La mañana había amanecido fría, Sam despertó acurrucado con la ropa de la cama enredada en su cuerpo. Se movió por la cama, intentando buscar el calor de un cuerpo que no estaba a su lado, porque Dean no estaba allí.

Se incorporó y llamó en alto a su hermano, pero nadie respondido, Dean no estaba en la habitación. Hizo memoria pero su hermano no le había dicho que fuera a marcharse a ningún sitio, aquello era raro. Dean no madrugaba si no tenía un buen motivo para hacerlo y mucho menos en días tan heladores como aquel.

Sam cogió el móvil y le llamó pero para su sorpresa, su hermano no le contestó. Dean siempre contestaba, siempre estaba al otro lado del teléfono, a menos claro, que le hubiera ocurrido algo malo. Por eso Sam, comenzó a preocuparse.

Se vistió con rapidez, mientras hacía un repaso a la última conversación que había tenido con él para ver si sacaba algo en claro. Dean había estado bromeando, jugando con él como siempre hacía, intentando provocarle para que saltara y Sam lo hizo, como siempre.

"¿Cómo es posible que no te acuerdes? ¿Qué es eso tan importante que tienes que hacer mañana para no estar conmigo?"

"Importante tampoco sería la palabra justa. No es nada del otro mundo. Te acuerdas de Murphy, el amigo de papá, me llamó ayer y me dijo que quería verme para no se que de un trabajo, pensé que mañana que no teníamos nada que hacer podíamos quedar con él."

"Dean a veces creo que eres imbécil." Sam salió con furia del coche, sin mirar atrás, sin escuchar a su hermano llamándole, sin prestar atención a los pasos que se escuchaban detrás de él. Comenzó a caminar más rápido, sabía que si se lo proponía podía dejar atrás a su hermano corriendo.

Llegó a la puerta de la habitación, pero antes que pudiera abrir la puerta su hermano lo aprisionó entre su cuerpo y la puerta. Sam no podía moverse, por mucho que lo intentaba, Dean hacía más fuerza.

"Dean déjame, estoy cansado y quiero dormir."

"Vamos Sammy no te lo tomes así, claro que se que día es mañana, sólo quería tomarte un poco el pelo, no esperaba que te cabrearas tanto." La mano de Dean se deslizó sensualmente por la cintura de su hermano y lo pegó contra su cuerpo. "Se perfectamente que mañana habrá pasado un año." Le susurró al oído, teniendo que auparse ligeramente para poder hacerlo.

Sam sonrió, sin mostrarle el rostro a Dean, todavía quería parecer ofendido por mucho que las carantoñas de su hermano ya lo hubiera solucionado todo. Entonces notó las manos de su hermano, que le obligaban a volverse. Cuando ya lo tuvo de frente, Dean liberó una mano y abrió la puerta de la habitación, empujando a su hermano dentro.

"Un año ya." Dijo Dean antes de empujar a su hermano contra la cama y sentarse sobre él. "Estamos durando más muchas parejas."

"¿Parejas, de que estás hablando Dean, es que no nos vemos como una pareja? Creía que estábamos bien, que nos queríamos, no veo ninguna diferencia, con una de esas parejas que dices."

Sam intentó incorporarse, pero Dean apretó sus manos contra el pecho de su hermano pequeño y lo tiró contra la cama. "Deja de ser tan tiquismiquis Sammy. Hoy es nuestra noche especial y mañana…" Dean se detuvo a pensar un momento y al final no terminó la frase, besando con pasión a Sam.

El resto de la noche la pasaron haciendo el amor, riendo y hablando, hasta que el cansancio pudo con ellos y se quedaron dormidos. Sam no recordaba cuando se había levantado su hermano, pero Dean estaba demasiado raro el día anterior, comportándose con cierto secretismo, que Sam pensó que algo estaba tramando.

Un momento más tarde la puerta de la habitación se abrió de golpe, sobresaltando a Sam. "Vaya, esperaba que quisieras dormido cuando regresara. Casi me estropeas la sorpresa."

"Si te refieres a asustarme y preguntarme que demonios te ha pasado para no contestarme al teléfono, si, lo he hecho. ¿Dónde te has metido?" Dean le sonrió, igual que hacía cuando de más críos cometía alguna travesura y no era capaz de ocultársela a su hermano.

Se acercó a él y besándole en la mejilla y deslizando sus labios hasta la boca de Sam, lo llevó de nuevo hasta la cama. "Dean, no lo vas a conseguir esta vez. Vas a decirme donde te has metido si quieres que me vuelva a acostar contigo hoy."

Dean frunció el ceño, pero se recompuso con rapidez. "Muy bien, no vas a dejar que haga las cosas a mi manera. Tu ganas. Pero siéntate al menos no quiero que te caigas por la sorpresa."

"Dean ¿de que…?" Los de dos en los labios de Sam le impidieron seguir con la pregunta.

"Ayer te enfadaste conmigo porque creías que no recordaba que hoy cumplimos un año de…" Durante un segundo le costó encontrar la palabra precisa, porque al fin y al cabo, nunca lo había tenido que definir. "Compañeros." Dijo finalmente, viendo la enorme sonrisa que se dibujaba en la expresión de su hermano. "Bien, pues para que lo sepas, llevaba casi un mes preparando esto."

Dean le mostró dos pequeños paquetes a Sam, aunque sólo le entregó uno. Estaba perfectamente envuelto con un precioso papel de regalo dorado. Sam miró el paquete y luego a Dean. Desde que se comportaba con él como pareja y amante, Dean había cambiado tanto, que le parecía como menos que irreconocible, detallista, romántico y a veces con ese punto sentimental, que tanto le gustaba a Sam.

Abrió el paquete, pero no pudo creer que le tenía en su mano. Era un estuche, eso estaba claro, pero lo que había dentro, no podía ser verdad. No podía ser cierto que la forma de estuche de anillo, tuviera realmente dentro un anillo.

Sam volvió a mirar a Dean y entonces se dio cuenta que se había arrodillado frente a él y lo miraba con esos ojos verdes tan ilusionados que en contadas ocasiones le había visto.

"Dean ¿te has vuelto loco?"

"¿No lo va a abrir?" Dijo sin haber escuchado la pregunta de Sam. Cogió la mano de Sam con la que sujetaba el pequeño paquete y con la otra lo abrió lentamente. "Después de un año juntos, me pareció un buen momento para preguntarte si querías casarte conmigo."

Sam comenzó a reír a carcajadas en el momento en el que vio la alianza y escuchó la pregunta. Sin embargo, al ver el rostro serio y decidido de su hermano, se dio cuenta que no se trataba de una de sus bromas, que no era como la noche anterior, aquello iba completamente en serio.

"Dean… ¿me lo estás preguntando de verdad? Quiero decir, no me lo esperaba, más que nada por un pequeño problema de consanguinidad que puede ponernos en serios apuros a la hora de llevar a esto a cabo."

Todavía de rodillas, Dean se acercó más a su hermano y tras darle el otro pequeño paquete, puso sus manos a ambos lados del cuerpo de Sam y esperó. "¿Qué es esto?" En su mano Sam encontró con dos identidades falsas con sus fotos, dos más para la colección le parecieron a él.

"Dices que nosotros no podemos casarnos y tienes razón, pero no creo que tengan ningún problema, Jack Hopkins, osea tu y Steven Peterson, osea yo." Sam volvió a mirar los dos carnés y entonces lo comprendió todo.

Se levantó de un salto de la cama y se abrazó como nunca lo había hecho a Dean, que tan sólo respondió aceptando el fuerte contacto. Sam le sujetó el rostro y comenzó a besarle, ambas mejillas, los párpados, la frente, la barbilla y luego se recreo en sus labios.

Cuando pudo hablar por fin, Dean esperó a que Sam se hubiera recuperado para hablar. "Te vuelvo a hacer la misma pregunta otra vez y espero que esta vez no te rías de mi. ¿Quieres casarte conmigo Jack Hopkins?"

En esta ocasión, Sam no se echó a reír, sino que sonrió todo lo ampliamente que pudo, puso sus manos sobre el rostro de Dean y tras tomar aire, pues sentía que le faltaba todo el aire de los pulmones, se decidió a intentar hablar.

"Sabes muy bien que te quiero, que te adoro y que casarme contigo, seas Dean Winchester o Steven Peterson, sería lo mejor que podría pasar en la vida." Le besó apasionadamente, sintiendo que estaba flotando, que todo a su alrededor desaparecía por momentos, que todo lo demás dejaba de importar.

Caminó unos pasos hasta llegar a uno de los sillones del cuerpo, sentó allí a Dean y él se sentó encima, sobre sus piernas, mientras continuaba besándole. Fue desabrochando su camisa, botón por botón, recreándose en cada uno de ellos y fue introduciendo su mano bajo la ropa de Dean, tocando la piel desnuda de su pecho.

"Te quiero." Le dijo con la boca en el oído, antes de morder el lóbulo de su oreja y escucharlo suspirar. "Es el mejor regalo de aniversario que nadie me había hecho nunca."

"¿Y que hay del mío?" Le dijo su hermano como si se tratara de un niño que no ha encontrado nada bajo el árbol el día de Navidad.

"Te lo estoy dando ahora mismo, aunque si prefieres otra cosa." Sam comenzó a levantarse, apartándose de su hermano, pero Dean tiró de él y le obligó a volver a sentarse sobre sus piernas.

"No me gusta que me dejen a medias, así que quiero que termines lo que has empezado." Agarró con fuerza la camiseta de Sam hasta que sus bocas volvieron a encontrarse.

"¿No deberíamos esperar a estar casados para hacer esto?" Dean sonrió con maldad ante esa pregunta y sin decir nada, bajó una mano hasta la entrepierna de su hermano, depositándola allí, moviendo poco a poco sus dedos.

"Si eso es lo que quieres, por mi no hay problema." El pequeño gemido de su hermano fue toda la respuesta que necesitó.

De un manotazo, Sam le apartó la mano y volvió a lo que estaba haciendo. En un momento, le quitó la camisa a Dean e inclinándose sobre él comenzó a besarle el pecho, poco a poco, con calma, lamiendo cada centímetro con avidez, deslizando su lengua por sus pezones y chupándolos hasta conseguir sacar de él un suspiro tras otro.

Dean, por su parte, enredó sus dedos entre el pelo despeinado de Sam y la apretó al notar sus manos contra su entrepierna, bajando poco a poco el cinturón. "Feliz aniversario Dean." Sam miró un momento a su hermano antes de deslizarse hasta el suelo y colocar su cabeza en la entrepierna de Dean.

La lengua de Sam comenzó a recorrer el miembro de Dean, sabiendo donde entretenerse más tiempo, donde lamer con mayor intensidad y como hacerle gemir como nunca.

Dean clavó las uñas en el sillón, respirando cada vez con mayor dificultad, conforme la erección de su miembro se iba haciendo más grande. "Sam ven aquí." Dijo en lo que apenas pareció un suspiro. Su hermano levantó la cabeza, mientras su mano seguía jugueteando con su miembro. "Siéntate." Fue todo lo que consiguió decir entre gemidos.

Nada más levantarse, Dean se incorporó y comenzó a desabrocharle el pantalón. Se lo bajó y al mirar el boxer de su hermano, se dio cuenta que ya estaba excitado. Sam le tomó de la mano y le hizo levantarse, abrazándole.

Dean lo miró, parecía que estaba bailando sensualmente sin música, mientras se iba dando la vuelta hasta que aprisionó su espalda contra el cuerpo de Dean, cogió sus manos de nuevo y las puso sobre su miembro, todavía oculto por la ropa interior.

"Sammy…" Dijo mientras sentía el pene de su hermano. Sam se movió hasta el sillón, sobre el que se arrodilló, bajándose lentamente la ropa interior, dejando su trasero a la vista de su hermano. "Oh, Sam…"

Las manos firmes y seguras de Dean agarraron con fuerza los glúteos de Sam que suspiró con fuerza. Luego deslizó sus dedos sobre la piel suave de Sam y finalmente los puso sobre su ano.

"Quería regalarte algo especial yo también, pensé que yo sería el regalo perfecto para ti. Disfrútalo." Dean tan sólo deslizaba su dedo arriba y abajo, sin penetrar en su hermano.

"Sam no hace falta. Es como si…"

"Dean por favor, fóllame de una vez." Sam movió su mano hasta coger los dedos de su hermano y colocarlos contra su ano. "Si no lo haces tu…" No tuvo que seguir hablando, Dean introdujo su dedo en el cuerpo de su hermano lentamente, poco a poco fue ganando velocidad y también introdujo otro dedo.

Sam también fue llevando el ritmo con sus caderas y sus gemidos, que estaban excitando demasiado a Dean. Por fin este no pudo aguantarlo más. Cogió su miembro y dirigiéndolo con decisión, penetró a su hermano.

Fue aumentando la presión y la euforia, Dean tiró de Sam para levantarlo del sillón, se sentó él y sobre sus piernas, sentó a su hermano, todavía penetrándole. Ahora Sam lo notaba todavía más dentro de él, tanto que no podía evitar gritar.

Giró la cara para intentar besarle, pero no pudo, no podía verle. "Vamos date la vuelta." Le dijo Dean. Mientras salía de su interior y le ayudaba a levantarse. "Nos vamos a convertir en marido y marido; quiero que seamos iguales. Ven aquí."

Sin decir nada más, Sam comprendió lo que su hermano quería decirle. Se acercó a él, se sentó frente a él, llevando su miembro hasta entrar en Dean, que abrió la boca sin hacer ningún sonido y luego apretó los dientes y los dedos entre el pelo de Sam.

"Sigue." Le dijo Dean antes de acercarle la cabeza y poder besarle a gusto mientras su hermano le penetraba. Sam empujó con fuerza, como nunca lo había hecho antes; mientras sentía como la boca de su hermano le aprisionaba hasta hacerle daño.

Rodeó con sus manos la espalda de Dean y apretó su cuerpo al mismo tiempo que llevaba a cabo cada acometida. El sudor comenzó a correr por la frente de los dos. Por fin Dean comenzó a gemir, cerró los ojos y cada gemido se fue correspondiendo con una embestida de Sam.

Sam eyaculó dentro de su hermano y Dean sobre él. Sam cayó sobre Dean respirando entrecortadamente y Dean recibió el cuerpo de su hermano como si de su pequeño Sammy se tratara.

"¿Cuándo nos vamos a Las Vegas?" Dijo Sam con la cabeza apoyada contra el respaldo del sillón.

"Pensaba que querías una boda más tradicional."

"Somos hermanos, cazadores de lo sobrenatural y nos vamos a casar con identidades falsas, que tiene eso de tradicional. Además no me digas ahora que no te hace ilusión casarte en Las Vegas."

"Vale me has pillado. ¿Qué tal mañana por la tarde?"

Sam le besó. "¿Por qué no hoy mismo?"