Disclaimer: Ninguno de los personajes, del mundo de Harry Potter, me pertenecen. Todos pertenecen a JK Rowling. La trama es de BelleOfSummer.
Esté capitulo fue beteado por HunterLight Araiza.
"Almost Perfect, Almost Yours"
Capítulo XXXV
"La Nymphe et Ses Baisers"
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Él no podía esperar.
Draco no podía esperar para que terminara, tal cual como lo deseaba cada noche emblemática de esta violencia sin fin.
Él estaba de pie allí; apático, indiferente…mientras que una de las sangre sucias que ellos habían capturado esa noche lloraba y gritaba mientras que su propio grupo jugaba con ella, tirando de la pobre niña mientras se reían bulliciosamente, la empujaban y tiraban de ella entre todos, como si fuera una cosa, un juguete sin vida con el que podían jugar.
La chica se veía realmente joven, tal vez cuatro años más joven que su Hermione. Lo que más lo perturbaba era que ella tuviera los mismos rizos castaños como los de su Princesa.
Su Hermione iba a cumplir dieciocho en septiembre este año, así que estaba chica debería tener solo catorce años.
Fue vista escapando en el bosque con algunos renegados de Hogwarts, uniéndose a esos jóvenes que estaban organizando un programa de radio pirata llamado Pottervigilancia en un intento de aumentar la moral de las personas involucradas en el movimiento anti-Voldemort. La radio clandestina era tan estúpida como su nombre. De todas maneras iban a ser asesinados. No tenía sentido. ¿Dónde estaba su precioso Potter ahora? Vivo y ocultándose mientras los demás morían protegiéndolo.
Fue Montague quien atrapó a la chica, egoístamente, Draco podría agregar. Había intentando llevársela con él en secreto sin ni siquiera compartir la noticia con los otros.
Draco sabía que de alguna manera Montague gustaba de la chica cuando lo atraparon nervioso tirando de ella para alejarla de la espantosa manada. Realmente no podía culparlo. La chica terminaría sin vida y hecha pedazos si ellos la llegaran agarrar. Greyback y los otros les encantaba torturar sus víctimas antes de finalmente destrozarlas.
Draco sabía que Graham Montague siempre le habían gustado las chicas que fueran más jóvenes que él. Bastardo enfermizo. No era que fuera viejo, por supuesto. Solo era unos meses mayor que Draco, pero parecía que gustaba de niñas incluso de doce años.
Sin embargo, esta vez, Draco parecía percibir que él en verdad le importaba esta chica, de alguna manera por más raro que sonara ya que este era Montague.
Pero él estaba parado junto a Draco, temblando cuando observaba a la chica llorar y pidiendo ayuda a los gritos mientras que los Mortífagos la empujaban de un lado a otro como si fuera una muñeca rota. Al parecer, ellos se conocieron en la escuela. Se pudo dar cuenta por la manera que se miraba el uno al otro.
Normalmente, a Montague le encantaba unirse a la diversión. Sin embargo, esta vez, él estaba en un rincón e incluso de vez en cuando miraba a Draco como si le estuviera rogando que diera la orden a la manada para que detuviera todo.
Draco era el jefe del grupo y tenía completa autoridad para comenzar y terminar una diatriba. Era parte del círculo interno de la fuerza élite e incluso Greyback estaba por debajo de él.
—Me estoy aburriendo. Quebremos a la chica. ¿Quién quiere ir primero antes de que juegue con ella y la mate? —Greyback rugió mientras que los fervientes Mortífagos rieron estruendosamente, disfrutando su pequeña sesión de jolgorio.
—Yo iré primero —Augustus Rookwood, un antiguo inefable quien participó en la emboscada en el Departamento de Misterios, declaró mientras se desabrochaba ansiosamente la hebilla de su cinturón Merovingian. La lujuria en su rostro y voz era demasiado marcada. Parecía un lunático desenfrenado.
—¡Ven aquí, sangre sucia! —él gruñó cuando tiró con fuerza de la chica que continuaba gritando y dando patadas.
Tal vez fueron sus largos rizos castaños. Tal vez era su uniforme Gryffindor. O la forma en que el Mortífago le gritó "sangre sucia".
O sólo era la manera en que ella lloraba y suplicaba.
Pero algo en Draco hizo clic. El bosque era demasiado oscuro y él no pudo ver bien su rostro. Todo lo que pudo ver fueron los rizos castaños de la chica, cubriendo su rostro cubierto de sudor y lágrimas. Le repugnó sin fin que la imagen de Hermione aparecería repentinamente en su mente.
Su Hermione estaba siendo empujada y arrastrada.
Su Hermione estaba cubierta de rasguños y heridas, llorando y rogando por su ayuda.
Su Hermione estaba a punto de ser violada y asesinada.
—¡Basta! —era demasiado para él.
—¿Qué sucede, Malfoy? —Rookwood frunció el ceño, tenso y molesto porque le habían ordenado detenerse.
Draco no dijo nada y le arrebato a la chica que lloraba lejos del brutal agarre del Mortífago. Ella estaba demasiado débil para incluso ponerse de pie por si sola y se había caído ferozmente en el suelo cuando Draco la soltó.
Montague estaba enraizado en su lugar, luciendo como si quisiera correr a su lado para ayudarla. Pero todos conocían sus lugares y nadie podía hacer nada sin que su líder lo ordenara.
La chica estaba ahora arrastrándose impotente en el suelo, juntando la poca fuerza que quedaba en ella en un intento de alejarse de sus captores. Su rostro seguía oculto en sus rizos castaños y desde ese ángulo no podía negar como realmente se parecía a Hermione…llorando, ensangrentada, y arrastrándose para salvar su vida. Eso destruyó a Draco.
—¿Cuál es tu nombre? —Draco le pregunto cuándo se arrodilló, apartando de inmediato el pelo de su rostro así la podía mirar bien. Necesitaba asegurarse a sí mismo que no era Hermione. Sonaba tranquilo, pero en el fondo estaba gritando para regresar a casa para que Hermione estuviera allí, arropada en las sabanas calientes de su cama, cómoda, viva y a salvo sin ningún rasguño en su impecable piel, ni siquiera con un corte de papel.
—N-Nesha, señor. Por favor déjeme ir, señor, por favor —la chica gimió, visiblemente temblando mientras lloraba y rogaba por su vida. Ella tenía iris de color verde claro mientras que su Hermione los tenía de color miel. Este hecho de alguna manera lo tranquilizó.
—Tú la atrapaste, ¿no es así, Montague? —Draco preguntó cuando se puso de pie lentamente, mirando a la chica débil y herida en el suelo.
Montague asintió, mirando fijo incrédulo a su amo como si estuviera intentando de descifrarlo.
—Entonces es tuya —Draco dijo finalmente después de un silencio ensordecedor.
—¿Qué mierda? ¡No puedes hacer eso, Malfoy! —Rookwood gritó —¡La regla de nuestra manada es ir a medias en cada captura! Esto es injusto, nosotros…
—Yo hice esa regla y ahora estoy haciendo otra. Ustedes solo pueden hacer lo que yo les digo. Si quiero ser generoso, voy a serlo con aquellos que me han hecho bien. Si quiero castigar aquellos que me han fallado y no me han satisfecho, entonces lo haré —la voz de Draco golpeó al grupo como una amenaza fatal, sin dejar de recordarles lo que le sucedió a Blaise y porque él no estaba allí en el grupo ahora. Toda una noche de tortura con maldiciones cruciatus podían tener ese efecto.
—Hemos terminado por esta noche —Draco dijo con firmeza —.Tú la atrapaste, entonces es tuya, ahora ya no te debo nada —le dijo a Montague. Éste asintió estando de acuerdo, sabiendo muy bien que Draco todavía recordaba la noche cuando él encontró el collar de Hermione. Al menos, eso había consolado al rubio en los momentos cuando él pensó que ella se había ido. Al menos le había impedido matarse. Y por eso, desde ese momento había esta deuda implícita de gratitud entre ellos.
—Gracias, milord —Montague se inclinó ante él antes de correr para llevarse a la niña con él.
En medio de las interminables quejas del grupo, Draco dio media vuelta desinteresadamente para aparecer en su casa, pero no antes sin echar un vistazo a Montague, quien había envuelto a la chica con su propia capa y la cargó delicadamente para llevársela con él.
Él no sabía porque se estaba sintiendo así. Una noche de espectáculo mortal nunca en verdad lo afectaba tanto. Siempre lo había odiado, si. Pero era un trabajo. Nada personal.
Pero aquella chica realmente tenía el cabello de Hermione. Si sus víctimas seguían teniendo el pelo largo y ondulado sería el fin de su reputación, ya que tenía la sensación de que él las salvaría a todas.
Esta fue la razón por la cual en este juego él tenía que ser más fuerte de lo que dejaba ver. Dicen que las personas hacen cosas con opciones, pero él no estaba de acuerdo con eso. Las personas eligen las cosas para sobrevivir, por lo que en realidad no tuvieron ninguna elección desde un principio. Era solo cuestión de sobrevivir. Era como endulzar un golpe. Pero tarde o temprano, todos serían azotados hasta los huesos.
Draco Malfoy era un hombre orgulloso.
Él nunca tuvo una opción pero se aseguró de estar siempre en cada una de ellas.
Si hubo algo que su padre despiadado instaló en él, era estar parado incluso con las piernas rotas. Tragar lo que uno ve, porque es la realidad. Las personas morían todos los días, verlos morir delante de uno no hacía ninguna diferencia. Iniciarlo tampoco hacía ninguna disparidad. Era tan simple como una transacción comercial, tenías que hacer lo que fuera necesario o de lo contrario descenderías de la competencia y perderías todo.
Mientras saltaba las escaleras de la mansión, pensó sobre el camino que había tomado, tal vez como cada hombre lo hacía en secreto. Sólo que el suyo era, en cierto modo, un poco inmenso. No podía culpar a nadie. Los Malfoy eran seres superiores. E incluso un rey tenía que sufrir una imperfección por su supremacía.
Él había sufrido durante meses. No fue tan fácil, pero lo hizo.
Su tortura fue más allá de la comprensión. El Señor Tenebroso quebraba sus huesos todos los días, sólo para volver a dejar crecerlos dolorosamente. Los cortes y hematomas se habían convertido en algo normal. Su garganta estaba cansada de gritar por un dolor insoportable pero no podía parar.
Una vez, su padre lo visitó en su entrenamiento. Él estaba en el suelo, con la cara aplastada, ensangrentada y dañada. Su respiración se estaba volviendo demasiado laboriosa. El suelo estaba lleno de su sangre y él podía saborear el sabor metálico.
Pero su padre estaba allí.
Necesitaba respirar. Tenía que sobrevivir. Cuando escuchó la voz de su padre cuando entró a la habitación, no pudo evitar tener ese sentimiento perdurable de felicidad. ¡Lo iba a salvar! Su padre iba hablar con el Señor Tenebroso para finalmente terminar su sufrimiento. Finalmente se iría de aquí. Finalmente iba a volver a ver a Hermione.
Su padre era un hombre duro, pero seguramente todavía lo amaba, ¿no? Seguramente salvaría a su hijo si estuviera muriendo. Seguro…
—¿Mantiene el nivel, milord? —Lucius Malfoy dijo arrastrando las palabras al Señor Oscuro, pateando levemente la vida casi inerte de su hijo, mirándolo como si fuera una propiedad para sacrificar.
—Estoy impresionado por la resistencia del muchacho. Pero todavía le falta—el Señor Tenebroso dijo en un tono aburrido, casi como si le estuviera haciendo un favor a Lucius.
—¡Él puede hacerlo, milord! Lo he entrenado por años y sé que no le fallará —.Lucius le dijo orgulloso, ahora mirando a su hijo como si lo impulsara a enmendar todo y ponerse de pie por su orgullo.
—Todavía tiene que probarlo, pero ya veremos —el Señor Oscuro contestó insípidamente mientras salía lentamente de la habitación, señalando a este último como si él y la presencia de su hijo fueran de poca importancia.
—Contrólate, Draco —Lucius estaba furioso cuando se agachó para ver los ojos que revoloteaban de su hijo. Estaba perdiendo demasiada sangre. ¿Por qué su padre no podía ver eso? Estaba muriendo. Necesitaba que su padre lo ayudara.
Draco ya no se podía mover, cada movimiento era agonizante. Pero se obligó a mover la mano así podía tocarlo. Cada centímetro de progreso se sentía como dolorosas puñaladas. Pero lo hizo. Había tocado la punta de la capa de su padre…solo para ser brutalmente pateado.
—Cuando caes, no tocas la capa de cualquiera y suplicas por piedad. Recuerda eso. El débil no tiene futuro en este mundo. Levántate y demuéstrate digno de siquiera ser llamado mi hijo —Lucius le espetó antes de salir por la puerta, dejando a Draco en ese frío calabozo, desangrándose, temblando con mucho dolor…
Hubo momentos cuando pensó que estaba listo para darse por vencido.
En verdad no tenía miedo de morir.
Tal vez era mejor morir. El mundo no había sido exactamente bueno con él como revelaron en El Profeta. Decían que Draco lo tenía todo, al ser el único heredero de la riqueza de los Malfoy, oh él estaba viviendo una vida encantadora. Mentira. Todas mentiras.
Justo en ese momento, él simplemente quería que todo se fuera. Sólo quería morir.
Pero sólo tenía mucho miedo de no poder volver a verla otra vez si lo llegaba hacer.
Él tenía una chica de regreso a casa. Ella estaba esperándolo. Todavía no podía morir. Le prometió que iba a regresar.
Ella lo mantuvo en marcha. Aceptó todo porque sabía que podía volver a ver esa sonrisa a tiempo. A tiempo. Sólo necesitaba ser paciente, ser más fuerte para los dos.
Fue entrenado para asesinar, aceptó la verdad. La primera vez que Voldemort lo llevo a una matanza, casi vomitó. Estaban en el medio del campo, juntando todos los sangre sucias, torturando y matándolos…eliminando la suciedad de esta sociedad, decía el Señor Tenebroso. Era una buena causa; una retorcida, pero era necesaria.
Durante meses, su mentalidad giró en torno a esa realidad. Tenía que ayudar a limpiar el orden social erradicando esas abominaciones. Eran criaturas desagradables que tenían que ser eliminadas. Así era el mundo.
Él estaba tan seguro.
Estaba absolutamente seguro de todo; hasta que regresó y le contaron otra verdad.
Para algunas personas, podría haber sido una tarde nublada normal.
Pero para él fue estremecedor. La Maldición Cruciatus de Voldemort era incluso mejor que tener que enfrentar la verdad de ese día.
—¿D-Draco? —Hermione tartamudeó, acercándose un poco más a él. Ella lucía…muggle. Llevaba un vestido sencillo, estaba viviendo en una casa muggle, con sus padres muggles.
Nunca quiso ir al mundo muggle pero tenía que verlo. Tenía que escucharlo de ella. Pero incluso después que lo hizo, seguía pareciendo demasiado irreal, como si estuviera en una pesadilla. ¿O murió durante una de esos meses de entrenamiento que pasó con el Señor Oscuro y esto era lo que llamaban limbo? ¿O el infierno?
No lo sabía. No quería saberlo.
Se puso de pie, pero no la pudo mirar. Ella tenía miedo de tocarlo, lo sabía. Pero él también tenía mucho miedo de tocarla.
—¿Qué tan cierto es esto? —él de repente preguntó firmemente, todavía mirando al suelo como si pudiera destruirlo con tan solo su mirada, no que fuera imposible ahora. Sonaba frío; incluso él no podía verificar su voz.
—¿A qué te refieres con esto? Esta es mi vida, Draco. Esta es la verdadera yo —ella contestó, sonando acusatoria y decepcionada a la vez. Él le había prometido, después de todo, que la amaría pase lo que pase. ¿Ella realmente esperaba demasiado de él?
La había extrañado tanto. Todo lo que en verdad quería hacer era estar con ella, abrazarla. Pero ella no era lo que él pensó que era. No sabía qué hacer.
Estaba tan confundido que pensó que la cabeza se le iba a explotar. Quería lastimar a cualquiera cosa, lastimarse a sí mismo, y lastimar a cualquiera. Pero no podía lastimarla a ella, no la podía tocar, no la podía mirar.
Porque era una sangre sucia.
—¿Qué tan jodidamente es cierto esto? —él gritó. Sabía la verdad, pero incluso la verdad podía ser increíble. Lo que una vez fueron sus mejillas pálidas ahora estaban manchadas con un rubor de enojo. Estaba temblando, y se estaba formando sudor en su frente, casi como si estuviera intentando contenerse de lanzar un Oblivion.
—Es-esta soy yo, Draco. Este es mi hogar. Esta es mi mamá —ella le dijo en voz baja mientras traía gentilmente su madre hacia ella. —Ella es dentista, como también lo es mi papá. Él todavía no llegó pero estará una vez que termine con sus consultas del día. Ellos son sanadores de dientes, una profesión muggle. Ellos son muggles y me aman. Soy hija de muggles, Draco. Pero sigo siendo yo. Todavía soy Hermione. Siempre lo seré —le dijo, casi ahogándose por el nudo en la garganta.
Su Hermione…su dulce, dulce Hermione.
Ella se había ido ahora, porque en realidad nunca fue suya.
No dijo nada.
No hizo nada.
Sólo se quedó parado allí.
Su rostro estaba alterado y tenso, casi como una roca transformada.
—Me dijiste que nunca me ibas a dejar —ella susurró quebrada. Ahora estaba llorando porque pudo ver la expresión de indignación en su rostro, él lo sabía —.Me lo prometiste, Draco…
Él no la pudo ver directo a los ojos. Simplemente no pudo.
No lo creía.
Todo este tiempo, ella era una de esas personas que él tenía que asesinar.
Ella era una de ellos.
Era una abominación.
Todo este tiempo, él estaba siendo entrenado para matarla.
Podía ver los sangre sucias que observó durante esa matanza mientras ellos gritaban y sufrían antes de morir. Pudo ver su sangre mezclada con el barro del suelo. Podía escuchar la risa de los Mortífagos, disfrutando de su dulce conquista. Uno a uno, sufrieron. Uno a uno, murieron.
Por su sangre…
Y él tenía que matarlos…matarla a ella.
En ese momento, vomitó.
Justo delante de Adrian. Justo delante de la propia madre muggle de Hermione. Justo delante de ella.
La crisis emocional del momento lo comió y lo tragó como una víbora. Su estomago tenía demasiado nudos, necesitaba expulsar el último de sus contenidos.
Su corazón palpitaba como un demonio, como si hubiera un agujero en algún lugar que él no podía identificar; un fenómeno cuando cada uno de sus latidos hacían que las válvulas lo exprimieran. Todo lo estaba estrangulando hasta la muerte, como si fuera un fino alambre que se estaba entretejiendo en todo los recovecos de su cuerpo, tan apretado que cada cuerda estaba causando que su piel sangrara.
Estaba temblando de puro dolor.
Era demasiado.
Y no podía llorar. Nunca antes había llorado delante de nadie. No sabía cómo hacerlo.
Pero sabía que sólo necesitaba salir de ahí.
Hermione lloraba impotente en los brazos de su madre mientras Draco se limpiaba rápidamente la comisura de los labios con el dorso de su mano. Se dio vuelta y corrió hacia la puerta, chocando un jarrón de vidrio cuando se tropezó un poco; sus piezas le cortaron las palmas mientras luchaba para levantarse y correr torpemente afuera, sin molestarse en sacar los trozos de vidrio de su piel rasgada.
Ella estaba llorando cuando él se fue, justo como lo hizo cuando él la dejo en esa fuente cuando eran niños.
Pero esta vez fue diferente. Demasiado diferente, ni siquiera podía calcular la cantidad de dolor que lo dejaba.
Algunos dicen que los hombres no lloran, corren.
Pero ellos estaban todos equivocados.
La verdad era que ellos corrían primero antes de llorar.
La verdad era que ellos se escondían antes de llorar.
La verdad era que ellos lloraban; sólo que no podían dejar que otros lo vieran.
Porque en ese momento, justo en ese momento, mientras corría como loco en la pintoresca calle del pueblo muggle, él estaba haciendo ambas cosas.
En ese terreno abandonado, gritó hacia el cielo, maldiciendo hasta que finalmente se cayó encorvándose en posición fetal, agarrándose el pecho como si pudiera desgarrarlo.
Sintió como si el mundo hubiera conspirado para burlarse de él, para jugar con él como un títere en un espectáculo de circo barato.
Él se sentía demasiado en conflicto de todo. Toda su vida había odiado una raza, pero a lo largo de esa vida se había enamorado de una de ellos.
Fue entrenado para matar a la raza de la cual pertenecía la misma persona que él moriría para proteger.
¿Siquiera eso tenía sentido? ¿Podría ser eso más incongruente que cualquier paradoja no convencional de este mundo?
Entonces tal vez él estaba en el limbo. En ese momento, en verdad deseaba estarlo.
Era mejor vivir en pie de guerra perdido que en un lugar donde jugaban con él, donde no había opciones.
—¿Princesa? —Draco la llamó mientras abría la puerta suavemente de su dormitorio. Probablemente estaba dormida. Se sintió sonreír inconscientemente cuando colocó un ramo de flores sobre la simple mesa de roble redonda junto a su cama. Su esposa adoraba las flores. Él podía darle más que eso si ella se lo pedía. Le podía dar el mundo.
La habitación olía a jazmines y rosas…tan cálido y etéreo. La habitación olía a su Hermione.
Se quedó parado allí, mirando la pequeña forma de su esposa, bajo la enorme manta. Esta vez, toda la manta cubría su pequeño cuerpo. Él frunció el ceño. ¿Tenía frío?
Agitó su varita en el aire, calentando un poco efectivamente el ambiente antes de sacarse la ropa y pronunciar un rápido hechizo de aseo para sí mismo. Por lo general, nunca tocaría a su esposa antes de darse un largo y minucioso baño. Una noche de guerra lo hacía sentir más sucio. Y ella era demasiado inmaculada y pura para su toque. No era digno de ella en absoluto.
Pero en verdad la necesitaba ahora. Después de lo que sucedió, todo lo que quería hacer era estar dentro de ella para asegurarse de que estaba allí, a salvo y protegida en sus brazos.
La cama crujió un poco cuando él se subió, entrelazando los brazos para abrazar su forma dormida. Fue solo en ese momento cuando se dio cuenta…
—¿Hermione? —él frunció el ceño, sintiendo que su corazón saltaba en su garganta cuando tiró apresuradamente de la gran manta voluminosa. Fue tan brusco que podía jurar que casi se hace un esguince. Su respiración estaba comenzando a contraerse cuando se levantó y vio las suaves almohadas hechas de pluma de ganso blanco europeo con flores de jacquard de seda sobre la cama vacía.
—¡Mierda! —él maldijo cuando se terminó de levantar de la cama y giro alrededor, buscando frenéticamente aunque sea su sombra, pero no había nadie allí.
El pánico lo envolvió como un loco huracán mientras revolvía la habitación y en la biblioteca a la que estaba conectada. Todo lo que podía ver era la imagen de Hermione siendo arrojada como la pequeña cautiva de Montague. Sus gritos sonaban en sus oídos como una campana resonante.
—¡Hermione! —él gritó escandalosamente mientras se ponía su bata apresurado y corría hacia el balcón, pero tampoco estaba allí. Podía jurar que iba a morir en cualquier momento cuando bajo a buscarla en su propio estudio, y todavía no aparecía.
—¡Luella! ¡Gertrude! —él gritó, convocando de inmediato a las sirvientas de Hermione quienes en ese momento estaban acompañadas por algunos de los elfos domésticos de la mansión.
—¿Q-qué sucede, milord? —la señora mayor, Gertrude, preguntó mientras todos se inclinaban nerviosos. Nadie quería que el amo de la mansión se enojara. Nunca.
—¿Dónde mierda está mi esposa? —él gritó acaloradamente, luciendo como si estuviera a punto de romper cualquier cosa en pedazos. Su pelo rubio estaba despeinado de una manera imposible. Estaba temblando de mucha ansiedad, y su bata de seda negra se pegaba a su piel cubierta de sudor.
—E-ella estaba en su habitación cuando le servimos la cena, milord —Gertrude explicó, alejándose inquietantemente de su amo enojado.
Draco no tuvo tiempo de ni siquiera responder cuando regresó corriendo hacia su dormitorio. Incluso la funcionalidad de sus piernas le estaba fallando cuando se arrastro hacia las escaleras, gritando su nombre una y otra vez como una persona que sufre de psicosis.
Él la estaba besando como loco. Era el verano de 1995 y había sorprendido a su novia ayer al visitarla en la mansión francesa de su tía Genevieve. Sólo tenían unos meses juntos y cada vez que se besaban nunca era suficiente.
El disco de gramófono de Hermione estaba tocando una canción francesa de fondo. Poniendo un ambiente cálido en toda la habitación, haciendo que todo se sintiera divino…más sexual.
Moi je m'en moque
J'envoievalser les trucs en toc
Les cagesdorées
Toiquand tu m'serrestrèsfort
C'estcomme un trésor
Et ça, et çavaut de l'or
Él estaba sentado en uno de los sillones de la época victoriana del lugar. Las piernas de color crema de ella estaban extendidas sobre su regazo mientras que su cabeza estaba reclinada en el borde del sillón como la diosa que era. Todo en ella era hermoso, incluso sus pies pequeños cuando sus dedos se curvaron por la excitación se veían celestiales para él.
Estaba levantando lentamente su vestido a lunares de verano más alto de lo que pretendía, y ella lo estaba dejando. Él sólo se detendría si ella se lo pedía, y estaba deseando con tantas fuerzas que no lo hiciera.
Sus piernas se sentían como las plumas más suaves, como aceite en sus manos…
Et d'envoyerailleursvalser
Les bagues et les coeurs en collier
Car quand on s'aime très fort
C'est comme un trésor
Et ça, et ça vaut de l'or
Él quería sentir más. Si tan sólo pudiera subir sus manos un poco más y…
—Draco —Hermione gimió cuando le detuvo las manos. Draco sabía que era la señal para detenerse. Significaba que había llegado un poco más lejos de lo previsto. Pero maldita sean todas las ardientes profundidades del infierno, la había extrañado demasiado. Simplemente necesitaba más.
De alguna manera, su pequeña sesión de besos se había salido de control, y ahora él estaba duro como una roca. La deseaba tanto que incluso se sintió patético por temblar de emoción y excitación.
—Hermione…—dijo jadeando, humedeciéndose el labio inferior mientras que su mirada se posó directamente en su pecho cubierto por el vestido pero se notaba que era más amplio. Notó como habían crecido en estos meses que estuvieron alejados.
—Creo que es momento de detenernos, Draco —Hermione negó con la cabeza mientras se ponía de pie —.La tía Genevieve puede regresar en cualquier momento —Draco quería llorar por su lamentable estado. Ella era su dulce locura; su malvada ninfa.
—Hermione…por favor. Puedo so…sólo echar un vistazo? —le pidió —¿Por favor? —no le importó si esta vez estaba siendo demasiado audaz con ella. Simplemente estaba muy desesperado.
Hermione siguió su mirada y bajó la vista en sus tres botones abiertos. Casi se estremeció al darse cuenta que su sujetador se asomaba a la vista. Cómo y cuándo, en verdad no podía recordar durante sus frenéticos besos.
—M-mi tía Genevieve podría volver y vernos —razonó, negando con la cabeza con frenesí mientras trataba de cerrar los botones sobre su pecho. Ahora estaba demasiado ruborizada. Sus suaves rizos rebotaban junto con su cabeza. Merlín, era demasiado tentadora.
—Por favor, Princesa…dame algo que recordaré por el resto de los meses que esté en Hogwarts, ¿quieres? ¿Por favor? —le suplicó. Ahora estaba literalmente adolorido. Incluso sonaba tan desesperado que daba pena.
Hermione se mordió los labios, aparentemente tratando de pensar las cosas. Las rodillas de Draco se movían arriba y abajo por tanta expectativa. Daría casi cualquier cosa para que dijera que sí.
Él no supo como sucedió.
Tal vez era por el hermoso entorno. Tal vez era porque su tía Genevieve estaba de compras. O tal vez era la preciosa canción francesa pero…
—Está bien —Hermione asintió nerviosa, tímida —Pe-pero solo un vistazo.
—¿En serio? —él tartamudeó. ¿Cómo demonios se volvió de repente tan afortunado?
Ella solo sonrió tímidamente mientras asentía, girando para levantar la aguja del gramófono para que la canción vuelva a empezar.
'J'envoie Valser'; era su canción favorita.
—Es mi canción favorita —ella le sonrió con timidez, todavía mordiéndose esos hermosos labios en el proceso mientras se alisaba la falda y se movía nerviosa.
—Lo sé —él le sonrió mientras se reclinaba lentamente y relajaba su cuerpo en el sillón, esperando su próximo movimiento.
Sin embargo, lo que sucedió después lo dejó sin aliento.
Ella comenzó a cantar con la música.
"J'envois des qui se donnent, donnent
Des bijouxdans le cou
C'estbeaumaisquandmême
Ce n'sont que des cailloux"
Él sabía que ella estaba nerviosa. Era evidente por la forma en la que miraba el suelo. Pero esto era, quizás, el movimiento más audaz que ella había hecho.
"Des pierresquivousroulent, roulent
Et quivouscoulent sur les joues
J'aimemieux que tu m'aimes
Sans dépensertessous"
Él quedó asombrado. No podía apartar la mirada. Ella era su pequeña ninfa, y él la adoraba, más allá de las palabras, más allá de la comprensión, más allá de cualquier noción.
Tenía la boca ligeramente abierta mientras respiraba hondo, observando cómo su ninfa se desabotonaba su vestido lentamente y alcanzaba los breteles de su sujetador en la espalda. Sus pechos jóvenes pero firmes se balancearon a la vista cuando dejó que su prenda cayera hasta su cintura, lo suficiente para que él pudiera ver todo su torso.
"Moi je m'en moque
J'envoievalser les trucs en toc
Les cagesdorées
Toiquand tu m'serrestrèsfort
C'estcomme un trésor
Et ça, et çavaut de l'or"
Sus ojos ahora estaban llenos de lujuria. Deseaba tanto agarrarla y llevársela allí mismo. Pero sabía que no podía hacerlo. Era parte de la tentación y la atracción de la incitación. Iba a quitarle la cordura y el buen sentido que todavía le quedaba. Y él permitiría que ella lo hiciera. Él le daría cualquier cosa.
Ella continuó cantando con la música mientras se puso de pie allí, sonriéndole tímidamente, sus pies descalzos temblando ligeramente por el temor.
Él continuó sentado y mirando. No se podía mover, su encantamiento lo atrapó como una polilla indefensa alrededor de una lámpara de aceite.
Él nunca había visto alguien como ella. Era la mujer más hermosa que había visto en toda su vida.
—Eres demasiado hermosa —él susurró en el momento que ella dejó de cantar, dejando que continuara la cantante francesa de fondo.
Ella soltó una risita, mordiéndose el labio inferior de una manera muy reticente cuando ella bajó la vista y se levantó el vestido. Pero él se levantó y la detuvo.
—Permíteme —dijo exhalando. Ahora estaba absolutamente seguro que cada gota de sangre de su sistema se había sobrecargado la ingle. Ansiaba demasiado tocarla, tocar esas preciosas esferas delante de él. Pero por ella, esperaría. Por ella, no se apresuraría. Con el tiempo, él la tendría…toda para él. Se aseguraría de eso.
Sus manos temblaban un poco cuando se movieron lentamente para levantar el vestido para cubrir su torso, pero no sin antes besar su hombro primero —.Eres perfecta. Te amo mucho. Gracias por eso.
—Yo también te amo, Draco —ella susurró, sonriéndole devotamente.
Desde ese entonces ese recuerdo nunca lo dejó. A veces él se quedaría despierto hasta tarde en Hogwarts y convocaba ese recuerdo en él. Lo mantuvo vivo durante su interminable entrenamiento brutal.
Ella lo mantuvo con vida.
Él moriría sin ella. No iba a ser capaz de lograrlo.
—¡Hermione! ¿Dónde estás? —él estaba demasiado desesperado cuando pateó la puerta de su dormitorio. Parecía un lunático furioso, lo sabía.
Pero perder Hermione…lo mataría. Lo dañaría seriamente. Lo destruiría de manera increíble.
Estuvo tan cerca de convocar a sus Mortífagos, tan cerca de negociar cualquier cosa con el Señor Tenebroso solo para tenerla de regreso…hasta que la puerta del baño adjunto se abrió de golpe.
—Draco, ¿qué sucede? —Hermione le preguntó preocupada, corriendo hacia él solo con la toalla puesta. Al parecer se había quedado en la bañera todo el tiempo y debió haber salido apresuradamente cuando lo escuchó gritar, como era evidente al estar enjabonada.
Él quedó sin habla. No pudo hacer nada más que abrazarla desesperadamente con fuerza, sin importarle el jabón resbaladizo que manchaba su propia piel y bata. No sabía si reír ante su propia estupidez por ni siquiera ir a ver en el baño adjunto, o llorar de felicidad que Hermione en realidad estaba allí, o alarmarse ante su imposible posesividad para con su esposa.
Estaba totalmente loco.
Era verdad. Ella podría ser el motivo de su locura. Y como antes, ella ni siquiera estaba consciente de ello.
—¡Mierda! ¿Por qué no contestaste cuando te llamé? Maldita sea ¡Vas a responder cuando grite tu maldito nombre! ¿Me escuchaste? —negó con la cabeza, la volvió abrazar, le beso el cabello cubierto de shampoo y la volvió abrazar, casi constriñendo a la chica confundida.
—Me-me quedé dormida en la bañera mientras me bañaba, Draco. No me di cuenta del tiempo y no te escuché. Lo siento. Por favor no te enojes. No volverá a suceder —Hermione explicó; sonando bastante nerviosa mientras pasaba los brazos alrededor de su cintura en un intento de calmarlo.
Ella estaba tan despistada y asustada que lo hizo sentir un poco culpable.
¡Pero maldita sea! Acababa de regresar de una brutal matanza donde una de las victimas que casi asesinaron lucía como ella. Estaban en el medio de una guerra y el único lugar que en el que ella podía estar a salvo era la mansión. ¿Cómo esperaba que él se sintiera?
—S-sólo no lo vuelvas hacer —él susurró besándole el cabello, oliendo la dulzura de su shampoo.
—Si, Draco. Lo siento —Hermione dijo preocupada mientras lo abrazaba más fuerte, sus pieles brillaban por el jabón.
—Me asustaste. No me vuelvas a asustar así nunca más —él sonaba como un niño suplicante y asustado. Pero no lo podía evitar. Lo que había sucedido había sido demasiado para él. A veces, quería encerrarla en una bóveda de seguridad para que no pudiera irse, para que no se lastimase.
Con lo que había sucedido, sabía que se le iba hacer muy difícil para él volver a salir sin Hermione. Incluso sería más difícil ver como su grupo mataba a sangre sucias ya que ellos solo le recordarían a ella.
Siempre había sido difícil persistir en su misión. Pero con lo que había sucedido Draco ya no sabía qué hacer.
Estaba condenado, lo sabía.
Ya que sus acciones podían solo estar relacionados con los besos de su ninfa.
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N/A: Canción para este capítulo: "J'envoie Valser" (Dejarlo ir) de Zazie (Escuché esta canción una y otra vez mientras escribía este capítulo y es maravilloso. El lenguaje del amor es siempre tan sexi, ¿no?
Como ya lo leyeron, es también la canción que Hermione le canta a Draco. El mensaje de la canción es sobre una mujer diciéndole a su hombre como las joyas y las cosas materiales no le importaban a ella mientras ellos se amaran. Es sobre una mujer que negocia con cualquier cosa por amor, abandonando cualquier posesión mundana por amor. Las joyas, anillos y los corazones en los collares no le importaban mientras se amaran, y eso vale como el oro mismo.
Y oh, el titulo de mi capitulo significa. "La Ninfa y sus besos" (sólo que pensé que sonaba mejor en Francés)
Siempre he querido escribir el lado de Draco del capítulo 23 ("Él era su mundo") incluso cuando estaba escribiendo ese capítulo pero sabía que tenía que esperar. Hubo una lectora quien antes me preguntó el motivo por el cual Draco había vomitado pero no le pude responder en ese momento porque había mucho más de lo que estaba escrito. Lamento por no haberte contestado antes, cariño. Pero como ya he escrito esto, aquí vamos. En verdad había mucho más de lo que Hermione había pensado. Para Hermione, él vomitó porque él estaba asqueado de ella. Eso la quebró de gran manera. Pero ella no supo la experiencia que él había atravesado antes de regresar.
Él fue torturado durante dos meses, fue entrenado para matar a sangre sucias y casi había muerto en el proceso si no hubiera sido por su sonrisa que lo ayudó. Imaginen sus sentimientos cuando regresó y supo que su compromiso ya se había terminado y que la chica de sus sueños era en verdad una de las personas que él tenía que asesinar.
Cuando estás en una situación de mucha pérdida, a veces todo lo que tienes que hacer es llorar. Pero Draco nunca fue entrenado para hacer exactamente eso. Fue entrenado para ser duro, y eso es bastante peligroso y doloroso, mantener todo dentro de ti. Así que fue, de alguna manera, un reflejo involuntario en respuesta al intenso dolor y la ansiedad que había sufrido en ese momento cuando toda la realización lo golpeó como los mil demonios, lo que resultó en esta sensación inquietante en el estomago y solo tenía que largarlo todo.
Para mí, era importante escribir eso. Demuestra la vulnerabilidad de Draco. No podía dejarlo llorar en ese momento porque su personaje muestra su fuerza, orgullo y poder de cualquier manera que pudiera. Draco es un personaje tan complejo, él si llora, pero también tiene la necesidad desesperada de mostrar a las personas lo fuerte que es. En el sexto libro de Rowling, él lloró en el baño para ocultar su debilidad. Tenía la necesidad desesperada de consuelo, pero haría cualquier cosa para que las personas no vean eso, incluso hasta el punto de compartirlo con un fantasma (Myrtle la llorona) si tenía que hacerlo, pero no con ni un alma.
Una vez más, me gustaría agradecerles a todos por tomarse el tiempo de leer y dejar una review. Por favor díganme lo que piensan de este capítulo. Dios los bendiga.
Cariños.
