Nada de lo que aparece aqui me pertenece (excepto la protagonista) personajes, lugares, etc. son obra de JK Rowling.
Advertencia: A partir de este capítulo comienza la segunda mitad de la primera parte de esta historia. Esta parte comienza a mitad de Agosto del año en que nuestra protagonista va a comenzar el séptimo curso en Hogwarts.
SEGUNDA MITAD DE LA PRIMERA PARTE
Más efectivo que la magia.
Estaba sentada, mirando por la ventana como el tiempo cambiaba. Ahora las nubes oscuras eran mucho más comunes en esos días de verano, había una sensación extraña en el aire. Muchas veces la habían hablado de los dementores y de la tristeza que dejaban a su paso pero esto era algo más. Había un sentimiento de desolación y apatía y cada día que pasaba las noticias solo lo incrementaban.
"Detenciones masivas en el Ministerio de Magia", "15 muertos y más de 20 personas torturadas en una pequeña comunidad mágica", "¿Están a salvo los muggles?". Los últimos titulares de El Profeta siempre iban encaminados en esa línea, ni una noticia buena o medianamente normal. Todo era violencia.
Respiro profundamente y por un instante cerró los ojos, trataba de reunir toda la información que durante ese verano había logrado, nadie quería decirla nada. Era desesperante, aún la trataban como una niña. "Con 17 años creo que merezco saber lo que está pasando", había gritado en infinitas ocasiones, no solo a sus padres sino a varias personas que visitaban frecuentemente su casa, algunos eran conocidos, otros no. Observaba desde un rincón como personas que antes no había visto ahora visitaban su casa y tenían reuniones en el salón mientras a ella la apartaban de todo. Había tratado de escuchar las conversaciones pero era inútil por lo cual desistió de sus intentos. Si la información que recibía en su casa era poca la que podían facilitarle desde afuera tampoco era de gran ayuda. Algunas de las amigas con las que se escribía comenzaron el verano mandándole cartas asiduamente, en estas recibía alguna que otra información, sin embargo esas cartas dejaron de llegar. Al principio se extraño, no sabía por qué razón habían dejado de escribirla a pesar de que ella envió varias lechuzas para saber que ocurría, pero no obtuvo respuesta. Muchas personas parecía que habían dejado de existir. Ahora solo mantenía contacto más o menos regular con Rominna, Helena, Bane, Oliver y dos chicas de Ravenclaw. Nadie más.
Lo único que podía hacer era estar sentada, leyendo y releyendo los libros del nuevo curso, leer El Profeta y salir a pasear de vez en cuando, eso eran sus vacaciones.
A pesar de haber mandado la carta a sus abuelos para pasar las vacaciones con ellos su madre la insistió en quedarse por lo menos hasta conocer al bebe, y ella acepto. Su plan era conocer al bebe y marcharse, aún no había nacido y ya era el protagonista de las conversaciones a su alrededor. A veces Sidney optaba por no escuchar, otras por salir como si Peeves la hubiera poseído. No lo soportaba. Sin embargo, en cuanto vio la cara de ese niño, algo la hizo cambiar de idea y quedarse.
Estaba pensando en ello cuando unos ruidos sobre su cama la sacaron de sus pensamientos, abrió los ojos y se giro. Se levanto de la silla y se sentó en la cama junto a él.
-Ey pequeño ¿ya estas despierto eh?
Un bebe de apenas unas semanas la miraba risueño alzando sus manitas para tocar el pelo de la chica. Ella solamente sonreía y le dejaba algún que otro mechón para que se entretuviera, no podía dejárselo mucho porque sabía que a pesar de lo pequeño que era tenía mucha fuerza. El bebe había fijado su mirada en los ojos de ella.
-Son diferentes-con la punta de su dedo toco la pequeña nariz del bebe-¿Tu también te has dado cuenta?
El solo sonrió ante las palabras de ella y estiro más sus brazos. Sidney lo tomo entre los suyos y comenzó a acunarlo, pero el pequeño era muy curioso y quería ver todo lo que le rodeaba.
-De acuerdo, te enseñaré mi habitación de nuevo. Mira-señalo hacia la jaula donde descansaba su lechuza-Esa es Noppy. Esto de aquí son mis libros, que probablemente tu heredarás-el bebe giro la cabeza hacia ella como si no comprendiera-No me mires así, tampoco es tan malo, además yo siempre cuido muy bien los libros. Veamos...eso de ahí es el armario, hay guardo toda la ropa. Esta es mi mesa, eso amarillo es mi lámpara y estos son pergaminos.
El pequeño miraba todo y ella se reía internamente de lo absurdo de la situación. Ni siquiera me entiende y parece que le hablo como si tuviéramos una conversación, sin duda soy estúpida. Terminar hablando con un bebe, sin duda esto es a lo que se llega cuando el contacto social con los demás es tan escaso. A enseñar tu cuarto a un bebe y a mantener monólogos. ¡Si tan solo tuviera una conversación decente con un adulto! Pero los adultos escaseaban, sus padres estaban descartados por completo, entre las reuniones que tenían, sus continuas desapariciones y las peleas lo que menos deseaba era ponerse a charlar con alguno de ellos. Su padrino solía visitar mucho su casa pero apenas ponía un pie en ella desaparecía al interior de alguna sala y se encerraba por horas con el resto. Solo lograba saludarle y despedirse de el a veces. Sirius...era una situación tremendamente complicada. Desde el incidente en el castillo no habían vuelto a hablar hasta que una tarde antes del nacimiento de su hermano él se acerco a ella cuando estaba sentada en el césped de la casa y se disculpo. Sinceramente ella no esperaba para nada que el orgulloso y engreído Sirius Black se arrastrara y se expusiera de esa forma, acepto sus disculpas aunque aún mantenía algún recelo en sus intenciones. La situación se había conseguido normalizar pero el ambiente no era relajado, sino que siempre parecía tenso, como una goma llevada al límite a punto de estallarle en la cara a alguien.
Eso había hecho que las cosas con su padre, el cual se entero de los hechos, empeoraran y las discusiones fuesen ahora su única forma de comunicación mediante el trato glacial que solían dedicarse. Remus se encontraba en medio de esto tratando de ejercer de mediador aunque sin mucho éxito, y Sidney suponía que hasta el hombre más sensato tenía su límite y se había rendido. Sirius había tratado de retomar las bromas y de ser amable, le llevo la moto que le había regalado y se ofreció para enseñarla a montar. Sin embargo ella no podía evitar tener siempre una sombra de rencor por lo sucedido. Devolvía las sonrisas y trataba de ser amable pero sabía que el trato nunca sería el mismo.
Sus abuelos no contaban tampoco para ella como adultos con quien desahogarse, lo único que hacían cuando venían era rodear al bebe, cargarlo en brazos, hablar maravillas del bebe y ya. Su abuela materna era la única que la decía que la echaba de menos en casa, que fuera a visitarla o pasar unos días, la pregunto por sus notas, se alegro de que fuera tan bien y la prometió ir en uno de estos días a por un regalo para ella por estar tan orgullosa.
Teniendo en cuenta que no le gustaba contar sus penas a sus amigas sobre el desastre familiar con el que convivía ¿que le quedaba? Pues hablar con ese niño que su madre solía dejarle para que cuidara de él. Harry. Estúpido nombre pensó en cuanto se lo dijeron, pero pensó que no era tan estúpido en comparación a que le pusieran James. Definitivamente prefería mil veces llamarlo Harry que James. "Si yo llegará a tener el nombre de ese cabezón le hechizaría, es suficiente tormento ya con el apellido" fue una de las cosas que le solía decir a su hermano mientras le cuidaba. El pequeño solamente se la quedaba mirando fijamente en respuesta "Al menos mi segundo nombre no incluye a ese cabezón" le respondía ella mientras sacaba la lengua y Harry abría la boca como si quisiera sonreír.
Era algo extraño la conexión que había conseguido establecer con su hermano, parecía como si él la entendiera, ¡era ilógico! El apenas tenía unas semanas, estaba segura de que el no entendía nada de lo que le decían. Pero por alguna razón cuando se quedaban a solas y ella trataba de distraerlo y jugar para entretenerle era como si tuviera la necesidad de conversar con él, explicarle cosas. No lo entendía, y lo peor es que a ella le parecía ver como él la escuchaba con interés y sonreía, o a ella se lo parecía, para hacerla reír.
Por supuesto ella no le dijo nada a nadie, básicamente porque de cara a los demás ella oficialmente no soportaba a ese crio. Esa era la nueva fachada que soportaba y la verdad es que no le era difícil actuar como tal. Cuando el niño estaba por la casa la gente se acercaba todo el rato a verle, a ella la apartaban como si tuviera la viruela de dragón. Muchos se pasaban horas y horas sentados en el salón mientras admiraban a Harry y ni siquiera se daban cuenta de que Sidney podía estar a unos metros de ellos. Algunos hasta se olvidaban de saludar o preguntar qué tal estaba. Eso la había enfadado sobre manera, especialmente al principio, ahora a pesar de que la seguía molestando lo consideraba una ventaja. Nadie se daba cuenta de los movimientos que hacía, de si salía o dejaba de salir, de con quién iba o que hacía por ahí. Nada.
Cuando alguien le pedía algún favor con respecto al niño, como cargarlo, traerle algún juguete o llevarle el biberón ella replicaba que no era la niñera de nadie y que para cuidar a alguien prefería cuidar a una serpiente a ese niño llorón. Todos habían creído aunque sorprendidos en que ella no le soportaba. A veces incluso había oído comentarios diciendo que probablemente ella tenía celos de las atenciones que Harry recibía ahora. Las primeras veces que los escucho estallo en gritos diciendo que no estaba celosa de alguien que lo único que hace era llorar y dar la lata. Pero al igual que lo demás fue haciendo oídos sordos a los comentarios. Su padre ni siquiera confiaba en dejarla a solas con Harry, creía que le hechizaría.
La única persona que sabía que no había tanta maldad como aparentaba era su madre. Aunque al principio Lily también pensó que su hija estaba celosa cambio de idea cuando una mañana en la cocina pudo ver como Sidney alejaba a su hermano de un chorro de agua que se había formado cuando la jarra que había sobre la mesa se cayó. Pudo ver como ella reacciono con rapidez y como se aseguro que al niño no le había caído nada. En ese momento supo que si quería a su hermano.
Lily creyó que lo mejor era que Sidney estableciera lazos con Harry cuando nadie estuviera presente para que ella no se pusiera su máscara de indiferencia. Así fue como aprovechaba algunas ocasiones para dejárselo a su cargo mientras ella hacia cosas. Al principio estaba atenta y la vigilaba sin que se diera cuenta pero con el paso de los días vio que nada tenía que temer. Su hija jugaba y entretenía a su hermano e incluso sonreía cuando estaba con él. No intento que los demás supieran que ella en realidad no odiaba a su hermano, con saberlo ella le bastaba. Aprovecho algunas de las reuniones que la orden del fénix convocaba para dejárselo a su cargo y saber que los hermanos estaban juntos y unidos. Le dolía que James no confiara en su hija y que la mirara fríamente, si el supiera que en realidad ella no es así pensaba miles de veces Lily.
Llamaron a la puerta, una de las cosas que ella había exigido a todos aquellos que fueran a su habitación, y se giro con el niño en brazos sentada.
-Adelante-contesto ella.
La puerta se abrió y su madre se quedo en el umbral, mirando con una sonrisa la escena, el cariño con que ella cogía a su hermano.
-¿Qué quieres?-Sidney se fijo en como la estaba mirando-Empezó a llorar y no quería que me entrara dolor de cabeza ¿vale?-respondió ariscamente, se levanto de la cama y extendió al pequeño a los brazos de su madre-Por fin podré descansar.
-No hace falta que me lo des, solo he subido a avisarte de que ya está la comida, si...si quieres baja con él.
Sidney se quedo parada con el bebe en brazos sin saber muy bien qué hacer, en el fondo no le molestaba, pero eso significaría bajar la guardia.
-¿Y tener que soportarle un minuto más? No, gracias-sonrió con desprecio mientras su madre cogió finalmente al niño y la chica salió por el hueco que quedaba bufando.
Descendió las escaleras con rapidez y se sentó en el asiento habitual, ni siquiera espero a que llegara su madre para comenzar a comer.
-Al menos podrías tener educación y esperar a tu madre-espeto James.
-¡Vaya!-dijo ella tras terminar el primer boca-Hoy empezamos pronto a discutir-Dirigió su mirada hacia ese hombre y con una sonrisa agrego-Dime ¿no has tenido nada que hacer en el ministerio para tener que venir a casa y no poder dejarme en paz?
James la miro con furia y ella sintió como su mandíbula se tensaba, siguió comiendo mientras su padre esperaba a Lily y ella seguía observándole de reojo sabiendo que le molestaba que siguiera comiendo. Cuando su madre llego ella ya había terminado la mitad del plato y el ambiente en la mesa era muy tenso, como siempre.
-Dime cielo ¿has terminado ya de repasar tus asignaturas?-pregunto Lily tratando de romper el hielo.
-Si-contesto secamente ella sin querer alargar la conversación.
-¿Y qué te parecen? Me refiero a lo nuevo que vas a dar.
Suspiro frustrada, no tenía ganas de hablar, solo quería terminar rápido de comer y encerrarse en su cuarto.
-Ni me tiene que parecer bien o mal, es temario y punto.
James dirigió su mirada a su esposa quien trato de apaciguarlo pero no se iba a quedar en silencio.
-Tu madre te ha hecho una pregunta amablemente, deberías dejar tu asquerosa arrogancia de lado y contestar con educación.
Dejo caer el tenedor en el plato, provocando un ruido fuerte que hizo que el bebe comenzará a llorar. Lanzo su servilleta hacia el plato y se levanto.
-Se me quito el apetito, no me gusta hablar con imbéciles cuando como.
Se alejo de allí regresando a su cuarto mientras los gritos e insultos de su padre sonaban por la casa cuando ella subía las escaleras. Cerró la puerta con un portazo y golpeo el baúl con una patada. Caminaba de un lado a otro de la habitación, era como un león enjaulado muy enfadado, preparándose para atacar a cualquiera que se acercara. Cerraba sus ojos y trataba de calmarse, respiraba profundamente.
-Solo quedan dos semanas, solo quedan dos semanas-repetía incesantemente ella mientras masajeaba su sien con los dedos.
Sin evitarlo se tumbo en la cama, miro el techo y solo pudo ver la imagen de una persona que sabía que la calmaría si estuviera allí.
-Severus-susurro.
No había tenido ninguna noticia de él en todo el verano, nunca hablaron sobre si se pondrían en contacto en verano, ella no quería parecer desesperada pero la verdad es que lo estaba. No sabía absolutamente nada de él, ni de lo que estaba haciendo. ¿Y si no vuelve a Hogwarts? pensaba ella a veces, pero trataba de enterrar esa idea recordando que él le dijo que si que estaría. Un nudo se formaba en su estomago cada vez que pensaba que quizás no volvería a verlo y que ella ni siquiera se había puesto en contacto con él, pero también planeaba la duda de si el habría encontrado a alguien ese verano. Piénsalo, no es una idea tan descabellada, son dos meses. Dos largos meses en los que es improbable que este solo todo el tiempo, habrá salido por ahí, puede haber conocido a cualquier bruja en las profundidades de cualquier bar o sitio que frecuente. ¿De verdad crees que una persona adulta va a esperarte dos meses? ¿A ti, una simple muchacha con la que se ha acostado un par de veces y ya? Su cerebro gritaba esas preguntas burlonamente y ella se desesperaba sabiendo que podían ser ciertas y que ella no tenía modo de averiguarlo. Nada la aseguraba que el no hubiera conocida a una bruja en algún sitio y que se la hubiera llevado a su casa para acostarse con ella. Tan solo soy una chica.
Se giro quedando boca abajo y enterrando su cabeza en la almohada, quería ahogar sus pensamientos y solo encontraba esa forma de acallar a las voces de su cabeza.
Unos suaves golpes la despertaron, confundida se giro y se dio cuenta de que se había quedado dormida.
-Adelante-dijo en voz baja aún soñolienta.
La puerta se abrió despacio y su madre entraba por ella. Se quedaron mirándose hasta que su madre hablo.
-¿Te encuentras bien?-pregunto ella mientras se agachaba hasta quedar a la altura de su hija.
-Si, solo me he dormido un rato.
Lily asintió mientras retiraba un mechón de pelo de la cara de Sidney, esta se sorprendió por el gesto de su madre bajando ligeramente la guardia y permitiéndole la acción.
-Cielo, había pensado que te apetecería salir-Sidney la miro interrogante-Quiero ir a ver a la abuela y había pensado en que podríamos ir los tres.
Al fin descubría lo que la amabilidad ocultaba, Sidney se aparto de su lado y se incorporo.
-Tu abuela ha preguntado mucho por ti, y así podríamos despejarnos un poco.
Tras pensarlo unos segundos asintió. Su madre salió y fue a prepararlo todo para la visita.
Sidney se cambio de ropa, se puso unos vaqueros ajustados que llegaban hasta la rodilla, unas zapatillas sencillas de color claro y una blusa ligera en color rosa palo. Dejo su pelo suelto y tras un último vistazo en el espejo salió de su habitación, bajo las escaleras y vio que en la puerta estaba su madre, esperándola con el carro y el bebe dentro de el.
Unió sus manos y tras una mirada con ella desaparecieron de allí. En medio de ese torbellino de sensaciones que siempre la mareaba cuando se aparecía pudo volver a enfocar su vista y sentir el suelo cuando se aparecieron cerca de la casa de sus abuelos. Alejados de la vista de los muggles. Caminaron mientras Lily empujaba el carro hasta que llegaron a la casa de sus abuelos y entraron cuando su abuela abrió sonriente la puerta y las hizo pasar.
Tras un rato donde la conversación fue agradable se empezó a impacientar, no hacía más que mirar inconscientemente por la ventana desde el sofá donde estaba sentada. Estaba ajena a la conversación que mantenían las mujeres.
-Sidney, cielo-repitió por segunda vez su madre.
-¿Mmm?-contesto ella girando su cabeza y mirándolas.
-Tu abuela te estaba hablando-contesto su madre.
-Decía cariño que puedes subir arriba-le dijo su abuela-En la habitación he dejado el regalo que te prometí.
-Muchas gracias abuela, no tenias porque.
-Vamos, sube-dijo ella con una sonrisa amable.
Sidney subió las escaleras y se dirigió hacia el cuarto donde solía dormir cada vez que se quedaba en esa casa, el cuarto de la que pocas veces nombraban, su tía Petunia. Al principio ella ocupaba el de su madre pero después de las pelas cambio de cuarto. Este era menos luminoso pero algo más amplio. Encontró en la cama un paquete lila con un lazo, rompió la envoltura y se encontró con un vestido precioso, blanco, largo, nada ostentoso, era sencillo. Perfecto. Una sonrisa apareció en sus labios, lo puso frente a ella y se miro en el espejo. Una idea paso por su mente pero era tan absurda que la desecho en segundos. Doblo el vestido y lo dejo sobre la cama de nuevo. Cuando iba a bajar los escalones se dio cuenta que la puerta de la habitación de Lily estaba abierta. Inconscientemente sus pies la llevaron hasta allí. Se quedo mirando el interior, como si temiera que hubiera alguien allí. Abrió la puerta lentamente y entro vacilante.
El cuarto era más luminoso, y había en él una especie de aura de tranquilidad. Miro a todos los sitios, era como la perfección, no había nada que se saliera de su sitio. Todo estaba perfectamente colocado. Sus dedos rozaron el armario, camino un poco más y se apoyo en el escritorio, cuando retiro la mano pudo comprobar que no había ni una mota de polvo en esa mesa. Al igual que no había ninguna en la habitación. Pureza. Se sentó en la silla y coloco sus brazos en esa mesa. Un escalofrió recorrió toda su espalda, como si de una corriente se tratara. Trato de salir de allí tan rápido que se golpeo una rodilla con los cajones.
-Mierda-exclamo ella tocándose la rodilla golpeada.
Se inclino y examino que no tenía ninguna herida, cuando retiro su vista de la rodilla pudo ver que uno de los cajones se había abierto. Era extraño porque ese cajón nunca se había abierto, las veces que estuvo allí, ocupando esa habitación trato de abrirlo pero nunca pudo.
-Quizás un golpe es a veces más efectivo que la magia-dijo en voz baja.
Abrió despacio el cajón y se sorprendió al ver que en este había un montón de papeles, desde pergaminos amarillentos por el paso del tiempo a cartas muggle. Examino un poco por encima y pudo ver que se trataba de cartas y notas de su madre cuando era joven. Probablemente correspondencia con sus amigos y amigas. Entonces fue cuando una idea surgió en su mente. Severus, su madre había sido amiga de él, probablemente hubieran tenido algún contacto. Revolvió el cajón, tratando de buscar cualquier pergamino con su nombre. Encontraba decenas de pergaminos de sus antiguas amigas de las cuales ella había oído hablar, también cartas románticas las cuales volvía a depositar con asco en el interior, buscaba y buscaba y no encontró nada. Cuando lo iba a dejar vio que en el fondo había algo, sintió curiosidad y apreso el pergamino. Lo desdoblo y comenzó a leer.
"Lily, gracias por el libro, ha sido todo un detalle por tu parte. En cuanto lo recibí me puse a leerlo y ya casi he terminado con él. Es muy bueno, la próxima vez que nos veamos te contaré todos los detalles y los datos interesantes que tiene. Gracias por acordarte de mí.
El príncipe mestizo"
No comprendía nada, doblo la carta y la introdujo de nuevo en el fondo del cajón, lo cerró sabiendo cual era el truco para abrirlo. Se quedo pensando unos instantes pero cuando escucho como la llamaba su abuela se puso en pie corriendo y salió de esa habitación dedicando una última mirada y cerrando lentamente.
Al llegar abajo vio que ambas mujeres la miraban.
-¿Te gusto?-dijo su abuela.
-Por supuesto-se aproximo hacia ella y le dio un abrazo-Es precioso.
-Supe que te gustaría, espero verte con el puesto.
Se iba a sentar de nuevo pero su madre le dijo.
-Cariño, quizás podías llevar contigo a Harry y enseñarle el barrio. Un paseo os vendría bien a ambos.
-No soy la niñera de nadie-exclamo algo molesta.
-Cariño, no te lo estoy pidiendo como niñera. Solamente te lo pido como su hermana, sabes que Harry te quiere-se acerco hasta su hija y apoyo su mano en su hombro-Y que yo os quiero a ambos.
Por un instante Sidney miro a los ojos a su madre, ese verde penetrante que durante su niñez siempre había admirado y deseado en secreto tener. Veía tristeza y cariño en esos ojos, rompió el contacto tras unos segundos y se dio la vuelta.
-Está bien.
Lily sonrió tímidamente y deposito al bebe en el carro.
-No vayas muy lejos y ten cuidado-le dijo su madre.
Ella se limito a asentir y abrió la puerta saliendo de la casa empujando el carro y dirigiéndose hacia uno de los lugares a los que solía ir cuando estaba aquí. El sitio donde más paz encontraba.
Buenas! En primer lugar lamento que el capítulo sea tan narrativo, no queria hacerlo así pero tenia que explicar cómo era el ambiente que la rodea para que os hagais una idea de lo que acontecerá.
Muchas gracias a todos/as por la lectura!
Un saludo! ^_^
