ADVERTENCIAS:

Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo.

Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, menos Nadine y su familia que son originales míos, y Eric Northman perteneciente a la autora Charlaine Harris, creadora de True blood.

Hay escenas y diálogos que están inspiradas de otras novelas, series o semejantes, al igual que otras son invención mía.

Para cualquier duda, sugerencia o crítica constructiva, estoy a disposición de quien quiera

Capítulo 37

A la noche ya nos encontrábamos de nuevo en Forks, todos menos Alice y Jasper, quienes se ofrecieron para arreglar lo referente a las dos casas, ya que yo no podía ni acercarme a ellas sin que se me cortase la respiración.

Me encontraba tumbada en la cama, ya que eran altas horas de la noche, cuando Carlisle entró en el cuarto tumbándose a mi lado en la gran cama para abrazarme con fuerza.

-¿Viste a Eric en el funeral? –Pregunté al hombre, girándome para observar sus preciosos ojos.

-Sí. Antes de que se acercara a ti estuvo hablando conmigo. Ya te dije que se pondría pesado.

-Aunque es un prepotente caprichoso, me cae bien.

-Es bueno, aunque no lo parezca. Nadine, voy a ir a Volterra. –Me incorporé de inmediato, mirándole de forma suplicante.

-No, por favor. Intentarán hacerte algo.

-Debo hacerlo, tengo que terminar esto como sea. Ahora mismo no podemos hacerles frente con lo que acaba de pasar, además, no me harán daño; Estoy seguro de que Eric ha intervenido en nuestro favor, si no ya se hubieran lanzado a por ti hace unas semanas.

-Iré contigo, Carlisle. Y no aceptaré un no por respuesta.

-Está bien. Tampoco quiero que estés sola.

Sonreí levemente, para después besar sus labios con fuerza mientras dejaba que su aroma me embriagase por completo, haciéndome olvidar durante unos segundos todo lo ocurrido. Era literalmente lo único que me quedaba.


Dos días después ya volábamos camino de Volterra. Carlisle había avisado de nuestra inesperada visita, así pues cuando llegamos, ya nos estaban esperando en el siniestro castillo medieval.

-Bienvenidos de nuevo. –Habló con maldad la pequeña vampiresa rubia, mostrando una sonrisa.

-Hola, Jane.

-Os están esperando.

La tensión de Carlisle era perceptible, y eso me preocupaba muchísimo, ya que él jamás mostraba nada parecido en casi ninguna circunstancia. Traté de relajarme, suspirando profundamente.

Al abrir las grandes puertas de la sala circular, Aro se levantó de su trono con total elegancia, acercándose hacia nosotros.

-Estoy encantado de veros de nuevo, aunque hubiera preferido que fuera en otras circunstancias. Oh, siento mucho lo ocurrido, Nadine. –No le contesté, simplemente hice un pequeño gesto con la cabeza tratando de no llorar.

-Aro, esta situación es insostenible. No podemos estar luchando siempre.

-Lo sé, Carlisle. Te di una opción...

-¡Sabes que no es la única! Danos un respiro, dáselo a ella. Acaba de morir su familia. –Habló indignado mientras miraba desafiante la inexpresiva cara del vampiro.

-Estáis a salvo, al menos por el momento.

Segundos después de que la voz hablará, Eric apareció en la estancia con total elegancia ocupando la derecha de Aro. Todos los presentes hicieron una reverencia con su llegada, menos yo.

-¿Qué haces aquí, Eric?

-Te ofrecí mi ayuda, y como vi que te costaba decidirte, decidí yo. -Los penetrantes ojos del guapo vampiro se clavaron en los de Carlisle, mientras sonreía posando como un modelo de perfumes ante la cámara. -He convencido a Aro y su comitiva de que Nadine es de fiar, y que por el momento, no es necesario tomar medidas drásticas, y como ya sabemos lo obedientes que son los Vulturi, podréis estar tranquilos por mucho que les joda mi decisión.

-Gracias, Eric. –Dijo serio el rubio mientras bajaba la mirada. Algo no le acababa de gustar de aquello, y a mí tampoco.

-Ya me lo cobraré, no te preocupes, Carlisle. Os quedareis hasta mañana, no?

-Sí.

-Bueno, no busquéis un hotel. Aro, dadles vuestra mejor habitación. Si me disculpáis, he dejado algo inacabado.

Después de mirarme como si fuera comestible, el alto vampiro salió de la sala dejando a todos los presentes perplejos y humillados.

Tras unos instantes, Aro llamó a uno de sus sirvientes para que nos llevarán a una de las habitaciones.

-Dios mío, si que se lo han tomado en serio. –Hablé mientras inspeccionaba el enorme cuarto.

-Ya te dije que es la máxima autoridad de nuestro mundo. Y ahora me tiene contra la espada y la pared contigo.

-¿Crees que me quiere hacer daño?

-Por como actúa contigo, no. Quiero hacerte suya, pero no sé por qué; No es como una de sus caprichos.

Me encontraba observando por la ventana cuando comencé a sentir un fuerte dolor en el pecho y a faltarme el aliento, entonces me di la vuelta con lentitud mientras trataba de hablar.

-¿Te encuentras bien, Nadine? –Preguntó preocupado el rubio mientras se acercaba con un ágil movimiento vampírico.

No pude contestar, ya que perdí el control de mis piernas y casi me estampé contra el suelo debido al gran mareo que me aturdió por completo.

El hombre me tumbó en la cama mientras me nombraba una y otra vez tocando mi cuello para tomarme el pulso.

-No puedo respirar... –Susurré mientras el vampiro rompía la camiseta y volvía a tomar el pulso, poniéndose más nervioso. Noté como ponía las manos entre mis pechos y comenzaba a presionar, realizando la RCP.


Tras un rato desperté comenzando a sentirme mejor, aunque débil. Carlisle no se movía de mi lado, sentado a un lado de la cama.

-¿Cómo estás? Descríbeme lo que te ocurrió. –Habló mientras tomaba mis pulsaciones.

-¿Qué me ha pasado? Ha sido como el otro día; Dolor, falta de aire, esta vez mareo incluso.

-Has tenido un fallo respiratorio que casi acaba en paro cardíaco. El otro día estaba fundamentado por la crisis de ansiedad que te provocó la arritmia, pero ahora no hay nada. Esto es serio.

-¿Qué crees que tengo?

-No lo sé... Mañana cuando lleguemos iremos al hospital. Voy a buscarte algo de ropa y una medicamentos por si acaso fueran trombos.

-Está bien, no me moveré de aquí.

Acto seguido, el hombre salió raudo dejándome sola en la gran habitación, meditando sobre qué podría pasarme. Después de unos segundos, entró Eric descubriéndome en ropa interior después de que Carlisle se deshiciera de la camiseta para la RCP. Traté de ocultarme como pude con los brazos.

-Perdón, no sabía que estabas... Me encontré con Carlisle y me explicó lo que paso. He venido para no dejarte sola.

-Gracias, Eric... Estoy bien. ¿Podría hacerte una pregunta?

-Claro, será divertido. –Respondió sonriendo de forma sexy, como solía hacer siempre.

-Por qué nos ayudas. ¿Qué quieres de nosotros?

-A ti, Nadine. –En ese momento aparté la mirada de sus ojos llena de sorpresa y vergüenza por la sinceridad de su respuesta.

-Me halagas, pero estuviste en mi boda, en la boda de tu amigo y creado.

-No necesito que te alejes de Carlisle, sólo quiero poder tenerte también. No puedo ignorar tu atracción, nunca me había pasado algo así. Te deseo, y sé que tu también a mí, veo como me miras; Como te sonrojas cuando te descubro.

-Dios, Eric, para por favor. Esto es demasiado para mí.

-¿Puedes negar que te gusto? –El hombre se acercó más a la cama, mirándome con seriedad.

-No, pero eso no quiere decir que vaya a enrollarme contigo, ni que no ame a Carlisle. Y no vale usar tus poderes para someterme.

El rubio sonrió divertido sentándose en la cama junto a mí mientras tomaba unos mechones de mi pelo y los olía con lentitud, recreándose lo más mínimo.

-Tu olor es delicioso, tan dulce...

En ese momento entró Carlisle con su maletín y una camisa blanca, quedándose de pie observando la escena con resignación. En su rostro podía hallarse un deje de tristeza.

-¿Qué puedo darte para que ella no tenga que ver en esto?

-Me temo que nada, Carlisle. Me es irresistible, como jamás nadie.

-¿Es la tua cantante? –Preguntó totalmente sorprendido, sin apartar la vista del vampiro.

-Eso creo.

-No sabía que pudiera ser de dos vampiros a la vez.

-Oh, ¡qué bonita coincidencia! Ya lo creo que se puede, Carlisle. Una vez Cayo y Thomas coincidieron en la misma y acabaron matándola. Se peleaban demasiado. –Contestó Aro apareciendo en la sala de la nada, riendo divertido. Yo estaba alucinando aún en sujetador pensando que ya no podía ocurrir nada más.

Acabé hartándome de aquella situación, viendo discutir a los tres vampiros, así que me levanté de la cama furiosa y comencé a gritar.

-¿Seríais tan amables de largaros y dejarme con mi marido? Acabo de tener una parada respiratoria y mi familia murió hace tres días ¡Necesito un respiro, vale! ¿Me haríais ese favor? –Al terminar, noté como mis ojos se llenaban de lágrimas que traté de contener con todas mis fuerzas, sin éxito.

Los dos vampiros se fueron sin decir nada poniendo cara de circunstancias, mientras Carlisle se aproximaba con la cabeza gacha, algo avergonzado. Al llegar a mi altura dejó los objetos sobre la cama y alzo la vista para mirarme.

Ninguno dijo nada durante unos instantes hasta que él suspiró mientras me abrazaba con fuerza. Yo por mi parte me derrumbé sin poder evitarlo.