Advertencias

Nada relacionado con la maravillosa mini-serie Band of Brothers me pertenece, salvo los OCs que aparecerán.

NO soy escritora, esto es por diversión. Estoy abierta a cualquier duda o crítica fundamentada y respetuosa.

El hilo de la trama se basa en el de la serie, de este modo, escenas, diálogos, etc, pueden estar inspirados o tomados de ella. Otras muchas cosas son ficción y surgidas de mi imaginación.

Esta historia puede contener violencia y lenguaje soez, así cómo escenas de carácter sexual subidas de tono.

Aunque esta historia surge del entretenimiento, no pretende ofender ni herir a nadie al tomar nombres y personajes que realmente existieron, ni al revivir acontecimientos históricos, ni al inventar cosas que jamás sucedieron

Capítulo 37

Se suponía que la patrulla debía haber vuelto hacía un cuarto de hora tras cruzar el río para hacer más prisioneros, repitiendo el proceso que tan sólo dos días atrás habían llevado acabo los mismo hombres.

Victoria esta vez se sentía mucho más angustiada, ya que Eugene era parte del grupo debido a la mayor distancia y peligrosidad de la misión, que hacia precisar de un médico cerca.

La emoción y felicidad que había sentido durante casi 48 horas se había visto desvanecida, relegando en un diminuto espacio de su alma el recuerdo de la declaración hacia el médico, y la que este a su vez le dio y había hecho que su mundo lleno de dudas y temores se derrumbara.

Nada tenía por que cambiar ni hacer que él se alejara; La quería y sentía lo mismo, y estaba dispuesto también a luchar contra todo lo que tratara de interponerse entre ellos. Pero a pesar de todo, el potente recuerdo no ganaba al miedo que creaba la incertidumbre y que hacía que su sonrisa se borrara en segundos mientras caminaba dentro de una de las casas.

La joven doctora pudo darse cuenta de nuevo, como su negro pasado le había enseñado, que el miedo y la ansiedad eran mucho más potente cuando se tiene algo que perder. Algo tan importante como lo eran muchos de esos chicos para ella, sus amigos, su familia... Todo lo que tenía, y ahora estaban jugándose la vida por centésima vez mientras no podía hacer nada salvo esperar y rezar.

Victoria se paró en seco al escuchar sonidos en el exterior, con lo que velozmente se dirigió a la salida con el corazón en un puño, encontrándose con uno de los grupos de regreso. Pronto descubrió que aquel no era en el que iba Eugene ni Guarnere, no obstante, se alivió por la parte que les tocaba al resto de sus amigos que iban en la patrulla.

Los chicos estaban saliendo de las barcas en silencio, con caras decepcionadas y enfadadas mientras ella buscaba con la mirada a Malarkey y a Luz, pero no pudo acercarse cuando Ledger llegó frente a ella.

–Creo que voy a necesitar tu ayuda. –Dijo mientras el capitán presionaba cerca de su hombro un trozo de ensangrentada venda.

–Vayamos a la enfermería ¿Qué ha pasado?

Ambos se encaminaron hacia el edificio mientras Victoria se posicionaba al lado izquierdo de Ledger, ocupándose de la herida.

–No hemos podido capturar a nadie. Nos han descubierto y han abierto fuego con todo lo que tenían. ¿No ha vuelto el otro grupo? –Jack continuó cuando la chica negó con la cabeza–. Joder, espero que no les esté yendo tan mal como a nosotros.

–¿Han herido a alguien más?

–A Powers y a García. Se fueron con Spina en un jeep. El cirujano tendrá trabajo con García, que es el que está jodido, pero dicen que se salvará.

Victoria suspiró ante la noticia, entrando con el capitán a la enfermería. Ledger se sentó en una de las sillas, manteniendo la presión sobre su brazo mientras la mujer sacaba lo necesario, sentándose después al lado de este.

–¿Hay nuevas noticias sobre el destino de la compañía, señor?

Ledger sonrió ante la última palabra de su frase, contemplando como la mujer le ponía morfina y preparaba el plasma sin mirarlo, aparentando naturalidad.

–Victoria, que me hayas rechazado no significa que tengamos que volver al pasado. Sigo proponiéndote lo mismo, que nos conozcamos más, y quién sabe, quizás pronto me dejes penetrar las barreras que has construido contra el amor.

La mujer no dijo nada, limitándose a mirarlo con su mejor expresión de tranquilidad y cortesía, esbozando una sonrisa fingida, prosiguiendo con su trabajo cuando él volvió a hablar para contestar a su pregunta.

–Sí que hay nuevas, sí. El mayor Winters, supongo que ya sabes que lo han ascendido –agregó haciendo asentir a Victoria–, nos comunicó a los oficiales que partiremos muy pronto hacia Alemania, puede que en un par de días. Hitler tiene los días contados.

–Esperemos que sea así, es una buena noticia.

El castaño asintió mientras sacaba su paquete de cigarrillos con el brazo sano, encendiéndose uno con tranquilidad, ignorando que Victoria había dejado de limpiar su herida y lo miraba de soslayo pensando en hablar a continuación.

–¿Entonces todo está bien entre nosotros, Jack? –Preguntó tras vacilar largo rato, escudriñando los gestos de su superior, tratando de hallar algún deje de falsedad en su respuesta.

–Claro. Ya te lo he dicho antes. Iré al ritmo que sea necesario, porque no me gustaría perder a una chica tan bonita como tú.

–Bueno, no todo son cosas buenas. Podrías salir ganando más cosas sin estar conmigo. No soy como la mayoría de mujeres, quizás no nos entenderíamos bien. –Agregó Victoria firmemente, ignorando el coqueteo del capitán.

–Sí, ya sé que eres muy independiente y esas cosas, pero en el fondo todas queréis lo mismo; Una buena casa, un marido que pueda manteneros, y un par de chiquillos. Yo puedo conseguir esa felicidad fácilmente, y créeme, te encantaría.

La mujer se forzó en sonreír, volviendo al brazo de Ledger mientras en su interior confirmaba que aquel hombre jamás podría caerle en gracia del todo, pero obvió el discutir con él, ya que sería una tarea absurda, así pues la chica se limitó a asentir y continuar trabajando riéndose en su interior del chasco que el capitán iba a llevarse cuando viera que iba a tener que buscarse a otra para llevar acabo su gran plan de felicidad.


Luz miró su reloj de muñeca mientras el silencio en la sala principal de la casa junto al río continuaba sumergida en el mutismo más severo, y los chicos seguían con la mirada perdida y las facciones rígidas, esperando que el segundo grupo volviera.

El lóbrego silencio fue roto cuando la puerta que comunicaba con el exterior se abrió, dando paso a Winters y Nixon. Ambos llevaban la preocupación impresa en el rostro, como el resto allí presente.

–Buenas noches, muchachos ¿Aún no ha vuelto el segundo grupo? –Preguntó el pelirrojo, apretándola mandíbula cuando el resto negó con la cabeza.

–Deberían haber vuelto hace una hora, señor.

El mayor asintió con seriedad mientras posaba la mirada en Malarkey, pero antes de que pudiera hablar de nuevo la puerta se abrió, dando paso a Victoria.

–Buenas noches. –Susurró ante la imagen mientras aguantaba las ganas de preguntar, sabiendo que si Winters estaba allí, era por algo malo. Pronto entendió que el resto de los chicos no habían regresado.

–Malarkey, reúna una escuadra y salgan hacía la posición. Han debido quedar atrapados por el enemigo en algún punto. Llevaos grandas y el mortero –habló el pelirrojo firmemente, haciendo que todos se pusieran en marcha–. Luz, quiero que contactes conmigo en cuanto los encontréis, y que me informes de la situación.

–A la orden, señor.

El alboroto duró poco minutos, y entonces la sala se vació prácticamente, quedando en silencio con la única presencia en el salón de los dos oficiales y la española.

La morena habló tras vacilar un instante, haciendo que tanto Winters y Nixon se giraran al oír su voz, la cual se esforzó por no parecer trémula.

–Señor ¿podría ir con ustedes para saber qué está ocurriendo con los chicos? Por favor.

Winters se lo pensó un minuto tras mirar fugazmente a su amigo, pero terminó aceptando al mantener la mirada a Victoria, la cual derrochaba un sufrimiento demasiado intenso, que su conciencia no pudo ignorar.

–Está bien, vámonos.

–Muchas gracias. –Dijo con enorme alivio y gratitud la chica, encaminándose tras la pareja de oficiales hacia el exterior, agarrando fuertemente la banda de su bolsa médica mientras su mente no dejaba de dar vueltas a lo que estaría ocurriendo más allá del río.

Nunca había creído en algo parecido a un Dios, pero en aquella circunstancia ni siquiera se sintió ridícula al rogar interiormente con todas sus fuerzas a los cielos para que todos aquellos hombres estuvieran bien y regresaran.