"Forbidden Paradise"

(Paraíso Prohibido)

Por: Leia Fenix

"Ella era una especie de paraíso, la mujer perfecta en todo sentido de la palabra...pero ese paraíso estaba prohibido para él...y lo sabía...estaba tan prohibido como su entrada al paraíso de los cielos."

Summary alternativo: Técnicamente de 17, Edward a sus 107 años tendrá que ser padre y madre de una joven tan hermosa como su madre, mitad vampiro mitad humana, que heredó su endemoniada personalidad y que la palabra "No está permitido" no entra en su vocabulario.

Declaimer: Absolutamente nada acerca de las historias y los personajes de la genial Stephenie Meyer me pertenece, desgraciadamente EDWAR no es mío (...solo me pertenece la genialidad y originalidad de mi historia).

Advertencia: Creo que está de más advertirles ya que lo he catalogado como reiting M, por lo tanto están avisados de que el contenido de este fic puede (o no es) apto para menores por escenas de violencia o un poco subidas de tono...me explico?¿

Ah y lo más importante Recomiendo que para leer este fanfic ya se hayan leído "Luna Nueva"

Nota de la autora:

¡FELIZ ANIVERSARIO DE LA HISTORIA!

Por Carlisle santísimo, no puedo creer que ya lleve 4 largos, excitantes, emocionantes, tristes y alegres años escribiendo ésta historia. Pareciera que fue ayer cuando un 26 de febrero del 2008 comencé ésta aventura sin muchas expectativas de éxito, para ser sincera.

Pero gracias a ustedes este fic es lo que es. Su apoyo, las ganas de continuar y el ánimo que me dan en cada uno de sus comentarios han hecho de éste mi hobby favorito. Espero seguir otro año más deslumbrándolas, haciéndolas llorar de la risa y de pena por lo menos otro año más.

Como el gran Cerati, solo me queda decir ¡Gracias totales!

El premio se lo lleva más que ganado nuestra hermosa Salesia. Espero que lo disfrutes, va con todo mi cariño y agradecimiento por tu apoyo incondicional.

"/.../Ella estaba en la barra, con el vaso de ginebra que Tía Ange le había dejado para calmar los nervios. Tamborileaba los dedos aburrida mientras veía junto a mí como Elizabeth destrozaba el corazón de Jasper.

Mi teléfono móvil comenzó a vibrar en el bolsillo de mi abrigo, la odiosa canción "Baby" de Justin Bieber que me había puesto Emmett de ring-ton, salía de los parlantes. Me apresuré a contestar antes de que alguien pudiera reconocer la canción y fuera víctima de sus burlas.

-Hablando del rey de Roma.- contesté rodando los ojos.

Salesia a mi lado se removió algo inquieta y dejó el tamborileo de sus dedos.

-¿Es él verdad? ¿No se ha marchado? ¿Dónde está?-

Hice un gesto con la mano para que guardara silencio y me dejara escuchar. Una vez que él gruñó sus órdenes a través del teléfono, colgué y me giré hacia mi amiga. Era mi deber mantener felices a mis lectoras como a mis personajes, así que, para que luego no me culpen, era mi deber hacer lo que Jasper pedía al pié de la letra.

-Quiere que te encuentres con él en el ático de la mansión. Dice que no se irá sin antes entregarte tu premio…como te lo mereces.-

Salesia me miró con sus dulces e inocentes ojos desorbitados.

-No me mires así chica, han sido las palabras exactas que ha pronunciado él, yo soy una simple mediadora, algo así como la mátrix.-

Ella tomó su abrigo del reposa brazos y se apresuró hacia la puerta de entrada. La detuve antes de que saliera.

-Si me permites un pequeño consejo antes de marcharte.-

Ella me miró intrigada. Me sonrió amable y aceptó mi consejo.

-Bueno, esta mañana he visto a Jasper comprando escancias, velas, pétalos de rosas y…aceite para el cuerpo. Ya lo ha hecho antes y podría apostar mí historia a que planea darte uno de sus legendarios masajes. Si quieres mi consejo, pues anda con cuidado. Esos masajes le han traído problemas a más de alguna. Sí me incluyo. Esas manos tienen algo mágico cuando te tocan que luego no te las puedes quitar de la cabeza, ni en sueños.- me estremecía ante el recuerdo.- ¿Eres soltera o casada?

Ella me miró alzando una de sus cejas escéptica.

Si lo estaba ambas nos estábamos haciendo las bobas, sino…pues más que bien le sentaría ese masaje. Pero confundir a la pareja luego de haber probado los masajes de Jasper, era lo más seguro que pasara. Para bien o para mal la dejé ir a su encuentro con las gloriosas manos del rubio vampiro.

Solo esperaba que por el bien de mi querida Salesia, él mantuviera a su brutal anaconda en su sitio./.../"

Espero que te la pases de lujo querida amiga.

Acabo de regresar de mis vacaciones, pero como lo prometido es deuda, aquí las dejo con un nuevo y suculento capítulo de 36 abrumadoras páginas. Luego me cuentan qué tal les ha parecido.

Carpe Noctum

Leia Fenix.

Capítulo treinta y cuatro: "Podríamos haberlo tenido todo"

Elizabethestaba entre esa fina línea de la conciencia que separa el mundo de la realidad con el de los sueños. Sabía que estaba soñando, pero las emociones que sentía eran tan vívidas y escalofriantes como las imágenes.

Intentó despertar, pero al parecer estaba teniendo esa clase de pesadillas de las que no puedes escapar. Así que sin esforzarse más en vano, se dejó arrastrar por la corriente del sueño.

-¡Elizabeth! ¡Elizabeth!, se que estás aquí pequeña malcriada, sal ya si no quieres que vaya por ti y te saque a patadas.- bramaba una voz encolerizada desde el antejardín de los Lauper.

Elizabeth miró alarmada a la señora Maggy quién le estaba sirviendo el desayuno. Luego le lanzó una mirada a Matt y se echó a temblar en la silla. Otra vez había escapado de su casa y se había refugiado en la casa de su mejor amigo. Sabía que apenas regresara a casa la esperaba una buena paliza por su osadía y por no haber cumplido con las labores domésticas que le exigían. Pero jamás pensó que su padre iría a buscarla. Su abuela era la que solía ir a por ella y evitaba los escándalos hasta que estaban lejos de los oídos de otros, pero Mike nunca la había ido a buscar y mucho menos había armado un barullo de tal magnitud. No estaba enfadado, en absoluto, más bien se oía furioso.

Elizabeth saltó de la silla como un resorte cuando escuchó los golpes que descargaba su padre contra la puerta.

-Tranquila cielo.- intentó serenarla la señora Lauper, pero su voz denotaba preocupación y miedo. Hace tan solo quince minutos que su marido había abandonado la casa para dirigirse al trabajo.

-Si tan solo Julien estuviera aquí, él sabría cómo lidiar con éste asunto.-Pensó nerviosa Maggy mientras cogía el teléfono.

-¡Escúchame Mike, si no te vas en éste preciso instante llamaré a la policía!- gritó la señora Lauper haciéndose oír por sobre los atronadores golpes.

-Entonces espero que sepas explicarle a la policía el por qué mi hija de catorce años está en tu propiedad sin mi consentimiento. Aún es menor de edad y tiene que entender que no se manda sola.- Bramó al otro lado de la puerta.

Maggy se quedó congelada en el lugar con el teléfono entre las manos inertes. Matt estrechaba a Eli intentando calmar sus temblores y susurrándole palabras tranquilizadoras.

-Salgan por la puerta de atrás, intentaré hablar con él.- les indicó Maggy.

-¡No! Usted no sabe cómo es él.- Eli no dejaba de temblar.- la golpeará si se interpone en su camino.-

Matt le lanzó una mirada desesperada a su madre, estaba dividido y se sentía de lo más inútil sin saber qué hacer. Maggy mordió su labio inferior insegura y luego los animó nuevamente a que salieran por la puerta trasera.

-A mi no se va a atrever a hacerme nada. Temo más por ti Eli.- dijo finalmente Maggy acariciando la mejilla amoratada de Eli.- Esto tiene que acabar. Ese hombre es el diablo en persona. Váyanse antes de que derribe esa puerta. La policía sabrá cómo arreglar esto.-

Matt arrastró a Eli obediente fuera de la casa. Corrieron todo lo que daban sus piernas sin mirar atrás. Corrieron y corrieron hasta que hallaron refugio en un campo de maíz que los ocultaría momentáneamente para que recuperaran el aliento.

Pero Mike no se había dejado amedrentar por las palabras y las amenazas de la señora Lauper, apenas se percató de que Elizabeth ya no estaba en la casa, salió disparado tras ellos. Era rápido y sus piernas más largas. Eli y Matt aún no recobraban el aliento cuando Mike ya los había alcanzado. Atrapó con fuerza uno de los brazos de ella y comenzó a zarandearla bruscamente mientras le gritaba una sarta de imprecaciones. Matt intentó llegar a ellos pero Mike lo apartó de un empujón que lo mandó a volar.

En el suelo y humillado, Matt le lanzó una mirada de puro odio y desprecio a Mike. Tal vez fuera la adrenalina y el miedo, o quizás sólo la intensa rabia que sentía, lo que hizo que Matt se levantara justo en el momento en que Mike le giraba el rostro a Eli de una cachetada. Corrió hacia ellos y le propinó una patada descomunal a Mike en su entrepierna.

El dolor lo dobló en dos haciendo que se retorciera en el suelo y sus dientes amarillentos chirriaran al chocar unos a otros. Había sido tal la violencia del golpe que a Mike incluso le costaba respirar.

-¡Cabrón hijo de puta!- le gritó Matthew encolerizado.- Si la vuelves a tocar te mato ¿me oíste? ¡Te mato!- le lanzó un escupo en el rostro y luego tomó la mano de su amiga arrastrándola lejos de ahí.

Avanzaron en completo silencio hasta que alcanzaron una explanada cubierta de un alto césped verde brillante. Elizabeth quiso detenerse más de una vez, pero Matthew parecía estar en un trance y continuaba arrastrándola cada vez más al interior del bosque.

Alcanzaron el borde pedregoso del río cuando el sol estaba en lo alto sobre sus cabezas indicando el medio día. Matthew se echó a la sombra del único sauce que había cerca de la orilla y cerró los ojos tratando de serenarse.

Elizabeth no estaba segura de qué hacer para distraer a Matt. Parecía estar enfadado con el mundo, incluso con ella. Decidió dejarlo solo un momento. Se alejó sólo un poco y comenzó a recoger las piedras más planas que encontraba en el suelo para lanzarlas al río y conseguir saltos.

Llenó sus bolsillos de piedras y trepó por el sauce probando la seguridad de las ramas y buscando un mejor ángulo de donde poder lanzar las piedras. Encontró una rama gruesa y fieme que se retorcía hacia afuera en forma horizontal. Se sentó en ella con sus pies colgando sobre las tranquilas aguas del río.

-Gracias.- dijo Eli con timidez luego de un largo silencio.

Matt no respondió absolutamente nada. Se mantuvo en su lugar fingiendo dormir.

-¿Sabes? Éste lugar está genial. Anímate y sube. Haremos una competencia de saltos. ¿Qué me dices?-

Él se quitó su gorra para verla mejor. Le sonrió con complicidad dándole a entender que el mal rato había pasado a la historia. Trepó junto a ella y dio inicio a la competencia. Charlaron de todo, como hacían siempre. Rieron maliciosamente imaginando que ridículo atuendo llevaría la oxigenada y su grupito esa semana ¿Irían a juego?

Matthew bajó del árbol para probar la temperatura del agua.

-No está mal. Un poco fría, pero no insoportable. ¿Una zambullida rápida antes de regresar a casa?- le propuso con una de esas hermosas sonrisas con hoyuelos que tanto le gustaban a Eli.

-No, me congelaré.- Eli rió mientras lo veía desnudándose hasta quedar en ropa interior.

-¡Ba, cobarde!- le gritó desde la roca más alta antes de saltar.

Ella no paraba de reír cuando comenzó a quitarse la ropa con rapidez para alcanzarlo. Se dejó sólo la ropa interior y arrojó el resto de la ropa al suelo desde lo alto del viejo sauce. Matthew sacó su cabeza de vuelta a la superficie con un grito de júbilo. Elizabeth aún riendo se lanzó al agua desde la rama.

Las frías aguas primaverales del río se clavaron en su cuerpo como millones de diminutas agujas erizándole la piel. Pero era joven y las ganas de divertirse hacían que se olvidara del frío. Cuando salió a la superficie Matthew la estaba esperando para iniciar una guerra de agua.

Entre risas, grititos de "me rindo" y agua chisporroteando para todos lados, se fueron acercando sin proponérselo. Cuando sus rodillas se chocaron ambos hicieron un alto al fuego. Elizabeth reía fascinada. Adoraba aquellos momentos con Matt. Él realmente sabía cómo hacerla olvidar de su cruda realidad.

Echó la cabeza hacia atrás para volver a sumergir por completo su largo cabello en el agua. Adoraba el cosquilleo que le producían las puntas de su cabello al moverse con la corriente del agua y chocar contra sus hombros. Cuando volvió a enderezarse, se percató de que Matt la miraba fijamente, con una intensidad tal que hizo que su corazón se disparara en su pecho. Ya había visto esa mirada años atrás en la parada de autobús, cuando Matt le había confesado sentir por ella algo más que una simple amistad. Su cuerpo tembló expectante ante lo que tenía que decir ésta vez su amigo.

¿Estaba preparada para algo más? ¿Lo que decidiera, afectaría su amistad?

Ella sabía que le gustaba a Matt. A veces no era bueno ignorar los sentimientos de los otros y fingir que todo sigue igual.

Matt posó sus manos en los delicados hombros de ella y la acercó más hacia él, temeroso de que ella lo apartara y saliera corriendo. Pero no lo hizo. Por el contrario, cerró sus párpados y esperó a que él la besara, sin oponer resistencia. Matthew se sentía torpe y bien al mismo tiempo. Con Eli se sentía en total confianza. Deslizó sus manos mojadas por el cuello húmedo de ella, arrastrando las gotitas que lo bañaban, hasta acunar su hermoso rostro con forma de corazón. Se inclinó sobre ella acercando sus rostros y la besó.

Los labios de Matt eran trémulos como una pluma sobre los de ella. La besaba casi con parsimonia, como si fuera lo más preciado y delicado en la vida. El beso fue más largo que el primero que le había robado cuando apenas eran unos críos. Él probó el sabor a fresas y madreselva de los labios carmín de ella, mientras que Eli estaba fascinada con la nueva ola de sensaciones que le provocaba ese simple rose. Intensificaron el beso hasta que sus lenguas se rozaron tímidamente. Se apartaron para coger el aire que les faltaba.

Rieron a carcajadas como si uno de los dos acabara de contar uno de esos chistes que sacan lágrimas.

-Tal vez no deseas que estemos juntos ahora. Pero tarde o temprano tú y yo estaremos juntos. Un día nos casaremos y nos iremos lejos de éste pueblo de mierda.- Matt sonaba despreocupado y divertido.

Elizabeth estaba feliz de que ésta vez fantaseara y no se tomara la tarea de conquistarla tan en serio. Aunque pensándolo bien, también a ella le estaba gustando la perspectiva de compartir con Matt algo más que su amistad. Si ya lo compartían todo, ¿por qué no darle también su corazón? ¿Para quién lo guardaba?

Matthew era lo más importante en su vida junto a Charlie. Sin ellos no había nada más.

Fuera del agua, se aproximaron al sauce. Matt tomó una piedra y comenzó a tallar el grueso tronco del árbol. Tardaron horas hasta que se logró distinguir claramente…

"Amo lo nuestro, M y E por siempre"

-Esa es mi promesa para ti. Nunca te dejaré sola, siempre estaré para ti.- le dio un casto beso en la coronilla y la acunó entre sus brazos.

Ahí mismo donde estaba, entre los brazos de Matt, era justo donde deseaba estar para siempre. Era su lugar favorito.

-Tal vez será mejor que regresemos. Ya casi no hay sol.-

Eli gimió en desaprobación cuando el deshizo el abrazo y tomó su mano para ponerla de pié.

Caminaron por las sombras tenebrosas del bosque. La noche los había alcanzado y eso sólo había conseguido que se desorientaran aún más. Estaban perdidos.

Caminaron sin rumbo por un par de horas más hasta que les dolieron los pies y se sintieron exhaustos. Cuando ya comenzaban a pensar que quizás tendrían que pasar la noche en el bosque, Divisaron las luces que salían de una pequeña cabaña a la distancia.

Apresuraron el paso para llegar pronto. El frío y el hambre avivaban cada paso que daban.

La pequeña cabaña resultó ser una enorme casa, casi tan grande como una mansión, en medio de una finca bien cuidada, con hermosos establos y un jardín enorme.

Llamaron a la puerta tímidos, con l intención de poder llamar a Maggy para que los fueran a recoger donde sea que estuvieran.

Una estilizada mujer abrió la puerta. Tenía un llamativo collar de perlas alrededor de su cuello y una sonrisa amable bailaba en sus labios.

-¿Tía Ange?- preguntó Eli dubitativa al creer reconocer a la elegante mujer que descansaba en el marco de la puerta.

No estaba segura de que fuera Ángela, la que alguna vez fue la mejor amiga de su madre, ya que con tantos viajes que tenía agendados no se dejaba caer por el pueblo.

-Sí, la misma.- dijo algo preocupada la mujer luego de ver a dos jovencitos solos merodeando por el bosque. Junto a ella apareció Margaret, intrigada.

Ángela los estudió con cuidado hasta que una sonrisa de reconocimiento se estampó en su rostro.-Pequeña Eli. ¡Oh por Dios…estás enorme! Toda una mujercita.- La estrechó con fuerza contra su pecho hasta dejarla sin aliento.

Mientras tía Ange la abrazaba, Eli no pudo dejar de notar como Matt y Margaret se lanzaban miradas furtivas. ¿Qué demonios estaba haciendo Matt? Se supone que la oxigenada era el enemigo. Su semblante alegre cambió a triste apenas comprendió el peligro de la situación que estaba a punto de poner su amistad en jaque.

Sabía que tarde o temprano él terminaría enamorándose de otra persona que correspondiera a su amor, a diferencia de ella. Por primera vez sintió una punzada de celos. No estaba preparada para tener una relación con Matt, pero tampoco estaba preparada para perderlo.

-Eli querida… ¿estás bien? Eli, Eli respóndeme por favor.- Tía Ange sonaba preocupada, pero Elizabeth no podía contestar, un nudo se había alojado en la base de su garganta y su corazón dolía como si le hubieran clavado una espina.

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-Eli, Eli querida ¿Está todo bien? ¿Puedo pasar? Eli, Eli respóndeme por favor.-

Elizabeth abrió los ojos de golpe cuando sintió la alegre voz de la tía Ange cerca. Tenía la extraña sensación de saber que había estado soñando pero no recordar el sueño. Su nuca estaba perlada por un frío sudor y su corazón se estrellaba con fuerza dentro de su pecho.

Estaba algo desorientada y le tomó un tiempo recordar donde estaba. Se sentó de golpe en la cama buscando alarmada a Thomas. ¿Dónde demonios se había metido?

-¡Tía Ange, solo espere un segundo!- se hizo escuchar Eli.

Justo en ese momento Thomas entró trepando por la ventana.

-¿Dónde estabas?- le preguntó Eli en un susurro histérico.

-De cacería. Luego estuve charlando con Alice y…- respondió él lanzándole una mirada inocente.

Elizabeth se mordió la lengua para no lanzar una maldición.

-No tiene importancia…-lo interrumpió sin subir la voz más allá de un susurro.- Métete en la cama pronto, Tía Ange está aquí y no te puede ver durmiendo en el sofá, así que necesito que muevas tu gélido trasero y lo metas en la cama, ¡ya!-

Antes de que Eli pudiera parpadear Thomas ya estaba junto a ella cubierto parcialmente con las sábanas, justo en el momento en que Tía Ange abría la puerta arrastrando una mesita con ruedas plagada de comida.

-¿Cómo amaneció la nueva pareja?- preguntó ella sin perder su toque de picardía.- Perdonen la intromisión, pero no pude resistirme. Les he traído el desayuno.- Abrió las cortinas mientras hablaba dejando pasar unos tenues rayos de sol.- Hoy habrá un tiempo estupendo. El sol nos bendecirá con su compañía. No es algo usual, así que decidimos hacer una cabalgata por el bosque. Partimos a las diez, espero que se animen para acompañarnos.- chasqueó la lengua y luego les regaló una sonrisa amable.- Disfruten su desayuno.-

Una vez a solas Elizabeth soltó todo el aire que había estado reteniendo en los pulmones. Por poco y los descubren.

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El sol refulgía con intensidad en los establos de la finca de los Whitman. Los caballos relinchaban alegres mientras los sacaban hacia el corral del frente donde el sol calentaba sus lomos y los llenaba de energías. Elizabeth jamás había montado antes, pero Tía Ange estaba empecinada en que disfrutaran de una cabalgata.

Al grupo se habían unido el señor Whitman, Julien y Maggy Lauper, Matthew, Margaret, Adam Theron, Lucy Horn y Amy Marshall.

Elizabeth se sorprendió de sobremanera al ver a ésta última vestida con un elegante atuendo de equitación.

-¿Amy?- preguntó tontamente por la obviedad.

-¿Eli?- ella le respondió con otra pregunta.

-¿Se conocen?-Preguntó alegre la señora Lauper.

Ambas jóvenes se giraron hacia Maggy y asintieron. Luego se abalanzaron una sobre la otra regalándose un apretado abrazo.

-¡Dios! Pareciera que no te veo hace siglos. Últimamente no te dejas ver por la escuela.- dijo alegre Amy mientras desordenaba aún más el leonino cabello de Eli.

-Sí bueno, luego de las vacaciones los profesores nos han invadido de deberes.- respondió algo incómoda, eso de mentir no se le daba nada de bien. Pero no podía explicarle la compleja situación que estaba viviendo en su casa. Seguro Amy se destornillaba de la risa apenas ella mencionara la palabra vampiros.- ¿Qué haces aquí?- pensó que lo mejor era cambiar el curso de la conversación.

Amy la observó de forma escéptica y Maggy respondió en su lugar.

-Amy es mi sobrina. Verás Eli, mi apellido de soltera era Marshall. Amy es la hija de mi hermano.-

Amy sólo hizo un gesto gracioso apuntando a su cabello de un rojo ardiente como el de Maggy.

Elizabeth se sintió estúpida por no caer en ese detalle antes.

-En realidad la pregunta va dirigida hacia ti.- preguntó con malicia.- ¿Qué haces aquí Eli? ¿Eres soda masoquista por venir a la boda de mi primo y, te recuerdo ex no deseable tuyo, o no te conformas con tu estupendo novio?- Amy no tenía filtro cuando hablaba, pero si lo tuviera no sería Amy.

Elizabeth soltó un suspiro apesadumbrada por la verdad escondida en las palabras de su amiga, mientras que Maggy le lanzaba una mirada de reproche a su sobrina.

-Para tu información, ese estupendo novio del que hablas no se lo ha dejado en casa. ¡Ha venido con ella!- Tía Ange había sonado de lo más entusiasta. La verdad es que Thomas la tenía completamente encantada.- Pobre chico, no ha podido venir con nosotros ya que le teme a los caballos.-

Amy arqueó una ceja inquisitiva.

-Ya sabes, malas experiencias en el pasado. Cuando era niño calló de uno y ya nunca más quiso volver a montar.- Eli sabía que era una escusa pobre, pero era la única que se les había ocurrido para mantener a Thomas alejado de los caballos. Al pobre se le hacía agua la boca estando cerca de ellos.

-Pobre imbécil.- farfulló Matthew antes de clavar sus talones en el vientre del caballo y echarlo a andar por el sendero de secuoyas.

-En todo caso…-comenzó Amy quitándole hierro al asunto.- Es una gran alegría tenerte aquí. Ahora sí que esta boda será divertida- Amy no se molestó en ser más cuidadosa con sus palabras, aún sabiendo que fastidiaba a su familia tanto como a Margaret.

-Éste es para ti Eli.- Marcus, el padre de Margaret se había acercado a Elizabeth con un hermoso equino blanco de raza árabe. Caminó hacia ella con un grácil trote y se dedicó a olisquear el perfume que despedía su cabello.- Es un buen caballo. He escogido el más manso para ti. No te dará problemas. Es excelente para principiantes.-

El hermoso caballo clavó uno de sus negros ojos en ella. Relinchó nervioso y zapateó el suelo un par de veces inquieto. No parecía querer que lo montaran.

-No te asustes, sólo está ansioso por salir a dar un paseo. Hace un día precioso. ¿Te ayudo a subir?- Marcus extendió una mano hacia ella mientras doblaba una rodilla para que ella pusiera su pié ahí y se echara impulso.

Elizabeth no estaba segura de qué debía hacer, para ser sinceros no estaba segura del por qué estaba ahí, ella no sabía montar, si no fuera por las molestas insistencias de Tía Ange, ella jamás habría corrido el riesgo.

Una vez arriba, tomó las riendas que le ofrecía el señor Whitman y el caballo salió disparado para el frente a toda velocidad por el sendero. Todos soltaron un grito de alarma, pero el de Elizabeth fue el más fuerte y agudo.

-¡Sujeta las riendas con fuerza y tíralas hacia atrás para que se detenga, ya voy por ti, no temas!- le gritó en vano Marcus mientras se subía veloz a otro caballo para darle alcance.

El caballo de ella corría desbocado, tan veloz como el viento. Elizabeth tuvo que hacer un esfuerzo sobrenatural por apretar sus rodillas contra el vientre del animal para no caer. Gritaba asustada al tiempo que intentaba hacer lo que le había dicho el padre de Margaret. Pero cada vez que tiraba de las riendas, el caballo cabeceaba hacia adelante, ignorando la orden, tirándola a ella consigo haciendo que perdiera el equilibrio.

-¡No puedo detenerlo!- gritó histérica mientras se agachaba sobre el lomo del equino intentando esquivar las ramas de las secuoyas que rozaban su cabeza.

Cuando pasó junto Matthew hecha una bala, él se percató de la situación y fue a su rescate apresurando a su caballo tras el de Eli. No era fácil alcanzarlo, parecía que corría despavorido por algo que le daba miedo.

-¡Afírmate como puedas Eli, ya voy!-

Gritó Matthew mientras se aproximaba a ella por detrás a toda prisa, cuando una sombra negra y borrosa lo sobrepasó echando una nube de denso polvo tras de sí que se metió en los ojos de Matt dejándolo cegándolo momentáneamente.

-¡AH!- gritó Eli a lo lejos.

-¡Eizabeth!- gritó Matthew desesperado mientras rascaba sus ojos y continuaba pinchando a su caballo para que no se detuviera.

Cuando alcanzó el caballo de Elizabeth y lo halló desmontado, pensó lo peor. Eli se había caído, pero donde. Con la prisa que llevaban todos los que venían tras ella podrían pasar con el caballo sobre ella.

-¡Deténganse!- les gritó desesperado a los demás mientras sus ojos buscaba sin cesar entre la nueve de polvo algún rastro de Eli en el suelo.

Marcus lo alcanzó y atrapó con un lazo el caballo descarrilado.

-¿Dónde está ella?- preguntó autoritario con el miedo impregnado en su voz.

-¡No lo sé, no la encuentro!- gritó Matt colérico sin dejar de buscar. Rogaba porque no hubiera caído por el barranco.

El sonido del trote de otro caballo cerca llamo la atención de ambos. Tras la nube de polvo apareció Thomas montando uno de los magníficos caballos de Marcus y sobre su regazo estaba una aún asustada Elizabeth.

-Eli- Matt soltó un gemido ahogado, apenas si pudo articular su nombre mientras el alivio lo consumía.

-¡Guau chica, vaya susto que nos has dado!- dijo Marcus soltando una carcajada para liberar tensiones. –Creo que mejor posponemos la cabalgata para otro momento. Ya hemos tenido bastante emoción. ¿Qué les parece si pasamos al picnic?-

Elizabeth se sintió agradecida de la propuesta de Marcus, nada le gustaría más que alejarse de aquellos rabiosos caballos.

-Por cierto chico, bien hecho. Has sido todo un héroe.- Marcus felicitó a Thomas.

-Creía que le temías a los caballos.- soltó Matt con desdén, el alivio estaba dando paso a la rabia que comenzaba a crecer en su interior como una pastilla efervescente. ¿De dónde carajo había aparecido el tal Thomas? ¿Cómo tuvo tiempo para montar y cabalgar? Y ¿Cómo logró pasarlo si él iba a toda velocidad y estaba notablemente más cerca de Eli que el resto?

-Al parecer sólo bastaba que mi chica estuviera en peligro. Creo que esa es una razón más que suficiente para que venza mi fobia hacia los caballos y corra tras ella. ¿No te parece?- al contrario de Matt, Thomas sonaba carismático y despreocupado.

No buscaba una pelea y eso de algún modo hacía que Matt se cabreara más en vez de amedrentar su ira.

-Dios mío, aparte de guapo a resultado ser todo un héroe.- Tía Ange corría al encuentro de Thomas fascinada.

Durante todo el picnic el relato de cómo Thomas había salvado a Eli había sido el gran tema de conversación. Las más cotillas ya estaban distorsionando algunas partes de la historia agregándole detalles inventados que resultaban ser más emocionantes.

Pero ninguna de sus versiones se acercaría jamás a la real, pero eso solo Eli lo sabía. Estaba agradecida de que Thomas la hubiera salvado. Y él había sido lo bastante rápido como para acudir a su grito de auxilio. Había cargado uno de los caballos del establo solo para poder aparentar frente a los humanos para no levantar sospechas. Pero había sido tan veloz que jamás los ojos de ellos habrían podido ser capaces de percibirlo.

De no estar él posiblemente tendría que haber entrado en su fase vampírica y solo Dios sabe lo que habría sido capaz de hacer. Quizás descuartizarlos a todos o drenarlos hasta sentirse saciada. Tembló ligeramente al pensar en el horror que podía generar si desataba por un segundo el monstruo que llevaba dentro.

Aquel caballo parecía asustado…asustado de ella, tal y como lo había estado el caballo de Thomas cuando él lo montó. La pobre bestia había sucumbido bajo la amenaza de aquel depredador letal y no hacía nada por escapar de su agarre.

Matthew, por alguna razón que ella desconocía, estaba notablemente enfadado. No hablaba con nadie, salvo una que otra palabra que cruzaba con Margaret, y apenas si había probado algo de la suculenta sesta que había preparado Tía Ange para el picnic.

Lo vio alejarse cabizbajo por la planicie hasta perderse en el campo de maíz aledaño.

-Ya regreso.- le susurró Eli a Thomas mientras apuntaba con su cabeza en dirección a Matt.

-Suerte.- él le guiñó un ojo y se encargó de distraer al resto con una de sus tantas historias de estudiantes excéntricos.

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Un sauce solitario dejaba caer sus largas ramas como lágrimas sobre el tranquilo cauce del río. Se encontraba entre las piedras que bordeaban el río y se recortaba contra la imagen de las imponentes montañas tapizadas de verdes pinos. Algunas de sus enormes raíces se retorcían fuera de las piedras como si de pronto decidiera cobrar vida y comenzar a caminar.

Elizabeth avanzó despreocupada hacia el árbol como lo había hecho tantas veces desde su infancia. Miraba la gravilla a sus pies buscando las piedras más planas y guardarlas en sus bolsillos para luego lanzarlas al río haciendo "sapitos", una tradición que mantenía desde pequeña. Alzó sus orbes verdes hacia el sauce para escalarlo una vez que llenó sus bolsillos, fue entonces cuando se percató que alguien se mecía sobre una de sus gruesas ramas bajo la cortina de largas ramillas. Se detuvo. Tan solo a unos pocos pasos la separaban del viejo sauce. Su corazón comenzó a bombear con más fuerza y la adrenalina a hormiguear en su estómago. De pronto se sintió nauseabunda. ¿Sería posible que él estuviera ahí…sentado en aquel árbol, el que habían declarado como su árbol desde que habían descubierto ese lugar en sus juegos de infancia? Desde ese punto comenzó a avanzar con sumo sigilo intentando en lo posible ahogar el ruido amortiguado de sus pisadas sobre las piedras del lecho del río. Se ocultó tras la roca más próxima y desde ahí estudió al intruso. Transcurrieron unos pocos minutos hasta que el extraño ahogó el sonido del agua del río con su masculina voz.

-Me alegra que vinieras. Pensé que ya te habías olvidado de nuestro lugar favorito.- dijo Matt de pronto sin voltearse.

Elizabeth pegó un respingo sorprendida y se incorporó saliendo de su precario escondite. Estaba tan sorprendida como él de encontrarlo ahí. Creía que había perdido su rastro en el campo de maíz. Sacudió la tierra húmeda que se había pegado en sus vaqueros y en sus manos, y en silencio se acercó al viejo sauce corriendo sus largas y flácidas ramas como si se trataran de una cortina de aromáticas hojas. Suspiró sobrecogida por los recuerdos que le traían aquel lugar que tanto amaba. Recorrió con sus finos y largos dedos la marca áspera tallada en la viaja corteza, mientras sus ojos leían las palabras que el moho no había borrado aún.

-"Amo lo nuestro, M y E por siempre".- Recitó él a memoria las palabras que habían tallado, circundadas por un corazón, un frío día de San Valentín hace tan solo un par de años.

Elizabeth clavó su mirada empañada en la espalda de Matthew. Ahogó un gemido de dolor que comenzaba a trepar por su garganta, frunciendo con fuerza sus carnosos y rojos labios. Respiró hondo intentando dominarse nuevamente. Se rehusaba a la idea de llorar nuevamente, menos en presencia de él.

-Ya no será más así dentro de poco.- Su voz había sonado inanimada.

Matthew suspiró derrotado y finalmente se giró para enfrentarla. Sus hermosos ojos de un gris glaciar estaban turbados como si dentro de él se estuviera desatando una tormenta.

-Recibí esto. Por eso vine…por eso estoy aquí, ¿Recuerdas?- le contestó Eli mordaz a la pregunta silenciosa de Matt, alargándole el parte de matrimonio que mantenía arrugado en uno de los bolsillos de sus vaqueros.

-Claro…-susurró Matt más para sí mismo y volvió a girarse clavando su mirada en las tranquilas aguas del río.

-¿Realmente quieres que asista a tu boda o es una broma cruel?- le preguntó ella sin poder ocultar el sufrimiento que se colaba en sus palabras.

Un rictus de dolor cruzó el joven rostro de Matt.

-Eres mi mejor amiga, nada me haría más feliz que estuvieras ese día a mi lado compartiendo ese momento tan importante en mi vida. Pero si te hace infeliz entenderé tu ausencia.-

Elizabeth quería reprocharle, quería mandarlo al carajo y vomitarle un rosario de blasfemias que tenía aprisionado en la garganta…pero no pudo. La mirada opaca y el semblante triste que bañaba cada una de sus masculinas facciones la desarmaron como si una bola demoledora hubiera impactado sobre ella. Se quedó paralizada. Se sentía pegada al suelo como si de pronto sus pies hubieran echado raíces bajo tierra. Le faltaba el aire y de forma mecánica llevó sus manos a cubrir su desnudo cuello intentando deshacer el nudo de su garganta que la asfixiaba.

Elizabeth lo conocía lo suficiente como para saber que él estaba sufriendo.

-La amo…de una forma distinta a la que te amo a ti, pero no por eso menos fuerte.- Matthew se sinceró por primera vez desde que se habían alejado.

Sus palabras eran veneno puro para Elizabeth, pero aunque le dolieran continúo escuchándolo.

-Al principio había tomado éste compromiso como mi pase directo al éxito. Una unión por conveniencia en la cual ambos saldríamos beneficiados, tanto Margaret como yo. Quería realizarme laboralmente y luego volver por ti…pero ya sabes…- se encogió de hombros y suspiró.- no se puede tener todo en ésta vida.-

-Nos teníamos el uno al otro…pero al parecer eso a ti no te bastaba. ¡Podríamos haberlo tenido todo!- le espetó ella ácida mientras empuñaba las manos.

Matthew asintió en silencio.

-Vamos trepa, siéntate a mi lado.- le ofreció Matt mientras palmeaba el lado del tronco vacío junto a él.- Será como en los viejos tiempos.-

Se giró sobre sus talones con sus manos empuñadas pegadas a sus costados dispuesta a marcharse furiosa. Pero se detuvo cuando sintió las tibias lágrimas, que habían salido sin permiso de sus ojos, bañando sus mejillas. Las apartó de su rostro rápidamente con el dorso de su mano.

Matthew la había visto llorar incontables veces, pero ésta vez no quería que la viera llorar. Suspiró intentando alejar el temor y el dolor. Volvió sobre sus pasos y comenzó a trepar las ramas hasta alcanzar aquella gruesa sobre la cual estaba sentado Matt.

Estuvieron largo rato en silencio sin moverse. Ambos miraban el horizonte y el río que avanzaba perezoso bajo sus pies. El sol comenzaba a ocultarse pintando el cielo despejado con cálidos tonos anaranjados, rosas y amarillos.

-Tradición…- dijo ella de pronto, nostálgica, mientras le ofrecía una de las piedras para que la lanzara al río, como solían hacer de pequeños sentados en aquella misma rama del viejo sauce que los vio crecer con el pasar del tiempo y a su vez el que vio crecer el amor en ellos…el mismo sauce que ahora sería testigo de ver morir ese amor y sepultarlo en las aguas de un verde espeso, ahogando en él las largas horas de charla, los baños que se dieron desnudos los escasos días en que las nubes dejaban pasar libremente los cálidos rayos de sol, las risas cantarinas y los besos compartidos.

-Tradición.- repitió Matt cogiendo la pequeña y plana piedra entre sus manos mientras le regalaba a Eli una sonrisa quebrada.

Lanzaron las piedras una tras otras contando los saltos que lograban. Sin proponérselo se habían relajado, reían y mantenían una charla ligera como si fuera un día cualquiera.

Por un momento volvieron a ser los niños de antaño, olvidándose de la intensa situación a la que estaban enfrentándose…olvidándose de todo y de todos.

-¿Te animas a lanzarte?- preguntó él cuando habían acabado con todas las piedras que Eli había guardado en sus bolcillos.

Ella se quedó mirándolo intrigada. Matt le dedicó una de aquellas sonrisas cómplices que sólo le dedicaba a ella, y se precipitó rápido por las ramas hasta alcanzar el pedregoso suelo. Comenzó a quitarse la ropa sin el más mínimo síntoma de pudor al estar semi-desnudo frente a ella, hasta que sólo sus partes íntimas quedaron cubiertas por sus bóxers azules.

-Eres una cobarde.- dijo picándola.

Se acercó a un complejo rocoso que había cerca y subió a la roca más grande que se adentraba en el lecho del río y brincó desde ella al agua.

-¡Matt cuidado!- gritó ella alarmada por lo cerca que se había lanzado de las rocas. Fácilmente se podría haber golpeado.

Al percatarse que él tardaba más de lo normal en salir a la superficie, se quitó el abrigo y los tenis tan veloz como pudo y se dispuso a saltar tras de él para rescatarlo.

Subió a la misma roca de donde él había saltado. No lo pensó ni un segundo más y fue tras él. Cuando se sumergió bajo el agua, diminutas burbujas de oxígeno estallaron a su alrededor haciéndole cosquillas en el rostro. La corriente era débil y apenas la arrastraba. Las piedras del fondo estaban cubiertas de resbaladizo musgo. Antes de salir a la superficie intentó disipar las burbujas para ver si lograba verlo. Fue entonces cuando entre ellas apareció el rostro de Matt, sonreía sabiéndose descubierto y sin darle tiempo a Eli de salir a la superficie, la asió por los hombros con fuerza acercándola hacia él, mientras pataleaba para mantener ambos cuerpos en el fondo. Sin previo aviso, bajo el mundo acuático que los separaba del real que los esperaba en la superficie, Matt estrelló sus labios contra los de Eli robándole el aliento.

Al principio ella se resistió. Pero luego compartió ese beso con él, con una desesperación y pasión tal que parecía hacer combustión espontánea dentro de ella. Aunque quería ignorarlo, en el fondo de su corazón sabía el significado de ese beso.

Era el beso de despedida…era el beso del final.

De esa forma, dolorosa y apasionada, Matt sellaba la historia de ambos y la guardaba en el baúl de los recuerdos en un lugar especial de su corazón.

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-Con que aquí estabas amor. Me has hecho mucha falta.- Thomas rodeó su delgada cintura con un brazo y depositó un tierno beso en su mejilla.

Eli dio un respingo sobresaltada y luego rió nerviosamente. La había pillado por sorpresa mientras volvía junto a Matt. Su leonino cabello aún estaba húmedo luego de zambullirse en las heladas aguas del río. Por su parte Matt le lanzaba una mirada ponzoñosa al brazo de Thomas que rodeaba tan cariñosamente a Eli.

-¿Yo? Más bien tú eres el que andaba desaparecido. ¿Dónde estabas? Ya casi anochece.- le preguntó una vez que Matt se había marchado, cabreado, excusándose de que tenía que prepararse para la cena.

-Haciendo mi tarea.- contestó él con tranquilidad mientras movía sus cejas de arriba a abajo de forma sugestiva.

Eli le lanzó un pequeño golpe juguetón en el vientre.

-Explícate.-

-Bueno estuve charlando con la futura señora Lauper y, luego de incentivarla a beber unas cuantas copas de champaña, puedo afirmar con seguridad que ya somos amigos. Incluso la he convencido de que estamos perdidamente enamorados y que tus intereses hacia Matthew son meramente amistosos.-

-¿Y?- quiso saber Eli intrigada. La verdad es que le asombraba la facilidad con que Thomas podía llegar a tener la completa confianza de las personas que lo rodeaban. Estaba segura que se trataba de una de las tantas habilidades de los vampiros.

- Al parecer la boda va en serio.- Algo murió dentro de Eli cuando escuchó lo que Thomas tenía que decirle, haciendo que el brillo de sus ojos esmeralda se volviera más tenue.- Sin embargo…-agregó Thomas, volviendo a llamar la atención de Eli.- Margaret tiene sus serias dudas acerca de la seguridad del novio con respecto al tema. Al parecer tenemos un eslabón débil en la cadena…y hay que atacarlo querida. No está todo perdido aún.-

Elizabeth sabía que no estaba bien, pero por primera vez en el día logró componer una sonrisa sincera y radiante.

-Tu trabajo comienza esta misma noche.-

-¿A qué te refieres con mi trabajo?-

-Bueno, estas cordialmente invitada a ser partícipe de la distorsionada despedida de soltera de Margaret.-

-Dudo que ella quiera que yo esté ahí. Es su noche, su despedida. Ella me aborrece.-

-No lo niego…y estoy de acuerdo contigo, pero al parecer ha sido su madre, la encantadora señora Ángela, la que ha insistido en que asistas al evento. No sería mala idea que te ganaras la confianza de Margaret. Debes aprovechar la oportunidad de emborracharla y sonsacarle toda la información que puedas usar a tu favor.- le recomendó astutamente Thomas.

Elizabeth rodó los ojos. Solo eso le faltaba, fingir ser amiga de la oxigenada. Sin embargo no podía burlar la inteligencia de su amigo. Thomas tenía razón, si Margaret no hablaba por sí sola, el alcohol lo haría por ella y lo más seguro es que con su pasado oscuro encontrara más de algún argumento a su favor que la ayudaran a hacerle entender a Matt todo lo que perdía si se casaba con Margaret.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Esta noche aremos que los buenos momentos duren para siempre!- gritó desaforada Lucy Horn provocando que las demás chicas la corearan con grititos de entusiasmo.

Todas se bebieron otra ronda de tequila que venía en unos originales tubitos de vidrio que se usan en los laboratorios para las sustancias químicas.

-Te lo suplico no me dejes aquí. Creo que están realmente locas.- dijo Eli temerosa mientras se aferraba con fuerza a las solapas del abrigo de Thomas.

Estaban en un lujoso club en Port Angels destinado exclusivamente para celebrar despedidas de solteras.

-Sólo están borrachas. Es una despedida de solteras, ¿no esperarás que permanezcan sobrias verdad? A veces pienso que has nacido en el siglo equivocado.- negó con la cabeza sin dejar de sonreír.-Ve y diviértete.- sacó de su bolsillo con discreción un fajo de billetes de cien dólares y luego los guardó rápidamente en el bolso de mano de Eli.- Ya sabes lo que tienes que hacer. Gana la confianza de Margaret y será el fin para ella. Alice me lo dijo esta mañana cuando hablamos por teléfono. No le digas que te conté. Será nuestro secreto.- le susurró al oído y luego la besó en los labios, a modo de despedida, frente a todas las miradas hambrientas de las féminas.

-¡Hey Thomas!- gritó una de las amigas plásticas.- vete ya y déjanos a Eli…a no ser que quieras ser nuestro gigoló.-

Todas comenzaron a gritar y a aplaudir entusiasmadas nuevamente.

-Me voy, aunque estoy seguro que me arrepentiré de no pasar la noche con ustedes.- se marchó, pero todas se quedaron suspirando por él.

-Si te aburres en la despedida de soltero… ¡pues ya sabes dónde encontrarnos!-

¿Esa había sido Margaret? Eli se giró asombrada para descubrir a la oxigenada haciéndole ojitos a Thomas mientras el séquito se descoyuntaba de la risa. Eli fingió reír pero ciertamente no era creíble. Si su tía Alice estuviera ahí la fiesta sería un charco de sangre.

Amy la salvó de la incómoda situación arrastrándola a la barra.

-¿Crees que ya es un buen momento para explicarme qué demonios están haciendo tú y el bombón de Thomas?-

-No, y ninguno es buen momento.-

-De acuerdo, si lo pones así… ¡Hey cantinero!- el barman soltó un resoplido notoriamente ofendido. Pero Amy fingió no oírlo.- Dos Cosmopolitan bien cargados por favor.- luego se giró hacia Eli.- De un modo u de otro hablarás.-

Elizabeth sonrió a su amiga, vencida. Bebió un sorbo de su suculento vaso y se confesó.

-No vine a esta boda en son de paz.-

-Oh sí, ya lo creo. Si estuviera en tu lugar supongo que haría lo mismo. Saltémonos la aburrida parte de que sigues loca por mi primo, ¿de acuerdo?, quiero saber qué pretendes con Thomas.-

-Thomas es parte del juego. Y él y yo no somos más que buenos amigos.-

-Eso de amigos nada. Sabes que soy una ferviente creyente de que la amistad entre el hombre y la mujer no existe.

Pero él no es un hombre, es un vampiro. Se convenció Eli mentalmente.

-Ya. Pero ha venido a ayudarme…como amigo.-

-Fingiendo ser algo más.-

-Exacto.- Eli bebió otro sorbo. Le encantaba lo habilosa que podía resultar ser su amiga. Lograba hilar las ideas rápidamente. Con ella no eran necesarias tantas explicaciones.

-Bueno, los felicito. Hasta ahora los tiene a todos engañados. Tía Maggy y la madre de la oxigenada…-

-Angela.- la corrigió Eli

-Sí, como sea, ambas no paran de cuchichear acerca del buen partido que te has encontrado.-

Eli suspiró aliviada. Al menos nadie, a excepción de Amy, sospechaba nada.

-Y qué es lo siguiente en tu itinerario de "arruinar la boda de tu mejor amigo". ¿Destruir el vestido de novia?- preguntó esperanzada Amy.

-Eso sonó a película.- rió Eli.- Y no, aunque creo que es una excelente idea, no voy tras el vestido de la novia. Más bien tengo que averiguar qué errores ha cometido, si los hay, para hundir su seguridad con respecto a casarse.-

Amy la quedó mirando unos instantes atónita. Con los labios fruncidos.

-Malvada.- soltó luego de un rato, pero su voz era animada.- ¿Y cómo piensas hacerlo?-

Elizabeth se bebió de un sorbo lo que quedaba en su copa. Un temblor recorrió su espina dorsal haciendo que se estremeciera. El alcohol ya había entrado a su sangre y comenzaba a apoderarse de su sistema nervioso diciendo "hola". Elizabeth rió nerviosamente y luego fijó sus ojos verdes, con intensidad e inteligencia, en los de su amiga.

-Del mismo modo en que tú me haces hablar a mí.- dijo finalmente. Su aliento era dulce y despedía alcohol.

Amy soltó una risotada comprendiendo.

-Que suerte que tengas contigo a la experta en soltarle la lengua a la gente con el elixir que nos ofrece el alcohol.- le dijo en un tono confidente. Luego se giró en el taburete para llamar la atención de todas.- ¿Dónde está la futura novia?-

-¡Aquí, aquí!- gritó Margaret animada mientras arreglaba sobre su cabeza un velo blanco con el que la habían coronado sus amigas a modo de cotillón.

-Creo que es la hora de los brindis para despedir a la que en unas horas más se convertirá en la ex soltera más codiciada de todo el instituto de Forks.- las animó Amy alcanzando uno de los tubitos y pasándole otro a Eli.

Elizabeth suspiró dándose coraje a sí misma. No podía creer en lo que estaba a punto de hacer. Pero ya estaba aquí y ya había llevado esta farsa lo bastante lejos como para arrepentirse justamente ahora. Alzó su mano en el aire y gritó…

-Por la ex soltera más codiciada de todo Forks… ¡te amamos Margaret!- y bebió el shot ahogando una arcada.

Todas gritaban y saltaban coreando a Eli, con sus tubitos preparados en sus manos. También ellas brindaron por la novia.

-Que el juego comience.- brindó Amy bebiéndose también su tubito y regalándole una sonrisa cómplice a Eli.

Fueron necesarios muchos combinados y varios tubitos de Tequila para que Margaret se sintiera con la plena confianza de desenterrar sus travesuras y secretos de adolecente. Elizabeth había fingido seguirle el paso con el alcohol, pero a ratos era difícil y también ella debía beber, por lo cual tampoco estaba funcionando con total normalidad. Sin embargo estaba capacitada para caminar sin tambalearse y para retener en su mente la misión que debía llevar a cabo.

Cuando encontró el momento oportuno, tomó del brazo a una siempre sonriente Margaret y la llevó a un apartado.

-¿Qué haces? ¡La fiesta es por allá!- dijo penosamente la rubia con su lengua trabándose en su paladar.

Eli la sentó en una butaca, le puso un nuevo combinado entre las manos, y luego se sentó a su lado.

-Es el confesionario. Debes absolverte de todos tus pecados antes de unirte en sagrado matrimonio.- le contestó finalmente Eli mientras unía sus manos como si fuera a rezar.

Ambas rompieron a reír estrepitosamente.

-¿Es eso cierto? Creía que los curas se encargaban de eso.- preguntó Margaret y luego soltó un hipido.

-¡Qué va! por supuesto que sí, sino no te habría traído para acá, ¿con qué propósito? - contraatacó Eli de forma amistosa intentando hacerse la desentendida.- Es el último eslabón que te ata a tu soltería antes de dar el sí en el altar. Al confesarte dejarás atrás todo tu pasado oscuro. Te librarás de tus secretos y será como si entre tú y Matt no existieran mentiras.- sabía que había sonado patética, pero guardaba la esperanza de que Margaret estuviera lo bastante borracha como para no procesar del todo lo que le había dicho.

Margaret se puso sería de pronto y Eli temió verse descubierta en su mentira. Luego se arrojó sobre el regazo de Eli y comenzó a llorar desconsoladamente.

-Esto era peor de lo que había esperado-Pensó con desesperación Eli.

Miró a ambos lados alerta esperando que nadie las estuviera mirando. Sin saber qué hacer, palmeó torpemente un par de veces la cabeza de Margaret intentando de algún modo consolarla. Luego de unos minutos que se le antojaron eternos, la blonda cesó su llanto.

Se sorbió la nariz unas cuantas veces e intentó limpiar con una servilleta el maquillaje corrido bajo sus ojos. Bebió un sorbo de su copa con manos temblorosas y luego posó sus ojos aguados en los de Eli.

Estaba a punto de confesarle algo…y Eli lo sabía. Sólo debía darle un empujoncito.

-Sé que durante los últimos años sólo nos hemos dedicado a pelear. Pero antes fuimos amigas ¿no es así? Puedes confiar en mí.-

Aquello era una mentira garrafal, pero Elizabeth necesitaba esta confesión desesperadamente si quería hacer entrar en razón a Matt antes de que se le escapara de las manos como la arena entre los dedos. Su corazón batió enérgico mientras esperaba expectante.

Margaret compuso una sonrisa rota y asintió con cuidado.

-Incluso a mi me cuesta creer en lo que te estoy a punto de contar.- habló despacio intentando modular lo suficiente para que Eli la entendiera. En sus ojos había tanta pena y desesperación que Elizabeth tuvo que contener el impulso de abrazarla.- No estoy orgullosa de lo que hemos hecho, pero me sentía tan sola…-hablaba tan despacio, como si fuera para ella sola, que Eli tuvo que acercarse más a Margaret para poder oírla.- Te lo contaré todo desde el comienzo, pero te lo ruego, no me juzgues mal.-

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Fue una de esas raras noches en que su padre se quedaba en casa y dejaba de lado uno de sus incansables viajes de negocios. La finca estaba repleta de invitados, todos con sus mejores trajes y bebiendo del mejor Brandy que Marcus Whitman había traído desde Europa en su último viaje.

La música clásica sonaba en toda la primara plana de la casa. Ángela Whitman era la perfecta anfitriona. Con sus centellantes joyas y sus despampanantes vestidos irradiaba alegría por donde pasaba y saludaba a todos sus invitados de forma acogedora. Nada en ella delataba que hace tan solo un par de horas había mantenido una acalorada discusión con su marido.

Margaret observaba a su padre, semi-oculta en lo alto de la serpenteante escalera, totalmente intrigada. Eran tan escasas las veces que él estaba en casa que lo sentía como un completo extraño…como si fuera tan solo un invitado más. Cuando era pequeña lloraba en su cama añorando su regreso. Pero ahora que tenía dieciséis, toda esa añoranza comenzaba a transformarse en un creciente odio.

¿Acaso podía existir algo más importante que la familia…que su propia hija? Para Marcus Whitman al parecer sí. Sus citas con los negocios resultaban ser a veces mucho más importantes que alguno de los cumpleaños de su hija, incluso para fiestas como acción de gracia o la navidad.

Por su parte, su madre estaba empecinada en fingir que todo estaba bien en su familia. Apoyaba a Marcus incluso si no lo deseara, todo con tal de mantener unida a su familia, incluso si todo aquello ya se había transformado en una grande farsa que sólo buscaba mantenerlos ocultos de los chismes del pueblo. Ángela resultó ser notablemente astuta al celebrar grandes eventos sociales en su casa. Se podría decir que era el modo en que Ángela lograba hacer que Marcus dejara los viajes con tal de estar presente en casa para esas glamorosas fiestas. Él tenía un puesto demasiado importante en el mundo de los negocios como para hacerse mala fama. El hecho de que lo vieran en éstos eventos, cercano a su familia, provocaba que las personas lo respetaran y confiaran más en él dejando sus propios negocios en sus manos.

Margaret quería pensar que todo aquello ya no le importaba. Que si papá estaba o no para un acto de la escuela no influiría en su estado de ánimo. Pero lo cierto es que sí lo hacía. Ignorar la pena que sentía por su abandono y su frialdad e indiferencia era algo que la atormentaba desde su infancia. Se sentía sola…inmensamente sola.

Secó las lágrimas furtivas con el dorso de la mano y se dispuso a descender por la escalera con su vestido almidonado.

Se detuvo en el rellano de la escalera cuando divisó a lo lejos a Julien Lauper junto a su esposa Maggy. Pero Maergaret sólo tenía ojos para Julien.

Sus manos se volvieron resbaladizas a causa del sudor y su corazón dio un brinco de alegría en su pecho. Como le gustaban aquellos ojos de un mercurio derretido y los hoyuelos en sus mejillas la derretían. El traje de frac le quedaba perfectamente a la medida, siendo un poco más tirante en su ancha espalda.

Sabía que no era correcto pensar de ese modo de un hombre mayor, casado y que fácilmente podría ser su padre. Pero Margaret estaba fascinada con aquel hombre. Sus modales, su marcado acento francés, su deslumbrante sonrisa…lo admiraba como si se tratara de un renombrado actor, y es que Julien parecía salido de una película. Sabía que en el caso de que existiera uno, tendría el poster del señor Lauper pegado en su habitación junto a su cama.

Fingió al igual que lo hacía su madre. Sonrió con cierta aspereza pero fue cordial con todo el mundo, incluso se dio el lujo de estrechar por unos segundos el brazo de su padre y de mirar un poco más de lo necesario a Julien.

Luego de la cena Marcus invitó a los barones a jugar una partida de Bridge en el salón de juegos con más de su caro Brandy, mientras que Ángela se llevó a las señoras al salón de té. Margaret sabía que esa invitación solo significaba una cosa…era hora de ir a la cama. Así que sin oponer resistencia alguna se dirigió a su habitación luego de despedirse educadamente de todos.

Se despertó en mitad de la noche con los gritos de su madre. Se deslizó fuera del abrigo de su cama y avanzó de puntillas hasta la puerta del dormitorio de sus padres. Ángela sonaba ebria y rabiosa mientras que Marcus alzaba la voz cada vez que su esposa le rebatía algo. Margaret se tragó sus lágrimas y se alejó por la casa en penumbras hasta que ya no pudo oír las voces de sus padres discutiendo.

La chimenea del salón de juegos seguía encendida. Pensó que aquél era un buen lugar para refugiarse por unas horas y lamentarse de su soledad. Cerró las puertas tras de sí hasta que sólo pudo oír el crepitar de las llamas.

Las brasas despedían un calor reconfortante e iluminaban parcialmente el gran salón. Sobre la mesa de billar aún estaban esparcidas las bolas de forma desordenada. Un cigarrillo a medio apagar en uno de los ceniceros aún humeaba. Margaret fue a apagarlo cuando un vaso vacío rodó por el suelo haciéndola soltar un gritito asustada.

-Perdón…no quería asustarte, ha salido corriendo de mis manos.-

A Margaret le costaba aún más entender lo que decía Julien cuando estaba ebrio y olvidaba hablar inglés correctamente. Como en casi todas las fiestas, Julien se había emborrachado a tal punto que no era capaz de regresar por sí solo a su hogar.

Él parecía sufrir un ataque de risa espontáneo. Margaret se lo quedó mirando fascinada. Aquella sonrisa era la más hermosa que había visto jamás. De algún modo resultaba contagiosa y se sorprendió de escucharse a sí misma sonriendo con él.

-Por cierto, lindo pijama.- logro articular aquellas palabras antes de soltar un hipido.

Las mejillas de Margaret se sonrojaron rabiosamente al percatarse de que su camisa de dormir era lo único que tapaba su desnudez. Se acercó a coger el vaso para largarse rápidamente, pero una de las manos de Julien se cerró con cuidado sobre su antebrazo deteniéndola. Ella se estremeció bajo su tacto suave y cálido. Aquella delatora reacción hizo que Julien se ablandara por dentro provocando que permaneciera más tiempo del debido observándola.

-¡Hey! Lo lamento, no quise avergonzarte. ¿Por qué no te quedas un rato y charlamos?- le sonrió con dulzura, como un padre a una hija, sin ninguna gota de lujuria en sus ojos.

Aquella invitación le resultó imposible de rechazar. Volver a su habitación y escuchar la discusión de sus padres no era una opción. ¿Para qué escabullirse a otro rincón de la casa cuando podía quedarse charlando con el señor Lauper frente a la acogedora chimenea? Era la escusa perfecta para quedarse admirando sus ojos como el hielo y respirar de cerca su aroma masculino mezclado con el del Brandy.

Se sentó junto a él en el sillón de cuero y bajó su mirada abochornada, posándola en sus manos que tiraban del borde de su camisa de dormir intentando cubrir sus desnudas rodillas. Ya era bastante malo el estar sentada junto a su amor platónico con un infantil pijama como para que sumado a eso sus hormonas adolecentes comenzaran a jugarle una mala pasada delatándola.

Pero Julien parecía ignorar el hecho de que él tenía el poder de desbocar el corazón de Margaret, o por lo menos lo disimulaba bastante bien.

Hablaron reposadamente de muchas cosas mientras Margaret disfrutaba de su cercanía y estudiaba con cuidado sus facciones. Su nariz ligeramente prominente, su cabello oscuro y entrecano, las pequeñas pero ya perceptibles arrugas alrededor de sus ojos y de su sonrisa. Su voz salpicada por el acento y enturbiada por el Brandy le parecía sumamente atractiva. Sin desearlo, la conversación se había tornado más profunda. Ahora sus desdichadas vidas quedaban al descubierto por ellos mismos. La amarga soledad de Margaret por un padre ausente y la misma soledad que aquejaba a Julien ahora que el juego y el alcohol se habían convertido en un vicio irrefrenable, alejando de su lado a los que más quería. Maggy simplemente había decidido ignorarlo. Julien sabía que Maggy no había pedido el divorcio sólo por Matt…además de que a pesar de ya no amar a su esposo, no podría soportar verlo en la miseria pidiendo limosna en las cayes. Debía mantenerlo.

Julien lucía más deprimido de lo que jamás ella lo había visto antes. Cuando él se volvió hacia Margaret, ella vio una profunda desolación en sus ojos glaciares, e impulsivamente posó una mano en el fornido brazo de Julien con la intención de consolarlo.

Fue entonces cuando Julien la miró con intensidad, ligeramente sorprendido. Era como si la viera por primera vez. El cabello de Margaret se recortaba contra la chimenea haciendo que su melena habitualmente rubia se volviera de un rojo encendido reflejando las llamas.

-¿Maggy?-

A la luz de las llamas Margaret debía de parecerse a su esposa. Y una cosa llevó a la otra, el Brandy, la soledad de ambos, el salón de juegos medio a oscuras, su propia desilusión hacia su padre, su parecido con la señora Lauper que…sucedió.

Sus rostros estaban demasiado próximos como para considerarse una distancia educada para mantener una conversación. El calor que despedía la mano de Margaret posada sobre su bíceps desató una ola de placer incontenible en Julien. La necesitaba, necesitaba de su esposa, la anhelaba, no quería más su indiferencia, no quería más aquella creciente soledad. Necesitaba ese joven cuerpo que se estremecía bajo su mirada.

Fue así como un beso furtivo se convirtió en dos, y luego en más, cada vez más apasionados. Julien sintió las manos de Margaret desordenando su corto cabello. Con un solo movimiento, Julien la atrajo sentándola a horcajadas sobre él.

Entre gemidos él le tocó los pechos dibujando su contorno y sintiendo su firmeza juvenil, casi con reverencia, pero sólo por sobre la fina tela de su camisa de dormir. Margaret sentía el retumbar de su corazón tras sus orejas, inundada de un sentimiento de miedo, culpabilidad y de una compasión por Julien casi dolorosa. ¿Realmente estaba ocurriendo todo eso? ¿Qué pensarían sus padres si la descubrieran? ¿Julien iría preso? Ciertamente sí, por ello rogaba internamente de que no los descubrieran para dar rienda suelta al deseo de sentir el cuerpo de él en contacto con el de ella.

Margaret ya había tenido su primera vez a los quince. Había sido una especie de experimento con Adam Theron, un compañero del instituto de su misma edad, que sólo resultó ser una experiencia desastrosa.

Aunque ahora no sabía muy bien adonde los dejaban todas esas caricias osadas y esos besos apasionados, Margaret deseaba que él continuara acariciándola aún si no estaba bien que lo hiciera, aún si era retorcido y depravado el acto que estaban llevando a cabo. No importaba la familia de él y no importaba la familia de ella. Eran un par de almas solitarias intentando hacerse compañía de forma desesperada.

Julien se dedico a subirle la camisa de dormir sólo lo suficiente para dejar al descubierto la parte esencial, como si no quisiera intimidarla más de lo necesario y desatar su pudor.

Margaret apenas si pudo ver algo de piel bajo ella en la penumbra. Aquella carne desnuda y semi-oculta por los pantalones de Julien resultó ser tremendamente sensible al tacto cuando se apretaron el uno contra el otro. Margaret sintió una aguda punzada de dolor cuando Julien entró en ella de forma violenta. Comenzó un vaivén de movimientos cada vez más rápido en su interior.

-Oh Maggy, mí amada Maggy…-repetía Julien cada vez que daba una nueva embestida.

Aquellas palabras deberían haber sonado como una sirena de alarma en la mente de Margaret para que ella se detuviera. Además estaba muy húmeda allí abajo, lo que provocaba unos embarazosos sonidos acuosos cada vez que él entraba y salía de ella.

¿No era lo correcto lo que estaban haciendo?, sí ¿Quería detenerse?, No.

Ya era bastante malo que él la llamara una y otra vez por el nombre de su esposa, pero la forma en que ella se sentía deseada y amada cuando lo tenía dentro, como la hacía gemir de placer mientras se aferraba con sus humadas manos a sus hombros y agitaba sus caderas, la hacía olvidar la moral.

Estaba rompiendo con todas las reglas que se le habían inculcado desde la cuna. Era su forma de rebelarse, de escapar de la horrible burbuja de mentiras en la que se sumía su familia. No era perfecta y aunque buscara la perfección cada miserable día, nada en su vida era perfecto.

Lo que estaban haciendo con Julien estaba mal…pero se sentía tan endemoniadamente bien y liberador que por mucho que intentara contenerse, no lograba permanecer quieta y lejos de él. No ahora que había proado su enfermizo amor. En ese momento sólo podía pensar en la fiebre que abrazaba su cuerpo, ya habría otro momento luego para pensar en la vergüenza.

No quería hacerlo con Julien, pero al mismo tiempo lo deseaba con vehemencia. De una forma retorcida ambos se sentían acompañados. Ambos se consolaban. Uno suplía el vacío del otro. La horrible realidad la golpeó luego de efectuado el acto. No podía decir que él la había forzado a hacerlo ya que ella nunca había querido que él se detuviera.

Aquella noche había alterado para siempre algo dentro de ella y sólo sería la primera de muchas. Sus encuentros se prolongaron a lo largo de un año y medio.

Julien estaba notoriamente avergonzado, le pedía disculpas suplicándole, pero volvía a ella una y otra vez a pesar de sus conjeturas, el peligro en que lo ponía la situación de enredarse con una menor de edad y el complejo emocional que podía generar en ella. Pero la necesitaba con tal desesperación que seguía acudiendo a su encuentro cada vez que la soledad lo invadía y necesitaba fingir que su esposa seguía amándolo para no sucumbir aún más en la depresión que lo aquejaba. Cada vez que estaba con Margaret se hacía la ilusión de tener a Maggy entre sus brazos, y Margaret a su vez le permitía tomar el alivio que necesitaba a cambio de que él la hiciera olvidar por un momento su solitaria vida. Jamás se aproximó a ella cuando estaban en público, sólo cuando se encontraban a solas.

Aquella relación era tan enfermiza que no pasaba un solo día sin que sintiera asco de sí misma. Pero aunque pensó que ese ritual que mantenían nunca acabaría…pues llegó a su fin y como no se trataba de algo bueno, no podía terminar bien.

La última vez que tuvieron uno de sus encuentros, había sido sólo dos días antes de que su madre la descubriera. Aquella noche se había celebrado una gran fiesta en la finca, como de costumbre, y él se lo hizo en el mismo sofá de cuero de siempre. Nunca tardaba más de lo necesario. No la cortejaba con caricias y ni pensar de ser romántico. No se podía decir ni siquiera que mantuvieran una relación de infidelidad a escondidas. Aquello era, por lo menos para Julien, sólo sexo ocasional. De hecho eran muy pocas veces en que la había desnudado, como si tener sexo con ropa hiciera menos grave e impropio el hecho de que lo hicieran una menor y un adulto. Y después de todos esos encuentros Margaret jamás lo había visto desnudo, solo una que otra vez por la prisa habría logrado ver su miembro. Apenas acababan el volvía a deshacerse en disculpas avergonzado, como si ella pensara que el hecho de tener sexo con él le resultara desagradable. Otras veces lloraba devastado y se marchaba sin más.

Aunque para Margaret, Julien comenzaba a significar otra cosa…algo más profundo que se calaba en su corazón.

Lo amaba.

Llevaba meses sin que le llegara su período. Margaret solía ser muy irregular por lo que los primeros meses no le prestó atención al asunto. Pero ya hace casi cuatro meses que no menstruaba. Con cierta ilusión y un temor sobrecogedor, compró a escondidas un test de embarazo.

Sentada en el baño miraba consternada como la cruz roja daba el positivo.

Tembló de sólo imaginar lo que dirían sus padres cuando se enteraran. Le darían la paliza de su vida, eso seguro. Pero secretamente esperaba que Julien la apoyara. En cierto modo la consolaba saber que esa personita que crecía en su vientre al fin le traería algo de compañía a su absoluta soledad. ¿Julien se pondría tan feliz como ella?

Su madre abrió la puerta del baño de golpe. Margaret dio un respingo asustada y casi se le cae de las manos el test de embarazo. No la había oído llegar a casa. Miró consternada a su madre con el horror de Ángela reflejado en sus pupilas.

No estaba preparada para ver a su madre…como su madre no lo estaba para enterarse de la noticia que descansaba entre sus manos.

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-Cuando mi madre intentó deshacerse del bebé ya era muy tarde. El doctor dijo que sería muy riesgoso si me practicaba un aborto cuando ya había pasado las catorce semanas de embarazo. Así que hubo cambio de planes.- Observó a Elizabeth con cuidado estudiando su reacción. Había estado muy callada durante el relato y continuaba estándolo.

En la palidez natural del rostro de Elizabeth se dibujaba un asombro tal que la mantenía aturdida y sin palabras. Aún no lograba procesar del todo la escalofriante confesión de Margaret.

-Es…estas…tú…-farfullaba.

-Sí, estoy embarazada…aún.- Margaret asintió con tristeza.

-No deberías tomar.- Elizabeth no lo había sugerido, lo había ordenado.

Margaret le arrancó el vaso de las manos y se lo bebió de un sorbo.

-¿Qué te hace pensar que aún sigo queriendo a éste bebe?- sus ojos eran pura tristeza a pesar del veneno de sus palabras.- Cuando Julien me despreció…yo perdí el interés por el bebé.- dijo sin más.

Elizabeth estaba devastada, horrorizada y atormentada con la noticia. ¿Quién era ella para juzgar a Margaret?

Un escalofrío escaló por su espina dorsal y se alojó en la boca de su estómago provocando que le diera un vuelco.

Margaret tomo su silencio como una señal para continuar con su confesión.

-Como te decía, hubo cambios de planes. Mi padre amenazó con desheredarme y de paso dar a conocer nuestra oculta relación a todo el pueblo si no me casaba con Matthew. Por su parte Julien tuvo que aceptar igualmente lo que mi padre exigía, ya que no quería arriesgarse a perder a su familia. ¿Ya ves? No me quería tanto después de todo.- arrugó la nariz intentando detener una nueva ola de lágrimas.- De todos modos he estudiado la situación más fríamente. ¿Qué habríamos hecho yo y Julien contra el mundo? Él es un adicto al juego y al alcohol. Durante años se ha tomado y jugado todo el dinero que ha ganado. Yo sin herencia y él sin trabajo…más un bebé. No era el escenario perfecto, mucho menos uno al que estuviera preparada con mis dieciocho años recién cumplidos.- rió amargamente con las lágrimas contenidas en los ojos.

-Maldito desgraciado cobarde…-maldijo Eli refiriéndose a Julien.

Margaret soltó una risa lúgubre.

-Te impresionarías de las blasfemias que he dicho en su nombre, ciertamente son mucho peores de las que acabas de decir.- intentaba sonar irónica, pero sólo conseguía verse más deprimida y miserable aún.

Elizabeth sintió lástima por ella.

-Apenas pudo, mi padre tomó el asunto en sus manos, y planificó todo a su modo.- en el rostro de Margaret se dibujó una mueca de calculada ironía.- Organizó rápido una cena invitando a los Lauper para que yo me relacionara con su hijo. Y claro, como ya te dije, estaba dentro del plan el hecho de que yo debía convencerlo de que se casara conmigo antes de que el embarazo se hiciera evidente y yo arruinara la reputación de la familia…mejor dicho su reputación como respetable y confiable empresario.-

-Dios mío…-murmuró Elizabeth, luego tapó sus labios con sus manos en un gesto mudo de horror.

-Eso no fue lo peor.- Margaret hizo una pausa dramática antes de continuar.- Invitaba a Matt a casa y charlaba tardes enteras con él ilusionándolo con un futuro prometedor en el mundo de los negocios. Le mintió diciéndole que quería ver a su hija bien casada y que a cambio a su yerno le ofrecería un puesto en su holding de empresas. La situación financiera de los Lauper iba de mal en peor. Hasta la fecha tienen menos dinero del que deben. Seguramente Matt nunca planeó casarse conmigo, pero claramente se le presentó como una buena oportunidad y la ha tomado.- miró de soslayo a Eli intentando adivinar su pensamiento. Pero ella se mantuvo impertérrita.- Por otro lado estoy segura que Julien lo ha presionado bastante para que no flaquee. No soy tonta Eli, se que Matt no me ama. Yo tampoco lo amo, no de la forma en que debería una novia. Pero lo quiero muchísimo, ha sido mi tabla de salvación en toda esta tormenta. Y, a falta del apoyo de Julien y de su frialdad, Matthew jamás me ha dejado sola…y está dispuesto a prometerlo frente a un altar con cientos de personas observándonos.-

Elizabeth sabía lo bien que se sentía sentirse apoyada por Matt. ¿Cuántas veces su amigo había estado para ella cuando el peso de sus problemas y sus preocupaciones era tanto que se sentía el ser más miserable de la tierra? ¿Cuántas veces Matt la había defendido de la escoria de su familia?

Sí, Matthew había estado para ella incontables veces. Era parte de él, de su personalidad, el de ayudar al que lo necesitaba y de defender las injusticias. Estaba apoyando a Margaret, ella decía necesitarlo… ¿pero la vida estaba siendo justa con él?, No.

-Cuánto de todo esto sabe Matthew.- preguntó Eli con voz estrangulada.

-Nada…- la voz de Margaret había sonado monótona y apenada.- Él cree que me he quedado embarazada por accidente. Ni siquiera sabe el tiempo de embarazo que llevo. Es fácil mentir cuando no se nota tanto.-No se veía orgullosa de lo que estaba haciendo.- Ahora ya sabes por qué llevo tanta prisa en casarme.- dijo con amargura.

Así que no solo Julien y Margaret habían mantenido un amorío en secreto, sino que también tendrían un bebe. Un bebé que era hermano de Matthew, pero que él pensaría que era su hijo.

Elizabeth le lanzó una mirada desesperada a Margaret. Pero ella solo negaba con la cabeza mientras dejaba que las lágrimas rodaran por sus mejillas y sobre sus labios fruncidos. Aquello era enfermizo, no podían…ellos no podían hacerle eso a Matt.

Pero al parecer podían y lo harían. Una nueva oleada de intenso mareo hizo retorcer su estómago.

Sin aviso saltó de su asiento y corrió penosamente hasta el baño. Tuvo suerte de llegar a tiempo ya que vomitó explosivamente todo lo que había ingerido en las últimas horas. Cuando alcanzó el lavabo para enjuagarse la boca y refrescar su nuca, estaba temblando de pies a cabeza. La joven que le devolvía la mirada al otro lado del espejo era un desastre…y estaba asustada.

Su estómago se contrajo y sintió renovadas nauseas. La verdad había resultado ser más cruda de lo que pensaba y sinceramente no era un tema que pudiera tratar a la ligera con Matt. Saber todo lo que había escuchado de los labios de Margaret resultaría ser una noticia devastadora para su amigo. Y justamente aquello era lo que más le dolía. Esperaba encontrar esta noche un buen motivo para que Matt no se casara, y lo había encontrado, pero ahora también sabía que no podía contarlo…no podía usar esa información a su favor o terminaría por destruir el ya maltrecho corazón de su mejor amigo y del hombre que amaba.

La verdadera pregunta ahora era… ¿podría hablar ahora o callar para siempre?

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Una vez que logró encontrar el pomo de la puerta en la oscuridad del pasillo, tiró de él haciéndolo girar penosamente hasta que finalmente logró entrar en la habitación. Luego cerró la puerta con su propio peso apoyando la espalda en ella. Se quedó un instante ahí, quieta, con los ojos cerrados, respirando profundo y luego exhalando por la boca intentando ahuyentar el intenso mareo que la había embargado. Era uno de esos momentos cuando se arrepentía de todo lo que había bebido y recordaba el por qué el Tequila no era una buena idea.

-¿Estás bien?- preguntó él desde la oscuridad.

Elizabeth dio un respingo y abrió los ojos de golpe. El mareo no la había abandonado, pero el asombro era mucho más fuerte. Estaba sorprendida, pero de una forma agradable. Jamás imaginó que Jasper iría finalmente a su encuentro.

Estaba sentado en un taburete junto a la ventana. Su perfecto perfil se recortaba contra la luz de la luna. Su rostro estaba oculto bajo el impenetrable terciopelo de la oscuridad, pero sus ojos místicos, inconfundibles, brillaban inhumanamente en las sombras como los de los gatos.

Él era todo lo que ella necesitaba en ese momento.

Lo extrañaba, lo anhelaba. Aquel día había sido duro e interminable sin él. Estaba segura de que si Jasper hubiera estado con ella desde el comienzo, habría podido enfrentar mucho mejor esa maldita situación en la que se encontraba.

Elizabeth intentó responder, pero su lengua se había trabado en su paladar. Tiró su bolso en algún rincón oscuro de la habitación e intentó avanzar hacia él dando trompicones y chocando con el amueblado. Antes de que cayera al suelo, él estaba rodeándola con sus indestructibles brazos de frío mármol, aunque manteniendo una respetuosa distancia. Sin embargo, su aliento glaciar chocaba contra su frente produciéndole un estremecedor escalofrío que recorrió su cuerpo tan rápido como el flash de un relámpago.

Elizabeth apresó entre sus manos empuñadas la camisa de él para no caer. Pegó su nariz al frío cuello de él para aspirar su embriagante aroma que ya le estaba haciendo falta con el transcurso de las horas.

Era distinto…sin embargo no era malo, por el contrario, era casi tan bueno como el anterior.

Él pegó un respingo e intentó apartarse de ella, pero Eli no lo iba a dejar ir tan fácilmente…no ahora que lo necesitaba más que nunca. Sabía que estaba mal, que no debía jugar con el corazón de una persona, incluso con un corazón muerto como el de Jasper, pero lo necesitaba.

Necesitaba que aplacara el dolor de su pecho con sus maestras caricias, que borrara los besos perdidos de Matt con sus fríos y hambrientos besos, que la hiciera olvidar por un tiempo el horrible fin de semana que estaba viviendo…que la hiciera olvidar incluso su nombre.

Se colgó de su fuerte cuello abrazándose a él con desesperación. Pegó su tibio y frágil cuerpo al de él sin dejar siquiera paso al aire. Y antes de que él pudiera arrepentirse fue al encuentro de sus mortales labios con pasión.

Se resistió por unos segundos. Elizabeth imaginaba que aún seguía enfadado con ella. Iba a apartarse para darle su espacio cuando él la arrojó a la cama con un gruñido y luego saltó ágilmente como un depredador en pos de ella.

Ella lanzó una risita juguetona antes de alcanzar sus labios nuevamente. No se besaban, se devoraban con vehemencia.

Elizabeth se demoró, pero finalmente, con sus dedos entorpecidos por el alcohol, logró desabotonar la camisa de él. Cuando llegó al botón de su pantalón. Jasper saltó fuera de la cama en un parpadeo de Eli, y prácticamente se incrustó contra la pared del frente manteniendo las distancias con ella.

Elizabeth hizo un mohín de enfado. Esta vez le estaba costando más de lo usual. Iba a preguntarle qué iba mal, si aún seguía enfadado y prefería hablar del tema, pero él se adelantó.

-No está bien lo que estamos haciendo.-

Ella soltó una carcajada sombría. Luego se llevó las manos a la cabeza ligeramente arrepentida. El mareo había regresado.

-¿Recién ahora vienes a sentirte culpable de lo de nosotros? Por favor, no seas hipócrita. No lo lamentas…y tal vez yo tampoco. Vuelve acá.-

Jasper la ignoró y comenzó a recoger en la penumbra su ropa que estaba esparcida por el suelo. Luego abrió el ventanal y se subió al borde como si fuera a saltar desde la ventana.

-¿Jasper?- lo llamó ella con su voz rota. Él se marcharía nuevamente.

Fue entonces cuando él se giró hacia ella y su rostro iluminado por la luna destiló pura culpabilidad.

Elizabeth soltó un grito ahogado cuando lo descubrió. La realidad la golpeó con tal fuerza que de un momento a otro todo el alcohol de su cuerpo se había evaporado del puro susto y la vergüenza.

No era Jasper el que estaba a punto de saltar por la cornisa, era Thomas…su amigo.

El mismo al que había seducido y besado de forma tan indecente…el mismo con el que casi…

Negó con la cabeza espantando ese horroroso último pensamiento.

-¡Alice!- fue todo lo que pudo decir desesperada.

-Sí, Alice.- coincidió Thomas con su voz quebrada.- Lo siento Eli, no fui lo suficientemente fuerte. Me temo que es hora de que me marche y te deje ésta tarea a ti. Confío en que lo harás bien.- intentaba mantenerse sereno, pero sus músculos temblaban al resistirse a la sangre y sus ojos ahora de un intenso ónix hambriento denotaban absoluto arrepentimiento.-La he engañado…debo ir con ella. Fue un malentendido de tu parte y una debilidad de la mía. Solo espero que pueda perdonarme.

Saltó sin emitir ningún ruido, perdiéndose en la noche estrellada.

Ahora estaba sola, sola con la horrible verdad de Margaret, sola perdiendo a su amor Matthew, sola sangrando, sola con su culpabilidad por haber traicionado de aquella forma tan desleal a Alice…sola y borracha.

Cayó pesadamente en la cama y luego cubrió su rostro con una de las mullidas almohadas ahogando su grito de vergüenza.

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Elizabeth entró en la habitación donde Matthew estaba terminando de alistarse para la ceremonia que se llevaría a cabo en pocos minutos en el patio de los Whitman.

Había tenido que ser creativa para esconder la cicatriz que le había dejado la hilera de dientes de Thomas en su muñeca. Un manojo de pulseras de todos los tamaños la ocultaba. Por supuesto Alice habría pegado el grito en el cielo, aquello era un atentado contra la moda, la elegancia y sofisticación.

Pensar en Alice sólo la hacía sentir más miserable. Estaba enfadada consigo misma. De hecho se había pasado la noche incriminándose por su actuar. Se reprochaba a sí misma su conducta absurda. Sabía que perdía los estribos con el alcohol, debería haberse moderado. De haberlo hecho posiblemente se sentiría más segura en aquella habitación sabiendo que Thomas la estaría esperando en la puerta de la iglesia para acompañarla durante toda esa nefasta ceremonia.

Había decidido callar. A veces era mejor no saber la verdad…o mejor dicho, había cosas que más valía dejarlas como estaban que removerlas y terminar haciendo más daño del que ya estaba hecho. Callaría por todo el amor que le tenía a Matt. Se lo debía.

Si casarse con Margaret lo hacía feliz a pesar de que era una mentira, pues se tragaría el mal rato y lo dejaría.

Sin embargo no estaba dispuesta a dar su brazo a torcer tan pronto. Aún no daba el sí…aún le quedaba algo de tiempo para convencerlo de lo contrario sin tener que sucumbir a la confesión de Margaret.

Matthew le sonrió a través del espejo cuando ella aparición en su reflejo tras de él, con un hermoso vestido de alta costura, con un exquisito corte, largo hasta cubrir la pinta de sus tacones y blanco, por supuesto, con la diabólica intención de opacar a la novia.

Matthew soltó un silbido de aprobación y volvió a su tarea intentando atarse la corbata.

-Deja que yo sigo.- dijo ella con una sonrisa bailando en sus labios pintados de un carmín furioso e intenso.

Lo ayudó a atarse bien la corbata. Apretó el nudo hasta que el tosió ahogado.

-¿Nervioso?- preguntó alzando una de sus perfectas cejas perfiladas.

Él soltó un poco el nudo y luego la observó intrigado.

-Algo…pero quizás la palabra correcta sería ansioso.-

Así que Matt estaba ansioso de estar casado con Margaret. Eso puso triste a Eli y Matt lo notó.

-Lo siento.- carraspeó sin saber bien que decir.- No me expliqué bien. Sabes que no la amo como te amo a ti. Te lo dije ayer. Quizás mi respuesta habría sido "estoy inmensamente feliz" si tú estuvieras en el lugar de ella. Sabes que siempre soñé con que éste sería nuestro momento.- Acunó con sus tibias manos el pálido rostro de ella con forma de corazón.- Pero las circunstancias han cambiado…debo casarme.-

-Un novio no debería casarse…sólo lo haría si quisiera.- le rebatió ella con lágrimas en los ojos.- estás a punto de cometer un error.- ella lo tomó por los hombros y lo zarandeó ligeramente.

Él se apartó cuidando sus movimientos para no resultar brusco. La ignoró y se puso la chaqueta del traje.

-¡Sé que está embarazada!- gritó de pronto ella.

Matthew se giró hacia ella claramente sorprendido esperando una explicación. Elizabeth le sostuvo la mirada desafiante. Empuñó sus manos que temblaban a ambos costados de su vestido mientras mordía su lengua obligándose a callar.

En su interior no paraba de gritar las palabras que no podía decir en voz alta. No puedes casarte con ella porque tendrá un bebé que no es tuyo, sino que de tu padre…es tu hermano Matt ¿comprendes? Tu hermano. Pero no podía decirlo. No era capaz.

-Ya veo. Bueno sí, así están las cosas. Algo más complicadas que a comienzo. Pero no por eso cambiaremos los planes.-

-¿Planes? Te refieres a ¿tus planes?-Elizabeth comenzaba a cabrearse.- Te diré algo, tus planes de grandeza se irán al carajo cuando tengas que cambiar pañales.- le retrucó encolerizada.

-Mientras estudiamos Ángela nos ofreció pagarnos una niñera. En mi tiempo libre trabajaré. Sí, las cosas se complicaron un poco, pero el juego no cambia. Ahora además de ser el exitoso empresario que pretendo llegar a ser, seré padre…mi vida no podía estar más completa.- sabía que había sonado severo, pero tendría que haber una forma de hacer entrar en razón a Eli.

-No puedes casarte con ella…porque yo te necesito.- Gritó en un acto desesperado.

Aquello sanaba egoísta, pero por lo menos no era una mentira. Estaba diciendo la verdad. Lo necesitaba con desesperación, era el amor de su vida.

- Si no es contigo, jamás seré feliz.- su labio inferior temblaba anticipando el llanto.

-Nadie es irremplazable…y yo estoy lejos de ser la excepción a la regla Eli. Encontrarás a tu chico perfecto. Aquella persona que te complemente, que te haga reír, soñar y que te enamore cada día. Lamento no ser ese hombre…lamento haberte fallado.- sonaba acongojado por la pena y el efecto de sus palabras sinceras sobre el ánimo destrozado de Elizabeth.

-Pero no te lamentaste cuando me pediste que fuera tu amante.- sus palabras eran desdeñosas, cargadas de veneno y rabia.

- Sé que pedirte que fueras mi amante fue una desfachatez y un acto de lo más egoísta de mi parte.- se acercó a ella y posó sus grandes manos en los delicados hombros de Elizabeth, apenas cubiertos por unos finos tirantes.- Pero no concebía un mundo sin ti. Si esto te está provocando tanto dolor, te dejaré partir. Haz tu vida, sé feliz, libérate de mí. Si no puedo tenerte como mi mamante…nada me haría más feliz que tenerte como mi amiga. Te prometí que seríamos amigos por siempre…-

Un golpe en la puerta lo interrumpió.

-¡Cinco minutos! Gritó alguien al otro lado de la puerta.

Elizabeth clavó sus ojos de aquel verde eléctrico en Matthew.

-También habías prometido que jamás te separarías de mí y que algún día tu y yo nos casaríamos…me has prometido tanto y ni siquiera te esforzaste por mantener tu promesa ¿debo creerte ahora?- su voz sonaba rota, al igual que lo estaba su maltrecho corazón.

-Lamento haberte defraudado.- fue todo lo que pudo decir en la amargura de aquél momento que ambos habrían querido evitar.

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Corría un viento frío que levantaba las cubiertas blancas de las sillas apostadas en orden tras el altar que se había improvisado bajo la pérgola. Una alfombra blanca cruzaba el césped entre las sillas hasta el altar.

Todo estaba perfectamente adornado. Ángela había optado por la clásica elegancia de las rosas blancas para los arreglos florales que cubrían las sillas y cada una de las mesas que se habían instalado bajo una carpa sobre el césped, donde luego se llevaría a cabo la recepción.

Los garzones iban de un lado a otro, cumpliendo las ordenes del banqueteo, para ultimar los detalles. La orquesta contratada tocaba suave música clásica sobre un pequeño escenario, mientras los invitados comenzaban a tomar su lugar en las sillas, expectantes ante la entrada nupcial de la novia.

Elizabeth tomó su lugar en la primera fila en el lado del novio. Sus ojos aún están hinchados por las lágrimas, pero el maquillaje lograba camuflarlos a la perfección.

Mientras Matthew avanzaba por la alfombra, para tomar su lugar en el altar y esperar a la novia, miraba a los invitados y saludaba sonriente de un lado a otro. Cuando su mirada glaciar se encontró con los hechizantes ojos de ella, se detuvo una fracción de segundo más que con el resto de los invitados. Le regaló una sonrisa deslumbrante, sincera y llena de la complicidad que siempre habían tenido en su infancia.

Elizabeth repasó en su mente cada momento importante que había pasado junto a su mejor amigo. El primer beso mientras hacían ángeles de nieve, cuando corrían entre los campos de maíz riendo sin cesar, sus tardes columpiándose en las viejas ramas del sauce, los baños en el río, las noches en el techo de su casa estudiando las estrellas, las penas y las alegrías compartidas…todo en un flechazo de recuerdos.

La clásica canción de la marcha nupcial comenzó a sonar y Elizabeth salió de su trance para dirigir su mirada al final de las filas donde entraba la novia.

Margaret lucía un pomposo vestido para ocultar su apenas abultada barriga. Entraba sonriente del brazo de su padre, como si todo en su vida fuera perfecto. Aunque ahora Elizabeth sabía que no era así. Se imaginó por un instante estando en los zapatos de Margaret. Que difícil sería tener que fingir todo el tiempo.

Se sorprendió al percatarse que las miradas de los presentes viajaban de ella a Margaret, incluso se podría tratar de un acto grosero, como si todos esperaban que ella de un momento a otro fuera a enloquecer y abalanzarse sobre la novia a zarpazos.

Pero eso no ocurriría. No mientras pudiera contenerse. Tenía el corazón hecho añicos, pero no era la primera vez que Matt rompía su corazón. Cuando vio el rostro de él iluminarse al ver a Margaret avanzar hacia él, supo que ya había perdido la batalla. Esperaba de corazón que Matt lograra ser feliz, después de todo él se merecía ser feliz, tanto como ella misma.

La ceremonia avanzó sin problemas, más que el viento que azotaba sin clemencia a todos los presentes, levantando las faldas cortas y echando a volar los sombreros.

Cada palabra que decía el juez era como una pequeña espina que se clavaba de forma dolorosa en el corazón de Elizabeth.

Cuando comenzaron a pronunciar sus votos, Elizabeth no pudo contenerse y dejó escapar una lágrima solitaria que rodó por su pálida mejilla hasta morir en su mentón.

La enguantada mano de Maggy se cerró sobre la de ella dándole valor.

Unas nubes negras comenzaban a apiñarse sobre sus cabezas amenazando con dejar caer una lluvia torrencial. Los truenos rugían lejanos opacando la voz del juez.

La lluvia no se hizo esperar mucho más. Calló intermitente y sin piedad sobre todos los presentes. Pero a los novios no pareció importarles. Se observaron con amor. Sólo existían ellos, no importaba que el cielo se callera a pedazos a su alrededor y que los invitados corrieran buscando refugio o algo con qué cubrirse. Sus rostros húmedos y sonrientes se acercaron, hasta que sus labios se encontraron en un beso tierno que selló para siempre su unión. Ahora serían el señor y la señora Lauper hasta que la muerte los separara.

Mientras observaba la escena, empapada por la lluvia incipiente, Elizabeth no podía dejar de gritar en su cabeza ¡Podríamos haberlo tenido todo!.

Largo capítulo, como casi todos.

Así que ya no hay nada más que hacer. Margaret y Matthew han dado el sí y ya no hay vuelta atrás. Espero haberlas sorprendido con la noticia del enredo amoroso entre Julien y Margaret. Hasta yo me sorprendí cuando aquella retorcida idea nació de mi loca cabecita. Ésta historia no para de dar vuelcos inesperados.

En el próximo capítulo sabremos si finalmente Jasper se ha marchado, o si su amor por Eli ha sido más fuerte y ha decidido quedarse a pesar de todo el sufrimiento.

Tomatazos, sugerencias, ataques de histeria, subidones de calentura, obsesiones vampíricas…por favor háganmelo saber en uno de esos sabrosos R&R que tanto me gusta leer. Sólo deben oprimir ese botoncito de ahí abajo que dice REVIEW THIS CHAPTER.

Disfruto leyéndolos más que Alice con la tarjeta bancaria recargada con su mesada a principio de mes. Para las nuevas lectoras, sean más que bienvenidas a participar.

Hay premio para el R&R Número 1.530

Nos leemos en la próxima actualización.

Arrivederci, Leia Fenix.