Sara: Me alegro!

Nat-Marie: Gracias por entender! Y espero que la espera haya valido la pena…

...creo que eso rimó xD

¿Al final tu teoría del one-shot fue acertada?


Capítulo 32: La Furia de una Madre.

Parte 2

26 de Noviembre, 1976

Con un suspiro cansino, Morgan admiró los resultados frente a un espejo ovalado, el cual obtuvo de la rata que McGonagall le había transformar.

Algo era algo, supuso la chica, moviendo la cabeza de un lado a otro, comparando las similitudes a la de la foto en su otra mano. No se veía exactamente igual, la nariz le había quedado más larga de lo debido, la mandíbula no tan definida y en lugar de un atractivo color nogal, su cabello parecía haber sido sumergido en excremento. El castaño no era su color; era demasiado pálida, tenía demasiadas pecas. No importaba cuanto se mirara, ni que tan diferente se viera su rostro, el castaño no era un color que la favoreciera.

Al menos, meditó, concentrándose, con la mirada fija en su reflejo, devolviéndole su apariencia de todos los días, al menos McGonagall pareció complacida por la transformación de rata a espejo.

Depositando el objeto sobre el escritorio y devolviendo la fotografía a la profesora, la chica aguardó por una devolución. McGonagall suspiró en silencio, sus hombros cayendo con pesadumbre.

-Es una mejora-dijo con tono neutro.

Morgan no pudo evitar hacer una mueca.

-Pero esperaba algo mejor.

La mujer ladeó la cabeza un momento, su puntiagudo sombrero negro balanceándose peligrosamente, para luego asentir una vez con reticencia.

-Debo admitir que sí-le dio una mirada acusadora, sentándose ante el escritorio es todo su culpa.

-¿Mi culpa?-preguntó gravemente ofendida, colocando un dedo sobre su pecho.

-Todo está en su cabeza, Potter.

-Bueno, sí, pero no es como si yo hubiera ido por ahí buscando el trauma-se defendió.

McGonagall suspiró.

-Llega un momento en la vida, Morgana, en el que ya no podemos culpar a otros por nuestras fallas.

¿Era realmente su falla? Ella fue una metamorfomaga normal, hasta que tía Petunia decidió que encerrarla día y noche sin comida ayudaría a quitarle la habilidad. Y funcionó, hasta cierto punto. Mientras que un metamorfomago normal quedaría expuesto fácilmente, cualquier cambio en su humor reflejado en su físico; la única manera de provocar tal cambio inconsciente en la joven Potter era tomarla por sorpresa, golpearla con una emoción fuerte. Eso no era su culpa. Tía Petunia la arruinó, y ahora no podía encontrar su animal interior porque "no se permitía sentir libremente", o eso decía la profesora sentada frente a ella.

-¡Pero…!

-Nos veremos en clase-le despidió.

Echando humo por las fosas nasales, la chica tomó su mochila y salió dando pisotones, asegurándose de que cada uno sonara fuerte y claro.

Enseguida tomó rumbo hacia el baño de las chicas. Necesitaba calmarse antes de su lección con Regulus. Necesitaba lavarse el rostro y meditar.

Evitó a Peeves por los pelos y bajó un tramo de escaleras, topándose con James, quien venía con el rostro enterrado en un pergamino.

-¡Hola, James!

El chico pegó un salto y lanzó un chillido, y los anteojos casi se le caen del rostro.

-¡MAMÁAA!

La bruja alzó una ceja pero no hizo comentario. En su lugar, clavó su mirada en el pergamino, ocultando su nerviosismo tanto como podía.

-¿Qué es eso?.

-Nada,...un matador de curiosos.

-Caza curiosos.

-Eso.

James se dio la vuelta, masculló algo y se enfrentó a ella de nuevo, guardándose el pergamino.

-¿Has hablado con Sirius?-le preguntó de inmediato.

El día anterior, al regresar de su visita a San Mungo, Morgan dejó que Sirius se alejara escaleras arriba sin decir nada, decidiendo que tal vez, un poco de soledad y silencio le ayudaría a sentirse mejor. No se presentó a la cena, y cuando preguntó, Pettigrew dijo que el chico se sentía cansado.

Incluso ahí, no quiso decir nada. Tal vez sí estaba cansado, pero aún así, no quería dar voz a sus preocupaciones frente a Pettigrew.

Esa mañana, no bajó al desayuno y llegó tarde a la clase de historia; apenas tomándose un momento para besar la mejilla de la pelirroja antes de comenzar su siesta, mientras el profesor Binns daba un monólogo sobre la caza de centauros del siglo diecisiete.

Morgan estiró un brazo y lo pasó por el sedoso cabello del chico, pero este se la quitó de un manotazo, y mordiéndose la lengua, volvió a tomar apuntes.

Al ver la expresión de su no-hermana, el semblante del adolescente se ensombreció.

-¿Por qué? ¿Sucedió algo?

Morgan le hizo un gesto, y ambos continuaron caminando, bajando otro tramo de escaleras, evitando a un pequeño grupo de chicos Ravenclaws que iban subiendo. Ella notó que ciertos chicos, que tan solo un par de semanas antes le lanzaron un encantamiento para levantarle la falda, ni siquiera le dieron una segunda mirada, como si ni la reconocieran.

Exhaló aliviada. Sabía que eventualmente se aburrirían.

-¿Recuerdas que ayer fuimos a ver a su tío al hospital?

James asintió con urgencia.

-Sí, sí. ¿Está muy mal? ¿Verlo le afectó?

-No- negó la chica, bajando la voz al pasar junto a una chica que formaba parte del club de admiradoras de Sirius hombre está bien. Lo que sucedió fue que nos topamos con su madre.

-Ah.

No necesitó decir más. James miró al frente, colocando una mano sobre el codo de su no-hermana. La hora terminaba, y las puertas de las aulas comenzaban a abrirse, llenando los pasillos con vida.

-¿Podrías…?

-Hablaré con él. No te preocupes-le aseguró James, asintiendo solemne.

Morgan le dio una sonrisa agradecida. Su intuición (a la que no escuchaba muy seguido) le decía que sería mejor si sus amigos se acercaban con el tema. A pesar de lo intenso de sus sentimientos por el muchacho, y el hecho de que dichos sentimientos eran recíprocos, sabía que Sirius no querría hablar de su madre. Incluso el adulto del futuro evitaba mencionarla, y si lo hacía, decía tan poco como podía.

Nada favorecedor, naturalmente.

Dejó que James la acompañara al baño, despidiéndose de él luego de hacerle prometer que hablarían más tarde.


Morgan quería cancelar su lección con Regulus. No podía sentarse frente al chico por dos horas, guardándose sus preguntas; la falta de respuestas provocando un rencor injustificado.

¿Regulus sabía de los abusos de su madre? Tal vez era una víctima también. No, parecía compartir ideales. De seguro se llevaban de bomba.

Intentó imaginarse un escenario en el que Regulus ganaba una maldición de Walburga Black, pero no se le venía a la mente.

Regulus notó su cambio, pero no hizo comentarios, de seguro asumiendo que Bertúpido y sus amiguitos le anduvieron fastidiando el día de nuevo.

Cuando tenía una duda, ella le explicaba. Cuando escribía una porción del reporte, le arrebataba el pergamino para asegurarse de que fuera en buen camino.

Ni siquiera Rosier, que pasó junto a su mesa un par de veces, observándolos de manera contemplativa, logró sacarla de su pequeña burbuja.

Morgan se sentó ahí por dos horas, mandíbula apretada hasta el punto en que sus dientes dolieron, y las uñas clavándose en la madera de su asiento.

-¿Edevane? ¡Morgana!

Sacudiendo la cabeza, la bruja volvió en sí. Regulus la miraba impaciente, ofreciendo su pergamino nuevamente.

Morgan relajó las manos, que se encontraban a cada lado, aferrándose a los bordes de la silla, y evitó hacer una mueca de dolor, abriendo y cerrando rápidamente. Tomó el delicado material entre sus manos y leyó ávidamente, haciendo algún comentario de tanto en tanto.

-Está bien. Deberías obtener una buena nota-le dijo, devolviéndole el reporte.

Regulus frunció el rostro en una mueca desagradable.

-No puedo obtener "una buena nota"-le replicó, despectivo sobresalir.

Morgan enarcó una ceja.

-Considerando el desastre que eras un par de meses atrás, deberías sentirte orgulloso. Vas por buen camino, pero no esperes milagros-le dijo con voz monótona. Lo único que quería en esos momentos era buscar a Sirius y obligarle a hablar con ella.

El desprecio en el rostro del chico se acentuó.

-Las respetables familias de la comunidad mágica no esperan menos que excelencia por parte de las generaciones jóvenes. Algo que, claramente, una mestiza no entendería.

Morgan tomó su mochila y se la colocó sobre un hombro, levantándose como si se hubiera sentado sobre brasas.

-¿Qué? ¿Temes lo que Walburga te haría si sacas mala nota?

El rostro del chico empalideció, pero tan solo unos momentos más tarde, se oscureció de manera peligrosa.

-No sabe de lo que habla.

-Mm. Supongo que ahora que Sirius no está para tomar los golpes, temes convertirte en el conejillo de indias.

-¡¿Cómo se atreve?!-la voz del chico se elevó junto con él, encontrándose frente a frente, solo la mesa separándolos.

-Llegué a tiempo para la fiesta-se jactó Rosier, apareciendo nuevamente a la cabeza de la mesa, mirando entre ambos con maliciosa diversión, jugueteando con su varita.

Morgan le dio una mirada irritada, no gustándole la manera depredadora en que el chico la estaba mirando.

-Entrega eso como está-dijo, mirando al pergamino en manos de Regulus, para luego pegar media vuelta y salir de la biblioteca a tropezones.


2 de Diciembre, 1976

Con ojos consternados, y mordiéndose el labio inferior, Morgan avanzó dentro del aula de runas antiguas. Llegaba temprano pues distraídamente notó como algunos Hufflepuffs y Gryffindors abandonaban el aula.

Vio como Lily y Marlene se levantaban de sus asientos, sólo para que la primera se detuviera en seco al verla entrar. No les prestó atención.

Pasó junto a Bertúpido, Timothy y su séquito sin siquiera levantar la vista de la carta que llevaba en la mano.

Dicha carta venía desde la mansión Potter, con la letra de su abuela. La chica se preguntaba si James ya sabía.

Eran noticias preocupantes, sin lugar a dudas.

"El médico dice que es una simple viruela, pero acordamos que será mejor que los tres pasen las fiestas en Hogwarts; solo como precaución."

Su abuela intentaba quitarle importancia al asunto, pero sus esfuerzos resultaban fútiles.

Sintió el metálico sabor de la sangre y soltó el labio, aunque el daño ya estaba hecho. Dobló la carta, ignorando la estúpida voz de Bertúpido llamando su nombre.

-¡Eh! ¡Edevane! ¿Acaso estás sorda?

Una ráfaga de viento viajó por sus piernas, levantando su falda. Morgan volteó con brusquedad, acomodando la tela rápidamente y lanzando dagas con sus ojos.

Timothy apartó la mirada, pero jaló del sweater de su amigo.

-Vamos, Bert. Déjala tranquila.

Pero el otro Ravenclaw no pareció escucharlo, sus ojos brillando de tal manera que Morgan apenas resistía la necesidad de darle un puñetazo.

-Aaah, con que eso si te llama la atención.

Morgan entrecerró los ojos, viéndose como un reptil a punto de atacar.

-Algo así llamaría la atención de cualquiera, mal nacido-respondió entre dientes, palpándose el bolsillo en busca de su varita.

-Quiero preguntarte algo-continuó el chico, haciendo caso omiso del insulto -¿Es cierto que te atraparon en un armario con Potter y sus amigos?

Morgan pestañeó. Sus dedos se cerraron alrededor de la varita.

-Ya va a ver este…

-¡Aubrey! ¡Detención con McGonagall!-bramó una voz.

Águila y serpiente observaron como Lily, con el rostro rojo de la furia, los ojos brillantes y la mandíbula apretada, se acercaba a ellos, cada paso resonando con una fuerza brutal. Morgan se preguntó en donde se encontraba el profesor cuando se le necesitaba.

-Y treinta puntos menos, Ravenclaw-continuó, situándose entre Morgan y su ex.

Bertúpido apenas le dio una mirada.

-Ahora no, Evans. Edevane aquí me estaba contando sobre sus trucos. Aunque tal vez te sirva; podrías aprender algo.

-Cerdo-masculló Marlene, un par de pupitres a la derecha.

Antes de que Morgan pudiera procesarlo, vio un borrón rojo, escuchó algo rompiéndose (tal vez madera, tal vez hueso), y notó que ni Lily ni Bertúpido se encontraban frente a ella.

Bajando la mirada estúpidamente, vio a Lily sentada a horcajadas del Ravenclaw, arañando y golpeando todo lo que alcanzaba.

Los alumnos que se estaban retirando, y aquellos que vagamente esperaban el comienzo de la lección fuera del aula, se apresuraron a entrar, empujándose unos a otros, ansiosos por algo de acción.

Bertúpido gritaba por ayuda, pero los alumnos simplemente alentaban a Lily.

La perfecta Lily Evans, quien nunca tuvo una detención, y no discutía con nadie (James no contaba), se había vuelto, oficialmente, loca.

-¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea!

Morgan notó que Timothy observaba la escena indeciso. Ella lo conocía lo suficiente como para saber que intentaba no reír.

-Maldito desgraciado-jadeaba Lily, golpeando aquí y allá . Es. Por. Molestar. A mi. Mejor. Amiga. Y esto. Por. . Y esto. Por…

Dándole una mirada a Marlene, Morgan asumió que estaba sola, y se lanzó sobre Lily, tomándola de la cintura y jalando.

-Déjalo. No vale la pena.

-¡ESPERA! ¡SOLO ROMPÍ DOS HUESOS! ¡AAAAH!

-Vamos, vamos-la otra pelirroja continuó con sus esfuerzos.

-Sáquenme a esta perra chiflada de encima.

Pausando, Morgan se encogió de hombros y soltó a Lily.

-Bendiciones, hermana.

Tomó un paso hacia atrás, deseando tener su cámara, y deseando que James estuviera ahí para ser testigo de lo que estaba pasando.

-¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea!-cantaban los estudiantes, blandiendo sus puños en el aire.

Morgan creyó ver como un diente volaba, pero no estaba segura. Por el rabillo del ojo, vio a algunos amigos de Bertúpido (los que solían molestarla), alejándose lentamente.

-¡¿PERO QUE ESTÁ SUCEDIENDO AQUÍ?!

Todo se detuvo, y Morgan miró al profesor con mala cara.

¿Por qué, de todos los días en los que pudo llegar a tiempo, decidió hacerlo ese?


Morgan insistió en acompañar a Lily a la enfermería para que Madame Pomfrey le revisara la mano, mientras que Timothy y otro de sus amigos cargaron con Bertúpido.

Caminaron en silencio, subiendo las estrechas escaleras que llevaban a la enfermería. La Slytherin recordaba tomar ese camino en un par de ocasiones; era un atajo.

A su lado, Lily caminaba tensa, sus ojos verdes clavados en Bertúpido, quien apenas podía caminar.

-¿Te duele mucho?

La prefecta giró la cabeza, incapaz de ocultar su sorpresa. Se miró la mano y la flexiono, produciendo una mueca.

-Estaré bien. No creo que esté rota.

-No podemos decir lo mismo de Bertúpido.

Al escuchar el apodo que Morgan tenía para su ex, la otra chica sonrió.

-Creo que le saqué un par de dientes.

-Lils, hiciste más que eso. También le rompiste la nariz, el labio y probablemente destruiste su ego.

Ante eso, lanzó una corta risa.

-Una chica puede soñar.

Al escuchar las risas, Timothy y su amigo aceleraron el paso.

-Creo que te temen-sonrió Morgan, ajustándose la mochila como podía, cargando con la de Lily en sus manos. Pesaba como condenado, pero no iba a quejarse.

Continuaron el camino en silencio, ignorando los susurros de los retratos.

Morgan le dio otra mirada de reojo, mordiéndose el abusado labio.

-Podrían quitarte el puesto de prefecta-le dijo.

-Lo sé.

-Y aunque eso no suceda, no creo que te elijan como premio anual para el año entrante.

-Lo sé.

-Entonces, ¿por qué lo hiciste?

-Podemos pelear cuanto queramos, Morgan, pero eres mi mejor amiga.

-Y la única.

-Probablemente. Pero eso no importa-tímidamente, buscó sus ojos. Uno de ellos, era casi idéntico a los de la Gryffindor voy a sentarme y ver como te maltratan solo porque tuvimos un malentendido.

-¿Eso es lo que fue?

Si era honesta consigo misma, tuvo que pausar y rememorar, habiendo olvidado la naturaleza de su conflicto con Lily.

Ella asintió de manera energética.

-Me expresé mal, Morgan, y no sabes cuanto lo siento-le dijo, su voz derrochando sinceridad -No quise insultarte; es que,...-se detuvo por un momento, buscando las palabras adecuadas -he sido testigo de varios corazones rotos por Black, y no quiero que te suceda lo mismo.

Morgan se llevó una mano a la trenza, que se había atado en la base del cuello, y jugó con el resto,que caía como una cola de caballo.

-No tienes de qué preocuparte. Esto no es así.

Reacia, Lily asintió.

-Si dices que Black no es un patán, te creo.

-Oh no, definitivamente lo es-rió por lo bajo no arriesgaría a ser descuartizado por James por un simple rollo.

Lily asintió una vez más.

-Lo siento-repitió, su voz más baja y frágil.

Morgan se miró los pies.

-Yo también lo siento. Te dije algunas cosas bastante feas.

-Sí, lo hiciste-Morgan la miró mal, pero Lily sonrió avergonzada -;pero todas ciertas.

-Tenemos que aprender a manejar nuestra ira.

-Ciertamente.

La Gryffindor dudó un momento, pero luego se decidió y pasó un brazo por los hombros de Morgan, quien en regreso le rodeó la cintura con ambos. Llegaron a la enfermería, donde Madame Pomfrey correteaba alrededor de Bertúpido, quien gemía en un intento de dar lástima.

-¿Lils?

-¿Qué?

-Te extrañé.

Le dio un apretón al hombro.

-Yo también.

-¡Evans! ¡No lo puedo creer! ¡Tal comportamiento de una señorita! ¡Estoy muy decepcionada, jovencita! Espere a que Minerva llegue.

-Asistiré a tu funeral-prometió Morgan, acompañando a Lily hasta una camilla.

Solo recibió una mueca.


3 de Diciembre, 1976

Ministra de Magia destituida y en espera de juicio.

El título en negrita parecía quemarle los ojos, por lo que los desvió hacia la fotografía en blanco y negro debajo de este, donde una mujer alta con cuello de pelícano caminaba cabizbaja, siendo escoltada por dos aurores, uno de ellos, estaba casi segura, siendo Alastor Moody.

Algo estaba mal, y ella lo sabía. Estaba muy segura de que ningún ministro había enfrentado los cargos que caían sobre el regazo de la señora de la foto. Intentó buscar en los recovecos de su mente, todos los detalles que recordaba de la primera guerra contra Voldemort y sus seguidores, pero una ministra trabajando con mortífagos, firmando autorizaciones para el exterminio de hijos de muggle y sus familias, era algo que cualquiera recordaría.

No, eso debía ser algo que solo estaba sucediendo en su realidad. En la que ella vivía una mentira en una época en la que no era nacida, y a sus padres les quedaba menos de cinco años de vida.

Miró a la mesa de los profesores, y no le sorprendió encontrar la silla del director vacía. El cuerpo estudiantil, al igual que el docente, parecía estar demasiado ensimismado en sus pequeños grupos, comentando la noticia, como para notar la ausencia de Dumbledore, a quien con suerte se le veía para una comida al día. McGonagall captó su atención, y la mirada que le dio a la Slytherin le dejó en claro que sus pensamientos debían viajar por el mismo carril.

La chica volvió al artículo, escrito por no-Rita Skeeter, gracias a Merlín.

Dicho artículo se extendía por la primera plana, con varias comillas encerrando citas de estupefacción de varios trabajadores del ministerio, la mayoría concordando con lo inusual del caso.

Entrecerró los ojos a una cita en particular, de un tal Andrew Rosier.

"Es lamentable, pero debo decir que no sorprendente. Elizabeth mostraba un rostro inclusivo al público, pero tras puertas cerradas raramente cesaba de despotricar contra aquellos de sangre mestiza y muggles. Siempre tuvo un desprecio especial por estos; no quise creer que fuera a llegar tan lejos. Es una pérdida terrible; tantas vidas, tantos jóvenes magos."

Morgan levantó la mirada, encontrando a Rosier justo enfrente de ella, tres mesas delante junto a sus compinches de Slytherin. El chico la vio mirando y alzó su copa a modo de celebración. Le guiñó un ojo, pero entonces un chorro de agua le pegó en la cara, borrando su expresión de superioridad, siendo reemplazada por un profundo ceño.

James se guardó la varita justo al tomar asiento, su expresión un reflejo de la de Rosier. Sin decir nada, Sirius se sentó a su lado y comenzó a servirse un omelet.

-Maldito imbécil-masculló su hermano, apoyando los antebrazos sobre la mesa y cruzándolos, inclinándose sobre estos.

-¿Has leído esto?-preguntó Morgan, enseñándole el periódico.

James asintió.

-Le escribí a mamá. Esto me huele raro-dijo el chico, sirviéndose té. Sirius le robó la taza, pero James no pareció notarlo. Morgan le dio una rápida mirada de reojo, todavía preocupada ante su quietud, pero no hizo comentario cenó con nosotros un par de veces. Es,...excéntrica.

-Quiere decir que es rarita-habló Sirius, llevándose un dedo a la sien y dibujando círculos.

Morgan ocultó su sorpresa al escucharlo hablar, y James rodó los ojos.

-Sí, pero está lejos de ser una mortífaga. Y aunque lo fuera, me cuesta creer que la hayan atrapado. Es muy cuidadosa, hasta el punto de la paranoia.

-¿Crees que algo más está sucediendo?

Morgan pegó un salto y se llevó una mano al corazón, volteando para ver a Lily detrás, con la mochila colgada de los hombros y un par de tomos sujetos contra el pecho. Se removió sobre sus pies, como si no pudiera decidir si sentarse o no. Cuando Morgan le dio unos golpecitos al banco de madera, lo hizo, colocando la mochila en el suelo y los libros sobre la mesa.

James miró entre las dos; claramente tenía preguntas, pero no les dio voz.

-Probablemente-se encogió de hombros, moviendo la mano con intenciones de tomar su taza de té, para notar que ya no estaba ahí. Miró a Sirius (quien estaba demasiado ocupado engullendo su cuarto omelet) con ojos entornados y tomó otra taza -; o tal vez es muy buena actriz. Por eso escribí a mamá. Ambas trabajaron juntas por años. Mi madre es una aurora, y Lottie trabajaba para el departamento de Daño Mágico Colateral, por lo que colaboraban seguido.

Lily asintió, pensativa.

-Tal vez usaron la maldición Imperius. He leído varios artículos y columnas de magos y brujas que dicen haber actuado en favor de Quien-ya-sabes bajo sus efectos.

-Eso es lo más obvio-dijo Sirius, luego de pasarse el trozo de omelet con la ayuda del té.

Morgan atrapó su mirada por un momento y ladeó la cabeza. Sirius le dio una sonrisa imperceptible y continuó comiendo. Mirando de regreso a James, se prometió no olvidar hablar con él. Quería saber si había hablado con Sirius.

-Dumbledore no está-notó Lily, asintiendo en dirección de la mesa de docentes.

-Debe estar en el Wizengamot-respondió James, formando una casa con sus waffles. Tomó un tenedor, y procedió a apuñalar su desayuno repetidamente -Día de demolicióooon.

Morgan y Lily alzaron las cejas tanto, que se perdieron en sus líneas de cabello.

-Creo que él y Crewe son amigos. De seguro fue en su defensa-continuó Sirius, cambiando los omelets por panqueques. Dio una mirada fugaz a la prefecta -¿Ya terminó la pelea de gatas? ¿Cómo está Aubrey?

Las mejillas de Lily enrojecieron, pero Morgan rodó los ojos.

-No se de que hablas.

-Aaajá. Claro.

Lily le pidió prestado el periódico, el cual Morgan cedió enseguida. Imitó la pose anterior de James, con los antebrazos cruzados sobre la mesa, y preocupada, miró a la puerta del Gran Comedor, luego de regreso a la mesa docente.

A diferencia de sus acompañantes, no pudo terminar su desayuno. Sentía que había tragado una piedra, y si engullía algo, acabaría devolviéndolo en tiempo récord.

Las desapariciones de Dumbledore, los ataques a los muggles, y el juicio a Elizabeth Crewe estaban conectados, de eso se sentía certera.

Tenía un presentimiento, uno que la dejó con los pies helados y los pelos de punta, de que apenas estaban viendo la punta del Iceberg.


N/A: CHAN CHAN CHAAAAAAAAAAAAAAAAAN!

¿Qué estará pasando en el Ministerio? ¿A dónde carajos se va Dumbledore? ¿Llegará el día en el que me acostumbre a los brackets? No lo creo, pero no me va a detener de hacerlos sufrir.

¿Qué piensan del regreso de Lily? ¿Qué les pareció la pequeña escena con Regulus? ¿Cómo imaginan que está la cosa para él en casa? Eventualmente, revelaré más :3

En el siguiente capítulo, deberíamos estar en navidad, pero jejejeje, TODO SE VA A IR A LA MIERDAAAAAAAAAAA JAJAJAJAJAAJ

So, me nominaron para unos premios (gracias, gracias, no es necesario aplaudir), y supongo que lo apreciaría si me votan. No es como si eso fuera a garantizar un final tipo Disney para esta historia, pero si lo apreciaría :p

Gracias a blueeipss por encontrarme digna de nominación. Le dejo el link de los premios, por si lo quieren.

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IMPORTANTE: Ya está el one-shot de Draco, si señor, de Draco Lucius Malfoy. Y si van a mi perfil van a poder leer y sufrir un poquito más.

¡Besoooooos!