Hola chicos, perdón la demora, pero escribir dos historias, o tres en mi caso no es fácil, especialmente en estas fechas, pues aquí en mi patria querida estamos en pleno día de muertos y es mucho trabajo, hay que hacer adornos, cocinar mucha comida deliciosa, poner altares, ir al panteón a honrar a los ancestros, entre otras cosas, y también es tiempo de convivencias familiares, así que he dedicado buena parte de mi tiempo a mis familiares y amigos.
Aclaro de una vez que decidí hacer dos especiales, uno que es el de terror, el cual publique al mismo tiempo que este capítulo llamado "leyendas" y otro, el cual hare un poco más profundo, que es "la resucitada". Perdonen si el capítulo salió algo corto, pero estoy guardando toda mi inspiración la da los capítulos finales, los cuales están ya a la vuelta de la esquina; también se qu muchos esperan la experiencia de los padres de Kagome cuando se enteran del engaño de Kikyo, ese vendrá pronto lo prometo, es solo que no he encontrado el momento idóneo para meterlo a la trama sin modificarla de su curso origina. Sin más que agregar, lean disfruten y un feliz día de muertos para todos
Garras
Oculta tras una pared en un callejón Kagura se deshizo de sus ropas de chef y se puso un kimono rojo sangre con detalles en blanco y un obi de color azul, con cuidado salió detrás y comenzó a caminar en la calle como si fuera solo una dama refinada que pasaba por ahí, como el día era caluroso saco un abanico lacado de su manda y se cubrió los labios con él, para cualquiera parecería que se espantaba el calor, pero lo que realmente así era comunicarse con Naraku gracias a un micrófono oculto en la orilla del abanico.
- está hecho – dijo en voz baja sin apenas mover los labios.
- bien hecho Kagura, me has servido bien – escuchó la voz de Naraku en su oído, gracias a la bocina oculta en una de las perlas de su arete.
- imagino que querrás tu pago – se burló de ella.
- solo devuélveme a mi hijo – le gruño ella, escucho que él se reía entre dientes.
- camina un par de calles más, luego da vuelta a la derecha y camina tres bloques, habrá un coche esperándote – Kagura siguió las indicaciones, aunque iba con la guardia arriba, pues sabia de primera mano lo tramposo que era Naraku.
Pero cuando terminaba de cruzar el último bloque de edificios vio una majestuosa limusina negra, entro en ella como si ya supiera que la estaban esperando, dentro del asiento trasero había un moisés con un bebé dormido dentro, Kagura lo tomo en sus brazos y lo estrecho con fuerza, él bebé, aun dormido le pesco uno de los aretes, pero ella no le tomo importancia. La limusina se puso en marcha, y fue entonces cuando se dio cuenta que junto al moisés había un maletín negro con una de las notas de Naraku pegada en él, con mucho cuidado acuno al bebe contra su pecho y con su mano derecha.
"felicidades Kagura, has recobrado tu libertad.
Tienes 24 horas para irte del país,
Y si quieres conservar lo que te has ganado
No abrirás tu linda boquita
Ni volverás a pisar Japón nunca más en tu vida"
Kagura guardo la nota y abrió el maletín, había al menos 100, 000 ¥ al igual que dos pasaportes, el suyo y el de su bebé, bien, ella no tenía ningún problema con dejar ese país, ya tenía todo lo que le importaba en el mundo, a su pequeño, podría rehacer su vida donde fuera, siempre y cuando fuerte libre del poder de Naraku. La limusina la llevo a su apartamento, ella solo bajo a recoger algo de ropa sencilla y unos cuantos ahorros que tenía escondidos, al igual que algunas ropitas, mantas y muñecos que había comprado para su bebé durante las semanas que había estado alejado de ella. Finalmente subió de nuevo a la limusina y se dirigió al aeropuerto, directo a su libertad.
Mientras tanto en el hospital central de Tokio…
Una vez llegaron al hospital los médicos lograron estabilizar a Kagome, aunque debido a la fuerza de los medicamentos que tuvieron que administrarle estaría dormida por al menos un par de horas, todos los miembros de la junta y la familia estaban muy preocupados, había sido un ataque muy fuerte, tanto que los médicos dijeron que estuvo a solo segundos de un paro respiratorio. Ahora al lado de la camilla, Inuyasha miraba a la joven inconsciente con el corazón en un puño, recordaba vagamente que ella algunas veces le había dicho que tenía alergia a las nueces, pero jamás creyó que fuera algo tan peligroso. Tomo la mano de Kagome, estaba pálida y su piel fría como la de un muerto. En ese momento recordó algo que ella le había dicho hace varias semanas.
Flash back…
- ¡podría haber dejado pasar todo eso! ¡No me importo que el vestido fuera horrible! ¡No me importo que la ceremonia fuera un montaje! ¡NI SI QUIERA ME IMPORTO NO HABER PODIDO NI PROBAR EL PASTEL DE BODAS A CAUSA DE MI ALERGIA A LAS NUECES! –
Fin del flash back
Hasta ese momento no había sido consciente del peligro al que había expuesto a Kagome, si en el día de su supuesta boda, Kagome no se hubiese dado cuenta antes de comerlo, como sucedió en esta ocasión, podría haber ocurrido una tragedia hace meses, y él la habría puesto en eso por ignorante, un gemido de parte de Kagome lo hizo salir de sus pensamientos, pero ella solo se había acomodado de lado, parecía solo estar dormida, pero su semblante pálido realmente lo preocupaba.
- ¿Cómo sigue? – la voz de la tía Kaede lo saco de sus pensamientos.
- continua dormida – respondió haciéndose a un lado para que la ancana se acercara, pero esta le hizo una seña para que permaneciera en su lugar.
- mi pobre sobrina, si no supiera que es imposible, diría que es obra de Kikyo, pero ni siquiera ella y su madre son tan drásticas - murmuro luego de acariciar la mejilla de Kagome.
- comprendo porque las odia, pero me parece un poco drástico culparla por esto – dijo Inuyasha sin pensar, la anciana clavo sus profundos ojos chocolate en él con una mirada de molestia.
- ¿de verdad crees que es tan fácil? – le pregunto en tono duro.
- Kikyo y su madre no siempre fueron así, cuando eran niñas eran adorables como muñecas, yo misma las cargue cuando no eran más que bebés indefensos – comenzó a narrar sin alejarse de Kagome.
- la familia Higurashi y sus distintas ramas ha tenido una tradición especifica desde hace siglos, desde que nacemos se nos enseña humildad y recato, a no ser codiciosos, pero de vez en cuando alguien decide separarse de ese camino, aunque no aprobamos eso lo podíamos tolerar, pero ellas llegaron demasiado lejos – Kaede tomo la mano izquierda de Kagome y la miro.
- no hay anillo – Inuyasha respingo al escucharla, era verdad, desde que Kagome lo dejo en el hotel en las islas griegas luego de su desastrosa noche de bodas no llevaba su alianza, bueno, la alianza que había comprado para Kikyo en ese entonces… claro que tenía pensado darle una alianza apropiada cuando se terminara esta desastrosa pelea con Naraku.
- es complicado…. – se limitó a decir, por lo que había observado ese día, la tía Kaede era muy tradicionalista, quizá si se enteraba Kagome se podría meter en algún lio.
- se lo complicado que es muchacho – asintió la tía Kaede acariciando el flequillo de su sobrina.
- ¿de verdad crees que no me había enterado?, Kagome será jefa de clan, pero yo soy la matriarca, nada pasa en esta familia sin que yo lo sepa – le pregunto con una extraña sonrisa que lo hizo palidecer.
- pero quita esa cara de espanto hombre – le dijo luego de soltar una pequeña carcajada.
- dejame adivinar, ¿creías que me enfadaría con Kagome por estar contigo en la situación en la que están? – le pregunto, Inuyasha asintió con toda la cara llena a más no poder de vergüenza.
- mira, lo que sea que hayas pensado hoy en la reunión bórralo de tu cabeza, si realmente importara que el dueño de la empresa fuera virgen directamente los obligaríamos a ser monjas o sacerdotes, eso realmente no tiene nada que ver con eso – Inuyasha se quedó boquiabierto, había notado que algunos miembros de la familia Higurashi parecían tener cierta capacidad de adivinar los pensamientos, pero casi podía jura que la abuela Kaede tenía habilidades telepáticas, en fin, ya le preguntaría a Kagome más tarde, cuando despertara.
- entonces ¿porque trato así a Kikyo y su madre? – se atrevió a preguntar, pues aunque la mujer era imponente, también transmitía cierta aura de tranquilidad que le daba confianza.
- una buena pregunta, pero antes de responderte quiero que me digas una cosa ¿Qué debe tener un líder? – la pregunta puso a Inuyasha a reflexionar, ¿un buen líder? La verdad jamás había pensado en eso, intento escudriñar su mente para encontrar algún ejemplo, pero el único que se le podía ocurrir era su propio padre.
- bueno pues… guiar con el ejemplo, ser humilde, productivo, saber comunicarse bien con los demás, ser cuidadoso con el carácter, conocer los límites de su autoridad, y también aprender de sus errores y en el caso de un empresario, tener estudios adecuados para ello – comenzó a enumerar las cosas que solía hacer su progenitor, mientras que la abuela Kaede asentía con la cabeza con cada cualidad nombrada.
- bien, ahora dime ¿cuántas de esas habilidades y valores tiene Kikyo? – le pregunto, ahora Inuyasha no necesito ni dos segundos para responder.
- ni una sola – contesto seguro, quizá fuera un poco cruel en su parte, pero la verdad Kikyo había hecho unos méritos…
- exacto, pero ¿crees que eso la hubiera detenido? – pregunto la abuela Kaede paseándose hasta la ventana.
- claro que no, Tsubaky habría hecho de todo para que Kikyo fuera la aspirante perfecta para ser la nueva dueña, y darle ese poder a Kikyo era como abrir la jaula de los tigres en un zoológico con la gente encerrada dentro – Inuyasha no podía estar más de acuerdo con eso.
- pero Kikyo es modelo, no tiene estudios de administración o contaduría, no podría tomar el mando de la empresa – la abuela Kaede se hecho a reír.
- ¿crees que eso la habría detenido? A Tsubaky ni le habría importado soltar unos cuantos miles para sacar un diploma falso de las mejores universidades con el nombre de su hija impreso en el – Inuyasha reflexiono sobre eso, era verdad, habrían sido capaces de eso y mucho más.
- créeme que a Hitachi, a mí y a toda la junta de ancianos nos costó meses de quebraderos de cabeza pensar en una excusa válida para expulsar a Kikyo de nuestra nómina de herencia, y lo único que se nos ocurrió, fue negar a Kikyo a causa de su promiscuidad, pero no la del cuerpo – Inuyasha arqueo una ceja sin entender.
- dije la verdad cuando me referí a que Kikyo era promiscuar pero no porque le gustara estar con los hombres, eso es algo que dejo de importar hace muchos años, Kikyo es promiscua porque obtiene placer al humillar y destruir a los demás, aun cuando no le hayan hecho nada de forma personal, si alguien era más exitoso que ella, más hermosa, o como Kagome, de un carácter mucho más dulce y afable, si alguien tiene algo que ella no tiene, o algo que ella quiere pero no necesita lo atacara donde más le duela – seguía explicando la anciana Kaede con calma, Inuyasha la escuchaba atento, no había visto ese lado de las cosas.
- pero, usted dijo que Kagome se mantuvo pura… - murmuro, recordando cuando vieron el video, Kaede le volvió a sonreír con dulzura.
- y lo sigue siendo, como te dije, no tenía nada que ver con la virginidad, incluso si Kagome avísese experimentado con tantos hombres como lo ha hecho Kikyo la habríamos elegido a ella como heredera; Kikyo no tenía nadie que la apoyara, ella sola se enemisto con cada uno de los miembros de la familia, y muchos intentamos tenerle paciencia, pero al final no pudimos evitar tenerle cierto resentimiento - la anciana se dejó caer en la silla que Inuyasha dejo libre y dejo escapar un suspiro de cansancio.
- imagino que sabes lo que paso entre ellas ¿no? – dijo luego de dejar caer su cabeza hacia atrás.
- un poco – murmuro Inuyasha, la verdad si lo sabía, pero no todos los detalles.
- bien, entonces ponte a pensar, después de todo lo que Kikyo le hizo, ¿Por qué Kagome no se vengó de ella? Tenía los medios para hacerlo, pero solo espero hasta que Kikyo amenazo su vida para quitarle todo aquello que Kikyo aprecia, por eso Kagome es una creatura pura, nunca permitió que el rencor o el odio penetraran en su alma al grado de corromperla y llevarla a hacer cosas incorrectas – comenzó a decir en tono de orgullo, peor entonces una risita se le escapó de los labios.
- aunque según me dijeron mis nietos tu no se la pusiste fácil – Inuyasha se sonrojo ante la indirecta, bueno, no iba a negar que era un hombre terco, pero Kagome estaba también a su nivel en terquedad, la prueba era el trabajo que le costó llegar a que ella lo perdonara, y aun así aún tenía que convencerla de cancelar su divorcio.
- ellas es muy terca – suspiro Inuyasha sin pensar, peor la anciana no se lo tomo a mal y solo se rio por lo bajo.
- bueno, es una Higurashi después de todo – dijo como si fuera obvio.
Luego de esa charla la tía Kaede se retiró, pero Inuyasha no quiso irse, no hasta que Kagome despertara, así que volvió a sentarse en la silla junto a ella sin dejar de verla. Al menos ahora Kagome tenía un poco más de color en las mejillas, no supo en qué momento se quedó dormido, pero se despertó al sentir que alguien lo besaba en la mejilla. Primero sonrió porque creyó que era Kagome, pero el exceso de perfume lo alerto de que no se trataba de ella. Abrió los ojos de golpe y se encontró con Jakotsu que lo miraba con una sonrisa de oreja a oreja.
- ¡AJ! – grito haciéndose para atrás tan bruscamente que termino de espaldas en el suelo con todo y silla.
- ja jajaja ¡¿vieron la cara que puso?! – escucho que se reía Renkotsu, los demás hermanos contestaron con más risas, fue entonces que Inuyasha se percató de que los siete primos de Kagome estaban todos en la habitación, y no paraban de reírse de él.
- ¡NO HA SIDO GRACIOSO! – grito enfadado y también asqueado porque ese travesti lo hubiese besado, aunque fuera en la mejilla.
- Si lo fue - se rieron aún más fuerte los primos, Inuyasha por su parte estaba rojo de coraje, bonita familia política le fue a tocar, solo esperaba que esa locura no fuera hereditaria.
- es verdad Inu lindo, ¿sabes? Estoy habiendo los vestuarios para una obra de teatro, es la bella durmiente, podríamos entrar juntos, tu podrías ser mi príncipe que me rescata cuando estoy en el sueño eterno – ofreció Jakotsu, aun con las mejillas rojas por el beso; se desato toda una discusión en el cuarto de hospital, los Shichinintai por un lado riéndose y burlándose de Inuyasha, y este último diciéndoles hasta de lo que se iban a morir.
- ¡ya basta! ¡SILENCIO! – grito de pronto una voz, que no era otra que la de Kagome, pues el sonido del golpe seguido de las carcajadas de los siete hermanos Shichinintai, la habían despertado, todos los presentes cerraron la boca en ese instante.
- ¡SIENTENSE! – ordeno de nuevo la chica, los siete primos se sentaron de inmediato, como si fueran perritos bien amaestrados. Aunque como no cabían en el pequeño sofá de la habitación muchos tuvieron que sentarse en el suelo.
- eso está mejor, es el colmo con ustedes ¿Qué no pueden tener respeto por estar en un hospital? – los regaño enojada, Inuyasha aprovecho para pararse del suelo y acercarse a ella.
- ¿Cómo estás? - Le pregunto poniéndose a su lado, Kagome dejó escapar un suspiro de cansancio.
- más o menos, de por si me duele la garganta y estos haciendo escandalo… - comenzó a mascullar, pero entonces noto algo que no le gustó nada.
- ¿Qué tienes en la mejilla? – le pregunto a Inuyasha, este se llevó la mano a la mejilla y sus dedos se mancharon de color carmín, ¡Jakotsu le había dejado marcado el beso! Comenzó a boquear una explicación, peor Kagome solo entrecerró a los ojos y luego miro a Jakotsu, si, sabía que reconocía ese labial tan cremoso y brilloso.
- Jakotsu, a menos que quieras que te ahorre miles en tu transformación no vuelvas a acercarte con esas intenciones a mi hombre – miro amenazante a su prima. Aquella amenaza hizo que los primos de inmediato decidieran salir de la habitación bajo cualquier excusa. Cuando finalmente se quedaron solos Inuyasha se sentó junto a Kagome y la miro intensamente.
- ¿así que tu hombre no? – le pregunto pícaro, Kagome se sonrojo un poco pero le sostuvo la mirada.
- hey, está bien, me gusta que me declares tuyo, porque tú también eres mía – declaro antes de besarla, cuando se separaron la ayudo a volver a recostarse, pues aun tenia las mejillas algo pálidas.
- ahora si dime, ¿Cómo estás? – le pregunto luego de arroparla bien.
- regular – suspiro Kagome mientras se masajeaba la laringe con suavidad.
- tengo la garganta un poco seca, y siento como si me hubiesen inflado igual que un globo – murmuro, Inuyasha se rio un poco por la broma, pero su rostro se torció en la mueca de preocupación.
- realmente me asustaste – Kagome lo miro con una ceja alzada.
- no es algo agradable de vivir tampoco – murmuro ella.
- me lo imagino, pero… - Inuyasha no supo cómo continuar, pero no fue necesario, pues ella se dio cuenta de lo que pasaba.
- hey, tranquilo, no fue tu culpa – intento calmarlo, pero Inuyasha solo escondió sus ojos bajo su flequillo.
- si lo fue – masculló en tono culpable.
- no, a menos que tú mismo pusieras las nueces en mi comida – intento consolarlo Kagome.
- casi podrías decir que lo hice – se quejó Inuyasha, pero Kagome aún no entendía que quería decir.
- mira, esto llego justo después de que te diera el ataque – le mostro el mensaje de su teléfono, Kagome lo leyó dos veces antes de fruncir bastante el ceño.
- ese maldito… - la escucho mascullar y la verdad era que tenia todo el derecho.
- no entiendo cómo se enteró de mi alergia – la escucho murmurar.
- Kikyo era su amante – le indico Inuyasha, Kagome se llevó las manos a la cabeza, para entonces ya cualquier arrepentimiento que guardara respecto a la intervención de Kikyo desapareció.
- espera a que me den el alta, cuando encuentre a ese tipo le voy a romper las pelotas con mis propios pies – Inuyasha no pudo evitar encogerse ante la imagen mental, pues sabía que Kagome era perfectamente capaz de cumplir su amenaza.
- pues a ver si te sirve lo que yo deje de él – Kagome se rio un poco, bien, si ambos llegaban a pescar a Naraku lo iban a dejar como camote checoslovaco, pero si lo atrapaba su familia, uff, no iban a dejar de él ni el polvo.
- hey tortolitos – escucharon una voz que los llamaba desde la puerta, ambos voltearon sin dudarlo y se encontraron con Bankotsu y Mukotsu.
- siento interrumpir sus planes maquiavélicos, pero creo que esto les interesa – le pasaron a Kagome unos papeles. Inuyasha vio como ella fruncía aún más el ceño.
- ¿Qué pasa? – preguntó al verla tan seria.
- Mukotsu y yo mandamos a analizar el plato de Kagome – dijo Bankotsu.
- y resulta que la salsa boloñesa de tu plato era casi puras nueces picadas y solo una mínima porción de carne molida y otros ingredientes, lo cual era imposible de detectar a simple vista debido a la salsa de tomate – dijo Mukotsu, Inuyasha comprendió en ese instante, ese plato había sido preparado específicamente para Kagome, si habían puesto tantas nueces era para que no hubiese margen de error.
- y aquí esta lo mejor, revisamos todos los platillos del restaurante y ninguno tenía una sola nuez – completo Bankotsu, ahora no quedaba dudas de que Naraku había atentado directamente contra Kagome.
Mientras tanto en otra parte de la ciudad…
Kikyo, que por fin había logrado calmarse, o al menos lo suficiente para que ya no la mandaran a un psiquiátrico en cuanto la vieran, marcho hecha una furia hasta el departamento de Naraku. Entro sin llamar al apartamento, a sus paso cualquier objeto que tuviera la mala suerte de estar en su camino terminaba hecho trisas bajo sus garras, y eso que estaba de mucho mejor humor que cuando despertó en una habitación de hotel con su madre hablando a gritos con su padre sobre medidas legales que debían tomar contra la empresa y luego diciéndole mil insultos cuando le dijo que no podían hacer nada y que lo que fuera que les hubieran dicho se lo tenían merecido por morder más de lo que pudieron masticar.
Desde el salón principal Naraku escucho su berrinche, aunque todo lo que estaba destrozando Kikyo valía miles o hasta casi millones, pero no podía importarle menos, estaba bebiendo su licor favorito, con música suave en su reproductor nuevo y la luz de la chimenea iluminaba su cuerpo recién vestido en un traje hecho a la medida. Se sentía como un rey, y dentro de poco realmente seria casi tan rico y poderoso como los mejores reyes de la historia. Cuando finalmente el flaco y pálido basilisco entro al salón, casi destrozando sus puerta.
- ¡NARAKU! – la escucho chillar, se levantó suavemente de su lugar, como si tuviera todo el tiempo del mundo.
- ¿Qué pasa? – pregunto con tono altamente burlón, pero Kikyo no lo noto, se hecho a sus brazos llorando como una magdalena.
- ¡esa maldita! ¡ME HA ENGAÑADO! ¡LA MUY PERRA ME EMBAUCO Y ME QUITO TODO LO QUE YA TENIA DE LA EMPREZA, SU PATROCINIO, LAS INVERCIONES, LAS ACCIONES! – siguió chillando como loca mientras le estrujaba su camisa, pero cuando hizo amago de recargar su rostro en él, lleno de maquillaje corrido, mocos y lágrimas la aparto de un empujón brusco.
- ¡¿Qué crees que haces?! – le grito furiosa, pero el solo la hizo callar con una bofetada.
- no sé qué es más desesperante, tu horrenda voz chillona, o tu actitud de diva – le dijo cruelmente.
- ¡¿Cómo te atreves?! – le grito enfada, pero ahora Naraku la acorralo contra la pared y le sujeto el cuello.
- eso debería decirlo yo ¿sabes lo costosas que eran las cosas que acabas de romper? no eres nada, sin tus joyas, sin tu ropa costosa – mientras decía eso le quitaba los pendientes y el collar de diamante y luego de un tirón le saco el vestido.
- sin todo esto no vales nada, menos que nada, ni siquiera tu belleza vale lo que hay que pagar para estar contigo – continuo ofendiéndola mientras apretaba poco a poco la tráquea de la modelo.
- eres tan inútil que ni siquiera pudiste llevar acabado una estafas tan sencilla como la de hoy, no sirves para nada más que una buena cogida, e incluso luego de un par de secciones logras aburrir al más ninfómana de todos – finalmente, cuando Kikyo creyó que iba a morir ahorca Naraku la soltó sin cuidado y se alejó de ella.
- ahora has el favor de largarte, tu presencia da mala impresión de mi casa – Kikyo tembló un poco, pero luego su carácter volvió a salir a flote.
- ¡¿Qué demonios te pasa?! ¡NO PUEDES HACERME ESTO! – chillo, pero Naraku solo sonrió burlón.
- claro que puedo, ahora lárgate o te quitare lo único que te queda a base de golpes – Kikyo sabía que se refería a su cara, porque aunque sus padres tenían dinero, ella siempre había vivido gastando todo lo que ganaba al instante, así que no tenía ahorros de los que vivir si le faltaba el trabajo.
- ¡dame mis joyas! – ordeno al ver que aún tenía su collar y sus aretes de diamantes en su puño.
- ¿tuyas? Quería Kikyo, esto es para pagar todo aquello que has destrozado – sonrió antes de dar las joyas a un cridado.
- es hora de que aprendas a que en esta vida todo tiene su precio – dicho eso chasqueo los dedos, dos guardias de seguridad aparecieron a cada lado de Kikyo y la sujetaron por los brazos.
- échenla – ordeno, los guardias comenzaron a arrastrar a Kikyo, la cual solo entonces cayo en la cuenta de que estaba vestida solo con sus tacones y su ropa interior.
- ¡¿Qué hacen?! ¡Suéltenme! ¡No puedes enviarme a la calle así! – grito moviéndose como una desquiciada.
- ¿ahora eso es un problema? Según he visto, jamás te importo mucho que la gente te viera desnuda – se rio Naraku.
- ¡ERES UN CERDO! – fue lo último que alcanzo a escuchar de ella.
Aun riéndose volvió a sentarse frente a la chimenea, la verdad es que sentía que se sacaba un peso de encima, Kikyo era más un lastre que un beneficio, y además, aunque gracias a sus negocios no era pobre, el estar con ella significaba gastar al menos el 75% de sus ganancias en "lujitos" así que también sería un respiro para su cartera. Termino de beber su bebida de un trago, un problema menos, solo faltaba esperar, como narcotraficante había aprendido que la mejor forma de presionar a una víctima a hacer lo que quieres era poniéndola nerviosa luego de pequeños periodos de tranquilidad. Y si todo seguía según lo había planeado, como hasta ahora, pronto conseguiría la empresa Taisho, y luego, más fortaleció, podría ir directamente a atrapar a esa pequeña y escurridiza conejita llamada Kagome.
Se sirvió otra copa y dejo caer su cabeza contra el respaldo, aquel plan le había costado as u mejor espía femenina, pero no importaba, de todas formas Kagura había comenzado a mostrarse reticente respecto a sus órdenes, siempre alegando que no haría más encargos hasta que le devolviera a su bebé. Se reclino cómodamente en su sofá. Bien, perdió una asistente, pero ganaría billones y una nueva amante, porque mentiría si dijera que esa chica, la prima de la Gorgona que acababa de echar de su loft, era una mujer poco atractiva, de hecho, era mucho más apetecible que varias "bellezas" que habían desfilado por su pequeño harem.
- definitivamente esto no podría ir mejor – se rio encantado con sus planes malignos.
Esa noche en el departamento de Inuyasha…
Por fin habían dalo el alta a Kagome, claro que en cuanto salieron fue toda una batalla campal, ¿Por qué? Después de enterarse del resultado del análisis de la salsa boloñesa todos convinieron en que lo más seguro era que Kagome no se quedara sola hasta que lograran ponerle el alto a Naraku. Pero el problema se desato porque todos, literalmente, querían que Kagome se quedara en su casa, incluido Inuyasha. Al final armaron tal escándalo que terminaron echándolos del hospital por ruidosos y alborotadores, y aun así pasaron cerca de tres horas más discutiendo; al final se decidió que, para que no hubiera inconvenientes Kagome iba a quedarse en una pequeña casa de los suburbios que a veces usaban los miembros de la compañía para alojarse unos días cuando tenían que viajar a Tokio, y para que no estuviera sola, al menos otras cinco personas se quedarían con ella.
Claro que a Inuyasha esa solución no le gustó mucho, pues él quería que Kagome se quedara con él en su departamento, y así poder protegerla en el calor de sus brazos. Pero tampoco se podía quejar mucho, pues sabía que Kagome estaba segura con su familia, y además eso le serviría para aclarar un asunto con alguien importante… la cual estaba tocando a su puerta en ese momento.
- buenas noches Inuyasha – lo saludo una voz grave cuando abrió la puerta.
- buenas noches papá, entra por favor – dejo entrar a su progenitor, normalmente habría invitado a Sesshomaru para discutir ese asunto, pero aun no le perdonaba por irse de la lengua, y además, sabía que su padre tenía mayor experiencia con esa clase de situaciones.
- bien, ¿de qué quieres hablar? Debe ser importante para hacerme venir a estas horas – preguntó directamente Inuno luego de tomar asiento.
- lo es ¿mamá sabe que viniste? – le pregunto, lo menos que necesitaba en ese momento era que su madre se involucrara.
- claro que no, si fuera así ten por seguro que estaría aquí mismo, pero yo casi creo que se ha vuelto loca - las palabras de su padre lo sorprendieron.
- ¿Por qué piensas eso? – pregunto Inuyasha preocupado.
- se la ha pasado día tras día encerrada en su estudio, no hace más que tejer y bordar, y lo hace tan rápido que es increíble que no queme los hilos, ¿te figuras que ya lleno tres cajas con "ropitas" para sus supuestos nietos? – Inuyasha se hecho a reír, bueno, sí que le había picado fuerte a su madre la ilusión de los nietos, y la verdad el mismo esperaba poder complacerle el capricho pronto, pero primero debía deshacerse de las alimañas.
- como sea, necesito que me aconsejes sobre algo – le dijo luego de que se le calmo la risa.
- ¿en qué embrollo te metiste ahora? – pregunto Inuno Taisho directamente.
- ¿Qué paso, que paso? – pregunto Inuyasha haciéndose el ofendido.
- bueno, la reputación precede hijo – se encogió de hombros Inuno Taisho.
- ya, ahora hablando enserio, necesito ayuda con Naraku – Inuyasha explico a su padre lo ocurrido ese día, reduciendo algunos detalles como las cosas que le dieron a Kikyo y luego sobre el ataque anafiláctico que Naraku le provoco a Kagome.
- ya comprendo el porqué de la urgencia – suspiro Inuno cuando Inuyasha termino de relatar lo sucedido.
- no puedo creer que se atreviera a semejante bajeza, provocar una alergia tan severa en una jovencita, eso no tiene nombre – se quejó, Inuyasha sintió en acuerdo, pero entonces su semblante se tornó preocupado.
- y ahora temo que si no le doy lo que pide haga algo peor contra ella o su familia – dijo Inuyasha suspirando.
- casi estuve tentado a darle lo que pedía, pero Kagome me detuvo – Inuno Taisho asintió en acuerdo.
- es una chica sabia – luego se levantó y se sentó junto a Inuyasha, le puso una mano en el hombro a modo de apoyo.
- no te preocupes, yo sé cómo lidiar con esa clase de alimañas – le dijo en tono seguro, Inuyasha no pudo evitar mirarlo con incredulidad.
- oye, tenme algo de fe – sonrió Inuno, pero luego su semblante se volvió amenazante.
- después de todo ¿Dónde quedaría mi reputación si permito que un narcotraficante con aires de magnate de cuarta chantajee a mi hijo y ataque a mi futura nuera? – Inuyasha por un instante sintió la amenaza de su padre en sus propios huesos, lo cual fue aterrador.
Continuara…
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