra a un lado de la ventana y miró al exterior. Centenas de personas, una gran barahúnda. Ahora que trabajaba para el Ministerio como auror no había podido impedir que su boda se transformara en el gran evento de la temporada.

Fue recorriendo con la vista a los asistentes. Los Weasleys ya estaban casi todos sentados en las primeras filas. Todos ellos lo habían ayudado de una manera o de otra. Se consideraba desde hacía mucho parte de esa familia, ahora formaría parte de ella oficialmente. Ginny estaba despampanante, como el más maravilloso sueño plasmado en realidad. Estaba hablando y riendo con Hermione, la madrina, de vientre abultado con un embarazo gemelar. Ron miraba a su mujer con los ojos llenos de amor. Se sentía tan feliz por ellos, la época en que había sentido aguijonazos de celos había quedado atrás hacía mucho tiempo.

Un resplandor le llamó la atención. El corazón se le aceleró en el pecho. Estaba a la entrada de La Madriguera, la brisa le despeinaba los cabellos rubios casi blancos. ¡No podía ser él! Pero la figura era inconfundible y estaba mirando en dirección a él.

A pesar de las pociones, todo lo demás dejó de tener importancia, su familia en el cariño, sus amigos e incluso su casamiento. ¡Tenía que ir a verlo, tenía que hablarle! Quería gritar de rencor y de dolor por haber sido abandonado. Quería correr hacia él y arrojarse a sus pies y abrazarlo fuerte contra sí. Quería derramar ríos de lágrimas de pena, de alegría, de incertidumbre. Tantos sentimientos juntos, contradictorios; y la rabia se fue apoderando de él porque recordó entonces que no se trataba sino de una ilusión y que en realidad detestaba a ese ser despreciable. Tuvo que hacer un esfuerzo titánico para no hacer nada de lo que quería hacer. Fue hacia él caminando con el aire más normal que pudo adoptar.

Había cambiado, estaba incluso más bello que en sus recuerdos. Los rasgos reflejaban madurez… y le sentaban pero que muy bien, llevaba los cabellos más largos.

–Me enteré de tu casamiento. Congratulaciones, Potter. –había hablado con tono sosegado, sin ningún dejo de ironía. En sus ojos Harry creyó adivinar una sombra de pena.

–¿Para eso viniste? ¿Para felicitarme? –el tono había sonado más hosco de lo que Harry hubiese querido.

–No, claro que no, no sólo para eso. Vine también a traerte un regalo de casamiento.

–¡Cómo? –eso sí que era algo inesperado.

Draco sacó de un bolsillo un frasco verde. –Aquí tenés. –contenía una poción vaporosa y efervescente. Harry lo miró sin comprender. Se trataba de un regalo muy extraño… y no le parecía que debiera aceptarlo.

–Tendrías que tomarla ya mismo, es una poción muy lábil, si demorás puede que no surta efecto.

–Supongo que no me creerás tan chiflado al punto de tomar así como así una poción de la que no conozco los efectos… y que viene de vos… si creés que haría algo así…

–Como quieras, Potter. Pero la poción sirve para neutralizar los efectos de Amor æternus… pero sos vos el que decide si…

–Ahora veo cuáles son tus verdaderas intenciones. Debería habérmelo imaginado. Viniste a divertirte torturándome… ¿y qué mejor que en día de mi casamiento? ¡Sabés tan bien como lo sé yo que no existe ningún remedio!

–¡Contené la furia y oíme bien, Potter! No existía… pero ahora existe. ¿Por qué creés que me fui? Aunque sea algo que tu cerebro de bestia no pueda llegar nunca a asimilar, yo lamenté… lamenté profundamente haberte hecho sufrir todo eso. –Draco levantó un dedo admonitorio para que se tragara lo que fuera a decir y que lo siguiera escuchando– Partí… el día que murió mi padre, partí determinado a encontrar un remedio. Mi padre tenía un libro que trataba el tema, decía allí que un experto, Ernest Gramms había encontrado la cura, pero que se había perdido. Fueron tres años de investigaciones pero he podido lograr el objetivo.

Harry lo miró a los ojos. ¿Cómo creerle? Con lo malo…lo pérfido que era.

–¿Qué prueba tengo de que me estás diciendo la verdad?

–Nada. Sólo este frasco de poción. ¡Y mirá la hora que es! Si no te decidís pronto la gente va a empezar a pensar que plantaste a la novia frente al altar. Eso sí que sería triste.

Con renuencia Harry le aceptó el frasco. Lo destapó, volutas malva de vapor escaparon por el gollete, el olor era dulce y floral. Miró a Draco directo a los ojos y la bebió. Sintió un intenso hormigueo en todo el cuerpo, ¿le habría dado veneno? Cesó enseguida y luego tuvo la sensación de sentirse más liviano. Instantes antes había sido víctima del impulso imparable del sortilegio, ahora miró a Draco y supo que esa compulsión obsesiva había desaparecido. Era como descubrir un mundo nuevo, un mundo en que su deseo por Draco no era el centro alrededor del cual giraba todo lo demás.

Atónito, dejó caer el frasco al suelo. Tendió la mano y le acarició la mejilla, el pulgar bajó suavemente hasta la punta del mentón. Solamente percibió la agradable sensación de acariciar… nada más. Sonrió… rió. Era tal la alegría, tan viva… después de años del agobio de la tristeza. Estuvo a un segundo de tirársele al cuello para agradecérselo, pero pudo contenerse.

–No sé que decir…

–Generalmente en estas ocasiones se dice gracias, Potter.

Harry sonrió y se lo agradeció sinceramente.

–Y ahora andá con tu mujer, Potter.

–Yo… sí tenés razón… ¿Y vos? Vos…

–Volveré a partir. Seguramente pasaré unos días con mi madre y luego volveré al extranjero.

Por alguna razón la respuesta lo decepcionó.

–Bien. –dijo Harry agradeciéndole una vez más con un breve movimiento de la cabeza, y partió hacia el jardín de atrás y a la ceremonia. Dio unos pasos y se volvió.

–No tuve la ocasión de decírtelo antes. Mi sincero pésame por la muerte de tu padre.

–Gracias, Potter.

Harry se volvió y marchó hacia su boda.

Draco lo observó alejarse, le hubiera gustado haberle dicho lo que sentía. Que a pesar de los años de separación los sentimientos que le inspiraba seguían tan fuertes como entonces. Le hubiese gustado haber cerrado los ojos y soltar un suspiro dichoso cuando le había acariciado la mejilla. Pero se había contenido, la felicidad del rostro de Harry en ese instante era por el gran peso que lo oprimía y del que se había liberado. Resistir al impulso de abandonarse a la caricia lo había hecho sufrir, pero quizá eso era lo que se merecía. Era doloroso pero justo.

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Caminó hacia Ginny, no oyó los ruidos de los flashes, ni los reproches de la tía Muriel por haber demorado, ni las bromas que le gritaron los gemelos. Tuvo una sensación de vértigo, la poción se había constituido en un punto de inflexión, toda su vida tomaba una posición distinta y las perspectivas de futuro habían cambiado completamente.

Llegó junto a Ginny que estaba resplandeciente La sonrisa le iluminaba el rostro. La alegría encendía y resaltaba sus bellos rasgos. La música cesó y el mago oficiante acometió su parlamento con voz monocorde.

Cuando formuló la tradicional pregunta: –¿Tomas por esposo a este hombre? –Ginny respondió con un "sí" entusiasta. Cuando le tocó el turno a Harry su voz se oyó apenas.

–Ginny, –dijo tomándole las manos entre las suyas– Sabés que te amo. Pero necesito tiempo.

La sonrisa de ella fue apagándose poco a poco, y una pregunta afloró a sus labios pero no llegó a pronunciarla: ¿Cuál es el problema?

La misma pregunta y murmullos escandalizados brotaron en la concurrencia.

Harry trató de mantener los ojos fijos en Ginny. No quería mirar a sus otros amigos, como por ejemplo Hermione que estaba casi a su lado y que no ocultaba la desesperación por como se estaban desarrollando los acontecimientos. ¿Cómo podía explicarle que no podía casarse con ella en esas condiciones? Habían cambiado muchas cosas dentro de él, no había obstáculos que se interpusieran, ni impulsos incontrolables que empañaran sus verdaderos sentimientos. Y por lo tanto… y por lo tanto todo lo que tuviera que ver con sus sentimientos debía enfocarse y analizarse con una nueva óptica. Tenía la impresión de que decir "sí" simplemente podría terminar siendo un gran error.

Los ojos de Ginny empezaron a llenarse de lágrima, que fueron lentamente corriendo por sus mejillas. Le suplicaba con la mirada que no le hiciera eso. Él solo pudo negar con la cabeza, no había explicación que pudiera haber servido.

–Perdón, Ginny. No puedo. Creeme, a la larga resultará mejor para los dos.

Se alejó rápidamente entre las exclamaciones indignadas de los invitados. Se dio vuelta un instante antes de desaparicionar. Ginny lloraba, el rostro escondido en sus manos, sentada en el suelo, el voluminoso vestido desplegado en blanca corola a su alrededor. Los ojos celestes de Ron lo fusilaban con una mirada negra.

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