Hola! Sinceramente pido disculpas por todo lo que he tardado… verán… este capítulo ha resultado algo complicado… jejeje es mi primer lemon, esa es la razón n.n' espero que tengan paciencia, intenté hacerlo lo mejor posible y me ha costado bastante redactarlo… Comencé leyendo varios lemons y de ellos tome algunas ideas, luego intenté adaptarlo a mi propio estilo. Espero que sea de su agrado… y si pues no les gustan los lemons, recomiendo que no lo lean...
Y pues... bueno, por razones obvias he decidido comentar primero. Y bueno, solo quiero agradecer todos sus reviews, de verdad :) Y pues una vez mas, disculpen la tardanza.
Capitulo 37: Fallida Imposición
En tanto a los días lograron transcurrir tranquilos, no había inconveniente alguno en el mejoramiento de la Kunoichi que estaba destinada a ser su esposa.
Durante las mañanas se dedicaba a ocuparse de los insistentes preparativos anticipados que se estaban llevando a cabo para la boda, durante la tarde solo reposaba en su oficina, leyendo expedientes y realizando incesantes firmas y anotaciones. Finalmente, durante la noche regresaba a su habitación donde ella siempre lo esperaba con una tímida sonrisa, aún reposando en su cama, generalmente con una bandeja ya sin comida sobre su mesa de noche.
Tal vez, ver su dulce sonrisa, sus ojos brillantes y cargados de afecto eran la razón de por qué ahora veía sus días con otros ojos.
-¿Cómo te sientes hoy?- era su pregunta de siempre, tras cerrar la puerta a sus espaldas, dándole pasó a una intimidad que solo ellos poseían desde hacía unos cuantos días.
-...Mejor.- aseguró brindándole otra sonrisa, esta vez aún mucho más animada.- Mis heridas ya casi cicatrizaron del todo y no duelen mucho. La doctora dijo que en un par de días podré ser capaz de volver a retomar mi vida pero con lentitud...
-Eso quiere decir que podrás dejar de permanecer en reposo las veinticuatro horas del día... –agregó Gaara sentándose a su lado con una expresión calmada al mismo tiempo en el que comenzaba a acariciar con ternura sus largos cabellos negros.- No sabes cuánto me alegro de que así sea...
Hinata asintió con la cabeza y alzó sus brazos al Kazekague para así acercar su cabeza a su pecho, fundiendo su cuerpo con el suyo en un abrazo.
-Gracias Gaara... por dejarme permanecer aquí... contigo... –murmuró la chica.
-No tienes por qué.- el Kazekague acarició su cabeza con ternura.- Lo hago porque sabes cuánto te amo, y porque eres mi prometida, y pronto serás mi esposa... es lo menos que puedo hacer...
Sus ojos aguamarina observaron como los perlados de Hinata lo observaban con completa fascinación antes de que la chica juntara sus labios con los suyos, aún sonriente. Gaara correspondió a su beso, acercándola aún más a su pecho y recorriendo su largo cabello con sus dedos.
En cuanto comenzó a ahondar el beso, introduciendo su lengua en su boca, Hinata lo detuvo y desvió su mirada con sus mejillas encendidas.
-Gaara-Kun... quería preguntarte... algo que me ha mantenido en duda durante un par de horas...
Este solo frunció el seño, sin comprender.
-¿Qué sucedió con la mujer que cuidaba de mí... la ayudante de la Kunoichi médica que estaba al tanto de mi salud?- inquirió la chica.
Gaara parpadeó un par de veces antes de responder, aunque luego sonrió apenas.
-Enfermó esta mañana... y la primera persona que se ofreció a tomar su lugar...
-...fue Matsuri... –finalizó Hinata, desviando su mirada.
Asintió sin comprender el porqué de su voz desvaída, ni tampoco el porqué del cambio tan brusco de su comportamiento. Era verdad que Matsuri había sido quien se había ofrecido en un principio a tomar el lugar de la Kunoichi que estaba ayudando a la Shinobi médica de Hinata. Por supuesto que no había encontrado ningún problema en el asunto, tal vez Matsuri ya había asimilado que su verdadera felicidad reposaba junto a Hinata, y tal vez solo quería ayudar... esas buenas intenciones fueron las que se le vinieron a la mente en cuanto accedió a la petición de su ex alumna.
-¿Ocurrió algo con respecto a ella...?- preguntó el joven hombre.- Porque si lo hay, no tendré problema en complacerte.
Hinata rápidamente negó con la cabeza.
-Por supuesto que no... –repuso, luego le brindó una sonrisa cargada de ternura.
Realmente si existía un problema. Matsuri no paraba de incomodarla a cada momento desde que debía verla cada seis horas cuando esta le llevaba a la cama su medicina la cual la shinobi medica le había recetado. No dejaba de mirarla fijamente, como si la taladrara con la mirada, brindándole una sonrisa ciertamente falsa, guardando tras ella un infinito rencor tal vez con sus comentarios algo sarcásticos y dolientes.
-¿Estas segura?- inquirió el de ojos aguamarina.
La chica Hyuga asintió una vez más. Él prefirió no insistir y besó su mejilla con ternura, luego de eso se acercó más a su cuerpo, tendiéndola sobre la cama y recostándose a su lado, como hacía todas las noches, mientras que sentía como las suaves manos de su prometida dejaban una leve caricia en su espalda antes de rodearlo por completo con sus brazos, fundiendo ambos cuerpos en unas caricias, palabras y algún corto beso. Algo que producía que el tiempo ya no importara hasta que uno de ellos, o ambos, se quedaban completamente dormidos en los brazos del otro.
Esas semanas que había pasado durmiendo junto a ella, no se había atrevido a tocarla en el sentido de aprovechar aquella intimidad que ahora tenían... Era consiente perfectamente de la situación de Hinata, del dolor que debería haber sufrido al tener que pertenecerle a otra persona a costa de no ser por su propia voluntad... No quería que por su culpa reviviera aquello, no quería que en su rostro viera a la persona que causó sufrimiento en ella aquella vez... No deseaba dañarla, y por más que se había planteado incontables veces el intentar dar algún paso con ella, siempre se retractaba en el primer momento.
Pero a pesar de eso, estar con ella era algo que disfrutaba cada día...
Pero ese día, cuando Matsuri entró por la puerta con desesperación, supo que su mundo no tardaría en venirse abajo.
-¡Gaara... es una urgencia, ven rápido!
El Kazekague no tardó en dar un respingo en su asiento tras su escritorio, lo mismo había ocurrido con Naruto que en aquellos segundos había estado dándole el informe semanal de la misión en la cual consistía en encontrar al menos el mínimo rastro de los Shinobis que los habían atacado... sin resultados aparentes hasta el momento...
Caminó con prisa por los pasillos, siguiendo las indicaciones apresuradas de Matsuri.
-Estaba por darle su medicina diaria, como todos los días, pero antes de que me marchara, cuando se levanto para ir al baño, comenzó a marearse y por poco se desmaya... Ahora la recosté en su cama, y ha levantado mucha fiebre en pocos minutos.
Gaara entornó su mirada y caminó aún más deprisa que antes, entrando en la habitación mucho más rápido que Matsuri. Al ver a la chica de ojos perlados cubierta de frío sudor y con un gesto notable de dolor, sus latidos cardiacos desaceleraron y volvieron a acelerar en un instante.
-Llama a la médica.- dijo con rapidez a la vez en la que se acercaba a ella y tomaba su tibia mano.
Matsuri asintió y salió de la habitación a paso rápido. En menos de unos diez minutos ya estaba de regreso con la mujer por la cual Gaara había pedido la cual tomó lugar a su lado y volvió a realizarle revisiones.
-Sera mejor que la dejemos sola.- murmuró el Kazekague poniéndose de pié.- Vámonos Matsuri.- agregó cerrando la puerta a sus espaldas.
En cuanto volvieron a encontrarse en el silencio del corredor, Gaara giró sobre sus talones y caminó lentamente, alejándose de ella.
-¿No vas a esperar a los resultados...?
-Iré a darme un baño primero.- respondió sin mirarla y sin dejar de caminar.- Necesito hacerlo.
En cuanto se dio la libertad de estar solo, en la intimidad de aquel baño, abrió la ducha de agua fría y rápidamente se metió bajo ella. Dejando que su cuerpo entero se helara, que el frío recorriera cada centímetro de su piel con libertad mientras posaba su cabeza en la pared frente a él.
Su cabello rojizo se interpuso entre sus ojos, pero no le dio importancia. El frio comenzó a calar sus huesos y sus lágrimas tibias se mezclaron con el agua.
Todo era por su culpa, todo lo que le ocurría era por su causa… todo por sus errores, siempre ella era quien los pagaba… y ahora… ahora volvía a sufrir… sufría lentamente, en silencio, siempre en silencio, perdonando sus faltas… todos y cada uno de sus errores… toda la culpa de sus martirios… pero ella solo sonreía, recordándole que todo estaba bien… que se encontraba bien…
Recordó una vez más la vez en la que su mirada se había hecho desvaída antes de cerrar sus ojos una vez más, presentando sus labios con una leve sonrisa que luego se desvaneció para volver a caer en un sueño que no había estado seguro de cuando despertaría…
Golpeó la pared con fuerza, haciendo un pequeño hueco con el puño de su mano la cual comenzó a sangrar y a doler por el impacto. Apretó sus dientes, probando el sabor de las lágrimas mezcladas con el agua una vez más… Siempre decía que ya no se permitiría más errores… pero los seguía cometiendo… uno tras otro… una y otra vez…
-Parece que algo no anda bien... –La mujer entornó su mirada una vez que cerró la puerta a sus espaldas, con la tensa mirada del Kazekague clavada en ella.- Parece como si todo se estuviera revirtiendo... o tal vez empeorando... – Sus ojos se dirigieron a Matsuri.- Quiero que a partir de este momento se le cambie la medicación, tal vez es momento de probar algo más fuerte.
La chica asintió sin miramientos.
-Yo me haré cargo.- interrumpió Gaara.- A partir de este momento. Yo seré quien permanecerá a su lado las veinticuatro horas del día y quien se encargará de ella en todo lo que necesite.
-¿Pero... qué hay de sus obligaciones como Kazekague?- inquirió la mujer, sorprendida.
-Kankuro puede suplantarme por unas semanas si es necesario... yo le daré las indicaciones desde este lugar, él solo será mi intermediario... –Gaara observó a su prometida.- Ya no puedo permitirme más errores...
Así fue como él mismo se encargó de cuidar de ella durante un par de días en los cuales su salud fue mejorando de a poco. Cuando observó como su temperatura volvía a bajar después de horas y horas de fiebre, una expresión calmada surcó su rostro entero y besó su frente, aún algo angustiado por ella, pero a la misma vez feliz de verla bien.
-Lamento lo que ha pasado… -murmuró la chica Hyuga al tercer día, el primero en el que no despertaba con fiebre.
Gaara negó con la cabeza.
-No hay de que, Hinata. Fue algo inesperado, no tienes la culpa de nada…
-Gaara… -ella, en cambio, entornó la mirada y se acomodó mejor, sentándose en la cama y sujetando una de sus manos con tristeza.- …en realidad, yo… te he estado mintiendo… Cada día me había estado sintiendo más débil pero… no quería preocuparte… ya demasiados problemas te he causado para que ahora… debas dejar todo por mi culpa…
El joven hombre solo entornó la mirada, aún preocupado. Observó lentamente como unas revoltosas lágrimas de pena asomaban por los ojos perlados de su amada y recorrían sus mejillas con rapidez.
-Ya no importa… solo me interesa que te recuperes y que me dejes al tanto de todo lo que sucede contigo...- Gaara alzó su mano para limpiarlas pero Hinata se alejó de él.
-Hay algo más que debo decirte.- Repuso ella, en cambio, bajando la vista otra vez con incomodidad.
-¿Qué?
-¿Recuerdas... cuando te dije que yo... le pertenecía a... alguien más...?
El Kazekague asintió con la cabeza, sintiendo sus latidos acelerarse en su pecho... ¿Que es lo que estaba a punto de agregar sobre aquello...? Acaso... ¿Le revelaría la identidad del hombre que se había aprovechado de ella...? Frunció el seño un poco más, sintiendo las ansias arder en su cuerpo entero por saber la verdad... por comprender de una buena vez a quien era al cual odiaba tanto...
-Mi padre... él... –su voz se quebró antes de continuar y negó violentamente con la cabeza.- El me obligó a que te dijera eso... quería... él quería que te alejaras de mi para siempre... Me dijo que... que si volvía a verte en algún momento, utilizara esa excusa para que me odiaras y te fueras... para que ya no me quisieras...
Cubrió su cara con sus manos, llena de vergüenza por lo que había hecho. Su cuerpo comenzó a temblar un poco, de nervios que sentía. Mucho más cuando sintió las tibias manos de Gaara sobre sus muñecas.
-Hinata... – La chica alzó un poco sus perlados ojos para encontrarse con aquellos aguamarina que la observaban atentamente.- ¿Es eso cierto?
Ella asintió y luego de eso recibió una sonrisa por parte de su prometido.
-Eres una ingenua, no sería capaz de abandonarte perteneciéndole a alguien o no... Siempre seguirás siendo quien eres...
La chica entornó su mirada, sintiendo una inmensa alegría al oír sus palabras antes de alzar sus manos hacia las mejillas de Gaara y posar un delicado beso en sus labios con un leve "Te amo". Sus labios no tardaron en ser correspondidos, una y otra vez en unos cortos besos que pronto se convirtieron en unos cada vez más profundos.
Hinata fue la primera en separarse de él, con sus mejillas completamente enrojecidas por aquello. Gaara entornó los ojos y se acercó más a ella para besar su mejilla tras una leve sonrisa.
-Gaara-Kun... –murmuró la chica, sujetándolo al abrazarlo por el cuello, para que no se alejara de su lado.-...quiero que solo seas tú el único al que le pertenezca...
La mirada levemente perturbada que recibió produjo que su rostro entero enrojeciera de vergüenza, pero esa vez estaba decidida, quería a solo un hombre en su vida, y esa persona era la que ahora se encontraba a su lado, cuidando de ella, de su entera salud...
-¿Estas... segura...?- musitó el Kazekague, mientras sus mejillas también tomaban un tinte rojizo.
Hinata le sonrió, aún avergonzada. Sus dedos finos acariciaron una vez más la rojiza cabellera del chico y acercó sus labios a los suyos, los cuales fueron correspondidos con cierta torpeza debido a la turbación. Ella fue quien instó a Gaara a que abriera más sus labios y ambos introdujeron sus lenguas dentro de la boca del otro, inspeccionando cada rincón en medio de un fuerte abrazo que fundía sus cuerpos el uno con el otro.
El cuerpo de la chica se pegó más al suyo, instándolo a que la abrazara con mucha más fuerza. Gaara se separó de sus labios y la observó directamente a los ojos, unos que le devolvieron una mirada cargada de cariño, pero decididos, decididos a entregar todo lo que poseía solamente a la persona a la cual años había amado… Quería demostrarle con aquella mirada cuanto lo deseaba, y cuanto anhelaba que Gaara sintiera lo mismo por ella, que la consintiera…
Y él pareció comprenderlo, volvió a besar sus labios aunque esta vez comenzó a bajar sus besos hasta su mentón, luego hasta su cuello, besando cada rincón de su piel, dejando una marca en cada centímetro de ella que ardía como si de fuego se tratara. Cada vez más, el deseo por Hinata comenzaba a hervir en su cuerpo.
La hoyó gemir levente cuando introdujo sus manos debajo de la blusa Shinobi que traía puesta. Entrecerró sus ojos mientras sus dedos dejaban un delicado recorrido por su piel, subiendo por su vientre y desviando su recorrido por su espalda antes de sujetar la molesta prenda y deslizarla por su cabeza, quitándola de su cuerpo en tanto un agudo escalofrío comenzó a recorrer su entera columna, produciendo que la espalda de la Kunoichi se arqueara.
Sonrió apenas al observar su pequeño pero bien formado cuerpo, aunque se separó mas de ella y la observó a los ojos otro eterno instante, dudando aún en proseguir. Las mejillas de la chica habían tomado su punto máximo, hirviendo casi, y sus labios continuaban entreabiertos al respirar ella con cierta dificultad.
-No debería… -murmuró Gaara, entornando la mirada.
-N-No te detengas…- Lo interrumpió la chica abrazándose más a su cuerpo, rodeando su cintura con sus piernas, sintiendo sobre su propia intimidad el deseo que Gaara estaba sintiendo por ella.
El Kazekague gimió un poco, luego intentó aparatarla.
-No quiero lastimarte.- agregó, hundiendo su rostro en el cuello de Hinata y besándolo otra vez.
-No lo harás.- aseguró.- Esto es lo único que quiero… quiero pertenecerte solamente a ti…
No se hizo rogar, se alejó y la sujetó por la espalda para ella que hiciera lo mismo y se sentara frente a él. Hinata comenzó a besarlo otra vez mientras sus torpes manos intentaban quitar la blusa negra que Gaara llevaba puesta. Este la ayudó a hacerlo, arrojándola al otro lado de la habitación también.
Comenzó a sentir como la chica posaba cortos besos por su pecho, que quemaban fervientemente, tal y como él había hecho con anterioridad, aunque esta vez, los besos de la chica bajaron hasta su vientre, y luego a sus caderas, a la vez en la cual lo incitaba a quitarse el resto de su ropa. Sin problemas de deshizo de sus pantalones y la instó a recostarse nuevamente, volviendo a besar sus labios, dejando leves caricias en su cabello, luego en sus manos y por ultimo volvió a bajar desde su cuello hasta su brasier.
Lo quitó con delicadeza mientras bajaba aún más sus besos hacia sus pechos, comenzando a juguetear con sus pezones, introduciéndolos en su boca. Excitándose cada vez más a medida que la oía gemir de placer, sintiendo como ella se removía incómoda bajo su cuerpo, intentando resistirse pero a la vez cayendo presa bajo su poder, como una ferviente esclava del deseo que estaba sintiendo, de poseerlo solamente para ella.
Hinata cerró los ojos y las manos en puño con fuerza, aquel placer que estaba comenzando a embargar su cuerpo lentamente, había acelerado su trayecto. Sus piernas, aún rodeando la cintura de su compañero, se tensaron y su intimidad comenzó a humedecerse cada vez más. Una de las manos de Gaara se posó sobre su pezón libre y comenzó a juguetear también con este, excitándola más mientras sonreía malévolamente.
Entre sus gemidos le había musitado que se detuviera, pero no fue demasiado audible su voz, a la vez, no deseaba que aquello terminara. Alzó más sus caderas hasta rozar las de Gaara, sintiendo su miembro eréctil, tan excitado como ella lo estaba, aunque lo holló gemir también cuando su intimidad hizo contacto con la suya, y aprovechó aquello para presionarla sus caderas contra la de él con más fuerza.
Gaara liberó su pezón y alzó sus ojos aguamarina a los suyos con un gesto de rencor.
-Eres una malvada… -murmuró, a lo que la chica le respondió con una sonrisa desvaída.
Ella volvió a rodearlo con sus brazos y volvió a hacer contacto su boca con la suya, volviendo a presionar sus caderas contra las suyas, moviéndola, sabiendo cuanto lo estaba torturando, oyendo los gemidos excitados de su amante entre sus besos.
-No pares.- rogó.
-No lo haré… - respondió rápidamente al momento en el que sentía como Gaara también comenzaba a mover sus caderas al igual que ella.
El Kazekague bajó sus manos hasta la ropa interior de su prometida y comenzó a bajarla por sus piernas hasta que consiguió quitárselas por completo, dejando su cuerpo completamente desnudo bajo el suyo. Su respiración agitada, al igual que la de ella, era lo único que se oía en la habitación. Rápidamente se deshizo también de lo poco de ropa que le quedaba hasta permanecer igual que ella.
Después de aquella mentira, después de que había creído que Hinata había pasado con otro hombre por lo que estaba pasando en aquel momento con él, no había podido negar que saber que él iba a ser su único poseedor lo hacía sentirse lleno de orgullo. Volvió a acercarse a su boca, Hinata se encontraba completamente tiesa ahora, tal vez temerosa, pero solo sonrió apenas y le dio un corto beso en sus labios para infundirle confianza, hasta que lentamente aquel beso comenzó a encender aquella pasión que culminaba entre ellos segundos atrás, tal vez mucho más en aquel instante.
No quería culminar con lo que había comenzado aún, quería seguir haciéndola "sufrir" un poco más, quería que ella lo deseara tanto como él la deseaba a ella… quería que el grado de su éxtasis llegara a tal punto que tuviera que rogarle que se apoderara por completo de su cuerpo…
Una de sus manos volvió a deslizarse por el pecho de la chica, dejando tras sí, lentamente, un camino marcado con fuego. Las yemas de sus dedos se deslizaron por su vientre hasta sus caderas y se introdujeron en su húmeda intimidad. Volvió a oírla gemir de placer, eso le produjo volver a sonreír, comenzó a entrar y salir de ella. Sus gritos de placer lo excitaban cada vez más, aunque pronto obtuvo su venganza cuando se percató de cómo las manos de Hinata tanteaban su miembro y comenzaban a masajearlo, sobreexcitándolo también, vengándose de su picardía.
Ya no podía soportarlo más, en cualquier momento explotaría. Entornó los ojos, observando los desvaídos de Hinata debido al placer que estaba consumiéndola, ya no podría seguir jugando con ella. Alejó sus dedos, ahora completamente húmedos, de su intimidad. Ella también lo liberó e introdujo su propio miembro dentro de ella ahora, con lentitud, intentando ser lo más suave posible, intentando el no dañarla, o al menos, lo menor posible.
Cuando llegó a su punto máximo, presionó más sus caderas contra las de ella con suma rapidez antes de rodear su cintura con una mano y alzarla para rozarla más contra la suya. El grito que escuchó esta vez por parte de la chica ya no fue de placer, sus manos se cerraron con fuerza en su espalda, arañándolo, intentando inconscientemente hacerlo sufrir el mismo dolor que ella estaba sufriendo.
Gaara se acercó más a su oído y comenzó a murmurarle unas pocas palabras para calmarla, para hacerle saber que todo estaba bien… y lo feliz que se sentía de poseerla solo y completamente para él… Besó con ternura su mejilla y luego se desvió a sus labios; Hinata lentamente alzó su cabeza por sobre el hombro del hombre y le devolvía la mirada, aún desvaída, adolorida.
-Te amo.- murmuró el Kazekague, con una leve sonrisa.
-Y-Yo también. –respondió ella, volviendo a cercar sus labios a los suyos, volviendo a encender aquella pasión.
Fue impulsada por su prometido, quien se sentó sobre la cama, con ella sobre él. Sus manos rodearon su espalda y volvió a recorrer su cuello, sus hombros y su pecho con sus besos, sin terminar de saciarse de ella, de aquel veneno que lo estaba matando, y sentir el movimiento de sus cuerpos coordinados, finalmente unidos… era… completamente reconfortante… mucho más el saber que con quien estaba haciendo el amor por primera vez era con la única mujer que durante toda su vida, desde su infancia, había amado.
Continuará
