Advertencia: No soy dueña de nada. No gano dinero con esto, y ningún animal fue dañado durante la creación de este documento (a excepción del mosquito que mate durante la escritura). Alergias: puede contener nuez moscada, pero lo dudo. No recomendado para personas con dieta restringida de azúcar. Baterías incluidas –que tengan suerte encontrándolas. Orgulloso patrocinador de los juegos olímpicos de pingüinos de McPatatas, Antártica 1916. Puede causar irritación, somnolencia o verrugas después de uso prolongado. Contenido bajo presión, contiene benzoato de sodio como conservador. Precaución: Se ha comprobado que este producto produce que algunas ratas de laboratorio desgarren sus jaulas, vuelen a través del cuarto y asesinen brutalmente a miles de personas inocentes. Agítese antes de usarse. No debe ser combinado con radio isótopos excepto bajo la vigilancia de un físico. Evite la exposición prolongada a rayos cósmicos. No intente ser usado por niños o liberales debajo de los 5 años.
Choque de Mundos
Cap. 37
"La Semana de los Desastres: Domingo"
Domingo 11 de Octubre, 1981
La noche ya comenzaba a morir, calles solitarias con los últimos noctámbulos andando por aquí y por allá, ya fuese a pie o en automóvil se dejaban observar, algunos tímidamente, en secreto y otros de manera abierta y descarada. Sin embargo nadie transitaba por aquel pequeño bosque a mitad de la ciudad que olía a fresco y a tierra húmeda producto de la ligera llovizna que estaba cayendo y que, aunado a la sombras juguetonas que formaban las ramas de los árboles bajo la luz pálida de las farolas, le daba a aquel lugar, en otras horas lleno de vida e incluso mas tarde de amantes, un aspecto fantasmagórico, como sacado de alguna vieja película de miedo, cual si fuese el escenario de un intercambio secreto entre espías, el lugar idóneo para que se intercambiara información sin las miradas indiscretas de los curiosos, evitando tener que eliminarlos si sabían demasiado.
Y también el sitio ideal para que dos figuras enfundadas en gruesos abrigos se sentaran en una banca solitaria fingiendo naturalidad, como si fuese lo mas normal del mundo pasear por el parque en medio de ese molesto tipo de lluvia que no moja bien pero golpea finamente, como pequeñas agujas, casi como dos enamorados solo que en un lugar donde no había nadie, sobre todo a las tres y media de la madrugada.
La mujer se puso las manos enguantadas en la boca tratando de generar calor, un gorro mal tejido cubría su cabeza hasta las orejas, odiaba el frío aunque ya estaba acostumbrada, pero una cosa era salir con frío y otra estar a las horas donde mas bajaba la temperatura deambulando por las calles. Instintivamente se acercó al hombre a un lado de ella para generar calor, él utilizaba también un gorro y pareció no percatarse de la cercanía de su acompañante, miraba alrededor como buscando y como pidiendo a los árboles que les protegiera de algún otro visitante no deseado
-Dame tu opinión real –dijo la voz masculina hablando bajo pero cuya voz, sentado en la solitaria banca de un parque iluminado por la pálida luz de una farola, se magnificaba al punto de parecer amenazante aunque nada estaba mas lejos de la realidad -¿Crees que debemos preocuparnos?
Un silencio reflexivo siguió a esta pregunta, volviendo a sumir al inquieto follaje, perturbado por la voz del hombre, otra vez en el letargo momentáneo antes de que se rompiera nuevamente con un sincero:
-Si. –dijo la voz femenina a su lado. –Si lo creo.
Él dejó caer su espalda sobre el respaldo de la banca con actitud abatida y cansada, se pasó la mano por el cabello mientras miraba a la bóveda estrellada, era extraño creer que en ese lugar no hubiese esa extraña neblina creada por los dementotes que envolvía a todo el país en un ambiente raro y melancólico, creando así momentáneamente una pequeña ventana de luz estrellada en ese solitario lugar y que nadie parecía aprovechar, como si lo consideraran demasiado insignificante para tomarse en cuenta. Ella, sin embargo, bajó la cabeza ansiosa, sin prestar atención a su compañero con la mente en otro lado, no había querido reconocerlo, pero temía que pronto los caminos del tiempo se bifurcarían y no podrían hacer nada para evitarlo y tenía que reconocer que uno de ellos tendiera a volverse el real le daba miedo, y no era de esperar menos. Tembló ligeramente, no sabía bien si por el frío o por otra razón.
-¿Por qué mentirle y darle otro tipo de explicación a lo que esta pasando? -ella respingó cuando la semi madura voz de él volvió a llegar a sus oídos.
-No le estaba mintiendo –ella intentó imprimir a su timbre de voz un aire indignado en lugar de asustado pero no lo logró por completo –Solo era… una verdad a medias.
El otro levanto ambas cejas como diciendo "A otro perro con ese hueso". Negó con la cabeza¿para qué engañarse? Se les había salido de las manos y ya no sabían mas como reaccionar, incluso ella que siempre conseguía encontrar una solución.
-En serio, es posible que estemos preocupándonos de mas, que yo este exagerando, y que la excusa que le di sea cierta. –bajó con la cabeza con aire derrotado y agregó en voz baja, muy baja. –El cielo sabe cuanto me gustaría estar equivocada. –Él enarcó una ceja incrédulo y ella le regresó una mirada de verdadero reproche –De verdad, no me mires así. -Él le creyó, la conocía lo suficiente para saber que era sincera y tenía que admitir que ella queriendo equivocarse le preocupaba mas de lo que quería reconocer, pero había notado como ella estaba sumida en oscuras preocupaciones y que él mostrara debilidad podía ser de menos ayuda que otra cosa. Su cabello enfundado por ese gorro caía delicado sobre sus hombros, dándole un aspecto delicado, indefenso.
Mostrando ante sus ojos lo que siempre había sabido y algo mas, que no importaba cuanto lo intentaran, cuanto les gustaba fingir por el bien de sus intereses, seguían siendo demasiado jóvenes, no debían estar ahí, no en el orden natural de las cosas pero, se habían visto arrastrados a esa guerra, lo quisieran o no y por eso mismo, después de todo lo que habían pasado, habían tenido que reprimir lo que pudieron ser y volverse mas adultos. Era cierto, aún se comportaban como lo que eran, pero no era siempre. Y el hubiese dado lo que fuese porque fuera siempre. Mas cuando en momentos como esos, cuando la veía, se daba cuenta que parecían mas niños jugando a ser adultos, justo en la línea, pequeños e intentando sobrellevar eventos mas grandes que ellos mismos.
-El problema –dijo él nuevamente mirando al cielo y analizando como la noche avanzaba silenciosa e impávida. –es que todo parece indicar que nos han descubierto. Y en la escala del 1 al 10 de cosas terribles eso tiene un 15.6 de calificación.
Ella reprimió un escalofrío ignorando la singular calificación que se le había puesto, no sabía si esa sensación que recorrió su columna al escucharle fue por la frase en si y su trasfondo o porque a esas horas la temperatura era tan baja que se volvía insoportable ahí sentados a mitad de la nada sin moverse mucho, mientras su acompañante seguía mirando hacia arriba con aire abstraído. Ella sabía que sin importar que tanto pensara, la respuesta no se iba a revelar mirando a las estrellas, ni en ningún lado. Mas guardó silencio, no quería romper tampoco el momento.
Ahí sentada con la única persona con la que compartía el secreto, la razón oculta de que todo funcionara en principio y que ahora parecía desmoronarse. Se sentía mas segura de no estar sola, de ser así se hubiese quebrado desde hacía mucho, la presión y el peso que llevaban en sus hombros era demasiado. Y el futuro que se mostraba ante ellos era aún peor. Bueno para algunos, pero para ellos era negro y terrible. Esa razón era por la que también, muy en el fondo, odiaba que él también estuviese ahí con ella, no lo resistía, a pesar de que él no se quejaba, se mantenía tranquilo, de frente a lo inevitable de los sucesos, estando ahí para ella…
Juntos hasta el final, pasara lo que pasara. Y el principal problema es que no sabía que pasaría.
Ella tenía miedo pero no quería reconocerlo, no aún. La incertidumbre la consumía lentamente, el terror a un algo desconocido pero que sabía sería inevitable en el peor de los casos la carcomía.
-Tal vez debí decírselo –reflexionó ella en voz baja después de unos minutos, cubriéndose la cara con sus manos.
-No. –la respuesta tan sincera y a la vez despreocupada y tranquila de alguien que sabía no solía tener ese tipo de fases muy seguido, la sorprendió. –Hiciste bien. Lo conoces, –le dijo mirándola de frente, ambos ojos encontrándose –solo hubiera empeorado las cosas, si se le metía la idea de que seguro sabían algo se los intentaría sacar a como diese lugar y solo empeoraría las cosas. –pateó una inocente y solitaria piedra a sus pies con toda la frustración que reprimía y vio como esta saltó incontrolable hasta detenerse en un pequeño banco de arena –Lo mejor, creo yo, será no hacer nada.
Ella se giró tan rápido que sintió un tirón en el cuello, los ojos abiertos como platos, el mantenía la calma, en realidad ya sabía que reaccionaría así. Pero él también había estado pensando en eso desde que se presentó la posibilidad de que ellos… bueno, eso. Y también era consciente de que ella intentaba que no terminara así. Él también lo deseaba, pero las circunstancias no eran las que habían planeado.
-¿Estas demente? –le dijo ella con tono autoritario y asustado, definitivamente no era el tipo de idea que ella hubiese esperado.
-No, bastante cuerdo. –le contestó con calma, sin gritar, lo cual la desconcertó. –Si lo piensas ¿qué mas podemos hacer? –se encogió de hombros intentando parecer despreocupado, pero en sus ojos había una chispa de angustia –Lo que sea que pase, hemos llegado a un punto en el que no podemos retroceder sin importar que tratemos de hacer. En realidad creo que si quisiéramos intervenir lo único que haríamos sería empeorarlo todo.
Ella se mordió el labio con frustración mirando hacia otro lado con brusquedad, odiaba cuando tenía razón, sobre todo porque ya habían llegado al punto sin retorno. De haberse dado cuenta antes…
Ahora el destino se ceñía sobre ellos y era negro, se viera por donde se viera.
Podía sentir las lágrimas agolparse en sus ojos, esa picante sensación rodeándolos, como las formas a su alrededor se distorsionaban un poco ante la pared de agua salada que impedía la nitidez.
-Lo único que nos queda –dijo él alentándola en silencio con la mirada, sin sonreír –es guardar la esperanza de que de alguna manera las cosas sigan su curso natural y, por muy duro que suene, mueran los que según lo escrito deben morir.
Ella asintió con pesadumbre intentando retener las lágrimas. No quería, sufría, no era su forma de ser, claro, sabía, era consciente de que eso era lo que tenía que acontecer, que nunca debieron aceptar y que lo habían arruinado, consintiendo pequeños detalles, insignificantes en principio que poco a poco envenenaron el pensamiento y plantaron ideas preconcebidas que resultaron ser las correctas. Y luego, ellos se fueron metiendo en sus vidas, quisieran o no. Porque cuando eso paso todo fue mas difícil, fue mas fácil dejar pasar pequeñeces, las cuales se fueron volviendo mas grandes y ahora una marejada de eventos los golpeaban y ya no podían pararse y esperar que se detuviera, solo tenían que aguardar, de pie, valientemente y esperar…
Él, en cambio, estaba muy seguro de sus palabras pero maldecía el momento en que terminaron ahí, maldecía el momento en que aceptaron esa loca cláusula y el momento en que creyeron que podrían manejar la situación. Incluso de guardar tan celosamente el secreto.
Mas que nada… de olvidar la promesa.
-¿Se lo merece¿no crees? –preguntó ansiosa, sin saber que debía pensar o sentir, o si el miedo que sentía era justificado incluso justo. Quiso desviar la atención de ellos, moverla al motivo inicial que los hizo aceptar.
-Es su decisión. –terminó él con seriedad y suspirando –Siempre la ha sido. Y sabes perfectamente que siempre hemos estado ahí y que lo volveríamos a hacer.
Ella asintió con pesadumbre, lo sabía, ni siquiera lo pensaría. El precio a pagar era muy caro para dar tal oportunidad pero, cuando los veía juntos, todo cobraba sentido. Por un momento todo se olvidaba, de ella misma incluso, y era cuando deseaba haber hecho eso sola, no inmiscuirlo también a él en el problema. Y en otros como ese, sus emociones eran una montaña rusa, y lo único que le evitaba salir corriendo era que él estuviese ahí, sentado a un lado de ella, con un tímido brazo sobre su hombro, el cual ni siquiera había sentido llegar. Para luego volver y ver el porque habían accedido, la felicidad de otros por sobre la suya. Si, en momentos así todo cobraba sentido.
Pero temía mucho que eso no durara. Como si alguna fuerza superior entendiera sus pensamientos, una brisa helada agitó el cabello de los dos moradores del parque arrancándoles un escalofrío, como augurando lo inevitable.
Mientras la fina lluvia seguía cayendo sin descanso tratando de enfriar hasta la muerte a esos cálidos corazones.
--oo—
Cruel era la palabra, si, era la que mejor le acomodaba, aunque también desagradable, despreciable, bajo, ruin, maldito… un largo etcétera. Ni siquiera se había atrevido a decirles nada ni a Lily ni a Sirius, sabía que si se enfrentaba a sus miradas acusadoras no podría llevar a cabo lo que quería.
No tenía derecho a hacerle eso a Harry tampoco pero… no sabía que mas hacer, y sabía que algo como eso lo desestabilizaría lo suficiente para lograr que hablara.
Y tal vez fuese la única manera de salvar a un amigo… aunque ya solo él lo consideraría como tal si lo revelara.
Aunque eso pudiera considerara algo "bueno" no evitaba que se sintiera un maldito desgraciado por hacerle pasar ese mal rato a su propio hijo. Ni evitaba que disminuyeran sus ganas de volver el estómago nada mas de pensar lo que pasaría cuando, poco después, supiera la razón. Ni culparía a Lily y a Sirius porque le dejaran de hablar un tiempo…él mismo se dejaría de hablar un tiempo de ser él… no, en realidad se partiría la cara de ser Harry.
-¿Te sientes bien? –preguntó Lily a su lado mientras veía como su esposo jugaba abstraídamente con su desayuno.
-¿Eh? –contestó levantando la cabeza rápidamente –Eh… si.
-¿De verdad? –volvió a preguntar enarcando una ceja con aire preocupado –Te ves un poco… bueno, verdoso.
Claro, ella también estaría así si fuera a hacer lo que él. Pero lo único que atinó a hacer fue sonreír débilmente. Diablos, no sabía si quiera si soportaría la mirada decepcionada y de desagrado que ella mostraría cuando supiera lo que hizo. No, mejor no pensar en eso ahora. ¡Ja! Claro, como si pudiese, llevaba toda la noche asi.
-Desperté con el estómago un poco revuelto. –era mitad mentira, no despertó así, se acostó así, y no solo eso, no era un "poco", sentía que en cualquier momento regresaría los intestinos… junto con todo su aparato digestivo, mejor no comentarle eso a su Lily.
-Oh. –dijo ella mirándolo poco convencida, tal vez considerando que se veía peor que por un simple malestar -¿Quieres que te prepare una poción para sentirte mejor? –preguntó dulcemente.
-No, no, no te preocupes, ya se pasara. –dijo sonriendo falsamente mientras se metía un bocado en la boca.
Dudaba que se le pasara, algo le decía que se pondría peor. La comida simplemente le sabía a cartón y esta vez no se debía a lo mal que cocinaba Lily, era que su lengua estaba seca.
Y la sensación general no solo de sentir asco en el estómago si no ser un asco de persona.
Mientras Lily le daba la espalda entretenida con otra cosa, James picaba su comida con actitud deprimida, metido en sus pensamientos pero con un ojo alerta por si su esposa giraba otra vez, miró a su pequeño hijo sentado cerca suyo y a punto de caer dormido sobre el plato de comida, la tierna visión le arrancó una débil sonrisa.
Tal vez no fuera tan malo lo que iba a hacer, tal vez el fin justificaba los medios. Y tenía que darle esa última oportunidad al amigo perdido. Si y Lily entendería y también Sirius… miró por la ventana al cielo oscurecido y otra sonrisa, esta vez de irónica tristeza cruzó sus labios.
Claro… y tal vez los puercos volarían y las ardillas dominarían el mundo.
--oo—
-¿Le pasa algo a James? –preguntó Sirius a su ahijado que estaba en la parte de arriba de la casa, desde ahí podían ver vagamente la imagen de James sentado en la sala con actitud abstraída.
El susodicho llevaba horas mirando por la ventana, la verdad no era del tipo que se sumía mucho en sus pensamientos frente a los otros, ni se quedaba mirando a la ventana por largo tiempo mas que para ver como estaba el clima, pero daba la impresión que James se quería perder entre las gotas de lluvia que caían sin descanso afuera, sus ojos color avellana fijos en su propio reflejo. Y eso asustaba a Sirius ligeramente, sabía que su mejor amigo no era así.
-No lo se, -contestó Harry con sinceridad y realmente con un mal presentimiento de ello. –lleva así toda la mañana, mirando a la ventana. Nunca lo había visto hacer eso.
-Ni yo tampoco en realidad, –musitó Sirius, -solo un par de veces, ambas tras la muerte de sus padres. –Harry clavó la mirada en su joven padre. La siguiente pregunta de Sirius le hizo romper el contacto visual -¿Ocurrió algo extraño antes de esto que pudiera generar esto?
Harry negó con la cabeza. Luego le vino a la mente el día anterior.
-Ayer actuó un poco extraño. –comentó –Fue a mi habitación a despertarme y me dijo que… -Harry tragó ligeramente, no sabía si hablar de eso pero Sirius debía saber, hasta el momento, a pesar de todo lo que había ocurrido, parecía que ese detalle del pasado seguía inalterado en su mayoría, Sirius debía ser el guardián secreto, James no habría dejado pasar la oportunidad de pedirle a Sirius ser su guardián secreto.
-¿Tienen que abandonar la casa en una semana? –terminó Sirius por él, Harry solo se limitó a asentir intentando mantener un rostro sin expresión. –Si, ayer me dijo eso también, entre otras cosas.
Harry creía saber que eran esas "otras cosas" a las que se refería Sirius, pero no quiso ahondar en el tema. No se sentía con la fortaleza de seguir ese teatro si se le presionaba demasiado, y sus límites estaban siendo llevados a límites que nunca creyó que estarían.
-¿Y actuó extraño también? –logró susurrar Harry a su padrino sacando el tema de su cabeza.
-En principio no. –reconoció Sirius –A pesar de todo lo que implica y que se, por tu mirada, conoces bastante bien. –Harry ni siquiera intento negarlo, simplemente desvió la mirada de los ojos grises de Sirius que parecían atravesarlo, luego el moreno mayor también desvió la mirada hacia su amigo –Luego… bueno, dije algo y pareció cambiar totalmente de actitud.
-¿Algo? –preguntó Harry con genuina curiosidad
Sirius le miró evadiendo responder la pregunta planteada, no tenía la intención de contarle a Harry su pequeño plan, su idea de cambiar a Peter por él¿y si no era eso lo que debería pasar? Que era lo que él pensaba. Harry parecía seguir determinado en mantener las cosas como estaban, huérfano o no, y si daba a conocer algo que no debía pasar Harry y sus amigos podían hacer algo para evitarlo, mejor dejar eso entre James y él, claro, hasta que Lily también lo supiese.
-Digamos que tu padre esta pasando por demasiadas cosas a la vez e intenta resolverlas todas por si mismo, el problema es que la incertidumbre de no saberlo todo lo esta matando. –"y nuestro tiempo se esta terminando" pero eso Sirius no lo dijo en voz alta, solo para él mismo.
-Creo saber que es eso, –susurró Harry cansinamente –demasiado bien para mi gusto.
-oo-
Lily comenzaba a preocuparse, James parecía seguir en su mundo a pesar de que pronto la reunión de la Orden comenzaría, los miembros todavía no llegaban pero eso no evitaba que Atha ya se hubiese encerrado en su habitación al igual que los chicos quienes trataban ahora de evitar a cualquier miembro de la Orden del Fénix, incluyéndoles a ellos. Había sentido una vaga punzada de celos al ver que Harry parecía hablar con tanta tranquilidad con Sirius cuando a sus padres parecía evadirlos como si tuvieran la peste. En parte sabía la razón, pero ¿no era irónico que quisiese evitar a sus padres cuando sabía que pronto los perdería para siempre? Suspiró frente al espejo mientras terminaba de ponerse un poco de maquillaje para simular las ojeras que enmarcaban sus ojos verdes.
-¿Qué circunstancias te volvieron así, Harry? –le preguntó Lily en voz baja al espejo mientras por el reflejo miraba al pequeño de un año que en la cama, jugaba animadamente con una caja de cartón imaginando quien sabía que cosa.
-oo-
Ni siquiera lo había escuchado entrar, o eso le parecía en primera impresión, pero sabía que James estaba consciente de su presencia ahí, simplemente lo estaba ignorando, a él y a todos y eso era algo que le preocupaba mucho ya que no era una conducta normal en él.
Así que, acostumbrado a que la gente lo ignorara y dado que conocía al moreno de cabello revuelto desde la infancia, Remus Lupin no se tomó de manera personal que James le ignorara y se mantuviese envuelto en quien sabe que pensamientos.
Permanecieron así unos diez minutos, James mirando a la ventana mientras Remus también fijaba la mirada en lo que sea que se veía más allá de esta. A pesar de esto, no dejó de notar como su silencioso amigo comenzaba a fruncir el ceño molesto, y tampoco pudo reprimir una leve y casi invisible sonrisa porque sabía bien a que se debía.
-¿Tienes planeado quedarte todo el día ahí? –dijo en molesta voz baja James.
-No se –respondió el otro con una calma que sabía desesperaba al hiperactivo moreno -¿Cuánto tiempo piensas quedarte tu ahí?
James no respondió, seguía sin mirar nada más que a la ventana. Tuvieron que pasar otros dos minutos de intolerable silencio para que alguno de los dos volviera a hablar.
-¿Qué te pasa James? Lily dice que llevas todo el día ahí y la estas comenzando a preocupar pues no sabe el porque.
James elevó una ceja escépticamente, sabía que de unos años para acá la mejor excusa que Remus le daba para reflejar su propia preocupación era culpar a Lily, pero en esta ocasión era diferente de lo que el hombre lobo pudiese creer. Si bien podía ser cierto (y estaba seguro de ello) que la pelirroja estaba preocupada, dudaba que no tuviese una muy acertada teoría del porque estaba así, mas con aquella plática de hacía tan poco. Probablemente creyera, tanto ella como Sirius, que la avalancha de sucesos que parecía tan inminente y el peso de la información lo habían vuelto taciturno mientras intentaba encontrar una solución.
Si sus suposiciones eran ciertas en parte tendrían razón, sin embargo, James todavía tenía una última pieza de rompe cabezas recién descubierta el día anterior y era esa lo que, principalmente junto con trasfondo de su plan, lo tenía así. Suspiró.
-Remus, podrías hacerme el favor de dejarme, estoy tratando de ser miserable y patético aquí solo. –suspiró, el tono triste, distante y oscuro hizo que esta vez Remus frunciera el entrecejo, quien decidió no hacerse para atrás, pocas personas le hacían sacar lo mejor de si y una de ellas era James.
-¿Y por qué tan animado hoy? –insistió intentando poner una nota bromista a la conversación, detestaba ver a sus amigos así. Sobre todo a James, ahí el miserable y que se revolvía en autocompasión era él.
James no le contestó, simplemente suspiró otra vez negando vagamente con la cabeza. Lupin se concentró en estudiarlo, algo había cambiado en James desde la última vez que lo había visto, algo profundo y que presentía era más grande que ellos mismos. Era como si James estuviera frente a algo que nunca creyó enfrentar, algo nuevo, desconocido y atemorizante, un algo contra lo que no se podía luchar, no sin perder algo, nunca ganando por completo, por mucho que se intentara.
No tenía idea de que ese algo recibía el nombre de destino. Y estaba confabulando junto con el implacable tiempo.
-James –insistió Lupin sin querer abandonar lo que él creía era la razón de todo eso –se que todo el asunto de Harry es un peso muy grande, pero hay que confiar en Dumbledore, ya verás que todo saldrá bien.
Era irónico que Lupin intuyera que la raíz del problema era Harry, pero como todos los demás, no descubrían a cual de los dos se refería, y en el caso de Remus, ni siquiera que habían dos. James necesitaba terminar esa conversación, se sentía cansado e iba siendo hora de comenzar a orquestar todo.
-Dime, Remus. –dijo de pronto James casi con un murmullo –Si yo fuera el traidor ¿me perdonarías?
Esa pregunta sacó de balance a Lupin, el moreno prácticamente podía ver los engranes del cerebro trabajando en la mente del otro.
-No entiendo tu pregunta James. –le contestó con voz ligeramente mas ronca de lo normal. –Sabes que eso no es gracioso.
-No es una broma –respondió el otro sin dirigirle la mirada –Es una pregunta muy en serio. ¿Qué harías si descubrieras que yo soy el traidor, que tu amigo de la infancia es un mortífago dispuesto a acabar con lo más preciado que tienes, y con el hijo de ella de paso¿Qué harías por protegerlos? A pesar de ser yo.
Remus Lupin dejó de respirar por un instante y su boca se secó, por una vez agradeció que James no lo estuviese mirando. Aquella pregunta, no era el tema en si, sino lo que afirmaba lo que le puso así. Trato de girar el tema hacia otro tópico pero se sentía ahogado¿Desde cuando James sabía…?
-No se porque…
-Solo responde Remus. –le cortó James elevando la voz -No estoy ciego ni soy estúpido a pesar de que me guste aparentarlo¿sabías? –suspiró y bajo su tono de voz –Tampoco estoy enojado, confío en ella tanto como confío en ti. Uno no puede vencer al propio corazón, por mucho que se luche y tengo que admitir que lo que ella provoca es imposible de derrotar.
Lupin bajó la cabeza. Así que James lo sabía. Se preguntaba desde cuando, y él seguía osando ir a esa casa y James se atrevía a dejarlo a solas con su esposa y su hijo, sabiendo que de alguna manera envidiaba todo eso y deseaba ser él el padre de un niño de ojos verdes, muy en el fondo, a pesar de lo feliz que estaba viéndolos dichosos, manteniéndose al margen, apoyando. Muy en el fondo, porque él sabía que no se merecía hijos, no con su maldición a cuestas. Se atrevió a hacer la pregunta que tanto le atormentaba:
-¿Desde cuando…?
-Por todo el tiempo que quieras creer –interrumpió el otro mientras Lupin levantaba la cabeza sorprendido, James no había cambiado su tono de voz lejano –Sigo esperando que respondas mi pregunta, Remus.
Lupin se quedó unos segundos mirando a su amigo fijamente, tratando de descubrir porque esa pregunta y sobre todo, porque precisamente ahora. Suspiró, nunca había podido contra James cuando se le metía algo que podía ser tanto importante, como una cosa banal.
-Si fueras tu James… -comenzó –te seré sincero, no lo sé. Creo que no podría… no con todo lo que tú, lo que todos… -se detuvo cuando finalmente James se puso de pie y se giró hacia él.
-Si, eso pensé.
La mirada de James era tan triste, tan dolida, llena de conflicto y duda que Lupin se paralizó. Nunca había visto esa expresión en su amigo, y tenía que reconocer que jamás lo haría. Así, inmóvil, vio como James caminó hacia él hasta detenerse a su lado, ambas cabezas mirando a lados contrarios.
-Pero sin embargo te conozco Remus, y se que no eres como yo. –ya se volvía a alejar cuando Lupin se giró y preguntó lo que su corazón le decía a gritos era la verdadera causa del conflicto de James.
-¿Sospechas de alguien James?
El otro detuvo sus pasos pero no se giró nuevamente.
-No. –fue la respuesta seca. Era verdad y a la vez no lo era.
-James, sabes que es alguien cercano ¿verdad? Alguien que debe estar muy enterado de tus movimientos, por eso me preguntaste todo eso, por eso tratas de…
-Tu tienes tus propias sospechas, lo se, Remus –volvió a interrumpir James sabiendo a donde iba la plática. –Pero yo no tengo simples sospechas Remus. No más por lo menos.
¿Acaso James…? Lupin volvió a quedarse sin habla, era imposible que James ya supiera algo, ya lo habría informado.
A menos que aquel que él considerara traidor fuera…
-Siempre he estado consciente que la fe que le tengo a las personas y mis propios sentimientos son mi punto débil. –dijo James dándole la espalda -Sin importar lo que… -agitó la cabeza en actitud derrotada -pero ahora no lo se, porque hacerlo destruiría lo que soy y lo que me mantiene como soy.
-¿Aunque eso signifique ponerlos en peligro? –atacó Remus a James
-Hay un viejo dicho que dice –contestó James un instante de silencio después –Que la verdad nos hará libres. Creo que yo soy la excepción a la regla.
Y salió dejando a Remus mas confundido que nunca.
-o-
Los miembros de la orden no tardaron en llegar, poco a poco, en pequeños grupos, siempre con discreción, la guerra se acrecentaba allá fuera, el peligro creía a cada momento y todos presentían que el final, para bien o para mal, se les venía encima con una fuerza arrolladora.
Todos le lanzaban miradas discretas a los Potter, todos enterados ya de las nuevas noticias, Lily manteniendo a su pequeño hijo en su regazo, sonriendo suavemente, con calma, para esas fechas no era un secreto que ella prácticamente no se separaba de su retoño; James con una extraña actitud silenciosa. Evitando las miradas de todos, con aire molesto. La pelirroja sabía que James amaba la atención, pero había ciertas excepciones, su esposo odiaba que lo compadecieran y esas miradas justo reflejaban eso, "pobre joven pareja con su pequeño hijo, sus esperanzas son tan pocas", casi podía leerlo en sus rostros, a pesar de ser sus conocidos.
Lily sabía que entre esos amigos y conocidos había un traidor, alguien que los vendería a su familia a favor del señor oscuro, alguien que no tendría compasión sobre esos inocentes ojos verdes que tenían poco mas de un año de ver la luz y que, curiosos, le sonreían a todos. Pero ella no era del tipo que se molestara porque los demás, aquellos que no eran los traidores, se compadecieran de ellos, no era que no le molestara aunque fuese un poco, sin embargo comprendía que eso era parte de la naturaleza humana, de la forma en que algunos demostraban su apoyo, su envidia, su molestia, su empatía o incluso su dolor, aunque James parecía no tomarlo de la misma manera, a pesar de que su rostro ocultaba buena parte de sus pensamientos, sus puños comenzaban a cerrarse con demasiada fuerza. James realmente odiaba ese tipo de atención, no cuando el motivo era más que suficiente para esa compasión y le quitaba el sueño de tal manera.
-Tranquilo, James –le susurró Lily de manera que solo él pudo escucharla después de que uno de los miembros les saludara con un movimiento de cabeza y una sonrisa apenada, James dejó escapar un sonoro y molesto bufido.
-Odio que nos miren, sobre todo a Harry, como si estuviéramos al borde de la muerte por alguna enfermedad realmente mortal –le contestó entre dientes.
-Si lo ves desde ese punto, no están muy equivocados –comentó en voz muy baja Lily mirando hacia el suelo con actitud triste, incluso creyó que James no la había escuchado hasta que él le frotó la espalda con cariño.
-Tranquila, ya verás que todo sale bien,–le alentó –TODOS nos vamos a salvar. –Lily enarcó la ceja, ese 'todos' parecía ir mas allá de los que ella consideraba debían ser salvados.
Aunque James lo dijo mas para él mismo que para Lily, cosa que ella no sabía, en ese momento Dumbledore entró a la sala con aire serio intercambiando una mirada rápida con James. El joven ya había tenido la oportunidad de comunicarle que Sirius sería su guardián secreto, siguiendo con el plan de su amigo, manteniendo en silencio que el guardián real sería Peter, por el momento. No estaba seguro que Sirius no terminará siendo el guardián, pues todavía faltaba la aprobación de Lily. Ni siquiera podía decir que llegase a ser necesario de todas maneras. Pero era consciente, que siendo necesario o no, al director no le agradaba en nada la idea.
James les dirigió una mirada discreta a su grupo de amigos, Sirius se veía tranquilo y confiado hablando con un Peter bastante sorprendido con lo que fuera que le dijera el mayor, una mirada que mostraba cierta admiración, se preguntaba cuando pensaría Sirius decirle a Peter que él sería el guardián, probablemente hasta el último momento, pues Peter solía ser muy bocafloja y Sirius no podía arriesgarse a eso. Mas allá estaba Remus, y este le regresó una mirada pensativa, parecía que lo que habían hablado le había afectado mas de lo esperado y James sabía muy bien el porque.
La reunión inició sin más miramientos.
Fue consciente vagamente de que Dumbledore hablaba de todo lo acontecido, así como los planes establecidos para proteger a los Potter, su mente divagaba por lugares lejanos mientras era apenas consciente de que la conversación se desviaba hacia Virens y su grupo. Los demás comenzaron a opinar mientras el guardaba silencio mirando en dirección a sus amigos con aire perdido.
Sirius se veía confiado como siempre, de porte elegante y altivo, justo demostrando la sangre noble que le caracterizaba. James sabía que Sirius odiaba ser clasificado por su procedencia, pero no podía negar lo que a gritos su imagen contaba: siglos y siglos de pureza de sangre, reunidos en un solo hombre dispuesto a negar lo que era pero sin poder demostrarlo al 100. Pero aún así, sin importar lo que fuera, Sirius era su mejor amigo, el hermano que nunca tuvo, su confidente, su cómplice de travesuras y aventuras, el padrino de su boda, el padrino de su hijo…
A un lado de Sirius, enfurruñado y mirando a todos con ojos vidriosos y asustados, desconfiados como si de cualquier lado le fuera a saltar un enemigo, se encontraba Peter, el débil del grupo, el que los seguía a todos lados y levantaba su ego, era, hasta cierto punto, el protegido. Siempre bajo la sombra de James y Sirius, escudado ante el poder y la fuerza, durante la escuela era sabido que mientras se mantuviera en su grupo, prácticamente nada le pasaría, nada que no fueran castigos ejemplares y varios bociferadores por lo menos. El que servía de guardián en algunos planes, el que daba la voz de alarma y solía huir primero, el que se veía indeciso entre seguir algún plan macabro planeado por Sirius u obedecer el sermón de ética de un escandalizado Remus.
Remus, retirado del círculo por decisión propia, se mantenía serio tratando de prestar atención, su cejo fruncido mostraba arrugas prematuras para estar en los inicios de sus veinte. Siempre preocupado de más, siempre nostálgico y culpándose de situaciones que en realidad no eran su culpa, James estimaba a su amigo licántropo mucho mas de lo que el mismo hombre lobo consideraba, pero James no lo compadecía, sabía que el espíritu de Remus era fuerte, y aunque fuera mas el mas susceptible a ser partidario al lado oscuro, siempre había sido el mas fiel a lo que creía. No podía negar que aquel amor secreto hacia su esposa le incomodaba, pero confiaba en Lily y sus sentimientos y tenía la certeza que su amistad no tendría que afectarse por ello, mas sin embargo el mismo Remus se había alejado de ellos al sentirse culpable.
De pronto registró que alguien solicitaba ir por Virens y los demás. ¿Para qué? No tenía idea, su mente no estaba sintonizada con lo que ocurría en la habitación. Solo notaba la mirada preocupada de Dumbledore y la molesta de Lily y sin quedarse a registrar que era lo que estaban pidiendo y sin analizar que tal vez esas miradas molestas significaran que debían dejar a esos seis al margen de la reunión, James se paró automáticamente declarando, ante la mirada atónita de todos y la bastante interesada de Remus y Peter, que él iría por ellos.
Sin hacer caso al apretón de advertencia que le hizo su esposa y sin siquiera dirigirle una mirada, James Potter salió de la sala ante un silencio extraño y expectante. Algo le decía que no había hecho lo correcto pero de pronto su corazón le había dictado hacer justamente eso, si pensaba hacer las cosas mal para que resultaran bien, era ahora o nunca.
No se dio cuenta de que ya había llegado hasta que se encontró frente a la puerta cerrada por el hechizo mágico que solían poner siempre que había reunión o estaban fuera. Enarcó la ceja cuando la puerta se abrió repentinamente antes siquiera que tocara, máscaras mal acomodadas, detectó vagamente que Ginny metía rápidamente en la mochila una especie de manguera color carne. Sospechaba que esos seis se agrupaban en una sola habitación durante las reuniones de la orden no sólo para mantenerse ocultos, sino que aprovechaban para obtener información. Se preguntaba si esa manguerita color carne y el hecho de que supieran mucho antes que se dirigía hacia ahí era la confirmación de su sospecha, pero lo hizo a un lado.
El que había abierto la puerta era Harry, que al notar que no había nadie alrededor o cerca de James se levantó la máscara al nivel de la frente.
-¿Papá¿Pasa algo? –dijo en el tono mas inocente que pudo. Para James, que realmente no sabía para que llamaban a esos seis a la sala porque se la había pasado en su mundo de sueños por esos momentos, era un verdadero alivio creer que no tenía que explicar nada, porque esos seis sabían mas del tema que él mismo.
-Los solicitan abajo.
-C…claro –dijo Hermione rápidamente mientras todos se miraban.
James se hizo a un lado mientras asentía vagamente, por lo menos eso iba perfecto con sus planes. Harry sin embargo miraba de manera curiosa a James. Sabía que el motivo de la llamada regresaba a lo que en inicio se habían enfrentado pero nunca creyó que su padre se ofreciera a ir por ellos, en inició supuso que sería para darles alguna clase de advertencia o consejo, planear algo juntos. Pero aquel James que se había presentado ante la puerta se veía confundido y ligeramente perdido, como si no supiera bien lo que hacía o el porque. Esa había sido la verdadera razón por la que se levantó la máscara, para ver claramente esos perturbados ojos color avellana.
Permitió salir a sus cinco amigos y ser el último en salir como si esperase que James tomase valor si era el único que quedaba, cuando nada paso, comenzó a caminar para seguir a sus amigos, había levantado su brazo para bajar la máscara cuando su padre finalmente salió de su trance y se movió.
James tomó bruscamente a Harry del brazo que trataba de bajar la máscara, mientras este se giraba sorprendido y con una protesta lista para salir de su boca pero que nunca encontró salida y que murió en sus labios al enfrentarse a la expresión de su padre, que era una mezcla de dolor, confusión, arrepentimiento y algo que parecía terror, lo cual lo calló en el acto. No sabía si prefería la perdida y confundida.
Ron y Hermione se percataron del movimiento deteniéndose en el acto, aunque inmediatamente Harry, con un movimiento de cabeza les indicó que siguieran adelante, cosa que cumplieron con reticencia, no les gustaba para nada esa expresión en James, tampoco a Harry, pero algo le decía que su padre tenía algo importante que decir y solo lo haría en privado.
-¿Pasa algo? –preguntó de nuevo cautelosamente.
-Necesito decirte algo. –la voz de James era insegura y Harry vio que hacía algo que nunca le había visto hacer, pasaba el peso de su cuerpo de un pie a otro, una manía infantil de incomodidad y nerviosismo que nunca creyó que el siempre seguro y optimista James Potter haría.
-¿Tiene que ser ahora? –le volvió a cuestionar con falso apuro–Todos nos esperan.
-No puede esperar. –le contestó James con seriedad, la verdad es que no estaba seguro si en otro momento tendría el valor de decirlo. Era mentira, estaba seguro que luego no tendría el valor, ni siquiera estaba seguro de tenerlo en ese momento.
-Claro¿Quieres ir a alguna habitación a hablar? –ya hacía Harry el amago de ir a algún lugar cuando James volvió a detenerlo con la mano.
-No, -dijo con voz poco más aguda de lo normal –no, no será necesario, será rápido. –se pasó la mano inconscientemente por el cabello despeinándolo mas.
-Pues entonces tú dirás. –dijo intentando dar a su frase un tono despreocupado y amigable, no podía negarlo, la actitud de James lo ponía más nervioso de lo que podía confesar, tenía un muy, muy mal presentimiento.
James desvió la mirada fijándola en el suelo, su pulso acelerado, pareció encontrar muy interesante una mancha en el piso, luego frunció el entrecejo¿Qué le pasaba? Esa había sido su idea después de todo, se sentía como cuando tenía que darles a sus padres otro aviso del director por alguna de las travesuras que armaba con Sirius. ¿Quién se suponía que era el padre ahí de los dos? A veces de verdad se lo preguntaba. Tomo valor, aire y se enfrentó a los preocupados, ansiosos y, si, ligeramente asustados, como si supiera que no era nada bueno, ojos esmeralda de su hijo.
-Lily… tu madre, -se mordió el labio inferior –está embarazada.
Fue como si el aire mismo dejara de correr alrededor de ellos y un vacío se cerniera como una cúpula sobre ellos. El tiempo se detuvo mientras Harry procesaba las palabras de James, como si su sentido común luchara ante la barbaridad e irrealidad de tal declaración. Incluso inconscientemente, en esos segundos esperaba que su padre sonriera y le dijera 'Caíste' pero nada pasó. Luego todo cayó en su lugar y su mundo colapsó. Era como si alguien le hubiera propinado un puñetazo en el estómago y obligara a todo el aire de sus pulmones a abandonarlo, incluso a pesar de abrir la boca, sus bronquios parecían incapaces de recuperar el vital fluido, de procesarlo, mientras su mirada se nublaba y todo comenzaba a verse a través de un verdadero halo de irrealidad.
James observó tristemente al que sabía era el rostro de su hijo, aunque el rostro pálido y desencajado, cubierto de un ramillete de emociones, no era el mismo en ese momento. El estómago se le revolvió ante la esperada reacción. Y ahora el tiro de gracia.
-Harry, no se que planeas hacer, o que no hacer, pero sea lo que sea hazlo rápido y sal de aquí a menos que estés listo para presenciar algo para lo cual no estas preparado y te sientas culpable o…
El inconcluso "o evitarlo" fue claro como el cristal para Harry que aunque no dio muestras de haberlo registrado en su cerebro, se había grabado como fuego. James le dio una última mirada deprimida y le bajó la máscara con cuidado y cariño ocultando la atónitamente aterrorizada mirada de su primogénito. Luego se dio media vuelta y bajó las escaleras con abatimiento y el alma quebrada sin decir ni una palabra más. Entró de nuevo al salón donde se llevaba a cabo la reunión y se sentó en silencio bajo la mirada perspicaz de Lily y la curiosa de todos los demás, sin contar con la preocupada mirada de sospecha de los cinco enmascarados que no pudieron preguntar que había pasado entre su nombrado líder y su joven padre.
Mientras, un rato después, o tal vez eran segundos, minutos, horas, días, no tenía idea, Harry bajó las escaleras en piloto automático, un pie bajaba y se adelantaba a otro sin pensar, mientras su cerebro seguía la última orden directa dada para él: ir a la reunión. El resto de su ser viajaba lejos, muy lejos. Un montón de sentimientos encontrados envolviéndole…carcomiéndole, destruyéndole en silencio mientras era cada vez mas consciente de la aplastante realidad: Si continuaba con su plan original de mantener el pasado inalterado y por tanto el presente, Voldemort no sólo mataría a dos… sino a tres.
Alguien mas estaba creciendo en el vientre de su madre en ese preciso momento y su padre estaba haciendo la silenciosa súplica de que cambiara las cosas, que permitiera a aquel pequeño ser humano atado a él por la sangre ver la luz y respirar, que estaba bien que ellos dos murieran, pero no tenían que ser tres, o no dos por lo menos. O que saliera lo mas pronto posible de ahí para no volverse mas cómplice de ese asesinato de lo que ya era.
Entro a la sala sin darse cuenta del silencio abrumador que envolvió la sala de la reunión ni en que momento se dejó caer en una silla a un lado de sus amigos, ni de lo que Hermione o Ron trataron de decirle… él… ¿realmente Lily llevaba su casi invisible por el momento futuro hermano?
La realidad se dejó caer en forma de un nudo en su garganta y una piedra gigantesca en la boca de su estómago… un hermano o hermana. Ni en sus sueños mas locos… lo mas cercano que había tenido a eso era Dudley y no se podía decir que fuera el mejor ejemplo, también estaban Ron y Hermione que se habían convertido en algo mas que sus mejores amigos, incluso estaba Sirius, una bizarra mezcla entre hermano mayor y padre. Pero la idea de un verdadero hermano de sangre, de lo que tanto había oído hablar y tanto anhelado era abrumadora, ahogante… y el peso de su vida estaba sobre él, solo sobre sus hombros.
No era justo. Tenía ganas de gritar.
¿Qué decían aquellas voces lejanas¿Le estarían mirando? No le importaba, ni siquiera el hecho de que alguien de la orden se había puesto de pie y parecía hablar a voz de grito mientras Hermione respondía velozmente ayudada de Ron y Ginny quienes de pronto también estaban de pie. Pero lo que decían estaba fuera de su alcance. Él ni siquiera estaba en la reunión. Parecía ver todo a través de un vidrio empañado, lo que fuera que pasara, sus amigos lo manejarían bien, a pesar de que luego le culparan por aquel silencio. Pero cuando supieran… no, no le culparían…era… era mas de lo que podía manejar.
Una cosa era ser consciente de que perdería a sus padres, de que eso ya había pasado y solo podía tomar eso como una experiencia mas, una dulce experiencia que atesoraría en su herido corazón por lo que le restaba de vida, pero sabía que serían sus padres, solo sus adorados e increíbles padres, aquellos que se habían anclado en lo mas profundo de su alma sin que lo pudiera evitar, sin que evitara sentir que se derretía ante los amorosos ojos de su madre o saltar de involuntaria alegría cuando escuchaba la siempre alegre y contagiosa risa de su padre.
Ya era mucho perderlos a ellos. Incluso era mucho ver a Sirius ahí y saber que cuando volviera ya no lo estaría. Jugar al testigo imparcial de una cruel jugarreta del destino como para agregarle ser juez de una vida más. ¿Acaso era algo ya preestablecido o era uno de esos imperceptibles pero vitales cambios que habían provocado? Cabía la posibilidad de que Lily Potter ya estuviera embarazada para el momento que se hubieran ocultado, manteniéndolo como secreto para todos. ¿Pero Sirius no lo sabría para entonces? James y él eran muy unidos. Aunque tal vez Sirius si lo sabía y había preferido nunca decírselo¿para que torturar mas a un niño que de por si había sufrido tanto? No es tampoco que hubiera podido convivir tanto con su padrino.
Pero cabía la posibilidad de que efectivamente, todo fuera nuevo y que este embarazo fuese repentino, no esperado y sobre todo, dibujara una línea diferente de tiempo de la que habían conocido. De ser así ¿Qué hacer? No… no tenía siquiera que pensarlo… no quería pensarlo…no podía ser verdad.
Repentinamente otra idea lo golpeó ajeno a cualquier otra cosa a su alrededor ¿y si no era verdad¿Si James se le dijo como parte de una macabra idea para orillarlo a una situación extrema¿Sacarle la verdad y cambiar el futuro? Finalmente Harry estaba prácticamente seguro que eran conscientes de su propia muerte. No, agitó su cabeza ensimismado, su padre no podía ser tan ruin ¿cierto? Por primera vez desde que entró a la reunión se permitió girar un poco la cabeza hacia sus padres, James parecía usar todo su autocontrol para no fijarse en otra cosa mas que en quien hablaba a pesar de que su rostro se notaba perturbado, no sabía si por lo que le había dicho o por lo que pasaba en la reunión, y Lily… Lily era otra historia, a pesar de tener el ceño fruncido mientras miraba a alguien en la sala, al parecer por lo que decían, su rostro reflejaba mas paz de la que Harry recordaba haber visto, o tal vez solo era una jugarreta de su mente, la verdad se veía un tanto pálida ¿Acaso no se suponía que así se veían las mujeres en sus primeros meses de embarazo por las nauseas? No podía recordarlo, nunca había estado cerca de una mujer embarazada, que no fuera viéndola en la calle, Duddley y él se llevaban apenas un mes y su tía nunca había tenido otro hijo. Intentaba hacer memoria de las clases que tuvo durante sus años en la escuela muggle, tampoco es que hubiera tenido una "gran charla" por parte de sus tíos. Cuando era pequeño e imaginaba que sus padres o algún pariente desconocido venía por él, solía imaginar que también le presentarían a algún hermano o hermana perdidos y finalmente tendría la familia que tanto había deseado, pero con el tiempo, los años, y sobre todo, la llegada de Hagrid, ese sueño se esfumó.
Ahora, ironías de la vida, parecía ser verdad y sin embargo… estaba atado de manos.
Algo golpeó a Harry de lado tirándolo de la silla y sacándolo violentamente de su mundo, cuando levantó la cabeza se sorprendió aún mas. Lo que lo había empujado no era un algo, era un alguien, en realidad eran dos: Sirius y Remus se estaban agarrando a golpes a mitad del salón.
El sonido a su alrededor de pronto volvió a sus oídos, lo que había escuchado como un murmullo lejano eran gritos y confusión, se movió justo en el momento para esquivar una patada perdida de parte de Sirius que no dio en el blanco, que era Lupin. Se hizo para atrás aún en el suelo mientras trataba de descubrir que diablos estaba pasando. Remus devolvió la patada pero con el puño fallando por poco la nariz de Sirius para golpear de lleno la mejilla, el moreno se desestabilizó un poco y se lanzó encima del licántropo mientras el otro trataba de poner la mayor distancia entre ellos mientras intentaba golpear a su vez. De la boca de ambos salía sangre, las túnicas estaban desacomodadas y Sirius había perdido ya una manga, Harry se puso de pie con ayuda de Ron quien había sacado la varita intentando separarlos pero al parecer, aunque menos perdido que Harry, si sorprendido. No podía culparlo, no creía haber imaginado algún día ver a esos dos pelearse así y yo creo que nadie porque todos estaban estáticos en su lugar sin saber si intervenir o no, y no los podía culpar, parecía que si alguien se metía perdería una mano de un mordisco; o tal vez era que temían que si Remus les lastimaba pasara también su maldición.
De pronto con otro visaje, James pasó a su lado y se arrojó también entre ellos, al principio parecía que también iba a luchar pero, con movimientos hábiles consiguió separarlos, no sin antes recibir el roce del puño de Sirius y tener una cortada en la mejilla.
-¡BASTA LOS DOS! –gritó con un tono de furia que hizo respingar a Harry, nunca había oído a James usarlo. Logró separarlos extendiendo los brazos y sujetándolos de las camisas, Remus volteó la boca para escupir un diente ensangrentado, uno de sus ojos se comenzaba a poner negro.
-¿Qué clase de demostración es esa, Sirius, Remus? –intervino Dumbledore con voz grave, aquella que Harry le había escuchado solo cuando algo muy malo había pasado.
-¡Él comenzó! –espetó Sirius mirando a Remus
-¡¿Yo?! –gritó Remus -¡Tu fuiste el que me acusó falsamente!
-¡No es ninguna mentira, sabes que mis sospechas tienen sentido!
Los presentes seguían la disputa mirando a uno y otro interlocutor moviendo la cabeza como en un partido de ping pong, Harry seguía igual o peor de perdido pero no se atrevía a preguntar en ese momento.
-Clave la daga en la herida ¿eh, Remus? –picó Sirius
Como respuesta Lupin se le abalanzó de nuevo a Sirius casi arrojando a James en el camino que tuvo que hacer un esfuerzo por agarrar a Remus; Harry en acto reflejo se lanzó hacia Sirius para sujetarlo por atrás de los brazos pues este, explosivo para siempre, ya estaba listo para contraatacar.
-¡Cállate, Black! –le gritó Remus sujetado por James -¡No tienes derecho a señalarme¡¿Dónde quedaron las promesas de amistad¡DIME¡Solo porque yo sea un licántropo no significa que este unido al lado oscuro!
Harry agradeció traer la máscara¿Qué Sirius había dicho que? Parecía comenzar a comprender lo que pasaba. Finalmente, lo que había cosechado hacía tanto (o eso le parecía) estaba dando frutos: Sirius había culpado a Lupin de traidor y frente a toda la Orden. No podía ser… no tenía que ser así.
-¡No te estoy culpando por eso! –le regresó Sirius colérico -¡Pero niégame que lo que te dije no es verdad!
-¡Basta Sirius! –esta vez fue James el que le contestó, ya había perdido la paciencia –La base de tu acusación no tiene sentido. –Remus se quedó mirando atónito a James, y Sirius devolvió la misma mirada atónita.
-¡James no lo puedes decir en serio! –dijo Sirius
Harry no tenía ni la mas maldita idea de que hablaban. Bueno, tenía un leve indicio pero… bueno, al parecer su padre defendía a Remus, eso esta bien, él no era el traidor, pero si las cosas seguían así…
-¡Y tú no puedes creer que Remus sea el traidor!
-¡Todas las pistas dirigen hacia él! –le regresó -¡Sabemos que es alguien cercano a ti, además Remus se a alejado de nosotros desde que lo del traidor comenzó, es el único con su condición que aún no se une al lado oscuro y además… sabes perfectamente que le convendría que tu murieras!
-¡¿Cómo te atreves…?! –James tuvo que hacer uso de toda su fuerza para retener a Lupin. -¡Yo no soy el traidor¡Siempre he sido amigo de James, tú sabes perfectamente porque me he alejado, no me gusta que me miren como si en cualquier momento fuera a destrozarles la garganta y a traicionarlos, cosa que no voy a hacer, a ver si te lo metes en esa dura cabeza que tienes, que desde un inicio haya renegado a los de mi clase y me haya unido a los magos me ha traído mas desventajas y ventajas y aún así he sido fiel y nunca he dado motivos de sospecha¡Y JAMAS desearía que James muriera, ES mi amigo!
-Claro, y por eso deseas a Lily ¿no? –atacó con veneno.
-¡Sirius! –gritaron a la vez Lily y James, ambos coléricos.
Se hizo un silencio en la sala, mientras Remus se ponía de todos colores y Harry por fin comprendía. Aunque no era una gran novedad para aquellos que habían observado con atención al licántropo, Sirius no tenía el derecho a decir tal cosa.
-Sirius, –intervino Harry en voz muy baja –sabes que esas acusaciones no tienen sentido, no por lo menos a lo que te refieres.
Ahora las miradas se centraban en Harry, y se dio cuenta, algo le decía que a pesar de la voz baja, en ese silencio se habían escuchado como si fuera un megáfono. Sirius, demostrando el poco autocontrol que tenía giró la cabeza para ver sobre el hombro a Harry.
-¿Y eres tú el que me lo dices? Tu fuiste el que en inicio me dijo que no confiara en él.
Y de nuevo todas las miradas fijas en él. Tenía Sirius que ir y abrir esa gran boca.
-Eso no fue exactamente lo que dije, que tu lo interpretaras así no es mi culpa. –se defendió en voz baja –Y no creo que este sea el mejor lugar para discutirlo.
-No, a mi me parece perfecto. –intervino James harto. –Justo ahora y aquí. ¿A qué estas jugando¿qué fue lo que le dijiste a Sirius?
-Nada –dijo inmediatamente.
-Eso no te lo creo, ya me cansé del tira y afloja en el que ustedes seis nos traen, dando pistas, luego quitándolas. ¡Es como armar un maldito rompecabezas sin fin!
-Sabes que no podemos…
-Solo contéstame algo –pregunto James con voz seca y grave ante el silencio abismal de la sala -¿A cuantos quieres matar antes de irte?
La pregunta con el trasfondo oculto fue claro como el cristal para Harry, el no dicho 'también al producto que lleva tu madre' penetró hasta lo mas profundo de su ser con certera y dolorosa precisión. La máscara que Harry portaba frente a sus emociones comenzó a quebrarse sin que pudiera hacer nada al respecto mientras bajaba la cabeza y los hombros.
-No es algo que yo quiera… y lo sabes… -murmuró Harry
-¡¿Entonces quien diablos es el traidor Harry?! –gritó Sirius sin pensar -¡Si tanto profesas que no es Remus¡Yo no quiero ver muerto a tus padres tanto como tu!
Hermione ahogó un grito mientras Harry sentía que la sangre abandonaba su rostro de un solo golpe. Sirius había dicho… o dios…
Y parecía que Sirius se había dado cuenta de lo que había dicho un milisengundo después, no sólo había dado el nombre del Harry sino que… ¡era un estúpido! Y sus ojos abiertos de par en par lo demostraba. Harry trató intercambiar una horrorizada mirada con su padre pero fue capturada por la de mudo y atónito entendimiento de Remus Lupin, su padre parecía preocupado mirando a alguien mas.
-El futuro… claro –murmuró fuerte y claro Lupin –por eso…
La sala miraba atónita al chico y luego al niño en brazos de Lily que no sabía bien que hacer, como si de pronto le hubieran quitado el don del habla. Dumbledore se veía serio y silencioso, fulminaba con la mirada a Sirius pero no creía que pudiera hacer algo sin empeorar las cosas.
-Remus, -dijo de pronto James mirando el piso, de pronto empuñaba la varita –Sirius no puede ser el traidor porque es mi mejor amigo y confío en él. Sirius, Remus no puede ser el traidor por que para cuando ocurra nuestro asesinato él estará convertido en hombre lobo y confinado como siempre, evitando que pueda revelar el secreto.
-¿Qué ustedes que? –gritó alguien
-¡Entonces tengo razón! –dijo Remus confirmando sus teorías del futuro. –Harry Potter… -dijo mirando al chico que había dejado de sujetar a Sirius y miraba a todos perdidos. Luego Remus recordó lo que James le había dicho -¡Pero tu sabes quien es el traidor¿verdad James? Tu me lo diste a entender.
¿A dónde se había ido todo el aire cuando se quería respirar? Harry no lo sabía, el mundo se caía a pedazos, las piernas no le respondían, la voz no le funcionaba, sus fuerzas se habían ido. Todos en esa sala sabían quien era, que venía del futuro, pero sobre todo… Colagusano lo sabía.
-En esta habitación nadie puede desaparecer… no cuando hay reunión. –murmuró James para él y para nadie mas. –El traidor no podría escapar si lo revelo. ¿sabes Sirius? Tenías razón –le dijo a su amigo con ojos tristes –mi cariño por mis amigos me va a matar un día de estos, el confiar y dar segundas oportunidades… a pesar de que me vendan ante el mago mas maligno que ha conocido este mundo, aunque ponga en peligro a lo mas preciado que tengo… aunque desde hace días supiera quien era y sepa ahora que esta ansioso de salir de aquí, escapar, temeroso de que yo de verdad sepa su identidad porque no sabe si le temería mas a nuestra furia o a la de su señor…
Hizo un movimiento de varita que pareció venir en cámara lenta, el rayo de magia impactó de lleno en alguien lanzándolo a través de la ventana y sacándolo de la casa en un estallido de vidrios.
James sonrió amargamente, con ironía.
-¿Acaso no tengo razón, Peter?
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Los milagros de Día de Reyes si existen jajajajaja:
Hagamos un recuento: primero me dejaron sola con un proyecto internacional inmenso, justo después me lanzaron una auditoria inmensa que incluía a todo el país, para el mismo proyecto, para sacar un medicamento en Europa y América, posteriormente, sin dar cuartel porque estaba terminado esta apenas, Tabasco se va completamente al agua dejando a toda mi familia atrapada en la creciente del río (pueden pasar a ver que mi casa pasó a formar parte del río jojo) y mi familia mas cercana aislados semana y media en el tercer piso de un edificio (desviando mi atención completamente de cualquier otra cosa y evitando que me concentrara), obligándome a conseguir el dinero necesario para apoyar una familia que se quedó sin fuente de trabajo, así se fue noviembre. En diciembre, en el cierre de año, la vida comenzaba a retomar fuerza, aunque viajes para reactivar proyectos absorbieron mi tiempo, luego, antes de darme cuenta, ya me iba de vacaciones, en eso fui raptada por el pato Donald, Goffy y Sora mientras tratábamos de salvar de Kindom Hearts (aquellos frikis, como yo, seguro entenderán) para llevarnos al punto actual así que para todos… GOMEN NASAAAAAAAIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII (osea… PERDOOOOOOOOOOOOOON) No estaba muerta, andaba de parranda.
Punto Número Uno: (me siento en cierto programa juvenil mexicano) Se que esta vez me pasé con la advertencia de derechos pero no pude resistirme jajajaja.
Punto Número Dos: MUAJAJAJAJAJAJAJAJA Les dije que el domingo venía pesado, creo que lo he estado anunciando por medio año jajaja. ¡Ódienme!
Punto Número Tres¡¡Finalmente termine la Semana de los Desastres¡Todos saquen sus gorros de fiesta y tiren las serpentinas! Yo creí que este día nunca llegaría, jajajajajajaja. Fanny opinaba que al final llegara un burro por la ventana y matara a Peter y luego le pusiéramos una estatua porque también mataba a Voldemort, pero prefiero este fina. Por cierto, tuve pereza de revisar la última parte, perdón si tiene faltas de ortografíaa o algo no se entiende
Punto Número Cuatro: No diré NADA del siguiente capítulo… aunque pueden atacar a Fanny que me encontró en un día de debilidad y me sacó buena parte de lo que pasa en el siguiente capítulo ya hace tiempo.
Punto Número Cinco: Nos vemos en el siguiente capítulooooo donde no todo será agradable "Los Recuerdos de un Muchacho". Y antes de que me golpeen, dudo que sea muy largo porque esta planeado desde prácticamente desde el inicio de esta historia (junto con buena parte del final) y no son capítulos particularmente grandes.
