La Sangre no se Hereda
Oswald tropezó con un par de invitados que corrían aterrados, no intentó detenerlos ya que su prioridad se encontraba en el otro extremo del palacio.
Trastrabilló un par de veces antes de darse cuenta que todo estaba en silencio y que los invitados habían desaparecido.
-¿Qué ocurrió?-Preguntó una voz, no sabía si era de Fred, George, o de algunos de los hermanos, ya que todas las voces se parecían.
-Harry…-susurró la voz de Bill cuyo tono irradiaba intranquilidad.- Ha enviado a todos los invitados a un lugar donde estén fuera de peligro.
-¿Y Elisa?-Estaba seguro de que era Vincent, pero no se giró para comprobarlo, estaba demasiado ensimismado con la destrucción del salón.
-Debe haber estado en el mismo grupo.-explicó Bill avanzando y observando el destruido altar.- Por Merlín… ¿Qué ha pasado?
Unos alborotados pasos llamaron su atención. Todos los Weasley se habían reunido en un círculo con las espaldas hacia dentro y el cuerpo a la defensiva apuntando con las varitas. Vincent, Maggie, y Oswald terminaban la cadena mientras avanzaban lentamente por si veían algo, entonces se escuchó una explosión. Los hechizos que lanzaron chocaron contra paredes, asientos, otra vez en el altar y en las lámparas de lágrimas.
Pero el ataque no iba dirigido a ellos.
-¡Allá!-Apuntó Vincent. Entonces una menuda figura, totalmente sucia y destartalada, apareció por una esquina corriendo a toda velocidad para alcanzar una puerta que tenía forma de arco.
-¡Ginny!-Gritaron todos. Pero la chica no se detuvo sino hasta tocar la puerta. Cuando lo hizo se giró y sus amigos y su familia se acercaron corriendo a ella.
-¡Aléjense!-Dijo enfurecida.- ¡Este no es lugar para ustedes!
Un nuevo estruendo, y el techo crujió soltando piedritas y polvo.
-¡No se te ocurra entrar!-Exclamó su madre con rabia.- ¡No arriesgamos…!
-¡NO! ¡No arriesgaron nada! ¡Yo perdí años de mi vida para este momento! ¡No quiero que mi soledad pase en vano! ¡Expelliarmus!
Probablemente la chica creyó que sólo desarmaría a Charlie que era el que estaba más cerca de ella, sin embargo todos salieron despedidos cuando el hechizo los atacó como una fuerte ráfaga.
Impresionada consigo mismo, parpadeó un par de veces antes de girar el pomo de la puerta la cual crujió y estalló repentinamente.
Una fuerte ráfaga de aire se escapó del interior y todos los Weasley incluida ella, gritaron.
-No los puedo dejar entrar…-Se dijo a sí misma. En realidad no sabía por qué lo hacía, o cuál eran las razones por la que no quería ayuda, aunque su orgullo era una clara explicación de que jamás aceptaría ayuda de nadie, sólo para demostrar que era capaz. Sin embargo, había algo mucho más fuerte, que la impulsaba a hacer lo que iba a hacer, porque sabía que era lo correcto.- ¡Protego somna!
Ginny sintió como de sus dedos hasta la varita se desplegaba una ola de energía que le sacudió todo el brazo. Un escudo magnifico de aterciopelado color blanco salió expulsado de la varita y se desplegó por todo el lugar encerrando a su familia.
-¡Ginny!-Gritó una voz. Al principio le costó reconocerla debido a la catástrofe que azotaba el palacio, pero entonces se giró. El viento que provenía de la otra sala sacudía su cabello y le impedía ver bien, el corazón se le encogió cuando sus ojos se toparon con dos azules que le imploraban entrar en razón.
-Tengo que hacerlo…-moduló con sus labios en silencio. Pero los gritos de su madre fueron mucho más llamativos.
-¡Regresa hija! ¡Regresa! ¡Vas a matarte! ¡Merlín, por favor!-Lloró angustiada. Ginny cerró los ojos con fuerza, sabía muy en su interior que aquello era lo correcto. Entonces, una punzada en su estomago la obligó a abrir los ojos.- ¡Tienen que quedarse aquí para defender la espada!-gritó, y ni siquiera ella entendió su propio mensaje.
-¿De qué hablas, por el amor de los Dioses? ¡Vuelve, hija!-Gritó Arthur batallando con Bill, Charlie y Ron para destruir el escudo.
Por la cabeza de Ginny pasó la fugaz imagen de una espada incrustada de esmeraldas y sus ojos se movieron de un lado a otro mientras del otro extremo la bestia rugía con fiereza.
-¡La espada está en la bóveda! ¡Pasó de generación a generación en la realeza! -Gritó, hablaba sin saber qué decía exactamente, sólo tenía la certeza de que esas palabras eran ciertas.
Entonces, pese al desconcierto, tres figuras se asomaron entre el escudo con los semblantes retraídos a causa de la conmoción.
-¿Qué quieres que hagamos con la espada?-preguntó Hermione, y los Weasley exclamaron.
-¿La vas a ayudar?-Gimió Molly desconcertada.- ¡Es mi hijita!
-¡Ginny ya no es una niña!-Gritó Hermione-¡Ni siquiera es una bruja! ¡Es una sacerdotisa, sabe lo que hace!
-¿Dónde debemos ir, Ginny?-Preguntó Vincent gritando por sobre el estruendo, Ginny sintió que la pregunta venía desde muy lejos.
-¡En la habitación de los tesoros! ¡No sé dónde está, sólo encuéntrenla y tráiganmela!
-¿No vas a ir verdad?-La voz de Ron llegó amortiguada desde detrás del escudo, había agarrado a Hermione por el brazo y sus ojos se habían clavado en la chica cargados de terror.
-Confío en tu hermana, Ron, ¿tú, no?
Ginny abrió la boca, alerta. Entonces su hermano liberó a Hermione y ésta desapareció con los mellizos al ser liberados del escudo.
-¡Ginevra, no te atrevas!-Gritó su madre colérica, estaba fuera de sí, y a Ginny le espantó ver sus ojos pequeños e iracundos, cargados de pánico.- ¡HIJA!
-¡Ginny, no eres ninguna heroína, eres demasiado joven para…!
-¡No soy joven! ¡No soy una niña! ¡YA BASTA!
El grito desató una fuerte onda de aire que rebotó contra el escudo. Aunque no les hizo daño, el golpe provocó una resonancia en el interior que hizo a todos caer al suelo. Bill, que había gritado, se aferró a los hombros de la mujer que lloraba asfixiadamente.
-¡Ginny, está bien!-Gritó su padre.- ¡Ve! ¡Pero sólo si te ayudamos! ¡No puedes con esto sola, hija!
-¿Qué no lo entienden?-Gritó angustiada.- Aunque trajeran a un ejercito nadie podría detener a la bestia, porque soy yo la que tiene el arma que el desconoce.
-¿Qué? ¡Una bendita espada que ni siquiera sabes dónde está!-Gritó Ron.- ¡No seas inmadura Ginny!
-¡Soy una sacerdotisa!-Gruñó.- ¡Soy yo quien creo a las Portadoras! ¡ESA ESPADA ERA MÍA!
Todos se quedaron en silencio con la boca a medio abrir. Arthur y Molly temblaban, era claro que existía información que ellos jamás imaginaron.
-Recuerdo todo…-Les susurró. Justo en el momento dónde un fuerte estallido llegó desde el otro lado. Ginny se giró y entró a la habitación produciendo que mágicamente la puerta desapareciera dejando la pared intacta, como si jamás hubiese existido.
Molly gritó desesperada y cayó de rodillas al suelo llorando con un grito ahogado que fue amortiguado con el escudo. Arthur se arrodilló a su lado y la abrazó por los brazos apoyando su mentón sobre la nuca de la mujer. Todos los varones lanzaron improperios, gritos de rabia y golpes invisibles.
-No puedo creer que lo haya hecho…
-Es una idiota…
-Maldita ingrata…
-Si muere será sólo su culpa…
-…Yo confío en ella…
Todos se giraron, Ron estaba apoyado con sus manos sobre el muro invisible contemplando el lugar donde antes había estado la puerta.
-¿Qué?-Preguntaron los gemelos a la vez.
-Yo también….
La voz de Arthur llegó como un leve susurro, pero bastó para hacer que Bill y Charlie al menos, sonrieran con un leve dejo de miedo.
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Ginny se quedó de pie en el marco de la puerta, la cual no tenía salida. Sonrió y su boca se curvó de tal modo que al mirar a la bestia le pareció que se había reencontrado con un viejo conocido.
-¿Cómo estas Vasir?
Harry se quedó contemplando la escena con una extraña expresión en su rostro, mezcla de desesperación y desconcierto. Ginny estaba parada en el umbral de la puerta con ambas manos sujetando el marco y aparentemente agitada, llevaba el pijama sucio y el cabello totalmente desordenado sobre su cara. La bestia giró su gigantesca cabeza, y los ojos blancos penetraron con ira a la pequeña muchacha que a esa altura probablemente se veía diminuta. La expresión de la chica no varió ante ese gesto, aún mantenía la boca abierta y recorría con sus ojos el camino desde las patas de la bestia hasta los torcidos cuernos que adornaban su frente.
-¡Ginny, no! ¿Qué haces? ¡Aléjate!-Rugió Harry apuntando con su varita al monstruo.- ¡Avada…!
Pero no alcanzó a pronunciar el hechizo ya que nuevamente el suelo había comenzado a inclinarse, Ginny se afirmó al marco de la puerta, pero no tenía la fuerza suficiente para soportar su mismo peso cuando el suelo la empujó hacia abajo.
-¡Ginny!
-¡Levicorpus!-Ella misma se apuntó con la varita produciendo una momentánea levitación que la ayudó a trasladarse hacia la misma lámpara donde estaba agarrado Harry.
-¿Qué te volviste loca?-Rugió el chico colérico.- ¿Qué haces aquí? ¡Debes irte! ¡Te quiere…!
¡PUM!
Harry parpadeó un par de veces al sentir un fuerte sonido al interior de su cabeza, no entendía qué había ocurrido y la batalla le parecía un lejano y extraño sueño. No obstante la bestia seguía ahí, rugiendo por intentar atrapar las esferas que rodaban por el suelo inclinado. Entonces, ¿qué había ocurrido? La única explicación razonable se basaba en la molesta sensación de haber sido arrojado por los aires con la garra de Candeviere, pero no era eso. Cuando logró enfocar la vista, se vio asechado por unos fieros y llorosos ojos castaños cuya dueña tenía el puño ensangrentado.
-¿Qué demo…?-Pero entonces sintió una fuerte punzada en la mandíbula y escupió sangre. Ahora entendía, Ginny le había regalado el mejor puñetazo de su vida, tanto, que hasta le había quebrado un diente.- ¿Qué mierda te ocurre? ¿Te volviste loca? ¡El enemigo es él, no yo!
-¡Eres un imbécil! ¡Ni siquiera te molestes en dirigirme la palabra! ¡Te odio! –Y elevó su mano para otro certero puñetazo, pero el suelo bruscamente volvió a enderezarse cuando la bestia corrió hacia las esferas que se habían agrupado a un rincón. Ambos chicos se golpearon en la cabeza y a Ginny se le allanaron los ojos de lágrimas al sentir un agudo dolor en la nuca.
-¡Las esferas!-Gritó Harry y se puso de pie tan rápido que Ginny a penas pudo reaccionar.- ¡Accio esferas!-Gritó, pero nada sucedió, a cambio de eso la bestia volvió a girarse hacia él produciéndole la extraña sensación de que se estaba burlando, ya que no le distinguía las facciones.
La bestia rió, y la sonrisa resonó como un macabro eco, gutural y de tonos bajos que se propago por todo el lugar; tras ese sonido, Ginny y Harry aún podían distinguir la voz del ministro.
-Muchacho idiota…-Lograron comprender.- No salvarás a nadie hoy…
No basto con que hiciera mucho esfuerzo, aunque sí había sucedido algo extraño, ya que repentinamente Harry voló por los aires y se quedó estampado en el techo con la cara mirando hacia abajo sin poder soltarse, mientras que el grito de Ginny lo alertaba, ya que la muchacha se había elevado también junto con las esferas e iban directamente hacia las fauces de la bestia.
-¡NO, NO!-Gritó Harry desesperado.- ¡Accio varita!
La varita de Harry, que había caído al momento de estamparse contra el techo, se sacudió y se elevó hasta llegar a la mano de su amo.
-¿Por qué siempre pasa cuando nadie está mirando?-Se quejó, pero de inmediato apuntó a Ginny, olvidándose por completo de las esferas y de su varita.- ¡Accio Ginny!
Una extraña fuerza invadió el brazo de Harry y lo obligó a asir la varita con ambas manos ya que la magia que profesaba el ministro era tan fuerte que causaba un efecto magnético. Harry sintió como sus brazos crujían levemente al sentir el tirón muscular, mientras que Ginny se mantenía suspendida en el aire entre las fauces de la bestia y el chico.
-¡Liberate!
Harry abrió la boca para protestar cuando el hechizo de Ginny lo hizo caer de bruces sobre el suelo, aunque cuando se levantó tuvo la sensación de que la muchacha lo había disfrutado. No obstante no soltó la varita, y aún sintiendo el doloroso tirón en sus hombros se puso de pie y comenzó a ser arrastrado por aquella fuerza magnética, produciendo que Ginny comenzara a acercarse a la bestia.
-¡No! ¡No, no! –Gritó con rabia cuando sus pies lo arrastraban hacia la bestia mientras intentaba poner resistencia.- ¡Ginny, si no quieres morir devorada, AYUDAME!
Ginny había comenzado a gritar cuando aquella fuerza invisible la apresó por los brazos estrujándola como una boa. Harry observó aterrado como la chica se retorcía en el aire y desperado rompió el contacto con la bestia.
Ginny fue arrastrada con más fuerza hacia las fauces tras ser liberada del hechizo de Harry, pero el chico fue más astuto.
-¡Feu Magnus! –De la varita de Harry salió una potente llamarada azul que le dio con fuerza a la cabeza de la bestia, Ginny descendió con rapidez al suelo y Harry la volvió a apuntar.- ¡Aresto Momentum!
La chica descendió con suavidad y se apoyó con dificultad sobre el suelo comenzando a toser. Le costaba respirar, casi se había asfixiado, e intentaba inhalar la mayor cantidad de oxígeno para poder pensar. Harry le sonrió por una milésima de segundo antes de ser atacados de nuevo por la bestia, pero ella no le devolvió la sonrisa.
El suelo tembló, la bestia estaba enfadada y era por culpa de esos dos chicos. Ginny sin pensarlo se aferró a Harry cuando el lugar comenzó a quebrarse dejando una grieta en el suelo, por donde cayeron el pedestal, la Biblia y el cetro que ya estaban desparramados sobre el mármol.
Ginny gritó y Harry intentó aferrarse a la lámpara de pie mientras sujetaba a la chica por la cintura; la bestia sí se había enfadado por haber soltado a Ginny, pero la razón de las grietas en el piso eran porque el monstruo se había devorado las ocho esferas mágicas que Harry había pasado por alto al momento de salvar a la chica. Todo tembló y un rugido atronador rompió la barrera del sonido cortando el aire. Tanto a Ginny como a Harry se le hicieron cortes en la cara y en todo el cuerpo, y el techo se desquebrajó mostrando un cielo nocturno, lo cual era imposible, porque no era ni siquiera medio día.
La bestia extendió sus brazos hacia el cielo y comenzó a formar remolinos con las nubes que habían ido reuniéndose poco a poco. Un fuerte viento azotó la estancia y Harry y Ginny se tuvieron que afirmar con todas sus fuerzas a la lámpara que había comenzado a soltarse debido a la fuerza del viento. Ambos chicos se miraron, aunque ella tenía una expresión cargada de pánico y de odio que Harry prefirió otorgársela a Candeviere antes que a él mismo.
Ginny gritó y Harry cerró los ojos al sentir que algo como un remolino comenzaba a jalarlos hacia arriba. Un sonido metalizado y rechinante se escuchó por encima de todo ese alboroto y Harry se dio cuenta de que la lámpara a la que estaban sujetos a penas se mantenía afirmada a la pared por un sólo tornillo; el resto del pie de la lámpara había destrozado la pared dejando una grieta bastante fea.
Entonces, Ginny se soltó, Harry estiró el brazo para agarrarla pero la chica parecía decidida; y sin más preámbulos, entregándose a los dioses, él también se soltó.
El viento se arremolinaba en torno a ellos y podían sentir la ira de la bestia en cada partícula de aire, sin embargo algo gracioso acudió a la cabeza de Harry, aunque era un pensamiento bastante irresponsable para esos momentos de peligro, sintió que era similar a la sensación de volar en escoba, así que haciendo uso de su estrategia, si era parecido, entonces podía controlar el viento volando. Y así fue.
Se desbotonó la chaqueta y extendió los brazos como un pájaro, dejando que cada costado de la prenda actuara como ala. Tomó cada punta con la mano y comenzó a aletear, se sintió ridículo, pero se alegró de que tan estúpida idea diera buen resultado, ya que sí estaba volando.
Escuchó bastante lejos los gritos de Ginny, aunque no sabía si era efecto del viento. Con dificultad apuntó la varita, ya que aquella mano además la estaba usando para sujetar la chaqueta y grito:
-¡Homnus revilio! -Una luz azulada destelló frente a él y con otro nuevo golpe de varita, gritó:- ¡Accio Ginny!
Como si le hubiesen arrojado un balón en la oscuridad, Harry sintió el peso de la chica chocar contra su pecho dejándolo sin aire y obligándolo a perder la estabilidad. Sintió como Ginny forcejeaba y ambos eran arrastrados en espiral hacia arriba donde no se veía más que oscuridad.
-¡Suéltame! ¡Suéltame! ¡Ya lo tenía!-Forcejeó la chica.
-¿De qué estás hablando?-Gritó Harry por encima del tornado.- ¡Nos quiere matar!
-¡Suelta!
Ginny empujó a Harry a pesar de que éste la tenía bien agarrada por la cintura, pero la fuerza y la rabia de la chica eran mucho mayores de lo que él creía.
Ginny se soltó y Harry vio con espanto como comenzaba a elevarse hacia arriba dando largos giros que formaban ondas sobre sus cabezas.
El cielo había desaparecido y lo único que se ceñía sobre ellos eran unas enormes nubes grises que dibujaban círculos concéntricos del más grande al más pequeño, se oían truenos y destellaban rayos, pero no llovía. La risa macabra y siniestra de la bestia resonaba dentro de sus cabezas como una horrenda pesadilla de la cual no podían despertar. Ya estaba hecho. Candeviere había hecho la fusión, las esferas ya no existían y ahora detenerlo iba a ser más difícil que nunca con el poder del universo de su parte.
Pero entonces, sucedió. Un destello, un rayo y un grito. El viento se detuvo y Harry comenzó a caer al vacío sin entender nada. Logró girarse y lanzar un hechizo que evitara una desgracia y se desplomó sobre el suelo de mármol con un terrible dolor en su costado derecho.
Miró hacia todos lados en medio de un desastre total, la bestia batallaba pero algo no andaba bien. Harry notó como las nubes descendían y comenzaban a convertirse en una densa niebla blanca que cubrió todo el lugar.
-¡Protego!-Gritó, y el escudo invisible lo ayudó a ver mejor. De lejos se veían las patas deformes de la bestia que se movían de manera graciosa como si estuviesen atadas por una cuerda y tratara de liberarse.
De repente se oyó un crujido, y Harry, espantado, se hizo a un lado cuando la bestia cayó hacia atrás provocando un gran estruendo. La grieta del suelo se abrió aún más dibujando un extraño desfiladero hacia abajo, ya que se veían los subniveles del palacio.
El chico se aseguro bien en la pared y caminó tanteando con las manos para no caer por la grieta, su desesperación sólo lo obligaba a pensar en una cosa: ¿Dónde diablos se había metido Ginny?
La respuesta llegó pocos segundos después, cuando una chica ataviada con una túnica turquesa descendió con suavidad desde el cielo. Harry la contempló embelesado y aterrado, porque cuando ella puso un pie en el suelo su cabello era negro y sus ojos, violetas.
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Hermione, Maggie y Vincecnt se detuvieron en mitad de un desolado pasillo. El palacio se veía tétrico, y ambas chicas lanzaron un grito agudo cuando el cielo comenzó a oscurecerse, ciñendo sobre ellos unas tenebrosas nubes negras
-¿Qué está ocurriendo?-Preguntó Vincent cubriendo a ambas chicas con un brazo mientras que con el otro asía la varita.
De lejos, unas tenebrosas vibraciones rompieron los vidrios de los ventanales y los tres chicos se lanzaron al suelo cubriéndose las cabezas. Unas siniestras cosas negras se movieron en el aire y se abalanzaron sobre ellos enterrando sus garres negras sobre la piel.
-¡Sombras!-Exclamó Maggie asustada.
-¡Expulsa Exumanei!- Gritó Hermione. La sombra que estaba sobre ella lanzó un chillido al recibir el impacto del rayo púrpura, pero como sus garras estaban aferradas a la camisa de la chica la desgarró provocándole severos rasguños.- ¡Mierda, me dañó!
-¡Corran!- Gritó Vincent quien había lanzado otro hechizo a su sombra. Maggie ayudó a ponerse de pie a Hermione y a los tres chicos se les desencajó la mandíbula al ver cientos de sombras traspasar las ventanas.
-¿Qué hacemos ahora? ¡Ginny necesita la espada!-Gritó Maggie corriendo con la cabeza agachada mientras protegía a Hermione con los brazos.
-Esperen…-Hermione se detuvo en seco y los dos chicos trastrabillaron uno con otro.
-¿Qué te volviste loca?-gritó Maggie.- ¡Nos van a matar! ¡Expulsa Exumanei!-Gritó lanzando otro certero hechizo a la cara de una sombra que fue expulsada hacia atrás dando giros en el aire.
-Tengo una idea.- Jadeó Hermione, y se apuntó a si misma con la varita a las heridas que le había provocado la sombra.-Sanatum Incorpore…
La chica soltó un quejido cuando las heridas comenzaron a tirar de la piel para cerrar la herida. Por supuesto que no quedaron totalmente sanadas, pero al menos ahora podía moverse con libertad.
-¿Qué piensas hacer?-Le preguntó Vincent con el semblante cargado de preocupación. Tras ellos las sombras se habían reunido avanzando con velocidad.- ¡Hermione!
-No podemos encontrar la espada a mano…-objetó, y alzó la varita.- ¡Accio, espada de Nacet!
Los tres chicos se quedaron esperando, pero nada ocurrió.
Lo que vino después fue un completo desastre cargado de incoherencias. Un sonido de vidrio roto, varios destellos provenientes de diversos lados, alaridos guturales cargados de dolor, olor a azufre y a extraños polvos tóxicos, y algo que se desmoronó. Hermione sintió el peso de Vincent y Maggie sobre ella, probablemente el chico se había lanzado encima para protegerlas, pero aún así pudo sentir como del techo caían piedras y polvo y algunos cuantos rayos destellantes que pasaban sobre su cabeza.
-¡Vincent!-Chilló Maggie. Hermione levantó la varita pero un nuevo rayo se la arrebató de las manos.
-¡Mi varita!
-¡No se muevan!
La voz amortiguada de un chico llegó a sus oídos. Hermione se hizo espacio entre los mellizos y asomó la cabeza: frente a ella había un enorme caballo montado por dos jinetes. El corazón le dio un brinco cuando notó que los ojos del animal brillaban con un destello blanquecino que lo hacía parecer ciego, era casi como fantasmal, pero no así quienes lo montaban.
-¡Tiare, Morgan!-Gritó.
-¡Quédense donde están!-ordenó Morgan apuntando con la varita a las sombras. Los tres chicos le hicieron caso y observaron como el hijo del ministro lanzaba contra las sombras un hechizo que no se parecía en nada al que ya sabían, ya que el rayo rojo que el chico lanzaba las disolvía como mantequilla.
Tiare en tanto, jalaba las riendas del caballo que con sus patas delanteras azotaba a cada siniestro ser que se aproximaba a ellos. La chica apuntaba a cada sombra con una torcida varita dorada con un hueco en la punta, provocando el mismo efecto que Morgan.
-¡Están en la sala!-Gritó Tiare a un grupo de magos que acababan de aparecer por la ventana rota. Hermione alcanzó a reconocer a la japonesa Uzume y su larga trenza seguida de otros chicos.- ¡Hay más sombras allá!
-¡Ron!-Gritó Hermione asustada.
-No les va a pasar nada porque están protegidos por el escudo de Ginny.-Le recordó Maggie, pero Hermione forcejeó para salir de aquel enredo de cuerpos y piedras que estaban sobre ella.
-¡El escudo era para ella! ¡Para que no se le acercaran a ella! ¡No para defenderlos!-La chica se los quitó de encima y Morgan gritó algo que no alcanzó a oír, aunque repentinamente se volvió a encontrar en el suelo con el chico sobre ella.- ¿Qué haces? ¡¿Estás loco?!
Morgan levantó la cabeza y señaló una espada con empuñadura de esmeraldas incrustada en la pared, justo dónde hacía unos segundos estaba Hermione.
-¡Morgan!-gritó Tiare haciendo relinchar a su caballo. El chico se giró, más sombras subían entraban por la ventana.- ¡Las liberó a todas!
-¿De dónde sacaron la espada?-Le preguntó a Hermione girándose con rapidez.
-Sólo la invoqué pero creí que no había funcionado...Que… ¡¿Qué haces?!
Morgan se había levantado con estrépito y ahora agarraba la empuñadura de la espada jalándola con fuerza con un pie apoyado sobre la pared.
-¡Esta espada debe tenerla Ginny!
-¡Eso íbamos a hacer, estúpido!-Le gritó Maggie, pero Tiare se hizo oír por sobre sus gritos.
-¡Pero ustedes no pueden entrar!-Y con la varita hizo desaparecer un par de sombras que se le habían acercado demasiado; los gritos chirriantes de dolor se desvanecieron en el aire junto con ellas.- ¡Vayan a defender a su familia! ¡Nosotros entraremos con Morgan!
-¿Cómo lo harán?-Exigió saber Vincent cuando logró ponerse de pie junto con su hermana.
-¡Dijeron que no podíamos entrar!
-Yo tengo… que… entrar…-Gruñó Morgan sacando la espada de la pared y colgándosela en el cinturón.
-¡Si entran, nosotros también!-Se impuso Vincent apuntándolos con la varita, pero Tiare le tomó la mano desde el caballo y se la sujeto con fuerza.
-Ustedes deben evitar que la bestia salga de dónde está encerrada. Mientras Ginny esté adentro no podrán salir… hasta que uno muera.
-¿Mueran?-Gritó Hermione recogiendo su varita que estaba a pocos centímetros de sus manos.
-Iriki no pertenece a esta dimensión, si estamos montados en él podemos atravesar lo que sea.-Explicó Morgan subiéndose al lomo del caballo.- ¡Corran y detengan a las sombras! ¡No dejen que entren al limbo, y no dejen que nada ni nadie salga de ahí!
Con un rápido movimiento de varita de ambos jinetes, un gigantesco rayo rojo hizo desaparecer a las sombras que estaban sobre sus cabezas, Tiare tiró las riendas del caballo y éste relinchó perdiéndose en el aire.
-¡Vamos, vamos!-Apremió Hermione pensando en Ron.
-¿Alguien entendió el hechizo, ése? –Preguntó Maggie corriendo tras Hermione. La chica se detuvo frente a unas sombras y Vincent se quedó al medio de ambas chicas.
-¿Qué haces?-gritó Maggie.
-Déjame intentarlo.-Contestó apuntando una sombra con el ceño fruncido, como si pensara algo cuya respuesta era complicada. Hasta que después de un rato, gritó:- ¡Depura pire!
La sombra chilló al ser consumida por el rayo rojo de Hermione, los mellizos la miraron sorprendidos.
-¿Qué hiciste?-Le preguntó Vincent.
-Le escuché a Tiare decir algo con limpiar el alma, sólo inventé el hechizo conjugando las palabras que nos enseñó Flitwick en séptimo.-Y con otro destello otra sombra se disolvió en el aire.
-¡Depura Pire! –Gritaron los tres, y un intenso fulgor rojizo acabo con todas las sombras que habían en el pasillo.
-¡Vamos, vamos!-Apremió Vincent.- ¡Están en peligro allá abajo!
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Ron y Oswald se escudaron justo cuando unas bestiales sombras arremetían contra ellos, los rayos púrpuras que salían de sus varitas sólo las hacían detenerse unos segundos, pero luego volvían a la carga.
Molly profesaba unos buenos improperios causados por la rabia, la impotencia y el peligro en el que se encontraba su familia y su hija. Disparaba rayos a diestra y siniestra apuntándole a todo lo que se le cruzaba, lo que por suerte eran sombras que intentaban como locas atravesar la pared donde estaba su amo.
-¡Nadie tocará a mi hija!-Gritó disparando unos inverosímiles rayos amarillos típicos de los de desarme, aunque sí aturdía a las sombras un buen rato.
-¡Charlie!
La voz de Bill llegó amortiguada desde el otro lado, Charlie había resbalado y ahora las sombras jalaban de él por los pies y no podía hacer nada porque su varita había quedado atrás.
Ron maldijo un par de veces, ni siquiera tenían espacio suficiente para pelear, todo por culpa de Ginny, que los había dejado encerrados en un espacio reducido con el fin de que no la siguieran, pero ahora no tenían como defenderse, ya que no podían salir del escudo, estaban apretujados y con cientos de sombras sobre sus cabezas que sí podían atravesar la barrera invisible.
-¡Expelliarmus!-Gritó Bill, y la sombra que sujetaba a Charlie fue expulsada hacia atrás, dándole tiempo a su hermano de escapar.- ¡Estás cosas son imposibles de derrotar!
Entonces un rayo rojo pasó por sobre sus cabezas, un ejercito de magos habían entrado por ambos lados del castillo. Ron abrió la boca aturdido, ya que un grupo al parecer se veía liderado por Draco Malfoy, mientras que el otro llevaba a la cabeza a una mujer de larga trenza negra.
-¡Los aurores!-Gritó Percy.
-¡El concilio!-Gritaron los gemelos.
Con un fuerte destello la barrera que los tenía encerrados se disolvió, y Ron sintió como entraba oxigeno, aunque al principio ni siquiera se había dado cuento de lo tóxico que se estaba volviendo el aire al interior del escudo.
-¿Dónde está el ministro?-Chilló una voz, y Oswald se giró con el ceño fruncido al ver a una chica de melena negra apuntar a todos con la varita como si fuese más importante que el resto.
-¡Está en la sala Este! ¡Con Harry Potter y Ginny Weasley!-Esas palabras la sintió como dolorosas punzadas en su interior, las dos razones que le afectaban directamente tenían que ver con el chico con el que estaba encerrada peleando, y con que su vida tenía un reloj que estaba a punto de detenerse.
-¿Cómo dice?-Exclamó la muchacha viendo con terror como las sombras se abalanzaban sobre los aurores.
-¡Mi hermana está ahí dentro!-Gritó Ron corriendo hacia la pared vacía donde antes se encontraba la puerta.- ¡Bombarda!
Pero no pasó nada, las murallas temblaron pero siguió intacta.
-¡No, Ron!-gritó Hermione, tras ella venían Vincent y Maggie.- ¡No pueden entrar! ¡Nadie puede!
-¡Mi hermana está al otro lado Ginny! ¡La pueden estar matando!
-¡Ron!-Gritó Hermione agachando la cabeza para no recibir los escombros que caían del techo.- ¡Ginny está en otra dimensión! ¡Ese lugar al que quieres llegar no existe!
-¿Cómo dijiste, Hermione?-Se escuchó la aterrada voz de Arthur Weasley llegar a sus oídos-. ¿Dónde está mi hija?
-Ella está en el limbo entre la fusión de la magia blanca y negra, señor Weasley.- Explicó Hermione intentando encontrarle la lógica a la situación.- Una vez que entró a la sala la magia la reconoció como la dueña legitima, por eso desapareció la puerta. Sólo ella puede estar adentro.
-¿Y no va a salir jamás?-La voz aterrada de Molly Weasley, quien tenía severos cortes en los brazos, apareció tras su marido jadeando y con surcos en su viejo rostro, probablemente porque ya no le quedaban lágrimas que derramar.
-Sí gana…-Dijo Hermione no totalmente convencida, la verdad no sabía qué ocurriría si ganaba o perdía, después de todo estaban en un lugar que no se encontraba ni en el cielo ni en la tierra.
Unos cuantos gritos guturales y cargados de pánico se prolongaron como crudos ecos hasta el techo, y los Weasley vieron con horror como una sombra acababa de asesinar a la chica que había llegado con Malfoy.
-¡Ivonne, Ivonne!-gritaba una chica rubia arrodillada a su lado.- ¡Que alguien haga algo!-Lloraba.
-¡Aléjate Lorriene, está muerta! ¡Nos van a matar a todos! ¿Qué es esto?-Gritó un chico lanzando hechizos que no le hacían nada a las sombras.
-¡Son aurores por Merlín! –Gritó Ron saltando frente a ellos y lanzando el hechizo púrpura.- ¡Qué ineptos!
-¡Nadie nos dijo que estas cosas existían!-Gritó el chico fornido que había peleado con Malfoy en el ministerio.- ¡Nadie nos dijo qué estaba ocurriendo en el mundo mágico!
Una carcajada les llamó la atención en ese preciso momento, y Ron vio como Malfoy se desternillaba de risa a un lado.
-¿Lo encuentras muy gracioso, imbécil?
El chico se secó las lágrimas y tomó aire.
-¡Claro que sí! ¡Son todos patéticos! ¡Los aurores de súper Potter no sabían qué existían las sombras! ¡Ni siquiera se saben los hechizos!
Ron casi tuvo un amago de sonrisa, pero entonces recordó que Harry y su hermana estaban encerrados en aquel lugar y que no podían salir. Malfoy se siguió retorciendo de risa mientras desde el otro lado llegaban sollozos por la chica muerta, gritos de hechizos y de dolor.
Todo el lugar estaba destruido, el techo se estaba derrumbando, el suelo se estaba agrietando y un súbito temblor los sorprendió a todos.
-¡Ron!-El grito de Hermione alertó al chico que justo en ese momento le atinó un certero puñetazo a Malfoy en la nariz, el chico se desplomó hacia atrás y la sonrisa se borró de su anguloso rostro cuando le comenzó a brotar sangre.
-¡Hermione! ¿Dónde estás?
-¡Maggie, cuidado!
Ambas chicas se mantuvieron abrazadas bajo un escudo protector de Hermione mientras las rocas caían del techo con estrépito.
-¿Qué está ocurriendo?-Se escuchó el grito de Bill por sobre el estruendo de un nuevo temblor.
-¡Debe ser Ginny!-Le contestó Charlie apoyando su espalda contra la de su hermano para atacar a las sombras.
-¡Esto es un caos!-La voz de Percy vibró como un eco seguida de un grito.
-¡Percy!
La sombra más cercana había agarrado al chico y ahora lo elevaba en el aire con sus pútridas garras, y ante un loco acto heroico su propio padre salto hacia la cola de la sombra agarrándola con fuerza y jalándola hacia abajo, cayendo con ella.
-¡Papá!-Gritaron todos sus hijos.
Arthur se levantó con dificultad y con un horrible corte en la cabeza, la sombra aún forcejeaba con el hombre aunque le llevaba ventaja.
-¡Depura Pire!-Rugió Vincent desde el otro lado. El hechizo lanzo por los aires a la sombra que tenía a Arthur y se desintegró tal como lo habían hecho las otras.
-¡Ese es mi hermano!-Gritó Maggie eufórica. Arthur se levantó con dificultad y fue a reunirse con su esposa quien había corrido a él para socorrerlo.
-¡Esto es un desastre Arthur, un desastre! ¡Esas cosas no dejan de aparecer!
-Intentan llegar a la fuente.- Explicó una chica de melena oscura y piel morena, Arthur la vio curioso, la chica llevaba un anillo con una piedra verde y una extraña varita.- La fuente está en otra dimensión, y mientras no lleguen a él seguirían apareciendo. No se pueden destruir, sólo se desvanecen y luego se regeneran otra vez.
-¡Tanesda, cuidado!
Un chico pelirrojo que no era ningún Weasley, arrojó un hechizo en dirección a la chica que tenía justo una sombra tras ella. Arthur y Molly se giraron y agacharon las cabezas al momento que la sombra abría sus brazos para lanzarse sobre los tres.
-¡Qué perdida de tiempo!- Gritó Uzume arrojando hechizos y con el cabello despeinado y pegado a la frente por el sudor.
-¡A un lado!
Todos se giraron cuando una fría corriente de aire atravesó el lugar, las sombras desaparecieron a su paso y en medio de una extraña neblina apareció Iriki con Morgan y Tiare montados en él.
-¡Tiene una espada!-gritó Emir, y fue corriendo hacia Morgan cargado de rabia.- ¡Tiare hazte a un lado, de éste me encargo yo!
-¡Detente, ahora!-gritó Tiare cabalgando hacia la pared vacía, Emir cayó al suelo y todos los demás los quedaron viendo estupefactos mientras el caballo atravesaba el aire con sutileza y velocidad.
-¡La espada, la espada!-Gritaron los gemelos.
-¡Es de Ginny! ¡Tiene que estar en sus manos!-Gritó Oswald quien batallaba con dos sombras sobre él.
Morgan asió la espada y la elevó en el aire, Hermione y Maggie abrieron la boca y agacharon la cabeza por inercia, ya que nada podía pasarles adentro del escudo, y el caballo atravesó la pared como si no hubiese habido nada ahí, nada que se lo impidiese.
-¿Dónde están…?-Susurró Oswald ante un repentino silencio. El lugar estaba destrozado, las bancas donde habían estado sentados los invitados estaban destruidas, el suelo agrietado y casi no había techo. Y las sombras, se habían esfumado.
-Desaparecieron cuando apareció Tiare…-Susurró Tanesda, y Uzume, alta, imponente y de pie en medio del salón destruido, azotó su abanico y del suelo comenzó a surgir una arenilla brillante.
-Como lo sospeché…-Susurró. La arenilla resplandecía en medio de la sala como si fuese vidrio molido, todos lo miraban embelesados y curiosos.
-¿Qué es eso?-Preguntó una chica del ministerio.
-Es Purina.-Contestó Arthur Weasley recibiendo en sus manos un poco de polvillo.- Un mineral ancestral que los magos utilizaban para crear armas mágicas.
-La espada que cargaba Morgan debe estar construida con Purina.-Puntualizó Hermione.- Nacet la utilizó en el pasado para destruir a Candeviere.
Todos se giraron para verla y la chica se ruborizó.
-¡Ya, sí! ¡Ya me creo la historia! ¿Felices?
Todos sonrieron disimuladamente y se giraron con cuidado para observar la Purina que flotaba alrededor. Bill tomo un poco con los dedos y lo desintegró aún más.
-¿Pero por qué derrotó a la sombra?-Preguntó Ron.
-La Purina actúa como inmunizador.- Explicó Charlie.- En Rumania se utilizaba hace siglos para dejar sin fuego a los dragones. No creí que existiera un arma creada con ella aún en estos tiempos.
-Pues, haya hecho lo que haya hecho-recordó Arthur- acabó con ellas.
-¿Y ahora?-Susurró Molly acongojada.- Mi niña… ¿podrá mi niña…?
-Ahora queda esperar… y confiar en que Ginny sí podrá hacerlo.-susurró Oswald, con los ojos fijos en la arenilla que caía sobre su cabeza, y los ojos llorosos.
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Harry parpadeó un par de veces, totalmente atónito. La chica que estaba frente a él no se parecía a Ginny de ninguna manera. La melena negra y larga hasta la cintura no tenía relación alguna con el cabello rojizo y liso hasta los codos. Y esos ojos violetas, más que causarle curiosidad le causaba calosfríos. ¿Qué había ocurrido?
-¿Ginny?-Aventuró. Entonces la chica se giró a verlo, sus ojos destellaron y Harry comprendió que seguía siendo Ginny, y lo supo porque seguía viéndolo con odio.
La chica se volteó y se perdió entre la niebla hacia donde se veían las patas de la bestia, Harry tembló y se aferró más a la pared avanzando con rapidez.
Un leve temblor lo hizo agarrarse con las uñas, aunque no le funcionó ya que no tenía donde clavarlas y se hizo daño en los dedos. Alcanzó a afirmarse a duras penas antes de caer por la grieta y sus ojos se abrieron sorprendidos cuando de la pared del frente apareció un enorme caballo.
-¡Harry!- La voz de Tiare llegó amortiguada a sus oídos. Aunque al principio no la distinguió con notoriedad, tuvo certeza de que era ella cuando la chica se hizo ver tras la crin de Iriki, quien se sostenía en el aire justo donde estaba la grieta.- ¡Sube!
Harry estiró su brazo y Tiare lo tomó por el codo. Sintió una extraña presión cuando alguien más lo jaló por la chaqueta para ayudarlo a subir. Una vez que estuvo arriba se encontró con una filosa espada a pocos centímetros de su nariz.
-Hola, Harry.-saludó Morgan con tono compungido, observando a la bestia que rugía y gruñía en el suelo, como si batallara con algo invisible. Harry notó como al chico se le apagaban los ojos y el miedo se acentuaba en su pálido rostro.
-¿Y esa espada?-Preguntó pasando por alto el temor del chico.
-Es de Ginny.-Contestó Tiare, y tiró de las riendas de Iriki haciéndolo relinchar y pararse en sus patas traseras para cobrar impulso. Harry se agarró a la cintura de Tiare y se sintió levemente incómodo cuando Morgan hizo lo mismo pero con él.
A Harry le impresionó la velocidad que cobró el animal al momento de cruzar el lugar que parecía más grande de lo que era realmente. La niebla se iba desvaneciendo a medida que el caballo avanzaba, y pudo notar el total caos que reinaba fuera de ella: había abandonado el ala Este del palacio, ya no estaba en Inglaterra, claramente, porque todo a su alrededor no era más que una estancia vacía de techo alto en donde se arremolinaban nubes negras y misteriosas. Bajo ellos las grietas descendían hacia un fondo negro que parecía no tener fin y toda la niebla era absorbida por ese vacío.
-¿Qué ocurrió?
-Cuando la bestia se tragó las esferas ustedes se quedaron encerrados en su limbo, -explicó Tiare- la única forma de salir de aquí es que uno de los dos muera.
-¿Qué quieres decir con uno de los dos?-Preguntó aterrado.
-Ginny, o él. –Contestó Morgan blandiendo la espada y con la ira cargada en sus ojos.
Harry sintió que el corazón se le apretaba y comenzaba a dolerle, Ginny ya no estaba ahí, peleando con él, o al menos agarrándolo a puñetazos. Por último le consolaba más tenerla cerca que lejos, allá, cerca de las fauces de la bestia.
-¿Dónde está Ginny?-Preguntó Tiare girándose a duras penas a causa de la velocidad de su caballo, parecía que buscaba porque movía la cabeza hacia todos lados.
-Con él.-Murmuró Harry con el miedo aferrándose a su corazón. Morgan pareció que gemía, y Tiare lanzó un gritito.
-¿Cómo la dejaste?- Chilló la chica tirando de las riendas para alcanzar más velocidad.
-¡Yo no la dejé!-Se defendió Harry.- ¡Ella se fue sola!
-¡Hay que detenerla! ¡No va a poder acabar con él sin esto!-Gritó Morgan agachando la cabeza a causa de la velocidad y señalando la espada.
Harry abrió la boca para decir algo, pero justo en ese momento un huracán los desvió del camino y Tiare perdió el control del animal que se desbocó hacia el desfiladero que dibujaba la grieta.
-¡Afírmense!
Tiare jaló con fuerza y el caballo logró estabilizarse antes de caer por el vacío, Harry se quedó sin aire al sentirse aplastado por la espalda de Tiare y la espada que llevaba Morgan peligrosamente cerca de sus riñones.
-¡Ahí está!-Gritó Harry señalando a Ginny, cuya túnica morada se veía ajada, y ella muy maltratada.
-¡Nacet!-Exclamaron Morgan y Tiare, y a Harry le dio la sensación de que la chica gritaba aquel nombre con cierto recelo.
-¿Por qué está ella ahí?-Quiso saber Morgan manteniendo el equilibrio sin afirmarse a nada.
-Es Ginny.-Dijo Harry soltándose de Tiare, listo para saltar.
-¡¿Qué?!-Exclamaron los otros dos.
-¡Es ella!-Afirmó Harry y sin pensarlo saltó del caballo cuando vio que ya estaba suficientemente cerca de la chica.- ¡GINNY!
La morena se giró a contemplarlo con los ojos taciturnos, se veía mal herida, cansada y su frente sangraba. Harry no se había dado cuenta de que la bestia se había liberado y que lo que en realidad veía desde las alturas era la chica medio desmayada acostada en una extraña posición en el suelo. Harry se impulsó con la varita y se ayudó para que su caída no fuera tan abrupta, sin embargo se torció el tobillo que sonó con un horrible "crack".
-¡Mierda!-Gritó tropezando. La caída le hizo golpearse la frente y la varita rodó por el suelo, Ginny estaba a escasos metros de él, y sus ojos lo miraban entre rabia e imploración. Se arrastró por el suelo y cogió la varita.
-¡Sanatum Incorpore!-Gritó apuntándola, pero nada sucedió. Al ver que nada ocurría se apuntó a sí mismo reparando la fractura del pie, y se levantó con dificultad. Pero un nuevo temblor lo hizo caer, esta vez la bestia se le había lanzado encima, los escombros del suelo volaron y él sintió que era lanzado por los aires directamente al desfiladero.
-¡Levicorpus!-Gritó, y alcanzó a mantenerse a flote sólo unos instantes, pero no alcanzó a llegar a la orilla. Desesperado comenzó a estirar los brazos para sujetarse a lo que parecían los pedazos de suelo que quedaban en el borde del desfiladero y trepó hasta la orilla. Pero sus pies resbalaron y una mano se le deslizó, dejándolo a duras penas agarrado con el brazo herido.- ¡NO!- Antes de que cayera, se impulsó hacia arriba y logró aferrarse con ambas manos al borde del acantilado e intentó trepar, pero no había dónde apoyar los pies.- ¡Tiare, Morgan!
Un nuevo rugido alertó a Harry quien en su desesperación intentó trepar, pero con el brazo dislocado y la varita en el bolsillo no podía hacer mucho. Un grito de dolor llegó a sus oídos, y aunque costaba distinguirla por sobre los rugidos sabía que era Ginny la que estaba gritando.
-¡Ginny, Ginny!
Intentó impulsarse con más fuerza hacia arriba pero al no tener un soporte no tenía como apoyar ni los pies ni los codos. Los dedos comenzaron a entumecérsele y el peso de su cuerpo le jugaba totalmente en contra.
-¡Ayuda!-Gritó finalmente, aunque se sentía estúpido.
Otro rugido y un grito de dolor atroz atravesó el aire y Harry sintió algo caliente en sus dedos. Miró hacia arriba aterrado y por sus manos comenzaron a deslizarse pequeñas gotas de sangre que no eran de él.
-¡GINNY!-Gritó desesperado, hasta que un fuerte tirón en su brazo izquierdo lo hizo aparecer nuevamente en tierra. El brazo le crujió y soltó un terrible aullido de dolor, aquel brazo ya lo tenía lastimado desde la atracción magnética, y estaba seguro que lo tenía fracturado.
-¡Tiare, ayúdame acá! ¡Yo me encargó de mi padre!
Morgan se levantó con rapidez empuñando la espada mientras Tiare montaba a Iriki a quien en su lomo llevaba sin dudas a Ginny.
-¿Qué ha ocurrido?-Preguntó espantado viendo como a Ginny le sangraba todo un costado de la cara, olvidándose de su propio dolor.
-La ha expulsado por los aires.-Explicó Tiare quejándose y apresándose un costado de su estomago.
-¡Estás lastimada!-Exclamó al ver que por un costado de su abdomen la otra chica también sangraba.
-Es sólo un rasguño, la garra no alcanzó a profundizar la herida.-Y se señaló el corte superficial que tenía sobre la piel.-Hay que encargarse de ella.-Le dijo entregándole a Ginny para que la tomara en brazos.
Aguantando el dolor de su hombro, Harry agarró a Ginny, pero no lo soportó y cayó al suelo con ella.
La chica rodó y abrió los ojos.
-¿Qué… qué sucede?
-¡Ginny!-Gritó Harry y gateó hacia ella sujetándose el hombro izquierdo con la mano derecha.
-¿Harry?-Susurró, parecía adormecía, incluso le pareció a Harry que no sabía dónde estaba.- ¿Por qué me tocas? ¡No me toques!
Harry se alejó de ella mientras intentaba ponerse de pie, se tocó la herida sangrante de la cabeza y se estremeció al oír un rugido tan aterrador como jamás lo había escuchado.
-¡Morgan!-Gritó Tiare que sobre Iriki sobrevoló el lugar hasta llegar a la bestia que ahora escupía fuego.
-Merlín, ¿qué me ocurrió? –Se preguntó Ginny, más para sí misma que para Harry, pero el chico le contestó.
-Fuiste atacada por Candeviere, ¿de verdad no recuerdas nada?
Ginny lo fulminó con la mirada, sólo recordaba haberle dado un tremendo golpe en la cara, y de hecho, los labios de Harry estaban cubiertos de sangre seca.
-Sí…-le susurró antes de ponerse de pie y verlo con rabia.- Recuerdo tu maldito plan…
Y sin esperar ninguna reacción por parte del chico ella se fue corriendo hacia donde se veía que se desarrollaba toda la acción, donde estaba el peligro. El lugar se había incendiado, alrededor de la bestia el suelo crujía y ahora estaba atacando en cuatro patas, como un monstruoso toro con sendos cuernos.
-¿Plan?-Murmuró Harry, y súbitamente toda la película se le aclaró, dejando que el pánico se apoderara de su corazón y el frío de su cuerpo. Ginny ya lo sabía todo, y sí, reaccionó como lo esperaba. Lo peor, era que no estaba seguro de si lo iba a perdonar, menos después de haber visto que tras sus ojos castaños no había más que odio hacia él.
Ginny corrió hacia la bestia sintiendo una terrible punzada en su sien, se apuntó con la varita al vuelo y sin siquiera pronunciar un hechizo la herida se sanó al instante. Impresionada por aquella manifestación, siguió corriendo intentando tener la mente despierta, hasta que recordó lo que había sucedido en el ciclón.
La bestia rugió, y la luz destelló en su garganta. Era una idea estúpida pero, ¿y si invocaba las esferas? Y eso hizo. La bestia regurgitó y gruñó haciendo terribles arcadas, y cuando al fin una luz verdosa se asomó por la garganta de la bestia, Ginny la llamó, porque sabía que le pertenecía. La luz ya no era una esfera, simplemente luz, y entró en ella como si de aire se tratase y súbitamente supo de quien se trataba, de una francesa, una mujer cuyo poder era la curación, una hija de magos que quería ser sanadora.
Para cuando abrió los ojos, sabía que seguía siendo ella, pero en el cuerpo de la mujer que realmente le pertenecía, y con un simple movimiento de varita, la bestia cayó al suelo.
-¡Morgan!
El grito de Tiare al ver al chico caer al suelo no la detuvo en su carrera, y siguió volando hasta llegar al hijo del ministro quien tenía un horrible corte en la pierna derecha.
-Idiota…-Rugió la bestia, y a Ginny se le erizó la piel.- ¿Vas a unirte a ellos en lugar de a mí que soy tu padre?
-Tu no eres mi padre… ¡Asesino!-Gritó, y asió la espada nuevamente corriendo hacia él. Ginny la reconoció al instante y fue tras el chico.
-¡No, Ginny!-Gritó Tiare y bajándose del caballo fue corriendo tras ella.
-¡Morgan, entrégame la espada!-Gritó Ginny, pero el chico estaba batallando con odio contra su propio padre, quien le aventajaba por varios pies de alto, y fuerza.
-¡Maldito bastardo! ¡Mataste a mamá! ¡¿CÓMO PUDISTE?!
Con un rápido golpe Morgan le incrustó la espada en una de las patas y la bestia rugió de dolor. Ginny sonrió entre asustada y esperanzada, aunque sabía que eso no daría resultado.
-¡Tienes que clavársela en el corazón!-Le gritó al ver que de la pata, a la bestia le brotaba sangre negra.
La bestia volvió a rugir y con un rápido movimiento azotó su pata contra el piso y la espada salió volando. Ginny y Tiare gritaron, justo cuando el monstruo levantaba la pata para darle un golpe a Morgan.
-¡Morgan!-gritó Tiare, y antes de que Ginny pudiese detenerla, corrió hasta donde estaba Morgan y empujó al chico, quien rodó hacia el otro lado, la bestia la golpeó a ella y salió despedida hacia atrás chocando contra una pared y cayendo de boca a tres metros de altura sobre el suelo, muy cerca de la grieta. Un brazo quedó colgando hacia el vacío y un charco de sangre comenzó a salir de debajo de ella.
-¡NO! ¡TIARE!-Gritaron Morgan y Ginny.
-¡Ginny!-Harry corrió hacia donde estaba la chica y se quedó a su lado contemplando con terror como la bestia se alzaba y del cielo comenzaban a caer rayos gigantes que azotaban todo el lugar. Ginny se agachó por inercia y Harry la cubrió sin preocuparle su brazo. Morgan había ido corriendo a ver a Tiare, pero cuando la bestia se percató de ello rugió aún más fuerte dando patadas en el suelo que provocaron que el techo se derrumbara.
-¡Tiare, Tiare!-Gritó Morgan abatido, a la chica le cayeron cientos de escombros encima y no parecía siquiera reaccionar.- ¡Dioses, por todos los Dioses, que no esté muerta, por favor!
-¡Morgan!-Gritó Ginny, y Harry agarró al chico de un brazo justo cuando la grieta se abría aún más y el cuerpo de Tiare caía por el abismo.
-¡NO!-Gritaron los tres, y Ginny comenzó a llorar.
-No, no… ¡NO, NO, NO!-Gritó Morgan intentando zafarse de los brazos de Harry.- ¡TIARE!
-¡Ginny, detente!
-¡SUELTAME!
La chica corrió esquivando los rayos que caían del cielo y los escombros del techo, ni siquiera se percató de que la bestia la venía siguiendo dando grandes zancadas en sus cuatro patas mientras expulsaba fuego por las fauces.
Eres mía…
Ginny escuchó la siniestra voz de Candeviere en su cabeza y se apresuró con más fuerza, notando de lejos un destello plateado. Los pedazos de techo que caían tenían tamaños de rocas gigantes y le bloqueaban el paso, y justo cuando veía que el último escombro caería sobre la espada, saltó sobre ella y la piedra cayó encima.
-¡GINNY!- La voz de Harry se quebró como nunca al ver como la piedra del porte de un camión caía sobre la chica.- ¡NO, GINNY! –Lloró.
-¡LO MATO, YO LO MATO!
Morgan se zafó de los brazos de Harry y el chico corrió tras él, pero no para detenerlo, si no para cobrar venganza.
La bestia se detuvo frente a la roca y expulso fuego incendiando todo lo que rodeaba el lugar donde estaba enterrada Ginny. Harry comenzó a lanzar hechizos contra la espalda de la bestia que parecía feliz de haber acabado con su peor amenaza, ni siquiera se daba cuenta de que lo estaban atacando.
-Ahora, tu magia será mía…-Oyó Harry decir a la bestia.
Iracundo y adolorido de cuerpo y alma como se encontraba, corrió hacia la bestia deslizándose bajo sus piernas para poder atacarlo de frente, Morgan había desaparecido, tal vez buscando señales de Tiare.
Harry volvió a lanzar otro hechizo y la bestia, como si espantara una mosca, lo empujó con su garra lanzándolo por el aire hasta caer rodando por el suelo. El chico quedó de espaldas, con la nariz quebrada, con sangre saliendo de todas partes y sin los lentes.
-Tonto muchacho… no puedes conmigo, ríndete, yo soy todo, el universo es mío…
Harry se giró y a duras penas pudo pronunciar "accio lentes". De boca, y con varios huesos fracturados se levantó sintiendo que la pierna derecha a penas podía mantener su peso.
Pero no le importaba, podía sanarse, él podía hacer cualquier hechizo que lo dejara como si jamás hubiese sucedido nada, pero eso no iba a devolverle la vida a Ginny.
-¡AVADA KADAVRA!-Gritó colerizado al pasarle la siniestra idea de que jamás volvería a estar con ella, y que por sobretodo, jamás podría decirle la verdad de su propia boca. Quería matarlo, quería que sufriera, quería causarle dolor. ¿Por qué no lo mató cada vez que entró a su oficina? ¿Por qué no lo mató cuando lo tuvo a pocos pasos de su propia nariz? Porque fue idiota, y creyó que el plan era el mejor, creyó que aquella mierda de plan mantendría a Ginny con vida- ¡GINNY!-gritó Llorando.
La bestia recibió el impacto del rayo verde en medio del pecho, y Harry vio como se desplomaba, ¿había dado resultado? No le importaba. Cojeando, con la cara ensangrentada, el hombro dislocado y un par de costillas rotas se acercó al montón de piedras que habían caído sobre Ginny. El derrumbamiento de la bestia causó otro nuevo temblor, lo que avivó las llamas que rodeaban a las piedras producto de la onda de aire. Harry se cubrió la nariz y los ojos con el brazo bueno, dónde tenía la varita y cuando encontró la piedra, exclamó:
-¡Wingardium Leviosa!
La piedra se elevó por los aires y Harry, sin ningún remordimiento le lanzó la roca con todas sus fuerzas al cuerpo de la bestia. Saltó por encima del resto de los escombros sin tomar en cuenta la horrible punzada que se proyectaba de su pierna quebrada hasta la columna. Y ahí la encontró, Ginny estaba desmayada, con la espada entre sus brazos, firmemente sujetada, como si la abrazara. Harry saltó hasta ella y se impresionó de que aún muerta se viera como si durmiera. Cayó de rodillas a su lado y se abrazó a su pecho llorando con desesperación, ¿qué le diría ahora a toda la familia? Al fin y al cabo, si la chica estaba muerta, era sólo por su culpa, por él y su maldito plan que no lo llevó a ninguna parte.
-¿Harry?
El chico sintió que el corazón le pegaba un vuelco, pero no de impresión si no que de susto. La chica lo observaba con aquellos tremendos ojos castaños cargados de sentimientos que no sabía definir.
-¿Dónde está Morgan?
Harry no contestó, simplemente se limitó a abrazarla con fuerza y a susurrar un montón de cosas que ella no alcanzó a entender.
-….perdóname, fui un idiota, no sabes lo que me habría pasado si…
-¡Cuidado!
Ginny empujó a Harry a un lado y elevando la espada verticalmente desde su pecho por inercia, detuvo como una antena el rayo que justo caía sobre ellos.
-¿Qué fue eso?-Preguntó Harry acercándose a Ginny adolorido.
-¿Dónde está? Tengo que matarlo…-Dijo de manera insistente y se levantó con dificultad. Harry vio que la chica tenía un par de contusiones en las piernas y los brazos, y el piyama hecho jirones en la zona de las pantorrillas.
-Pero si lo maté…-susurró Harry extrañado. Entonces la bestia se alzó por encima de los escombros y Harry, acumulando todas sus fuerzas se interpuso delante de Ginny.
-No puedes matarlo con una maldición.-Le dijo enfadada.- Hay que matarlo con esto.-Señaló la espada y Harry se sintió increíblemente idiota.
-Pero las maldiciones deberían matar a cualquiera…-Dijo lanzando un hechizo para destruir las rocas que caían sobre ellos como lluvia de meteoritos.
-¡No a él! ¡Tiene al universo de su lado!
Ginny esperó a que Harry le diera con un hechizo a una nueva roca y entonces, saltó por sobre los escombros y corrió hacia las patas de la bestia.
-¡Ginny, NO!
-¡¿Quieres ayudarme?! ¡Entonces elévame!
Harry se hizo a un lado y se escondió tras una gran roca para protegerse de los rayos y de las piedras que caían del cielo, y cuando vio que Ginny corría hacia el peligro ella le hizo una señal.
-¡Levicourpus!
La chica se elevó por los aires y sujetando con fuerza la espada se impulsó hacia delante como si anduviera en escoba. Esperó a que tuviera el pecho delante de sus ojos y embistió.
-¡No seas tonta, niña! ¡No puedes detenerme!
La bestia lanzó fuego por sus fauces y Ginny tuvo que esquivar las llamaradas rojas que por poco alcanzaron su cabeza, aunque salió olor a pelo chamuscado.
-¡Ginny!
El grito de Harry la alertó, iba cayendo en picada y ni siquiera se había dado cuenta. Harry saltó del lugar donde estaba y soportando el dolor de la pierna corrió hacia ella para recibirla, pero un rayo cayó delante de él, y el chico cayó a una grieta que se había hecho en el piso, y esta vez, sólo podía sostenerse a duras penas con un brazo.
-¡Levi…! ¡Ah!
El cuerpo le pesaba y todo le dolía, podía sentir como desde abajo la oscuridad que acechaba el vacío lo jalaba hacia el fondo. Había perdido su varita nuevamente, y no tenía nada más que hacer si no esperar un milagro.
No supo qué había sucedido con Ginny, aunque tampoco la escuchó caer sobre el suelo, ni ningún golpe que se pareciera.
Ginny intentó no quitar los ojos de la bestia mientras ésta intentaba matarla calcinándola con sus feroces llamaradas, sólo sabía que iba cayendo y que no tenía su varita a mano para poder evitar la caída. Y aquello le preocupó. Le preocupó no por su vida, después de todo si moría en ese instante podría decir que al menos había vivido algo, sin embargo la vida que llevaba en su interior ni siquiera había visto la luz del día. Se colocó una mano sobre el vientre y se dejó llevar, blandió la espada dejándola caer. Los gritos de Harry ya no escuchaban por ningún lado, y aunque realmente lo odiaba por la mentira, su corazón se apretó haciéndola llorar al sólo imaginarse que el chico podía estar muerto.
-Harry…-susurró antes de cerrar los ojos. Entonces, cayó al suelo, pero no le dolió. Abrió los ojos y se encontró que Morgan la cargaba en brazos. El chico tenía la cara surcada de lágrimas y sangre, tan sólo bastó una mirada para que Ginny comprendiera la cruda verdad, Tiare había muerto.-No…
Morgan no contestó sino que saltó hacia un lado y esta vez Ginny sintió un fuerte golpe en la cabeza que la hizo gritar. Morgan estaba a su lado pero se había levantado con rapidez, y corría hacia algo que parecía un pedazo de tabla sostenida sobre una roca, dándole aspecto de balancín.
-¡Eh, aquí!-Lo llamó.- ¡Aquí estoy! ¡Soy tu hijo! ¡EL TRAIDOR!
La bestia se giró y con una siniestra sonrisa le lanzó más fuego, Ginny quiso ir a ayudar, pero cuando descubrió que no tenía la espada con ella se asustó. Morgan blandía la espada y el fuego que lanzaba su padre chocaba contra la plata de la punta filosa.
-¡Morgan, no! ¡Detente!
-¡Ayuda!
Ginny se giró y vio un rastro de sangre que se perdía en el borde una grieta. Con dificultad, la chica se levantó, sintiendo una punzada dolorosa en su vientre.
-No, no por favor… quédate conmigo…-Susurró aguantando el dolor.
Cuando llegó a la grieta lanzó un grito, Harry tenía la cara roja completamente, no podía distinguir las heridas, hasta tenía un ojo completamente inflamado. La chica se acuclillo y buscó su mano.
-¡Sujétate!-Le gritó.
Harry elevó la cabeza y a Ginny le dieron nauseas, no por el aspecto del chico si no por el fuerte olor a sangre que jamás en su vida había sentido.
Media mareada aguantó la respiración mientras sujetaba a Harry por el brazo e intentaba levantarlo, pero lo único que oía venir del chico eran crujidos dolorosos de los huesos quebrados.
-Harry…-jadeó mientras jalaba con fuerza.-…Ayúdame un poco… No puedo… sola…
El chico apoyó la pierna buena pero resbaló, no podía subir.
-Harry…. por… favor….
Harry le sonrió a duras penas y antes de que Ginny pudiera hacer algo más el chico susurró algo que ella no comprendió y se le resbaló de las manos.
-¡HARRY!
Ginny se lanzó hacia delante para poder sostenerlo, y lo alcanzó a agarrar por la espalda, pero ella también estaba resbalando.
-¡Despierta! ¡Despierta, vamos!
Entonces se escuchó un extraño chasquido, un golpe y una risa diabólica.
Un nuevo temblor ladeó el lugar nuevamente, pero hacia atrás, y aprovechando el extraño equilibrio, Ginny jaló a Harry y ambos cayeron hacia afuera.
-¿Ginny?-Preguntó Harry, pero la chica tenía ojos para Morgan, estaba aterrada.
Morgan estaba herido, y parecía tener quemaduras en varias partes del cuerpo, aunque la espada impedía que las llamas le llegasen de frente. Sudaba, y Ginny podía ver como las heridas ensangrentadas manchaban su ropa.
Entonces comprendió lo que el chico quería hacer. Al parecer lo había intentado varias veces pero sin resultado, lo que explicaba las heridas. El chico se hizo a un lado y dejó que las llamas lo siguieran, entonces se desquebrajó la pared, Morgan corrió hacia la tabla de madera y esperó a que una gran piedra cayera en el otro costado.
-¡NO! ¡DETENTE!-Ginny estiró el brazo, lo que era en vano, aún estaba en el suelo con Harry a su lado totalmente herido, no podía hacer nada.
-La historia no volverá a repetirse.-Susurró mirándola como si le hiciera el mayor juramento de su vida. Y ella a penas lo comprendió hasta que lo vió volar por los aires cuando la tabla de madera se levantó, y vio horrorizada como un mar de llamas lo envolvía por completo y se perdía en las alturas.
-¡NO! ¡NO, POR FAVOR!- Gritó Ginny, y justo cuando creyó que estaba todo perdido, un destello verde surgió de la oscuridad del cielo y evaporó las llamas. Un grito ensordecedor hizo temblar todo el lugar, y el suelo volvió a balancearse. Desde arriba Ginny vio como una mancha negra caía con rapidez, y fue hacia gateó haciaél con dificultad para salvarlo.- ¡No, flota!
Morgan se detuvo a pocos metros del suelo y descendió con suavidad, en sus manos ya no estaban la espada y Ginny se arrodilló junto a él al descubrir el cuerpo quemado y destruido del chico. Había estado tan absorta en la batalla que había olvidado lo que podía hacer con su magia. Achicó los ojos cuando la luz verde se transformó en blanca, y luego comprendió. Las patas de la bestia comenzaron a desaparecer poco a poco como si se desintegrara, y pocos segundos después descubrió con sorpresa, como desde el cielo caía otra figura que rebotaba en el suelo con un horrible crujido.
-¿Ginny…? –La voz de Harry llegó mucho más compensada de lo que estaba al caer a la grieta y Ginny se giró para verlo. El chico tenía la sangre pegada a la cara y el brazo dislocado, pero caminaba bien.- ¿Qué ocurrió?
Ginny comenzó a llorar y antes de que pudiera asimilar todo con calma, comprendió que Morgan estaba muerto, y todo por querer cambiar su historia, su propia historia. No era él quien la había llamado, aunque debía reconocer que ver a Harry sano y salvo le hacía revivir sentimientos encontrados que él no merecía.
Harry levantó la mirada y ambos vieron con sorpresa como la sala Este del palacio volvía a ser como era antes. Las paredes lisas, el suelo de mármol, y el pilar con el cetro y la biblia. Ginny se encontraba en un rincón absolutamente abrumada, y a pocos metros de ellos el cuerpo de Marcel Von Candeviere yacía de espaldas con extrañas deformaciones en su rostro, desnudo, y con el pecho manchado de sangre con la espada clavada en el medio.
-Mira…-Susurró Harry, y Ginny vio con dolor como el cuerpo de Tiare aparecía sutilmente entre la niebla que se dispersaba, desmayado en un rincón. La chica no tenía ninguna herida, estaba intacta, su piel morena brillante y sus ojos cerrados. Parecía que estuviese durmiendo, pero ella sabía que no lo era.
Comenzó a llorar, Morgan, delante de ella, también se había recuperado de sus heridas, pero no había recuperado la vida que su propio padre le había quitado.
-Hay… no…-Sollozó hundiéndose en el pecho del chico.- No, no, no….
-Ginny…
-¡No me toques!-gritó enojada, y lo vio a los ojos, el chico tenía la culpa cargada en ellos pero eso no iba a servir para que las cosas cambiaran.-Están….
-Ginny, no creo…
-¡No te me acerques, Harry Potter!
Harry suspiró y cerró los ojos, le colocó una mano en la espalda pero ella se la quitó con furia.
-Ginny, por...
-¡No me digas nada! Mira a tu alrededor… Eres brillante…-Masculló con ironía y odio.
-No me puedes echar la culpa de sus muertes, Ginny.-Se defendió adolorido, pero la chica sólo tenía ojos para sus dos amigos.
-Accio Tiare…-Susurró sin pensar, y el cuerpo de la chica se elevó del suelo depositándose con cuidado al lado de Morgan.-Todo acabó… Y habría acabado mejor si no te quisieras hacer siempre el héroe…
-No seas injusta…
-¿Qué no sea injusta?-Los ojos de Ginny no dejaban de derramar lágrimas y Harry temió.- ¿Y qué me dices de ti? ¿Fuiste acaso muy justo con lo que decidiste para mi vida? ¿Con qué derecho?-Masculló con los dientes apretados.- ¿Con qué derecho te atreviste a hacer algo así?
-Yo...
-¡Ginny!
-¡Ginny!
-¡Harry! ¡Miren, están vivos!
-¿Qué ocurrió aquí?
-¡Tiare, No, no, Tiare!
-¿Es Morgan?
-¡Oh, Merlín!
-¡Candeviere está muerto!
Cientos de voces se dispersaron a su alrededor. Ginny sintió que muchos brazos la agarraban de todos lados, y unos cuantos besos repetidos de su madre cuyas lágrimas le mojaron la cara y el cabello. También oyó chillidos, lágrimas, y llanto. Sabía que los chicos del concilio le lloraban a Tiare, y también que muchos felicitaban a Harry por ser otra vez el "héroe".
Ginny bufó, y sintió que todo en su interior se revolvía en una extraña mezcla de sensaciones y sentimientos. Ver morir a Tiare y a Morgan sólo agrandaban una herida que involucraba perder a dos seres muy queridos, a un antihéroe que pasó de ser un traidor a un amigo; un hombre del cual se estuvo escondiendo por años sin saber de su existencia, sin saber quien era, y por qué se ocultaba. Vivir escondida, y no saber las razones era el peor recuerdo, la soledad, la angustia, el miedo y el hambre, emociones que no se borrarían fácilmente de su vida, y ahora, él estaba muerto, aquel causante de todo ese dolor estaba muerto. Pero eso no le devolvería la vida ni a Tiare ni a Morgan, ni a todas esas mujeres que fueron asesinadas. No le devolvería su vida anterior, la vida que le fue robada a causa de un muchacho que se creyó demasiado importante para ponerle atención a su poder.
Sí, imaginarse a Harry muerto sólo incrementaba el dolor en su estomago y en su pecho. Lo vio herido, lo vio como jamás creyó verlo, lo vio indefenso, lo vio sufrir, y temió por su vida, porque no se podía imaginar su vida sin él. Sí, si Harry hubiese muerto y ahora compartiera un lugar junto con Tiare y Morgan, probablemente no podría vivir tranquila jamás, y el dolor no se iría nunca. Pero ahora estaba vivo, se alegraba por ello, pero no significaba que lo perdonaría. ¿Perdonar? ¿A ese muchacho insensato que sólo pensó en él? ¡¿Qué gracia tenía protegerla a ella cuando estaba destinada a librar esa batalla?! No, Harry no se merecía su perdón, porque él no había confiado en ella, y el amor se basa en esa simple regla.
Escuchó como le llegaban los abrazos y llantos que acompañaban a Harry y cerró los ojos, algo debía hacer con su vida. Con sus vidas.
Instintivamente se llevó las manos al vientre y lloró, lloró porque ese niño o niña tenía un padre al que en esos precisos momentos lo odiaba como a nadie en el mundo, pero que sin embargo sabía que muy detrás de ese odio había un amor que no justificaba sus actos hacia él. Sólo justificaba lo que ahora llevaba dentro de ella, y que él tenía que saber por derecho.
Unos brazos se aferraron fuerte a ella y reconoció el aroma de Oswald, y se abrazó a él del mismo modo, no porque lo necesitara, si no, porque sabía lo que vendría después de ese abrazo.
-Gracias…-Sollozó ella, intentando no sucumbir al llanto.
-Tenemos que hablar…
Ella parpadeó, y elevó su mirada. Los ojos de él estaban cargados de dolor y de comprensión que le causaron una fisura aún más honda en todos esos sentimientos que ya la estaban agobiando.
Pero, sí. Tenía razón. Tenían que hablar.
El pasado lejano lo sentía en su corazón, y sin saber por qué, las razones de aquella vida se hicieron mucho más claras al estar cerca del maestro que en aquella época le enseñó todo lo que sabía.
Notas de la autora:
¡Siento el retraso! Ya saben, fiestas, jejeje.
Espero que el capítulo les haya gustado. Soy terrible escribiendo batallas, reescribí algunas escenas muchas veces porque no me gustaba como quedaban, y mi intención desde el principio siempre fue que Morgan asesinara a su propio padre. Era algo más épico.
En el próximo capítulo se aclararan cosas que en éste quedaran seguramente en el aire.
Les dije que habría muertes, y lamento haber asesinado a mis personajes favoritos. Morgan debía morir, es el antihéroe, el chico que era hijo del asesino, en algún momento él tendría que dar su vida para dar vuelta la historia, y si tenían que haber razones para hacerlo, qué más terrible que saber que su padre mató a su madre y a su novia.
La espada era de Nacet, pero la podía usar cualquiera y como Ginny estaba ocupada intentando salvar la vida del herido de Harry, no era la excusa perfecta. (Aunque la explicación de verdad tiene que ver con las intenciones de Morgan).
No sabía qué final darle. Quería dejarlo con la muerte de los chicos y el cuerpo de Candeviere, pero faltaba el momento cúlmine donde Ginny comienza a darse cuenta de todo, y lo que le costará afrontarlo ahora que todo acabó.
Lamento si decepcioné a alguien, sobretodo porque sé que muchas querían que Oswald muriese (¡MALAS!). Pero ya dije hace mucho tiempo que Oswald es un personaje importante en el último capítulo, así que no podía matarlo.
En fin, este fue el penúltimo capítulo, y la verdad es que no puedo creer lo poquito que falta para el gran final. (Que espero que lo sea, porque con esta pelea no sé si habré dejado satisfecho a alguien).
En fin, las explicaciones de algunas cosas en la batalla, y por qué fue Morgan el que asesinó a Candeviere, se verán en el siguiente capítulo. Así que por eso, les dejo el adelanto final:
Capítulo final, 38:
La Historia de Nuestro Pasado
Muchos lamentan la muerte de dos grandes magos, y se realiza un hermoso funeral en su honor. Koe y Sio reciben una grata e inesperada sorpresa, mientras que el cuerpo de Candeviere no recibe un final muy satisfactorio.
Malfoy se reencuentra con Katerina, y ambos se llevan una sorpresa. Finalmente, todo lo que sucedía a escondidas del mundo mágico se arregla, excepto las diferencias al interior de la familia Weasley donde una noticia hará que Ginny tome una decisión. Pero será gracias a Oswald que podrá pensar con más claridad sobre que es lo que realmente desea hacer con su vida.
Capítulo más Epilogo.
Ya saben, esta vez recibo todos los tomatazos que quieran, jajaja.
¡Ah! Y si quieren dejar un review amigable también es bienvenido. También pueden pasar por el blog si gustan (www. Ethianevals. Blogspot. Com) junten los espacios, y pueden dejarme un mensaje en el chat o en las entradas.
Ahora les dejo las tan esperadas fechas para el final: 11, 12 y 13 de Enero.
Les dejo un beso muy grande a todos y un inmenso abrazo. Que tengan hermosas fiestas, disfruten con su familia y amigos, seres queridos y mascotas, que todos sus sueños y deseos se cumplan, y no se olviden que cada año es siempre mejor que el anterior.
Un abrazo gigante.
Anya Naivea.
