Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía

Temas fuertes que pueden fomentar pensamientos negativos a audiencias jóvenes. Se aconseja prudencia. Solo para mayores de 18.

Beteado por Yani quien esta en mi rancho y la tengo trabajando jornadas extras.

Las invito al grupo: Erase una vez... Edward y Bella en Facebook


—Sabía que estarías aquí.

Anthony bufó, maldiciendo internamente mientras daba otro mordisco a una de las donas que se había traído, la última de la caja de media docena, por cierto. El que Bella estuviera detrás de la puerta, solo empeoró su estado. Ya se sentía muy estúpido como para encima sentirse como un cerdo. A su alrededor, un montón de envolturas de dulces vacías, refresco, y ahora la caja de donas, lo hacía verse más perdedor, así que tiró de su camiseta en ese gesto nervioso.

Ojalá la ansiedad se le manifestara de otra forma, haciendo abdominales, por ejemplo.

—¿Estás bien? —preguntó Bella, su voz sonando amortiguada a través de la puerta.

La sangre le hirvió en las venas. Quería que se fuera. Por favor, ¿por qué no podían dejarlo malditamente solo? Bastante vergonzoso había sido lidiar con las lágrimas de su mamá y la preocupación en el ceño fruncido de su papá, o las llamadas constantes de sus amigos, ahora encima, la chica de todas y cada una de sus fantasías, estaba detrás de la puerta sonando angustiada. Todo porque era un imbécil con exceso de grasa y no músculos.

—Nada que no se cure —bufó mortificado, empujando por el puente de su nariz… sus nuevos lentes.

—Lamento mucho que esos abusivos estén sobre ustedes todo el tiempo —respiró profundo—, quisiera poder defen…

—No hay nada que puedas hacer —la interrumpió secamente, poniéndose de pie mientras caminaba de un lado para otro, pateó la caja vacía de donas—. Sería lo último en la cadena de vergüenzas que podría pasarme, ¿sabes? —se rio amargamente, tirando de su cabello—. Que me defendiera una chica.

—Si me dejas pasar, podemos regodearnos juntos en la vergüenza. Te prometo que será divertido. —Anthony suspiró, una sonrisa involuntaria formándose en sus labios.

—Así estoy bien, puedo solo, gracias.

—¿Si te cuento un chiste y te hago reír, abrirás la puerta?

—Bella…

—¿Por qué Osama Bin Laden fue arrojado al fondo del mar? —Anthony rodó los ojos, negándose a preguntar por qué, pero Bella siguió—. Porque en el fondo no era tan malo.

El cobrizo sonrió apoyando la cabeza contra la puerta, pero no abrió.

—Puedo seguir toda la tarde, Anthony, no eres el único que se sabe chistes malos para aligerar el ambiente, ¿quieres comprobarlo? —Ante su nula respuesta, ella siguió—. ¡Doctor, doctor, tengo mucho pelo en el pecho!, ¿qué padezco? —Anthony sonrió nuevamente sin contestar—. ¡Padece un osito!

—Suficiente —dijo abriendo la puerta de par en par—. ¿Piensas seguir contando chistes de esos hasta que me sangren los oí…?

Pero apenas se encontraron sus miradas, ella saltó a sus brazos empujándolo hacia adentro y comenzando a besarlo lentamente, pero con firmeza. Teniendo cuidado de la herida en su labio. Y aunque estaba atormentado por muchas cosas, el deseo que siempre sentía cuando estaba con ella, rápidamente remplazó a sus inseguridades y la abrazó.

Bella se separó después de unos instantes, relamiéndose los labios y Anthony pudo ver el deseo en su rostro, era impresionante, lo consumía y lo hacía sentir tan surrealista. Estaba nervioso pero emocionado con lo que estaba viviendo con ella, algo aturdido pero completamente esperanzado, y ese sentimiento por sí solo lo hacía sentir mareado. Bella lo estaba observando con tal intensidad, que sentía como si pudiera mirar a través de él, ver más allá de su físico hasta dentro de su alma.

—Oh, Dios mío —espetó de pronto, golpeando las manos sobre su boca—. Tu mejilla. Anthony, ¿qué pasó? —Se acercó de nuevo, pero el joven se apartó con un resoplido.

—No es gran cosa.

—¿No es gran...? —repitió incrédula, poniendo sus manos en las caderas en esa forma tan parecida a su madre—. Anthony Masen, sí es gran cosa. ¿Quién te hizo esto?

—No tiene caso —aseguró al instante, tomando sus manos y besando sus nudillos—. No quería que me vieras porque... es vergonzoso. Todo el asunto es ridículo, de hecho.

Y claro, porque Bella era Bella, se acercó con toda su simpatía dolorida por él. Quería rehuirle, ¿pero cómo hacerlo cuando presionó sus labios en la mancha ahora morada sobre su rostro? El joven cerró los ojos y suspiró disfrutando del contacto. Así que claro, ella lo hizo de nuevo, depositando suaves besos, mientras él acariciaba con la nariz su cabello, deleitándose en su aroma antes de envolverla entre sus brazos.

—¿Cómo es que siempre sabes hacer que todo mejore?

—Es un don —bromeó ahuecando el lado ileso de su rostro, depositando más besos delicados sobre su piel hinchada—. Esos idiotas —murmuró enojada, acariciando con cuidado el fuerte golpe en su pómulo derecho.

—Ya no importa, la culpa la tengo yo.

—¿Qué quieres decir con eso? —Anthony tan solo se encogió de hombros, enfriándose al recordar por qué estaban aquí.

—Si en lugar de estar comiendo me pusiera a hacer, no sé… karate o alguna mierda, James no patearía mi culo cada vez que nos encontramos. Así como soy ahora, nunca voy a ser capaz de defenderme. ¿Y sabes qué es lo más triste? Que al parecer nunca voy a poder cambiarlo. —Ella se tensó, llevándose las manos al pecho, haciéndolo maldecir.

Diablos, viéndola ahí tan pequeña e indefensa dentro de su enorme abrigo, con los ojos llenos de un extraño miedo, un oscuro pensamiento pasó por su mente. ¿Y si James la molestara a ella?, se congeló con las manos hechas apretados puños. No sería capaz de defenderla tampoco, no podría propinarle un solo golpe al malnacido. Entonces, como si fuera una bola de demolición, la realidad lo golpeó con fuerza.

No importaba si se mudaba hasta Marte, él seguiría siendo un gordo idiota sin fuerza, y no importaba ya si Bella quería seguir ocultando lo suyo. No importaba cuánto la quisiera, no importaba cuán sorprendente lo hiciera sentir, no podía hacerle esto. Retenerla con un tipo como él por lástima. Porque estaba seguro de que ella tenía un enorme corazón, uno compasivo y se quedaría con él, solo por eso.

—¿En qué piensas? —susurró.

—Ya no sé qué pensar, Bella. —Se detuvo en el umbral de la puerta—. Pero sí sé que estoy cansado de luchar contra lo imposible.

Bella clavó los ojos en Anthony ya sabiendo lo que vería y temiéndolo. Pero él ni siquiera la miró. Sus mejillas se sonrojaron con culpa al verlo así por James, y su garganta se movió tragando compulsivamente.

—Anthony… —comenzó, dispuesta a luchar por él.

—No quiero escucharlo, Bella. Solo… vete, quiero estar solo —suplicó, con voz tensa.

—Soy tu novia y quiero estar aquí para ti cuando pases por este tipo de cosas.

—¿Mi novia? —dijo con voz ahogada e incrédula—. ¿Cómo puedes ser mi novia cuando no puedo decirle ni a un alma sobre ti? —Entonces levantó la mirada, el sombrío brillo de culpa en sus ojos verdes, la heló—. Da igual, porque… porque ya no quiero seguir contigo.

Bella tragó saliva, tratando de controlar el temblor en sus manos o iba a estropearlo todo. Todo esto era por culpa del sobrepeso, ¿no?, pero no le dejaría ir a ese lugar en su cabeza. Había tomado una decisión antes de venir aquí y no se iba a echar para atrás. No incluso aunque las palabras de Anthony estuvieran todavía quemando su pecho como brasas ardientes, iba a demostrarle ahora más que nunca que eran perfectos juntos.

—Sé que has sido muy comprensivo conmigo, Anthony —dijo dando un paso más en su dirección—, y sé que estás enojado porque no te he explicado las cosas, pero por favor, solo dame hasta mi cumpleaños para solucionarlo, falta una semana, solo eso te pido.

—Bella, no es eso —sacudió la cabeza—, ya te dije que…

—Si después de ese día, ya no quieres estar conmigo lo voy a entender. —El parpadeó.

—¿Por qué es tan importante esperar hasta tu cumpleaños?

—Porque ese día seré mayor de edad.

—¿Y? —Cuando Bella negó, él tan solo suspiró—. De todas maneras, no es por eso que estoy terminando lo nuestro. —Ella se negó a aceptar eso, pero igual se estremeció—. Sencillamente me di cuenta de que no soy para ti.

Bella parpadeó, mirándolo incrédula.

—De hecho —sonrió—, lo eres todo, Anthony, eres lo único bueno que tengo.

Entonces cerró la distancia que los separaba, tanto física como mentalmente, y se inclinó hacia él para tocarlo, y de pronto tuvo un momento de incomodidad, como si no supiera dónde poner sus manos, ¿los hombros? ¿Los lados de la garganta? ¿Su cara?

El sexo que había tenido siempre con James, había sido duro y rápido, del tipo de recuerdos que anhelaba olvidar para siempre. Anthony era lo contrario de todo eso, y ese era el problema. Por mucho que lo deseara, quería hacer lo correcto con él. Así que elevándose sobre las puntas de sus pies, lo besó con suavidad, él protestó sujetando su cintura y murmurando cosas contra sus labios, labios que no dejó de besar ni un segundo.

Cuando Anthony se dio cuenta de que no iba a desistir, suspiró acariciando su rostro, reuniéndose tímidamente con su lengua. Bella enterró las manos en ese adorable cabello, y el gemido que él dejó salir, fue una combinación de hambre y sumisión. En el fondo de su mente, ella fue vagamente consciente de que lo estaba empujando hacia la cama, dejó de besarlo un instante para comenzar a quitarse el abrigo. Afuera hacía frío y la cabaña no estaba precisamente tibia, pero no le importó. No iba a salirse de sus planes.

—Te quiero, Anthony. De verdad lo hago, lo eres todo.

Él la miró con los ojos entrecerrados y la boca ligeramente abierta. Francamente parecía embelesado, y eso la ayudó para seguir con sus planes, el deseo ganándole terreno a su mente llena de malos recuerdos con James. Dio un titubeante paso hacia adelante, lo besó de nuevo, él le respondió al instante con un suave gemido, pero cuando Bella comenzó a tirar de su camisa, una fuerte mano salió disparada deteniéndola.

—No tenemos que hacer esto, Bella —dijo en voz baja, mirándola fijamente—. Sabes que también te quiero, y lamento lo que dije —hizo una mueca, encogiéndose de hombros—, supongo que esta fue nuestra primera pelea.

—Lo fue —sonrió ella, enroscando los brazos alrededor de su cuello.

—Bien. —La estrechó mientras dejaba correr la nariz por su cuello—. Entonces debes saber que no necesito ninguna… prueba de amor, ¿está bien? —La castaña se echó a reír, mirándolo incrédula.

—Está bien. Dios no quiera que mi mente de chica enamorada llena de hormonas, quiera compensarte con eso.

—No me refería a eso, tan solo... —Se ruborizó, pero de pronto levantó los ojos de golpe—. ¿Estás enamorada de mí?

—Voy a tratar de no lucir tan ofendida por lo que me acabas de decir —murmuró con voz suave, acariciando con cuidado su magullada mandíbula y presionando los senos contra su pecho—. Claro que lo estoy, Anthony, y por eso quiero estar contigo.

Anthony apretó la mandíbula, se encontraba más duro de lo que estuvo alguna vez en su vida. Presionando la frente contra la de Bella, respiró profundo intentando controlarse porque estaba abrumado por la ola de lujuria que lo recorría cada vez que ella hacía cosas como esa. En serio, nunca había sentido algo tan fuerte en su vida. Lo asustaba lo suficiente como para hacer que se contuviera, temiendo meterse en algo más grande de lo que ambos podrían manejar.

—Bella, ¿y si no soy lo que…?

—¿Lo que yo espero?, ¿el indicado? —interrumpió sus balbuceos con una mirada severa—. Escúchame bien, no quiero que te des por vencido ni conmigo, ni con ninguna otra cosa que quieras, Anthony, porque nunca nada será sencillo. —Él parpadeó mirando esos orbes chocolate, fascinado por la seguridad y comodidad que los cubrían. No podría apartar la mirada ni aunque lo intentara—. Prométeme que sin importar lo que te ocurra, o lo que veas, no permitirás que te amargue la vida como hoy.

Él se concentró en sus ojos. Quería meter ese sentimiento que ella le despertaba en el bolsillo de su cartera, llevárselo a casa con él y mantenerlo seguro bajo su almohada para tenerlo cerca cuando más lo necesitara. Anthony respiró hondo y atrajo a Bella contra sus brazos, la besó en agradecimiento como respuesta, porque estaba seguro de que nada de lo que dijera, sería suficiente para retribuirle sus palabras.

—Prométeme lo mismo —pidió mientras permitía a sus manos vagar por su figura.

—Lo prometo —aseguró entre sus labios.


Hola chicas! Esperando hayan tenido un buen cierre de año, y un excelente inicio del 2018, les mando un fuerte abrazo y retomamos la historia con mi visitante, Yanina, que a pesar de estar en mi casa me ha beteado en persona jaja, ¿nos dicen que les pareció?