XXXVI

Levi abrió los ojos con lentitud. Un tenue rayo de sol se filtraba a través de la ventana de su habitación. Se incorporó ligeramente y, al tocar en el lazo izquierdo de la cama, se percató de que ella no estaba a su lado.

Se llevó una mano a la frente para masajeársela. Se sentía un poco confundido, primero, porque ella no estaba a su lado, y, segundo, porque aún no se acostumbraba a dormir tan profundamente. Apenas recordaba cuándo había sido la última vez que había conciliado el sueño en condiciones, sin estar sentado sobre aquella silla de madera en su habitación. Pero, desde que la había conocido a ella, el sentirla cerca por la noche, le era suficiente para poder dormir como nunca antes lo había hecho.

Apartó las sábanas con un movimiento seco para descubrir su cuerpo desnudo bajo ellas. Curvó la comisura de sus labios ligeramente hacia arriba al recordar la noche anterior, sintiendo una cierta satisfacción, y se puso en pie. Se dio un baño rápido, se vistió y salió al comedor. Eren y compañía charlaban animadamente en una de las mesas. El moreno pasó por su lado, saludando al grupo con un leve asentimiento de cabeza. Aquella mañana se limitó a prepararse una taza de té y a sentarse en un rincón a bebérselo solo, al menos hasta que llegó Hange.

—¿Desde cuándo se te pegan a ti las sábanas? —bromeó la mujer.

—¿Has visto a _ _ _ _?

—Ha salido temprano. Ha ido al orfanato.

—Últimamente pasa mucho tiempo ahí.

—¿Y te presta poca atención a ti? —Hange soltó una carcajada.

—Tus chistes de mierda no me hacen gracia, cuatro ojos.

—Qué malas pulgas. Pensaba que ella te habría ablandado un poco, pero sigues siendo igual de gruñón —Hange cruzó los brazos con resignación—. ¿Sabes cómo lleva su estudio?

—Creo que bien —Levi dio un sorbo a su taza—. Habla mucho sobre las cosas nuevas que descubre, tanto que a veces le tengo que decir que se calle para que no me termine dando dolor de cabeza —curvó la comisura de sus labios ligeramente hacia arriba, en una sonrisa apenas imperceptible—. Pero siento que a veces se frustra. No entiende todo lo que pone.

Hange suspiró.

—Ojalá pudiéramos ayudarla. Si no hubieran destruido todo el conocimiento sobre el mundo exterior, las cosas serían muy diferentes…

Levi se limitó a guardar silencio, pero estaba de acuerdo con la comandante. Él era una persona de acción, pero comprendía cómo se sentían la gente como Hange, Armin o _ _ _ _. Descubrir tantas cosas era algo que los emocionaba, pero el no poseer los conocimientos suficientes en muchos casos les impedía comprender en su totalidad y, si bien eso les hacía querer indagar más en la verdad sobre el mundo, también les hacía ser más conscientes de su propia ignorancia.

Cuando terminó su té, se puso en pie bajo la atenta mirada de Hange. Sin despedirse de ella, caminó hacia el establo y preparó un caballo. Cabalgó durante varios minutos hasta llegar al orfanato. Hacía buen día, así que los algunos niños jugaban y correteaban por la extensa pradera. Levi ató su caballo a un poste de madera. Le dio unas palmaditas en el cuello al animal que, a continuación, comenzó a comer la hierba que había a su alrededor.

Solo tuvo que asomarse por una de las esquinas del edificio para ver a _ _ _ _. Hablaba con varios niños pequeños y parecía estar dándoles un sermón por algo que habían hecho. Los pequeños tenían la cabeza agachada, apesadumbrados. Finalmente, les hizo un gesto con la mano para que se marcharan y los niños se alejaron de ella correteando y dando gritos, como si nada hubiera sucedido. Al verla apoyarse en la valla de madera, Levi aprovechó para acercarse y situarse a su lado.

—Les ha entrado por un oído y les ha salido ha salido por el otro —suspiró la chica.

Levi la observó de reojo. A pesar de que sus palabras podían dejar entrever algo de resignación, Levi se percató de que en realidad ella estaba sonriendo. Y eso le parecía de lo más raro. En vez de estar molesta por la actitud de los pequeños, parecía sentir todo lo contrario. Chasqueó la lengua. A él ni le gustaban los niños ni pretendía entenderlos.

—No me has despertado esta mañana.

—Perdón. Estabas muy dormido y me daba pena. Sé que no duermes mucho.

Los dos observaron en silencio a los niños jugar. Parecían felices, de eso no había duda.

—Le he comentado a Hange que pasas últimamente mucho tiempo aquí.

—¿Es eso malo? —le miró de reojo— Pensaba que no estaba descuidando mis obligaciones.

—No me refiero a eso. Otra cosa no, pero Hange solo habla bien de ti.

La chica sonrió con satisfacción.

—Es que lo has dicho como si fuera algo malo. Sé que no te gustan los niños, pero pasar tiempo con ellos a mí me despeja. Paso muchas horas leyendo y estudiando los libros de Grisha Jaeger. Es mucha información a procesar y esto me sirve para desconectar un poco.

—Se pueden desconectar de otras muchas maneras.

—¿Y cuáles son esas otras maneras? —la chica le dio un toquecito con el codo. Al mirarla, Levi enarcó ambas cejas, escéptico, y ella sonrió de medio lado, de forma picarona.

—¿Tienes que ser tan mal pensada?

—En realidad te encanta que piense así. No te hagas ahora el duro —se inclinó ligeramente hacia él y apoyó la frente en su hombro de forma cariñosa. Fueron solo unos segundos, un gesto rápido y discreto para que nadie pudiera verlos demasiado encariñados. Cuando regresó a su posición, ella le sonrió. Levi parpadeó con lentitud, resistiendo las ganas que sentía de besarla—. Podemos ir a otro sitio —le susurró—. Si te apetece.

Levi soltó un pequeño bufido. Pero, no era de disgusto, sino todo lo contrario. Una de las cosas que más le gustaban de ella y que, a su vez, también odiaba era lo bien que sabía leerle el pensamiento, a pesar de que en su expresión no se reflejaban de forma clara sus emociones.

—¿No sé supone que estás aquí para vigilar a los niños?

—Están aquí Hilda y los chicos de la granja. No notarían mi ausencia por un ratito.

Levi se incorporó bajo la atenta mirada de la muchacha. Éste comenzó a caminar y, al notar que ella no le seguía, miró por encima de su hombro.

—¿Qué haces ahí parada? —le espetó Levi— Si quieres que sea rápido, más te vale ir moviendo el trasero.

La chica se incorporó de un brinco para seguirlo, visiblemente emocionada. Levi dio media vuelta, curvando la comisura de sus labios ligeramente hacia arriba. Sin embargo, su expresión cambió radicalmente cuando escuchó dos voces gritando el nombre de ella.

—¡_ _ _ _! ¡_ _ _ _!

Un niño y una niña corrían hacia ellos. El niño tenía el pelo largo y alborotado y la piel morena. Tras él, corría una niña de cabello muy largo, suelto, de color castaño.

—¿Dónde os habíais metido? —les exigió saber ella.

—Es culpa de Miccah —le acusó la niña—. Es que se va siempre por ahí.

La muchacha miró al niño de arriba abajo y frunció el ceño.

—¡Te has roto otra vez el pantalón! —_ _ _ _ le dio un breve tirón de orejas seguido de una leve protesta del pequeño— ¿Cuántas veces te los van a tener que coser?

—Perdón, perdón. Qué tía más pesada.

—¿Pesada? —le fulminó con la mirada— La próxima vez te vas a llevar un capón, Miccah. ¿A qué hora teníamos la clase?

—Y yo qué sé —se encogió de hombros.

—Eres un descarado —se giró para hablarle a la niña—. Enid, ¿habéis mirado al menos lo de hoy? —la niña asintió con determinación.

—Imagino que nuestros planes se cancelan… —Levi observó a aquellos dos críos con disgusto.

—Perdón —se disculpó la muchacha—. Les prometí que les ayudaría a estudiar. Mirad, chicos —les tomó de las manos para que se acercaran al moreno—. Él es el capitán Levi Ackerman, el-

—¡El hombre más fuerte de la humanidad! —gritó Miccah entusiasmado— ¡Qué pasada! ¡Y es verdad lo que dicen! Tío, eres super bajito.

—¿Tío? —Levi enarcó una ceja.

—No se habla así a los mayores y menos a alguien que tiene un rango alto en el ejército —le reprimió la otra niña.

—Discúlpale —_ _ _ _ rio avergonzada—. Todavía tiene que aprender a mantener esa bocaza cerrada, ¿eh? —pronunció entre dientes.

—Oye, si no lo digo a malas —se defendió el niño—. Yo tengo doce y soy pequeño para mi edad.

—En realidad es un cumplido —_ _ _ _ suspiró y se cruzó de brazos—. Su cerebrito de guisante no da para más.

—¡Eh! —el niño frunció el ceño y ella le sacó la lengua, infantil, haciendo a la otra niña reír.

—Levi, estos dos mocosos son Miccah y Enid. Tienen doce años y se van a unir a las Tropas de Reconocimiento, ¿verdad? —les revolvió el pelo de forma cariñosa.

—¡Sí! Vamos a ser médicos —replicó la niña con timidez.

Levi sonrió discretamente. _ _ _ _ ya le había hablado acerca de aquellos dos niños, pero no sabía que se lo habían tomado tan en serio.

—Oye, tú podrías entrenarnos, ¿no? —Levi frunció ligeramente el ceño. El tal Miccah era un descarado, sin ninguna duda— Así pasaremos el examen seguro.

—El capitán Levi no tuvo que pasar ningún examen —los dos niños miraron a _ _ _ _ con los ojos como platos.

—¿Cómo que no? ¡Eso es imposible!

—Es cierto, así que poco os va a poder ayudar. Tendréis que ser reclutas como todos. Os quedan un par de meses para que se abran las inscripciones y me dijisteis que, al menos, queríais entrar con nociones básicas de medicina, así que, hala, hala —la chica les dio unos empujoncitos para que se movieran—, ¡a trabajar!

—Menudo rollo… —murmuró Miccah.

—Tú fuiste el primero que dijo que quería ser doctor —le espetó Enid.

—Ya, pero paso de estudiar…

Los dos niños pusieron rumbo a la granja.

—Lo siento —se disculpó la muchacha una vez más con él antes de marcharse.

—Da igual —Levi giró sobre sus talones y, mientras se alejaba, pronunció con voz ronca—. Pero no creas que te vas a librar esta noche.

Lo último que escuchó fue la carcajada de ella.

Miccah y Enid me observaban con atención mientras les mostraba cómo debían vendar diferentes partes del cuerpo y qué otras opciones podían barajar en caso de quedarse sin vendas o de que no dispusieran de mucho tiempo para hacerlo. Después, era su turno de practicar y, mientras me vendaban cada uno una parte del cuerpo, les iba haciendo preguntas sobre el temario contenido en los libros que les había prestado para que se fueran estudiando.

Tanto Enid como Miccah mostraban buenas aptitudes y, lo más importante, ganas de aprender, aunque cada uno a su manera. Enid era más tranquila y estudiosa, tenía facilidad para aprender y comprender la teoría rápidamente, pero carecía de confianza en sí misma, por lo que se veía eclipsada por Miccah. El chico, en cambio, era peor estudiante. No sabía en qué circunstancias había vivido antes de llegar al orfanato, pero apenas sabía leer. Era mucho más inquieto y le costaba concentrarse, así que Enid era la que estudiaba y luego ella le explicaba lo que había estudiado. Así era como él aprendía. No obstante, a diferencia de la niña, Miccah confiaba mucho en sus posibilidades, le gustaba practicar, arriesgarse (aunque a veces fuera más bien temerario) y adoraba experimentar. Sabía mucho sobre plantas y alguien, del que nunca hablaba, le había enseñado a preparar mejunjes para curar enfermedades que a él le gustaba perfeccionar o incluso crear. Sus circunstancias personales le habían llevado a irlos probando, así que la creación de esas "medicinas" había sido resultado del prueba-error. Yo le había invitado a que siguiera con sus experimentos, porque de verdad tenía la certeza de que todos esos conocimientos que él poseía sobre el entorno que nos rodeaba nos podía ser muy útil en un futuro, así que Enid trabajaba con él en cuadernos en los que iban recopilando toda esa información.

Aunque tenían sus más y sus menos por sus personalidades tan diferentes, Miccah y Enid se llevaban muy bien. Miccah había sido de los últimos en llegar, era de los más mayores y había tenido problemas en adaptarse. Encontrar una meta parecía haber apaciguado su comportamiento salvaje. En mi opinión, ambos se complementaban muy bien, porque uno llenaba las carencias del otro. Hacían un buen equipo. Les cogí cariño rápido y ellos a mí también y puedo decir con total seguridad que, a partir de aquellas clases, los dos comenzaron a sentirse parte de una familia.

Cuando ellos finalmente se alistaron en el ejército fue la última vez que los vi, al menos, en principio, durante el periodo que durara su entrenamiento como reclutas. Deseaba que se centraran al máximo en ello y tampoco quería que los demás creyeran que ambos podrían tener un trato de favor por conocerme a mí. Los animé a esforzarse, a seguir peleando y a no desanimarse aun cuando el instructor Shadis fuera duro con ellos.

—Oye, _ _ _ _, haremos que te sientas orgullosa de nosotros.

Aquella frase que Miccah pronunció justo antes de que me marchara, el último día que los vi, me hizo sentir extraña. Miccah no se prodigaba en aquella clase de palabras y supuse que para él había conllevado mucho esfuerzo decirlas en voz alta. Yo, por mi parte, en ese momento no fui muy consciente de lo que para él significaban ni mucho menos lo que tanto la presencia de Enid como la mía habían supuesto en su vida. No obstante, lo terminaría descubriendo; las dos, en realidad, terminaríamos por entenderlo, pero eso será más adelante en esta historia.

Lo verdaderamente importante sucedió durante los meses siguientes. Establecimos un pequeño asentamiento en una de las colinas cercanas a la costa, desde donde algunos soldados hacían turnos para controlar la posible llegada de enemigos. Hange se encargó de establecer un plan de acción, así que, cuando aquello finalmente sucedió, estábamos preparados para afrontar cualquier cosa.

Esperamos pacientemente tras unas rocas. Un enorme barco se estaba aproximando hacia la isla. De él, bajó una barca que remó hasta la orilla. Fue un error. Allí les esperábamos nosotros. La mayoría de soldados eran jóvenes y, posiblemente, inexpertos. Bastaron unas pocas palabras de Levi para que nos contaran que había mucho más gente en aquel barco, por lo que solo teníamos que esperar a que se acercara más a la costa para que Eren entrara en acción. Cuando se dieron cuenta de que habían pasado demasiado tiempo sin tener noticias del pequeño grupito que se había marchado, el barco se acercó a la orilla para anclar más cerca de la playa. Fue ahí cuando Eren, en su forma de titán, emergió del agua y levantó aquel monstruoso objeto metálico para dejarlo caer con un sonido seco sobre la arena, cerca de donde nos encontrábamos nosotros.

—¡Bienvenidos a la isla Paradis! —gritó Hange entusiasmada, saliendo de su escondite— ¡Yo soy Hange! ¡He venido a daros la bienvenida, pasajeros que habéis venido desde muy lejos para visitar esta tierra! ¡Debéis de estar agotados! ¡Por favor, acercaos y serviros un té! ¡Ya nos hemos hecho buenos amigos de Nicolo! —Levi acercó a empujones a un muchacho de cabello rubio. Hange pasó su brazo por el hombro del muchacho— ¿No es así, Nicolo?

El chico emitió un gemido. Levi estaba clavando la punta de su espada en su espalda.

—¡Capitán, no se contenga por mi bien! —gritó el chico de repente— ¡Por favor, disparad y enviad a estos demonios de vuelta al infierno?

—¿¡Qué!? —Hange parecía sorprendida— ¿Qué estás diciendo?

—Está diciendo que no desea participar en tu pequeña actuación de mierda —le espetó Levi.

—¡Escuchad bien, demonios! —una voz grave llegó desde el barco— ¡Marley no negociará con vosotros, criaturas de sangre inmunda! ¡Y tampoco tomaremos esa orina de cerdo que vosotros llamáis té!

—¿¡En serio!? ¿¡Estás seguro de que quieres hablarnos así!? —Hange sonaba burlona— ¿Es que acaso no has visto a ese titán parado justo detrás de ti? ¿¡Realmente creéis que podéis escapar de aquí!?

—¡No nos rendiremos ante vosotros, monstruos! ¡Este es nuestro saludo de Marley!

—¡Hange!

BANG

Tiré de la mujer hacia atrás y las dos nos escondimos de nuevo detrás de la roca. Levi hizo lo propio con Nicolo. Sin embargo, tras el disparo que escuchamos, no sentimos ningún impacto de bala, ni en nosotras ni a nuestro alrededor.

—¿Eh? —la comandante se asomó ligeramente.

—¿¡Pero qué demonios!? —aquella era la voz de Jean que, al igual que el resto, no daba crédito.

Estábamos un poco alejados, pero podía verse a la perfección lo que había sucedido sobre la cubierta del buque. Un soldado había disparado a su superior y estaba amenazando al resto de compañeros para que tiraran sus armas. Algunos soldados más se pusieron de su parte y, finalmente, el resto hizo lo que les ordenaban. Cuando les entregaron sus rifles, estos los tiraron por la borda. Aquel soldado misterioso se acercó hasta la barandilla, quedando mucho más cerca de nosotros. Se quitó el casco, era una mujer.

—Gracias por la invitación, Hange. Tenemos que tomar un té —sonrió para, a continuación, girarse y hablar a Eren—. Tenía muchas ganas de conocerte, Eren.

Aquella mujer se llamaba Yelena. Hange terminó por darles permiso para acampar en la playa. Sus acciones nos habían pillado por sorpresa y no entraban en nuestros planes, así que todos teníamos claro que debíamos andar con mucho cuidado. Podía ser una trampa.

La comandante ordenó a Eren y al resto que permanecieran en los aledaños, vigilando si sucedía algo extraño. Levi y, curiosamente, yo también la acompañamos a una de las tiendas de campaña una vez todos se hubieron instalado.

—Oh, ya veo —Hange inspeccionó un arma que le había mostrado Yelena—, cuando tienes esta parte de aquí puedes disparar balas sin necesidad de recargar.

—Ese es el modelo estándar para un soldado de Marley —Yelena dio un sorbo a su taza de té—. En el ejército de Marley, cada división consiste en unos veinte mil soldados y, dado que hay cincuenta divisiones, eso hace un total de un millón de soldados. Además de la infantería, también está la Marina con sus veintiún buques de guerra divididos en tres flotas. Marley también se está centrando en desarrollar nuevas armas y en fortalecer su fuerza aérea.

—¿Fuerza aérea?

—Tch —Levi miró de reojo a Hange, quien asintió levemente con la mirada. Yo permanecí en silencio. No hacía falta que ninguno de los dos hablara en voz alta, estaban tan convencidos como yo de que nos podían estar engañando.

—Para decirlo de forma simple, significa que pueden transportar sus fuerzas en una nave por el aire para cruzar el mar y el muro y aparecer en el cielo, justo por encima de vosotros —explicó Onyakopon, un chico que acompañaba a Yelena.

—¿¡Qué!? —Hange se puso en pie— ¿¡Pueden volar por el cielo!?

—Cálmate —musitó Levi.

—Los de Marley son muy poderosos, pero ha pasado por lo menos un año. ¿Por qué no nos han atacado todavía?

—Hoy dos razones principales —respondió Yelena con simpleza—. Primero, incluso con el armamento avanzado de hoy en día aún sería difícil aterrizar en la isla Paradis debido a los titanes sin raciocinio que han sido liberados aquí en el pasado. Al principio, se liberaron aquí para confinar a los eldianos dentro de los muros, pero ahora se han vuelto un obstáculo y básicamente protegen a los eldianos de un ataque de Marley.

—Eso parece —Levi agachó la mirada—. Eso le habría hecho gracia —murmuró. Le miré de reojo y tragué saliva. La muerte de Erwin todavía le pesaba.

—Pero, amanecerá pronto y los titanes volverán a estar en activo. El hecho de que estemos más allá de los muros, sentados y bebiendo, debe significar que los habéis matado a todos, ¿no es así?

Hange y yo nos quedamos con la boca abierta ante su rápido poder de deducción. Fue Levi el que supo reaccionar.

—¿Y si fuera así, qué? ¿Intentarás transmitir esa información a Marley?

—No. Para nada. Es solo que me parece increíble, supera mis expectativas.

—¿Y la razón número dos? —le instó Hange a continuar.

—La segunda razón es que, mientras hablamos, Marley planea una guerra abierta y total contra varios países aliados. O sea, ahora mismo no tienen tiempo para lidiar con el asunto de la isla Paradis. Pero, ¿no sois vosotros los que tenéis razones para empezar una guerra? Habéis vencido a los guerreros más célebres de Marley, el Titán Bestia y el Titán Acorazado, y habéis conseguido robar al Titán Hembra y al Colosal, que eran dos de sus armas más poderosas. Marley tiene muchos enemigos y podríais encontrar aliados dispuestos a ayudaros en un abrir y cerrar de ojos. La mecha de la guerra ya se ha encendido.

—O sea, ¿que sois de un país que Marley hizo caer en la ruina y os habéis infiltrado entre sus rangos, como espías, para vengaros?

Tanto Yelena como Onyakopon guardaron silencio.

—¡Oh, he acertado! ¿Verdad? —Hange rio— Sabía que debías tener alguna razón para hacer algo así en contra de Marley.

—Yo no usaría la palabra 'espías' —prosiguió Yelena—. Los de Marley nos han arrebatado nuestra patria, y nos han obligado a luchar en sus guerras… Estamos sometidos. Habíamos perdido toda esperanza de rebelarnos. Hasta que apareció él y nos mostró otra opción.

—¿Él? —pregunté confusa.

—Aunque era un titán con fama de demonio a ojos de Marley y el resto del mundo, yo lo veía como algo totalmente distinto. Un dios. Aun estando indefensos, nos dio esperanza. Disparamos a nuestros superiores por orden de Zeke Jaeger. Somos combatientes voluntarios de la facción anti-Marley. Nuestra meta es la libertad de los eldianos.

Aquellas palabras de Yelena tardamos varios minutos en asimilarlas. Una vez fueron calando en nosotros, prosiguió y nos explicó el mensaje que traía de parte del que para nosotros siempre había sido el Titán Bestia. Tal y como Hange me ordenó, las escribí en un papel y prometimos a Yelena que regresaríamos con una respuesta, pues aceptar sus peticiones no dependía solo de nosotros.

Cuando regresamos a los muros, Hange se reunió de urgencia con Darius Zackley. Todavía era de noche, pero, tan pronto como salieron los primeros rayos del sol, se organizó una asamblea extraordinaria que estaría presidida por la reina y a la que debían de acudir nobles y miembros del ejército.

—Citamos a continuación las peticiones de Zeke Jaeger —leyó Hange en voz alta para toda la sala—, ser aceptado en la isla Paradis para pasar aquí los años que le quedan y que pueda ser presentado ante Eren Jaeger, su medio hermano y poseedor actual del Titán Fundador. A cambio, nos garantiza la seguridad de la isla, promete la facilitación de nuevas armas y tecnología, actuar como intermediario entre nosotros y potenciales naciones aliadas y apoyarnos en nuestra lucha contra Marley, aportando información, ayudando a planear estrategias, etc. Todo con tal de apoyar a los eldianos en estos tiempos tan peligro-

—¡Esto es un ultraje!

—¡De ningún modo cooperaremos con semejante sinsentido! ¡Hablamos del Titán Bestia!

—¡Convirtió a los de la villa Ragako en titanes! ¡Asaltó los muros!

—¡Hablamos del hombre que lideró el ataque que acabó con la muerte de casi todos los hombres y mujeres de las Tropas de Reconocimiento!

—La meta siempre ha sido recuperar al Titán Fundador —habló Darius Zackley—. Al fracasar usando la fuerza, han decidido probar con el diálogo.

—El enemigo debe de haberse dado cuenta de esto —Pixis le dio la razón—. Escuchemos primero lo que la comandante Hange tenga que decir.

—Aún hay más. Según Zeke, hay un plan secreto que podría solucionar el problema de los eldianos de un solo golpe. Para que dicho plan se lleve a cabo, hacen falta dos cosas: el Titán Fundador y un titán con sangre real. Con esas dos cosas a mano, podríamos salvar al mundo. Sin embargo, solo ahondará en los detalles del plan si se cumplen sus condiciones.

—No puedo soportar esto…

—¿Acaso nos toma por tontos?

—Él… —Eren se puso en pie— Él dice la verdad.

Un silencio sepulcral se estableció en la sala. Miré a mi izquierda. Jean estaba sentado y los dos intercambiamos miradas de incredulidad. ¿Desde cuándo Eren sabía eso?

—Acabo de acordarme de algo. La única vez que fui capaz de usar el poder del Titán Fundador fue cuando entré en contacto con un titán con sangre real. Ese titán tenía la misma cara que una persona que aparecía en una fotografía que mi padre conservaba. Su nombre era Dina Fritz. Era ella, sin duda. Ese día, de pura casualidad, toqué a Dina Fritz, que deambulaba por ahí como un titán sin consciencia y gracias a eso pude evitar morir devorado. Así pues, gracias a Zeke, el hijo de Dina, las cosas al fin están claras. El único modo de ir contra el juramento de renunciar a la guerra, la única esperanza que nos queda a los eldianos, es reunir lo que necesitamos para ejecutar el plan que aplastará la tierra bajo el peso de cientos de titanes que yacen inactivos dentro de los muros.

—Mocoso —Levi se giró visiblemente molesto—, ¿por qué no nos has dicho esto hasta ahora?

—Porque estaba preocupado por Historia. Me preocupaba que por esta información sin confirmar pudiese acabar convertida en un titán por la fuerza. Coincido en que fue una decisión precipitada.

—Ya hablaremos después de esto.

—Pero, si esto es vedad, entonces… —Hange se pasó una mano por la frente—, que Zeke tenga ese plan secreto tiene sentido.

—¿¡Estáis locos!? —exclamó Nile Dok— ¿¡Pretendes decirnos que estáis dispuestos a confiar en esa gente!?

—¡Eso! ¡Quién sabe lo que ocurrirá si dejamos que todos esos entren en la isla!

—¡Deberíamos colgarlos a todos!

—No, tampoco podemos hacer eso —intervino Hange—. Para proteger esta isla de las futuras invasiones navales de Marley necesitaremos la ayuda de los voluntarios de la milicia anti-Marley. Tenemos que obtener esa radiocomunicación que tienen.

Finalmente, todos terminaron aceptando que cediendo ante las condiciones de Zeke Jaeger era la única opción. Aprendimos lo que era la radiocomunicación y que ese aparato que mi madre había usado era un modelo bastante obsoleto del que ellos utilizaban.

El siguiente paso del plan fue engañar a otros buques cercanos para acercarse en su ayuda, alegando que se habían quedado anclados en la costa. Armin, en su forma de Titán Colosal, entró en acción y todos aquellos que iban en los barcos fueron llevados a la orilla y obligados a entregar sus armas. No puede decirse exactamente que fueran prisioneros, porque, tras las primeras semanas en la isla, no fueron encerrados, ni maniatados, ni torturados y aquello llevó, seguramente, a que muchos de ellos empezaran a compartir con nosotros información del mundo exterior. Nos explicaron qué era un puerto y cómo debíamos proceder a construirlo, pues nos ayudaría a establecer relaciones comerciales con potenciales aliados. También nos explicaron qué eran los trenes y cómo debíamos construir vías.

La llegada de aquellos soldados nos abrió un nuevo mundo de posibilidades, tal y cómo siempre habíamos deseado, si bien al principio las relaciones eran tirantes y había mucha desconfianza. Descubrimos también nuevos alimentos y, en mi caso, aprendí nuevas e innovadoras técnicas de medicina. Había muchísimas cosas que desconocía del cuerpo humano y palabras que no entendía de los libros de Grisha Jaeger cobraron un nuevo sentido para mí. Me centré en aprender todo eso, en mejorar como médico y, por supuesto, en aprender para qué servían todos los medicamentos que llevaban con ellos en los barcos. Me sentía plena, llena de entusiasmo, pero por eso también absorbía con muchísima facilidad todo lo que me enseñaban. Los médicos que iban en aquellos buques no daban crédito. Pero mi objetivo estaba más claro que nunca: llevaba años de retraso y deseaba ponerme al día lo más rápido posible.

—¿Querías verme, Hange?

La mujer estaba sentada tras la mesa del despacho. Me percaté de que Levi estaba también allí, de pie, con la espalda apoyada en la pared en un rincón de la habitación. No pude evitar fruncir el ceño ligeramente, inquieta por lo que la comandante tuviera que decirme. Parecía algo serio. La última vez que me había llamado a su despacho y había estado Levi había terminado descubriendo que mi madre había sido una espía de fuera de los muros que colaboraba con una organización llamada los Reavivadores de Eldia.

—Sí. Tenemos que hablar —hizo una breve pausa. Yo me quedé de pie, con las manos cruzadas en la espalda—. Casi no nos vemos.

—Perdón. He estado muy centrada en el aprendizaje de la medicina. Vamos a salvar muchas vidas. Ahora estoy metida de lleno en las operaciones.

Hange sonrió e hizo un gesto con la mano para que cesara en mis explicaciones.

—Tengo una pequeña propuesta que hacerte.

—¿Propuesta? —pregunté confundida.

—He notado que has hecho muchos progresos desde que te uniste a las Tropas de Reconocimiento. Sé que no tienes apenas experiencia en combate, pero te has convertido en un miembro de confianza tanto para mí como para Levi y, por supuesto, para Armin, Mikasa y los demás. Pedí referencias sobre tu desempeño en las Tropas Estacionarias y todos los comentarios que he recibido son excelentes, que eres trabajadora y disciplinada. Dot Pixis me comentó que te barajó para nombrarte capitán cuando falleció el que era tu capitán.

—Sí. Hannes.

Hange apoyó os codos sobre la mesa y sonrió. No es que esa sonrisa me diera muy buena espina…

—Enhorabuena, _ _ _ _, porque a partir de este momento eres capitán de las Tropas de Reconocimiento.

—¿Qué? —abrí la boca de par en par.

—Es algo que le comenté a Levi hace unas semanas. Hay que reconstruir el ejército, especialmente por cómo está la situación con el mundo exterior. Tenemos que estar preparados lo mejor que podamos, aunque no vaya a ser suficiente. Jean, Connie, Mikasa… Ellos son todavía aún muy jóvenes y quiero que tú asumas por el momento una capitanía más, mientras se siguen uniendo nuevas fuerzas. Te diría que es negociable, pero te estaría mintiendo. Sé que lo vas a hacer bien. Estás más que preparada.

—Gra-Gracias… —me llevé la mano al pecho. Sentía el corazón desbocado. Iba a ser capitán de la legión. Era algo que jamás había pasado por mi cabeza.

—Pero eso no es todo. Ahora voy con la propuesta que tenía que hacerte.

—¿El ascenso no era la propuesta?

—Creo que te va a gustar —Hange emitió una risita—. Quiero que tengas tu propio escuadrón, un escuadrón médico.

—¿Un escuadrón médico?

—Gente que sepa lo básico de medicina para poder atender a heridos en batalla y que sepan combatir. Quizás no tengáis que entrar en acción nunca, pero es mejor prevenir.

Reflexioné durante unos instantes. Lo que Hange me proponía era muy interesante y me gustaba.

—Acepto. Pero tengo dos condiciones —la mujer enarcó una ceja—. Será un escuadrón pequeño y las personas las elijo yo.

—Está bien —Hange se encogió de hombros—. No le veo ninguna pega. Eres capitán ahora, puedes y debes tomar esta clase de decisiones por ti misma. Dejo todo eso en tus manos —Hange hizo un breve gesto con la mano para indicarme que podía retirarme—. Lo comunicaré durante la cena.

Asentí. Giré sobre mis talones y, al pasar al lado de Levi para salir, éste me dedicó una breve y discreta sonrisa. Ahora iba a tener mucha más responsabilidad y debía formar mi propio escuadrón, para lo que debería ser muy cuidadosa. Sin embargo, a diferencia de lo que hubiera sucedido con la anterior yo, no me sentía nerviosa, sino llena de confianza. Estaba preparada para ser capitán. Lo creía más que nunca.


¡Hola a todos! Estoy de vuelta por fin con la continuación de la historia. Como veis, también ha habido un poco de cosas canon mezclado con cosas de mi propia cosecha.
Muchas gracias a los que comentasteis el capítulo especial de Moblit. Espero que haya sido el final que se merecía.
Solo me queda esperar que hayáis disfrutado de este capítulo y que tengáis paciencia hasta que publique el siguiente.

¡Nos leemos!