Bueno, antes de empezar, quiero aclarar que esa primera línea es… como un adelanto de lo que sucederá más adelante en el capítulo. Lo digo para que no exista alguna confusión. En fin, es momento de comenzar.
Tanto los personajes como la idea de Zero no Tsukaima no son de mi propiedad, sino del autor de dicha obra, Yamaguchi Noboru (Que en paz descanse)
No, es inútil, por más que lo intento, mi cuerpo no responde. Quizás debí pensar mejor en esto.
…
Creo que es momento de empezar. Pensó Louise.
El amanecer iluminó los alrededores.
Louise, después de cabalgar toda la noche, finalmente se encontraba en la colina donde lucharía contra el ejército de Albion. Ella, lentamente y temblando ligeramente, bajó del caballo. La maga respiró hondamente y, luego de unos breves instantes, golpeó al caballo. Ello ocasionó que el animal se empezara a alejar. Tan sólo un minuto después, este no podía verse más. No fue raro su accionar, pues Louise, quien no planeaba irse, no necesitaría al caballo.
¿Cómo debería hacer esto?
Louise vio a la lejanía.
El ejército de Albion todavía no estaba a la vista y considerando que tampoco podía oírlos, imaginó que todavía le quedaban algunos minutos para prepararse. Ciertamente, ella, durante el trayecto del viaje, estuvo pensando en alguna forma de retener a las fuerzas enemigas el mayor tiempo posible. Sin embargo, ninguna idea llegó a su cabeza. Eso, de hecho, fue algo natural, pues varias emociones y recuerdos la estuvieron inquietando durante toda la noche.
Quizás sólo debería atacar con todo lo que tengo.
Era la solución más simple. Louise teorizó que quizás, al darse cuenta que había alguien atacándolos, el ejército trataría de eliminarla de inmediato. En cambio, si atacaba con todo lo que tenía desde el inicio, no importaría un posterior contrataque.
Me pregunto si podré hacer una Explosión como la de Tarbes sin desmayarme. En fin, lo mejor será ir preparándose.
Louise cerró sus ojos y empezó a aligerar su respiración. Ella inhalaba y exhalaba lentamente. Su intención era la de terminar de prepararse mentalmente para lo que estaba por hacer. Cosa normal, pues estaba a punto de dar su vida por retrasar a un ejército. Inclusive ella estaría nerviosa en una situación así. De hecho, fue quizás por ese motivo que cierto recuerdo llegó a su mente.
…
— Si no debo sacrificar mi vida, entonces te aseguro haré lo que sea necesario para salvar la tuya.
…
Tan sólo un par de segundos después, a la mente de Louise llegó lo ocurrido unas horas luego de yo haberle asegurado lo anterior. Ella recordó como engañé a Wales para cumplir nuestro objetivo sin la necesidad de pelear y arriesgarse.
Louise finalmente abrió sus ojos y sacó su varita. Una pequeña sonrisa se podía observar en su rostro.
— Quizás debí preguntarle si tenía alguna idea de cómo podría salir viva de esto.
— ¡Sí, debiste hacerlo!
Esa repentina respuesta hizo que Louise volteara su cabeza.
Extraño.
Ella juró haber podido escuchar mi voz. Después de unos segundos, en los cuales ella mantuvo su vista hacia atrás, Louise volvió a girar su cabeza.
— ¡Aunque también es en parte mi culpa por no habérseme ocurrido hacerlo!
Louise imitó su anterior accionar. Se había escuchado en un volumen muy bajo y por el tono podría decirse que algo pausada, pero era lo suficientemente clara como para diferenciarla. Esa había sido mi voz. Ella estaba segura.
— Quizás me estoy volviendo loca. — Susurró para sí misma.
— ¡Pues considerando que planeas enfrentar a un ejército tú sola…!
Louise miró de a su alrededor. Tres veces habían sido suficientes para saber que mi voz no estaba en su imaginación. Ella definitivamente estaba segura que yo me encontraba en ese lugar.
— ¡Bueno, el tiempo apremia! ¡En tu hombro derecho!
Al decir eso, Louise giró levemente su cabeza para mirar el lugar que había indicado. En su hombro, una versión diminuta de mí se encontraba recostada. Mi altura en ese momento estaba entre los dos y tres centímetros.
— ¿Cuándo…? ¿Cómo…? ¿Por qué…? — Murmuró ella.
Era obvio el motivo por el cual no pudo completar ninguna de sus preguntas. Sin embargo, eso no evitó que yo respondiera a cada una de ellas.
— ¡Cuando te hice cerrar los ojos! ¡Usando el hechizo de reducción! ¡Porque decidí que no te dejaría morir!
Louise, rápidamente, acercó su mano hacia mí. Tan sólo un segundo después, yo me encontraba frente a ella. Mi pierna derecha estaba siendo sujetada por su índice y su pulgar. Además, mi cuerpo se balanceada ligeramente.
— ¡Maldición! ¡¿Qué no puedes ser más delicada?! ¡Casi vomito en el viaje hasta aquí!
El que apareciera de la nada y empezara a recriminarla fueron motivos suficientes para que Louise se enojara. Ella movió su mano derecha y me colocó en esta. Para, tan sólo un instante después, empezar a cerrarla alrededor de mí. Mi cabeza, la cual estaba a centímetros de su boca, sobresalía de su puño.
— ¡Detente! ¡Vas a romperme algo!
— ¡¿A qué rayos viniste?!
Louise no lo sabía, pero, cuando ella gritó, sentí como si mis oídos fueran a explotar. Mi tamaño había amplificado la potencia de su grito, al menos bajo mi perspectiva. Naturalmente, dejé escapar un fuerte grito en respuesta.
— ¡No hables tan fuerte! ¡Maldición!
Ella necesito de un par de segundos para comprender el motivo de mis quejas. Finalmente, Louise se calmó y aflojó su agarre sobre mí.
Maldición, creí que mis huesos se romperían…
— Dime qué haces aquí.
No respondí de inmediato. Necesitaba recuperar el aire y le hice el gesto adecuado para que ella entendiera eso último.
— ¡Ya te dije que… no voy a… dejarte… morir! — Grité entre jadeos.
La sorpresa inicial ya había pasado. Con ello, Louise recordó que, efectivamente, le había dicho eso hace tan sólo algunos segundos. No obstante, esa respuesta no era suficiente para ella.
— Escucha, si esto es por las runas…
Empecé a dar respiraciones largas y lentas. Me pasé quince segundos haciendo eso antes de poder recuperar la compostura.
— ¡No es por las runas! ¡Decidí venir aquí por cuenta propia! Creo.
Esa última palabra no la grité, ergo, Louise no pudo oírla.
Aunque bueno, si decido o no quedarme al final, ya es otra historia.
— ¡El ejército no tardará en llegar, así que iré al grano! ¡¿Quieres vivir?!
Por su rostro, pude deducir que Louise no sabía a lo que quería llegar con esa pregunta.
— ¿De qué estas…?
— ¡El tiempo corre! ¡Responde!
Unos segundos de silencio después, Louise abrió su boca.
— Sí, por su…
— ¡Eso es todo lo que quería oír!
Ella me miró confundida. Claramente, no me estaba entendiendo.
Aclaré mi garganta, pues gritar constantemente, a pesar de ser necesario para que Louise pudiera escucharme, era incómodo.
— ¡Setenta mil soldados! ¡Según lo que estaba escrito en las órdenes que te dieron, debes retrasarlos un día!
Di un gran respiro.
— ¡¿Qué tan estúpida puedes ser?! ¡¿Vas a detenerlos tú sola?! ¡Imposible! ¡Incluso sin la pelea que tuvimos antes no ganarías ni medio día!
— Escúcha…
— ¡No, escúchame tú! ¡No vas a lograrlo! ¡Morirás y será por nada! ¡Tú lo sabes mejor que nadie!
Louise dudó por unos segundos sobre cómo responderme. Ella estaba confundida. Hace un minuto, ella estaba preparándose para su batalla contra el ejército de Albion. Al siguiente, yo no sólo había aparecido, sino que le estaba llamando estúpida. Lo inverosímil de la situación no la dejaba pensar adecuadamente.
— Eso no cambia nada. Tengo que intentarlo…
— ¡No, no será sólo un intento! ¡La misión será un éxito! Claro, si todo sale bien.
Ella ladeó su cabeza.
¿De qué está hablando?
El estar confundida ya se había quedado como algo pequeño. Louise miró rápidamente a su alrededor. A pesar de saber que no sería el caso, quería cerciorarse de que el caballo no se encontraba ahí. El motivo era simple, las fuerzas de Albion llegarían pronto y quería mandarme a algún lugar seguro. Con mi tamaño, no creyó que pudiera mostrar resistencia.
Ella no lo sabía, pero el que yo revelara mi presencia luego de que ella hiciera que el caballo se aleje no fue coincidencia. Estaba consciente que ella intentaría mandarme lejos y no podía permitir eso, al menos no todavía.
Louise chasqueó su lengua al ver que el equino no estaba en ningún lado. Por mi parte, yo había estado tosiendo durante varios segundos.
Maldición, gritar tanto no le hace bien a mi garganta.
Respiré hondamente.
— ¡Coloca tu dedo encima de mi cabeza!
Louise volteó a verme al escuchar mi petición.
— ¿Para qué quieres que…?
— ¡El ejército estará aquí dentro de poco!
— ¿Qué no puedes decirme lo que…?
— ¡Te lo diré cuando coloques tu maldito dedo encima de mi cabeza!
Ya había perdido la paciencia. A pesar de mi pequeño tamaño, Louise pudo saberlo. Quizás por eso o quizás porque la situación no podía permitirle perder mucho tiempo, ella terminó por acceder a mi petición. De hecho, fue lo más natural. A Louise no se le ocurrió nada más que que hacer en ese momento.
— ¡Ahora repite después de mí! ¡Yo…!
— Lo digo en serio, ¿por qué…?
— ¡Yo…!
¿Qué es lo que quiere lograr?
— ¡¿Quieres apurarte?!
Louise tragó saliva.
— Yo….
— ¡Di tu nombre completo!
— Louise Françoise le Blanc de la Vallière…
— ¡Te aceptó a ti, Aztor Mithin…!
— Te aceptó a ti, Aztor Mithin…
— ¡Como mi vasallo!
— ¿Qué?
Maldición, no tenemos tiempo. Pensé con molestia.
— ¡Lo que escuchas! ¡Ahora vuelve a empezar!
En su momento, yo había declarado no tener intención algunas de llevar a cabo el hechizo Vasallaje. Es por eso que Louise comenzó a dudar. No podía evitar preguntarse cuál era mi objetivo.
— ¡Sólo hazlo de una vez, idiota! — Grité mientras pisaba la palma de Louise.
Sin embargo, a pesar de mis exigencias, ella no habló.
— ¡¿En verdad decides no confiar en mí ahora?! ¡Sé bien lo que estoy haciendo!
Tuvieron que pasar algunos segundos para que ella finalmente reaccionara. Realmente no comprendía a lo que quería llegar con el hechizo Vasallaje y mucho menos sabía qué planeaba hacer luego de usarlo. No obstante, sabía que yo debía tener algún motivo. Un motivo demasiado bueno como para que yo estuviera prácticamente obligándole a usar el hechizo conmigo.
Louise inhaló y exhaló lentamente.
— Yo, Louise Françoise le Blanc de la Vallière, te aceptó a ti, Aztor Mithin como mi vasallo.
Por fin.
Hice la señal de mano necesaria para el conjuro.
Bien… aquí vamos.
Pensado eso, activé uno de los hechizos libres que tenía. Era necesario, pues no tenía ningún papel rúnico de Vasallaje a la mano. Ese conjuro siempre había sido un caso curioso. Era de los más simples de aprender y de los menos usados alrededor del mundo. El único motivo por el cual lo sabía fue por una irresponsabilidad de mi parte. Necesitaba aprender cinco conjuros para el final del año y, por el tiempo que demoraría en aprenderlo, Vasallaje era la única salida posible. Jamás pasó por mi mente que terminaría usándolo y mucho menos de la manera en que lo haría.
Un pequeño brillo cubrió mi cuerpo. Brillo que no tardó en concentrarse en mi mano derecha. Unos segundos después, el brillo desapareció y unas nuevas runas aparecieron en el dorso de mi mano.
No pude evitar sonreír.
Me sentí como un idiota al no habérseme ocurrido la solución antes. La respuesta derivaba de algo que yo averigüé hace mucho tiempo. Bajo ciertas condiciones, la magia rúnica podía interferir con la magia de Halkeginia. Las runas de Gandalfr, a pesar de ser especiales, seguían siendo magia de Halkeginia. Al pensar en todo eso, no tardé en formar una solución.
Combatir el fuego con el fuego. En este caso, runas con runas.
El hechizo Vasallaje era el equivalente a las runas de Gandalfr. Tal y como mencioné, realmente no quería tener que usarlo, pero la situación lo exigía. Tanto para deshacerme del efecto de las runas, como para lo que tenía en mente.
Ahora bien. Pensé a la vez que miré mis nuevas runas. Me pregunto si esa influencia…
No pude terminar de pensar. En ese preciso momento, una gran cantidad de emociones invadieron mi cuerpo.
¿Por qué ahora?
No necesité meditarlo por más que unos segundos. Sin las runas trabajando, no había nada que pudiera hacerme un familiar ideal. Por lo tanto, no había nada que pudiera evitar que sintiera cosas que me alejaran de ser dicho familiar ideal. Muchas de esas emociones eran algo que ya había sentido antes. Sin embargo, se habían hecho presentes de forma amplificada. En especial una de ellas, la cual no era nada ajena a mí.
Maldición, creo que tengo ganas de vomitar.
Di un fuerte resoplido.
Cálmate. El ejército se acerca y tienes trabajo que hacer.
— ¡Louise, devuélveme a mi tamaño real!
Ella se quedó callada por unos segundos.
— ¿Cómo hago eso?
— ¡Sólo piensa en que quieres hacerme crecer!
Tal y como se lo indiqué, Louise pensó en ello, mas nada ocurrió.
— No funciona. — Dijo ella.
Bien, la Reducción que puede usar en mí es independiente de la Reducción que use en mí mismo. Eso o quizás Vasallaje tampoco funciona de forma adecuada. Sí, realmente espero que sea lo segundo.
— ¡Cambio de planes! ¡Déjame en el suelo!
Louise se agachó y bajó su mano hasta que esta estuviera a unos centímetros del suelo. Salté de la palma de Louise y saqué un papel rúnico para colocarlo sobre la tierra. Sin perder más tiempo, active el conjuro y unos segundos después, recuperé mi tamaño.
Di un muy largo respiro. Durante aproximadamente quince segundos, me quedé completamente quieto. Ese pequeño lapso de tiempo fue suficiente. Suficiente para recordar varios eventos pasados. Suficiente para pensar en todo lo que quería. Suficiente para darme cuenta de algo. Suficiente para llegar a una respuesta.
Fouquet, Wardes, la Batalla de Tarbes y el acceder a detener ese hechizo hexagonal… Sí, ahora puedo estar seguro.
Miré a Louise.
Ella no valía todo ese esfuerzo.
No pelearíamos contra un solo golem gigante. No nos enfrentaríamos a un solo mago Cuadrangular. No nos atacarían tan solo algunos Caballeros Dragón. No haríamos frente a sólo dos magos triangulares que podían combinar sus hechizos. Era un ejército completo el que se acercaba. No había aeroplano, un Báculo de la Destrucción o más personas de las cuales pudiéramos depender. Estábamos sólo Louise y yo.
Le había dicho a Louise que no la dejaría morir y lo había dicho con una gran seguridad. Sin embargo, la verdad es que siempre tuve dudas en cuanto a lo que haría cuando me deshiciera de la influencia de las runas. Tenía dudas de si estaría dispuesto a correr el riesgo con tal de intentar ayudarla. Tenía dudas de si no terminaría corriendo y dejaría atrás Louise.
En ese momento, pudimos escucharlo. Un gran ruido empezó a percibirse a la distancia. No había que ser un genio para saber qué era lo que se estaba acercando.
Louise y yo volteamos.
Ahí vienen.
Pude escuchar como Louise tragaba saliva. Estaba nerviosa. Obviamente, yo también lo estaba y, de hecho, el nerviosismo de Louise era insignificante comparado al mío. A pesar de todavía tener miedo, ella había ido hasta ese lugar con la mentalidad de que moriría. Ese no era mi caso. Realmente estaba haciendo un gran trabajo en mantener la compostura en el exterior.
No moriré. Mi vida no es un precio justo a pagar por la suya. Ni antes, ni ahora, ni en un futuro. Quedarse aquí es demasiado peligroso.
Sin la influencia de las runas, jamás habría ayudado a Louise en los momentos que recordé.
Pero…
Sin embargo, eso había cambiado. Ella no había valido el esfuerzo en el pasado, mas, con el tiempo, eso había cambiado. Si el yo de ese momento hubiera sido transportado al pasado, seguramente mis decisiones habrían sido las mismas. Incluso sin las runas afectándome, estaba dispuesto a ayudarla.
…
— Pero te puedo asegurar lo siguiente, si hubiera decidido no acompañarlo y me hubiera enterado de su muerte tiempo después, sí estaría tremendamente arrepentido. Arrepentido de no haber hecho siquiera un intento.
…
No correré sin hacer el intento. No, no será un intento. La misión será un éxito y ambos volveremos a salvo.
Miré nuevamente el dorso de mi mano derecha. La runa que estaba grabada en ese lugar empezó a brillar. Una vez ocurrió eso, di un par de saltos y luego procedí a dar algunos golpes.
No es tanto como pensé. Parece que en verdad las runas de Gandalfr están interfiriendo, pero… es más que suficiente.
Por un momento, no pude evitar lamentar el no haber hecho el hechizo Vasallaje antes. Consideré que varios problemas hubieran sido mucho más fáciles de resolver. Temía ese control que Louise podía tener sobre mí, pero quizás pudo haber sido un precio justo a pagar.
La runa dejó de brillar.
Miré a la lejanía. El ruido que provocaba el ejército de Albion se había, al menos, duplicado. Era cuestión de minutos para que llegaran.
Bueno, incluso con estas nuevas runas, mis métodos no han cambiado. Hora de hacer lo que mejor sé.
…
Ha llegado el momento.
El ejército de Albion ya estaba muy cerca de la colina. En lo más alto de esta, dos figuras eras distinguibles.
Desde arriba de la colina podía observarse todo el ejército de Albion, el cual avanzaba hacia Rosais con una formación bastante abierta. Sin duda, cualquiera que los enfrentara estaría intimidado. Sin embargo, eso no cambió nada.
Una de las figuras empezó a mover su cabeza en círculo. Parecía estar estirándose como si estuviera a punto de hacer un ejercicio matutino.
Por algún motivo…
Una de las figuras, después de desenfundar su espada, corrió colina abajo. Su capa se meneaba con el viento. Entonces, unos segundos después, varias figuras similares se le unieron. Treinta personas en total estaban corriendo hacia el ejército de Albion.
Por algún motivo… Pensó mi copia. Mi corazón late de emoción.
…
Y lo que mejor sé hacer es…
— Es hora de correr. — Dije tajantemente.
Diez segundos. Ese fue el tiempo que Louise necesitó para procesar lo que acababa de decir.
— ¿A qué te refieres con que es hora de correr? Ya te dije que tengo una misión aquí.
— Y ya te dije que es una misión imposible para ti.
— Debo hacer esto. Y déjame recordarte que gracias a cierto idiota, esta misión se me complicó más.
Bueno, no negaré que esa pelea fue una estupidez de mi parte.
A pesar de pensar eso, no iba a decirlo. Estaba renuente a admitir ante Louise ese grave error que había cometido.
Dio un muy largo suspiro.
— ¿Cuánto tiempo conseguirás por ti misma? ¿Dos horas? ¿Tres? Quizás cinco a lo mucho. Si en verdad crees poder detener a ese ejército por veinticuatro horas, dilo. ¡Quiero escucharlo! ¡Adelante! ¡Quiero que jures por tu honor que puedes hacerlo!
Tal y como pensé, Louise no respondió. Quizás fue por eso último que dije, pero no podía asegurarlo.
Su cabeza le dolía. Aparecí de un momento a otro, la llamé estúpida, prácticamente la obligué a usar el hechizo Vasallaje y ahora trataba de hacer que escapara conmigo. Ella no entendía nada.
Una vez le mencioné que Vasallaje le daría a ella algunos derechos sobre mí. Evidentemente, Louise trató de pensar en qué derechos podrían ser, pero no se le ocurrió nada.
— Vete. No tienes nada que hacer aquí. — Se limitó a decir Louise.
— ¿En verdad crees que vine aquí sólo para hacerte saber que tu sacrificio sería en vano?
— ¿Para qué más viniste entonces? Si es para convencerme de no intentar detener al ejército…
— ¿Con lo testaruda que eres? Paso.
— ¡¿Entonces para qué viniste?! ¡Sólo me haces perder tiempo!
— ¿Qué no te lo dije ya? Número uno, dije que no te dejaría morir. Número dos, te aseguré que la misión sería un completo éxito.
¿Un éxito?
Sólo entonces, Louise recordó que yo, efectivamente, le había dicho ambas cosas.
— ¿Estás diciendo que viniste a ayudarme a pelear?
— ¿Pelear yo contra un ejército de setenta mil? Por favor, sabes que no soy un lunático.
Abrí mi zurrón y empecé a buscar las cosas que usaría.
— En fin, ya que estamos cortos de tiempo, creo que es momento de hacer los preparativos. Después de todo, ellos están aquí.
Louise estaba tan enfrascada en nuestra discusión que no se dio cuenta que las fuerzas de Albion ya eran finalmente visibles.
No sería raro si alguien dijera que yo estaba perdiendo el tiempo discutiendo con Louise, pero ese no era el caso. Lo que más me costaría era convencerla de irse conmigo. Todo lo demás ya lo tenía totalmente planeado.
Diez papeles rúnicos que ya había separado fueron colocados en el suelo. Tan sólo un momento después, todos fueron activados. Treinta copias mías aparecieron en total.
Caí de rodillas y empecé a jadear fuertemente. El cansancio era algo que estaba dentro de mis parámetros. Lo que debía hacer era ignorarlo y seguir con el resto. Me puse de pie y saqué el resto de papeles rúnicos que tenía. Acto seguido, se los entregué a uno de mis clones. No necesitaba decirle nada, mi copia sabía exactamente lo que debía hacer.
— Dame tu mano.
— ¿Por qué?
— Tenías planeado usar también el hechizo Ilusión para crear copias tuyas, ¿verdad? Te ayudaré con eso.
No me había equivocado. Ilusión era el único hechizo rúnico que ella podía utilizar. Obviamente, al no dominar el conjuro por completo, Louise podía crear una sola copia a la vez, pero eso no cambiaba nada.
— ¿Esa va a ser tu ayuda?
— Te daré de mi energía rúnica para que la distribuyas entre tus clones.
Habíamos hecho la prueba antes de que comenzara la invasión. Como había intuido con anterioridad, los clones de Louise podían usar magia del Vacío. Eran capaces de generar varias explosiones pequeñas antes de desaparecer. No obstante, no podían usar grandes hechizos. Antes de poder terminar de recitar un conjuro poderoso, las copias desaparecían.
— Con mi energía, creo que tus copias podrán lanzar una Explosión con plena potencia. Aunque, obviamente, será sólo una.
Ella me miró por unos instantes. Mis jadeos eran más lentos, pero todavía eran notables.
— ¿No será demasiado para ti?
— Quizás, pero no es como que vaya a quedarme a pelear.
¿Qué es lo que está planeando? Pensó Louise.
Ella estaba tan consciente como yo que no podría detener al ejército por sí misma. Louise imagino que tal vez con la energía que le daría lograría algo más. Por eso, finalmente terminó por acceder.
Louise colocó todos los papeles rúnicos que tenía en el suelo. Y luego de tomar mi mano, empezó a activarlos uno por uno. Por cada conjuro, yo le entregaba la cantidad de energía rúnica que consideraba necesaria. Solté la mano de Louise cuando terminó de crear una quinta copia. Había gastado ya una cantidad brutal de energía rúnica.
— Con cinco serán suficiente. Bueno, en realidad, lo mejor es no seguir. — Dije entre fuertes jadeos. — Es hora de irnos.
Era más que obvio lo que planeaba. Ni Louise ni yo nos quedaríamos a combatir directamente. En cambio, varias copias nuestras pelearían mientras nosotros escapábamos. Algo tan simple debió pasar por mi cabeza antes, pero algo previno que pasara. Los diez hechizos que había usado y la energía que le había entregado a Louise eran sólo el principio. Ambos volveríamos con vida. Sin embargo, no sabía en qué estado lo haría yo.
Todo estaba listo. Incluso mis clones ya habían hecho sus preparativos. Lo único que faltaba era que Louise diera su consentimiento de marcharse. No obstante, a pesar de todo lo anterior, ella seguía renuente a retirarse.
¿En serio? Pensé ofuscado.
— Un día. Eso es lo que tenemos que retrasar al ejército. Con lo que tengo planeado, ganaremos ese tiempo sin lugar a dudas. Y no sólo eso, ambos podremos volver.
A pesar de la seguridad con lo que dije las palabras anteriores, ella todavía seguía sin moverse.
— Ya veo, realmente quieres morir.
— Te dije que no es…
— ¿Entonces por qué no vienes conmigo? Te estoy dando una oportunidad en la que todos, incluida tú, serán salvados. ¿Por qué no estás tomando esa maldita oportunidad?
Louise finalmente decidió contestarme, pero no fue la respuesta que yo esperaba.
— Escucha, tú debes irte. Gracias por los clones. Con ellos sé que…
Ella no pudo terminar de hablar. Un fuerte cabezazo de mi parte fue la razón de esto. Además, tampoco pudo decir nada en respuesta a mi golpe, pues la agarré del cuello de su camisa en un instante.
— ¿Quieres detener al ejército? Bien, te ayudaré, pero tú vienes conmigo. ¿Quieres quedarte? Entonces olvídate de mi ayuda.
No le di ni un segundo para que me contestara.
— ¿Sabes que sucederá si te quedas? Serás tan sólo una de las decenas de miles de personas que morirán aquí. ¿Sabes que sucederá si vienes conmigo? Regresarás a casa y podrás contarle a tu familia que detuviste a un ejército y salvaste a treinta mil personas.
Estaba seguro que Louise todavía quería contarle sobre sus logros a su familia. Si ella fallaba, todos morirían y todo lo que ella hizo quedaría en el olvido. Era obvio que ella fallaría, los dos lo sabíamos. Quería convencerla y haría todo lo posible por lograrlo. Incluso el más bajo chantaje de mi parte era posible en ese momento.
— Si acaban con el resto de las fuerzas de la alianza, ¿quién protegerá a Tristain? Te recuerdo que Henrietta y tu familia siguen ahí.
Los ojos de Louise se abrieron de par en par. Había tocado un tema sensible para ella y yo lo sabía. Además, no estaba dispuesto a detenerme.
— ¿Qué le harán a la reina que inicio la invasión? ¿Crees que tu familia estará a salvo? Por favor, los de Albion atacaron a una aldea que no representaba amenaza. No confiarán en nadie de Tristain que pueda ofrecer resistencia.
Louise empezó a sudar ligeramente.
— Tengo un plan. Un plan que definitivamente funcionará. Si no estuviera seguro de eso, entonces no habría venido.
Solté a Louise.
— Quédate y será la ruina para todo lo que conoces. Ven conmigo y no sólo vivirás, sino que obtendrás el reconocimiento de todos.
No sólo le había dejado en claro lo que significaría su fracaso, sino que le había asegurado una de las cosas que más deseaba si ella decidía seguirme.
No hace falta decir que Louise estaba prácticamente sin palabras. Ella esperó que le dijera muchas cosas, pero no todo eso. Cabe mencionar que nada fue improvisado. Durante toda la noche, mientras Louise cabalgaba, yo pensé en la manera apropiada de convencerla.
Ella estaba a punto de ceder. Su rostro era la prueba de esto. Notando eso, supe que era tiempo de cambiar el enfoque de mis palabras.
— A pesar de haber descansado durante toda la noche, todavía no me he recuperado de la pelea de ayer. Gasté energía rúnica extra en cada una de mis copias. Y, sin exagerar, la energía que te di equivale a lo que normalmente gastaría en cinco conjuros.
La miré fijamente.
— La única manera de escapar de Albion ahora mismo es llegar a Rosais para mañana en la mañana. Dime algo, ¿crees que pueda lograrlo sólo?
Eso no había pasado por la cabeza de Louise. Ella sabía muy bien cómo se sentía usar magia rúnica hasta el agotamiento.
No sólo quería que Louise me acompañara. Yo necesitaba que lo hiciera. De otro modo, era bastante probable que colapsara antes de poder llegar a Rosais. Ese fue otro motivo por el cual esperé hasta que Louise dejara ir al caballo. También fue por eso que decidí gastar una gran cantidad de energía antes de que ella aceptara a mi petición. El lugar era demasiado abierto y no había sitio donde pudiera ocultarme. Quería acorralarla hasta el punto donde la única decisión que pudiera tomar era la de seguirme.
Di media vuelta y empecé a caminar. Bastaba verme para saber que lo estaba haciendo con dificultad. Poco a poco me iba alejando. Louise, sin embargo, seguía inmóvil.
Hora del último empujón.
— No puedo creer que vaya a morir sólo por intentar ayudarte.
Tan sólo unos segundos después de decir eso, caí al suelo.
Eso fue suficiente para que la maga corriera hasta mí. Aunque, obviamente, cayó al suelo un par de veces antes de llegar hasta mi persona. Había peleado conmigo hace algunas horas, no había dormido en toda la noche y había usado cinco hechizos rúnicos. Ella también estaba cansada.
Louise quería ganar cada minuto posible, pues los consideraba muy valiosos. No era sólo por la misión y la vida de las treinta mil personas del ejército de la alianza, había alguien en especial que quería que escapara. Louise, de cierta forma, se sentía responsable por haber involucrado a una persona que nunca quiso estar ahí en primer lugar. En especial cuando esa persona era alguien extremadamente importante para ella.
Ciertamente, me sentía algo mal por aprovecharme de los sentimientos de Louise para que terminara cediendo. Pero, nuevamente, estaba dispuesto a hacer eso y mucho más. Si ella se quedaba, las posibilidades de mi supervivencia se reducirían drásticamente. En cambio, si venía conmigo, según mis propias palabras, ambos regresaríamos con vida. La decisión que ella tomaría era obvia.
Después de que me ayudara a levantarme, Louise pudo notar que tenía una sonrisa en mi rostro.
— ¿Esto significa que vendrás conmigo? — Pregunté.
Louise suspiró y dijo una sola palabra en respuesta.
— Idiota.
— Si con ser un idiota pude convencerte, estoy bien con ser uno. Gracias por decidir venir conmigo.
La sonrisa que tenía hace tan sólo unos instantes desapareció de mi rostro.
— Las copias son tan sólo el primer paso. Te contaré el resto del plan en el camino.
…
Vamos, original, no estás siendo justo con nosotros.
En cuanto a su estado físico, mis copias no la estaban pasando bien. Desde el inicio tuvieron su fuerza mermada y de ese modo habían ido a enfrentarse al ejército de Albion. Además, en ese preciso momento, les estaba poniendo otra carga encima.
No obstante, a pesar de todo ese cansancio, mis clones estaban felices. Ellos estaban conscientes de que Louise se salvaría si hacían bien su trabajo. Ella había aceptado irse hace tan sólo unos minutos atrás. Por ello, mis copias fueron a la batalla bastante motivados.
Aunque bueno, que seamos treinta personas contra un ejército de setenta mil ya es algo injusto de por sí. Sin embargo…
Además, había otro motivo por el cual estaban emocionados. Mis clones, a pesar de poder presentar emociones, no dudaban ante la muerte, pues realmente no significaba algo para ellos. Consideraban enfrentar ellos solos a todo un ejército como una hazaña legendaria. Así como yo, mis copias se sentían bien cuando sus egos eran alimentados.
…
— ¿Estás lista?
Louise, quien estaba en mi espalda, aferrándose fuertemente, asintió.
Mis clones habían comenzado ya su batalla contra el ejército de Albion o al menos eso intuí. Louise y yo estábamos cerca de la cima de la colina, pero al lado contrario que el ejército de Albion. Por ello no teníamos visión de ellos.
Al ver la confirmación de Louise, desenfundé a Derflinger.
— Felicidades por convencerla, compañero.
— Felicítame cuando estemos en el barco de regreso a Tristain.
Las runas de mi mano izquierda ya estaban brillando. Tan sólo un segundo después, las runas que estaban en mi mano derecha también lo hicieron.
— Sujétate lo más fuerte posible.
Dicho eso, activé uno de los hechizos de mi capa. Acto seguido, tomé algo de impulsó y salté lo más lejos que podía permitírmelo. La fuerza de Gandalfr, el conjuro Aumento de fuerza y mi más reciente adquisición, la fortaleza que me brindaba el hechizo Vasallaje, eran algo a tomar en cuenta. En especial porque estaba usando los conjuros de mi capa. La distancia que recorrí fue enorme. Sin embargo, no todo fue positivo.
Apenas aterricé, di un quejido por el dolor. Sólo podía permitirme usar el Aumento de fuerza para el salto inicial. Si lo extendía y lo usaba también para reforzar mi cuerpo en el aterrizaje, el cansancio sería demasiado para mis copias.
— ¿Estás bien? — Preguntó Louise.
— No, pero no hay tiempo de preocuparse por eso.
Corrí lo más rápido que pude hasta la cima de la colina más cercana. Entonces, repetí mi accionar anterior. Y, tal como la vez pasada, sufrí bastante daño en mis piernas por el impacto al caer. Volví a hacer lo mismo dos veces más. Luego de la cuarta vez, mi quejido se transformó en un grito. Como si eso no fuera lo suficientemente malo, el simple hecho de dar esos grandes saltos también me causaba dolor. En cada salto sentí como si mis músculos estuvieran exigiéndose al máximo para no desgarrarse.
Debo soportarlo. Ya podrán curarme cuando lleguemos.
Eran cincuenta leguas las que debíamos recorrer en menos de un día. En caballo hubiéramos podido hacer la travesía en unas seis horas, pero, obviamente, no teníamos uno. El viaje debía ser a pie y para poder completarlo a tiempo, tenía que recorrer la mayor distancia posible en el menor tiempo posible.
Di un muy hondo respiro y comencé a correr. Ya no podía permitirme usar más papeles rúnicos, pero con las runas de Gandalfr y las de Vasallaje era suficiente. Al menos eso es lo que quería creer yo.
Se podía percibir la preocupación en el rostro de Louise. Es cierto que yo había usado mucha magia y todavía seguía usándola. Además, había recibido ya bastante daño en mis piernas por las grandes caídas. También sentía dolor en los músculos de mis piernas. Sin embargo, todavía estaba muy lejos de terminar.
— ¿En verdad crees poder soportarlo?
— ¿Hablas del plan?
— Sí.
No respondí de inmediato. Realmente, no me culpé por no hacerlo.
— Llegaremos. Es lo único que puedo decirte.
…
¿Cómo es esto posible?
En el rostro de uno de los comandantes del ejército de Albion, la sorpresa era más que evidente.
Se había confirmado que el número de enemigo eran treinta espadachines. El que ese número de personas habían cargado contra un ejército de setenta mil hombres ya era algo difícil de creer. No obstante, las sorpresas no terminaban ahí. Lo más resaltante eran los problemas que ese pequeño número de guerreros le estaba causando al enorme ejército.
La absurda superioridad número resultó siendo, de cierta forma, una desventaja. Cada hechizo fallado se convertía en un hechizo que golpeaba a un compañero. Por ello, era imposible que usaran hechizos demasiado fuertes. En cambio, gran cantidad de pequeños conjuros eran usados contra mis copias en un vano intento de derribarlas. Incluso si alguna magia no podía ser esquivada, mis copias las absorbían con sus espadas.
Varios informes recorrieron rápidamente el ejército. Cada división estaba pasando problemas. Demasiados, considerando que solamente habían pasado diez minutos desde que comenzó la batalla.
Lo peor de todo es que no había ninguna especie de patrón que pudiera seguirse. Los guerreros parecían estar simplemente atacando todo lo que estuviera alrededor, mientras se movían de manera aleatoria. En ocasiones, incluso los mismos comandantes eran dejados atrás sin ser atacados.
…
— ¿No deberías descansar un poco?
— Ojalá pudiera hacerlo. Siento que vomitaré si continuó corriendo.
Había estado corriendo cerca de una hora y lo había estado haciendo a toda velocidad. Estaba increíblemente agotado y cada paso me hacía sentir como si mis piernas quemaran. Solía tambalear y a veces parecía que caería al suelo, no obstante no aflojé mi velocidad ni una sola vez. Tampoco planeaba hacerlo, al menos no todavía.
Al no escuchar nada más de su parte, volteé mi cabeza para ver a Louise. Ella tenía algo en su cabeza, al menos eso creía yo.
— ¿Sabes? Si tanto te preocupa el haberte retirado, puedes decirles que gastaste toda tu Fuerza de voluntad y yo te saqué de ahí.
— No, no es eso.
— ¿Entonces qué es?
— ¿En verdad está bien con esto?
— Tendrás que ser más específica.
— Te arrastré a una guerra y ahora estás pasando por todo esto para salvarme. ¿En verdad están bien con eso?
— ¿Bien? No, no lo estoy. Me agradas, pero eso no quita el hecho de que considero todo esto una molestia. ¿Por qué yo, un simple estudiante, está involucrado en todo esto? Está mal, no importa cómo lo veas.
— ¿Entonces por qué?
— Porque sería una molestia mucho mayor si te dejara morir. Ya pasé por la experiencia de sentir que jamás volveré a ver a alguien querido. Una vez fue más que suficiente, muchas gracias.
Por algún motivo, al no escuchar respuesta suya, sentí que no la había convencido del todo.
— No tomes eso de mala manera. Me importas mucho y no quiero dejarte morir. Es lo mismo que acabo de decir, sólo que palabras más amables.
Dio un muy hondo respiro.
— No te preocupes tanto por mí. Protegeré tu vida, pero lo haré sin dejar de apuntar a otro objetivo, proteger la mía. Siempre y cuando pueda lograr ambas cosas, haré lo que sea necesario. Ya sea que te gusten mis métodos o no.
Cuando le dije que no se preocupara tanto por mí, me estaba refiriendo a que yo ya tenía eso completamente cubierto. Yo no era la clase de persona que descuidaría su vida por proteger a alguien, al menos eso es lo que pensaba de mí. Si la salvaba a ella, entonces definitivamente me salvaría también a mí. No aceptaría ningún otro resultado.
Finalmente, luego de tanto tiempo, empecé a desacelerar. Ya había superado mi límite hace mucho tiempo. Guardé a Derflinger. Iba a necesitar la fuerza de Gandalfr más adelante, así que quería conservar su poder cada minuto que fuera posible. Al ver eso, Louise bajó de mi espalda.
Di un muy largo respiro y comencé a correr nuevamente, esta vez junto a Louise.
— Otros se sacrificarían por ti para poder salvarte. Otros te dejarían atrás para proteger su vida. Yo no, yo haré ambas cosas. ¿Por qué? Porque sé que puedo hacerlo.
— ¿No es eso muy optimista?
Ella no se equivocaba. Realmente era algo demasiado optimista de mi parte.
— No importa la situación, sólo pídemelo y encontraré una forma en la que ambos podamos sonreír al siguiente día.
Ah, eso sonó estúpido.
Volteé de nuevo para ver a Louise. Sinceramente, pensé que ella se burlaría de lo que había dicho. Sin embargo, su reacción fue diferente a lo que imaginé. Ella estaba sonrojada.
En verdad debo dejar de olvidarme eso.
No había sido la primera vez que me olvidaba que Louise estaba enamorada. Ocurrió la vez que tomé la poción de amor y, de hecho, no fue raro que ocurriera nuevamente con todo lo que había sucedido últimamente.
— En fin, a pesar de todo lo que dije, recuerda que estoy dejando un poco de lado mis principios para así ayudarte, espero que al menos hagas lo mismo y cuides un poco más tu vida.
Louise asintió débilmente.
— Eso realmente facilitaría mi trabajo.
— ¿Tenías que arruinar el momento?
— Si no lo hiciera, entonces no sería yo.
…
Finalmente ha llegado el momento.
Una hora había pasado desde que inició la batalla. Una de mis copias, la cual era de los factores más importantes en lo que tenía planeado, empezó a dirigirse a su objetivo.
Los movimientos de mis clones parecían no tener sentido alguno. A primera vista, lo único que hacían era correr por ahí mientras esquivaban y bloqueaban hechizos, además de hacer algunos ataques ocasionales. No obstante, sí tenían una estrategia. Una en la que se debía mantener a la mayor cantidad de copias activas. Es por eso que no luchaban de forma agresiva.
No había clon alguno que no hubiera identificado ya a uno de los comandantes del ejército. A pesar de tener la tentación de hacerlo, los habían ignorado durante la última hora. Todo ello para lo que estaba por venir.
Tal y como lo había hecho ya tantas veces, mi clon se abrió paso rápidamente entre las líneas enemigas. Estaba agotado, pero eso no evitó que corriera a toda velocidad. Su trabajo acabaría dentro de poco.
Tan sólo un minuto después de empezar a correr, mi copia ya tenía frente a sí al comandante de la artillería. Lo único malo de no haber atacado a los comandantes al inicio de la batalla fue que estos habían tenido tiempo de resguardarse con sus tropas. Aunque claro, eso sólo sería un factor en contra para el ejército.
Mi copia dio un último impulso. Los hechizos que fueron lanzados a esta fueron fácilmente esquivados o absorbidos por su espada. Al siguiente segundo, ya estaba al lado del comandante. Sin perder más tiempo, mi clon activo los cinco papeles rúnicos que tenía en su capa. Y, como ya lo había hecho yo con anterioridad, lo hizo del modo inapropiado. A cada papel rúnico le suministro un exceso considerable de energía.
Sobrecarga rúnica.
Unos segundos después, una gran explosión ocurrió.
…
— Empezó.
A varios kilómetros de distancia, yo lo había sentido. Ya había comenzado.
Desenfundé nuevamente a Derflinger. No lo necesitaba en ese preciso momento, pero eso cambiaría en apenas un minuto.
Louise me miró con algo de preocupación. Ya le había contado lo que tenía planeado hacer. Si todo resultaba bien, el ejército de Albion sería retrasado por un día completo como mínimo. No había duda de eso. Sin embargo, un problema no sólo persistiría, sino que se acrecentaría. El que llegáramos a Rosais a tiempo iba a ser muy complicado.
Las cinco sobrecargas rúnicas que habían ocurrido hace tan sólo un instante era la señal para el comienzo del fin.
…
Es hora.
Ese pensamiento pasó por la cabeza de las veintinueve copias restantes.
Todas sintieron el efecto que el gasto de cinco hechizos sobrecargados causó en sus cuerpos. El siguiente movimiento era algo de lo que cada uno de mis clones estaba conscientes. Sin perder tiempo, se esparcieron todos a distintos puntos del ejército de Albion. Cada uno tenía en su mente a un comandante diferente con el que debían llegar.
La hora de combate continuo, sumado a la muy reciente carga por los cinco hechizos que ocurrieron hace poco no fue nada beneficioso. La formación del ejército de Albion se había cerrado más. Si bien eso significaba que ya no podían lanzar hechizos con tanta facilidad, también traía como consecuencia que mis clones no pudieran moverse tan libremente.
En el trayecto a sus objetivos, seis de mis clones cayeron. Además, mientras esperaban la segunda señal, cuatro copias más se sumaron a las bajas.
Finalmente, cierta copia llegó hasta el comandante que tenía en mente. No tardó mucho en ponerse a la distancia indicada y hacer el mismo movimiento que la primera copia que cayó en combate. Inmediatamente, el efecto de esas cinco sobrecargas rúnicas fue sentido por el resto de mis copias.
Para el familiar de la Zero…
Diecisiete clones se acercaron rápidamente a sus objetivos e hicieron las señales de mano indicadas para activar sus hechizos.
No hay mejor forma de acabar esto que con una gran explosión.
En un principio hubo treinta copias mías, pero eran treinta copias sumamente cansadas. Aunque cada copia usara hechizos normales, detener al ejército durante todo un día parecía un sueño inalcanzable. Sin embargo, las explosiones convirtieron ese sueño en realidad.
Actuando como un mismo ser, mis copias sobrecargaron cinco papeles rúnicos a la vez. Una gran explosión se generó en distintas ubicaciones dentro del ejército enemigo. Varias de ellas cerca de los comandantes del ejército. El ya existente caos solamente se acrecentó.
…
— ¡Aztor! ¡¿Te encuentras bien?!
La fuerza que me daban las runas de Gandalfr y el hechizo Vasallaje era enorme. El hecho de que apenas pudiera seguir de pie teniendo ambas runas activas era una prueba de que estaba en un estado paupérrimo. La muy repentina carga había sido demasiado. Sumado a eso, mis piernas todavía me dolían por lo que había hecho una hora atrás. El que todavía pudiera seguir de pie se debía solamente a que tenía alguien a mi lado que pudiera ayudarme.
El hechizo Ilusión era incluso capaz de duplicar a Derflinger. Era una versión más débil, pero podía hacerlo. Lamentablemente, no podía decirse lo mismo de los papeles rúnicos. Los papeles rúnicos que le entregué a un clon previamente fueron distribuidos entre mis treinta copias. Cada copia coció dichos papeles a sus capas para poder usarlos en el ataque suicida.
Debían pelear continuamente durante una hora. Estaba prohibido caer antes de que pasara ese tiempo. Tantos hechizos usados a la vez me dejarían muy mal y por eso fue que corrí con todo lo que tenía durante sesenta minutos seguidos. Fue el tiempo suficiente para recorrer la mayor distancia posible y el tiempo máximo que imaginé mis clones podrían soportar sin ninguna baja.
Después de un esfuerzo sobrehumano, me enderecé.
— Sigamos. No hay tiempo que perder.
No era una sola cosa la que me impulsaba a seguir. No era tan simple. Eran varios motivos los cuales no me dejaban rendirme. Usando cada gramo de fuerza que me quedaba, empecé a moverme.
A pesar de su preocupación, Louise entendió que yo estaba en lo cierto. Ella me sujetó fuertemente para que yo no cayera y reanudamos nuestra marcha.
…
Sólo… un poco más.
Diez copias habían caído y otras diecinueve habían hecho explotar los papeles rúnicos que llevaban en sus capas. Sólo quedaba un clon y era uno de los tres que tenían una misión en específico. No podía permitirse fallar.
El primer clon había dado la señal. Si en algún momento caía, esa responsabilidad pasaría a otro clon. Obviamente, eso significaría retrasar el plan unos cinco minutos para no generar alguna confusión. Cinco valiosos minutos en los cuales alguna copia pudo haber caído.
El segundo clon, por otro lado, era el encargado de dar la segunda señal. Él necesitaba llegar a su objetivo y, de ese modo, hacer saber a todos los clones que debían sobrecargar sus papeles rúnicos. No importaba si no habían llegado todavía a su objetivo, pues seguramente no lo lograrían después.
El tercer clon, el cual poseía una enorme cantidad de energía rúnica, tenía también su propio trabajo.
Todas las explosiones tan repentinas terminaron por desordenar a todo el ejército. Ya que muchos comandantes cayeron en el ataque, varios soldados se dirigirían a un lugar para pedir órdenes. Esa era la forma en la que mi última copia detectaría al general enemigo. No fue difícil hacerlo, lo complicado era llegar hasta dicha persona.
Mi copia estaba agotada. Tal y como yo, necesitaba usar el poder de ambas runas para mantenerse de pie, lo cual sólo podía hacer gracias a no haber sufrido el mismo daño que yo en mis piernas. Hace tan sólo diez segundos había corrido a una gran velocidad, pero desaceleró tan rápido que ahora sólo estaba caminando con dificultad.
El aura de mi clon que irradiaba peligro hace tan sólo unos segundos cambió por completo. Las tropas de Albion no entendieron por completo, pero sí comprendieron que había dejado de ser una amenaza. Eso fue una gran fortuna, pues su curiosidad por saber lo que haría mi clon evitó que le dieran el ataque definitivo. Estaban en guardia por algún movimiento impredecible, pero sólo se limitaban a mirarlo.
No, no llegaré.
Paso tras paso, mi clon se acercaba a su objetivo. Incluso con su lamentable velocidad, no tardaría ni un minuto en llegar a este. No obstante, no pudo darse el lujo de hacerlo. Mi copia perdió el resto de su fuerza y cayó al suelo. A simple vista, parecía incapaz de hacer otro movimiento. No obstante, eso no era del todo cierto.
— Bueno… creo que estoy lo suficientemente cerca. — Dijo mi copia.
El general Hawkins se quedó viendo a la figura que había colapsado a unos cinco metros de él. Hace tan sólo unos segundos, dicha figura, la cual incluso llegó a usar su espada como un bastón, estaba caminando en su dirección.
¿Cerca? Se preguntó Hawkins.
No era difícil deducir que mi copia había intentado acercarse lo más posible a Hawkins. El general, notando esto, imaginó que tenía intención de atacarlo. Por eso le pareció raro ese tono de conformidad que tuvo mi copia.
— ¡Oye! ¡Tú eres el general! ¡¿Verdad?!
El general, con algo de curiosidad, no pudo evitar seguir con la conversación.
— ¿Quién quiere saberlo?
— Sólo un simple familiar.
— ¿Un familiar?
— Sí, sólo un familiar. Uno que vino aquí para ayudar a su incompetente ama.
Cada segundo ganado era valioso. Por ello, mi copia trató de hacer la plática lo más largo posible. Aunque, claramente, tampoco podía exagerar. No sería raro que terminara perdiendo la conciencia en cualquier momento y eso era algo que no podía permitirse.
— En fin, me gustaría seguir con esta conversación, pero ya no tengo tiempo. Además, ya terminé mi parte del trabajo.
¿Trabajo?
Esa copia en específico tenía un trabajo especial. Si no había sobrecargado sus hechizos todavía era porque tenía una misión que cumplir. Era la copia a la que más energía rúnica le había proporcionado. El general había sido identificado y estaba a un rango aceptable.
Mi copia no podía levantarse para intentar atacar a Hawkins, mas lo que sí podía hacer esa mover su mano lo suficiente como para hacer una señal. Una señal necesaria para activar cinco papeles rúnicos. Lentamente, mi copia empezó a hacer esa señal.
— ¡General! ¡Aléjese de él!
Un grito repentino provocó que mi copia chasqueara su lengua. Al parecer, alguien con la intención de informar lo más pronto posible de la situación al general había llegado. En dicho informe estaba incluida la prevención que debía tenerse con mis copias, las cuales habían empezado a explotar hace tan sólo un minuto atrás.
La advertencia fue suficiente para que varios soldados se colocaran al frente de Hawkins. La advertencia fue suficiente para que el general empezara a retroceder. La advertencia fue suficiente para que varios magos empezaran a recitar hechizos. Sin embargo, la advertencia no fue suficiente para detener a mi copia a tiempo.
Como sea, de todos modos todavía falta el gran final.
Una gran explosión ocurrió a casi diez metros de Hawkins. Si no hubiera sido por la advertencia, el general se habría visto, inevitablemente, envuelto en esta.
El ejército era un completo caos. En el pequeño intervalo de un minuto, varios de sus comandantes, junto con gran cantidad de soldados, habían caído en combate. Lo único que podían hacer era mandar información de un lado a otro, mas eso era todo. No sabían qué más hacer.
Parece que ya es nuestro turno.
Desde la cima de la colina, cinco figuras eran visibles. Ellas habían estado esperando esa última explosión. Explosión que marcaba el lugar donde supuestamente estaría el líder del ejército.
Mis clones les habían contado a las copias de Louise cuál era su función, además de cuándo realizarla. Un gran número de explosiones sucederían a lo largo del ejército. Cuatro copias de Louise elegirían cuatro de los lugares donde sucedieron dichas explosiones para atacar. Por último, la quinta copia tenía como lugar de ataque designado el sitio donde ocurriría la última explosión.
No sería raro que mi último clon, el cual apenas tendría energía, no hubiera llegado hasta el líder. La copia de Louise tenía como objetivo asegurarse que el general enemigo cayese.
Cuatro poderosos conjuros habían terminado de recitarse. Las copias no se dijeron nada entre sí. No había tiempo que perder. Tan sólo un par de segundos después, cuatro enormes explosiones ocurrieron en el ejército y cuatro de las siluetas que podían observarse encima de la colina desaparecieron.
Hawkins, a pesar de haber podido alejarse del rango de la explosión a tiempo, no se sentía seguro. Por algún motivo, quizás por su experiencia, sentía que algo andaba mal. Mientras él se preguntaba el porqué de su presentimiento, cuatro estruendosos ruidos pudieron oírse en diferentes localizaciones de su ejército.
Inmediatamente, tanto Hawkins como el resto del ejército miraron a su alrededor en busca del nuevo enemigo. No demoraron mucho en encontrarlo.
El general de Albion pudo distinguir a una pequeña figura en lo alto de la colina. Era la figura de una chica joven con un largo cabello rosa. Eso fue lo último que vio Hawkins antes de que una explosión tomara lugar a varios metros del lugar donde se encontraba. Sin embargo, a pesar de la distancia, dicha explosión terminó por llegar hasta él y lo dejó inconsciente.
El gran final, como lo había llamado mi copia, se había dado.
…
— Terminó. — Dijo Louise.
Tal y como pasaba conmigo, ella podía sentir cuando una de sus copias desaparecía. Esa única palabra bastó para que comprendiera que la pelea había finalizado.
Ambos sabíamos una cosa, el plan había sido un completo éxito. Lo único que quedaba hacer era llegar hasta Rosais, con la esperanza de que el ejército de Albion haya sido retrasado lo suficiente.
…
— Estoy cansada, cambiemos.
— ¿Tan pronto? ¿No puedes aguantar unos minutos más?
Louise y yo caminábamos lentamente. Habíamos estado haciendo eso durante dieciocho horas, sin detenernos ni un minuto. Estábamos demasiado cansados y estábamos tomando turnos para apoyarnos en el otro para así no caer.
Era de madrugada y queríamos descansar, pero no podíamos darnos el lujo de hacerlo. No sabíamos que tan cerca estábamos de Rosais y no sabíamos qué tan cerca estaba el ejército de Albion.
— Dije que estoy cansada.
— Bien, bien, ya te entendí.
Nuestro punto de apoyó se trasladó a mi cuerpo. Había descansado cerca de treinta minutos, pero eso no era suficiente.
— ¿Quieres conversar de algo? — Preguntó Louise. — Al menos de ese modo parecerá que el tiempo pasa más rápido.
— Lo dices para descansar más tiempo, ¿verdad?
Louise desvió ligeramente su mirada. Al parecer, había terminado acertando. Después de dar un ligero suspiro, empecé a pensar en algo de lo que pudiéramos hablar.
— La reina me dio algunas monedas de oro como recompensa por la misión de recuperar la carta. ¿Qué crees que me dé esta vez?
Ella se rio ligeramente.
— No estoy bromeando. Acabamos de salvar al ejército de dos países, como mínimo me gustaría tener un castillo o algo así.
— En verdad suenas muy seguro de que lo logramos.
— Bueno, el plan salió bien. Tardarán mucho en poder recuperarse. De lo único que debemos preocuparnos es de llegar a tiempo. Aunque claro, también sé que lo haremos.
— ¿De verdad lo crees?
— Si no lo creyera realmente, entonces no estaría aquí.
— Nunca cambiarás, ¿verdad?
— No, no lo haré. No tienes problema con eso, ¿verdad?
Louise sonrió.
— No, ya me acostumbré de todos modos.
Durante cerca de un minuto, ninguno de los dos dijo una palabra más. Finalmente, fue Louise quien terminó por romper el silencio y tocó el tema que ella quería directamente. Un tema del cual había estado reuniendo valor para hablar.
— Acerca de las runas de Gandalfr…
— ¿Qué sucede con ellas?
— Sabía que funcionaban así, pero no imaginé que ese efecto estaba sirviendo contigo.
— ¿En verdad?
— Al inicio no hubo problema. Salvo pequeñas excepciones, siempre obedecías lo que te decía. Sin embargo, cuando descubrí que habías estado fingiendo todo ese tiempo, supe que algo andaba mal.
Ella hizo una pequeña pausa.
— Pensé que, así como lo de no poder ver y oír lo mismo que tú, era un simple defecto extra. ¿Recuerdas cuando dijiste que las magias de nuestros mundos interferían entre sí? Al final, imaginé que esa podía ser la razón y me olvidé del asunto.
— Supongo que no puedo culparte por no decírmelo. Sería un hipócrita, pues yo hubiera actuado igual. ¿Sabes? En un primer momento pensé que ese hechizo para invocar a un familiar era, de cierta forma, patético.
— ¿Patético?
— Bueno, lo único que hizo fue colocarme estas runas. Al principio, no parecías tener ningún poder sobre mí.
El control que uno podía tener mediante Vasallaje estaba basado en los derechos que se tenía sobre el vasallo. Uno tenía la opción de desobedecer a su maestro, pero lo mejor era no hacerlo si no quería atenerse a las consecuencias. Sin embargo, el conjuro de Halkeginia para invocar a un familiar, a la larga, era mucho más eficiente. Literalmente le lavaba el cerebro a un familiar para que sea lo más adecuado para su amo.
— Podía discutir contigo, desobedecerte e incluso era capaz de dejarte atrás si con ello salvaba mi vida. Por eso imaginé que era un hechizo patético y también fue por eso que no me di cuenta que había tal influencia.
La pequeña libertad que me había otorgado la magia rúnica me había terminado jugando en contra. Sin esa pequeña libertad, seguramente hubiera sido más consciente del cambio en mí.
— Lo peor de todo fue cuando descubrí lo de las runas. Me convencí a mí mismo que todo lo que hice fue causado por ellas. Inconscientemente terminé exagerando todo. Al final, terminé involucrándome en esta guerra.
— Lo siento por provocar todo eso.
— Disculpas aceptadas.
— ¿No se supone que digas algo como "esto no fue tu culpa"?
— Bueno, tú me colocaste estas runas. De cierta forma, esto fue tu culpa.
— ¿Y en verdad dejarás pasar todo eso tan fácil?
— Oh, la verdad estoy enojado y no te imaginas cuánto. Pero estás viva y al menos eso me reconforta. No puedo decir que todo mi esfuerzo fue en vano. ¿Algo más que quieras saber?
— Cuando viniste por mí hoy… ¿En verdad lo hiciste por voluntad propia?
— Perdón. La verdad es que cuanto te dije eso antes, no estaba totalmente seguro. En cambio, ahora puedo asegurártelo. También fue por eso que usé Vasallaje. Necesitaba quitarme todas las dudas que me quedaban.
— ¿Entonces ahora…?
— Sí, totalmente libre del control de las runas. De aquí en adelante no importa lo que haga, ten por seguro que es mi decisión.
— Tengo otra pregunta.
— ¿Cuál es?
— Cuando volviste conmigo, me refiero a la vez que te fuiste por tres días, ¿eso fue también por la influencia?
Sonreí ligeramente.
— No, realmente te había agarrado cariño para ese punto. ¿Cómo no hacerlo si arriesgaste tu vida para ayudarme e incluso llegaste a salvarme contra Wardes?
— Ya veo.
Louise se quedó callada por unos segundos.
— ¿Podrías contarme qué cosas hiciste por voluntad propia?
— Esto podría tardar un rato.
— Tenemos mucho tiempo.
Me reí un poco.
— Tienes razón, pero antes de hacerlo, ¿podemos cambiar?
— Todavía quiero descansar un poco.
— Bien, supongo que me tiraré por ahí para que ambos descansemos. Ojalá podamos levantarnos después.
…
— Compañero, al fin se durmió.
Las horas siguieron pasando.
Lo intentó, pero Louise finalmente cedió ante el cansancio. Eran casi dos días sin dormir. Si no estaba peleando, estaba cabalgando y si no estaba cabalgando, estaba caminando. Prácticamente, no tuvo ningún momento de descanso.
No podía culparla. El único motivo por el cual yo todavía seguía despierto era por el par de runas que tenía en mis manos. De no ser por estas, me habría quedado dormido hace varias horas.
Al final, después de que Louise se subiera a mi espalda y usáramos su capa para asegurar sus manos alrededor de mi cuello, ella se durmió. Estaba agarrando a Derflinger con mi mano derecha para apoyarme en este y usaba mi mano izquierda para sujetar a Louise desde abajo.
— Me alegro por ella. ¿Cuánto crees que falte? Lo único que quiero ahora es recostarme en una cama y poder dormir.
— Compañero, te dije que estaba dormida.
— Lo sé.
— No tienes que seguir fingiendo.
Hubo un pequeño silencio antes de responderle.
— ¿Lo notaste?
— Lo más probable es que ella también. Aunque fue lo mejor que ninguno de los dos dijera nada. En estos momentos es mejor que miren las cosas con optimismo.
Di un muy largo suspiro.
— ¿Qué tal te encuentras?
— Me sorprende que pueda caminar.
No estaba diciendo eso solamente por el cansancio de usar magia y el dolor en mis piernas.
— Si me detengo por tan sólo un segundo, estoy seguro que mis piernas empezaran a temblar por el miedo.
Había sonado lo más seguro posible cuando conversé con Louise e incluso traté de convencerme a mí mismo, pero no tenía idea de si realmente llegaríamos a Rosais antes de que todos los barcos se fueran.
— ¿Tienes algún plan por si no llegan a tiempo?
— ¿Para ocultarnos del ejército? Sí. ¿Para volver si nos quedamos aquí? No.
El principal problema era que mi conocimiento sobre cosas militares era muy pobre. Si el ejército de Albion exploraría los alrededores en busca de soldados que se quedaron atrás era algo que escapaba de mi conocimiento. No me sentiría seguro andando por campo abierto con un ejército cerca. Con mi cuerpo en tan malas condiciones, lo único que podríamos hacer en esa situación sería escondernos. Al menos hasta que yo pudiera recuperarme. Sin embargo, no podía imaginarme nada más allá de eso.
Toda esa incertidumbre me causaba miedo. Era la primera vez que tomaba un riesgo sin tener cada ruta cubierta. Cuando me quité la influencia que tenían sobre mí las runas de Gandalfr, varias emociones invadieron mi cuerpo. La más fuerte de ellas y con la que estaba más familiarizado era el miedo. Había sentido muchas otras cosas también, inclusive arrepentimiento por todas las personas que había matado hasta ese entonces. Fue un milagro que no perdiera la fuerza de mis piernas en ese momento.
Cuando escuchamos al ejército me dieron ganas de correr. Cuando vimos al ejército me dieron ganas de correr. Sin embargo, sólo cuando mis copias empezaron a pelear contra el ejército pude darme el permiso de correr. Mis clones no tenían ese problema, pero yo, por otro lado, dudaría por minutos si tuviera a ese ejército al frente mío.
— Y aun así decidiste volver por ella.
— No quiero pensar en cómo me sentiría si ella llegara a morir pudiendo haber hecho yo el intento de evitarlo.
Si uno se ponía a pensarlo, mi despedida hacia Louise cuando ella se dirigió a enfrentar el ejército había sido demasiado seca. Sabiendo que ella iba a morir, de ninguna manera hubiera podido mantener la compostura. De hecho, el que rechazara su petición de casarnos fue justamente porque no planeaba dejarla morir. La idea de seguirla y usar los clones para retrasar al ejército de formó en mi cabeza poco después de que ella se apuntara a sí misma con su varita. En el camino al establo pensé en cómo hacer para seguirla y me encargué del resto de los detalles mientras ella cabalgaba.
— Bueno, me alegro que por fin puedas responder a la pregunta que te hice.
— Sí, también estoy feliz de haber hallado una respuesta. Si ambos podemos sonreír para mañana, entonces cada maldito paso y cada maldita cosa que haya hecho habrá valido la pena.
— Compañero, ¿estás seguro de que en verdad no la amas?
Siempre que me hacía esa pregunta, terminaba descartando la posibilidad al instante. Quizás porque no tenía nada que hacer, decidí pensarlo por al menos unos segundos y llegar a una respuesta verdadera. Sin embargo, no pude hacerlo.
Volteé ligeramente mi cabeza para poder ver a Louise. Durante unos instantes, no dije nada más.
— ¿Acaso planeas ignorar mi pregunta?
— ¿Acaso no puedes esperar a que piense en una respuesta?
Imaginé que bastarían algunos segundos para concluir que la respuesta era un no rotundo. No obstante, ese tiempo no fue suficiente.
— ¿Pensar en una respuesta? Vamos, compañero, no vas a decirme que esa idea nunca pasó por tu cabeza.
Volví a fijar mi vista al frente.
— Sí, algunas veces. En otras ocasiones alguien más la sugería, pero…
— ¿Pero?
— Para serte sincero, jamás pensé seriamente en esa posibilidad.
— ¿Acaso bromeas?
— Ya amo a alguien. Siempre que recuerdo eso terminaba diciéndome a mí mismo que era imposible que la amara.
— Me dan ganas de golpearte ahora mismo.
— Pues es una suerte que no tengas manos para hacerlo.
Durante cerca de un minuto me quedé en completo silencio.
— Ahora mismo, no creo estar enamorado de ella. No, no lo creo, estoy seguro. Sin embargo…
— ¿Sin embargo?
— Sinceramente, para este punto, no sería raro que terminara pasando.
Al momento de terminar de decir eso, sentí como si el agarre de Louise se fortaleciera.
No puede ser…
— Louise, estás despierta, ¿verdad?
No hubo respuesta por parte de ella.
— Louise. — Dije con algo más de fuerza en mi voz.
Una vez más, no respondió.
— Bien, supongo que me equivoqué.
Tan sólo un pequeño momento después, fingí que perdí el equilibrio y que estaba a punto de caer. Tenía la idea de que Louise reaccionaría ante el brusco movimiento, pero mi teoría terminó por ser errónea. No vi ninguna reacción por parte de ella.
Bien, sí está dormida. Eso es lo mejor. El sólo pensar lo que haría ella si me hubiera escuchado…
— Por cierto, compañero, sé que no estás seguro, pero si tuvieras que apostar, ¿crees que retrasaron al ejército el tiempo necesario?
— Considerando todos los factores… ¿setenta por ciento seguro? Quizás un ochenta por ciento. Creo que hoy es mi día de suerte.
— ¿Y sobre llegar a tiempo?
— Noventa por cierto. Tengo confianza en el hechizo Vasallaje.
El motivo de eso sólo lo conocía yo.
Incluso si derrotaba a Louise en nuestra pelea, imaginé que ella podría volver a oponer resistencia más adelante. Si eso sucedía, necesitaría la mayor cantidad de hechizos posibles para un segundo enfrentamiento. Por eso decidí hacer de nuestra pelea un duelo oficial.
Ya que no tenía tinta para poder beber y hacer el ritual, saqué diez papeles rúnicos de mi zurrón y me comí la parte donde estaban escritas las runas. Imaginé que con diez de esos papeles sería suficiente. Afortunadamente, ese fue el caso. No había usado un simple hechizo Vasallaje, sino que utilicé la runa mejorada que gané en mi duelo con Louise. Necesitaba que el conjuro fuera lo más fuerte posible.
Seguramente perdiste varios días de vida para que yo pudiera tener esa runa, pero… al menos con esto te los estoy devolviendo con creces.
— ¿Sabes? De no ser por mí, seguro estarías en el suelo sin poder moverte. — Me recriminó Derflinger.
Me reí ligeramente.
— Te he halagado ya muchas veces. Hacerlo ahora estaría de más. En fin, llegaremos y todos se salvarán. Fin de la historia.
— Sigues diciendo eso, pero es obvio que sigues preocupado por si te equivocas.
— Sería horrible si llegamos a Rosais y resulta estar desierta. De igual modo, sería muy malo si de pronto comienzo a escuchar al ejército de Albion a nuestras espaldas. Aunque bueno, sólo llevaré a cabo mi plan y… asunto casi resuelto. Ya pensaría en algo más adelante.
— ¿Cómo crees que reaccionaría ella?
— Se enojaría y deprimiría mucho, pero sé que se recuperará. Estamos en medio de la madrugada. Aun si el ejército de Albion está a minutos de nosotros, estoy seguro que la gran mayoría ya habrá subido a los barcos.
Eso no era un pensamiento que me alegraba del todo, pues significaba que no nos quedaba mucho tiempo para poder llegar a Rosais.
— ¿Sabes? Me parece muy curioso que no parezcas afectado en lo absoluto por lo que podría pasarle a esas treinta mil personas.
Elevé un poco mi cabeza y miré al cielo.
— Si el plan falló, entonces serán miles los que morirán. Y yo, la persona a quien se le ocurrió ese plan, no parezco darle mucha importancia al asunto. A eso te refieres, ¿verdad?
— Sí, básicamente.
Demoré unos cuantos segundos en darle una respuesta.
— No es que no me importen en lo absoluto. No soy una bestia sin sentimientos, obviamente me sentiré mal si tantas personas llegan a morir, pero…
— ¿Pero?
— No puedo soportar esa carga, así que no la tomaré. Eso fue lo que decidí hace mucho. Por eso estoy aquí. No por todas esas personas, sino por Louise. Si llego a salvar a miles, es sólo porque decidí ayudarla.
Sabía bien que entre esas treinta mil personas estaban incluidas personas como Guiche o Siesta. Ellos me caían bien y, sinceramente, también me pondría en una cantidad moderada de peligro si sus vidas estuvieran en riesgo. Sin embargo, no hasta el punto como lo que estaba haciendo en ese preciso momento. Consideraba a Louise alguien mucho más especial, después de todo. Uno no pasa tantos meses viendo a una persona todos los días sin forjar una fuerte relación.
— Asegúrate de no decir esas cosas con ella despierta.
— Sí, no te preocupes por eso.
…
Esto es… malo.
Mi rostro estaba completamente pálido.
Hace tan sólo un par de horas es sol había salido y no teníamos visión alguna de Rosais. Eso causó que apresurara el paso lo más posible. Afortunadamente, mis esfuerzos no tardaron en dar frutos. Sin embargo, la primera vista clara que tuve del puerto no fue alentadora.
— Derflinger, dame toda la energía que te quede.
Ni siquiera tenía fuerza para gritar.
— Entendido.
Apenas escuché esa respuesta, empecé a correr.
Sólo quedaba un barco anclado. Había algunas naves más, pero estaban ahí sólo para darle cobertura. Cuando ese transporte terminara sus preparativos, partiría y nosotros nos quedaríamos sin lugar al que ir.
Duele, maldición, duele.
Al menos bajo mi perspectiva, correr era equivalente a estar en el infierno.
Vamos, sólo quédense dos minutos más.
No había parado de correr o caminar por veinticuatro horas y no había dormido por cuarenta y ocho.
No, sólo un minuto. Sí, eso basta. Por favor.
Había usado una cantidad excesiva de magia rúnica.
Sólo un poco más.
El poder de Gandalfr, el cual había racionado lo más posible, llegaría a su límite en cualquier momento.
Casi, casi, casi.
Mis piernas estaban lastimadas debido a las cuatro enormes caídas que soporté.
No puedo parar.
Tambaleaba cada tres o cuatro pasos. Era evidente que tenía miedo.
Si caigo ahora…
Era evidente lo que pasaría mi cuerpo cedía. Así lo intentara con todas mis fuerzas, no podría levantarme.
La desesperación se apoderó de mí. Ni siquiera sabía si el tiempo estaba pasando muy rápido o muy lento. Por un lado, la agonía de mis músculos hacía que cada segundo pareciera un minuto. Por otro lado, mi mente me decía que el tiempo que me quedaba para que el barco partiera se estaba reduciendo velozmente.
La nave, entonces, empezó a moverse. El ancla todavía estaba terminando de retraerse, pero eso no cambió nada.
Maldición, maldición, maldición…
Los siguientes segundos pudieron ser fácilmente los peores de toda mi vida. Sin embargo, dichos segundos fueron suficientes para que me posicionara debajo de la nave.
— Todo lo que puedas darme…
La única razón del porqué el poder de Gandalfr había durado tanto era una por una segunda reserva. Reserva que había crecido por la cantidad de magia que había absorbido Derflinger a lo largo del tiempo. Esa reserva bien podría ser usada para que el mismo Derflinger tome control de mi cuerpo o para que yo la usara a voluntad. Estaba planeando usar todo lo que me quedaba de esa reserva.
Apenas un segundo después de hacerle esa petición a Derflinger, salté con toda la fuerza que me quedaba. En un caso normal, el poder de Gandalfr bastaría para llegar hasta arriba de algunos edificios. Sin embargo, en esa situación, aun teniendo además las runas de Vasallaje, apenas alcancé una altura equivalente al tejado de una pequeña casa de dos pisos.
Cuando sentí que había llegado a la altura máxima, activé los conjuros que me quedaban. Al instante siguiente, me teletransporté varios metros en dirección al barco. No recordaba cuantos hechizos libre me quedaban y, de hecho, eso era lo mejor. Sólo gastaría tiempo pensando en cuántos necesitaría para alcanzar la nave.
Conjuro tras conjuro, la distancia entre yo y la embarcación se reducía. Ellos tenían una velocidad que incrementaba poco a poco. Por otro lado, la teletransportación era instantánea.
Estaba cerca.
Tenía mi vista fija en barandal del barco. No estaba pensando en nada más. Lo único que pasaba por mi mente era sujetar el barandal apenas tuviera la oportunidad.
Estaba muy cerca.
Si estuviera pensando en ello, sabría que sólo necesitaba tres hechizos más.
Me costaba mantener mi brazo levantado.
Sólo necesitaba dos hechizos más.
Traté de extender mi brazo lo más posible. Mis músculos me dolían, pero ignoré esa sensación.
Sólo necesitaba un hechizo más.
Cerré ligeramente mis ojos. Lo único que podía ver en ese momento era mi mano y el lugar que sujetaría.
Sólo necesitaba un hechizo más.
Mi mano estaba abierta solamente lo necesario para poder sujetar el barandal.
Sólo necesitaba un hechizo más.
Mi boca estaba abierta. Quería pedir ayuda apenas sujetara la barra de metal.
Sólo necesitaba un hechizo más.
Sólo necesitaba un hechizo más.
Ese fue el pensamiento que pasó por mi cabeza mientras vi como el barco se alejaba de mí. Sólo necesitaba un hechizo más. Lamentablemente, ya los había gastado todos.
El tiempo pareció correr en cámara lenta. Ni siquiera tenía idea de a qué altura estábamos. Las runas de Vasallaje dejaron de brillar. Por ello, mi agarré sobre Derflinger se aflojó y terminé por soltarlo.
No, es inútil, por más que lo intento, mi cuerpo no responde. Quizás debí pensar mejor en esto.
Incluso mover un dedo era imposible para mí en ese momento. Lo único que pude hacer fue cerrar mis párpados.
¿Me habré equivocado en algo?
Pensé en las cosas que pudieron haber cambiado el resultado. Si hubiera evitado pelear contra Louise. Si hubiera tardado menos en convencerla. Si hubiera hecho los preparativos antes. Varias ideas pasaron por mi cabeza. Incluso una en la que yo ignoraba el barco, saltaba desde el país flotante y evitaba mi caída con Vuelo.
¿Por qué no hice eso?
Me estaba arrepintiendo de muchas cosas. Así como otras veces, me apresuré en tomar una decisión al entrar en pánico. Lo peor de todo es que fue una decisión que me costaría mi vida.
Todo eso pasó en los primeros dos segundos.
Sentí como el cuerpo de Louise se alejaba de mí. Imaginé que el nudo que mantenía sus manos unidas se había aflojado. Incluso si abría mis ojos, no podía mover mi cabeza, así que no podía asegurarlo.
Durante el siguiente segundo, varias imágenes pasaron por mi cabeza. La gran mayoría de ellas eran de sucesos que había pasado en mi mundo. Sin embargo, también podía reconocer algunas que pertenecían a cosas que pasé en Halkeginia.
Era el cuarto segundo de caída y cierta incógnita llegó a mi mente. Si fue porque ya había pensado en todo lo que tenía que pensar, no lo sabía, pero no pude evitar preguntarme por qué Louise se había separado de mí.
Ambos habíamos empezado a caer prácticamente desde la misma altura. No tenía lógica que ella se alejara de mi cuerpo. Incluso si yo estuviera debajo de ella, seguiría sin tener sentido. El peso de alguien no afectaba en lo absoluto en el tiempo de caída.
Entonces, lo sentí.
¿Eh?
Empecé a desacelerar. El movimiento fue increíblemente brusco. Un segundo estaba viendo todo alejarse rápidamente y al siguiente, mi cuerpo estaba cayendo lentamente. Finalmente, hice contacto con algo. Algo que, definitivamente, no era el suelo.
Abrí mis párpados.
Bastante aliviado, sonreí.
— Tardaste demasiado en llegar.
— Fue difícil encontrar a alguien que quisiera quedarse atrás.
Guiche se encontraba a mi lado. Él y yo nos encontrábamos encima de un dragón. Al parecer, había usado un hechizo para frenar mi caída y poder atraparme en medio de esta.
— ¿Louise?
— En el dragón de al lado.
— ¿Derflinger?
— Aquí está. — Respondió Guiche mientras me mostraba la espada.
— ¿Todavía tienes la carta?
Guiche sacó de su bolsillo un sobre. Era la misma carta que contenía las órdenes que le habían dado a Louise.
— No la abriste, ¿verdad?
Él negó con su cabeza. Por su mirada, pude deducir que no me estaba engañando.
— Bien, vamos al Varsenda. Sólo dale eso a Wimpffen. Él entenderá todo cuando lea su contenido.
Guiche asintió.
— Y gracias por venir.
Finalmente, completamente agotado, cerré mis ojos.
— Realmente eres alguien lleno de sorpresas.
Esa era una voz que ya conocía y había terminado arruinando mi momento de alivio. Ya que no podía moverme debido al agotamiento, no había podido ver quién era el dueño del dragón que estábamos montando.
— No tienes idea de cuántas. — Murmuré para mí mismo.
Julio le dio la indicación a su dragón para que este se dirigiera al Varsenda.
Mi molestia el escuchar su voz se evaporó un segundo después. Mi alegría de haber logrado mi cometido opacó cualquier sentimiento negativo que tenía en ese momento. Estaba feliz, muy feliz de haberme salvado y de haber salvado a Louise.
Supongo que me gané unas muy largas vacaciones.
…
— Antes de que te vayas, quiero darte algo.
— ¿Qué es?
— Cierra los ojos y cuenta hasta diez.
— ¿Por qué debo cerrar los…?
— No hay tiempo, así que lo mejor es que te apures.
Louise, sin terminar de comprender, cerró sus ojos.
Rápidamente saqué dos papeles rúnicos. No perdí tiempo y activé el hechizo Ilusión. Le entregué las órdenes que le dieron a Louise a mi copia y activé el segundo hechizo, Reducción. Mi clon me levantó y me dejó en el hombro derecho de Louise. Hecho eso, empezó a irse rápidamente.
Desde mi posición, pude ver el rostro de Louise cuando vio a mi clon marcharse. No pude evitar sentirme mal cuando imaginé lo que estaba sintiendo, pero era algo que debía hacerse.
Mientras que yo estaba sufriendo para aferrarme a Louise durante la cabalgata, mi copia estaba haciendo su propio trabajo. Con pluma en mano, estaba escribiendo sobre un pedazo de papel que había conseguido.
Comandante Supremo.
Si está leyendo esto, quiere decir que el ejército fue retrasado lo suficiente para poder efectuar la retirada y que yo, el familiar de Louise de la Valliere, logré rescatarla exitosamente luego de que ella perdiera la conciencia por haber agotado su Fuerza de voluntad.
Eso debería bastar. Pensó mi copia.
Esa era la excusa en la que había pensado para que Louise no quedara como una desertora. Sus órdenes eran las de pelear hasta quedarse sin magia. Según lo que escribí en esa carta, Louise no se retiró y tampoco se rindió. Ella se quedó peleando hasta el final y con ello, no habría riesgo de que se hablara mal de ella.
Después de guardar todo dentro del sobre que le habían dado a Louise en un principio, mi copia fue a buscar a Guiche. Lo que iba a decirle era simple. Como sería imposible conseguir a algunos soldados que nos recojan a mitad del camino, Guiche tendría que tomar el último transporte y esperarme el mayor tiempo posible junto a un par de Caballeros Dragón. Dicho todo eso, mi clon le entregó la carta al estudiante.
Guiche no entendió bien todo el asunto, pero de todos modos le aseguró a mi copia que haría lo que le pidió. Finalmente, después de darle unas últimas indicaciones y detalles, mi copia se desvaneció.
…
— ¿Por qué Galia no envió a sus soldados? Si hubieran sido atacados por ambos lados por los dos países, las Fuerzas Aliadas no hubieran sido capaces de escapar
Los soldados de Albion habían llegado ya a Rosais. Desde tierra, lo único que podían hacer era ver al ejército de la alianza escapar. Cabe mencionar que sólo la mitad del ejército pudo llegar. Debido al ataque que sufrieron, no pudieron movilizar a más unidades.
Después de la ocupación de Rosais, Cromwell entró en la base color rojo ladrillo. En ese lugar, él estaba mordiendo sus uñas furiosamente.
El General Hawkins, quien falló al cumplir la misión, estaba confinado y recibiendo tratamiento médico en Londinium.
A pesar de haber hecho esa pregunta, la cual estaba dirigida a la señorita Sheffield, nadie le respondió. Cromwell estaba solo, además de nervioso por haber perdido. Él tenía miedo de llevar esta guerra más allá. Estaba a punto de colapsar. Estaba en el punto en el que temblaba incontrolablemente.
De pronto, gritos de júbilo se escucharon en las afueras del edificio.
Cuando Cromwell se asomó por la ventana, vio una gran flota que atravesaba el cielo. En las ondeantes banderas se podían ver dos varitas cruzadas. Era la flota de Galia. Cromwell se emocionó.
— ¡Oh! ¡Finalmente llegaron! ¡Como se esperaba del gran país de Galia! ¿Cuántos barcos hay? Pero… ¿por qué vinieron ahora cuando el enemigo ya escapó?
Después de pensarlo por unos momentos, una idea llegó a su mente.
— ¡Eso es! ¡Van a perseguir a la flota enemiga! ¡Eso es bueno! ¡Mensajero, ven aquí, de inmediato!
Por simple coincidencia, un mensajero que ya estaba en camino para ver a Cromwell, entró a la habitación.
— ¡La flota de Galia! ¡Llegaron!
— ¡Lo sé! ¡Yo mismo lo vi! ¡Ahora! Dile al comandante de la flota de Galia que…!
El mensajero interrumpió a Cromwell.
— ¡Hay un mensaje de la flota de Galia, Su Excelencia!
— ¿Un mensaje? ¡Oh! ¡Ya veo!
— ¡Quieren saber dónde se encuentra para saludarlo!
— ¿Saludarme? ¡Ya veo! — Dijo Cromwell mientras se reía. — ¡Son realmente muy cordiales! ¡Ellos tienen un rey y una secretaria muy cordiales, por lo que el comandante de la flota también debe de serlo! Icen una bandera de asamblea frente a la puerta.
— Entendido.
El mensajero se fue.
Después de unos momentos, en el patio, se izó la bandera de la Asamblea de la Santa República de Albión. Luego de eso, docenas de barcos se alinearon alrededor del edificio uno al lado del otro. Era una espectacular escena naval.
¿Qué tipo de saludo será? Pensó Cromwell emocionado.
Entonces, ante sus ojos, la puerta del edificio se abrió y las personas salieron corriendo con pánico.
¿Por qué están huyendo de aquí?
Él miró a la flota de nuevo. Cientos de cañones brillaron al mismo tiempo. Cromwell no había visto nada más hermoso en sus treinta años de vida.
Miles de balas de cañón, después de la orden de fuego, golpearon el edificio rojo de ladrillos en donde se encontraba Cromwell. Y en un instante, la base oficial se convirtió en un montón de escombros.
…
¿Dónde estoy?
Louise se había despertado.
Ella se estaba recostada en una cama y en una silla al lado de esta se encontraba Guiche.
— Vaya, al fin despertaste.
Louise miró de un lado a otro. Se dio cuenta que estaba en una de las naves de la flota y que se encontraba a salvo. Eso hizo que se sintiera fuera de lugar, pues ella recordó haberse desmayado mientras yo la cargaba.
— ¿Qué lugar es este? ¿Qué paso con la retirada?
— La retirada ya se hizo. Ahora mismo estamos de camino a Tristain.
— Espera, ¿dónde está Aztor?
— Está en la habitación de al lado.
Apenas terminó de escuchar eso, Louise se paró, empujó a Guiche para poder pasar y salió de la habitación. El estudiante, sin nada a que aferrarse, cayó al suelo.
Apenas tardó tres segundos en llegar al cuarto de al lado. Al abrir la puerta, Louise pudo verme recostado en la cama. Ella no perdió tiempo y corrió a abrazarme.
Yo había estado durmiendo apaciblemente. El repentino movimiento que me causó Louise provocó que me despertara de forma brusca. Necesité de un par de segundos para poder procesar todo.
— ¡Maldición! ¡¿Qué no sabes tocar una puerta?!
Louise ignoró mis gritos.
— ¡¿Podrías ser más considerada?! ¡No estoy en esta cama sólo por estar cansado!
Finalmente, al escuchar eso, ella me soltó y, recobrando la compostura, se alejó de mí.
— ¿Eh? ¿Estás herido? Si es así, ¿por qué no te han atendido todavía? Espera aquí. Iré a buscar a…
— No te molestes en hacerlo. Mi estado no es algo que puedas curar con magia.
Louise no tardó mucho en notar algo extraño. Yo ni siquiera había girado mi cabeza para verla apropiadamente. Lo único que hacía era mirar al techo mientras movía mi boca para hablar.
Gracias a la insistencia de Guiche, un médico a bordo del Varsenda me revisó. Mis músculos estaban desagarrados y los huesos de mis piernas tenían leves fracturas. Mi cuerpo realmente había sido llevado al límite. Afortunadamente, fueron heridas que el médico pudo sanar con algo de magia. Sin embargo, no todo pudo solucionarse tan fácilmente.
— ¿De qué estás hablando?
Di un largo suspiro.
— Si un profesor debe enseñar con el ejemplo, entonces soy verdadero un fracaso como maestro.
Louise miró algo confundida.
— He usado demasiada magia rúnica. Yo, literalmente, no puedo moverme.
Si alguno pensaba que Aztor podría hacer todo eso sin ninguna consecuencia, pues se equivocó. En fin, me explayaré más adelante. Primero, a responder los comentarios.
Saul:
Me va costando, pero me alegro realmente que las peleas me estén quedando mejor, aunque quiero mejorar todavía más para la parte del elfo.
Necesitaba tenerlo tranquilo en un capítulo, para al siguiente ponerlo en desesperación y así… Más de una vez se me complicó mucho, pues eran continuos cambios de humor uno tras otro. A veces llegaban a ser cambios demasiado bruscos y tenía que reescribir todo. Lo importante es que quedó bien y cumplió bien la función que tenía todo eso.
La verdad, la posibilidad de dejar morir a Louise no era pequeña. Más o menos sería así, Louise muere, Aztor literalmente se quiebra, encuentra reconforte en Tabitha, viene justamente el arco de ella y como no quiere pasar por lo mismo, suceden un montón de cosas no puedo resumir en pocas líneas. Lo digo en serio, si ahora varias cosas que hace ya son cuestionables, en esa ruta hubiera hecho cosas que son moralmente incorrectas.
Entonces, como pueden ver, ya tenía planeado lo que pasaría si elegía esa ruta. Bueno, no todo, no tenía ni idea de cómo completar a los cuatro magos del Vacío. También había detalles que tendría que pulir. Y si a todo eso le agregamos que me falta terminar varios volúmenes de la novela…
Al final tu presentimiento fue acertado, no la abandonó.
Gracias por el comentario.
Shunk:
Bueno, ahora, literalmente, no puede beber aunque quiera, al menos no sin ayuda. Eso servirá para que deje ese vicio que formó.
Me sentí tentado a escribir todo el relato de lo sucedido según palabras de Guiche, pero sería demasiado largo y… En fin, parece que se entendió la idea y eso era lo que buscaba.
No sé si sucede en la novela, pero quiero una conversación entre Joseph y Aztor. De hecho, incluso una partida de ajedrez estaría bien. Hasta tengo un diálogo preparado por si Aztor encuentra ese modelo que hizo el rey. xD
Gracias por el comentario.
Ahora comienza la parte jugosa. Hora de un enorme muro de texto.
1. Sí, eso es lo que pasa cuando se usa en exceso la magia rúnica. Mientras que los magos de Halkeginia se desmayan, los magos rúnicos pueden seguir hasta que sean incapaces de activar un hechizo (En este caso, ya sin fuerza en sus cuerpos, no pueden hacen la señal de mano adecuada para un hechizo). Podía deducirse por lo ocurrido en varios capítulos.
2. Luego de la pelea contra Wardes, Aztor necesitaba ayuda de Louise y usar la fuerza de las runas para poder moverse. Eso fue por usar aproximadamente veinte hechizos. Aquí superó los cien por un amplio margen. Además, mantuvo activadas las runas de Vasallaje por aproximadamente un día entero. En el siguiente capítulo dejaré más en claro qué tan mal está. Sólo les adelanto que no estamos hablando de una consecuencia que durará algunos días. Eso se quedará corto.
3. Sí, con esto Tiffania no aparecerá… hasta más adelante. Pensaré bien el cómo introducirla apropiadamente. Barajé la opción de que tanto Aztor como Louise no escaparan a tiempo y terminen encontrándose con ella, pero terminé por descartarla. ¿Razón? En el siguiente punto.
4. Ahora sí, se vienen capítulos originales. En el capítulo 42 empezaré a cubrir el volumen 9 de la novela. En otras palabras, tengo cuatro capítulos para dejar volar mi imaginación.
5. Yo yo yo, abran paso al fic de ZnT (sin incluir los crossover) más largo de esta página. Superé ya las trescientas mil palabras y voy cubriendo como un tercio de la novela. Sí, el millón de palabras es posible. xD
6. ¿Saben? También me da algo de pena Cromwell. Al tipo lo manipularon todo el tiempo y se deshicieron de él como basura. Bueno, al menos fue una muerte rápida como la de De Poitiers.
7. Les dije que haría aparecer a Guiche en el momento justo. Y vaya momento, le salvó la vida a Aztor y Louise. ¿Han escuchado del bromance? Me gustaría apuntar a algo así. Un amigo siempre a tu lado.
8. Y… no sé si alguno lo notó, pero ya agregué al pairing. Con todo lo dicho en este capítulo, creo que era el momento indicado para hacerlo. Prácticamente podría hacer que Aztor se enamore de Louise luego de los siguientes capítulos y no sería tan raro. De hecho, será difícil siquiera darle oportunidad a alguien más a estar alturas. Lo intentaré, eso sí. Agregaré a Tabitha en su debido momento. xD
9. Entonces… sí, el ejército de Albion no sólo vio al familiar de turno, sino que también vieron a Louise. Ya era de conocimiento público que Louise podía generar grandes explosiones. Las burlas a esas explosiones se transformarán en respeto y miedo. Seguirá siendo vista como una noble que no puede lanzar bien un hechizo, pero que al menos puede detener a un ejército mediante sus explosiones. Decidí darle reconocimiento a ella, porque… ¿Por qué no? Digo, normalmente el OC de turno se encarga de detener al ejército. Quería cambiar eso, como cuando hice que Aztor sea quien bebiera la poción de amor y no Louise. Además, a Aztor no le gusta hacer las cosas solo. Si hubiera podido llevarse a dos o tres personas más para ayudar, bienvenida sea la ayuda.
10. Ya se habían acabado mis vacaciones hace algunas semanas. Es decir, estuve escribiendo estos últimos dos capítulos en mis ratos libres. ¿Se dieron cuenta? Un día publiqué el capítulo 35. Seis días después, subí el capítulo 36. No pasó ni una semana y ya tienen el capítulo 37. En verdad que el capítulo 35 me arruinó todo lo que tenía planeado. De no ser por esa demora extrema, fácil seguía con lo de un capítulo cad días. xD
11. En el capítulo 41 habrá un muro de texto colosal sobre Aztor. Será muy grande y me extenderé como no tienen idea.
12. Bueno, finalmente le di un power up como Dios manda a Aztor. Poco a poco lo voy haciendo más fuerte. Pero… igual haré que le peguen bien duro varias veces más. No sólo quiero que le peguen, necesito que le peguen para que siga con los pies en la tierra.
13. Sigo teniendo el presentimiento que hubo una parte del capítulo que olvidé escribir, pero… no sé qué podrá ser. También creo que hay algo en estos comentarios finales que debía mencionarles.
14. Quiero escribir el próximo capítulo lo más pronto posible. El problema… no sé cuándo podré. Trabajos que entregar y eso… pero sacaré tiempo para avanzar con la escritura. Ya saben, pueden ver mi perfil y ahí ver cuánto llevo avanzando.
15. A veces me dan unas ganas tremendas de empezar otra historia, pero… correría el riesgo de retrasar esta. Quizás ahí en mis momentos de ocio cuando no esté inspirado para avanzar con algún capítulo escriba algo más. Seguro si acumulo un par de capítulos de otro fic lo termine publicando.
16. Estoy pensando en poner el uso de las dos runas al mismo tiempo como una espada de doble filo. No me gustaría que pudiera usarlas a la vez sin mayores perjuicios. No sería cansancio porque sería demasiado repetitivo, sino un daño netamente físico. Algo así como su condición al llegar al Varsenda.
17. En el siguiente capítulo daré a conocer ese favor que le pidió a Montmorency. Mencionaron algo de ella en la novela y realmente no quiero desaprovechar algo que ella mostró en los primeros volúmenes. Siento que sería bueno explotarlo.
18. Entonces… Louise salvada. ¿Siguiente capítulo pura felicidad? Bueno… está el tema de Colbert. Sí… eso le va a doler y en verdad le va a doler mucho. Tengo sólo un capítulo para escribir un montón de cosas, así que no podré extenderme demasiado. No obstante, trataré de dejar en claro el malestar de Aztor.
19. En verdad no quiero tener que agregar más capítulos por falta de espacio. Es que ya tenía todo planeado para que en el capítulo 50 fuera la pelea contra el elfo. Es que… capítulo 50. Me gustan los números redondos y por eso quiero que se quede en ese capítulo justamente. Siento que… queda bien así.
20. Bueno, daré un pequeño adelanto de lo que se viene.
a) Capítulo 38: Un montón de cosas que tienen que ver con las consecuencias de la guerra.
b) Capítulo 39: Una pequeña continuación del capítulo 38 y se va a dar un pequeño viaje que se verá interrumpido a la mitad.
c) Capítulo 40: Prácticamente Aztor metiéndose sin querer en algo que no le incumbía.
d) Capítulo 41: Aquí me dedicaría de lleno a la relación entre Aztor y Tabitha.
Sí, como ven, todo planeado. Sólo necesito pasarlo a palabras. Lo cual será difícil, porque tengo que hacer que esos dos conversen mucho y… a veces es un dolor de cabeza el pensar cómo hacerlo.
21. Estoy subiendo este capítulo en la madrugada del domingo. ¿Por qué? Bueno, estoy viendo un stream que dura hasta la mañana y aproveché para terminar de escribir este capítulo. En fin, creo que eso sería todo por ahora.
Gracias por leer.
