Fuente: . ?uid=1113899
Mis ojos se abren en el momento que siento el fuego en mi garganta y no llego a registrar nada de mí alrededor salvo la necesidad de salir corriendo al baño. Llego justo para agacharme frente al inodoro para descargar la primera tanda de bilis. Así he despertado las últimas tres semanas. Sin embargo, el tiempo que paso frente a la cerámica blanca se va reduciendo día a día.
Después de media hora de evacuar la nada que tiene mi estómago me meto en la ducha para sacarme todo el sudor frío que me deja el malestar matutino y a pesar que me siento cansada, debo confesar que dormí bastante bien y de corrido. Mientras el agua caliente me baña recuerdo el día de ayer junto a Peeta. Realmente me siento aliviada porque pudimos aclarar algunos de los problemas a los que nos enfrentaremos de aquí en más y creo que tenemos un plan.
Bajo a desayunar y me doy cuenta que es más tarde de lo que pensaba, porque mi comida está sobre la mesa y mi madre está leyendo en la sala. Pero no logro escabullirme.
- Buenos días, ¿cómo te sientes hoy?- me dice en voz baja.
- Estoy igual, cansada y sigo vomitando.
- Te dejé té de manzanilla y bizcochos arriba de la mesa de la cocina. Ayer llegaste tarde, ¿fuiste a cazar?
- No, salí con Peeta, teníamos que aclarar un par de cosas y todo este mes con la televisión encima no nos dejó resolver algunos temas.
- Katniss…
- ¡Mamá! ¿Qué me vas a decir? Además, no nos vio nadie y, sabes muy bien, que estando embarazada no voy a quedar embaraza, así que no tienes de qué preocuparte- la oigo hacer un graznido- te quería avisar que van a venir a cenar los Mellarks, Haymitch y Effie. Peeta y yo tenemos un par de temas que tratar con todos ustedes. Puedo ayudarte a preparar la cena, si quieres.
- Entiendo, tú sabrás lo que estás haciendo. ¿Necesitamos comprar algo? Puedo ir al pueblo si quieres.
- No, no es necesario. Voy a ir al sótano a buscar los ingredientes para la cena, ¿se te ocurre algo?
- Podría hacer la receta de mi madre de carne al horno con papas. Desde que murió tu padre nunca tuvimos …
- Me parece bien.
En silencio bajamos al sótano en dónde hay un freezer, un lujo del Capitolio que nunca podríamos habernos dado sino no hubiera salido del horror de la Arena. Dentro guardamos las raciones semanales de carne que nos llegan. De a poco, lo iré llenando con las presas que cace así acopio para el invierno. Al lado hay una despensa en donde empezamos aguardar las verduras y las frutas que nos llegan. Como está oscuro y seco, se mantienen mejor que en el frío. En silencio buscamos dos pedazos grandes de carne, papas, batatas, cebollas.
- ¿Tenemos que hacer el postre?- me pregunta mi madre.
- No sé.
- ¿Sabes si los Mellarks traerán algo?
- No arreglé nada.
- ¿Por qué no llamas a Peeta y le preguntas?- me dice como si fuera lo más común que tengamos teléfono.
- Está bien.
Mientras mi madre comienza los preparativos para la cena, aprovecho para llamar a Peeta. El teléfono, todavía no me acostumbro a él. Marco el número y después de sonar tres veces, Peeta contesta.
- Mellak- contesta muy serio.
- ¡Hola!, ¿cómo dormiste?
- ¿Katniss? Hola amor, dormí bastante bien para lo que duermo normalmente. ¿Pasó algo? ¿Qué raro que me llames por teléfono?
- Si, es verdad, no me acostumbro, más estando a metros de tu casa. Mi madre quiere saber si tu papá va a traer el postre o algo.
- No. Ahora salgo para avisarles. A la tarde voy a preparar algo yo. ¿ A qué hora les digo?
- Te parece seis y media, siete de la tarde.
- Está bien. ¿Puedo ir antes yo?
- Por supuesto. Hasta luego.
- Beso- me dice antes de colgar.
Vuelvo a la cocina a comentarle a mi madre que los Mellarks se encargarán del postre. Mientras pelamos las papas y las batatas, aprovechamos para preparar un almuerzo liviano. Debo admitir que me ha aumentado un poco el apetito y la doctora Clora me recomendó que no hiciera períodos de ayuno prolongados. Finalmente, mi mamá invita a mis recientemente descubiertos, los Hawthornes.
Después de comer me da un poco de sueño, entonces subo a mi habitación a dormir una siesta. Otro lujo que no podría darme si no hubiese ganado los Juegos del Hambre y algo que hasta la semana pasada no podía ni imaginar. Mi sueño no es profundo, porque cerca de las cuatro de la tarde, me despierta el timbre, seguido por una corrida y unas risitas de Prim.
- ¡Peeta!- la oigo chillar- Katniss está durmiendo la siesta, pero qué bueno que viniste.
Siento el movimiento en la planta baja. Entonces decido calzarme, ponerme un vestido simple, arreglarme un poco el pelo y bajar a ver qué está pasando. Cuando llego a la cocina, veo que Peeta y Prim están muy ocupados decorando galletas de todos los tamaños que están esparcidas por toda la mesa de la cocina. La cara de Prim está iluminada por la sonrisa y me emociona ver la cara de adoración que tiene Peeta cuando la mira. Silenciosamente me acerco a Peeta y le digo al oído:
- Llegaste temprano.
- ¡Katniss! Sí que es silenciosa tu hermana, ¿no?- se hace el sorprendido mientras le guiña un ojo a Prim.
- Tú la conoces tanto como yo, o más- contesta mi hermanita y yo la miro confundida.
- ¿Quieren té?- pregunto.
- Por favor- contestan ambos.
- ¿Dónde está mamá?
- Fue a ver a un paciente- contesta Prim- Estamos casi como en los viejos tiempos, antes de la cosecha.
- Salvo que ahora todos saben que estoy loco por tu hermana- dice Peeta.
- Eso siempre fue evidente, ahora es oficial- agrega Prim.
- ¿Cómo reaccionó tu mamá, Katniss? Al principio no estaba muy convencida- me pregunta Peeta.
- Dadas las circunstancias, creo que está resignada. Pero no va a tener que convivir mucho con eso- y al decir esto, Prim me mira confundida- Por eso es la cena, patito, tenemos algo que contarles.
- ¿Ahora?- me pregunta haciéndome puchero mientras miro a Peeta que asiente con la cabeza.
- Prim, te lo voy a decir, pero tienes que tienes la boca cerrada siempre, ¿entendido?- le digo exasperada.
-¡ Katniss! Sabes que puede soy discreta, ¿no le he sido con ustedes dos? ¿O piensas que no me daba cuenta de lo que pasaba?
- Nos vamos a casar- le digo directamente como dándole un voto de confianza- Pero sólo nosotros podemos saberlo.
No termino de decírselo cuando sus brazos ya están abrazándome.
- No voy a preguntarte por qué, pero me pone muy feliz- me dice al oído- Hermanito, bienvenido a la familia. Siempre quise tener un hermano varón- le dice a Peeta mientras lo abraza.
- Y ustedes dos parecen hermanos en serio- les digo guiñándoles un ojo.
El resto de la tarde transcurre sin problemas. Yo me dedico a ver a Peeta y a Prim decorar las galletas y a comer las que no les gustan. Cerca de las seis de la tarde vuelve mi madre y le ordena a Prim que vaya a arreglarse. De ésta forma, Peeta, mi madre y yo nos quedamos solos por primera vez desde que volvimos al Distrito Doce.
- Peeta- dice mi madre aclarándose la garganta mientras se sienta con un té a la mesa- Creo que de ahora en más nos veremos más seguido, aunque no hemos sido presentados.-
-¡ Mamá!- la miro como reprochándole la forma en que se dirige al padre de mi hija.
- Señora Everdeen- dice Peeta aclarándose la voz- Nunca quise causar problemas, mis intenciones son serias.
- Puedes llamarme Laurel y, por lo que he visto hasta ahora, te creo que son serias. Pero quiero que entiendas que la situación en que está Katniss ahora no es muy cómoda. Si no hubiera sido por todo este circo, ¿qué hubiera pasado?
- Laurel, yo voy a casarme con Katniss, y lo hubiera hecho de cualquier manera, con o sin Juegos.
- No creo que tu madre hubiera estado de acuerdo.
- Lo que diga o quiera mi madre no importa- agrega Peeta y los ojos de mi madre parecen dos huevos fritos- Siempre estuve dispuesto a sacrificarme por el bienestar de Katniss y después de todo lo que pasamos, no quiero esperar mucho más.
- ¿ Por eso organizaron la cena?
- Si- le contesto secamente- ¿Podemos esperar para hablar del tema?- le pregunto.
Justo antes de que mi madre conteste suena el timbre. Mi madre va a atender mientras Peeta y yo la seguimos por detrás. Y de repente, la casa se empieza a llenar de gente. Primero llegan Hazelle, Posy, que se la ve muy tímida con Peeta, Rory, Vick y Gale que nos saludan distantes. Detrás están Effie y Haymitch, que está sorprendentemente sobrio.
Los últimos en llegar son los Mellarks. Primero entra Lahoh, el padre de Peeta, que le da un abrazo de oso a mi madre.
- Laurel, tanto tiempo- le dice cariñosamente- Katniss, que gusto verte querida- me dice mientras me da otro abrazo de oso.
Detrás viene Bannock, el hermano mayor de Peeta, que es un poco más frío que su padre. Pero cuando llega el turno de Naan, es como si hubiera llegado un huracán.
- ¡Hermanita!- me dice mientras me levanta del suelo con lo efusivo se su abrazo- ¿Dónde está la princesita rubia que vive contigo?- agrega mientras me deposita en el suelo y comienza a buscar a Prim con la mirada- ¡Allá está! Ven conmigo preciosa.
La forma en que Prim se estrella en los brazos de Naan hace que Peeta y yo nos pongamos colorados.
- Yo les llevaba pan y otros productos a La Veta mientras estuvieron en los Juegos y siempre me atendía Prim, ahora somos buenos amigos- confiesa Naan poniéndose colorado también por la confesión.
La única que falta es la madre de Peeta. Ella también se mantuvo visiblemente ausente durante todas las celebraciones de nuestra victoria. Soy consciente que a Peeta le molesta se reacción frente a nuestra relación, pero ayer lo vi más resignado que dolorido.
- La mesa está puesta- informa mi madre- Si quieren podemos pasar a sentarnos.
De a poco, todos nos vamos acomodando alrededor de la mesa. Mi madre en una cabecera y Lahoh en la otra. Yo me acomodo a la izquierda de mi madre, mientras Peeta se queda a mi lado. A la derecha de mi madre se sienta Hazelle y el resto se distribuye en la larga mesa. La cena transcurre tranquilamente y debo confesar que después del momento en que vi a mi familia en la estación de tren, este es mi noche favorita desde que volví de los Juegos. Siento que Peeta está mucho más relajado sin la necesidad de hacer un espectáculo de cada cosa que hacemos. Su padre está callado, pero parece disfrutar la velada. Sus hermanos, Bannock y Naan parecen divertirse bastante, la mayor parte de las bromas a nuestra expensa. Y es la primera vez veo a los Hawthornes relajados y no tratando de encajar en algún evento armado por el Capitolio.
Todos llevamos la ropa que usualmente usamos en el Distrito 12 y no algún vestido traído del Capitolio para la ocasión; y aunque me encantan los diseños de Cinna es agradable sentirme normal otra vez. Lo mejor de todo es que nadie habla mucho de los Juegos. Cada uno parece estar pasándola bien a excepción de Gale, que está excepcionalmente callado. Me pregunto si él estará incómodo alrededor de los Mellarks; ya que Gale siempre tiene cosas poco amables que decir sobre las familias de comerciantes mercantes. Me llama la atención, porque él ha estado negociando nuestras piezas de caza en la panadería durante años entonces y yo había pensado que se sentiría más cómodo con ellos de lo que parece ser. Alguno de nosotros tratamos de unirlo a la conversación pero él sólo nos da respuestas cortas.
Mientras mi madre y Hazelle reparten la carne y las papas al horno, la discusión se orienta a los talentos que deberíamos elegir. Se supone que cada vencedor desarrolla un talento, una afición para dedicar su tiempo a ya que no tendremos que trabajar más ni que volver a la escuela.
- Creo que intentaré con pintura. Siempre he pintados, pero ahora podré comprar los insumos que nunca pude, será interesante- dice Peeta- Podría pasar lo que hago sobre las tortas a lienzos más grandes.
-¡Ah, sus tortas son siempre tan hermosas- agrega Prim con un suspiro-¡ Estoy segura que tus pinturas serán geniales! ¿Cuál será tu talento, Katniss?
- No sé. ¿La caza es un talento?- pienso en voz alta un momento cuando termino de masticar una papa.
- No- se queja Haymitch- La caza es un crimen.
- ¿Tiro al blanco?- agrego y Haymitch solamente me mira- Todos me vieron con el arco y la flecha en la arena. ¿No sería interesante que la audiencia del Capitolio me conociera por un talento oficial similar al que me vieron hacer en los Juegos?
- Hay sólo una audiencia del Capitolio a la que tienes que agradar- me advierte Haymitch- No le des una excusa para que te castigue, preciosa.
- ¿ Cuál era tu talento, Haymitch?- pregunta Peeta.
- La bebida- se queja otra vez.
- Tú deberías cantar, Katniss- sugiere el padre de Peeta- Tienes una voz muy bonita.
- Lahoh ¿Cuándo me ha oído cantar?- le digo un poco desconcertada por su comentario.
El señor Sr. Mellark abre su boca para responder, pero antes de que él pueda hacerlo, Peeta me toma con cuidado la mano y me susurra:
- Rue.
Trato de contestar pero de mi garganta sólo sale un ruido como un graznido. Cierro mis ojos y tomo varias bocanadas profundas de aire para recomponerme. Peeta me da un beso rápido en la frente y me susurra que está todo bien, que estoy a salvo ahora. Él es el único que puede decirme eso y lo crea. Abro mis ojos y me doy vuelta para besarlo nuevamente antes de darme vuelta hacia todos los demás.
- Rue- tartamudeo hacia fuera- A veces me olvido que todos vieron lo que pasó.
- Siento haberlo mencionado- me dice el Sr. Mellark.
- ¡ No!, no su culpa suya, para nada- le digo- Es … que la muerte de Rue todavía a veces me perturba- tomo un vaso de agua y decido tratar de volver al asunto- Pero no quiero que cantar sea mi talento. Es demasiado personal para mí. Solía cantar con mi padre y después de que él murió sólo canto de vez en cuando. Sólo para la gente que quiero y no para entretener al público del Capitolio.
- Tienes que hacer algo, preciosa- dice Haymitch- ¿ Qué te parece cocinar? Podría usar a alguien para que me haga las comidas.
- Haymitch, es poco glamoroso- chilla Effie.
En tanto, mi madre mira a Haymitch enojada porque piensa que él se está comportando insensible frente a mi quiebre emocional como consecuencia de haber hablado de la muerte de Rue, pero reconozco la estrategia de mi mentor. El sentimiento de cólera que siento en éste momento hacia él logra arrastrarme lejos del abismo de desesperación en el que estaba cayendo y logra traerme a la realidad nuevamente. De todos modos, le frunzo el ceño, porque esto es lo que somos.
- Te gusta pasar tiempo en la pradera. ¿ Qué te parece arreglos florales?- sugiere Prim, aunque no pueda mantener su cara seria en relación a su sugerencia.
- Podrías tocar la flauta- sugiere Naan con una mueca.
- Podrías intentar pintar conmigo- sugiere Peeta.
- ¡ Ah, no!- digo- No tengo ninguna capacidad artística, en absoluto. No quiero arruinar tu talento solo porque no tengo nada para hacer- le contesto mientras que escucho la risita de Effie.
- ¡ Vamos!, podría ser divertido- agrega Peeta extendiendo su mano para acariciar el lado de mi cabeza y frotar mi mejilla con su pulgar y tengo que concentrarme para no emitir un gemido de forma audible- Podemos hacerlo juntos- añade suavemente, mirándome a los ojos- Se supone que el talento es como debería pasar nuestro tiempo. Podemos hacerlo juntos.
- Bueno- contesto con una sonrisa en mi cara, después de todo lo que nos pasó el último mes, pensar hacer algo junto a Peeta es demasiado tentador como para decir que no- Me gustaría eso.
- Si realmente eres tan mala pintando y todo sale mal- dice Peeta con una sonrisa tramposa- solo mostraremos mi trabajo y diremos que lo hicimos juntos.
Me río con todos los demás.
- ¡Te debería pegar por decir eso!- le digo riéndome junto con los demás- Si no pensara que realmente va a ser lo que suceda en realidad vendría a esto- sigo riéndome.
En éste momento es cuando lo noto. Todos están riendo menos Gale, que alterna su mirada entre su plato de comida y yo antes de que, de repente, se pone de pie haciendo chirriar su silla contra el piso.
- Yo… yo … solo necesito tomar un poco de aire- dice Gale y camina rápidamente hacia la puerta de atrás.
Nadie dice nada, simplemente nos miramos el uno al otro silenciosamente. Finalmente, me paro y digo:
- Voy a buscarlo- mientras Peeta comienza a ponerse de pie conmigo, pero pongo mi mano sobre su hombro-. ¿Nos das unos minutos?- le pregunto y él cabecea, toma mi mano de su hombro y la besa. Le doy a su mano un apretón antes de irme a buscar a Gale.
Encuentro a Gale en el fondo del jardín mirando hacia el bosque detrás de la Aldea de los Vencedores. Camino lentamente hacia él pero parece que él no se da cuenta. Finalmente, lo llamo por su nombre. Él se estremece cuando hablo y se da vuelta para enfrentarme. La cólera sobre su cara me sorprende.
-¿ Qué está pasando entre Mellark y tú?- me exige- ¿Es todo de verdad?
- Es complicado, pero sí, es verdadero- contesto tan francamente como puedo.
- De algún modo me cuesta mucho creerte. La última vez que hablamos me insistías que nunca ibas a tener una relación, que nunca ibas a casarse. ¿Cómo puedes pasar de eso a estar felizmente enamorada después en unas semanas?- dice Gale mientras me fulmina con la mirada.
No quiero pelearme con Gale, pero la acusación de su tono me irrita.
- En caso de que no la hayas notado, acabo de pasar por una de las experiencias más transformadoras de mi vida y nada en mi vida será lo mismo después de los Juegos.
- Catnip, no dejes que te cambien. Tú fuiste, volviste a casa, tú puedes poner todo eso en el pasado.
- No, Gale, tú no entiendes- sacudo mi cabeza- Primero y principal, porque nunca seré capaz de poner todo eso en mi pasado, es imposible olvidar. Segundo, porque …
- ¿ Qué no entiendo? Explícamelo- me interrumpe.
- No hay nada para explicar, Gale. Nadie que no ha estado en los Juegos puede entenderlos- ¿ Cómo podría explicarle a Gale los terrores experimenté en la arena? ¿Los terrores que sigo experimentando en mis sueños? ¿La amenaza constante en la que vivimos ahora Peeta y yo? No puedo. Gale parece que quiere argumentar este punto, entonces sigo antes de que él pueda hablar- Con respecto a los Juegos, debería saber más sobre dos ideas falsas sobre las que está basando tu juicio. Primero, que los ganadores de los Juegos son los afortunados, que los ganadores son ganadores. Y segundo, que los Juegos terminan cuando usted deja la arena.
- ¿Qué quieres decir? ¿Que el Capitolio te está forzando a tener una relación con Mellark?- la cara de Gale se tuerce en cólera y frustración.
- ¡ No! Es decir, así sería si realmente no existiera una.
-¡ Qué significa eso! ¿Estás saliendo con Mellark sólo para evitar que el Capitolio te fuerce a salir con él?
Solo sacudo mi cabeza, porque estamos peleando y dando vuelta en círculos, y no estoy aún segura por qué discutimos.
- Estoy intentando decirte que estoy saliendo con Peeta, de verdad. Pero todo empezó mucho antes de los Juegos. Hace más de un año y medio que estamos juntos, a escondidas, para que no tuviéramos problemas con su familia, con su madre específicamente. Pero, Gale, ¿por qué te molesta tanto mi relación con Peeta? Acabo de sobrevivir los Juegos del Hambre, ¿por qué mi mejor amigo no puede sentirse ser feliz por mí? ¿De dónde sale toda esa cólera que tienes?
Gale da un paso hacia mí. Si esto hubiera sucedido hace dos meses y estuviéramos en el bosque acechando una presa no estaría tan incómoda por su proximidad, pero para aquí, ahora, hablando de Peeta, de repente siento que Gale está incómodamente cerca. Cuando él habla, la cólera ha dejado su voz.
- No quería que volvieras a casa con él, quería que volvieras a casa por mí, yo no sabía, no puedo entender que pasó.
Me toma un momento comprender exactamente la implicancia de lo que Gale acaba de decir y en esos segundos él cierra la distancia entre nosotros, me agarra de los hombros y me besa. Estoy tan sorprendida que no respondo en absoluto durante un momento. Los labios de Gale están sobre los míos y no se sienten en absoluto como cuando Peeta y yo nos besamos. El beso de Gale es exigente, mientras que los de Peeta son como una invitación. Los besos de Peeta encienden fuego dentro de mí y ahora mismo todo que siento es un temor frío en mi estómago. No es hasta que siento su lengua tocando mis labios que mi cerebro se da cuenta de lo que está sucediendo y comprendo que Gale me está besando. De repente recuerdo que puedo moverme y lo empujo lejos de mí con toda la fuerza que puedo reunir. Él tropieza hacia atrás varios pasos, mirándome sorprendido. Ahora es mi turno de estar enfadada.
- ¿ Qué diablos estás haciendo Gale? ¿De dónde vino eso? ¿Qué te hizo pensar que podrías hacer eso? Agarrarme y … - ni siquiera puedo terminar la oración, no quiero ni decir lo que pasó- ¡Nunca más hagas eso!
- Tenía que hacerlo. Por lo menos una vez. Catnip, tú no perteneces a un comerciante suave. Alguien que nunca ha tenido que luchar por lo que tiene, nunca se salteó una comida. ¡Nosotros estamos hechos el uno para el otro, tú y yo!
En este momento estoy completamente enojada con Gale y no trato de ocultarlo.
- ¿Pasa algo con el agua en este distrito? ¿Me estás diciendo que tú actuaste exactamente igual que Peeta antes de que se me declarara? ¿Me estás diciendo que tienes sentimientos hacia mí pero fuiste tan cobarde como para no decir nada?¡ Pasamos tanto tiempo juntos! ¡Prácticamente todos pensaban que éramos novios de todos modos! ¡Hasta Peeta tenía celos! ¿Si tú realmente sentías algo por mí, por qué no dijiste algo antes de que me enamorara de alguien más?
Gale abre su boca para responder antes de ahogarse con lo que estaba a punto de decir y la cierra de nuevo. No estoy segura de cuánto lo ha afectado lo que dije hasta que finalmente habla, ya sin cólera en la voz
- ¿Tú realmente lo amas?
Mi corazón se rompe un poco al oír el dolor y la decepción en la voz de Gale, porque no quiero hacerle daño a mi mejor amigo, pero él tiene que oír la verdad.
- Sí, realmente lo amo.
Entonces él deja de mirarme y se enfoca en el bosque otra vez.
- Tú siempre decías que nunca ibas a tener una relación con nadie, que nunca ibas a casarse. Entonces pensé que tendría tiempo. Pensé que no había ninguna razón para apresurar nada, no había ninguna razón para empujarte. Pensé que nosotros éramos mejores amigos, que siempre estaríamos juntos y, un día, cuando comenzaras a replantear el amor, la idea del matrimonio y los hijos, yo simplemente estaría allí esperándote.
La revelación de Gale me deja completamente desconcertada, pensar que lo conozco desde que tengo doce años, unos meses después del incidente del pan con Peeta.
- Somos amigos, Gale. Eres mi mejor amigo.
- Sí, somos amigos- dice él, mirando fijamente a sus pies, pareciendo más triste de lo que alguna vez lo he oído- Nosotros éramos amigos y era grandioso, hasta que no lo fue. No recuerdo exactamente cuando comencé a sentirme de manera diferente hacia tú. Pero recuerdo un día en el Quemador, justo después del Año nuevo. Comíamos un guiso de Sae La Grasienta. Darius estaba jugando con tu trenza, tomándote el pelo sobre comerciar un conejo a cambio de uno de sus besos. Y comprendí… que me importabas- me mira brevemente antes del volver su mirada fija a la tierra- Yo no quería que el jugara con tu pelo, no quería que te besara, quería ser yo quien hiciera todo eso.
Quiero tender la mano hacia él para consolarlo, pero después del beso no creo que el contacto físico sea una buena idea. En cambio, solamente digo:
- Gale, lo siento mucho. Nunca quise hacerte daño. Eres mi mejor amigo, tu eres como mi hermano. Pero eso es todo que eres para mí.
- ¿Y eso es todo que alguna vez seremos?- pregunta con desaliento. Tomo la pregunta como retórica y simplemente espero que Gale prosiga- ¿ Qué fue lo que te hizo cambiar de opinión?- me pregunta luego de un momento- La última vez que hablamos, el día de la Cosecha, estabas completamente en contra de eso. Durante años ni considerabas la idea. ¿Qué cambió?
- Me enamoré- le digo, porque no tengo ninguna mejor respuesta. Gale me mira confuso y frustrado- Nunca decidí que quería amar a alguien. Solamente sucedió.
- Solo quiero que me contestes una cosa- dice mirándome- ¿Si no hubiera ningún Peeta, si hubieras vuelto a casa de los Juegos sola, podríamos haber estado juntos?
- No lo sé. Los Juegos me cambiaron tanto, no solamente debido a Peeta, porque Peeta existe de antes de los Juegos en mi vida. Sabes, el inviernos en que mi padre murió, antes de conocerte, Peeta me salvó la vida con un pequeño gesto de bondad. Pero nunca se atrevió a hablarme hasta otro invierno, cuando ya tenía quince años. Cuando me ofrecí de voluntaria para reemplazar a Prim en los Juego y salió su nombre, pensé que moriría. Porque preferiría morir a volver a casa sin él- hago una pausa durante un momento- Tal vez si Peeta no me hubiera hablado esa vez, si Prim nunca hubiera sido cosechada, si yo nunca hubiera estado en los Juegos, si nosotros hubiéramos seguido con nuestras vidas y nada hubiera cambiado, entonces nosotros podríamos haber terminado juntos. No sé. Pero no creo que alguna vez hubiera sentido por ti del modo que siento por Peeta. Nunca sentí por nadie lo que siento por Peeta. Es visceral, no sé si me entiendes.
- ¿Realmente lo amas tanto?
- Gale, en todo este tiempo que he estado con Peeta nos han pasado muchas cosas, dentro y fuera de los Juegos. Ha habido fuerzas que han intentado separarnos y, sinceramente, hubo un par de momentos que pensé que lo perdía para siempre. Pero siempre el resultado fue que nos unían más, con más fuerza, hacían nuestro vínculo más fuerte. Él es el único que conoce mis verdaderos sentimientos. Y, realmente, lamento no habértelo contado antes. Creo que el miedo que tenía de contarte todo es que reaccionaras así conmigo, que me juzgaras por algo que no era.
Gale me mira fijamente en mí. Le toma casi un minuto formular una pregunta.
- ¿ Peeta te hace feliz, Catnip?
- Más de lo que alguna vez pensé que podría ser- le contesto instantáneamente.
Sus hombros caen cono si se sintiera vencido y desanimado.
- Bien, no puedo competir con eso- entonces él se da vuelta y comienza a caminar hacia el frente de la casa.
- ¡Gale!- lo llamo- Gale, no estoy tratando de ahuyentarte. Volvamos a adentro y terminemos la cena.
Él se detiene, pero no gira.
- Lo siento, pero necesito tiempo. Necesito tiempo para pensar, tiempo para adaptarme. He pasado tanto tiempo pensando en nuestro futuro juntos- Gale se corta, incapaz de seguir durante un momento- No te odio- dice finalmente- Si eres tan feliz con él como dices que eres, entonces estoy francamente feliz por ti. Pero ésta noche no lo puedo ser, sólo por esta noche.
- Gale.
- Buenas noches Catnip.
Con esta despedida, él desaparece rodeando la esquina de la casa, encarando hacia el frente y hacia el camino al pueblo. No lo persigo, no creo que eso ayude. Pero no estoy lista para volver a adentro y afrontar a cada uno, entonces me dirijo hacia el pórtico y me siento allí un rato. Trato de organizar mi mente alrededor de todo que acaba de suceder. Gale está o piensa que está enamorado de mí, Gale piensa que mi relación con Peeta es falsa. Gale quiere que deje a Peeta por él. Gale me besó. Gale me besó y …, bien, no le dejé, exactamente, pero no lo detuve tampoco. No antes de …. ¿Cuánto tiempo estuve de pie como una estatua y lo dejé que me besara? ¿Segundos? ¿Minutos? ¿Seguramente no minutos? ¿Qué dirá Peeta cuándo se entere? Lo primero que pienso es tratar de ocultárselo, pero inmediatamente la rechazo. Acabamos de pactar con Peeta que no íbamos a ocultarnos nada. ¿Pero qué pensará cuando sepa lo que pasó? ¿Me culpará? No quería besar a Gale, pero le dejé hacerlo. ¿Podría haber hecho más para prevenirlo? ¿Podría haberlo rechazado más rápido? ¿Debería haber previsto lo que pasaría? ¡ Todos en el Distrito Doce asumieron que había alguna relación romántica entre Gale y yo.
¿Creerá Peeta que lo engañé por haber besado a Gale? ¿Es eso un engaño? No es que Gale y yo hayamos dormido juntos, pero besar a otro hombre se considera un engaño, ¿no? Mi mente sigue revolviéndose sola mientras me siento en el pórtico y miro fijamente al bosque. No me doy cuenta cuanto tiempo pasa, tampoco me doy cuenta que Peeta ha salido hasta que él se sienta a mi lado y toma mi mano.
-¿Estás bien?- pregunta.
Suelto un suspiro que no sabía que estaba conteniendo. Sé lo que tengo que decirle, pero no puedo decírselo de sopetón.
- Solamente creo que perdí a mi mejor amigo- le digo.
-¿Por causa mía?- pregunta como si ya supiera la respuesta.
- Por causa nuestra, en parte. Y en parte, debido a los Juegos.
- ¿Cómo es eso?
Quiero mirar a Peeta, sostenerme en su mirada y acurrucarme en su cuerpo de la manera que siempre lo hago cuando busco protección. Pero sé que si lo miro y sigo mis instintos perderé el coraje que necesito para poder contarle lo que pasó, entonces decido seguir mirando fijamente hacia el bosque.
- Gale y yo nos hicimos amigos porque teníamos mucho en común. Nos pudimos relacionar fácilmente el uno con el otro. Habíamos perdido a nuestros padres, ambos cazábamos para alimentar a nuestras familias. Ambos tuvimos que cuidar a nuestros hermanos menores. Teníamos una conexión muy fuerte, era prácticamente mi hermano. Era la única persona en el mundo en la que pude confiar antes de que aparecieras tú. Sabes que soy muy cercana a Prim, pero no puedo confiar en ella a veces, porque trato de protegerla. Gale era mi único confidente. Pero ahora parece que hubiéramos perdido esa cercanía, porque, cueste lo que cueste, resulta que él nunca entenderá lo que pasó en los Juegos.
Peeta se mantiene silencioso durante un momento.
- Entonces, ¿yo no compito con Gale sino con Haymitch?
Su acotación consigue sacar una carcajada de mí, pero me paro en seco cuando me doy cuenta lo que tengo que decirle.
- Peeta, Gale me besó.
Por un momento, puedo sentir que la mano de Peeta se tensa, pero él no dice nada, entonces sigo.
- En mí corazón, nunca hubo competencia entre tú y Gale, pero resulta que él si tenía sentimientos románticos hacia mí. Él trató de convencerme de que debía estar con él y no contigo, y yo traté de defraudarlo. Él pensó que yo estaba dejando que el Capitolio nos forzara a estar juntos y yo traté de explicarle que estaba equivocado, entonces él me agarró de los hombros y me besó.
- ¿ Qué hiciste tú?- pregunta Peeta con cuidado.
- Al principio no hice nada, estaba choqueada. Luego, cuando me di cuenta que él seguía besándome lo empujé para alejarlo de mí y le dije que no lo volviera a hacer nunca más.
- ¿ Y eso es todo?- me pregunta cautelosamente.
- Hablamos un rato más y luego él se marchó- siento que me voy encogiendo cada vez más.
- Si eso es todo lo que pasó, ¿ por qué me lo dices como si fuera tu confesión más profunda y más oscura?
- Porque te amo y dejé que otro hombre me besara. Porque cada tanto tienes esa duda de lo que pasa entre Gale y yo y yo siempre te digo que no hay nada, pero al parecer me equivoqué. Porque no quiero ocultarte nada. Porque te amo y confío en ti y siempre quiero decirte todo- termino mientras suelto la respiración.
Por un momento, Peeta no dice nada, sólo deja caer mi mano y la suelta generando un instante de pánico en el que pienso que está a punto de abandonarme hasta que siento que su brazo se enlaza alrededor de mi cintura. Peeta me tira fuerte a su lado, me sienta en su falda, entierra un beso en mi pelo y comienza a subir su mano desde mi rodilla hacia el muslo acariciándome lentamente. Suspiro aliviada y contenta mientras apoyo mi cabeza sobre su hombro.
- Te amo, Katniss- susurra en mi pelo mientras su mano sube por mi muslo- Eso no va a cambiar debido a algo que Gale haga.
Sus palabras me llenan del calor el corazón mientras su aliento suave en mi oído envía temblores a lo largo de toda mi espalda. De mi boca sale un sonido que podría ser tanto una risa como un sollozo.
- Estoy bastante segura de que no debería besar a otros tipos- le digo avergonzada.
- Entonces, ¿lo besaste tú o él te besó?- me pregunta, pero su voz es dulce y sensible, sin la tensión o precaución que tuvo antes, de hecho, su voz me relaja tanto que no me queda otra cosa que responder.
- Él me besó.
- Y cuándo lo hizo, ¿ respondiste el beso? ¿O te tensaste del shock por lo que pasaba?
- Lo último- y no puedo evitar reírme por la caracterización que hace Peeta de mi reacción.
- ¡ Y luego tu le dices- con voz ridículamente aguda- Oh Gale, tus labios dulces se sienten tan bien sobre mí!¿ O lo empujaste lejos como si hubieras besado la suela de un zapato?
- Lo último- repito con una risita.
Peeta se da vuelta y me besa sobre la cabeza otra vez, mientras su mano sigue subiendo por mi muslo y está peligrosamente cerca de mi entrepierna.
- Tú no has hecho nada malo, Katniss. No puedes controlar lo que Gale hace.
Realmente quiero dejar de hablar, darle un final a ésta conversación. Me agota estar explicándome y exponiéndome así. Pero decidimos ayer que nos diríamos todo, que compartiríamos nuestros pensamientos. Tal vez, en vez de cerrarme y dejar que la conversación se acabe, me esfuerzo por expresar mi verdadero temor.
- No quiero echar a perder esto que tenemos- tengo que parar y tragar mis nervios. Peeta solo me sostiene en su falda y espera a que siga- Tengo miedo, Peeta. Tengo miedo de apartarte.
- Nunca haré esto- dice Peeta severamente- Tú eres mía y lo sabes.
- Lo hiciste una vez- no quise sonar acusadora, pero siento cómo el cuerpo de Peeta se tensa debajo mío.
- Tienes razón- dice un momento después. Casi puedo sentirlo buscando las palabras adecuadas- Tienes razón- repite- Casi cometo el peor error de mi vida. Pero tú me detuviste, tú no arruinaste nada, al contrario, evitaste que yo echara todo a perder.
- Yo te aparté.
- No- dice Peeta convincentemente- mis propias inseguridades me apartaron.
Sacudo mi cabeza porque a veces me asombra la forma que tiene Peeta de evitar colocar la culpa de nuestros problemas sobre mí, aún cuando la tengo
- Te aparté al no definir qué íbamos a mostrar o no, al no contarte la amenaza de Snow.
- ¿Pensé que habíamos aclarado eso en el tren, recuerdas? Nada de lo que pasó en el Capitolio es tu culpa- me dice mientras me acerca más a él y me toma de la entrepierna- Nunca me has dejado rendir, tendría que ser un idiota si me alejo de ti después de todo.
- Sólo conozco perder a la gente que amo, que me interesa. Mi padre era mi mundo, y lo perdí. Mi madre era todo lo que me quedaba y la perdí en la tristeza. Dediqué mi vida entera a proteger a Prim y luego vi como era cosechada. Mi amigo más cercano se acaba de ir porque quiere algo de mí que no estoy dispuesta a darle. Y casi te pierdo a ti.
- Como siempre, tú no te das bastante crédito. Sé que perder a tu padre fue horrible, aún no puedo imaginarme lo que se debe sentir, pero mira lo que has hecho desde entonces. Eres increíblemente fuerte y valiente. En vez de pensar en todo lo que has perdido, piensa en lo que todavía tienes. Tu madre se habrá ido un ratito, pero mírala ahora, ella está allí discutiendo sobre bálsamos para la piel con Hazelle y hablando con mi padre sobre los viejos tiempos, y sé que ella se preocupa por ti incluso si ella no sabe cómo demostrarlo. Prim está perfectamente a salvo gracias a ti, la salvaste del hambre, la criaste tu sola y las salvaste otra vez en la cosecha. Gale necesitará algo de tiempo para enfriarse, pero volverá. Y no te desharás de mí tan fácilmente. Me quedaré a tu lado hasta que me digas que me vaya.
- Eso nunca pasará- le digo en un susurro.
- Entonces siempre me quedaré contigo.
Lo miro a los ojos, que rebosan de demasiadas emociones: amor, dolor, preocupación, esperanza, sinceridad y deseo. Me pregunto cómo alguna vez pude dudar de él durante los Juegos. Entonces lo acerco hacia mí y capturo sus labios en un beso suave. Cuando nos separamos, miro directo a sus ojos, otra vez abrumada por la profundidad de las emociones que brillan en esas orbes azules.
- Te amo. Nunca me abandones- le vuelvo a susurrar mientras el comienza a acariciarme sobre la ropa interior.
- Te amo. Nunca te abandonaré- me contesta mientras me mira directo a los ojos para luego capturar mis labios con un beso un poco más demandante.
De repente, uno de sus dedos comienza a jugar con el elástico de mi ropa interior e instintivamente junto un poco las piernas. Suavemente Peeta las vuelve a abrir y siento como su dedo se posa sobre mis labios. Primero lo mueve experimentalmente de arriba hacia abajo y sólo la sensación hace que empiece a juntarse la humedad. Pero cuando lo introduce en mi vagina hasta los nudillos, no puedo evitar que salga un gemido de mi boca.
- ¿Te gusta?- me pregunta con voz ronca al oído.
- Sabes que amo a tu dedo- le susurro.
- Estás muy mojada.
- Me estás volviendo loca.
- Estás tensa, quería hacértelo en la mesa, pero me dio vergüenza.
- Otro día.
No termino de decirlo cuando su dedo encuentra mi clítoris y comienza a rozarlo desesperadamente. Normalmente, Peeta se toma su tiempo para masturbarme, pero ahora parece decidido a hacerlo rápido. Nuestras bocas se encuentran nuevamente y, a diferencia de lo que pasó con Gale, cuando encuentro la lengua de Peeta no puedo resistirme a chuparla y meterla de lleno en mi boca. Gradualmente me voy derritiendo contra el cuerpo de Peeta. A medida que su dedo aumenta la velocidad siento crecer la tensión en mi abdomen y minutos después siento estallar mi orgasmo. Los brazos de Peeta me sostienen y no detiene sus movimientos para prolongar el placer, mientras tengo que chupar en su cuello para detener los gemidos que salen de mi boca.
- Me encanta verte así, te cambia la cara- susurra mientras retira su mano de mi entrepierna.
Mientras me reacomodo sobre la falda de Peeta y descanso mi cabeza sobre su hombro, puedo ver como mete su dedo en su boca y lo chupa hasta limpiarlo. Luego apoya su cabeza en la cima de la mía y nos instalamos juntos. Nos quedamos sentados así durante un largo rato, interrumpido solamente cuando Peeta besa mi cabeza otra vez o cuando trato de acurrucarme un poco más cerca a él, los dos disfrutando del silencio y compartiendo la noche pacífica. Sólo quiero absorber este sentimiento, esta unión cómoda, relajada. Después de todo lo que hemos pasado, estos momentos parecen un lujo robado.
- Me gusta estar así- digo finalmente- Sólo estar contigo, así, tranquilos. Lo extrañaba.
- También lo extrañaba- susurra en mi pelo y me acurruco un poco más cerca a él.
Tarde o temprano nos interrumpe el sonido de una puerta que se abre. Miro hacia arriba para encontrar la cara de mi madre observándonos con una mirada de preocupación en su cara. ¿ Se dará cuenta de lo que acaba de pasar entre Peeta y yo? ¿ Será tan obvio?
- Vamos a servir el postre y luego el café, los Mellarks trajeron una torta- nos dice.
- Está bien, ya vamos- le digo.
Pareciera que ella quisiera decirnos algo más, pero simplemente se da la vuelta y entra a la casa, Peeta y yo la seguimos poco después. Ya en el comedor, todos nos miran expectantes y me doy cuenta que me gustaría saber cuánto tiempo estuvimos afuera.
- Lamento haber desaparecido así- tartamudeo y veo que Hazelle me mira- Gale decidió marcharse.
- Está bien querida, sabía que eso podría pasar- me dice Hazelle sonriendo y moviendo su cabeza.
Hazelle no se explica más y me gustaría hablar con ella al respecto, pero no delante de todos. Entonces decido sentarme silenciosamente mientras mi madre y el padre de Peeta sirven la torta. El humor jovial que reinaba en la mesa se ha perdido. Sin embargo, es el momento de informar el propósito de la cena.
- Los invitamos esta noche, porque teníamos algo importante que decirles- les digo aclarándome la garganta y siento que todo los ojo se posan en mí.
- No vamos a casar- agrega Peeta y agradezco que haya tomado la posta- Va a ser una ceremonia chica, un tostado, para ambas familias, de acá a dos domingos.
- ¿Por qué tanto apuro?- pregunta el padre de Peeta- Son muy jóvenes todavía.
- Prim, ve con Posy, Vick y Rory a la sala y muéstrales los nuevos canales de televisión- dice mi madre y por primera vez en mi vida estoy agradecida con ella.
- Por el volumen bien fuerte, preciosa- agrega Haymitch quien recibe miradas reprobatorias de Prim, mi madre, Peeta y yo.
- ¡ Está bien!- dice Prim mientras se levanta y se lleva a los niños con ella.
Cuando sólo quedamos los mayores de dieciséis en la mesa, el Peeta quien retoma la palabra.
- Papá, Katniss está embarazada. De hecho, entró embarazada a los Juegos. Creo que la suerte estaba de nuestro lado, porque ahora podemos pensar en estar juntos sin tener que ir a trabajar a las minas.
- Pero en el Capitolio no quieren que tenga el bebé- les digo bajando la mirada.
- No es sólo eso, los hijos de los vencedores son los primeros que salen en las cosechas cuando alcanzan los doce años, es prácticamente una condena- agrega Peeta.
- ¿Qué van a hacer entonces?- pregunta Naan con voz preocupada, su padre y su hermano están boquiabiertos.
- Primero nos vamos a casar, a escondidas. Pero necesitamos la máxima discreción- dice Peeta mientras todos asienten con la cabeza- Katniss me mostró una cabaña que está semiconstruída en el bosque, del otro lado de la alambrada.
-¡ No me digan que piensan escapar!- rezonga Haymitch mientras vacía la petaca en el café.
- No, creo que sería peligroso para los que se quedan, pero pensábamos arreglarla y tener a la bebé ahí- dice Peeta.
- ¿La bebé?- pregunta el padre de Peeta.
- Si, es una niña- agrego y veo cómo se le iluminan los ojos.
- Quería pedirle a Naan y a quien quiera si nos ayudan a construir un baño y una habitación. Sé que no va a ser fácil y en esto, Laurel, necesitamos de su ayuda para el parto, pero es la única forma que se nos ocurrió que podíamos salvarla.
- Peeta, Katniss, cuenten conmigo- dice Naan.
- Lo que necesiten- agrega Lahoh.
- Conmigo también- dice Bannock en voz baja.
- Cuenta con todos los Hawthornes- nos dice Hazelle.
- Apenas vuelvo a la casa hablo con Cinna- dice Effie.
- ¡Discreción!- grita Haymitch.
Luego de un rato de discusión, tenemos un plan.
