Capítulo 37: primera reunión.
No quiero ir- murmuró Hermione sentada sobre su cama con las piernas contra el pecho y la barbilla contra ellas. Llevaba horas en aquella postura, deliberando.
No vayas- le dijo Ginny inclinada al otro lado de su habitación, sacando cosas de su baúl y apilándolas a un costado con una mueca de disgusto. Había intentado mantenerse imparcial en la situación, pero era casi imposible. Odiaba a Malfoy por lo que había hecho y dudaba que pudiera cambiar. Sin embargo, había entregado su carta como acto de buena fe.
Pero quizá sea importante- razonó Hermione más para sí que para su amiga
Entonces ve- tiró algo del tamaño de un corazón humano que sospechosamente latía como tal.
Pero me duele verlo. Me duele saber de su existencia y me molesta haber creído en sus palabras-
Pues no vayas.- ahora sacaba una pequeña bola de pelos color rosa que parecía olfatear el aire de la habitación.
Pero si quiere verme debe ser por algo ¿verdad?- le preguntó mientras la contemplaba curiosa con el ceño fruncido.
Sí.- la pila crecía cada vez más a su lado
Pero no sé si pueda perdonarlo…-
Hermione, esto es más fácil de lo que piensas: o vas y averiguas lo que quiere y dejas por fin el tema, o decides cerrar completamente esa puerta y no volver abrirla nunca más. –
Ginny sonaba enfadada. Y de hecho lo estaba: la indecisión de Hermione sobre la cuestión Malfoy la estaba volviendo loca. Desde que había recibido la nota no paraba de murmurar por lo bajo y quedarse en silencio de a ratos contemplando la nada sin prestar atención a lo que nadie más decía. Y por esa indiferencia suya, no había oído que aquella misma semana Ginny había tenido una enorme discusión con Harry donde habían decidido que lo mejor era que comenzaran a ver a otras personas y ahora estaba decidida a deshacerse de todo lo que le recordaba a él.
Lo sé, es que…- comenzó pero su amiga la cortó
Si, si, él era diferente de lo creía, lo querías, te hubiera gustado que funcionara, bla, bla- se mofó con cierta malicia.
Si…-
Entonces dale una maldita oportunidad y escucha lo que tiene que decir. Si luego de eso no estas convencida, déjalo y haznos un favor a todos-
Ginny abandonó la habitación de un portazo dejando a Hermione muy confundida pero con una decisión en mente: iría.
Eran cerca de las diez de la noche cuando Hermione abandono la sala común de Gryffindor para dirigirse insegura a la biblioteca. La nota que Ginny le había dado decía que Draco estaría esperándola allí a esa hora y que si decidía no aparecer, él no la molestaría nunca más.
La puerta de la biblioteca estaba cerrada cuando Hermione llegó y temió por un momento que todo aquello se tratara de una broma de mal gusto. Golpeó la gruesa madera con vacilación y esta se abrió en respuesta.
Hermione nunca se imaginó lo que iba a encontrar ahí adentro:
Draco estaba sentado en uno de los sillones con la cabeza gacha. A su alrededor, las estanterías estaban corridas de su posición original formando un círculo que los encerraba a ambos. El olor a pergamino nuevo y césped recién cortado inundaban la sala y Hermione sintió una puntada de dolor en su pecho al verlo allí, al recordar todo lo que habían pasado juntos y como él le había decepcionado luego de prometer que intentarían hacer que funcionase. Se le contrajo el rostro por un momento antes de respirar profundo y recomponerse. Él había sido inteligente, reconoció, la había llevado a su lugar favorito en el mundo y lo había llenado de todo lo que a ella más le gustaba: libros, velas de colores y pergaminos.
Draco levanto la mirada desde el sillón y una sonrisa enorme iluminó sus duras facciones. Al instante se levantó para recibirla con los brazos abiertos. Parecía un ángel con aquel atuendo negro y el cabello arreglado, pensó Hermione, todo lo contrario a lo que realmente era.
Viniste- le dijo entre dichoso y aliviado. Realmente había temido que ella no apareciera.
Si- respondió simplemente sin dar un paso más. La habitación estaba cálidamente iluminada y el fuego ardía silencioso en la chimenea. Era un ambiente hogareño y acogedor.
Me alegro mucho- Draco se sintió repentinamente incómodo, como si no supiera que hacer, como moverse o que decir. Había pasado horas practicando con Pansy su disculpa, pero ahora se encontraba frente a la misma mirada que había visto la última vez, una cargada de dolor y decepción y no supo bien que hacer.
¿Qué quieres Malfoy?- pregunto con frialdad. Si bien se había impresionado al principio, no iba a ceder con tanta facilidad
Yo…- empezó pero no pudo continuar. El aire alrededor de ambos parecía haberse enfriado al escucharla llamándolo por su apellido como en los tiempos en que eran rivales y enemigos y se preguntó si de hecho ya no era muy tarde para todo lo que quería hacer
No tengo mucho tiempo. Di lo que tengas que decir así puedo marcharme- espetó, enfadada por la falta de decisión del chico.
Lo siento.- fue todo lo que pudo articular.
Yo también.- respondió Hermione girando para marcharse con la espalda tensa.
Pero Draco no iba a dejar que su oportunidad se escapara tan fácilmente. En una exhalación el chico estuvo a su lado y la tomó de la mano. Un escalofrío, seguido por una ligera descarga eléctrica los recorrió a ambos, pero el rubio se negó a soltarla.
Lo siento. Lamento cada instante que tuviste que pasar conmigo, lamento haberte arrastrado hacia este pozo de maldad que soy. Lamento cada lágrima y cada momento de terror que pasaste a mi lado. Lamento haberte conocido, siento haberme acercado a ti sabiendo que te destruiría- escupió Draco con toda sinceridad. Hermione se volteó para mirarlo con sorpresa y se perdió en la mirada gris de Draco- Hermione, debes saber que siempre fui así y es por eso que desde el principio intente alejarte: destruyo todo lo que toco porque sé que no merezco ser feliz. Esperaba que mi destino cambiara a tu lado, pero parece que estoy simplemente condenado.
Hermione no le quitaba la vista de encima. Draco parecía derrotado, herido y rendido.
Te amo. Eres la mejor cosa que podría existir para mí y te lastimé. Y ahora solo veo en tus ojos todos mis errores, toda mi oscuridad. Esperaba poder cambiar eso, pero ahora veo que es tarde. No hay nada que yo pueda hacer pues me odias. Y tienes razón. Yo también me odio, desde lo más profundo- le soltó la mano y se alejó.
Draco tenía lágrimas en los ojos. No había planeado aquello cuando había ensayado con Pansy, pero ahora sus palabras salían solas de su boca y sabía que todo era cierto. Hermione seguía sin moverse, aun escuchando.
Iba a disculparme, a pedirte que me perdones, que olvides lo que pasamos y comencemos de nuevo, pero ahora veo que es imposible. No me perdones. No me perdones porque ni yo mismo puedo hacerlo. No me perdones pues no soportaría tu mirada de compasión, tu lástima. Ódiame como lo haces y yo viviré con eso.
Quiero odiarte- habló por fin la chica y sus palabras lo cortaron como un cuchillo.- quiero odiarte desde lo más profundo de mi alma. Quiero que vuelvas a ser mi enemigo, aquel que yo tanto detestaba. Lo deseo como nunca desee nada en esta vida- Draco agachó la cabeza y se dobló de dolor al oír sus palabras frías como acero. Cada palabra que pronunciaba lo hería más y más. Tal como lo merecía. - pero… yo no puedo hacerlo.- concluyó.
Si, si puedes. Recuerda todo lo malo que he hecho. Recuérdalo todo, y ódiame.- rogó, quizá así su vida fuera más fácil.
Lo recuerdo. Ni por un segundo logro olvidar lo que hiciste, pero no logro encontrar la fuerza para odiarte. Mi corazón aún palpita de alegría cuando te ve y mi estómago aún se llena de mariposas cuando me hablas. Mi cabeza sabe que no está bien, pero no puedo evitarlo. No puedo dejarte ir.
Yo no quiero dejarte ir. No quiero que te alejes, no quiero soltarte.- aferró con fuerza la pequeña mano de Hermione, como si de un salvavidas se tratase
Pero duele. Amarte duele.-
Un silencio se apoderó de la habitación. El tiempo se había detenido para ambos. Draco no sabía que decir pues todas sus ideas era una súplica y no quería que Hermione estuviera con él solo porque él se lo había rogado.
¿me amas?- se atrevió a preguntar Malfoy lastimeramente.
No lo sé- contestó con sinceridad Hermione sin mirarlo a la cara
¿podrás perdonarme? -
No lo sé.-
Quizá…- comenzó y tomó una decisión. Acercó de un tiró a Hermione, la rodeo con sus brazos y sostuvo su dorada mirada unos segundos antes de besarla. El beso les recordó a ambos porque estaban allí: se amaban y no había duda de ello. Sus bocas se reconocieron instantáneamente y el ritmo se sus corazones se sincronizó.
Hermione había tomado su decisión cuando Draco la apartó de un empujón.
Draco…- susurró pero su mirada de dolor la detuvo
No. Así no. No puedo soportarlo.- gimió y se dejó caer de rodillas junto a ella.
Draco… - volvió a decir Hermione conmovida más allá de las palabras. Aquello había sido toda una revelación: él no se perdonaba. Él no podía convivir consigo mismo y no había nada que ella pudiera decir o hacer que cambiara su concepción de sí mismo.
No puedo. No puedo. No te merezco, no así- su voz sonaba rota, cargada de pena.
Tú y yo… quizá no seamos tan buena idea- concluyo Hermione por encima de los lamentos de Draco. Este alzó la mirada, casi contento por escuchar aquellas palabras, como si fueran el castigo que él sabía que merecía.
La chica se liberó del agarre de Draco y se dirigió a la puerta de la biblioteca sin mirar atrás.
Aun así yo…- dudó y se marchó por la puerta, dejando a Draco en el suelo de la biblioteca, conteniendo con esfuerzo las lágrimas.
