¡Holaaaaa!

Hoy no tengo tiempo de ná, tengo que reunirme con unas chicas para hacer un trabajo en grupo y no me da la vida, pero NECESITABA subir este capítulo, aparte de porque sé que os va a gustar, siento que ya va siendo hora.

Así que sin más os dejo con la lectura :)

Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de Rizzle -.


Capítulo 37 – Hermione

Dos días después, Draco despertó en el laboratorio/enfermería del barco principal, encontrándose a Henry Miles Greengrass Zabini cerniéndose sobre él. El niño estaba de pie sobre una silla, inclinada precariamente sobre dos patas. Observaba a Draco con una expresión divertida.

- ¿Qué es tan gracioso? – preguntó Draco, o gruñó, más bien. Tenía la garganta seca. También sentía náuseas y tenía mucha sed, probablemente las secuelas del anestésico que Belikov le había administrado para tratar sus heridas.

- El profesor te ha cortado el pelo. Estaba quemado. Dijo que olía mal y que tenía que hacerlo.

- Qué cruel es cortar el pelo de un hombre mientras duerme. – dijo Draco.

Henry rio entre dientes.

- El profesor no es muy buen peluquero. ¿Quieres ver el dibujo que hice?

- ¿De mi corte de pelo?

- No. – dijo Henry, rodando los ojos – De otra cosa.

Los parpados de Draco eran demasiado pesados. Los cerró.

- Claro.

- ¡Henry! ¡Bájate de esa silla antes de que te caigas y te abras la cabeza! – era Blaise. Bajó a su hijo de la silla, depositándolo en el suelo – Siento si te ha despertado. – dijo – Si te es un consuelo, nadie ha dormido mucho. Han sacado la cerveza de la destilería de la flota. Es el peor facsímil de alcohol que he probado y eso incluye el aguardiente casero de Goyle en sexto año. Estimo que la mitad de los residentes ya están borrachos y que la otra mitad va por el mismo camino. ¿Cómo te encuentras?

- Fantásticamente. – Draco se frotó la frente con una mano, sintiéndose momentáneamente confundido por la extraña sensación táctil. Y entonces recordó que sus dos manos estaban vendadas, después del doloroso proceso de quitarse los guantes.

- ¿Cuánto tiempo he estado ausente?

- Dos días, entre la consciencia y la inconsciencia.

- ¿Dónde está Hermione?

- Ha rechazado cualquier comida y está tomando algo de aire en cubierta. Sólo son las siete.

Draco tomó un vaso de agua del carrito junto a la cama.

- Hey, déjame ayudarte. Ahora mismo estás desafiando tu destreza.

Blaise ayudó a Draco a llevar el vaso hasta sus labios, después de lo cual lo vació en tres largos tragos.

- ¿Cómo va el nuevo orden? – preguntó Draco. Se limpió la boca y se apoyó contra las almohadas.

Blaise gimió.

- Es un reto, pero ya estamos recibiendo manifestaciones de interés y propuestas para un comité representativo de muggles y magos. El comité supervisaría la reconstrucción de la flota. No más decisiones unilaterales. Ocho barcos salieron esta mañana, muchos de ellos llevando al círculo íntimo de Amarov y algunos de los guardias de élite. ¡Buen viaje, les dije! Uno de ellos era el Belarús, nuestro petrolero más grande. Sin embargo, tenemos repuestos. También tenemos la unidad de desalinización, gracias a la exitosa salida de Amarov. Estarás encantado de saber que aun somos ricos en recursos, sobre todo si lo racionamos correctamente. Basta con decir que Amarov y sus secuaces vivian a base de champán y caviar porque el resto de la flota apenas rascaba nada de eso.

- ¿Está asegurado?

- Amarrado y encerrado en una de sus propias bóvedas. Honoria y Prestin también están encerrados en bóvedas contiguas. ¿Sabías que ese sofisticado bastardo tiene cuatro Picassos en este barco?

- Hablando de arte… - Draco inclinó la cabeza hacia Henry, quien había regresado con su dibujo.

- ¿Puedo enseñárselo al hombre?

Blaise puso a su hijo sobre sus rodillas.

- Sí. Y puedes dejar de llamarlo "el hombre". Su nombre es Draco.

- Aquí está mi dibujo. – dijo Henry, tímidamente.

Los dos adultos examinaron la obra.

- Oh, – dijo Blaise – Dios. Esa es…

- Honoria. – concluyó Draco.

Henry asintió.

- La mujer mala. ¿Mi padre te lo ha dicho? ¡La pillé mientras se ocultaba!

- Sí, algo he oído. Muy inteligente, Henry. Serías un excelente Auror.

- Por encima de mi cadáver. – murmuró Blaise.

- ¿Y le estás dando una patada?

- ¡Sí! – dijo Henry, radiante. Estaba muy feliz de que el hombre pudiera descifrar sus dibujos. Su padre a menudo no podía.

- ¿Qué tienes en la mano? – parecía cuerda.

- Es su pelo. Le arranqué un poco cuando salté sobre ella. Sólo por accidente.

Draco parecía impresionado. Blaise parecía dolorido.

- Y ya hemos hablado de lo peligroso y absurdo que fue, ¿no? Podrías haber salido herido, Henry.

- Sí, lo sé. Lo siento.

- Ve y enséñale tu dibujo a Anatoli. Él lo apreciará; estoy seguro.

- Lo hará. – convino Draco, después de que Henry volviera a marcharse. Tosió y se estremeció ante el malestar – Entonces, ¿cuál es el resultado de las pruebas de Vadim?

Blaise se echó hacia atrás en su asiento.

- Lo mejor que podemos decirte es que abrasaste tus pulmones, que tienes tres costillas fracturadas, cuatro cortes lo suficientemente profundos como para requerir puntos de sutura y quemaduras de segundo grado en las manos.

- Y un mal corte de pelo, al parecer. – agregó Draco, buscando un poco más de agua.

- En resumen, estás predeciblemente en mal estado. Pero por algún milagro tú, Granger, Anatoli y los quince guardias que había lograsteis salir vivos del Morning Star. Por lo que han dicho, debido al poder de la persuasión.

- Más a la auto-preservación. ¿Cómo está ella?

Fue la manera en la que Draco hizo la pregunta lo que determinó la respuesta de Blaise. Sabía lo que le estaba preguntando.

- Fuera lo que fuera que Amarov quisiera hacerle… llegaste antes de lo peor.

- ¿En serio? – dijo Draco, engañosamente suave – Después de haber sobrevivido al Pozo, la estaba estrangulando cuando llegué a esa habitación.

Blaise iba con pies de plomo ahora.

- Lo que plantea la siguiente pregunta, ¿por qué sigue vivo? No creo que yo hubiera podido controlarme, si hubiera estado en tu posición.

La mirada que Draco le dirigió fue escalofriante.

- Confía en mí, no me he controlado. ¿Y las demás lesiones de Granger?

- Prestin le sacó una muestra de sangre después de que la sacaran del Pozo. Belikov comprobó los resultados y está libre de Infección. Físicamente no debería tener lesiones duraderas. No soy un médico muggle, pero parece seriamente traumatizada. No estaba en estado catatónico cuando la trajiste, pero muy cerca de ello. Belikov no consiguió sacarle una frase completa mientras la estaba tratando… Malfoy, ¿qué estás haciendo?

Draco ya estaba fuera de la cama.

- La has dejado sola. – dijo – Imprudente.

- ¡No estás en condiciones de pasearte por el barco! ¡Apenas puedes mantenerte en pie!

- Ya estoy en pie. – gruñó Draco, antes de descubrir otro menor problema – Ahora dame unos pantalones o apártate de mi camino.


Cuando Draco la encontró, Hermione estaba sentada con las piernas colgando sobre el borde de la piscina vacía que había en mitad de la cubierta del barco principal. A su alrededor, las luces de la flota parecían abundantes y hermosas, quizás más aun debido a que muchos residentes todavía lo estaban celebrando.

Vestía una enorme chaqueta y unos anchos pantalones. Tenía el pelo limpio, seco y trenzado. Le habían dado un par de zapatillas gastadas. No levantó la mirada cuando Draco se sentó con cuidado junto a ella, funcionando sólo a un tercio de su velocidad habitual. Sus costillas protestaron, pero los analgésicos mantuvieron a raya lo peor.

- Deberías estar en la enfermería. – le dijo ella. Si bien la elección del saludo era la quintaesencia de Hermione, Draco se preocupó al notar la falta de reprimenda en su tono de voz.

- Hace frío aquí. Baja y come algo.

- Me gustaría quedarme. – finalmente lo miró. Incluso bajo la tenue luz, Draco podía ver las magulladuras de su rostro. Él sabía que tenía el ceño fruncido. No hacia ella, pero frunciendo el ceño no obstante – Gracias por venir a buscarme. – dijo, mirando hacia la oscura y vacía piscina. Había un charco estancado de poca profundidad en el fondo – Es la tercera vez que me salvas la vida, bajo un gran riesgo.

- Entonces intenta tener más cuidado. – le advirtió él.

Maldita sea. No tenía ni idea de cómo darle lo que ella necesitaba. Esto no era ningún enigma científico. No podía maldecir, disparar, atemorizar o intimidar a este problema. El ellos – si de hecho había un "ellos" – era terreno desconocido. No podía hacer experimentos, ni podía perder el tiempo probando hipótesis y observando. Ella necesitaba ayuda y él necesitaba determinar la mejor manera de proveérsela, inmediatamente. Quería tocarla, por supuesto. Lo había querido desde Grimmauld Place, pero en esos momentos estaba hecha de la porcelana más frágil.

Draco notó que ella estaba mirando sus manos vendadas.

- No es culpa tuya. – le dijo, porque en algún momento de esos últimos tres meses había adquirido al menos la capacidad de leerle ocasionalmente la mente.

- Anatoli dijo que empezaste el fuego para salvarnos a Padma y a mí.

- Sí. No es que hiciera mucho para ayudarla al final.

Al instante se arrepintió de hablar. Hablar de Patil no sirvió de mucho. Hermione se pasó la manga de la chaqueta por los ojos.

- No creo que esté llevando esto muy bien. No puedo dormir. Ni siquiera puedo llevar a cabo las tareas más sencillas sin venirme abajo. – dijo con un risa sin humor – Sinceramente, Malfoy. No podría ni escribir mi propio nombre si me lo pidieras. En mi cabeza todo está confuso. Los ruidos fuertes me estremecen. Incluso los demás científicos que limpian recipientes en el laboratorio me asustan. Creo que me asusté de Henry Zabini ayer. Lo vi y es bueno, es adorable, ¿no? ¿Qué hice? Me eché a llorar. No puedo pensar, no puedo hacerlo. Es insoportable simplemente el… ser. Quiero no ser nada, sólo por un tiempo, ¿si es posible? Si es que eso tiene sentido.

- Granger, – empezó Draco – no hay manera correcta de llevar esto. No hay puntos que ganar para Gryffindor. Has pasado por mucho, después de haber pasado ya por demasiado en los últimos doce meses. Todos tenemos nuestros puntos de ruptura.

- Excepto tú. – ella lo miró, casi con rebeldía. Fue un poco alentador – no te caes en pedazos.

Draco levantó una rodilla y equilibro el antebrazo sobre ella.

- Eso no significa que no tenga un punto de ruptura. Y si lo hiciera, no estoy interesado en saber lo que sería necesario para ello.

- Antes de que me encontrases, había sacado a escondidas un fragmento de machete roto del Pozo. Lo guardé en mi bota, las botas que Padma me dijo que me pusiera, irónicamente. Lo tenía en el bolsillo cuando… cuando estuve en la cama con Amarov.

- Inteligente. – fue todo lo que Draco dijo, apretando los dientes. Porque si decía en voz alta lo que quería hacerle a Amarov, ella huiría a esconderse de él.

- Sólo que la hoja no era para Amarov. Antes de saber que el dispositivo de bioretroalimentación y las bombas eran falsos, esa hoja era para mí. Ya ves… - dijo, con la voz llena de lágrimas – soy una cobarde. En el Pozo, hubo un momento en el que estuve segura de que moriría, y esperaba que mi muerte significara que dejarían salir a Padma. Dijeron que sólo una de nosotras podría dejar el Pozo con vida. ¡La cuestión es, que casi estaba feliz! Sentí alivio, Draco. No tendría que volver a luchar, preocuparme, amar, perder, nada de eso. Ya no. Así que cuando Padma se sacrificó en cambio, yo me… - su voz se rompió.

Draco colocó una de sus manos vendadas sobre la de ella. No la sostenía, sólo la tocaba, juntas.

- … me enfadé con Padma por darme una vía de escape. – Hermione cerró los ojos – No quería sobrevivir a su pérdida. Eso me convierte en el ser humano más horrible, egoísta e ingrato.

La actuación consecutiva a esas oscuras revelaciones era demasiado importante como para arriesgarse usando palabras equivocadas. Así que permanecieron en silencio unos minutos. Refutar la evaluación de sus acciones no sería productivo en ese momento. Sus palabras tranquilizadoras caerían en saco roto. Necesitaba cierta distancia de los acontecimientos.

Sin embargo, Draco tenía que abordar un asunto específico.

- Granger, si sentías o sientes algo por mí, prométeme que jamás tomarás esa opción. Y si crees que podrías hacerlo, me lo dirás. Prométemelo.

- Lo prometo. – dijo ella, con más facilidad de lo que a él le gustaba. Draco frunció el ceño.

- En nuestra última conversación en Grimmauld Place estabas a punto de compartir las cargas que soportabas. Quiero que lo hagas. Déjame llevar algo de peso. Joder, déjame cargar con todo.

Hermione le dirigió una pequeña y acuosa sonrisa, se arrastró hacia él y lo sorprendió besándolo en la boca. Lo besó con una fiera desesperación, tomando su cara con ambas manos, cuidando de no tocar el corte que tenía encima del ojo izquierdo, pasando los dedos por su corte de pelo desigual y agarrándose a la parte delantera de su jersey como si intentara sacarle algo del interior. Por segunda vez en dos días, estaba encima de su regazo, esta vez con las piernas envueltas alrededor de sus caderas. Draco deslizó sus manos heridas por su espalda, acariciando su trasero, acercándola más porque se sentía indecentemente bueno… y tan pocas cosas se sentían así desde hacía tanto tiempo.

Él asumió el impacto del suave asalto de Hermione, pero pronto, la preocupación por ella comenzó a abrumar sus impulsos más bajos. Ni siquiera había comenzado a recuperarse del ataque de Amarov. Ese no era el lugar para eso y ciertamente tampoco el momento.

No fue hasta que el beso se volvió decididamente carnal, hasta que ella comenzó a gemir suavemente contra su boca y a embestirlo, que Draco entendió las profundidades de su angustia. Esa no era la auténtica Hermione. Esa era la Hermione luchando por encontrar una distracción, una droga, algo poderoso y fuerte que la alejara del presente. Sus pequeñas manos buscaban bajo el jersey y la camiseta de Draco, probando y amasando los músculos de su pecho, pasando por encima de los vendajes que sujetaban sus costillas lesionadas y el corte a lo largo de un costado. Las manos bajaron aún más. Draco las atrapó cuando empezaron a tirar de la cintura de sus pantalones.

Hermione apartó la boca, con labios rojos y brillantes y el rostro enrojecido.

- ¿No? – preguntó, con una expresión tan dolorosamente inocente que Draco quiso bajar las escaleras y arrancar la cabeza de Amarov de sus hombros. Él respondió quizás con demasiada brusquedad, agarrándola por la cintura y con una fuerza impresionante, la levantó de su regazo - ¿No quieres…?

Si todavía estuviera sentada sobre él, no haría falta esa pregunta. Era increíble que su cuerpo aparentemente sintiera que tenía suficiente sangre que gastar, después de perder tanta recientemente.

- Necesitas tiempo. – dijo él, con una voz como la grava girando en un cubo de metal. Maldito sea todo. Todavía podía saborearla. Aspiró una lenta y profunda bocanada de aire.

- No quiero tiempo. – dijo ella.

- ¿Qué quieres?

- A ti.

Draco pensó que también podía entender eso. Él representaba todo lo que no había podido permitirse en el pasado; la libertad de elegir (sabiamente o no), la indulgencia, el instinto y la necesidad, no el deber y la obligación.

Los dos primero botones de la chaqueta de piel de Hermione se habían desatado. Con manos torpes por algo más que los vendajes, Draco volvió a atarlos y después colocó un rizo errante detrás de su oreja.

- Entretanto, ¿qué más podría hacer para ayudarte?

- Quiero ir a casa. – lo dijo tan suavemente que a lo mejor se lo hubiera perdido si no hubiera estado escuchando con tanta intensidad.

- ¿A Grimmauld Place?

Ella sacudió la cabeza.

- No, a Grimmauld Place no. No quiero hacer nada de esto. Lo dejo. Quiero ir a casa.

Draco podría haberse pateado a si mismo por no haberse despertado antes. Estaba muy mal, entonces. Ni siquiera quería ver a Potter. Todavía no.

- Quieres ir con tus padres, a Australia.

Hermione asintió, mordiéndose el labio.

- Pero a pesar de no ser capaz de trabajar ahora, ¿cómo podría dejar el esfuerzo de la investigación? ¿Qué podría decirle a todo el mundo?

- Fácil. Dices que lo dejas. Lo dejas atrás y te llevo conmigo.

- Pero, ¿cómo podría… - esa era la fuente del conflicto, la paralizante y desgarradora culpa.

- Puedes y lo harás. – dijo Draco, enfáticamente – Ven conmigo. Y cuando te encuentres bien, te traeré de vuelta.

- ¿Qué pasa con el Proyecto Navidad y la fecha límite de fin de año?

- Si Londres arde, que arda y nadie podrá decir que no hiciste el mayor esfuerzo para evitarlo ante la cara de la adversidad que habría destruido a gente con menos fuerza. Hemos hecho considerables progresos. Y Zabini traerá a Potter y al personal de Grimmauld Place para seguir trabajando en la cura.

- Dejarlos a todos es de cobardes.

- No para ti. No puedes ayudarlos ahora mismo.

- ¿Pero qué hay de ti? Te necesitan.

Draco se puso en pie y la levantó.

- Belikov y su equipo estarán más que conformes con Wallen, Yoshida y McAlister. La fórmula completa del D.R.A.C.O está aquí para ellos. En cuanto a mí, ¿no has aprendido nada? Después de Hogwarts, hago jodidamente lo que quiero.

Ella le dirigió una mirada calmada y pesada.

- ¿Y qué quieres?

Draco esquivó la pregunta, planteando otra en su lugar.

- ¿Crees que quedarte aquí sería bueno para ti? Si sinceramente es así, entonces nos quedaremos.

Draco pudo ver lo mucho que ella quería mentirle y que ambos creyeran esa mentira. Pero no se atrevía a decirlo. Hermione miró más allá de él, hacia la distante flota.

- No. – dijo finalmente.

Estaba orgulloso de ella. Probablemente por primera vez desde que llegó a Hogwarts, estaba poniendo lo que quería por encima de lo que se esperaba que hiciera.

- Pero, ¿cómo llegaríamos a Australia? La Red Flu Internacional fue desmantelada.

- Si nos vamos, será con un Traslador.

La mirada de incredulidad de Hermione era entrañable. A Draco se le ocurrió que estar siempre con el corazón en la mano daba la probabilidad de que pudiera aplastarse.

- ¿Tienes un Traslador?

- No, pero sé exactamente dónde encontrar uno.


Madre mía este capítulo. Antes que nada decir que mini-Zabini me parece increíble xD Y Draco eres un campeón por aguantar ese arranque sexual de Hermione desatado por el trauma... sobre todo después del tiempo que llevaba encerrado en Azkaban... xD En fin, quería, más bien necesitaba, subir este capítulo porque es el punto y final a una etapa y el comienzo de otra, se ha acabado la tiranía de Amarov y ahora vemos a una Hermione traumatizada desesperada por irse a "casa".

¿Qué creéis que pasará? ¿Cómo va a ir todo en esta nueva etapa?

A partir de ahora los caps van a centrarse en ellos dos, ¿lo estabais deseando? ¡Yo sí! ¿Ahora entendéis porque necesitaba subir este capítulo YA?

No puedo responder los reviews porque tardaría una hora y tengo que comer, pero agradezco muchísimo los comentarios del capítulo anterior a: *Doristarazona* *Carmen-114* *Loonydraconian* *guiguita* *mariapotter2002* *Guest* *Sabaana* *johannna* *YyessyY* *Carmen* *SALESIA* *LluviaDeOro* *Sally. Elizabeth. HR* *Eishel Panakos* *aquagt929* *Celevhr*

¡Muchisimas gracias a todos y besos zombiificados!

PD: no sé si esta tarde me dará tiempo de subir el cap de Rebuilding... haré lo que pueda.