Los dos chicos llegaron a la sala común tiritando de frío, aún así James la abrazaba con ternura.

-Tendríais que haberla visto, chicos- decía mientras Sirius la acogía en su regazo frente a la chimenea- Es una auténtica arpía, cuando miente lo hace tan bien que es imposible no creerla.

La niña reía con ganas, aunque aún temblaba. Su hermano le pasó los brazos y la rodeó estrecho, la notaba fría, y sus manos, ¡Por Merlín!, si eran témpanos de hielo. Le cogió las manitas entre las suyas y sopló sobre ellas.

-Tendrías que haber visto la cara de James- apenas conseguía articular palabra entre el castañeteo de los dientes- casi le toca la mandíbula el suelo.

Sirius le sonrió, preocupado por la hipotermia que mostraba su angelito.

-James- le reprochó Remus- ¿Cómo se te ocurre meterte en una guerra de bolas de nieve con la que está cayendo?

-Eh! Que yo no la inicié- se defendió el chico- Ah! Esa es otra. Isis le dio en pleno rostro a la profesora McGonagal.

-¡Eso es porque tú te refugiaste tras ella!, no fue mi culpa.

-La condenada lanzó dos bolas a la vez y nos acertó a los dos- dijo el chico todo orgulloso de su pequeña cazadora.

Isis sonrió, James no estaba enfadado.

-Que frío- un escalofrío le recorrió todo el cuerpo.

Lily apareció por el retrato con una cajita blanca en la mano. Sonrió al ver la situación, disfrutando al ver como los tres adolescentes habían hecho las paces con la pequeña brujita. Terminó en pie detrás del sofá, robándole un beso a su novio, que le correspondió con agrado.

-Vengo de la enfermería- informó la pelirroja- Madame Promfrey me ha dicho que después de ésta dosis te hará un análisis de sangre para ver si ya estás bien. Así que cuando terminemos, antes del entrenamiento nos acercaremos a la enfermería.

-No podemos entrenar- dijo James- está cayendo una nevada de impresión.

-No nieva tanto- protestó Isis, después de volver otra vez al equipo no podía pensar en otra cosa que no fuera Quidditch.

-Isis- interrumpió Remus- ni siquiera se ve el campo, por una vez que James es sensato… ¿Cómo lo has logrado Lily? Mira que lo he intentado yo durante cinco años y no ha cuajado.

James le envió una mala mirada a su amigo, Lily se sonrojó y murmuró: "Armas de mujer"

-Pues yo pienso ir a entrenar- se puso en pie- ¿Quién se viene?

La niña estaba ausente de la conversación de los adolescentes, su mente seguía aún en el campo por más nieve que quisiera caer aquella tarde.

Sirius sonrió, era genial los momentos en los que Isis seguía siendo tan niña.

-¿A que no nieva tanto Sirius?- intentó ponerlo de su parte.

-Si nieva tanto- le contestó su hermano- Isis estás helada.

-¿Y que pensáis hacer esta tarde?- no podía negar eso, su cuerpo temblaba sin control.

-Podemos jugar al snap explosivo- apuntó James.

Isis lo miró sin poder creérselo, negó con la cabeza.

-No quiero jugar a las cartas.

-Vale, ¿Ajedrez?- propuso Remus.

-No me apetece jugar al ajedrez, Remus.

Sirius miró a James y a Lily, dándoles a entender que a lo único que diría que sí sería ir a jugar a Quidditch. Cunado a la niña se le metía algo entre ceja y ceja era muy difícil hacerla cambiar de opinión.

-¿Les gastamos una broma a los Slytherin?- los chicos prestaron la mayor atención al moreno de ojos grises. Isis en cambio se cruzó de brazos, descruzándolos al instante siguiente con una mueca de dolor mientras se miraba la mano derecha, un hilito de sangre salía por el puño de la camisa. Aterrada escondió la mano tras su espalda.

-Yo… creo… Mejor me voy a la biblioteca para terminar los deberes de Pociones- otra vez decía la verdad, no le apetecía gastar ninguna broma, aún estaba esperando el castigo del director.

Los chicos ni siquiera parecían haberla oído, la niña subió al cuarto con Lily y dejó que le pusiera el antídoto, soltando algunas lágrimas. Le quemaba el brazo.

-¿Todo bien?- le preguntó la joven acariciándole la mejilla.

-¿No nieva tanto, verdad Lily?- dijo con lágrimas en los ojos.

La chica sonrió. Extrajo un vial y abrió la palometa para recoger la muestra de sangre de Isis.

-Luego te daré los resultados, ¿Vale?

-Pero tú no crees que esté nevando tanto como para suspender el entrenamiento, ¿Verdad?

Abajo en la sala los tres merodeadores habían dejado aparte la broma para hablar de sus cosas, y entre ellas estaba la salida nocturna del día siguiente, con Isis con ellos por invitación expresa del licántropo.

-Deberéis recordarle que debe convertirse en lobo antes de que salga la luna- apuntó Remus- no quiero sorpresas como la vez pasada, casi me muero del susto.

-Recuerda que la has invitado tú- le reprochó el hermano de la niña.

-Lo siento Sirius, necesitaba que me perdonase y olvidé que la última vez te prometí que no volvería a venir. Pero es que esta luna tampoco está Colagusano.

-Vamos Sirius, el lobo nunca atacaría a Isis, no pudimos separarlos hasta el alba- defendió James, a él también le apetecía estar con Isis aquella luna llena.

En la habitación de las chicas de sexto.

-¿Estarás en la Biblioteca hasta la cena?- la niña asintió con la cabeza- Isis si para de nevar James hará el entrenamiento.

-Ya da igual, ellos prefieren gastar bromas a los Slytherin que jugar a Quidditch.

-No hablas en serio- apuntó la pelirroja con una mueca de desagrado.

-Claro que sí- mintió sin remedio, y Lily la creyó por completo.

Isis abandonó el cuarto con su mochila al hombro.

Los chicos la miraron sorprendidos.

-¿Dónde vas?- preguntó James.

-A la Biblioteca- respondió Isis.

-Pero… ¿Iba en serio?- se sorprendió Remus.

-Pues claro- y salió por el retrato.

James se puso en pie indignado.

-No lo entiendo, ¿Por qué la mocosa es más creíble cuando miente que cuando dice la verdad?

-Supongo que por costumbre, se ha pasado nueve años mintiendo a todos los de su alrededor y al único que no consiguió engañar fue a Regulus- dijo Sirius.

-¿A qué te refieres?- quiso saber Remus.

-Regulus sabía que quedaría en Gryffindor antes de que pisase por primera vez el colegio, me lo dijo el curso pasado.

-Yo también pensé que quedaría en Gryffindor cuando llegó con la nariz sangrando al vagón- sonrió Remus, colgándose la medalla.

-¿Con la nariz sangrando?- Sirius lo miraba descolocado.

-Ups, prometí no contarlo- el chico sonrió nervioso.

-¿Cuándo ocurrió eso?- metió James cizaña. Él tampoco recordaba aquella naricita sangrando.

-Vamos, es agua pasada- restó importancia el más sensato de los tres, Isis se volvería a enfadar con él si faltaba a su promesa- ¡Mirad! Ha dejado de nevar, podéis iros a entrenar- y esquivó la charla de manera segura.

Los otros dos corrieron a la ventana para asegurarse de no haber sido engañados, y como su amigo les había dicho el sol brillaba con fuerza. La ventisca había pasado.

Los dos amigos se miraron con una gran sonrisa, después de todo si podrían practicar su deporte favorito y seguro que Isis se alegraba también.

Salieron por el retrato camino de la Biblioteca cruzándose con Anne y Patricia.

-James- lo paró la castaña- ¿Puedo volver al equipo?

-Claro, preciosa. Ahora vamos a por Isis, ¿La habéis visto?

-Sí, iba rumbo a la biblioteca cuando nosotras salíamos de ella- respondió Anne con una tímida sonrisa.

Los dos chicos salieron a la carrera y las chicas subieron al cuarto.

Nadie había recordado aquél año la fiesta de cumpleaños de Isis, y la tenían preparada para juntarla con la de fin de año, con consentimiento del director para celebrarlo en las Tres Escobas.

Lily se alegró de encontrarse con sus compañeras de cuarto, dejó el vial sobre la mesa y se sentó sobre su cama. Nadie decía nada.

-¿Tenemos el permiso?- eso era lo único que les faltaba de todo el plan.

Patricia asintió con la cabeza y enseñó un pergamino escrito a letra del director, con su firma. Las chicas saltaron en medio de la habitación abrazándose entusiasmadas.

La puerta se abrió con fuerza, dejando ver una indignada Isis con la ropa mal puesta. Dejaron la celebración para otro momento.

-¿Qué pasa?- la niña rebuscaba ropas de entrenamiento con el cuerpo dentro de su baúl.

-¡ISIS ELISABETH BLACK!- se oyó desde la sala común.

La pelirroja dio un respingo, nunca había oído a James con tanta frustración.

-Isis- le dijo Patricia mientras se vestía ella también para entrenar- ¿Qué pasa?

-Pasa que dijo que no había entrenamiento y cuando yo decido aprovechar el tiempo para adelantar deberes cambia de opinión- escupió indignada tirando sus libros al suelo.

Ambas chicas se vistieron en menos de dos minutos y se recogieron el pelo con una coleta.