37. Ocasión
Era el día para el que se habían preparado. La batalla final.
Una simple historia de amor había dado sus frutos. Un niño portentoso que estaba con su animada abuela en Florida. Todo eso había desencadenado en una guerra sin precedentes. Un antiguo orden se extinguía, uno nuevo quería implantarse.
Y por primera vez. Los Quileutes se unían a su antiguo socio de tratado, a las sanguijelas procedentes de diferentes partes del planeta. Todos con un enemigo común. Un enemigo que llevaba ganando 1.000 años.
Aro Volturi.
No sería fácil. Sabían que muchos no volverían a ver el amanecer, ni podrían abrazar a sus seres queridos. Pero por eso luchaban, para proteger a lo que se ama y a lo que se cree.
En las filas de los Cullen se palpaba el nerviosismo. Ellos habían intentado apartarse del mundo. Crear una seguridad que les permitía una existencia de acorde a su moral humana. Huir y tomar precauciones para nunca llegar a un enfrentamiento directo.
No lo habían conseguido.
Jasper era el más familiarizado con todo. La guerra era motivo de gloria pero también de muerte. Cuando no se tiene nada que perder uno lucha sin presiones, sin cargas adicionales.
Para ellos sería imposible. Todos estaban unidos por el afecto sincero en sus diferentes formas. Cualquiera que fuera el resultado esa noche, la familia quedaría destruida pues era de ingenuos pensar que ninguno de ellos moriría en el intento. Por eso el sentimiento que más se respiraba en el ambiente era el de amarga convicción.
Recibieron la señal desde La Push lo que confirmó que Alice, su preciosa y pequeña Alice, había acertado completamente.
El ataque fue veloz, lleno de energía. Pequeñas batallas se desencadenaron en el tranquilo prado. Ruidos y quejidos que desembocaron en una locura de destrucción.
Jasper ya no pensó. No pudo. Su mente tenía un único objetivo: Destruir antes que le destruyan. Los vampiros de la guardia eran diestros. Eran un borrón mortífero del que apenas podía adivinar el color del pelo dentro de la majestuosa capa negra.
Pero él, era un general condecorado en los tiempos en que las guerras eran cuerpo a cuerpo y la penicilina era muy reciente. Conocía a la muerte, incluso antes de su vida inmortal.
Cuando terminó con el décimo vampiro se permitió observar la situación. No se apreciaban quienes iban ganando en las diferentes batallas pero si que ningún Cullen se hallaba en la pila de miembros esparcidos sobre la hierba. Una bendita buena señal. Sin pensárselo roció con gasolina una pila de maderas y les prendió fuego.
Con presteza empezó la quema de restos. Nadie pertubó a Jasper. Todos estaban demasiado ocupados.
De la nada emergió la pequeña Jane y fue directa en la pelea de Bella, ignorando al rubio vampiro. Jasper intentó evitarlo pero Jane contraatacó provocando un dolor punzante que le impidió moverse.
Bella acababa de vencer a su adversario. Tenía heridas, rayajos sobre su diamantina piel. Encaró a Jane, segura de que su mente la protegería del ataque.
Pero Jane sonreía y Jasper tuvo que reprimir unas naúseas. Eso no era una maldita buena señal.
-Bella, Bella, Bella-Jane pronunció el nombre a la italiana alargando las eles-sigues con esta complicación de tu mente-hizo un mohín de descontento-Eres mala, tu mente no quiere jugar conmigo.
Sonrió de forma siniestra, pero Bella ni se inmutó. La atacó y Jane se salvó por muy poco.
-Recuerdas a Maquiavelo, Bella. El gran estratega-Volvió a salvarse de otro ataque.-Decía que nunca hay que atacar la mente de una persona, si no su corazón. Tu pobre corazón vino a por mi, pensó que podría vencerme, siempre protegiéndote como si fueras humana.
Aquello detuvo a Bella que alarmada empezó a buscar por el prado.
Como si de una guía turística se tratara,ella le indicó teatralmente.
-Mira hacia donde va ahora.
Caminando hacia el centro del prado, Edward avanzaba rápidamente hacia la pila de Jasper. Parecía en trance. Jane lo dominaba.
Jasper se acercó a él para evitar que se lanzara contra el fuego que lo destruiría. Tenía que ayudar a su hermano. Golpearlo para romper el dominio sobre su mente.
Pero Edward leyó su mente y con fluidez lo esquivó y golpeó para quitarselo de enmedio. Su misión era llegar a la pira. El fuego purificado purgaría sus pecados y podría volver con su Bella. Que había muerto en el acantilado.
Como la maestra manipuladora que era, Jane había atacado de tal forma la mente de Edward que había alterado sus recuerdos hasta hacerlo suicida. Igual que en Volterra.
Bella corrió como una posesa, chillando como un animal herido. Una sensación de deja-vú horroroso de no llegar a salvarlo.
"Oh Dios. No permitas que muera. Lo amo tanto, ahora lo sé. No permitas que muera pensando que mi amor no es tan fuerte como el suyo. Sólo para él, todo para él"-Se repetía sin cesar.
Edward se lanzó sobre las llamas como un angel redentor. Era su fin.
Pero la vida, está llena de buenas contradicciones y justo quien fuera su enemigo a muerte por el amor de Bella, vino a salvarlo. Lo agarró por la camisa de modo que apenas rozó el mortífero fuego. Jake depositó a Edward en el suelo. El vampiro continuaba conmocionado y aún existía en lanzarse al fuego. Los demás Cullen estaban acabando sus batallas individuales.
Bella también llegó e intentó reternerlo gracias a su recién adquirida fuerza como vampiro neonata, mientras Jake se frotaba las costillas aún magulladas. No había manera. Aún estaba obsesionado y tenía que despertar. Jane ya no era un problema. Jasper había terminado con ella y ahora se unía a ella para retener a su hermano.
Entonces Jake tuvo una idea.
-Bells, ven aquí y bésame.
La vampira y antigua amiga-medionovia lo miró como si hubiera hablado en chino.
-Bells te juro que no me apetece para nada.-Jake se entremeció de asco. Ella olía igual de mal que un concurso de gases. Y el gusto sería peor. Por no hablar de que no era su Rennie.
-Estás loco-Dijo entre jadeos pues Edward era muy fuerte.- No le haré daño. Antes me tiro a la pira. Ahora que por fin lo ha olvidado no pienso remover unos recuerdos tan dolorosos.
-Y potentes.-Indicó él.
Ella lo miró y observó a Edward. Él seguía sin reconocerla. Tenía que salvarlo.
-Está bien.
Se acercó a Jake intentando sin éxito esconder su cara de disgusto. La de él era similar.
Estuvieron frente a frente y ella se alzó de puntillas para estar a la misma altura. Él cogió su rostro. A dicha distancia y con sus olores respectivos, la repulsión era mayor.
-Por Edward-Susurró ella y se inclinó para acabar con la distancia que lo separaban.
Salvo que Jake ya no estaba allí.
Rennie lo había agarrado por la camisa y en estos momentos lo miraba entre exasperada y divertida. Le dió una bofetada.
-Au, Rennie que aún me duele la cabeza.
-Te lo merecías. Menudo plan que has tenido. -Lo riñó ella, aunque besó con ternura la marca roja de su mejilla- Es mucho más fácil. Ella debe besar a su compañero-La miró con sospecha- A no ser que no quiera y entonces nos espera una charla. De amigas.-El tono de amenaza se hallaba presente en su voz.
Bella se quedó mirando a Rennie un momento. Luego rompió a reír.
-Definitivamente no soy competencia.
Se acercó hacia Jasper donde Edward sentado permanecía igual de imperturbable que antes. Ni siquiera el amago de beso lo había afectado. Con toda la disposición y amor del mundo lo besó. Era su primer beso sin refrenarse en público. Fue un beso muy apasionado con mordisquitos vampirícos incluidos. Bella mordiqueó su labio inferior.
Eso lo hizo reaccionar. La aferró con fuerza y ambos cayeron sobre la hierba. Empezaron a acariciarse. Jasper fue el primero en darse cuenta que había que parar aquello antes de que acabara siendo una película para adultos.
-Siento interrumpir-Golpeó suavemente el hombro de ella que se retiró un poco. Él fue un poco más reacio pero finalmente se separó. Era obvio que necesitaban intimidad.
-Jake-Empezó Edward-Siempre acabo en deuda contigo.
-Ya no lo estarás más-Informó Jacob en tono serio-Bells, Eddie presento mi dimisión.
-¿Tu dimisión?-Los dos parecían complejos.
-Si, dimito. Ya sólo me queda un elemento y no me gusta volar. El aire no es mi elemento. Soy un lobo de tierra.
-Cariño-Rennie intervino-¿Aún te duele la cabeza?
Jacob se rió y aclaró sus raros comentarios.
-Sólo digo que no me apetece volver a salvar a otro Cullen de los elementos cuando se pone en plan dramático. Con Bells casi me ahogo en el agua y cogí un resfriado. Ahora tengo el trasero chamuscado por el fuego. Ya sólo me queda el aire y no quiero tener que saltar detrás de Emmett porque quiere probar el paracaídas cuando Blondie lo tenga en abstinencia.
Todos rompieron a reír. Pero la risa fue más numerosa de lo esperado. Los Cullen habían sobrevivido sin bajas.
Era un buen comienzo, habían ganado una gran batalla, pero la guerra aún estaba activa.
Y más cuando había traidores en sus propias filas.
