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Aquí una nueva entrega de esta serie.

Espero les guste.


Disclaimer:

Prince Of Tennis no me pertenece.


Resumen:

Sakuno era una niña hermosa sin duda alguna, le encantaba todo tipo de juguetes pero sobre todo esa muñeca que no dejaba que nadie tocara, era un regalo de él que le había dado cuando eran niños, si alguien osaba ponerle un dedo encima lo mataría seguramente, sin embargo, ahora que Gakuto había tirado chocolate sobre ella se estaba haciendo la fuerte y eso le dolía porque su compañero era el causante de su dolor... si definitivamente esa muñeca era demasiado valiosa para ambos


Muñeca

Se detuvo al verla gritarle que no debía ir más allá de los límites establecidos de su habitación - Vamos, quiero jugar más - jamás se comportaba como un niño pequeño pero es que le era inevitable comportarse cuando se trataba de ella porque lo único que deseaba era estar siempre a su lado riendo, justo como ahora pero ella tan solo lo miraba levemente furiosa por casi tirar esa muñeca, la observo salir de la habitación a contestar el teléfono así que dio media vuelta observando esa muñeca, la cual atesoraba demasiado.

- No puedo creer que aun tenga esto - murmuro el chico escuchando una risa traviesa detrás de si - La tengo porque tú me la regalaste - aseguro ella despojandolo de la misma para volver a colocarla en su mismo lugar - Sin embargo, la cuidas demasiado - aseguro este con una leve sonrisa mientras se colocaba detrás de Sakuno para tomarla por las caderas sintiendo su leve temblor - ¿Q-Qué haces? - pregunto esta mientras trataba de librarse pero él la sujeto un poco más fuerte acomodandose en el hueco de su cuello.

- Quedate así - pidio este mientras caminaban a la cama para recostarse con ella, estaba levemente cansado porque había entrenado demasiado con sus compañeros y él había sido quien había terminado más cansado puesto que su entrenador en verdad no le tenía ninguna piedad, en momentos como estos odiaba ser el Rey pero no dejaría para nada ese puesto, era suyo y siempre lo cuidaría costara lo que costara - S-Si - contesto ella mientras él se acomodaba en su pecho como niño pequeño, sus latidos se hicieron pausados poco a poco.

Sakuno desvío un poco la mirada a esa muñeca, le encantaba demasiado porque su novio se la había regalado cuando contaba con siete años y él con nueve, no había sido por su cumpleaños sino porque le había prometido algo, aunque quiza él ya no lo recordaba.


Algunas niñas de la escuela la habían molestado diciendo cosas como que parecía una muñeca y que si era acaudalada porque asistía a una escuela como aquella, en primera no parecía una muñeca al menos ella no lo pensaba así y en segunda no era acaudalada, aunque todas las personas se hacían esa idea porque tenía como amigo al gran Atobe Kiego, heredero de un gran emporio, sus padres eran considerados mucho más que nobles, ella no tenía tanto dinero, era de clase media así que por eso asistía a esa escuela.

Abrio la puerta de la casa, sabía que no había nadie así que camino a su habitación para cerrar la puerta con llave, los niños podían ser crueles y con ella lo estaban siendo, siempre le jalaban el cabello o le hacían burla sobre sus ojos, varias lágrimas se deslizaron sobre sus mejillas y no las detuvo, era odiosa la escuela, no quería volver, quería quedarse en casa para siempre, no deseaba que le hicieran más burla sobre su aspecto, era lo que más odiaba.

No había salido de su habitación para nada, su madre estaba preocupada pero ella no abriría la puerta en lo absoluto, no quería que nadie la viera con los ojos llorosos, su padre siempre decía que tenía que ser fuerte y no quería defraudarlo aunque ya lo estaba haciendo, sentía un nudo en la garganta terrible, se escucharon algunos toquidos en su puerta pero tan solo se abrazo más a sus rodillas, era de noche, lo sabía porque su ventana estaba abierta por lo que entraba una leve brisa - Sakuno - de inmediato alzo la cabeza al escuchar la voz de Keigo.

- Abre - pidio este pero ella nego con la cabeza, no lo haría, no deseaba que la viera así, en un estado tan lamentable, tan solo tenía siete años y ya estaba aprendiendo a odiar a todo el mundo - N-No quiero - le contesto a su amigo porque sabía que él escucharía lo que había dicho - Si esa es tu respuesta Ore-sama se marchara y no volverla jamás - aseguro este, escucho algunos pasos y se levanto de inmediato para abrir la puerta abriendo los ojos asombrada de verlo allí de pie, al parecer había sido una trampa.

Trato de cerrar la puerta pero le fue imposible porque este tenía más fuerza, él cerro detrás de si y le revolvio el cabello con una suave risa - ¿Te ha pasado algo malo? - pregunto este caminando a su cama para tomar asiento sobre esta haciendo un ademán para que ella tomara asiento a su lado - L-Los niños me molestan... dicen que soy una muñeca - Keigo la observo, pues si parecía una porque sus ojos eran grandes, no tenía pecas en las mejillas pero estan siempre estaba teñidas de un leve carmesí además su cabello estaba acairelado.

- Pero si eres una muñeca - aseguro este como si nada observando que los ojos de ella se empañaban más, de inmediato se arrepintio por lo que dijo y antes de que ella comenzar a llorar coloco una bolsa delante de sus ojos - ¿Q-Qué es? - pregunto la pequeña niña tomando entre sus manitas la bolsa para extraer de esta una caja que tenía un moño blanco - Es un regalo, te he dado miles no tienes porque sorprenderte - aseguro el niño con una leve sonrisa observando el leve sonrojo de la niña que comenzo a quitar el moño con cuidado.

Abrio los ojos asombrada al observar una muñeca, de ojos grandes de color verde claro, su cabello estaba acairelado y tenía una rosa del lado izquierdo, tenía pecas en las mejillas, un vestido floreado además de unos zapatitos blancos, iba a decirle tres verdades por ese regalo cuando este coloco sus labios sobre los suyos, era su primer beso y se lo estaba dando Keigo, este se separo de ella y la abrazo, se quedo quieta - Cuando cumplas 18 años seras mi esposa, así que no te enamores de nadie más que de mi, prometo que te hare feliz Sakuno - aseguro este.

Sonrió levemente mientras este se acomodaba en su pecho, ella era la niña pequeña pero él lo parecía más, desde ese día había cuidado esa muñeca con su vida, no dejaba que nadie le hiciera algo, no dejaba que nadie la tocara si quiera.


Los compañeros de él habían venido a su casa así que estaban en su cuarto, había prometido prepararles algo y ellos deseaban conocer el ambiente de la habitación de la novia de su capitán, se escuchaba que estaban peleando o algo así, no le importaría si rompían algo pero estaba preocupada por su muñeca, Keigo tomo entre sus manos el té pues ellos querían más excepto Gakuto que no había terminado de beber el suyo, él subio primero mientras ella partía el pastel para las visitas.

Atobe abrio la puerta y observo a Gakuto con algo detrás de la espalda, de inmediato dirigio su vista a la muñeca de su novia y no estaba allí, dejo la bandeja y tomo la muñeca entre sus manos, maldijo de inmediato - Le pedire disculpas de inmediato - aseguro el pelicereza tomando entre sus manos la muñeca - Aquí esta el pos... - su novia no termino de hablar al ver el objeto que más deseaba en las manos del compañero de su novio bañado en té, de inmediato Oshitari tomo la bandeja y la deposito sobre la mesa.

- Sakuno - la llamo pero ella tan solo sonrió levemente - Me duele la cabeza, lamento esto pero quiero estar sola - de inmediato tomaron sus cosas para salir de allí haciendo una reverencia rápida - Sak... - ella nego con la cabeza, al parecer tampoco deseaba verlo a él - Por favor quiero estar sola - tomo sus cosas y salio de allí, ella quería estar sola y tan solo deseaba que su dolor no aumentara más.


Habían pasado tres días desde el accidente y ella no había asistido a la escuela, su madre estaba preocupada porque no dejaba a nadie entrar a su habitación, así que camino por las escaleras hasta detenerse en su puerta, toco pero ella no abrio - Abre - hablo y no escucho nada, tan solo el ruido del colchón, era claro que ella no iba a abrir - Vete - le contesto ella, retrocedio sobre sus pasos y abrio la puerta con una patada, de inmediato su novia se levanto no creyendo lo que había hecho.

- ¡Keigo! - le reclamo furiosa pero él tan solo coloco una bolsa delante de sus ojos, ella la tomo y camino a la cama para que su novia tomara asiento a su lado, tan solo sonrió levemente, extrajo una caja con un moño blanco, con movimientos pausados abrio la caja encontrandose con una muñeca idéntica a la que tenía, antes de que ella dijera algo la beso suavemente, se separo de ella instantes después y la abrazo - Quiero que seas mi esposa, quiero pasar el resto de mi vida contigo, no llores nunca más, prometí que te haría feliz y lo hare - Sakuno se separo de él con una leve sonrisa.

- Q-Quiero ser tu esposa - aseguro ella mientras abrazaba la muñeca... si definitivamente esa muñeca era demasiado valiosa para ambos, no había olvidado la promesa porque desde que la había conocido ella estaba destinada a ser suya sin duda alguna, la beso nuevamente, la amaba demasiado y no deseaba verla llorar de nueva cuenta por eso Gakuto llevaba tres días corriendo el triple que los demás pero ella no se enteraría de eso, sonrió, sin duda alguna siempre la protegería de todo.


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Espero les haya gustado.

Gracias por leer.