.

.


FRIEND ZONE.

XXXV: Encuentros Explosivos.

Palabras: 10.751.


.

.


—¿Entonces tu universidad es una mierda?

Hinata suspiró, tumbándose de espaldas en el colchón de su propia cama, al lado de su hermana pequeña que, de nuevo, invadía su santuario. —No, la universidad es preciosa… —dijo, cerrando los ojos—, la que está mal soy yo.

—¡Wow, Naruto te tiene mal en serio, Nee-san!

Por alguna razón, últimamente no podían tener una conversación normal sin que saliera a relucir el nombre de Naruto gracias a Hanabi. "Ah, ¿y la camisa era amarilla, te gustó porque te recordó a Naruto?" "¿naranja o rojo? ¡ah, naranja, claro, porque es el color de Naruto, ¿verdad?", ¿tienes calor o lo que sucede es que estás pensando en Naruto?", ella no paraba. Quizá era porque le gustaba verla avergonzada y Hinata haría lo que fuese por dejar de sonrojarse cada vez que oía su nombre, en serio.

—N-No es culpa de él —se defendió—, es sólo que… no sé, estoy un poco perdida.

Hanabi se incorporó hasta quedar sentada y la miró seriamente. Los ojos claros de su hermana la observaron un instante, y ella hubiera dado la vida por saber qué pasaba por la cabecita castaña.

—Hinata —empezó—, dime, ¿por qué quisiste estudiar Derecho?

Y claro, a ella no podría mentirle como antes lo había hecho con su profesor. Tampoco podía mentirle como a sus padres, porque ella, Hanabi Hyüga, la conocía de inicio a fin. Como respuesta, sólo suspiró con sentimiento.

—Papá y mamá no se lo esperaban, nadie en realidad, ¿así que por qué? No lo entiendo.

—Porque… es tonto y lo sé, pero-

El fastidioso ruido del timbre de la puerta interrumpió su oración. Hinata odiaba el sonido con toda su alma, era estruendoso y alarmista, le ponía los pelos de punta, pero aun así decidió ignorarlo. —¡Lo que sucede es que…! —alzó la voz, pero Hanabi le miró irritada. El pinche timbre seguía sonando.

—Mamá y papá no están —le recordó—, y quien quiera que sea está encarnizado.

Perezosamente Hinata se puso de pie. —Debe ser Neji-niisan.

Eran las cinco de la tarde y ya tenía puesta su pijama, no porque quisiera dormir, sino que le encantaba vestir así cuando no había nadie para molestar, cuando no esperaban visitas. Neji, obviamente, no contaba como visita, porque se la pasaba más tiempo en esa casa que en la de él, así que no había problema.

Bajó las escaleras con calma. En el tercer escalón encontró a Kyübi tomando una siesta y, casi sin pensarlo, lo alzó en brazos. Haría algo malo, pero merecido. Neji tenía que pagar por interrumpir su precioso momento de relajación fraternal, y teniendo en cuenta que él odiaba a los gatos… bueno, era imposible no maquinar un poco. Soltó una risita de picardía. Parecía que el timbre en cualquier momento iba a explotar. —¡Ya voy, ya voy! Qué intenso… —murmuró para sí.

Abrió con un poco de dificultad la puerta, pues Kyübi necesitaba dieta urgentemente, y salió al porche. —Alguien te está esperando, Ne-

Mas su entonación se interrumpió bruscamente. Tras las rejas, desde donde debían estarla observando unos ojos aperlados, unas pupilas absurdamente azules le lanzaban una mirada mortal.

Era Naruto.

—Hinata.

Parpadeó. No podía estar pasando, tenía que ser un sueño. Ella definitivamente no lo esperaba ese día, no estaba mental ni físicamente preparada para verlo, ni para escuchar su voz extrañamente seca… Kyübi casi se estrella contra el suelo a causa de su estremecimiento. ¿Qué hacía él ahí? Si había dicho que estaría toda la tarde pescando con su abuelo, si no le había avisado que volvía a Konoha…

Vestía unos pantalones naranjados que le quedaban un poco anchos y una camisa manga corta que hubiera sido totalmente negra si no tuviera impreso el símbolo de la familia Uzumaki (un remolino) en el pecho, unas hebras rubias se pegaban a la piel de su frente y Hinata notó que estaba sudado… y ni siquiera pudo preguntarse por qué, lo único importante era que él estaba ahí y lucía tan absolutamente guapo y… Oh, Dios, quería tan mal abrazarlo, pero ella sólo llevaba una blusa y unos shorts de pijama y tenía un gato gigante en sus brazos y estaba despeinada y sorprendida y sonrojada… y esa mirada que él portaba estaba tan helada.

Dio un paso hacia atrás al sentir su furia, después de superar un poco el embelesamiento por su presencia. —Naruto-kun… —balbuceó—, p-pensé que estarías aún en casa de tus abuelos.

—Quise darte una sorpresa —él respondió, pero no era amable ni alegre, ni siquiera divertido. No sonreía. Parecía más una tosca ironía.

Nunca le había escuchado usar ese tono.

Ella se quedó en silencio, su mente tratando de asimilar el comportamiento anormal de su amigo, luego tomó las llaves apenas cayó en la cuenta de que debía abrir el candado y hacerlo pasar, que no podía dejarlo parado fuera todo el día, y con torpeza se deshizo de Kyübi. Sus manos temblaron, él no dejaba de mirarla de forma lacerante.

—No abras aún —le ordenó, y ella lo miró tímidamente, cohibida y extrañada—, cámbiate de ropa y sal. Vamos a dar una vuelta.

—V-vuelvo en seguida.

Tenía la respiración agitada al entrar en su habitación, un nudo en la garganta y temblor en las rodillas. —Es Naruto —murmuró, sosteniéndose disimuladamente de la pared.

Hanabi subió la vista del celular y levantó una ceja. —¿Qué?

—Dije que Naruto está en la puerta —tragó saliva—, y me quiere matar.


.

.

Uzumaki Naruto muy pocas veces en su vida se había sentido realmente molesto.

A ver, rememorando, estuvo esa vez en séptimo grado en la que Sasuke se tragó su miso ramen especial "por equivocación" y después, cuando le había reclamado, dijo que sabía a mierda de diarrea… ¡oh! Y aquella vez en octavo cuando el mismo fariseo Uchiha le contó a su mamá sobre la reserva especial de ramen nocturno que ocultaba en el armario, justo debajo de las pijamas que ella se empeñaba en comprarle, pero que nunca usaba (¿para qué? Unos bóxer naranja eran todo lo necesario para los dulces sueños) y que cada madrugada –sagrado- se zampaba tres contenedores como mínimo. Sasuke era un soplón. Ah, y también estaba aquella vez en la que Sasuke le metió el pie durante un partido, quitándole el balón y haciéndolo besar el suelo de paso, para evitar que marcara el gol… ¡y estaban en el mismo equipo! Bueno, sí, él iba hacia la arquería equivocada, pero ¿y eso qué? Sasuke no tenía que ser tan bastardo.

En resumen, Sasuke era casi la única persona que lograba joderlo.

También se había molestado con su familia hace poco por planear su vida entera sin importar su opinión, pero eso fue sólo una vez… y secretamente sabía que sólo lo hicieron por su bien, eso le impidió enojarse completamente.

Había estado enojado en cada una de esas ocasiones, estado realmente molesto, pero ni siquiera Sasuke (¡ni siquiera él!) le había provocado amargura parecida a la que sentía en ese momento; él estaba furioso, airado, colérico y honestamente cabreado, mientras esperaba a Hinata Hyüga solo, sudoroso y exasperado, frente a su casa, bajo un árbol de mango que antaño le había parecido hermoso y que ahora sólo lucía como un palo más llenando el mundo.

"Naruto, él último día del año…

La voz de Kiba repitiéndose una y otra vez en su cabeza durante todo el viaje de regreso lo había sacado de sus cabales, y no hacía más que empeorar a medida que lanzaba patadas cortas y potentes contra el robusto tronco. —Mierda, mierda, mierda —gruñó, sintiéndose un poco más como bestia que como hombre, ignorando el agudo dolor que empezaba a aparecer ante los múltiples impactos, tratando de silenciar las palabras en su mente.

besé a Hinata".

—¡Joder!

Las personas lo trataron como estúpido durante toda su vida, pero él jamás había creído ser uno… hasta ahora.

Allí, con los puños y la frente contra la madera áspera, con los parpados cerrados fuertemente y la sangre corriendo una maratón por sus venas, Naruto Uzumaki se sintió realmente estúpido por primera vez.

Era un reverendo idiota, punto, así estaban las cosas; porque había pasado cada segundo de cada minuto de cada hora de cada día durante el último mes pensando en la hija mayor de Hiashi Hyüga, había soñado con ella cada maldita noche en Uzushio, pasó cada momento deseando escuchar su risa, perderse en sus hermosos y exóticos ojos de perlas, tocar sus mejillas sonrojadas, besar su tan apetecible boca, sentir su piel aterciopelada erizándose bajo su tacto, dedicarle roncos susurros suaves, deleitarse con los pequeños ruiditos de placer que ella inconscientemente exhalaba cuando la acariciaba… Estuvo todo el tiempo reviviendo cada instante, anhelando cada detalle.

La última noche del año él se había dormido abrazado a la almohada, con su angelical rostro en la mente… mientras ella ignoraba su mensaje, porque estaba ocupada siendo besada por Kiba, ¡cómo culparla!

El tronco recibió un nuevo golpe, esta vez por cortesía de sus nudillos, pero no sirvió de mucho. Estaba lleno de furia, de una ira abrasadora que le quemaba el estómago, cuando la voz temblorosa de Hinata sonó a sus espaldas llamándolo por su nombre. Él giró bruscamente y su mirada debió haber sido verdaderamente mordaz, porque la vio retroceder un paso casi inmediatamente. La estaba asustando, lo sabía, se notaba en sus pupilas vibrantes y en la forma en que se abrazaba a sí misma, pero no quiso hacer nada por evitarlo, no pudo hacer nada por evitarlo.

Él estaba iracundo, triste, dolido, herido, sintiéndose tan traicionado y, sin embargo, allí estaba ella mirándolo con esos enormes ojos grises, con esa mezcla de temor y preocupación, con ese tembloroso labio inferior…

Allí estaba ella luciendo hermosa -incluso más de lo que recordaba- y eso sólo lo hacía enojar más.

—¿Q-qué sucede, Naruto-kun?

—Nos vamos —habló rápidamente, rodeó su muñeca derecha y simplemente echó a andar, prácticamente arrastrándola tras de sí sin darle tiempo a nada más que soltar un chillido agudo.

Naruto frunció el ceño, no sabiendo exactamente dónde ir, solamente teniendo claro que el impulso repentino de llevarla fue únicamente resultado del absoluto deseo por tocarla. Tocar… al menos la piel que cubría su pequeña muñeca.

Luego bufó.

No odiaba a Kiba ni a Hinata tanto como se odiaba a sí mismo.


.

.

Sasuke tomó una tajada de tomate del tazón sobre su escritorio, lo llevó a su boca y saboreó lentamente antes de tragar. Delicioso como siempre. Giró la página de su libro y una media sonrisa surcó su rostro; eran cosas como estas la que le hacían feliz: el sabor ácido de un tomate, la paz espiritual de leer un buen libro en soledad, con tranquilidad…

Traducción: sin Naruto revoloteando cerca.

Ojalá y se le volviera costumbre a la familia Uzumaki el desaparecer un mes al año. Él (y muchos más, se atrevería a decir) necesitaba de vez en cuando unas merecidas vacaciones de la gente escandalosa, risueña, gritona, fastidiosa, habladora, irritante…

¡Ey, teme, ¿a que no adivinas qué pasó´ttebayó?!

Frunció el ceño. —Silencio, Naruto. Estoy leyendo.

Solamente tuvo que pasar un segundo antes de caer en la cuenta de que estaba solo, sus ojos se expandieron sólo un poco antes de suspirar. Dios mío, tenía que estar enloqueciendo, era eso… No había otra explicación.

¿Qué de racional tenía que uno se pusiera por ahí a extrañar a alguien que anda caminando por el mundo sólo para joderle la vida?

Eh… Sasuke-chan, ¿no me digas que…? Ah, vamos, no seas tímido´ttebayó~

Una pequeña vena brotó en su frente. —¡Que no te extraño para nada, idiota!

Un golpe seco.

Sasuke abrió los ojos: había lanzado el libro con todas sus fuerzas en la dirección de su cama, justo donde solía sentarse el idiota a reírse y echar cuento. Aún con el brazo estirado y la rodilla flexionada en posición de lanzador, Sasuke bajó la cabeza, suspirando. En serio tendría que considerar la opción de una cita psicológica o psiquiátrica o algo así, necesitaba una terapia urgente. Eso de andar teniendo alucinaciones con un tipo no era sano… y –el Señor no lo quisiera-podía hasta diagnosticarse como "inicios de mariquismo" o algo así.

—¿Sasuke?

El azabache se irguió en un instante, tratando de actuar lo más natural posible. Miró a su hermano de pie bajo el umbral de la puerta. ¿Cuándo la había abierto? ¿cómo demonios no lo notó? Bueno, no importaba. Sasuke carraspeó. —¿Qué pasa, Nii-san?

—¿Estás bien? —Itachi preguntó—, es que te escuché hablando sólo y parecías alterado. Sasuke, —los ojos de su hermano rodaron hacia el colchón—¿ese no es el libro que estás leyendo? Creo que… se le zafaron unas hojas.

—Ah, sí, es que lo tiré.

—¿Por qué hiciste eso?

—Porque el protagonista es idiota y me recue-, ejem, porque la trama resultó ser muy predecible, me aburrió.

Sasuke vio a su hermano mayor acercarse y recoger el libro con cuidado, acomodarlo un poco y luego depositarlo nuevamente en el escritorio. —Está bien, Sasuke —oh, él sabía que Itachi no se creía ni una palabra. Primero, era la persona que más lo conocía en el mundo. Segundo, era un maldito genio. —Pero creo que deberías ser un poco más cuidadoso si quieres ser un buen abogado.

Y ahí iban de nuevo. Resistiendo la tentación de rodar los ojos, simplemente se sentó de nuevo en la silla de rueditas. —Sí, Itachi —asintió con voz cansina.

—Bien.

Sasuke frotó sus cabellos aliviado cuando Itachi se dirigía a la salida, lo último que necesitaba era a su hermano metiendo las paternales narices en su repentino momento de locura y hurgando en su futuro profesional, pero justo cuando se relajaba por completo, Itachi volvió a verlo desde la puerta. —A propósito, ¿no era hoy tu Inducción? ¿por qué no fuiste?

Ahora sí rodó los ojos. —Era una cosa inútil. Además, tú puedes enseñarme todo lo que necesito saber sobre la universidad.

—Ah… —él suspiró levemente, como diciendo "eres un caso perdido", y luego asintió—, pero sabes, yo esperaba que fueras, así al menos le harías compañía a Hinata-chan. La pobrecita estaba nerviosa, aunque intentara ocultarlo.

Sasuke puso el codo sobre la madera e inclinó un poco su mejilla contra los nudillos. —¿Ah…? ¿Me volví yo ahora el guardián de Hinata? —preguntó más divertido que en serio.

—No. —Itachi sonrió y, por algún motivo, tuvo una amabilidad malévola—Pero pensé que podrían ser buena compañía el uno para el otro… como ambos extrañan tanto a Naruto-kun.

Mierda.

Él había oído más de lo que decía.

Sasuke frunció el ceño. —No me jodas.

Lo último que se escuchó fue la risa ronca de Itachi y el sonido de la puerta al cerrarse.


.

.

Hinata no era tonta: se iba haciendo una idea sobre la razón de la actitud de Naruto. Porque, vamos, ella no había hecho algo lo suficientemente malo como para que él estuviera molesto (en realidad, no había hecho nada por lo que cualquier persona pudiera molestarse)… excepto, bueno, aquel roce casual con Kiba en la fiesta de fin de año.

La pregunta era: ¿cómo se había enterado? Ella se había prometido contárselo personalmente, así que… bueno, no había un misterio real, la única otra persona que conocía sobre el tema era el segundo implicado, es decir, Kiba.

Kiba Inuzuka había abierto la boca, ¿pero por qué?

Que alguien le dijera porqué -por el amor de todo lo dulce e inocente del ancho, vasto y poblado mundo-él, quien se autoproclamaba su amigo, la había privado de la dicha de poder disfrutar la sonrisa brillante del rubio más guapo del que se haya tenido registro…

Se sentía mal… Ella quería contarle sobre esa noche apropiadamente, por eso lo había postergado tanto tiempo, porque quería explicarle en persona y con total honestidad su versión de lo acontecido (que era la única versión existente en realidad), así que no podía evitar estar decepcionada de que las cosas se hubiesen tornado tan turbias.

Inhaló y exhaló, mientras su muñeca era jalada y a duras penas podía seguir el paso del muchacho, pero esto no la ayudó a relajarse. Llevaban como tres cuadras largas recorridas y, teniendo en cuenta que lo que Naruto avanzaba en un paso ella lo hacía en dos, el aire empezaba a faltarle… Fue ahí que tuvo la certeza, el inquebrantable presentimiento punzante en el corazón, de que vendría lo que parecía estar presentandose cada vez con más frecuencia en su cuerpo: el mareo. Por esto cerró los ojos fuertemente, tomando aire en el proceso, con la esperanza de calmar la incómoda sensación que nacía en la boca de su estómago pero tuvo que cerrarlos inmediatamente presa de la inquietud, pues su vista parecía empañada y una enorme mancha negra la rodeaba.

Tuvo miedo, su corazón latía más fuerte, y Naruto no aminoraba el paso. Ella podía tropezarse en cualquier momento así como estaba, con los parpados cerrados y la respiración agitada, además, se sentía tan inestable que casi quiso gritar (lo hubiera hecho, pero todo se atoraba en su garganta). Su mano derecha buscó a tientas y con desespero afianzarse al brazo que la guiaba. —Naruto… —jadeó, el kun perdiéndose en algún lugar de sus cuerdas vocales, al instante en que sus dedos se clavaron en la piel bronceada. Él se giró con una mueca de dolor en el rostro, pero ella ya no estaba segura de poder distinguir si era por la presión de sus dedos o por la herida de su alma. En realidad, ya no podía distinguir mucho. Lo importante fue que él la miró, ella trató de concentrarse en el azul de sus ojos para mantenerse a flote, y luego se detuvo tan bruscamente que lo único que sus piernas atinaron hacer fue enredarse entre ellas con torpeza y tropezar contra su pecho. Hubiera podido quejarse por el golpe en su nariz, pero no pudo hacerlo, pues el tenerlo tan cerca, el percibir su aroma delicioso invadiendo sus fosas nasales logró embriagarla al punto de hacerla cerrar los ojos nuevamente. Era real, sólo hasta ese momento lo creyó, antes –desde que lo había visto a las afueras de su casa-todo había parecido un sueño imperfecto… Sólo ahora que se aferraba a su camiseta negra, que aspiraba su olor y que él la sostenía entre sus fuertes brazos, Hinata sintió que estaba en presencia del verdadero Naruto.

Nadie podía haberla culpado por empujarse más hacia él.

—¿Qué sucede? —su voz le llegó profunda, en parte porque la escuchaba desde su pecho, y en parte porque él se esforzaba por mantener la actitud distante, pero luego de que le tocase la piel de uno de sus codos, ella pudo percibir la preocupación—Estás helada, Hinata.

En un segundo, él la separó sólo un poco para apresar el rostro entre sus manos. —Estás pálida —susurró—, y sudando muy frío, maldición.

Hinata suspiró. Aunque sus orbes plateados aún estaban protegidos por los párpados, el aliento de Naruto le indicó que estaba muy cerca.

Ni siquiera había notado que sudaba frío, ni siquiera notó lo helada que estaba hasta que él lo dijo y, aunque fervientemente deseó decirle que la abrazara entonces, que le diera un poco de calor, no lo hizo, en cambio, le dedicó una mirada cansada y sin fuerzas. —Está bien, Naruto-kun… —su murmullo fue tan suave y ronco que se hubiese sorprendido si no estuviese tan internamente encandilada con el tacto de sus manos rasposas sobre la piel de sus mejillas. Se prendió suavemente de los antebrazos masculinos en una caricia tranquilizante—sólo estoy un poco mareada, ya pasará —le aseguró.

Sus piernas ya se habían estabilizado y su visión recuperado la nitidez, pero Naruto no retiró las manos de su cara. Su ceño estaba levemente fruncido, pero su mirada tenía un toque de suavidad tal que logró que sus mejillas recuperaran el color. —No está bien…

¿Qué era lo que no estaba bien? ¿Que sus ojos fueran tan azules, sus cabellos tan dorados y su voz tan sensual? ¿Que el mareo volviera sólo por sentirlo cerca? ¿o acaso lo que no estaba bien sería el hambre voraz e indecente que empezaba a asediarla al bajar la mirada hasta sus labios?

No estaba bien sentir la boca tan seca de repente… ni la necesidad incontrolable de ahondar el contacto, frotando la mejilla derecha contra su palma (lo que efectivamente hizo), pero lo que menos estaba bien era ese brillo de mal disimulada preocupación en los ojos bellos de Naruto.

Hinata se impulsó de los antebrazos masculinos, acortando la distancia sólo un poco, proponiéndose demostrarle que no había ninguna razón para inquietarse, que ya estaba bien, y que si había algo en el mundo que le serviría para recuperar totalmente las energías lo involucraba a él junto a su boca. No estuvo muy segura de si él se humedeció fugazmente los labios o no, pero el hecho de que sus dedos bajaran un poco para tantear los costados de su cuello casi le provoca un suspiro.

Lo que definitivamente no estaba bien era que se hubiera ido por tanto tiempo. Un mes, una eternidad. —Te extrañé… —susurró justo cuando los párpados descendían para cubrir los iris azulados. Ese fue el error.

Naruto ensanchó los ojos con horror, casi como si hubiese sido golpeado por una maligna revelación, y se alejó de ella como si quemara, tan rápida y bruscamente que la sorprendió. —¿Q-que-?

—¿Puedes caminar? —su tono fue firme, pero apagado, al igual que su mirada.

—S-sí, pero-

—No —él negó cortantemente, como si estuviera discutiendo consigo mismo—, no voy a arriesgarme.

Luego, cuando Hinata pensó que no podía estar más desorientada, él le dio la espalda, se agachó y lanzó la siguiente orden con ese tono imperativo e irrefutable que ella, hasta esa tarde, desconocía que tenía: —Sube.


.

.

Era un jodido idiota.

Ahora sí quedaba completamente claro: era un pendejo irremediable.

¿Cómo era que de estar furibundo con Hinata había podido pasar al estado de idiotizado con ella?

No tenía excusa.

Pero si la tuviera sería… que ella era tan irresistible, y lucía tan frágil, que lo había asustado la palidez en su hermosa tez y sus ojos opacos, y que se sentía tan bien cuando tenía su pequeño cuerpo cálido contra el suyo, y que su voz era tan increíble… ¡Pero no, nada de eso valía!

"No está bien…"

Casi había caído, casí, prácticamente había derrumbado las barreras y estaba a punto de lanzarse contra su boca, eso lo hubiese hecho falsamente feliz, pero afortunadamente ella había pronunciado las palabras mágicas: "Te extrañé", y fue como un polo a tierra, como un cimbronazo fuerte en su pecho, en sus sienes, porque no era verdad; ella había estado feliz compartiendo besos con Kiba en fiestas de año nuevo, no extrañándolo.

Sí, seguramente cuando sintió la respiración de Kiba contra su piel, antes de ser besada, él no había estado en su cabeza.

Te extrañé, dijo ella, y eso lo devolvió al mundo real. A la realidad donde él estaba herido y enojado.

—¿A dónde vamos, Naruto-kun…?

La piel de su nuca se erizó instintivamente. Maldita sea. La acomodó nuevamente sobre su espalda, antes de contestar lo más toscamente posible: —A columpiarnos.


.

.

Era esa hora en la que no sabes si decir "buenas tardes" o "buenas noches", pues la mitad del cielo se pintaba de día y la otra de noche. Era esa hora en la que los padres empiezan a llamar a sus hijos porque es demasiado tarde para jugar en el parque y, aunque también es demasiado temprano para ir a dormir, hay que hacer los preparativos para ir a la cama, y los preparativos que se necesitan para que un niño pueda ir a la cama son varios y dispendiosos; incluye la cena, el baño, la pijama, los berrinches de "no tengo sueño", la lectura del mismo cuento leído desde el nacimiento y luego, a mitad de este, finalmente el infante cae como una roca.

Quizá era por esto que los columpios estaban desiertos: las madres y padres ocupaban la presencia de los menores para llevarlos a dormir, ellos eran imprescindibles en el proceso y esta era la razón por la que Hinata y Naruto permanecían sumidos en la soledad y en el más profundo silencio, sólo roto por el leve chirrido metálico de las sillas al mecerse.

Hinata se mantenía quieta en su asiento, solamente jugando con sus pies, mientras que Naruto estiraba y encogía las piernas para elevarse más y más en el suyo.

Ninguno hablaba, porque ninguno tenía realmente claro lo que debía decir; ninguno era lo que se dice bueno con las palabras. Hinata era especialmente torpe para dar explicaciones y excusarse por un error (generalmente no debía hacerlo, así que era inexperta en el área), Naruto, en cambio, era genial para las disculpas… pero el estar en el lugar de la persona que exige explicación representaba un cambio drástico. Él era muy explosivo y tendía a escoger las palabras equivocadas en los momentos de efervescencia y calor, esta era una parte de él que secretamente siempre lo había asustado, pues era la parte a la que podía culpar de todos los problemas y malas situaciones por las que había pasado en sus diecisiete años de existencia, por eso se estaba reservando, quizá preparándose mentalmente para empezar con lo inevitable.

Una brisa suave le acarició las marcas de sus mejillas y, tomando esto como una señal, decidió dejar de aplazar lo inaplazable. —Kiba me habló esta mañana —dijo sin dejar de elevarse. A su derecha Hinata tembló, pero él continuó, con la mirada fija en el cielo multicolor: —. Mencionó algo sobre el último día del año, ¿sabes de lo que hablaba?

Ella asintió, pero como no la miraba aún y como el sonido del óxido se hacía más fuerte tuvo que proclamarlo en voz alta. —Sí.

Entonces él frenó en seco y el arrastre de sus pies en el suelo de tierra alzó una polvareda. Los ojos perlas se chocaron contra un azul tormentoso. —¿Lo sabes, Hinata? —preguntó, sus dedos aferrándose más a las cadenas del juego.

—N-Naruto-kun, no es lo que-

—No pienses en decirme que no es lo que estoy pensando —la cortó inmediatamente, apretando la mandíbula—¡lo besaste, Hinata! ¿qué se supone que debería pensar, maldita sea?

Hinata se mordió el labio, encogiéndose un poco por el timbre de su voz. Toda la razón del mundo habitaba en las palabras de Naruto… ¿Qué pensó que podría decir ante eso? ¿qué pensaba que él podría comprender? La verdad fuera dicha: ella se sentiría igual o peor si intercambiaran de puestos. No había forma de pedirle que tratara de comprender algo que sólo lograría entender si se metiera en su pellejo o, si fuese necesario, en el de Kiba.

—Yo no lo sé…

Naruto asintió. —No lo sabes —dijo, frunciendo el ceño y desviando su mirada al frente, hacia el arenero ubicado a unos metros—, vaya, eso me hace sentir mucho mejor.

—L-lo siento, Naruto-kun, yo-

—¡Ssshh! —la calló con un sonido fuerte, dándole una mirada venenosa de soslayo—No digas nada. Tú no sabes nada, nada de nada, ¿así qué para qué hablar? ¡ya, es mejor así entonces! Tú no sabes nada, luego soy yo el que no sabe nada, ninguno sabe nada y todos felices.

Y antes de que Hinata pudiera siquiera procesar el significado de su pequeño discurso irónico, él se puso bruscamente de pie y empezó a andar, sin decir una palabra más, sin compartir una última mirada, simplemente se sacudió los pantalones y emprendió la marcha. Ella, por supuesto, no tardó en imitarlo. —¿A dónde vas? —preguntó al estar lo suficientemente cerca. Logró alcanzar su codo izquierdo, pero él se sacudió y se liberó efectivamente. Dolió.

—¿No es obvio? —respondió con voz agria, su porte recto denotaba que estaba seguro de su destino—: Voy romperle el hocico a Kiba.

—¡No!

¿Que no? Naruto se giró bruscamente, en sus orbes brillando el más intenso fuego. —¿Me estás prohibiendo hacer algo, Hinata? —desafió dando dos pasos en su dirección, obviamente teniendo claro que podía intimidarla fácilmente—¿Piensas que puedes detenerme´ttebayó?

La vio congelarse y bajar la mirada, antes de bufar: —Eso pensé —, sin embargo, cuando estuvo a punto de girarse, ella lo detuvo de nuevo tocándole el brazo.

—Kiba-kun no tuvo la culpa —declaró con firme convicción, y eso… sólo lo empeoró todo.

—¡Entonces fuiste tú! —acusó, empezando a hacer ademanes con sus manos de manera incontrolable.

—¡No!

—¿No lo besaste acaso?

—Bueno… sí, ¡pero no es como lo quieres hacer ver!

Naruto se llevó las manos a la cabeza. Esa mujer era increíble. —¡Ah, como yo lo quiero hacer ver!

—¡Sí!

—¡Pues perdóname por ser tan injusto!

Hinata internamente se reprendió por discutir, pero era algo que no podía evitar. Y era extraño, ella nunca había estado en una situación semejante, pero al parecer su desesperación por explicarse la hacía sentirse enojada, no con Naruto, sino con ella misma por su incapacidad. A este punto, ella sabía que ambos tenían la cabeza caliente y el volumen subía.

—¡Y encima si no es por Kiba no me entero de nada!

Esto la golpeó. —¡Eso no es justo, yo iba a decírtelo! —exclamó airada.

—¿Sí? —él abrió los ojos, fingiendo estar sorprendido—Dime: ¿pensabas hacerlo antes del juicio final o…¡antes de que se acabe One Piece!?

¡Jesús, qué hombre más exagerado! ¡el final de One Piece, ja! ¡pasarían dos calendarios mayas enteritos y aún no se habría acabado!

—¡Obviamente antes del juicio final!

—¡Ajá!

Se cubrió la boca con las manos, cayendo en cuenta, ¡él la hacía decir cosas tan estúpidas!

—N-No… Quiero decir… —balbuceó rápidamente, sintiendo que la sangre subía poco a poco hasta sus mejillas. A pesar de esto, sacudió la cabeza con fuerza, desprendiéndose de la vergüenza y protestó—Quería decírtelo personalmente, y no se suponía que volvieras aún, ¿por qué no me avisaste que venías?

Naruto se llevó las manos al pecho.—Perdóname por no avisar, Hinata, en serio, mil disculpas —dijo—. La próxima vez te llamo una semana antes, así puedes calcular el tiempo que te queda ¡para besar cómodamente a Kiba!

—¡Yo no quiero besar a Kiba!-kun

—¿Ah, no? —sus cejas rubias se unieron un poco más—¿a quién quieres besar ahora, eh?

—¡Pues a ti, t-tonto!

Por un instante, él boqueó como un pez fuera del agua, y ella apenas se sonrojó al escuchar su grito, sin embargo, decidió no dejar que su vergüenza la detuviera. Por segunda vez, sacudió su cabeza buscando borrar el rojo de su rostro (aunque claro, no fue completamente posible) y mantuvo su mirada alta, retándolo a buscar rastro de falsedad en sus ojos aperlados: —S-siempre he querido besarte sólo a ti, Naruto-kun.

Él la miró un segundo, con un gesto algo parecido a la sorpresa prendado en su cara, pero luego su expresión cambió a una de escepticismo total. No se iba a dejar vencer fácilmente por ese adorable rubor y esos atrevidos ojos tímidos… Sería mejor si se daba la vuelta. Lo hizo. —Mentira —aseguró—, no me deseaste a mí aquella noche.

Mientras Kiba te entretenía…

Hinata se mantuvo estática. Él había hablado con tanta amargura, con tanta pesadumbre, con el orgullo tan mortalmente herido… que simplemente no supo reaccionar, la sensación fue análoga a la de un golpe brutal en la boca del estómago, la dejó sin aliento (pero no de la forma que disfrutaba). Verlo tan abatido era mortal. —Tengo que patear el culo de Kiba… —le oyó murmurar para sí agriamente, antes de emprender nuevamente el paso.

Y fue ahí, cuando él se fue, que todo terminó… o empezó (no lo sé con certeza, habría que aclarar qué terminó y qué empezó, pero fue tan confuso, incluso para ellos). Lo único real fue que para Hinata el tiempo se detuvo… por ocho segundos.

Uno: la espalda del hombre que amaba se alejaba más y más. ..

Dos: el pavor violentando cada uno de sus sentidos, sacudiéndola de pies a cabeza, porque era verdad; él se iba y ese podía ser el final. Él realmente podía dejarla sola, concluir el Naruto y Hinata que siempre habían sido…

Tres: sus piernas moviéndose con desenfreno. No supo cuando había empezado a correr, pero él parecía inalcanzable…

Cuatro: el tembloroso, el desesperado grito de "¡Naruto!" que violentó a su garganta, que la comprimió hasta casi causar dolor….

Cinco: la sorpresa en sus ojos de diamante al verla correr hacía él…

Seis: su anterior mencionado estado permitiéndole llegar frente a él para aplicarle una pequeña técnica de lucha y hacerle perder la estabilidad…

Siete: su exclamación al caer de espaldas en el arenero…

Ocho: su gesto anonadado al descubrir que ella formaba una cárcel con su cuerpo justo sobre él.

Él había hecho suficiente por ella, suficiente por redimir sus propios errores, suficiente por demostrarle sus sentimientos, suficiente por hacerla feliz… y si ahora era su turno de rogar, lo haría. Le demostraría su arrepentimiento, sus sentimientos, le demostraría que lo pasado con Kiba no significó absolutamente nada, que los únicos besos que anhelaba eran los suyos… y lo haría a las buenas o a las malas.

—Hi-Hinata —su voz se redujo a un nivel tenuemente ronco, pero conservó el toque inquebrantable—, quítate de encima, no quiero tener que ser brusco´ttebayó.

Ella le sonrió por primera vez antes de inclinarse en un ángulo en que sus labios pudieron rozar la piel de su oreja. —Quizá tengas que serlo… Naruto-kun.


.

.

Bien, tenía que decirlo, eso no se lo esperaba. Las personas siempre decían que era el más impredecible de Konoha, pero obviamente eso era porque no conocían a Hyüga Hinata o, al menos, no lo hacían realmente. Él un segundo estaba caminando y balbuceando todas las posibles opciones para la muerte de Inuzuka Kiba y luego, en un dos por tres, estaba acostado sobre la arena y sólo existían esas perlas brillantes frente a él exudando determinación.

—Hi-Hinata —se sintió un poco estúpido por el tartamudeo al pronunciar su nombre. Lo hubiese querido o no, ella lo había logrado desubicar por completo, sin embargo, trató de mantener las distancias de alguna manera, no importando lo cercano de sus cuerpos—, quítate de encima, no quiero tener que ser brusco´ttebayó.

Pero luego ella sonrió y, oh, esos labios eran tan hipnóticos… y él juró que iba a besarlo, pero ella, haciendo honor a su capacidad latente de causar sorpresas, se desvió del camino. —Quizá tengas que serlo… Naruto-kun —dijo para, a continuación, hacer esa cosa deliciosa en su oreja con su boca.

No sabía exactamente qué hacía con esta zona llena de terminaciones nerviosas, pero lo volvía loco. Tuvo que morderse el labio, y sus párpados se entrecerraron. Si ella quería hacerlo bajar la guardia, definitivamente había elegido la opción acertada. Sentía como sus labios besaban discretamente su lóbulo, mientras de manera delicada y caliente su lengua juguetona acariciaba el área extra-sensible tras la oreja. Naruto se preguntó fugazmente si ella sería consciente de los pequeños ruiditos que escapaban de su boca y que, junto al sonido de su respirar, le causaban delirios, pero no tuvo mucho tiempo de cuestionarse, porque cuando ella pasó su lengua por el pabellón de su oído, brindó un suave mordisquito y tocó la concha de éste apenas en un suave roce con la punta de su húmedo órgano muscular (suspirando de paso sobre su piel), él dejó de pensar.

Ella estaba ahí, sobre él, estimulándolo con deliciosos besos, acariciando sus hebras doradas… en el arenero de un parque completamente vacío, con la oscuridad de la reciente noche ofreciéndoles escondite. ..

—H-Hinata… —llamó en un frágil gorjeo. No había notado que sus propias manos ya amasaban suavemente las caderas femeninas—, basta, en serio.

—Naruto-kun —¿desde cuándo su nombre sonaba tan sensual? La vio retroceder sólo al punto en que sus miradas se conectaron. Sus ojos claros estaban embotados de un sentimiento intenso e inexplorado, tan inquietante que le hizo erizar la piel y sus mejillas tenían un tinte rosado absurdamente lindo. Ella mantenía la estabilidad posando solamente su palma derecha en la superficie arenosa, justo a un lado de su cabeza, y él no pudo evitar centrar su mirada en los largos hilos de cabello oscuro que se deslizaban seductoramente sobre la piel pálida de su hombro desnudo (pues no usaba mangas).

No se había acercado a su boca, pero ya lo tenía sin aliento.

Y cuando ella acercó hacia su rostro la mano que no ocupaba para sostenerse y repasó con sutileza las tres marcas de su mejilla, tuvo que luchar contra el deseo de cerrar los ojos y soltar un suspiro; estaba absorto en su piel, hechizado con su toque, fascinado con su cercanía, pero luego, cuando Hinata habló con un tono cálido de súplica, su cuerpo entero vibró: —Deja que te bese, por favor…

¡No, Naruto, no! ¡está jugando sucio, tienes que resistir´ttebayó!

Todo sucedió rápido; —¡No, Hinata, no! —, tan rápido que no pudo advertir con certeza el momento en Hinata había pasado de mirarlo desde arriba a observarlo con esa genuina sorpresa justamente en frente suyo, de manera vertical. Debió haberse incorporado con excesiva velocidad, porque ella aún lucía totalmente perdida así como estaba, sentada en su regazo—, ¡estás jugando sucio y no voy a caer´ttebayó!

Y sin embargo, sus manos aún se aferraban firmemente a sus exquisitamente anchas caderas… joder.

—¿J-jugando sucio? —parpadeó.

—Sí, usas esa cosa deliciosa que haces con mi oído en mi contra. Y también está esa vocecita tuya y esos gemiditos que… ¿por qué tienen que sonar tan bien, ah? Eso es jugar muy sucio, Hinata.

Sus mejillas se colorearon de un rojo brillante y, se atrevería a decir que como consecuencia, su rostro se inclinó, mientras iniciaba ese ya tan familiar jueguito con sus índices. El flequillo intentaba ocultar su vergüenza, pero esta era palpable. —L-Lo siento, y-yo… —balbuceó débilmente—, y-yo… no intento jugar sucio, sólo… yo sólo…

Hacía mucho tiempo que Naruto no la escuchaba tartamudear tanto, talvez años, e inconscientemente quiso terminar la oración. —¿… sólo quieres besarme?

A continuación, ella lo miró con ojos tímidos antes de pronunciar un suavísimo "ujum", él pudo advertir la forma en que se mordía el interior del labio disimuladamente y, aunque pudiera parecer tonto, el pensamiento de que podía hacerla pedir un beso hinchó un poco su ego. Tuvo que pasar saliva, pues de repente su boca se sentía como un desierto, y hundió mínimamente los dedos en la carne de sus caderas. Podía sentir como esto aumentaba el ritmo de las respiraciones en ambos… su palpitar se hizo más fuerte al ser consciente de que Hinata estaba sentada en sus piernas, viéndolo con anhelo y prácticamente rogándole por algo que había querido hacer desde que la miró salir de su casa con aquella pijama corta y con Kyübi en brazos, no, en realidad, era algo que había deseado desde hacía más de un mes.

Cerró los ojos con fuerza, buscando la calma necesaria para pensar apropiadamente, eludiendo la imagen tentativa del frente. Unas pequeñas manos se posaron sobre la tela que cubría su pecho y sintió desinflarse. —¿Naruto-kun? —oyó su llamado nervioso.

¿Ella habría pronunciado el nombre de Kiba de igual manera?

—Joder, Hinata, no hagas esto, no estés jugando conmigo —murmuró clara, pausadamente, aún sin atreverse a abrir los ojos. Suspiró. —No puedo perdonarte, ¿dónde quedaría mi orgullo entonces?

Una parte de dicho orgullo se desmoronó con la sensación de algo liviano contra sus labios, de sólo un roce que lo hizo tensarse. —Perdóname…

—No —fue su débil respuesta.

¿Qué tenía ella que nada más con la insinuación de un beso lo hacía temblar como gelatina?

—Kiba-kun estaba un poco ebrio… —dijo.

—No me importa.

—…y tengo el presentimiento de que… lo hizo para que una muchacha se alejara.

¿Una que tenía una joroba? Él había mencionado algo así antes de que le gritara "¡bastardo, voy a matarte!" y cortara la llamada. Se mordió la lengua para evitar preguntar. —¿Y eso te molesta? —fue lo que salió en cambio.

—No —Hinata se mantuvo en silencio un instante en que la escuchó suspirar—. Yo… es difícil de explicar y también sé que es difícil de entender, pero… lo que quiero decir es que no fue un beso de ese tipo… del tipo…

Los orbes azules se abrieron con curiosidad. —¿De qué tipo, Hinata?

—Del tipo… —ella pasó saliva con lentitud, antes de enfrentarse a su mirada—, del tipo que tú me das.

Su estómago se comprimió un poco de manera placentera al escucharla, pero continúo intransigente. —Un beso es un beso.

—Eso no es cierto —se apresuró a corregirlo—, los que tú me regalas son… —ahí se trabó, mientras su rostro nuevamente se ruborizaba y huía de su mirada marina—diferentes.

—¿Qué se supone que eso quiere decir?

Naruto sintió que sus manos arrugaban su camisa en pequeños puños. —Que el beso con Kiba-kun no fue un beso real como los que guardo para ti… sino, no puedo explicarlo bien, como… cuando te despides de un hermanito o de un primo o…no sé.

—Para mí lo que hicieron sigue sonando como un beso y ya está.

Sus labios se fruncieron en un gesto lindo de frustración, sus cejas oscuras se acercaron un poco la una a la otra, y él sólo se quedó mirándola pensar, esperando internamente ansioso por la siguiente cosa que se le ocurriría decir, la siguiente explicación que daría, pero, aunque ciertamente estaba esperando una respuesta, las palabras que salieron de su rosada boca fueron tan inesperadas que lo golpearon en el pecho y lo hundieron en el silencio. Las palabras sólo flotaron un rato en el aire entre ellos:

—Entonces, ¿los besos que le diste a Sakura-chan son iguales a los que me das?

¿Qué podía decir? Era oficial: Hinata Hyüga era la persona más impredecible de Konoha y la única que lograba ponerlo fuera de base. Parpadeó. Una, dos, tres veces. Aunque había intentado ocultarlo, el color de los celos pintaba por completo la repentina pregunta. Ella estaba celosa, pero… cuando la miró cuidadosamente, Naruto descubrió que también esperaba con ansiedad una respuesta. La respuesta la aterraba, pudo leerlo en las pupilas aperladas que se movían inquietas y en aquél hábito secreto de morderse suavemente la mejilla cuando estaba angustiada; ella estaba asustada y, sin embargo, era él quien tenía un nudo en la garganta y la lengua enrollada, además, para colmo, ya estaba sintiendo que sus cachetes se enrojecían.

¿Qué si los besos dados a Sakura eran los mismos con las que la arrullaba a ella? ¡qué cosa! Comer el fruto del árbol de la vida no era tan siquiera comparable a la sensación de besar su boquita judía. Cuando él la besaba caía de lleno, entero, perdía toda su voluntad y simplemente se volvía su muñequito de juego; se desesperaba, pero era un tipo agradable de desesperación, y siempre quería más y más, sin límites, sin control, sin escrúpulos.

Besar a Hinata Hyüga era alcanzar la gloria. O quizá así lo sentía porque estaba perdido en el amor con ella.

Pero…

—Agh, eso no tiene nada que ver´ttebayó —dijo con un quejido profundo, rascándose la cabeza—. No me cambies el tema, Hinata, que bien sabes que me vuelves loc-uhm…

La princesa Hyüga había perdido la paciencia. De un repentino, pero no por ello menos fino, movimiento tomó los costados del masculino rostro bronceado y se acercó para hundir sus labios en un beso firme y profundo, pero corto, como el abrebocas de un delicioso festín. Naruto no se movió. Se sentía entumecido, sus ojos azules estaban completamente abiertos, pero ni siquiera la sorpresa fue capaz de reprimir el impulso de pasar suavemente la lengua sobre su propio labio para humedecerlo, para saborear la poca esencia que el contacto pudiese haber dejado, mientras sus miradas se chocaban nuevamente. —Basta, Hin-

—No —la sangre se aceleró en sus venas cuando ella posó el pulgar en la comisura de su labio, dejando una fugaz caricia, mientras sus preciosos ojos grises delinearon su boca con lentitud—, no voy a dejar que me alejes por un estúpido error de mi parte, Naruto-kun.

Se sintió un poco como si hubiesen cambiado de lugares. Ella lucía tan decidida y audaz, mientras él se sentía cada vez más tímido y acorralado.

El asunto no mejoró cuando pequeños besos fueron depositados de forma dulce en la zona sensible cerca de su boca, sobre sus labios… besos dulces y cortos, cargados también de una pizca de sensualidad que empezaba a trastornarlo, pues ella era insistente y empezó una y otra vez a involucrar la punta de su lengua en el delicioso gesto cariñoso, invitándolo tímidamente a iniciar el movimiento pertinente. —Estoy dispuesta a suplicar… —ella susurró sobre la piel de su quijada, y unas cosquillas satisfactorias lo sacudieron. A duras penas podía mantener los ojos entreabiertos, sólo por el placer que le suponía verla tan cerca, con esa inusual mirada hambrienta en las perlas que tenía por ojos y las mejillas sonrojadas, recorriéndolo con su boca. Tan preciosa…

—Hinata, yo-

Volvió a interrumpirlo, mordisqueando su labio inferior con los suyos y, claro, estirándolo suavemente después. —Naruto, estoy enamorada de ti —murmuró de repente, exhalando hondamente. Naruto sintió sus manos que masajeaban cariñosamente los cabellos de su nuca y, oh, esa mujer lo estaba haciendo perder todos los sentidos, cerró los ojos cuando la piel bronceada se unió a la pálida en el punto de sus frentes. Él cerró los ojos, sabiendo que ella también lo había hecho. —E-estoy enamorada de ti desde hace tanto tiempo que no puedo recordar exactamente el momento… —dijo, tan suave y bajo, como el más precioso de los secretos. Podía sentir su respiración tocando su rostro, arrullándolo—Me encanta cada cosa de ti. Tu sonrisa, tu voz, la normal y la de gripe, tu rebelde cabello dorado, tus dattebayos, tu obsesión por el ramen, tus fuertes carcajadas… Me gusta tu ingenuidad, el ánimo de niño que nunca te deja, me gusta tu sinceridad apabullante, me gusta la forma en que me miras cuando piensas que nadie se da cuenta, me fascinan cada una de tus ideas y tus juegos, me encantan tus conversaciones telefónicas en las que sufres de colapsos por desbordamiento de ternura que, por cierto, no existen… pero amo cuando los sufres. Quedo prendada de ti cada vez que eres gentil, cada vez que tu nobleza reluce, cada vez que ayudas a alguien… Eres tan colaborador, tan sencillo, tan jovial, me haces sentir orgullosa de conocerte, de ser tu amiga, de quererte. Ah, y me gusta la forma en que tus ojos brillan cuando miras por el ventanal de mi cuarto y el gesto de tu cara cuando hablas de Jiraya-sama llamándolo "sabio pervertido", ¿y sabes que tu mueca es adorable cuando tu comida está demasiado picante? Amo que odies el maní, porque me fascina y termino comiéndome el tuyo… Me gusta la forma como luce el color naranja en ti, me gusta tu piel bronceada, adoro las marcas en tu mejilla que te dan un aspecto tan minino y, por sobre todas las cosas, me encanta la forma en la que te rascas la nuca y el rubor que se forma en tus mejillas cuando estás nervioso.

—Hinata, tú-

—Shh… —él apretó suavemente su cintura en señal de asentimiento y tragó saliva. Ella ya lo tenía en sus manos—Lo que siento cuando estoy contigo… no, simplemente cuando te pienso, es tan fuerte que me sacude entera y llega a asustarme… pero me gusta. Me gusta amarte, Naruto-kun, mi amor por ti es lo más grandioso que he descubierto en mi vida… y tienes que creerme cuando te digo que este tiempo que estuviste lejos pasó tan lento, los días parecían años, y nada era lo mismo sin ti… No paré de pensarte y sé que puede sonar terrorífico o raro, pero a veces escuchaba tu voz en mi cabeza —Naruto no pudo retener una pequeña risa y la sintió tensarse, pero luego, siendo consciente de su error, tanteó con sus manos el camino hasta sus mejillas calientes y las dejó descansar allí, jugueteando con sus dedos pulgares sobre la piel suave por un instante. Ella suspiró suavemente ante el gesto íntimo—; te extrañé tanto.

Se separó un poco, ambos se miraron de nuevo.

—Hi-

—Mucho, en serio.

Él chasqueó la lengua, riendo. —Joder, ¿cuándo dejarás de interrumpirme?

—L-Lo sien-

Y entonces fue su turno de cortarla a media disculpa, lo hizo ocupando su boquita de muñeca en algo más productivo, la besó como si no hubiera un mañana. Acarició su rostro y acomodó algunos mechones de cabello azabache tras las pequeñas orejas, mientras se movía contra su boca. —Mmm… —ella se quejó cuando él se separó un instante con la intención de observarla; los perlados ojos entrecerrados, los labios entreabiertos y las mejillas rosadas conformaban un cuadro que se aseguró de guardar celosamente en su memoria. Le dedicó una sonrisa cómplice y presionando con sus dedos la delicada nuca de Hinata, la incitó a inclinarse un poco más.

Había arena en partes de su cuerpo que la arena nunca debería tocar, pero no le importaba en absoluto. Sólo importaba ella.

En un fugaz movimiento, su lengua conquistó la cálida cavidad, encontrándose con una compañera que, aunque fuerte, actuaba sumisa en su presencia. Los brazos de Hinata lo rodearon de la cintura, apretándolo con fuerza, provocando que un gruñido brotara de su garganta. —¿Por qué… —balbuceó sin darle tregua, arrastrando su boca sobre la piel de su quijada, de su barbilla, devolviéndose a las comisuras de su boca, mientras ella trataba de respirar consistentemente—por qué tus besos tienen que ser tan buenos, ah?

La forma en que parecía derretirse contra su cuerpo, los suaves quejiditos que emitía cuando él le mordía juguetonamente el labio o rozaba intencionalmente sus lenguas… las manos que se apegaban a su espalda, los dedos ágiles que bailoteaban y se enterraban en esta…

Naruto estaba enloqueciendo.

—¿M-mejores que… —ella jadeó, subiendo los brazos alrededor de su cuello y atacando nuevamente el punto débil de su oído—, mejores que los de Sakura-chan?

Y ahí iba su obsesión por Sakura nuevamente. Naruto hubiera reído si ella no fuera tan malditamente genial en aquella cosa que hacía con su oreja, en cambio, se entretuvo un poco acariciando su espalda, entrelazando sus dedos con las hebras brillantemente oscuras y largas, sintiendo el olor a romero de su cabello y el de vainilla (presente en su piel) mezclándose en un aroma embriagante, mientras se dejaba hacer. —¿Quién es Sakura? —bromeó con voz ronca y perversamente suave—Afrodita me dijo que te pidiera que, por favor, le compartieses tus tips para chiflar a los hombres´ttebayó.

Él no lo sabía, pero ella secretamente amaba cuando daba vida a seres de la mitología. La hacía sentir como en un cuento.

Su risa débil vibró en el oído de Naruto y, seguidamente, vino un mordisco tan sutil que lo obligó a morderse el labio. —¿Sí?

Él apretó ligeramente sus omóplatos y acercó los labios hasta rozar la piel suave de su cuello.—Sí —dijo, arrastrando su boca en búsqueda del punto exacto donde pudiera sentir su pulso. Le gustó la manera en la que ella se aferró más a él, le gustó la forma en que su cuerpo se tensó y su dermis se erizó, pero lo que le cautivó fue el oírla suspirando su nombre.

—Naruto…

Vamos, que era delirante. Y ni siquiera le importó que el trabajo espectacular que estaba haciendo a los alrededores de su oreja se detuvieran, no le importó en absoluto, porque fue recompensado con el tenerla sumisa y mansa en sus brazos, quejándose del gozo que él le provocaba.

—Pero yo le respondí que no fuera tonta —siguió murmurando, a la vez que depositaba los mimos a lo largo de su cuello. Ella le acariciaba el cabello con los diez dedos que poseía en las manos—… que esos tips sólo te sirven a ti, y que sólo te funcionan conmigo.

—¿Los tips que chiflan? —ella ronroneó—¿te han afectado, Naruto-kun?

—Exacto —no pudo reprimir una sonrisa—, ¿no puedes notar lo loquito que me traes, Hinata? —a este punto ya había retornado hasta su lindo mentón, arrastrando las palabras consigo. La escuchó reír, sin embargo, era lo suficientemente perceptivo para saber que estaba avergonzada. Siempre que él decía algo bonito, ella reía de esa manera para ocultarlo. Esto hizo que su sonrisa se ensanchara ligeramente, antes de rozar sus labios—Y, por si no ha quedado lo suficientemente claro, tus besos son los mejores y estoy enamorado de ti y… ¿sabes qué? Voy a gritarlo.

—¿Q-qué? No, no, Naru-

Pero fue demasiado tarde. Él se echó hacia atrás, cayendo de espaldas sobre la arena nuevamente y estiró los brazos. —¡Estoy enamorado de Hinata Hyüga, que les quede clarito a todos´ttebayó!

—No hagas eso, p-por favor.

—¿Eh? ¿Por qué? —su risa sonó estruendosa en la pasividad de la noche. El lugar estaba vacío, pero bien era cierto que los vecinos podrían fácilmente oírlo—¡Que todo el mundo sepa que estoy enfermo —alargó la "o"—de amor!

Era tan gracioso ver su cara sonrojada y su expresión inquieta. —D-detente, Naruto, la gente pensará que estás ebrio…

—¡Ebrio! —gritó más fuerte. Secretamente sólo quería abochornarla más. A él le valían los vecinos o los vagabundos o lo que fuera—. ¡Es verdad, no lo había notado! ¡Pero si estoy totalmente ebrio de Hinata Hyüga, joder!

Rió más fuerte, mientras ella trataba por todos los medios de cubrirle la boca. Nada funcionaba, pues él se removía o juguetonamente mojaba su palma con la punta de la lengua, haciéndola retroceder y chillar. —¡Y escuchen bien, voy a casarme con ella, vamos a tener ocho hijos y le compraré una casa enorme para criarlos! ¡y aunque nos hagamos viejos no voy a dejar que la llama se extinga y haremos el am-!

Ella lo calló de la única forma efectiva; besándolo con fuerza. Y mientras correspondía efusivamente al cariño, Naruto sólo podía decirse mentalmente que definitivamente sus declaraciones se iban a volver una realidad, como fuera.

Que no le importaba más si ella había besado a Kiba, porque ella lo amaba y lo anterior no tuvo un significado real. Él no iba a perderla por eso. Además, se dijo, no puedo reclamar nada después de tanto embarrarla. No podía pretender llegar a exigir explicaciones cuando él había pasado años sin percibir el amor que sentía por ella, cuando la había besado aun teniendo novia, cuando la había puesto en una encrucijada, cuando se enojó y no volvió a hablarle hasta la graduación… y después, cuando le confesó su amor en ciclovía para largarse al pueblo de sus padres justo al día siguiente. Mierda, que hasta hubiera sido posible encontrarla casada y con hijos al volver y, aun así, no podía haberle hecho reclamos.

Era comprensible que ella pudiese haber estado confundida, pero Naruto tenía claro que ese no era el caso. Lo de ella y Kiba simplemente había sido una forma de decirse "adiós" sin saberlo, lo sabía, Kiba lo había hecho para despedirse… porque ahora ella sólo le pertenecía a él, después de tantos años de infancia en los que era compartida por ambos.

—Estás muy loco, Naruto-kun.

La vio tumbarse a su lado en la arena, con ese brilló extraño en sus ojos de perlas, con un gesto de la satisfacción más pura, y que lo partiera un rayo si ella no era la cosa más linda del universo.

Estaba llena de arena fina y, sin embargo, lucía impecable para él.

Se acercó para besarla en la mejilla y, justo cuando iba a susurrar su primer "te amo", su nombre dicho por una voz helada le erizó la piel.

—Naruto —sus ojos azules subieron asustados hasta chocar con unos perfectamente iguales, pero diametralmente diferentes a los de su amada—, ¿qué estás haciendo con mi prima en el arenero?

Mierda. Mierda. Mierda. Tragó saliva. —Neji.


.

.

Neji Hyüga se cruzó de brazos, mientras lo veía todo rojo con sus peculiares ojos.

Estaba paseando con Tenten y, de repente, unos gritos y risas conocidas habían llamado su atención. Quiso no imaginar nada, pero al llegar al centro del parque, cuando una desordenada cabellera rubia desvió su mirada al arenero… tuvo que contenerse para no correr hacia Naruto y decapitarlo. No corrió, sólo caminó ligero, con Tenten tras él diciéndole que, por favor, no cometiera una estupidez.

¡Ja!

—Naruto —pronunció lo más calmado que pudo—, ¿qué estás haciendo con mi prima en el arenero?

¿Ven? ¡le dio la oportunidad de explicarse y todo! Se pasaba de buena gente.

—Neji.

Sus ojos azules destilaban terror puro y, antes de que pudiera responder algo, Hinata ya se había levantado de un brinco y se sacudía los pantalones. —Neji-Niisan, no-

—Usted quédese fuera de esto, Hinata-sama —la interrumpió, sin despegar su intensa mirada sobre Naruto—, no puedo permitir que este sujeto haga algo tan indecente con usted.

Ignoró el suspiro de Tenten a su lado.

—¡Espera, Neji, no es nada de lo que piensas, hombre!

Si tuviera el poder, Neji lo hubiera matado simplemente con la mirada, pero como no era así, entonces simplemente apretó los puños y dio un amenazador paso hacía el rubio (que ya se había puesto de pie de un salto). Los ojos azules se chocaron con un perla rígido y furioso por unos segundos… entonces, su prima gritó: —¡Corre, Naruto-kun! —porque, claro, ella sabía lo que venía.

Lo iba a castrar.

—¡Vuelve aquí, Naruto!

El desgraciado era rápido. —¡Neji, por el amor de Dios, sólo nos estábamos besando´ttebayó!

¡¿Que qué?! ¡¿se estaban besando y no sólo en la mejilla como él los había visto?!

Neji sintió la lava recorriendo sus venas. —¡No voy a permitir tal falta de respeto con Hinata-sama!

Naruto jadeó sin aire cuando él pudo agarrarlo de las solapas y lo estrelló contra el tronco de un árbol.

—¡Neji-niisan, suéltalo!

—Voy a eliminar por completo al poseedor de ese comportamiento indigno en un hombre, ¡muere de una vez, Naruto!

—¡Neji Hyüga, basta! —el grito de su novia lo frenó en seco (con su puño a milímetros del rostro bigotudo, que ya estaba bañado por cascaditas) y ambos giraron la cabeza hacia ella. El uno con confusión y el otro con agradecimiento—¡deja de atormentar al pobre Naruto!

Tenten lo miraba seriamente, con las manos en la cintura. —Pero Tenten, él-

—Además —lo interrumpió, masajeándose suavemente la sien—, ¿qué es todo eso de "comportamiento indigno de un hombre"? Ellos sólo se estaban besando, Neji, no seas tan extremista.

—¡Es inconcebible que él haya besado a Hinata-sama! —replicó, y no era sólo porque se trataba de su prima… Bueno, sí era por eso.

Aún mantenía a Naruto sujeto al tronco y el puño cerca de su cara.

—Pero tú has hecho más que eso conmigo y nadie amenaza con la muerte mientras te estrella contra un árbol —¡mujeres! Deberían no entrometerse en cosas de hombres. Un casi imperceptible sonrojo de incomodidad asomó en el rostro Hyüga—, ¿o es que acaso mi barriga crecerá rápidamente por obra y gracia del espíritu santo?

Ella sonrió, acariciando dulcemente su propio estómago.

A Naruto se le cayó la mandíbula.

Hinata se cubrió la boca.

Neji se congeló.

Ya no era un secreto sólo entre los dos.

Luego, la risa escandalosa de Naruto rompió el ambiente. —¡Quien te ve, Neji, tan seriecito que pareces´ttebayó!

Y, claro, ahí sí se merecía el puño que le metió.

Tenten gritó "¡Neji" y Hinata gritó "¡Naruto-kun!" apresurándose a llegar a él para examinarlo.

Neji rodó los ojos: no había sido la gran cosa, por Dios.

Pero después, cuando todo se calmó, vinieron las felicitaciones y los abrazos, las sonrisas emocionadas y los sonrojos, los "pero no le digan a nadie aún, ¿está bien?" y los asentimientos entusiastas, los "¡voy a ser tía!" de Hinata y los "entonces yo tío político" de Naruto, le siguieron las bromas del tipo "Neji, tú no andas perdiendo el tiempo, ¿eh?" y los piquetes sobre su estómago, pero sólo fue hasta que Naruto se puso demasiado fastidioso con querer tocar el abdomen plano de Tenten, que Neji acabó con el momento (ella habría dicho que sí con una sonrisa, pero que todo se fuera al carajo si él permitía que, además de besuquear a su prima, también tocara a su mujer).

—Hinata-sama, llevaré a Tenten a su casa, está cansada.

No estaba cansada ni una pizca, pero con la seriedad que lo dijo todo el mundo le creyó. Claro, excepto Tenten.

Hinata asintió.

—Naruto, más te vale que la acompañes a ella … ahora mismo.

Naruto sonrió, dándole un pulgar en alto. —¡Sí, señor papá! —exclamó—, sólo nos falta una pequeña parada. Después de eso, Hinata estará en casa´ttebayó.


.

.

Kiba Inuzuka se llevó una mano a la cabeza, mientras suspiraba por quinta vez desde que había empezado el camino en taxi desde el cine hasta su propia casa en compañía de Ino. —¿Segura que fue buena idea haberlo llamado, Ino? Me preocupa haber metido en problemas a Hinata…

Sí, él había llamado a Naruto esa mañana bajo la estricta presión de su ahora novia oficial.

Ella se mordió el labio. —Deja de preocuparte, Kiba —le calmó, ni siquiera convenciéndose ella misma—, seguramente le hiciste un favor.

Quizá Ino jamás admitiría que había sido un capricho, una rabieta del momento, porque ella simplemente estaba enojada de que él le contó lo del beso con Hinata (añadiendo además que hubieron muchas copas de por medio) justo antes de pedirle un noviazgo formal (¿no quería honestidad?). La cosa fue que ella se creyó con el derecho de sentir compasión por el pobre Naruto y lo atosigó para que se disculpara con él. "Ahora mismo, coge ese aparato y llama al pobrecito, Kiba Inuzuka" , pero claro, ninguno se imaginaba que Hinata no había cumplido la labor de decirle.

Aunque –Kiba se repitió muchas veces- debió haberse imaginado que ella querría hablar con él personalmente. Hinata era así.

La cosa es… que la había cagado hasta el fondo.

Sexto suspiro.

El taxi se detuvo y él pagó antes de bajarse y cerró la puerta luego de que ella hubo bajado.

—Oye, Kiba… —Ino susurró.

—¿Qué sucede?

Ella señalaba algún punto en el jardín de su casa y, cuando siguió la dirección de su dedo, Kiba vio dos figuras.

Tragó saliva.

—Son Naruto y Hinata —dijo Ino, como si él fuera ciego—, ¿por qué crees que están aquí? —¡cómo si fuera adivino!

—No lo sé —respondió, empezando a caminar hacia ellos.

—Será mejor que actuemos naturalmente entonces.

Excelente idea.

Kiba sintió un nudo en la garganta cuando la figura de Naruto se adelantó a su encuentro, pero decidió seguir el plan de su novia. Actúa natural, actúa natural. —¡Ey, Naruto, qué tal te-ugh!

—¡Kiba!

Se encogió sintiendo que le faltaba el aire. El puño de Naruto presionaba la boca de su estómago todavía cuando lo oyó susurrar: —Ahora está todo genial, Kiba.

Y así, tan repentino como llegó, él caminó de para atrás con una sonrisa en el rostro. —Eh, lo siento por aporrear un poco a tu novio, Ino, ya está bien´ttebayó —le oyó disculparse mientras él tosía con esfuerzo. Ese maldito tenía fuerza, no podía negarlo.

—Lo siento, Kiba-kun… —le llegó también la suave voz de Hinata y en cierta forma le alegró porque ya él no tenía que disculparse por nada.

Después, sólo pudo ponerse derecho a tiempo para ver cómo Naruto echaba el brazo sobre el hombro de su pequeña amiga ruborizada y le besaba la mejilla, antes de incitarla a emprender la marcha. —Ahora sí te llevaré a casa.

Hinata le dio una última mirada de disculpa por encima del brazo del rubio y, a continuación, ambos desaparecieron al final de la calle. Él parpadeó. ¿Qué diablos había sido eso?

—¿Estás bien…? —Ino le acaricio el estómago con una mano y pasó la otra hacia su espalda, con la intención de ayudarlo.

Pero él estaba bien.

—¿Viste eso? —preguntó, aún con la mirada pérdida en el sitio en el que los vio la última vez.

—¿Que Naruto enloqueció totalmente? Sí, lo vi.

—No, eso no —negó—; que Naruto tenía un ojo morado.

¿Qué diablos había pasado en sólo un día?


FIN.


¡Holaaaaaaa! De verdad les voy a decir una cosa: si no les gusta, me retiro totalmente del mundo de los fanfics. ¡Tantas perspectivas, tantas emociones, tantos personajes! ¡y tantas palabras! Casi muero al escribirlo.

Y no se asusten con el "Fin". Es sólo el fin de una etapa. A partir del siguiente episodio entraremos a otra fase de la vida de Naruto y Hinata... Una fase más madura (?) Jaja. Naruto madurando... ~

En fin, espero sus reviews, por favor.

Un saludo especial a Mika-ch n, que sé que está comiendose las uñas por seguir leyendo ;)