Disclaimer: A huge thanks to thatwritr for her permission to do this translation. Y muchas gracias a Lilia por permitirme usar los capítulos ya traducidos, por ahora solo me adjudico el beteo.
Capítulo treinta y siete
Martha llega con bolsas del supermercado.
—Porque sé cómo comes, corazón. La comida congelada no es saludable.
Bella suspira, pero la ayuda a guardar las cosas. Si Martha está sorprendida o impresionada por la enorme casa de Rose y Emmett, no dice nada, solo se acomoda en la cocina. Rose hace acto de presencia cuando Martha llega, pero se pone del otro lado del bar, observando a Martha con confusión. Sus uñas con laca golpean en la barra.
—Déjenme hacerles un sándwich, muchachas —dice Martha ya que la mayor parte de los abarrotes están guardados.
—Nunca como después de las siete de la tarde. —Rose miente fácilmente—. Se va directo a mis caderas y luego no me quedan mis trajes.
Martha no insiste, conformándose con hacerle un sándwich a Bella. Rose se disculpa y desaparece en el piso de arriba en cuanto cree que es conveniente y Martha la ve irse.
—No está a gusto. Sabes que puedo quedarme en un motel…
—Por supuesto que no —responde Bella—. Y Rose es… solo Rose. De verdad no le molesta que estés aquí. Diría que es tímida, pero en realidad no es timidez.
—Su refugio propio ha sido invadido —Martha reflexiona, mostrándose pensativa.
—Yo vivoaquí; invado constantemente.
—Pero tú no eres una desconocida. Hay una diferencia, cariño. Los introvertidos necesitan su espacio.
Bella quiere alegar, pero no puede; Martha ha descifrado a Rosalie perfectamente en menos de media hora, sin caer en ningún de los conceptos erróneos que la gente tiene de ella comúnmente. A diferencia de Emmett, Rose esintrovertida, y a pesar de que puede abrir su casa para eventos sociales y ponerse en exhibición cuando es necesario (incluso le gusta) en el curso normal de las cosas, su casa es su santuario y gente fuera de su familia no es bienvenida.
Bella se da cuenta de repente de que Rose ahora la considera parte de la familia.
Martha no dice nada más de Rosalie, soltando preguntas, en cambio, del refugio y de la disertación de Bella. Se quedan platicando hasta medianoche, pero se levantan temprano. Rose ya se ha ido, y Martha hace el desayuno. Cuando terminan, Bella maneja al refugio mientras Martha hace preguntas sobre los controles manuales de la furgoneta y luego del Oktoberfest que está tomando lugar en la ciudad… Helen depende mucho de su tema Alpino… y también de los residentes del Condado White, cuántos hay en el verano y cuántos son permanentes.
—Tengo un amigo que es un ministro Metodista que es dueño de una cabaña cerca del lago Junaluska —dice. Junaluska está a una hora, cruzando la frontera con Carolina del Norte—. Vienen en abril y se van en Octubre.
—Tenemos de esos también. El condado White es un área extraña —Bella le dice—. Alguna gente aquí tiene mucho dinero, otros son bastante pobres. El turismo es nuestra actividad principal, como puedes imaginarte, y no pocos son residentes temporales. La ciudad solía ser un pueblo dedicado a extraer oro.
El refugio está un poco más allá del camino descuidado en la propiedad que Esme había encontrado en marzo. La vieja casa de granja se caía en pedazos… literalmente. Esme había quitado la estufa que funcionaba con madera y los antiguos lavatorios, luego tumbó el resto excepto por la chimenea, y empezó de nuevo desde los cimientos. Ella y Emmett la habían reconstruido en seis meses. Hoy, es una hermosa casa azul de tres pisos con lugar para seis familias más un apartamento en el sótano que sirve para la residente encargada. Seis familias no son muchas, pero pensaron que estaba bien para empezar. Esme y Emmett agregarán otra ala el próximo verano si siguen creciendo, y Bella cree que lo hará. Se está esparciendo el mensaje. Por ahora, cuatro familias ocupan el refugio, más una mujer sin hijos.
La residente encargada que vive ahí, Madison Snow, las saluda en la puerta preparándose para irse a clases. Asiste a una universidad bautista por la carretera a Cleveland, así que ella y Martha se llevaron bien inmediatamente. Estudia una carrera en Educación Primaria y recientemente se ha comprometido; trabaja en el refugio para tener un lugar dónde vivir y ahorrar dinero para su boda. Edward ha dicho que lo cansa por su exagerada jovialidad, pero que no siente la necesidad de salvar las almas de las mujeres aquí, por lo menos no abiertamente, así que a Bella le parece bien. Habían tenido una larga plática de límites cuando Maddy había solicitado la residencia. La Casa McCarty era una organización sin fines de lucro, pero no tenía ninguna afiliación religiosa, y Bella quería dejar bien claro que no se toleraría ningún tipo de publicidad religiosa. Maddy respetó eso. Tal vez no es una feminista, ni está de acuerdo con el divorcio, pero está de acuerdo con las mujeres que huyen de situaciones abusivas y tiene una empatía natural a la que las mujeres del refugio responden. También creció en el área y tiene una mejor idea de las ideologías religiosas de la mayor parte de los residentes que la que tienen Rose y bella… lo que se demostró en las duras palabras que le dirigió Hannah Jones a Rose antes de irse en agosto. El tener a Madison en el refugio ha ayudado con las disputas religiosas ocasionales, ya que están en el lado Sur donde las ideas se dividen. Aparte de Maddy, tienen varios voluntarios que consisten de dos retirados que se hacen cargo de cuidar niños en el día, una consejera vocacional que viene dos veces a la semana, y una terapista familiar que dirige reuniones semanales y ofrece consejería privada, también. Todas son mujeres. Alice sigue siendo la administradora financiera. Los domingos en la tarde, pastores locales se turnan para dar servicio. Todos los que quieran ir se reúnen en la sala para el servicio religioso. Esme y Maddy siempre asisten. Bella y Rose hacen lo que pueden para evitarlo.
Martha pasa toda la mañana hablando con residentes mientras Bella responde mensajes de correo y telefónicos, luego se hace cargo del horario para el próximo mes. Esa tarde, Martha se hace cargo de los teléfonos mientras Bella tiene reuniones con las mujeres. Martha está contactando congregaciones locales de gente de color en los condados de White, Hall y Habersham. Todos los residentes que tienen por el momento son caucásicos. De hecho, solo han tenido una familia de color desde que abrieron, y Bella tiene la esperanza de que Martha pueda abrir algunas puertas en la comunidad local de gente de color. Bella ya ha contactado varias iglesias locales, claro, pero el haber estado casada con Mark le permite saber que una activista blanca solo recibirá una sonrisa, un movimiento de cabeza, y después será totalmente ignorada. Para el final de esa tarde, Martha no ha hecho solo contactos firmes, sino que también tiene una terapista de color, la esposa de un pastor local, decidida a ofrecerse de voluntaria en el refugio. Bella está emocionadísima.
La cena es compartida en el refugio, un asunto ruidoso, y ya pasa de la puesta de sol para cuando las dos regresan a la casa de Rose. Rose aún no está. Martha y Bella hablan un poco de cómo pasar el día siguiente, el aniversario de la muerte de Mark. Martha ha traído consigo un pequeño maple para plantar en el patio trasero del refugio en honor a él.
—Se pondrá rojo y rosa en el otoño —dice—. Brillante como él lo era. —Bella se suelta a llorar cuando Martha dice eso, y las dos lloran juntas un rato. Bella se va a la cama sintiéndose cansada, pero fresca de todo, levantándose la mañana siguiente para ver un alba brillante, fría y despejada como el día hace un año cuando ella y Mark habían tomado juntos el autobús a la universidad de Dawes… la última vez que lo había visto vivo.
Se queda en la cama un rato, juntando la fuerza para enfrentar al mundo, escuchando cómo el viento mueve las hojas secas de otoño. Finalmente levantándose, toma una ducha y se encuentra con Martha en el piso inferior. Para su sorpresa, se encuentra a Esme (Ann) ahí también. Esme y Martha están en medio de una conversación, pero ambas sonríen cuando Bella llega.
—Hay huevos y tocino en el horno, manteniéndose calientes —le dice Martha al mismo tiempo que Esme se levanta para saludar a Bella con un abrazo.
Dada la luz afuera, bella se pregunta cómo planea Esme salir sin brillar al pasar por el jardín y la banqueta. Pero Esme explica en el siguiente momento:
—Vine a terminar mi trabajo en la oficina de Rosalie, arriba.
Las deja solas no mucho tiempo después, tomando el café que le ofrece Martha (y que Bella sabe será vaciado en el lavabo de algún baño).
Cuando se va, Martha dice, cariñosamente:
—Vino a revisar que estuvieras bien.
—Lo supuse —responde Bella empezando a comer sus huevos—. ¿Qué estaban discutiendo ustedes?
—No de ti —dice Martha con un giño, reconociendo la curiosidad de Bella—. Hablábamos del refugio y me contó su propia historia, de cómo dejó a su esposo. —La versión modificada, sin duda, la que Esme usa con los residentes—. Me preguntó un tanto de Mark, y me dijo que ya tiene todo listo y marcado para el pequeño maple.
—Suena como algo que haría Ann —responde Bella.
El plantar el árbol de Mark resulta un evento tranquilo solo para Bella y Martha. El lugar que Esme preparó incluye el agujero pre-excavado. Martha está sorprendida y Bella, que sabe que Esme lo hizo sola, dice que el hermano de ella probablemente lo hizo. Debido a la advertencia de Alice, es la primera vez que ha hecho referencia a Edward. Martha le pregunta si lo verá para agradecerle. Bella dice que probablemente no; trabajará toda la semana en Atlanta. Esa es la extensión de su conversación sobre Edward y Bella se alegra de eso. No quiere pensar en Edward el día de hoy.
Martha planta el arbolito y le pone un madero que lo sostenga para que se proteja del viento. El otoño no es la mejor estación para plantar, pero las hojas apenas han empezado a cambiar de color y los fotógrafos que se dedican a fotografiar esos cambios han llegado… los turistas vienen a ver como las montañas se vuelven amarillas y rosas y rojas. Pasará otro mes antes de que haya una helada, cree Bella. Cuando termina de acomodar la tierra, Martha dice una oración y las dos se sientan en silencio por un rato. Bella no llora mucho, solo unas cuantas lágrimas se escapan. Después de un rato, Martha se acerca para tomar la mano izquierda de Bella, dándole golpecitos a su anillo matrimonial.
—Ya es hora de quitártelo, corazón.
Bella hace puño su mano en la de Martha.
—Mañana—dice.
—Mañana será —responde Martha, soltando la mano de Bella.
Se quedan en silencio de nuevo hasta que Martha dice:
—A veces… muchas veces las viudas jóvenes y los viudos se alejan de sus familias políticas. —Voltea a ver a Bella. La fuerte luz de la mañana brilla en su piel, haciéndola ver más rica como la tierra que puso alrededor del joven árbol de Mark—. Pero siempre serás mi hija… incluso después de que encuentres a alguien más y te cases de nuevo.
Bella ha temido esta conversación, y se reacomoda en su silla, incómoda. Martha no la ve directamente, pero Bella cree que la ve de reojo.
—No necesito decirte que Mark hubiera querido que encontraras a alguien y seas feliz —Martha dice—. Ya lo sabes. Hoy lo recordamos. Mañana, la vida sigue. Pero quería que quedara claro que quiero seguir siendo parte de esa vida. Eres nuestra familia, cariño. Mark te trajo a nosotros, sí, pero ya eres una de nosotros y siempre lo serás. Espero que pronto llames por teléfono para contarle a Mamá Martha todo del nuevo chico guapo que conociste… y no quiero que pienses que te resentiré o pensaré que olvidaste a mi hijo. Sé que eres mejor que eso. No olvidamos a los que nos dejan. Solo aprendemos a seguir viviendo.
Bella siente lágrimas calientes saliendo sin freno ahora, lágrimas de las que creía que había escapado, y siente nudos por dentro, su estómago sintiendo nauseas por la ansiedad. Probablemente debió haber esperado algo así de Martha, pero no lo hizo. Nunca había conocido a una viuda de su edad, solo divorciadas que no querían ser parte de las familias de sus ex-esposos, y se da cuenta que había asumido que sin Mark que la uniera a ellos, ni hijos, eventualmente perdería contacto con los Jackson. Una parte de ella está profundamente agradecida de que no lo hará. Martha ha sido más madre para ella que su propia madre, y las hermanas de Mark se habían convertido en las hermanas que Bella nunca tuvo. No hay muchas suegras que le dirían a sus nueras que quieren escuchar todo el chisme de sus novios nuevos. Martha es única. Claro, no muchas suegras son pastoras tampoco.
Martha se acerca a tomar su mano, pero no pide que le responda. Tal vez toma las lágrimas de Bella como respuesta. Y lo son. Pero las lágrimas de Bella también vienen del estrés y la ansiedad. La oferta de Martha se convierte fácilmente en complicaciones. El mantenerla ignorante de los secretos de los Cullen será difícil incluso en las mejores circunstancias.
Mañana, se dice Bella a ella misma. Se preocupará por esto mañana. Hoy, solo se sentirá agradecida.
El teléfono de Bella previene que siga la conversación, y ella se limpia los ojos tratando de calmarse y buscando su teléfono en la bolsa de la silla. Como no reconoce el número de donde llaman, abre el teléfono y contesta:
—Habla Bella Jackson.
—Bella —dice la voz de una mujer en el otro lado de la línea—. Soy Anita Jeffries de la Oficina del Alguacil del Condado White. —Jeffries es una de las policías que llevan mujeres al refugio de vez en cuando. Algunas llegan por medio de la tienda de Alice, la cara pública del refugio, pero otras son llevadas directamente—. Estoy en el hospital —Jeffries continúa—. Quería saber si tenían lugar para otra familia.
—Claro, por supuesto. Tenemos cuatro familias y una soltera, pero podemos recibir otra. ¿Qué pasó?
—Una mujer joven llegó esta mañana en una ambulancia después de una llamada al número de emergencias por una disputa doméstica. Los oficiales que atendieron la llamada tuvieron que tomar custodia de los hijos también.
—Ay, no —dice Bella suavemente—. ¿Cómo están?
—Las niñas están algo sacudidos, pero físicamente están bien. Su mamá tiene un brazo roto, un ojo morado y algunos golpes y cortadas. Te explicaré bien cuando lleguemos ahí. Solo quería asegurarme de que tenían lugar para ellos.
—Sí lo hay. ¿Qué tanto tardarán en llegar?
—Probablemente bastante. Tenemos que llenar reportes y el hospital tiene que darla de alta. No nos esperes antes de la una. Te llamaré de nuevo cuando vayamos en camino.
Bella cuelga y voltea a ver a Martha.
—Viene un nuevo residente. Sé que se supone que nos tomaríamos el día libre pero….
Martha solo sacude la cabeza.
—La mejor manera de honrar la memoria de Mark es cuidando gente. Vamos a preparar el cuarto.
Como lo predijo, la oficial Jeffries llega a la una con los nuevos residentes. Es nada más y nada menos que Hannah Jones y sus tres hijas… los primeros residentes del refugio que llegaron en julio. El brazo derecho de Hannah está enyesado y uno de sus ojos está tan hinchado que no puede abrirlo. Su rostro está lleno de cortes cerrados con puntos y camina agachada. El brazo que no tiene roto se ve como un tablero de ajedrez gracias a los golpes. Su vestido de noche está claramente roto y alguien en el hospital le dio una bata de hospital para cubrirse. Su hija más joven se aferra a su falda y se rehúsa a separarse de ella; las otras dos parecen en shock. Bella agradece que Martha esté ahí, quien se hace cargo de los niños, separando a la pequeña de su madre, mientras Bella habla con Hannah. Le llaman a Esme, pero Bella sabe que la luz del sol le hará difícil llegar aquí.
Hannah tiene dificultades contando lo que pasó. Habla en susurros crudos, mitad humillada, mitad asustada, y fuma como chimenea todo el tiempo de la entrevista. Han llegado residentes con heridas físicas, pero este es el peor caso que Bella ha visto, y está aterrada luchando entre simpatía y un poco de repulsión.
—Amenazó con matarme —dice Hannah—. Llegó a casa a las cinco esta mañana… había estado toda la noche tomándose nuestro dinero. Lo maldije cuanto pude, pero no debí haber hecho eso. A veces me pongo impaciente y me golpeó por lo que le dije. —Inconscientemente se toca el rostro cerca de su ojo morado.
—Hannah —Bella le dice suavemente—, nada le da a nadie el derecho de golpearte. —Bella sabe que la lengua de Hannah puede ser bastante grosera y su carácter demandante, pero eso no es una excusa.
Hannah termina su cigarro y saca otro; gracias a sus manos temblorosas y su brazo roto, le toma tres intentos el poder conectar el cigarro con su Benson & Hedges. Finalmente lo logra y continúa.
—Jenna se despertó y bajó cuando nos escuchó gritando. Estaba llorando y rogándole que se detuviera. La golpeó también, y perdí los estribos después de eso. Me le aventé. Va a decir que traté de ahorcarlo, el hijo de puta… y lo hice. Golpeó a mi hija. Rasguñé su cara y puse mis manos alrededor de su cuello, pero me aventó a la barra de la cocina y me dijo que me iba a matar. Así que rompió mi brazo. Intentó golpearme de nuevo con un banquillo de la cocina, pero Jenna se aventó sobre mí, y entonces se fue. Temía que había ido al cobertizo por el rifle, pero luego escuché que se encendía el coche y se fue. Jenna llamó al número de emergencia.
—Jenna es una chica inteligente —Bella dice.
—Presenté un interdicto —Hannah agrega—. No sé si será suficiente, pero no puedo regresar. Sé que puedo ser una perra; lo hago enojar. Pero golpeó a mi hija. No regresaré.
Bella solo asiente. Eso es, desafortunadamente, lo que tiene que pasar para que una mujer se mantenga alejada… que sus hijos sean amenazados.
—¿Puedes llamarle a Esme? —pregunta Hannah.
Bella le sonríe.
—Ya lo hice. Vendrá en cuando pueda.
Hannah asiente, inclinándose un poco, cruzando el brazo bueno sobre su pecho, sin mirar a Bella. Solo se mueve hacia adelante y hacia atrás y sigue fumando. Bella la deja para que piense, saliendo a ver cómo acomoda Martha a las niñas. Media hora después, Esme llega, habiendo cruzado en un momento nublado del coche al porche rápidamente. Ella y Hannah se encierran en un cuarto arriba a platicar y Martha hace a Bella a un lado para hacerle unas preguntas.
—Sí —Bella dice—, estuvo aquí antes pero regresó con su esposo.
—Tantas lo hacen. —Martha suspira, luego inclina la cabeza y ve a Bella—. La ubicación de este lugar es seguro, ¿verdad? No necesitamos a un hombre como ese apareciéndose por aquí.
—Es seguro. Los que trabajan aquí saben, claro, y la policía, y los donadores, pero la tienda de Alice es a donde llega el correo y donde está la oficina principal. —Bella pregunta después—: ¿Podrías hablar con Hannah más tarde? La razón por la que regresó con su esposo fue porque su familia la presionó a ser una buena esposa y su esposo juraba que había regresado al camino de Dios.
Martha suspira de nuevo.
—Puede regresar al camino de Dios yendo a terapia.
—Eso es lo que le dijimos Rose y yo, pero tal vez necesita que se lo diga un ministro.
—Veré qué puedo hacer.
Martha cumple su palabra. Encuentra una manera de hablar con Hannah esa tarde, aunque Esme se queda con ella, indispuesta a dejar a la joven mujer fuera de su vista ese primer día.
—Tu amiga está un tanto encariñada —Martha le dice a Bella más tarde. Han regresado a la casa de Rosalie, aunque, de nuevo, Rose no está en casa. Está en su oficina preparando papeles para que el juez firme órdenes mañana.
—Lo sé —Bella dice—. He hablado con ella al respecto. Pero no estoy segura de que lo entendió. Ann tiene un buen corazón.
Martha se encoje de hombros.
—A veces tienes que quemarte para aprender.
—Ya se quemó la primera vez que Hannah se fue.
—A veces toma más de una vez. Parece una mujer muy dulce, tu Ann… aunque Hannah le decía Esther.
¿Esther? El oído de Martha no ha de estar tan bien, pero Bella no la corrige, solo dice:
—Es su otro nombre. —Luego cambia el tema—. ¿Y qué te gustaría hacer mañana? Tengo que ir al refugio en la mañana, pero puedo salir después de la comida.
Discuten sobre el día siguiente y Bella se alegra de que ambas tuvieron algo que las mantuviera ocupadas el día de hoy después de todo. Ya es tarde cuando se va a dormir y se toma una de las pastillas para dormir que el doctor le había recetado después de la muerte de Mark. No quiere estar toda la noche despierta dando vueltas en su cama, y tampoco quiere soñar. Preparándose para la cama, hace una pausa en frente de su joyero y mira su mano izquierda. Hace rato, había insistido en no quitárselo hasta mañana, pero se da cuenta de que está lista esta noche. Abriendo el joyero, se quita el anillo dorado, y lo pone en uno de los espacios para anillos. No hay drama en el asunto. Los cielos no se abren ni los truenos caen. Cierra el joyero y termina su higiene nocturna. En la mañana, no hay comentarios acerca de su dedo sin anillo. Hay, sin embargo, una rosa blanca en su escritorio en el refugio. Sabe quién la dejó. No ha sabido de él desde el lunes en la tarde… ni siquiera un correo electrónico ni un mensaje de texto… y no hay ninguna nota acompañando a la rosa, pero no necesita una para saber que es de él. Levanta el pequeño florero con su mano izquierda.
El resto de la visita de Martha pasa sin ningún otro incidente, y Bella se siente agradecida. Siguiendo las instrucciones de Alice, no van a la universidad de Dawes hasta en la tarde y no se encuentran a Lorraine. Ven a Jeff Simmons, el consejero de Mark, y a Jimmy DeSanti, quien ayuda a editar los últimos dos artículos de Mark. Luego, hacen una parada en la tienda de Alice de camino a casa. Martha parece encantada con Alice, pero la mayor parte de la gente se siente así cuando Alice quiere. Alice alaba el hermoso caftán africano que lleva puesto Martha, lo que las lleva a discutir de tejidos, bordados y arte textil femenina. Alice consigue una dirección de World Ark, una compañía que distribuye artesanías al mayoreo mundialmente, en caso de que quisiera vender otras artes aparte de las locales. Dado a la manera que Alice observa la ropa de Martha, Bella sospecha que lo hará. Mientras hablan, Bella se encuentra preguntándose si hay vampiros en África (seguramente), si Carlisle ha conocido algunos, y si su piel café sin sangre se ve gris.
Y eso le recuerda el rostro de Mark cuando estaba en la morgue. De repente está llorando sin parar en la bodega de Alice mientras Martha la intenta consolar y Alice sube a traer una botella de agua que es de lo único que tiene en su refrigerador. Bella ni siquiera puede explicarle a Martha lo que la llevó a llorar, y eso le recuerda de nuevo las complicaciones que vendrán con su amistad con los Cullen.
La mañana siguiente, Martha regresa a Jacksonville después del desayuno, no sin hacer que Bella le prometa que irá a visitarla el día de Gracias. Las fiestas como esa son para la familia, lo que significa Martha y Renée, no Rose y Emmett… aunque Emmett no se ve sorprendido porque Bella se vaya. Él y Jasper llegan de cazar alrededor de las diez de esa mañana, sus ojos dorado brilloso y sus pasos llenos de energía. Jasper deja a Emmett en el refugio para que pueda reparar uno de los ganchos de baño que un niño zafó por accidente al colgarse en él "como un mono". Cuando termina, pasa por la oficina de Bella para guardar su taladro y para que le cuente de la visita de Martha.
—No te divertirías mucho con nosotros —dice cuando Bella menciona el día de Gracias—. No cocinamos nuestros pavos.
Bella toma de su té y sonríe ante la imagen mental de Emmett corriendo por los arbustos persiguiendo un pavo salvaje.
—No pensé que los pájaros valieran el esfuerzo.
—No lo son. Personalmente prefiero jamón para el día de Gracias, aunque encontrar cerdos silvestres no es precisamente fácil tampoco.
—¿Hay cerdos silvestres?
—Bueno, son descendientes de cerdos de granja que escaparon, pero son salvajes ahora, sí. Son malvadísimos. Los hace divertidos, para ser sincero.
Bella tiene que reírse, y se alegra de que sus vampiros se sientan cómodos hablando de sus hábitos alimenticios con ella… o por lo menos Emmett. Edward es más quisquilloso.
—¿Cuántos ciervos cazaron tú y Jasper?
—Solo dos cada quien, aunque yo cacé uno de cinco puntos. Tratamos de obedecer los límites legales. Hasta cierto punto. Incluso tengo una licencia para cazar. —Buscando en su bolsillo trasero, saca su billetera y saca la licencia de papel para que la vea. Esto la hace reír a carcajadas, así que ríe hasta que casi no puede respirar. Emmett sonría ampliamente, luego guarda la licencia. En una voz normal y casual, dice:
—Veo que te quistaste tu anillo.
Bella se calma inmediatamente.
—Ya era tiempo.
—No es crítica, solo una observación. —Después de un respiro, añade—: Edward va a venir a la casa esta noche. Me llamó hace un rato; tiene el fin de semana libre, para variar. Está enojado porque Jasper y yo salimos a cazar mientras él estaba atorado en la ciudad. Probablemente lo acompañaré cuando te duermas.
—Tal vez encuentre un puma.
—No. No por estos rumbos. Están extintos en el este, excepto, tal vez, por unos cuantos por Blue Ridge, pero incluso si viéramos uno, no lo mataría. Ponemos atención a la lista de especies en extinción. En esta temporada el año, Edward limpia las carreteras de Atlanta de ciervos, para que no causen tantos accidentes. Buscaremos unos cuantos hoy en la noche, o tal vez coyotes. Escuché que están robando los animales pequeños de las granjas.
Bella no responde inmediatamente, pensando en lo que Emmett le ha dicho. Sus vampiros cumplen todas las reglan incluso cuando no tienen que hacerlo, y en más formas que solo en no tomar sangre humana. A Edward podrán gustarle los pumas, pero no lo cazará donde sobreviven sólo en pequeños números. Emmett, y sin duda Jasper también, compraron licencias de caza e incluso obedecen los límites. Son ciudadanos responsables. Es más prosaico que peligroso, pero está orgullosa de ellos… lo que probablemente pueda tomarse como condescendencia. No puede evitarlo, a pesar de eso, y sonría terminando su té.
—A Edward le va dar gusto verte —dice Emmett con cuidado.
Bella voltea la mirada a la ventana de su oficina.
—Me dará gusto verlo también.
