¡Saludos a todas y todos!
En primer lugar, quiero agradecerles por su paciencia y constante interés por saber si continuaría con la historia.
En segundo lugar, me disculpo por el tiempo que ha transcurrido para ésta actualización. Han sido exactamente 6 meses y 5 días, pero como comenté en el grupo de facebook, ocurrieron algunas cosas en mi vida que me llevaron a perder la inspiración. Sin embargo, he logrado reencontrarla y hoy les traigo un capítulo de 15 páginas que espero esté a la altura de sus expectativas y de la larga espera.
Sin más que acotar, una vez más gracias y les dejo comenzar con su lectura.
εїз Aиgιє εїз
CAPÍTULO 37:
"¿Saliendo del Averno?"
.
- Fue así como todo sucedió. —Stefan terminó de explicarle y Blaine no dejaba de mirarlo con el ceño fruncido— Me amenazaron con hacerle daño a mi familia, así que acepté por miedo. Prácticamente me obligaron a ayudarlos.
- ¿Entonces por qué me sacaste de su guarida?
- Ya te lo dije, hice un trato con ellos y hablé con el jefe para hacerme cargo de ti directamente.
- No logro entenderlo. Todo lo que me explicas es contradictorio, Stefan.
Primero, necesitabas dinero con urgencia, pero les cedes casi toda tu parte del pago para que no me lastimen. ¿De pronto se acabaron tus necesidades?
Segundo, te amenazaron con lastimar a tu familia si no cooperabas, sin embargo ahora estás ayudándome y protegiéndome mientras los engañas para poder hacerlo. ¿Por qué arriesgar a tu familia de esa forma por mí?
- Logré contactar a una persona que se llevó a mi familia y la está escondiendo, por eso pude actuar. No soy como ellos. No podría vivir conmigo mismo si permitiese que te hicieran daño. Ya bastante has padecido por su culpa.
Blaine cerró los ojos y respiró profundamente— ¿Estás seguro que no conoces a esos sujetos?
- Como mencioné antes, uno de ellos es empleado nuevo en el hotel. Hablamos en pocas ocasiones porque siempre fue muy reservado. A los demás nunca los había visto.
- ¿Por qué tú?
- Supongo que de algún modo Anton, ese es el nombre del chico nuevo, se enteró de que necesitaba dinero y habló con ellos, así que cuando llegó el momento me lo ofrecieron. ¿Por qué? No lo sé. Honestamente no tengo ninguna idea de por qué me eligieron para ser parte de esto. No soy el único que tiene problemas económicos.
- Algo debes saber… te debieron decir…
- No es así. Incluso cuando tenían que reunirse y yo estaba presente, me obligaban a irme.
- Pero…
- Si supieras lo que pensaban hacer contigo, me agradecerías en lugar de cuestionarme tanto. —Blaine tragó con dificultad y bajó la mirada— Sé que te resulta difícil creerme, pero estoy diciéndote la verdad.
Mi trato con ellos era muy limitado. Sin embargo, cuando estaba en el lugar donde te tenían, prestaba atención a todo lo que sucedía. De las pocas cosas que logré escuchar cuando hablaban con el jefe, está el hecho de que tenían planeado el secuestro desde hace algún tiempo.
- Espera, ¿qué? ¿Cómo que lo tenían planeado desde hace tiempo?
- Eso oí. No sé más.
- ¿Quién es el jefe?
- No tengo idea.
- ¡No te creo! ¡Algo ocultas! ¡Dime todo lo que sabes!
- Baja la voz por favor. Puedes meternos en un gran lío si se dan cuenta lo que está pasando.
Blaine respiró profundamente e intentó calmarse— ¿Cómo luce? ¿Dónde se encuentra?
- Se comunica por medio de video llamadas a una computadora. Todo el tiempo usa grandes lentes oscuros y un sombrero. Siempre está sentado y el lugar es muy oscuro, por lo tanto es imposible reconocerlo a él o algo. Podría ser cualquier persona y estar al otro lado del mundo o alojado en una de las cabañas.
- Quiero la verdad.
- Te la estoy diciendo. No tengo más información.
El pelinegro suspiró derrotado y lo miró de forma suplicante— Desátame.
- No es posible. Pueden venir en cualquier momento, y sería sospechoso que no te tuviese inmovilizado de algún modo. Pero las amarras son suaves para evitar lastimarte.
- Stefan…
- Hago lo que está a mi alcance. Sé que es muy difícil lo que te pido, pero dame un poco de tiempo y ten paciencia. Te voy a sacar de aquí.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Sebastian revisaba con el ceño fruncido su computadora y dio un golpe fuerte en la mesa— ¡Esto no es posible!
- ¿Y bien? —Kurt no dejaba de dar vueltas— ¿Dónde tienen a Blaine?
- No lo sé. Mi equipo hizo una búsqueda exhaustiva, pero no han dado con él, lo cual resulta extraño porque no ha salido de la isla. Al menos no de una forma visible.
- ¿Eso qué significa?
- Si lo sacaron fue utilizando algún medio clandestino que no hemos logrado detectar.
- Es una maldita broma, ¿cierto? ¡Prometiste que lo encontrarías, Sebastian!
- Trabajamos arduamente en eso.
- ¡Pues no están haciendo un buen trabajo! Ha pasado otra semana, y Blaine sigue desaparecido.
- No está desaparecido, lo secuestraron. Hay una gran diferencia.
- ¡Para mí es lo mismo! ¡Mi esposo fue llevado a la fuerza a quien sabe dónde y lo tienen en condiciones sórdidas!
- Trata de calmarte.
- ¡No me digas que me calme! ¡No puedo hacerlo! ¡Blaine está sufriendo, viste la última foto que me enviaron!
- Alterarte no ayuda. Estando así no piensas con claridad ni…
- ¡Al diablo contigo! ¡Me cansé de esperar a que las cosas se hagan a tu manera y no obtener resultados! ¡Voy a buscarlo por mi cuenta!
Sebastian intentó detenerlo pero éste fue más rápido— ¡Kurt! ¡Espera! ¡Kurt!
El ojiazul salió de la cabaña y a paso veloz se dirigió al carrito que habían alquilado, poniéndolo en marcha con un destino y una idea en mente.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Todo transcurría en calma y con normalidad en el lobby del hotel de los Chang. Uno de los empleados estaba registrando a una pareja. Una vez que les entregó la llave y ellos se alejaron, Kurt se acercó discretamente.
- Buenas tardes.
- Sr. Anderson, buenas tardes. Es un gusto tenerlos de regreso.
- Muchas gracias. —Respondió sorprendido de que lo recordase.
- ¿En qué puedo servirle?
- ¿De casualidad ha visto a mi esposo por aquí? Vino a solicitar un guía para que nos lleve al lado norte de la isla, pero todavía no ha regresado.
- Mi turno empezó hace una hora, y en ese tiempo no lo he visto, pero permítame consultar el registro de paseos guiados. —Revisó la computadora rápidamente— Lo siento, pero no aparece aquí. Tal vez se dirigió a otro lugar primero.
- ¡Oh sí! Quería alquilar un bote para mañana y hacer una reserva para una cena privada también.
- Lo del bote puedo revisarlo aquí, para lo de la cena tiene que ir directamente al área este que es en donde se encargan de eso. —Volvió a checar en la computadora— No, tampoco ha hecho la reserva. Seguramente está todavía ocupado en lo del restaurante, hoy ha sido un día particularmente ocupado.
- Bueno, entonces iré a buscarlo allá. Gracias por todo.
- Es un placer. ¿Desea que le separe el bote y el paseo guiado?
- Sólo el bote por ahora. Gracias. —Fingió una sonrisa y se alejó de la recepción.
- Sr. Anderson… —Un susurro alertó al castaño— Sr. Anderson… por aquí.
Los ojos azules escanearon los alrededores hasta divisar a alguien con el uniforme del hotel que estaba arreglando unas plantas, pero le daba la espalda y parecía muy dedicado a su tarea.
- Sr. Anderson… A su derecha.
Kurt avanzó con cautela hacia aquel hombre y se detuvo lo más cerca posible pero guardando cierta distancia, revisando varios anuncios que habían sido colocados en un tablero— ¿Qué sucede? ¿Por qué me llama?
- Trabajo aquí, señor… Y creo saber por qué usted regresó.
- ¿A qué se refiere?
- Está buscando a su esposo, ¿cierto?
Un escalofrío lo recorrió por completo. ¿Era acaso éste sujeto el que lo ayudaría a encontrarlo?— Sí. ¿Lo ha visto?
- Podría equivocarme, pero estoy casi seguro que era él.
- ¿Cuándo lo vio?
- Hace varios días… No sé si sea seguro seguir hablando aquí.
Kurt tomó dos de los carteles con los anuncios y escribió su número en uno de ellos, después lo dobló con cuidado mientras observaba el otro con fingido interés.
- Disculpe, —se acercó al empleado y le mostró la hoja— ¿podría darme información sobre éste evento?
- Por supuesto, señor. —Tomó el trozo de papel y lo leyó, luego le dio las indicaciones.
- Muchas gracias. —Aceptó el cartel de vuelta y con discreción y de forma muy rápida le entregó el papel doblado al mismo tiempo.
Después de eso y con demasiada angustia esperó por la llamada durante más de una hora.
Cuando su celular sonó, su corazón se aceleró y contestó sin fijarse quién lo llamaba.
- ¿Dónde vio a mi esposo?
- ¿Qué? ¿Quién vio a Blaine?
- ¿Seb?
- Sí. ¿Con quién creías que hablabas?
- Con alguien que trabaja en el hotel.
- Ven aquí y hagamos esto juntos. Solo no vas a poder resolver las cosas.
- Estoy desesperado, Seb. Tengo que encontrar a Blaine.
- Vamos a encontrarlo, pero para eso debemos planificar todo estratégicamente. Si ésta persona realmente tiene información que nos sirve, debemos actuar de forma inteligente. Un movimiento en falso y…
- Sí, sí. Entiendo, pero…
- Confía en mí. Sé lo que hago.
- Bien, voy para allá.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
La noche llegó y con ella la consternación de un Kurt que no dejaba de dar vueltas mientras se mordía las uñas y había tenido varios ataques de ansiedad.
- ¿Por qué no llama?
- Ya lo hará.
- No crees que sepa algo, ¿cierto?
- No he dicho eso. Pero no podemos hacer más que esperar.
El teléfono sonó y Kurt saltó hacia la cama, donde lo había lanzado media hora atrás, presionando el botón torpemente.
- ¿Sr. Anderson?
- Sí, soy yo. —Activó el altavoz— ¿Qué es lo que sabe?
- A comienzos de ésta semana salí a fumar tarde en la noche ya que no podía dormir, y vi uno de los carritos llegar al área donde están las residencias de los empleados, lo cual me pareció extraño ya que estos son de uso exclusivo para los huéspedes, así que me acerqué un poco y fue cuando distinguí a dos hombres. Uno de ellos parecía estar herido o algo le pasaba porque mi compañero, quien era el otro sujeto, lo bajó con dificultad y luego se lo llevó hacia su departamento.
- Si estaba oscuro, ¿cómo pudo distinguir a las personas? —Intervino Smythe.
- ¿Quién es? —Preguntó asustado el hombre.
- Mi mejor amigo. —Se apresuró Kurt a contestar, dándole una mirada molesta al castaño— Está ayudándome a encontrar a mi esposo.
- No sé si…
- No lo meteremos en problemas. Tiene nuestra palabra.
- Amm…
- Por favor. Se lo suplico.
- Está bien… —Realizó una breve pausa— No estaba oscuro. El lugar es muy iluminado, por lo tanto es fácil distinguir todo.
- ¿Entonces está seguro que se trataba de Blaine? —Inquirió Sebastian.
- Estaba casi seguro.
- ¿Por qué casi?
- Por el mal estado en el que se encontraba. Salvo eso, podría jurar que era él. Y tuve mis dudas hasta que vi al Sr. Anderson y escuché que lo estaba buscando.
- ¿Y el sujeto que lo llevaba quién es? —Preguntó Kurt.
- Su… su nombre es… Stephan.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Durante toda la noche Sebastian planeó junto a Kurt y varios miembros de su equipo el operativo que llevarían a cabo. Debían ser muy discretos para no levantar sospechas.
A la mañana siguiente y una vez que hubo empezado la labor de Stephan según el itinerario que consiguieron, se dirigieron a su habitación.
- Perímetro despejado. —Dijo un hombre de estatura promedio por su dispositivo de manos libres que llevaba en la oreja izquierda y que pasaba completamente desapercibido por su minúsculo tamaño— Repito, perímetro despejado. No hay movimiento en la zona.
Dos hombres armados avanzaron cada uno por un lado.
- Todo despejado por aquí.
- Un empleado va saliendo por mi lado. Alerta en la puerta sur.
Sebastian y Kurt se escondieron hasta que recibieron la señal de que podían continuar.
Una vez frente a la puerta, Smythe se detuvo— Esto no me gusta. Si tienen a Blaine aquí, debería haber por lo menos una persona custodiándolo.
- Supongo que la idea es no llamar la atención. —Dijo Kurt— Y cuando tengamos al idiota de Stefan, quiero encargarme de él.
- Eso no va a pasar.
- Te aseguro que no podrás detenerme, Sebastian.
- Es ahora. —Alertó uno de los hombres— A la cuenta de 3. ¿Listos? —Todos ocuparon sus respectivos lugares— 1… 2… 3… —Forzó la cerradura y entró con arma en mano, seguido de su compañero.
- ¡Quiero entrar! —Exclamó el ojiazul.
- Aún no es seguro. Sólo espera.
- El lugar está vacío. Repito, está vacío.
- ¿Cómo que vacío? —Sebastian levantó la voz.
- Aquí no hay nadie… Pero debe ver esto.
Kurt entró corriendo y miró horrorizado el interior del lugar— ¿Qué pasó aquí?
Smythe observó detenidamente todo. —Hubo una pelea… Forcejearon, pero al final quienes irrumpieron aquí fueron los que vencieron.
- ¡Te lo dije! ¡Maldita sea! ¡Teníamos que haber venido enseguida!
- Dudo que esto haya pasado anoche. Si fuera así ya lo hubiesen reportado. —Siguió caminando entre los escombros al igual que sus hombres— Esto me gusta cada vez menos, si el objetivo era Blaine, ¿por qué se llevaron también al tal Stephan?
- ¿Cómo puedes saber eso?
- Porque todo está destrozado. El chico puso resistencia obviamente. —Presionó uno de los botones de su dispositivo— Necesito que averigües cuándo fue el último día que alguien de nombre Stephan se presentó a trabajar.
Kurt empezó a revisar las cosas, y se puso pálido con la voz que resonó de pronto.
- Encontramos rastros de sangre.
- ¿Sangre? Blaine… —Sus piernas se debilitaron y cayó sentado cerca de la cama.
- ¡Kurt! —Seb corrió a ayudarlo— ¿Qué tienes?
- Blaine… —Dijo en un hilo de voz y empuñó la sábana que estaba en el suelo.
- Vamos a encontrarlo.
- Está herido.
- No sabemos si es su sangre. Ni siquiera tenemos constancia de que haya estado aquí. Lo más probable es que la sangre sea de Stephan.
El dispositivo sonó en ese momento y Sebastian hizo una mueca— Entendido.
- ¿Qué te dijeron?
- Hace tres días que se ausentó supuestamente por enfermedad… Ven, salgamos de aquí.
Cuando Kurt se levantó y soltó la sábana, escuchó un ligero sonido, y miró hacia el suelo donde vio algo que brillaba. Un nudo se formó en su garganta y se agachó a recoger el objeto.
- ¡Oh Dios!
- ¿Qué es eso? — El más alto intentó ver lo que su amigo tenía en la mano.
- El anillo de matrimonio de Blaine.
- ¿Estás seguro?
- ¿Qué clase de pregunta absurda es esa? ¿Crees que no reconozco nuestros anillos?
- Bien, bien. Al menos ya tenemos la prueba de que Blaine sí estuvo aquí. El asunto ahora es ¿a dónde lo llevaron, y por qué?
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Blaine pensó que estaría a salvo bajo la custodia de Stefan, realmente creyó que lograría escapar de alguna manera con su ayuda, pero sus esperanzas murieron cuando ambos fueron sacados a la fuerza del departamento por un grupo de hombres armados.
No tenía idea de dónde estaba porque le habían cubierto la cabeza con algo que parecía una bolsa oscura de lona. Lo único que sabía era que lo habían llevado lejos, primero en un auto y luego en un bote o barco.
¿Por qué tenía que sucederle esto? Stefan dijo que el secuestro había sido planificado, pero, ¿quién se encontraba detrás de todo ello? ¿Cómo sabía del viaje que había realizado? ¿Qué pensaba hacer con él?
Se sentía tan asustado y confundido que su corazón empezó a latir con furia, su pecho subía y bajaba frenéticamente mientras lágrimas rodaban sin control por su rostro. En un movimiento complicado, ya que sus manos estaban atadas, logró poner un dedo donde solía estar su anillo de bodas, y un fuerte sollozo brotó de sus labios.
Escuchó una puerta abrirse y unos pasos resonaron. Alguien lo tomó del brazo haciéndolo levantarse.
- ¡Suéltame! ¿A dónde me llevas?
- El jefe te espera.
Intentó dar pelea, pero resultó inútil porque aún se sentía débil.
- Tranquilo, sólo camina. Al jefe no le gusta esperar.
Blaine notó el cambio tanto en la forma de tratarlo como de hablarle, y no podía entender a qué se debía, aunque agradecía que los gritos, empujones, insultos y golpes se hubiesen detenido.
Trató de prestar atención a su alrededor. Escalones, estaba subiendo muchos escalones… Giraron hacia la derecha y avanzaron… Había ventanales, y era de día, probablemente pasadas las doce que es cuando el sol golpea con mayor intensidad. Podía sentir los fuertes rayos calentándolo cada cierto tramo. Hasta el momento había contado cinco ventanales.
"Escalones, giro a la derecha, cinco ventanales." —Empezó a repetir mentalmente.
Varios golpes ligeros. Por el sonido se trataba de una puerta de madera. Otra vez los golpes suaves y luego escuchó como se abrió.
- Permiso.
- Pasa. —Un hombre de voz gruesa y algo rasposa retumbó por el lugar.
La respiración de Blaine volvió a acelerarse, pero una vez más se obligó a calmarse.
Había música clásica de fondo, y por la reverberación, supo que se encontraba en un salón grande con muy pocos muebles. Esa era una de las cosas que había aprendido por su profesión.
- ¿Se le ofrece algo más? —Le soltó el brazo.
- No, eso es todo por… —Se giró y la vena de su frente se brotó mientras su rostro se contraía en disgusto— ¿Por qué mierda sigue con eso encima?
- Así fue como lo encontré. Seguramente como usted dio órdenes específicas de que no le permitieran ver a…
- ¡No es posible que esté rodeado de ineptos! —Elevó la voz— ¡Quítale esa estúpida cosa! ¡Y desátale las manos maldita sea! ¿Quiénes lo dejaron así? ¡Quiero saber!
Blaine intentaba abrir los ojos pero la luz era fuerte, y mientras trataba de adaptarse se sobaba las adoloridas muñecas.
- Listo. Voy a encargarme de eso, señor. Permiso. —Salió y cerró el portón.
El pelinegro finalmente pudo abrir los ojos y vio que estaba en lo que supuso era una oficina. Del lado izquierdo había un librero que cubría una parte la pared y llegaba casi hasta el techo. Del otro lado estaba una gran y elegante chimenea, y sobre ella un reproductor de música.
Frente a él había un largo sofá color crema, y al fondo un gran ventanal curvo de cristal que mostraba una imponente vista del océano.
- ¡Bienvenido! —Dijo de forma cálida el extraño, lo que resultó espeluznante.
- ¿Dónde estoy?
- Lo sabrás a su debido tiempo. —Se fue aproximando y lo observó de pies a cabeza— Blaine, mi precioso Blaine. —Suspiró— Todos estos años y no he podido olvidarte.
- ¿Quién eres?
- ¿Realmente no me reconoces? —Se acercó más— Estoy seguro que pronto lo harás.
- ¿Qué quieres? ¿Por qué me tienes aquí?
- Primero, me exculpo por la forma tan inapropiada en la que te han tratado. Veo los golpes en tu rostro y la rabia empieza a fluir por mis venas. Aunque por un lado sólo estaban llevando a cabo su trabajo, ya que no era a ti a quien debían capturar. Sin embargo, cometieron un terrible error, y los he hecho pagar por ello, porque los errores son imperdonables. Más si a causa de estos se ven afectadas las personas que son importantes para mí.
Segundo, prometo que voy a compensarte por el mal momento que pasaste. Alguien como tú sólo merece cuidados y lo mejor de éste mundo.
- ¿De qué estás hablando?
- Ya lo entenderás. Por ahora te van a acompañar a una habitación cómoda y te darán ropa nueva.
- Sólo… Sólo quiero irme de aquí.
- Eso no va a pasar. —Le acarició el rostro— Me ha costado mucho tiempo y sacrificios poder tenerte, y ahora que finalmente lo he conseguido, no te dejaré partir.
Te voy a hacer muy feliz y me encargaré de todo. No tendrás que volver a preocuparte por nada durante el resto de tu vida.
- No puedes retenerme en contra de mi voluntad. —Fue retrocediendo.
- Claro que no, precioso. Pero ya hablaremos al respecto. —Presionó un botón en su teléfono y dos hombres altos y fornidos entraron. —Escolten al señor a su nueva habitación.
- ¡No me toquen! —Intentó esquivarlos— ¡Déjame ir!
- Relájate y ve a descansar un poco. Enviaré a un médico a que te revise las heridas. En un par de horas nos reuniremos para comer.
- ¡Estás loco! ¡Quiero irme de aquí!
- No hagas esto difícil. Realmente odiaría tener que decirles que te lleven a la fuerza.
- ¡Auxilio! —Empezó a gritar— ¡Alguien ayúdeme! ¡Me tienen secuestrado!
- Grita todo lo que quieras, nadie va a escucharte. Sólo conseguirás lastimarte la garganta.
- ¡Ayuda! —Aprovechó el momento y golpeó a uno de los hombres en el estómago, pero la falta de fuerza más el físico de roble del sujeto impidieron que le hiciera daño alguno.
- Lamento que tenga que ser de ésta manera. —Suspiró— Llévenlo a la habitación.
Los dos individuos lo tomaron cada uno por un brazo, levantándolo del suelo como si fuese un muñeco de trapo y uno de ellos le colocó ágilmente una mordaza.
A pesar de que sabía que era inútil, Blaine no dejó de moverse y tratar de soltarse mientras gritaba como fuera posible.
El jefe lo tomó de la barbilla y lo miró a los ojos fijamente— Cuando te calmes y te comportes como una persona civilizada, regresa. Y no intentes ningún truco porque tengo cámaras en todas partes.
Asintió y sus secuaces salieron con el pelinegro del lugar.
