36. En el frondoso bosque
De un solo pitido, Ron hizo que todos bajaran a la arena del estadio. El primer entrenamiento de quidditch estaba siendo un desastre. Harry volaba sin gana alguna buscando la snitch, que bien podía haber tenido zumbando en su oreja, que ni la hubiese visto. Dean y Seamus se pasaban el tiempo tirándose las bludgers como quien juega un partido de tenis. Ron no había conseguido parar ni una sola quaffle, porque no había habido ni un solo lanzamiento por parte de los cazadores. Estos eran los culpables de que los demás no mostraran el más mínimo interés. Colin y Alyson no hacían más que gritar al pequeño, que no por ello indefenso, Dan Gutt. Aquel muchacho les estaba sacando de quicio y no era para menos.
- No voy a tolerar ni un segundo más este nivel de entrenamiento, porque para esto nos vamos a la sala común y no perdemos el tiempo – Ron se mostraba tan cabreado que ninguno de los presentes abrió la boca – Yo tengo que salvar mi culo delante de McGonagall, así que haré lo necesario para no llevarme ni un solo toque de atención por su parte. Si veo que este equipo no funciona, lo destituyo y recompongo otro, se han visto cosas peores otros años. Con lo que libraros de tocarme las narices si queréis seguir jugando a quidditch para vuestra casa ¿Alguien me puede explicar el porqué de este comportamiento?
- Es por él – Señaló Alyson, yendo de lleno al problema, exactamente clavando su dedo sobre Dan, quien le llamó "chivata" para sus adentros – No puedo jugar con él, simplemente no quiero jugar con él
- Decidimos que era la mejor elección, Alyson, ahora no me puedes venir con estas – Se quejó Ron
- Pues no es la mejor elección, Ginny es la mejor elección y no este mocoso engreído – De repente Alyson comenzó a llorar y acabó abrazada a Colin, quien le acariciaba el pelo y trataba de consolarla
- Yo sólo he intentado hacerle ver que esa jugada era una patochada y que no funcionaría pero ella insiste en que era perfecta y que la tenía pensada con Ginny para este año
- Entiendo – Ron calmó su tono de voz, con aquello no contaba. Cierto es que había pensado que era el primer entrenamiento sin su hermana y que la echaba tremendamente de menos, pero sobre todo estaba preocupado por Harry, que parecía no levantar cabeza desde el último sábado por la noche. Al no saber qué decir de momento, se centró en sus golpeadores, donde de seguro encontraría un buen motivo para una bronca - ¿Y a vosotros qué narices os pasa?
- Pues que no tiene aliciente tirar una bludger a alguien al que sabes perfectamente que vas a dar, más si es de tu equipo y le puedes lesionar – Explicó Seamus
- Al menos nosotros estamos entrenando la fuerza de nuestros golpes – Se defendió Dean
- Lo que pasa, Dan – De repente la voz de Harry hizo callar a los demás, incluso calló el sollozo de Alyson – Es que tú cubres un puesto de una persona muy conectada a nosotros. No era una simple cazadora, como no era una simple bruja. Ginny era muy buena como cazadora central y sabía de estrategia, lo cual consultaba siempre con Colin y Alyson. Ellos tres preparaban sus jugadas porque llevan juntos desde el primer día que entraron en Hogwarts, porque eran los mejores amigos, así que debes entender que no estás en un puesto normal y corriente. No queremos que te sientas presionado pero sí que respetes el valor que ellos tres acarreaban a sus jugadas
- Yo no lo sabía, lo siento – Dan bajó la cabeza y abandonó su habitual tono asertivo y prepotente – No quería causar una rotura en el equipo, he de reconocer que suelo estar al frente de él y no sé acatar bien las órdenes
- Pues siento decirte que aquí todos hemos recibido órdenes y que aún las recibimos – Dijo Ron – Somos un equipo y es así como hemos ido ganando año tras año, si este perdemos, no seré yo quien le plante cara a McGonagall, porque le haré ver que, por mi parte, he dado todo de mí para entrenar a este grupo y defender los aros
- Probaré las jugadas pero espero que se me dé la oportunidad de añadir otras que también podamos probar
- Por nosotros no hay problema – Exclamó Colin – Estoy seguro que Alyson no quería faltarte al respeto, Dan, lo que pasa es que es el primer entrenamiento y bueno...
- No te preocupes, sé que soy un mocoso delante vuestro pero os demostraré que puedo ser bueno jugando a esto – Dan miró a Harry y con una inclinación de cabeza le dijo - Gracias
- No hay de qué – Harry, en cambio, se fue para donde Ron y le preguntó - ¿Podemos seguir?
- Claro, aunque tú, si quieres, da vueltas al ras del suelo, para lo que fijas la atención en la pelotita – Ron le dio una colleja y se rió como los demás, quería quitarle importancia, o al menos, intentar que su amigo se picara con él y olvidara de una maldita vez lo que le atormentaba
- ¡Muy gracioso, pelirrojo! Hazme un favor, Dan, márcale tú el primer gol para que le joda más – Y con un gesto significativo de su dedo corazón, se elevó con su Saeta a tal velocidad, que les perdió de vista en un abrir y cerrar de ojos. El resto del entrenamiento fue cogiendo el tono necesario para comenzar de acoplar al nuevo en el equipo
Al siguiente jueves, el equipo de quidditch parecía mucho más compacto y es que al parecer, Dan había quedado con Colin y Alyson para tratar sobre las jugadas, con lo que entre ellos ya había un poco más de complicidad. Harry sabía que no tardarían en darse cuenta que el chaval merecía la pena, que sólo quería involucrarse con ellos y que tenía un buen fondo, a pesar de su peculiar personalidad. Harry estaba más volcado en los entrenamientos, tanto los de quidditch como los de defensa. Aquella semana habían avanzado mucho en el perfecto manejo de hechizos de defensa con Emy, la cual parecía haberse olvidado del tema que tenía pendiente con su sobrino. Entre ellos todo iba bien en apariencia pero en el fondo sabía que debía dar una buena explicación.
Las clases de séptimo eran mucho más duras de lo que habían previsto, deberes por todos lados les dejaban sin tiempo, de lo cual no se quejaban, al menos no del todo. Entre eso, los entrenamientos y su particular cita cada uno por separado, uno al despacho del director, para su habitual partida de ajedrez, y el otro con la visita a la biblioteca en busca de información, les llegó de nuevo el sábado por la noche, en el que otra vez se enfrentaban a Emy con la intromisión mental. No sufrieron grandes daños, se mantuvieron en sus trece cuando el calor les invadió y consiguieron sacarle al poco de ver pequeñeces en su mente. Emy se dio por satisfecha de momento pero evidentemente no por completo, con lo que debían seguir manteniendo la mente cerrada cada noche durante otra semana. Harry se fijó que para Ron no era un problema, incluso lo veía una excusa, seguramente para no pensar en Hermione pero para él era el peor castigo impuesto, él necesitaba ver a Ginny, aunque fuese en sueños pero verla. Se quedaron en el apartamento después del entrenamiento, tomando una cerveza de mantequilla, en esas jarras que tanto le gustaban a Ron.
- ¿Y Sirius? – Preguntó Harry mientras ojeaba los libros de la estantería de su tía
- Tiene guardia pero estará al llegar, además está muy mosca con lo de la puerta – Explicó Emy, que jugaba a las damas con Ron - ¡Ah! eres muy bueno, ahora sé porqué Albus está picado
- ¿Lo está? – Preguntó Ron emocionado – Te dije, Harry, que ese viejo escondía su corrosión
- Un respeto – Riñó cariñosamente Emy mientras movía otra ficha con titubeo
- Es verdad, me dijeron que apareció algo en el portón del vestíbulo ¿Cuándo fue? – Dijo Harry enfrascado en la búsqueda de un libro con un tema en particular
- El pasado lunes
- Seguro que Seamus lo exageró – Intervino Ron – Nos dijo que estaba escrito un "que" con el cuerpo de una boa constrictor, clavado en el portón de entrada, con dardos de plata negra
- Pues entonces no mintió, así fue
- ¿Qué? – Preguntaron los dos dejando sus distracciones a un lado
- Dumbledore está investigando, aunque por la cara que puso, no se llevó ninguna sorpresa pero yo sé que aún no ha conseguido saber qué significa lo del año pasado
- ¿Lo del año pasado? – Preguntó Harry
- Sí, tú estabas en el viaje – Explicó Emy – Apareció una enorme araña clavada con una lanza en el portón y debajo de ella un charco de sangre en el que ponía: "Hace tiempo"
- Así que ahora tenemos: "Hace tiempo que..." – Dedujo Ron
- Que no he visto una tontería semejante – Emy se rió de su broma – Estoy segura que lo ha hecho Malfoy
- ¿No se supone que los pasillos están vigilados? – Preguntó Harry con acierto
- Lo más curioso es que han revisado el momento y está plagado de gente, ya que fue en la salida de la cena, así que ocurrió delante de más de trescientos chavales pero nadie ha visto nada, ni recuerda nada. No fue hasta pasados diez minutos, que salieron los profesores y algunos alumnos rezagados del Gran Comedor, que lo vieron
- ¿Quién haría algo así? – Preguntó Ron mientras no apartaba la mirada del tablero
- Pues Voldemort, le encantan estos jueguecitos, tiene paciencia el muy cabrón – Emy arrugó el morro por la jugada del pelirrojo – Seguramente fue Malfoy quien obró en su lugar pero no lo pueden demostrar, tiene una buena coartada ¡Ey! He hecho dama
- Yo ya tengo tres – Contestó Ron, sin dar importancia a la jugada de su contrincante
- ¡Ya lo sé pero yo no tenía ninguna! – Se quejó ella como una niña chica
- No la piques que después lo paga conmigo – Sirius entraba por la puerta muy sonriente - ¿Te gana el renacuajo?
- ¡Eh!
- Este chaval hace que me plantee mi inteligencia – Emy sonrió a su marido y éste le dio un tierno beso en la boca - ¿Alguna novedad?
- No, ninguna. He dejado a Snape, Bella y Remus intentado averiguar algo pero no creo que consigan nada, tampoco lo hicimos el año pasado – Sirius miró el tablero y le dio unas palmaditas en el hombro a su mujer – Estás acabada, querida
- Ya lo sé, estoy esperando a que cometa algún fallo pero no consigo que lo haga
- Conmigo tampoco quiere jugar al póker – Se quejó Sirius desde la cocina, a donde entró a por una cerveza
- No me gusta jugar por dinero
- Hay otro tipo de póker que no implica dinero
- Jajaja – Ron lo pilló a la primera
- ¿Y tú de qué te ríes, renacuajo? – Le recriminó Emy
- Creo que muevas lo que muevas, estás perdida – Ron adoptó su postura de vencedor y siguió riéndose - ¿Quieres la revancha al ajedrez?
- No, gracias, nunca me gustó ese juego, no tengo paciencia para él – Emy miró con rencor al pelirrojo y luego se dirigió a Sirius - ¿Y Dumbledore qué ha dicho?
- Pues ha hecho bajar a Trelawney para que viera la marca que ha quedado, por si podía darle algún punto de luz sobre el asunto, pero claro, ella se ha puesto a hacer su típico paripé y los demás se han partido de la risa
- ¡No!
- ¡Oh, sí! - Se rió Sirius, que se acomodaba en su butacón, con la cerveza a un lado y con los pies, sin los zapatos, subidos al borde de la mesa – Incluso Snape ha soltado una broma de lo más graciosa, con la que no he podido evitar reírme
- ¡Pobre Sybill!
- No empecemos, esa mujer está mal de la cabeza, Emy – Sirius no aguantaba que su mujer adoptase la misma condescendencia que caracterizaba a los Potter
- No digas eso, Sirius, y menos delante de los chicos – Se quejó ella completamente en serio – Ella no está loca
- ¡Claro! – Soltó Ron – Sólo le faltan dos veranos
- Jajaja – Harry y Sirius se rieron junto a Ron
- Sois unos insensibles – Emy reprendió a los tres – Ella lleva sola mucho tiempo y ha tenido que montar a su alrededor un poco de enigma. A mi modo de ver, sólo es un claro signo para llamar la atención
- Y la llama – Siguió riéndose Sirius – Aunque con atención negativa ¡Es una chiflada exagerada y extravagante que no hay quien entienda!
- ¡Sirius! ¿No os habréis reído delante de ella?
- ¿No te digo que ha sido Snape, quien ha soltado que ella no veía nada porque no había limpiado de sus gafas los gases que expulsaron Venus y Saturno la vez anterior?
- Jajaja
- De hecho le ha preguntado: "Dime Sybill ¿no ves que a Potter le va a morder un Grim?" Hasta a mí me ha hecho gracia – Continuó Sirius con la historia
- ¿Y ella qué ha hecho? – Preguntó Emy escandalizada
- Nos ha llamado papanatas sin ojo interno – Sirius soltó una carcajada aún mayor – Y Snape le ha dicho en donde tiene el suyo
- Jajaja – Ron lloraba de la risa y Harry se retorcía en el sofá
- Voy a hablar con ella, porque sois unos gilipollas sin sentimientos ¡Eso es lo que sois! Reíros de una compañera de esta manera... sin que nadie la defienda
- Arabella lo intentó pero no pudo evitar reírse cuando Snape señaló su trasero
- ¿No estaba Lie?
- Por supuesto que no, sino él no hubiese estado tan relajado
- ¿Y Dumbledore no os ha llamado la atención?
- Se fue con McGonagall a su despacho – Sirius se limpiaba los ojos por las lágrimas – ¡Venga Emy! No es para tanto, sólo un poco de humor en estos tiempos
- ¿Un poco de humor? Ya os daré yo un poco de humor cuando más os duela – Emy cogió un chal, que estaba doblado en el respaldo de una silla, se lo puso por los hombros y se fue para la puerta – Voy a verla, haz que los chicos lleguen bien a la sala común, ya es muy tarde para que estén fuera de la cama, y vosotros... ¡MENTE EN BLANCO!
- ¿Un póker? – Les preguntó Sirius una vez ella salió por la puerta
Si durante la semana anterior, los rumores sobre la serpiente en la puerta fueron intensos, aquella se convirtieron en un auténtico fulgor. Ron se encargó de dejar correr que fue Malfoy quien lo hizo, para decirles a sus compañeros de Slytherin, que si no estaban con él, les mataría. Para colmo, añadió que si ellos sucumbían a tales amenazas, demostrarían que carecían de personalidad y de fuerza contra los déspotas, y que así hasta un escorbuto podría dominarlos. Semejantes comentarios no cayeron bien en la casa verde, que detestaban que un Gryffindor dijese tales cosas de ellos y que encima fuesen verdad.
Malfoy se vio sin los pocos seguidores que le quedaban. Ya ni Crabbe, ni Goyle le secundaban por los pasillos y a partir de entonces, comenzó a probar la misma medicina que había estado otorgando durante los seis años anteriores. Se convirtió en el blanco de los abusos de otros como él y de los que deseaban, con todas sus ganas, ponerle en su sitio. Para el rubio fue el colmo y, sabiendo a quién culpar, se fue directo hacia el pelirrojo en cuanto le vio solo. Claro que vio mal, porque después de que Ron recibiera un puñetazo suyo, nada más torcer en una esquina, se quedó helado al ver que le seguían Snape, Remus y Dumbledore. Así que el pelirrojo tuvo la excusa perfecta para devolverle cinco golpes antes de que pudieran separarlos, no en vano entrenaba cada mañana, era mucho más fuerte, más alto y más rápido que Malfoy. El incidente acabó con el rubio visitando de nuevo la enfermería, por tener un labio partido, la nariz rota, el mentón doblado y una contusión en cada pómulo. Sin haberlo querido, convirtió a Weasley en todo un rey.
Cuando al sábado siguiente, cada uno se colocó en su lugar de Guardianes, en La Cámara de Los Fundadores, y Emy intentó meterse en sus mentes para fracasar en el intento, Harry y Ron saborearon el primer triunfo de la temporada. Por fin algo de lo que realmente sentirse orgullosos y, encima, les acompañó la noticia de que sólo les quedaba una semana con los hechizos defensivos para tenerlos dominados, de ahí pasarían a los ofensivos, los cuales tenían muchas más posibilidades. Emy permitió una semana más tranquila a los muchachos y les quitó el entrenamiento de las noches, eso sí, advirtió a Harry que debía tener mucho cuidado con sus sueños, ya que él también tenía poder en ellos y eso hacía más fácil las conexiones exteriores.
Poner resistencia les había dejado bastante más exhaustos de lo que ellos habrían imaginado en un primer momento. Menos mal que al día siguiente era domingo, el último del mes de septiembre, un mes demasiado intenso, en que no había cicatrizado apenas la añoranza por las chicas. No eran ni las once cuando volvían a la sala común y, por supuesto, allí estaban todavía Seamus, Dean, Neville, Lavander, Patil, Colin, Alyson y Dennis, el hermano pequeño de Colin. Jugaban al snap explosivo y quien perdía hacía prueba impuesta por los demás. Se estaban riendo de lo lindo viendo a Neville intentar andar sólo sobre sus manos. Les invitaron a quedarse y participar pero ellos rechazaron la oferta por agotamiento. No es que sus compañeros supieran qué hacían a esas horas por ahí pero todos intuían que ellos tenían entrenamientos especiales por ser Guardianes de La Unión de las Cuatro Sangres y, por supuesto, porque nunca les habían negado semejante información.
Harry se deslizó por las sábanas con la sonrisa puesta en la cara, al menos esa noche podía pensar en Ginny. Ron murmuraba algo que no llegaba a entender, aún no habían cerrado las cortinas de sus camas y el pelirrojo buscaba algo en su baúl hasta que por fin Harry vio lo que era, una botella.
- ¿Qué haces con una botella?
- He hablado con Alyson sobre la película que nos pondrán la semana que viene. Al parecer ella ya la ha visto y me la contó y ¿sabes?
- ¿Qué?
- Los muggles mandan mensajes en botellas
- ¡Ron! ¡No seas inocente! – Harry se rió de él
- Sólo necesito que tú y Sirius me ayudéis – Poco le importaba a Ron que Harry no le tomase en serio, él ya tenía la mayor parte de su plan pensado - No pondré nada especial, ni daré pistas de que soy yo, o a quién va dirigido... Harry necesito hacer esto, llevo un mes investigando cómo poder decirle lo que siento... ayúdame... por favor
- Claro, amigo – Harry se vio conmovido por la ilusión de Ron - ¡Lo haré! pero no puede saberlo...
- Emy... se nos caería el pelo... ni ella, ni nadie
- Sirius sí ¿Por qué?
- Él va a misiones, puede llegar hasta el mar y depositarla allí – Explicó Ron
- Sí, es cierto – Dijo Harry - ¿Y qué quieres que haga yo?
- Tú puedes decirle a la botella a dónde debe llegar, eres El Poder del Agua, tienes que intentarlo, yo confío en ti, yo sé que llegará
- Pero no tenemos garantía de que ella...
- Sólo esperanza, es mejor que nada – Ron miró la botella – Aunque mis palabras se queden en ella por los restos de los restos, al menos yo sabré que un día le dije todo lo que necesitaba que ella supiese
- ¿Cuándo quieres hacerlo?
- Esta semana intentaré escribir la carta, hasta ahora no había podido con eso de cerrar la mente
- Y yo que pensé que no te importaba
- Y no me importa, lo prefiero a martirizarme cada noche pero necesito esta semana para encontrar las palabras, he de ser sincero pero a la vez quiero ser...
- Entiendo
- Gracias, Harry
- Gracias a ti, Ron – Sonrió y cerró las cortinas – Mañana a los ocho y media
- Ni antes, ni después – Confirmó Ron - Buenas noches
- Buenas noches
Con la contagiosa loca esperanza de Ron, Harry dejó sus gafas en la mesilla para luego abrir el cajón y sacar del libro el trozo de pergamino. Lo miró en la penumbra y movió sus labios, manteniéndose mudo, para decir de memoria las primeras palabras: "Si me dieran a elegir, nos veríamos esta noche en el frondoso bosque en que me soñaste cuando me marché." Y así, con una sonrisa en la boca, cedió al cobijo del sueño y se dejó caer por el abismo de aquel privilegio concedido, volver a soñar con Gin. En las excelencias del idealismo, se meció hacia la oscuridad, en medio de una brisa en la que susurró su nombre para encontrarla, para sentirla, para desearla y amarla. Buceó por ella hasta la profundidad de su alma, confiando que hallaría su deseo.
El tiempo se perdió en los latidos de su corazón y el espacio se resumió a una simple isla, pequeña y conocida, en donde había un bosque frondoso con un arrollo que acababa en una refrescante poza. Sus pies tocaron el suelo despacio para hacer contacto y andar con agilidad entre los senderos acompañados de helechos y hojas, que comenzaban a caer de los altos árboles que gobernaban el lugar. Ella había andado por ese camino, seguramente en dirección a la gran poza, en donde el riachuelo cedía a las profundidades de un agua mansa. Miraba a derecha e izquierda, por si ella podía estar descansando a la sombra de alguna poblada copa de árbol, pero no, no estaba allí. El camino se fue abriendo para dar paso al río por el que caminó paralelo hasta llegar a su destino.
Y allí estaba ella, como si hubiesen quedado justo en aquel lugar, a aquella precisa hora. Le sonrió y Harry sintió temblar sus piernas. Corrió hasta ella para que no se desvaneciera en el aire, corrió para que le diese tiempo a abrazarla, como lo estaba haciendo en ese instante, aferrándola contra él por la mera necesidad de sentirla. Cuando se sació, se separó para contemplarla. Sus brillantes ojos miel incitaban a probar su dulzor, sus labios sonrosados sonreían para ser besados, su piel irradiaba felicidad y su pelo fuego era puro deseo. La besó como si fuese la primera vez y la última, como si ella fuese la única y dejó salir por fin su alma a pasear, sólo junto a ella, nada más que con ella. Las manos se entrelazaban para luego desunirse y tocar sus caras, los cabellos, las cinturas, las caderas, las espaldas y todo bajo un beso, que era, en verdad, la primera bocanada de aire limpio en un mes. Sólo se separaron lo justo para que de la boca de ella saliese un nombre: "Harry" y él ya no supo si alguna vez tuvo cordura, o si nació loco, o solamente para ella, porque ya no pudo evitar besar cada centímetro de su cara, mientras ella sonreía y repetía su nombre una y otra vez. Con la impaciencia que da el no poder tocar cada parte del cuerpo a la vez, cayeron de rodillas al suelo para recostarse el uno al lado del otro, hasta que Harry dio con su espalda en la tierra y ella ocupó sentada su pecho. Se separó de él para verle tumbado bajo ella. Harry dobló las piernas para que Ginny descansara su espalda y así se contemplaron un momento.
- Me vuelvo loco sin ti, Gin, pierdo el rumbo, porque ando entre sombras, no sabía de mi torpeza hasta que soltaste mi mano
- Mi amor, ellos no saben nuestro secreto, no podrán quitarnos esto... has tardado tanto en venir – La voz de Ginny sonaba a melodía para Harry
- No me dejan... él se cuela en mis sueños, Gin, no puede verte, sino nada habrá valido la pena
- Entiendo, debemos tener precaución, no podremos hacerlo siempre
- Sólo eres un sueño – En el tono de Harry se escapó la melancolía
- ¿En serio? ¿Es que no sientes mis besos? ¿No sientes mi peso sobre ti?
- ¡Oh, sí! Te siento demasiado sobre mí, tanto que voy a perder la cabeza
- Yo deseo perder la cabeza... por ti – Ginny bajó poco a poco hasta él, con su mano acarició los labios de Harry y comenzó a besarle la frente, los ojos, la nariz, las mejillas y la barbilla hasta que llegó a la boca y dejó que él la atrapara como sabía hacer, con un beso sensual, tierno y a la vez apasionado, un beso que decía: "Te amo tanto como te necesito"
- Loco, me estás volviendo loco – Murmuró Harry al oído de su pelirroja, haciendo que Ginny gimiera y él casi se desmayara al oírla – No sé sí...
- Sí lo sabes, claro que lo sabes – Ginny deslizó sus manos por el desnudo pecho de Harry, quitándole la ropa con una increíble facilidad – Quiero que me enseñes tu locura. Quiero perder mi cordura en tus brazos, en tu pecho
- Fuego, eres puro fuego – Harry sonrió, girándose y colocándose encima de ella
- ¿Lo dudas?
- No
- Ven a quemarte
Ginny atrajo a Harry a su pecho, en donde él se perdió con sumo gusto pero la ropa comenzaba a molestarle, así que fue recogiendo el suave camisón con cuidado, hasta subirle a la altura de sus pechos. La miró para pedirle permiso pero ella sonrió como si el permiso se le hubiese concedido hacía años. Levantó sus brazos para decirle que ese camisón debía salir de allí y Harry obedeció, viendo por primera vez los senos de Ginny, de hecho, viéndola desnuda por completo. No puedo evitarlo y se apartó un poco, dejando a Ginny algo confusa. Y es que estaba alucinado contemplando la belleza de su pequeño cuerpo desnudo, analizando las perfectas líneas que formaban a la que él siempre llamaba "su pequeña bailarina". Sus ojos brillaron por el esplendor de lo que veía.
- Eres absolutamente hermosa – Dijo con voz titubeante mientras la seguía admirando – Lo más bello que he visto en mi vida
- Gracias, ahora debo deleitarme yo – Se acercó a él y comenzó a deslizarle el pantalón. Harry no se había fijado que él llevara el pijama puesto, le resultó irónico que fuese el mismo de su primera cita con ella y que, en su primera vez, también estuviesen ambos con esa ropa de cama. Ayudó a Ginny a deshacerse del pantalón. Al verse él desnudo, en comparación con ella, se sintió avergonzado. Ginny abrió los ojos como platos y sonrió - ¡Oh, Señor!
- ¿Qué? – Preguntó inseguro Harry
- Tú eres lo más sexy y deseable que yo he visto en mi vida – Ginny tenía las mejillas sonrojadas y no paraba de mirarle como si ella no estuviese desnuda y él sí
- ¿Lo dices en serio?
- Tan en serio que creo que nos han hecho para encajar – Ginny se acercó a él y se abrazaron por primera vez desnudos, descubriendo una nueva sensación, la del contacto de toda su piel
Comenzaron a girar en un baile, con sus cuerpos pegados, sus bocas comiéndose y sus brazos aferrándose y, poco a poco, fueron entrando en el agua cálida de la poza, hasta sumergirse por completo. Iniciaron un juego en el que cada vez aumentaba más y más su deseo. Lo curioso es que ellos no sabían qué debían de hacer, pero no se sentían patosos, allí no había cabida para absurdos temores, si sus cuerpos nacieron para acoplarse, ellos mismos darían con la forma. Harry atrapó por fin a su presa subiéndola a su cintura y agarrándola con firmeza de las caderas. Sus pechos le quedaban a una buena altura, su piel mojada resbalaba y era aún más sensual. Notaba como su miembro iba a estallar de un momento a otro y parecía que Ginny también iba a hacerlo, porque gemía con mayor intensidad. Sin saber cómo, ambos comenzaron a moverse para encontrarse, hasta que por fin, despacio y con absoluta ternura, se fueron fundiendo en un solo ser, encajándose el uno en el otro, hasta sentir un placer que nunca habían ni imaginado. Ginny comenzó a convulsionarse y Harry se dejó hacer, agarrado férreo a su cadera y anclándose con todas sus fuerzas al suelo y a ella, lo cual produjo a Ginny aún mayor placer. Comenzó a ayudarla en aquel vaivén y creyó que iba a desmayarse allí mismo, cuando oyó como ella le susurraba entre gemidos: "No te detengas, no lo hagas". Sus órdenes eran leyes para él, hasta que sintió como una energía le subía de los pies hasta el mismísimo miembro, en donde estallaba sin control haciéndole murmurar: "Esto no puede ser un sueño". Para terminar, encontró la boca de Ginny, en donde desahogó todos sus sentimientos. Cuando ella se deslizó por sus piernas hasta tocar el suelo con sus pies, temblaba entre sus brazos, al igual que él. Se miraban directamente a los ojos y en Ginny se podía ver agua en ellos por pura felicidad. Salieron despacio de allí con las manos enlazadas, subieron hasta la sombra del árbol, en dónde les esperaban dos grandes toallas. Harry secó a Ginny, con suma delicadeza, mientras seguía besándola, esta vez con más ternura que pasión. Ella se dejaba hacer hasta que ambos se vistieron, una con su camisón y el otro con su pijama. Se tumbaron encima de las toallas, preguntándose por qué no estaban mojadas. Harry acogió en su pecho a Ginny, que le acariciaba el torso que descubrían los botones de la chaqueta.
- Harry
- ¿Sí, mi amor?
- Quiero volver a tener un sueño como este
- Sólo tienes que decir dónde y cuándo
- Aquí, en un mes
- Está bien
- Harry
- ¿Sí, mi amor?
- Quiero sentirte cada día
- Sólo tienes que decirme cómo
- Vuelve a llevar el colgante y cuando llegue el frío, sabrás cómo
- Está bien
- Harry
- ¿Sí, mi amor?
- Te amo
- Te amo
Y así, con una sonrisa en la boca por estar abrazos, cedieron al cobijo del sueño y se dejaron caer por el abismo de una ceguera escalofriante de temor presentido, se encaminaron hacia el sancionado, frustrado y odiado regreso, el despertar.
Cuando Harry abrió los ojos y vio que la mañana del domingo ya estaba instalada en su cuarto, aunque no sobre sus compañeros, no pudo menos que ahogar un grito de desesperación a la vez que de regocijo. El odio por volver a su mundo real, sacaba también el haber experimentado la mejor vivencia de toda su existencia, real o imaginaria. Su cuerpo estaba empapado en sudor y su cama estaba mojada en diversas formas, prueba irrefutable de un sueño real. Saltó de la cama, cogió sus gafas, su varita y se fue hacia su baúl. De él sacó el pensadero que le había regalado Hermione y como en tantas otras ocasiones, depositó aquel sueño en él, como hilo de plata que salía de su cabeza para descansar, por siempre, en las movidas aguas de sus recuerdos cristalinos.
