Buenas tardes.- saludó Harriet deteniéndose en el centro de la estancia con el cuerpo ligeramente echado hacia adelante y las piernas abiertas. Sherlock no se dejó intimidar.
Buenas tardes.- replicó con calma, sin apartar la vista de ella.
¿Puedo pasar?
De hecho... ya está dentro – con un elegante gesto de la mano, Sherlock le ofreció asiento. Harriet se encaminó hacia la silla donde Sherlock sentaba a sus clientes -. ¿Le apetece un poco de té? - ofreció, por mera cortesía.
Claro. Gracias.- asintió ella.
Bien, dígame... ¿en qué puedo ayudarla? - la voz de Sherlock procedía de la cocina mientras lo preparaba todo. Pese a su cordialidad, el ambiente era demasiado tenso, y si ninguno de los dos daba el paso, aquello se alargaría más de lo necesario y no hallarían solución alguna.
Como recordará, usted fue a mi redacción.
Sí.
Y conoció a mi jefa.
En efecto, hablé con ella.
Philip Swanson.
Ese soy yo.- dijo Sherlock regresando a su lado con el té ya listo.
Le dejó una carta a Rocío.
Exactamente.
Está aquí.- Harriet abrió su bolso negro y sacó el sobre, abierto, mientras clavaba la mirada en Sherlock. Él no se inmutó.
¿La ha leído?
Por supuesto.
¿Por eso está aquí?
Por eso... y por responder a su llamada.
Así que mi carta la ha traído aquí.
Sí.
Pero no estaba dirigida a usted.
Si es para Rocío, me incumbe a mí.
Por supuesto, desde luego que le incumbe a usted – los ojos azules de Sherlock parecieron atravesar a Harriet en ese momento, aunque el detective no movió un solo músculo del cuerpo más que los de la boca -. Pero no directamente. Si ha leído bien la carta, sabrá que es un mensaje solamente para ella.
Le dijo que mi actitud era rastrera, pero que era peor recibir amor de quien estaba aún más incapacitada.
No he dicho una sola mentira.
Demuéstrelo.
Tiene la prueba en su mano. Releamos la carta juntos, si le parece.- Sherlock se levantó para deambular por la habitación. Harriet bajó la mirada y abrió la carta, molesta por tener que enfrentarse de nuevo a esas líneas.
"Cuando descartas lo imposible, lo que queda, aunque
parezca improbable, tiene que ser la verdad.
Sherlock Holmes/Philip Swanson."
Ante el silencio reinante, Sherlock se giró hacia Harriet.
No es tan complicado leerlo. Está en nuestra lengua.
Lo he releído cerca de cincuenta veces... - bufó.
… Y sigue sin entenderlo.- completó Sherlock.
¿Es esto una amenaza?
No.
¡Ya es suficiente! ¿Qué demonios es esto? - exclamó levantándose finalmente de la silla, incapaz de controlarse al no comprender aquella situación. Sherlock la miró fijamente.
Temperamental... y no llevamos hablando ni cinco minutos... interesante. Si algo no sale a su gusto, explota en un berrinche infantil porque eso es lo que le ha funcionado toda la vida. Por eso tiene un carácter dominante. Porque a base de enfados se le otorgaba todo. Se aprovechó de una fase de rebeldía propia de la adolescencia para forzar las situaciones a salir a su gusto, pasando por encima del hecho de que su madre agonizaba y John estaba con un pie fuera de Oxford, listo para salir corriendo en cualquier momento. Por eso su carácter es, a veces, servil. Digno de un soldado, digno de un médico. Siempre listo para ayudar a todo el mundo a costa de su propia salud... simplemente porque en su momento, no tuvo sólo una carga, tuvo dos. La otra era usted.
¿De qué conoce a John?
Es mi compañero de piso. Y su rostro es un libro abierto. Sé que su madre falleció cuando él tenía diecisiete años, a punto de cumplir los dieciocho.
Se lo habrá contado él... maldito estúpido, siempre haciéndose el duro... - Harriet empezó a moverse por la habitación con los puños apretados de tal manera que los nudillos se le habían vuelto blancos.
No. Lo deduje, como deduje cosas de su pareja, señorita Watson. Y puesto que yo sé lo que ocurrió de verdad aquel día... el día que "me suicidé"... Si yo destapo todo cuanto sé, su columna se irá al garete y con ella, su puesto de trabajo y también su relación. No le conviene seguir vertiendo injurias sobre mí ni sobre su propio hermano.
¿Por qué? ¿Va a hablar entonces? Es sólo un fraude.- Harriet le lanzó una mirada despectiva.
Toda su vida, señorita Watson, ha crecido con un complejo de inferioridad. No importa que tenga una carrera, que tenga pareja y que no le vaya del todo mal. Su columna no tiene demasiados seguidores y por eso se entrega al sensacionalismo más absurdo. Se compara con su hermano, que sale en los mismos periódicos donde trabaja usted, y donde él solo ocupa una página casi entera, mientras que usted tiene tan sólo los módulos que corresponden a una columna de opinión. Y mientras que John apenas hace nada para salir en los medios y trata de evitarlos a toda costa... salvo por ese blog que escribe por motivos terapéuticos, dicho sea de paso, usted se deja la piel por escribir algo digno de ser publicado; algo que le cuesta días o semanas, y todo para un éxito mediocre. Cualquiera estaría decepcionado, pero también intentaría mejorar su situación cambiando de temas o mejorando el estilo, en lugar de verter ríos de tinta en una absurda campaña de desprestigio y difamación, cuando todos mis casos, todo lo que he resuelto, es corroborable. ¿Qué ha hecho usted? Nada. Todo esto viene de ese sentimiento, que también le impide mantener una relación de pareja estable y duradera. Eso, además, hace que se entregue a la bebida, pensando que es sólo una víctima, cuando es la más culpable de todos de su propia situación. Y por último, Rocío es la viuda de Moriarty. ¿Verdad? - al oírle, Harriet se quedó blanca y paralizada en el sitio.
¿De qué demonios habla...?
Cuando fui a la redacción, vi la placa con su nombre: Rocío M. Brooks.
No... Es Rocío Brooks.
No, lo he comprobado. Además, con su aspecto, su acento y su pronunciación del inglés, es muy poco probable que haya nacido en Inglaterra o que tenga parientes británicos. Además, es obvio que no está casada, pero aún mantiene una mirada triste. Tiene la marca de haber llevado una alianza de boda, pero tiene ojeras porque aún llora por las noches. Tal vez esa M extra no sea parte de su nombre real. Tal vez sólo sea un homenaje.
¿Por qué iba a estar conmigo la viuda de Moriarty?
¿Por qué usted desprecia a su propio hermano? Soy detective, no una enciclopedia. No sé por qué el ser humano es tan estúpido. ¿Quién tuvo la idea de verter todos esos insultos sobre mí?
Las dos.
Bien. Las dos tienen motivos para estar enfadadas conmigo. ¿Puedo sugerir que es una alianza temporal? Rocío no está enamorada de usted. La utilizó para llegar hasta mí, no sé con qué objetivo. Pero como le he dicho... si llegase a explicar algo de todo lo que sé, hundiría su vida, señorita Watson. Y probablemente la de ella. Así que hágase un favor y cambie de diario, o de jefa, o haga lo que quiera pero aléjese de John y de mí. Deje de escribir sobre nosotros y haga algo de provecho con su vida.- Harriet le miró furibunda.
Supongamos que no quiero. ¿Qué hará usted?
Él nada. Pero hablaré yo.- Sherlock alzó la mirada y Harriet se volvió hacia la puerta. Allí estaba John, con Greg a su lado, acompañados por Rocío. Los tres llevaban allí de pie el tiempo suficiente para haber escuchado casi toda la conversación.
John... - murmuró Harriet, como si acabara de ver a un fantasma. El médico avanzó con dificultad por la sala hasta detenerse delante de su hermana, con una mirada serena pero molesta a la vez.
Sherlock no tiene nada que hacer en esto. Es un problema únicamente nuestro.
