Buenas, por aqui os dejo otro capitulo! espero que os guste.
La joven llego de vuelta a su casa, y comenzó a limpiar y arreglar las habitaciones que usarían sus amigos, nunca se había fijado lo grande que era la casa, tenia 6 habitaciones, cada una tenia su armario, su cama, una comoda y dos de ellas tenían el baño en suite, iban a ser muchos, seria agradable tener tanta buena gente en la casa, el sótano estaba listo para Remus y debía darle a Joe libres los días de luna llena, para que Remus estuviera tranquilo, pues ya le ponía muy nervioso que la abuela lo supiera, como para decirle que también lo sabía Joe. Se le hizo muy tarde, bajo a cenar algo la abuela estaba allí el salón leyendo, cuando vio a la joven pasar hacia la cocina fue con ella.
- ¿Cuándo vienen tus amigos? – le pregunto la abuela.
- Pues… Sirius, en un par de días, las chicas y James a primeros de Julio y Remus llegara después de la luna llena, porque Lorraine aún no sabe lo suyo, así que se discreta.
- De acuerdo – le respondió
- Voy a darle la cena a la yegua que se me ha hecho muy tarde – dijo la joven mirando el reloj que marcaba más de las 12.
La muchacha fue a las caballerizas, los perros estaban un poco alborotados, la yegua estaba en el pasto también visiblemente nerviosa, cosa que no era normal, abrió la puerta del cuarto donde guardaba todo, vio en la oscuridad como algo se movía encima de las alpacas de hierba seca, cogió la pala que tenía a lado de la puerta, pues era extraño que estando los perros por allí fuese un gato, aun que alguna vez se había colado alguno, encendió la luz, encontrándose algo que la dejo sorprendida. Sirius estaba sentado en las alpacas de hierba, apoyado contra la pared, con los pies en alto, durmiendo con la capucha de la sudadera tapándole los ojos.
- ¡SIRIUS! – le grito la joven despertándole bruscamente, asustándole, provocando que se cállese de donde estaba sentado - ¿Me puedes decir que haces aquí? – pregunto ella, habiendo superado ya el susto inicial.
- Pues que he discutido con mi madre y me he ido de casa – respondió el joven sin levantarse del suelo.
- ¿Y porque estás aquí y no has venido a casa? ¿Cuánto hace que estas aquí? – pregunto confusa
- Hace como una hora, era muy tarde y no quería molestar.
La muchacha se acerco a donde Sirius seguía en el suelo, tendiéndole la mano para ayudarle a levantarse.
- ¿Tu eres tonto? ¿Pensabas pasar aquí la noche?
- Pues sí, pensé que ya no ibas a venir aquí. Mañana por la mañana cuando viera movimiento iba a ir por la puerta principal.
- ¿Tan fuerte ha sido la discusión como para marcharte?
- Si, cuando te fuiste, mi madre empezó de nuevo que si mis amigos, que si ahora que tenia un futuro con una chica de sangre pura que me había aceptado… No se como Regulus se traga todas esas cosas…
- Bueno, vamos a dormir y mañana intentamos arreglarlo con tus padres.
- No hay nada que arreglar, no pienso volver, mi vida ha sido un infierno en esa casa... si no me quieres me puedo ir con James – dijo en tono dramático.
- No es eso Amor – El joven puso los ojos en blanco, haciendo intención de marcharse - No seas dramático chucho, venga vamos a casa, mañana hablamos tranquilamente.
Los muchachos entraron a la casa, entraron en la cocina, donde aún estaba su abuela de espaldas a la puerta.
- Althea, me voy a dormir ya – le dijo la mujer sin girarse
- Yo le voy a dar sabanas a nuestro invitado sorpresa – respondió la joven haciendo que su abuela se girase a mirar, se quedo sorprendida al ver a Sirius con ella.
- Buenas Noches – le saludo la mujer, no pregunto más ante el gesto de Althea – En la habitación de a lado de la tuya, en el armario tienes sabanas, ¿Se quedará mucho? - Le pregunto la mujer
- Pues… mañana lo hablaremos con calma, pero tiene pinta de que si que es para mucho tiempo… Vamos a descansar, mañana será otro día – dijo la joven.
Subieron al piso de arriba, a la habitación que su abuela le había indicado, hicieron la cama entre los dos en un momento.
- Descansa chucho, esta cama es mas cómoda que la alpaca donde tenías pensado dormir – dijo la joven dándole un beso en los labios.
- Podías dormir aquí conmigo Preciosa – respondió el poniéndole ojitos agarrándola junto a él.
- No te pases Chucho, una cosa es aceptarte en mi casa y otra en mi cama… - sentencio con una sonrisa.
La volvió a besarle, esta vez el joven acerco mas a la joven a él, para profundizar mas el beso, ella paso las manos por el cuello de él, enredándolas en su pelo… ella fue separándose despacito de él.
- Echa el freno, chucho, que si sigues por ahí... no respondo de mis actos – le dijo ella soltándose del agarre de él y saliendo por la puerta.
La joven se fue a su cuarto, se puso un camisón que tenia a mano y se tiro en la cama, era muy tarde, estaba muy cansada después de toda la tarde recogiendo y arreglando habitaciones.
Los rayos del sol entraban por la ventana del cuarto de la muchacha, comenzaban a darle en la cara, oyó abrirse la puerta de su cuarto, noto como algo saltaba sobre su cama y se quedó de pie mirándola fijamente… para luego darle unos lambetazos en la cara, la joven abrió los ojos y se encontró un gran perro negro de ojos amarillos mirándola fijamente, estiro la mano y le acaricio la cabeza.
- Eres un payaso, pero creo que podría acostumbrarme a esto – a lo que el perro le dio al rabo, volviendo a darle unos lambetazos en la cara – pero prefiero a Sirius que a Canuto la verdad… - Instantes después Sirius ocupaba el lugar del perro en la cama, la joven se giro hacia el y le beso – Vamos a desayunar que tenemos que hablar seriamente.
La muchacha se levanto de la cama dejando a Sirius allí, fue al baño que tenia en su cuarto, se vistió con un pantalón de montar ajustado, unos tenis blancos y una camiseta con la espalda descubierta, salió del baño Sirius seguía tirado en la cama, mirando fijamente a la joven.
- Vamos vago, aun que no quieras, tenemos que hablar y aclarar cosas – le soltó ella.
- Ya por la mañana – bufo el con cansancio
La joven no dijo nada, se acerco a la cama le cogió por la solapa de la sudadera y le arrastro hasta el piso de abajo, cuando llegaron a la cocina la mesa estaba puesta para ellos dos, con una nota de su abuela.
"He tenido que salir a hacer unas compras a Londres, volveré después de comer"
La joven se sentó, indicándole a Sirius que ocupase el lugar a su lado.
- Vamos a ver – comenzó ella – Entonces es definitivo, ¿no piensas volver a casa de tus padres?
- No, mi vida era un infierno en aquella casa, fue a peor desde que entre en Hogwarts y el sombrero me puso en Gryffindor... he sido la oveja negra, me mantenían porque tenían la esperanza de que entrara en razón, pero ayer fue la gota que colmo el vaso, no les dije que tu estabas en mi circulo de amigos, pero les dije que no pensaba dejarles de lado, ni por ti ni por nadie.
- Por supuesto, aunque no fueran mis amigos, tampoco te obligaría… Estaré encantada de que estés aquí con nosotras… ¿No te has traído tus cosas? – el joven negó con la cabeza – Dentro de un rato, voy a casa de tus padres a por tus ellas.
- ¿Y que opinara tu abuela de que me quede aquí?
- Yo creo que no le importara, le caíste bien en navidad – dijo la muchacha sonriéndole.
Pasaron la mañana en las caballerizas, a la joven le apetecía montar un rato a la yegua, la cogieron del corral donde estaba, la limpiaron, le pusieron la silla, la cabezada, la joven se puso las botas de montar y fueron al corral donde había estado la yegua, que era el lugar que tenía para montar.
- ¿Me ayudas? - le pregunto la joven
- Claro tendré que acostumbrarme a esto – respondió con una sonrisa - ¿Qué quieres que haga?
- Ponte en el centro y me vas poniendo los ejercicios en las barras que yo te pida.
- Me parece correcto – el muchacho se puso en el centro del enorme corral, a lo largo de la hora que estuvo trabajando a la yegua, cuando por fin dio por terminado.
- Venga, ahora te toca subirte a ti para pasearla un poco – le dijo la joven
- ¿A ese bicho?, Ni loco…
- ¿Cómo era? Tendré que acostumbrarme…. – la joven se acerco a donde estaba el, se bajo de la yegua y lo invito a subirse, el joven finalmente acepto, la muchacha le indico como hacer para guiar al animal y lo dejo solo por el corral – Vamos lo estas haciendo genial…
Cuando el joven se bajo de la yegua, le sacaron los arreos, le dieron una ducha y la volvieron a dejar suelta, volvieron a entrar a la casa.
- Voy a darme una ducha, cambiarme de ropa y le pido a Joe que me lleve a Grimmauld Place. ¿Te parece? ¿Quieres venir?
- No, yo no voy si no será peor.
La joven asintió, subió a su cuarto seguida de Sirius, el joven se sentó en la cama mientras ella cogió ropa en su armario y entro en el baño, dejo correr el agua por su cuerpo después montar a la yegua la relajaba, se puso unos pantalones vaqueros ajustados, con una camiseta no demasiado ajustada blanca, los tenis, salió del baño, se encontró a Sirius tirado en la cama, mirando la a la nada.
- Lista, voy a avisar a Joe y voy.
La muchacha se subió al coche mientras esperaba que Joe, acabara lo que estaba haciendo en la casa, cuando por fin arrancaron, tuvieron que dar un rodeo para llegar a su destino, el viaje se le hizo larguísimo, estaba muy nerviosa pues no sabia cual iba a ser la reacción de los padres de Sirius. Por fin llegaron al 12 de Grimmauld Place, la joven se bajo del coche y se dirigió con paso firme a llamar a la puerta, Walburga le abrió la puerta y se quedo sorprendida de ver a la joven.
- Sirius no está – le dijo la mujer seria – Se ha marchado de casa.
- Lo se Señora Black, Sirius está en mi casa, venia a recoger sus cosas si usted me lo permite.
- Por supuesto, pasa, ya sabes donde es su cuarto le diré a Kreacher que te ayude, para que no se te olvide nada y no tengáis que volver por aquí.
La joven se quedo un poco asombrada por tal cambio de actitud de la mujer, subió al cuarto de Sirius, recogió la ropa del joven, las fotos de encima de la cómoda y todo aquello que el le había pedido, no eran muchas, el elfo le ayudo a recoger la ropa, las cosas de Hogwarts, cuando ya estuvo todo recogido, Kreacher, con un gesto lo llevo todo al pequeño jardín delantero, dejándolo allí y volviendo a entrar en la casa, ella con la ayuda de Joe, acabo de meterlo todo, estaba apunto de subirse al coche cuando vino Orión.
- Siento la manera en la que te ha tratado mi mujer y me apena mucho lo que ha pasado con Sirius, pero me alegro de que este contigo, sé que estará bien, cuida de él y si algún día necesitáis algo, ya sabes donde podéis encontrarme, por que pese a todo siempre va a ser mi hijo.
- Gracias, no se preocupe mi abuela le tratara como un hijo más… y si usted necesita algo las puertas de mi casa están abiertas – dijo la joven con una leve sonrisa, en el fondo Orión, pese a todas sus creencias propias o que le habían inculcado el ser su hijo podía un poco más, se podía se decir que le quería, la joven se subió al coche echando una ultima mirada al 12 Grimmauld Place, para no volver a verlo en muchos años.
